Archivos para el tag ‘puerto de Málaga’

Cestino

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de noviembre de 2016 a las 9:28

Aunque a todos los trabajadores del puerto se les denomine con buena o  mala intención  como ‘portuarios’, a José Antonio Cestino Juarez nunca le ha gustado que lo califiquen de esta manera. Prejubilado en diciembre de 2015 y con la obligación de cumplimentar dos  meses de trabajo durante los próximos cinco años, Cestino, como popularmente se le conoce, comenzó su vinculación con el puerto malagueño en 1983.

Nacido en 1954 en el edificio de lo que hoy es la Comandancia Naval (su padre fue patrón de diversos buques adscritos al Instituto Español de Oceanografía), nuestro protagonista de hoy, tras pasar por el colegio salesiano de San Bartolomé, cursó los estudios de náutica en Almería y Cádiz. Después de trabajar en el mundo de la pesca, su titulación de patrón de cabotaje lo llevó a los Servicios Marítimos del puerto en el año 1983, una oportunidad que le permitió conocer a la histórica Pontona amén de navegar en los remolcadores Cánovas y Valdivia propiedad de la que por entonces se denominada Junta de Obras del Puerto.

Desaparecido el  Servicio Marítimo a finales de la década de los noventa, Cestino pasó a los talleres, donde desde entonces ha trabajado en lo que muy bien podríamos denominar como el mantenimiento general del recinto portuario malagueño.

Convertido como el resto de sus compañeros prejubilados en uno de los veteranos del puerto, José Antonio Cestino Juarez, con dos de sus tres hijos vinculados al mundo de la mar y los barcos, afronta con una muy peculiar animosidad sus próximos cinco años de intermitencia laboral. Un lustro en el que tras más de 30 años trabajando en el puerto malacitano, alguien, seguramente en algún momento lo califique como ‘portuario’.

IMG_4379Cestino en una de las dependencias de los talleres del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de noviembre de 2016.

El ALVA

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de noviembre de 2016 a las 9:20

Esta pasada semana, los muelles malagueños han tenido una muy significativa presencia de barcos de vela. Compartiendo protagonismo, los veleros crucerísticos  Wind Surf, Sea Cloud y Sea Cloud II ha lucido sus aparejos frente a tres verdaderos clásicos; tres históricos buques con muchas décadas de vida en la mar.  Y como en su momento ya les hablé del Christian Radich y del Gunilla, hoy,  el protagonista será el Alva, el  tercero de los veteranos que estos días ha estado presente en las aguas malacitanas.

Construido en los astilleros suecos Lodose en 1939, esta goleta de tres mástiles iniciaba su biografía como un carguero navegando por el Báltico. Tras sufrir en 1951 un alargamiento de casco en la localidad alemana de Bremerhaven y cambiar su sistema de velas (originalmente llevaba velas tipo Bermuda), el Alva continuó transportando mercancías hasta la década de 1980, momento en la que una institución de Estocolmo dedicada a la enseñanza se hizo cargo de él.

Después de una reestructuración de un año que lo habilitó para llevar pasajeros, el Alva, con sus 286 toneladas de registro bruto y sus 55 metros de eslora, comenzó a navegar con estudiantes suecos de secundaria. Con la posibilidad de embarcar a un total de 42 alumnos repartidos en sus 15 camarotes, esta goleta que monta ocho velas y suma 600 metros cuadrados de superficie vélica, realiza viajes educacionales por todo el mundo bajo unas muy curiosas condiciones. Además de trabajar como tripulantes, los alumnos suecos deben instruirse a bordo del Alva en materias tales como: biología  e ingeniería marina y liderazgo y comunicación; unas enseñanzas de dos meses de duración  en las que sólo hay que pagar por la alimentación.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAGoleta de tres mástiles ALVA atracada en el muelle número uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 8 de noviembre de 2016.

Dientes de tiburón

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de noviembre de 2016 a las 10:12

El pasado 22 de octubre, el bulk carrier de bandera panameña Nordic Odyssey atracaba en el muelle número siete. Procedente del puerto letón de Liepaja y con destino a Tarragona, llegaba para cumplimentar durante seis días una descarga de 27.000 toneladas de trigo.

Y aunque esta operativa no tiene nada de especial, sí que se puede convertir en significativa si hablamos del barco que realizó; un destacado granelero al que le acompaña una muy interesante historia y una imagen nada usual.

Construido en  2010 en los astilleros japoneses de Oshima, unas instalaciones navales dedicadas a la fabricación de grandes buques de carga, este barco de 40.142 toneladas de registro bruto, 225 metros de eslora y 32 de manga, comenzaba su vida de mar bajo el nombre Sako Odyssey para la naviera nipona Sako Line.

Fletado a los pocos meses de su botadura por la compañía danesa Nordic Bulk Carriers, este granelero clasificado como Panamax (buque ajustado a las dimensiones máximas permitidas para transitar por el canal de Panamá), en 2011 cumplimentaba con éxito una navegación por el afamado paso del Noroeste; una ruta marítima que, por el Ártico, enlaza los océanos Atlántico y Pacífico.

Tras aquella singladura,  en 2012 el barco pasaba a ser propiedad de la naviera danesa que lo rebautizaba como Nordic Odyssey y lo pintaba con sus colores. Con su casco rojo y un dibujo a proa donde se representan los dientes de un tiburón, este carguero que realiza de forma habitual, como los demás buques de la compañía Nordic Bulk Carriers, viajes por el Ártico, atracaba hace unos días en Málaga; una muy buena oportunidad para ver a un barco que en el año 2013 fue galardonado como el mejor bulk carrier del mundo.

IMG_3708NORDIC ODYSSEY mostrando sus dientes de tiburón en el muelle número siete.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de noviembre de 2016.

Una imprudencia

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de octubre de 2016 a las 8:28

Permítanme que hoy, aludiendo a las dos décadas que llevo pateándome los muelles malacitanos, les cuente una historia que viví hace algo más de un mes. El sábado 17 de septiembre, finalizada su escala en el puerto, el buque de crucero Prinsendam que se encontraba amarrado en el muelle Norte de la estación marítima de Levante comenzó a maniobrar para salir a mar abierta y seguir su viaje. Liberado del atraque y con su proa apuntando ya a la bocana, este elegante barco comenzó su lenta navegación por la dársena exterior.  Mientras esto ocurría, el Pelegrin Uno, una de las golondrinas que da paseos turísticos por la bahía y que, en ese momento, también salía del puerto, en vez de aminorar su marcha y evitar al buque de crucero, mantenía su velocidad para colocarse justo en la popa del Prinsendam. Situado a mucho menos de diez metros de la aleta de babor del barco, la imprudente maniobra del Pelegrin Uno se mantuvo hasta que ambos salieron por la bocana; una peligrosa singladura en la que también participó un yatecito que acompañaba a la golondrina para dejar el puerto.

Con la intención, seguramente, de que sus pasajeros vieran lo más de cerca posible la salida de este buque, el patrón del Pelegrin Uno cometió una verdadera temeridad; una arriesgada osadía nada propia del que en teoría debe ser el responsable de una embarcación turística que sale a la bahía para dar un paseo.

Y aunque en veinte años a pié de muelle he visto muchas y muy variadas cosas, las temeridades de este tipo son las que no se olvidan con facilidad. Unas imprudencias cometidas por marinos (por llamarlos de alguna manera) nada cualificados y que alguien en el puerto debería controlar y, en su caso, sancionar.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPELEGRIN UNO situado peligrosamente en la popa del PRINSENDAM.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 25 de octubre de 2016.

Don Manuel

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de octubre de 2016 a las 8:31

Hoy, mientras ustedes están leyendo esta columna, Manuel Muñoz Bascuñana estará viviendo su primer día de jubilación tras navegar 26 años en los remolcadores del puerto. Nacido en enero de 1958, sus primeros pasos laborales estuvieron muy alejados del mundo marítimo, hasta que con 32 años, de la mano de su padre se embarcó  para iniciar lo que constituiría su verdadera profesión.  Después de  aprobar el curso de competencia marinera que oficialmente lo cualificaba para trabajar en un barco y maniobrar durante dos años junto a su progenitor, en 1992, a bordo del Rey Favila (un mercante atracado en Málaga que servía para impartir enseñanzas marítimas), Manolo consiguió el título de Mecánico Naval de Segunda; una distinción a la que le siguieron las de Mecánico Naval de Primera y Mecánico Naval Mayor.

Pero con independencia de su más que probada cualificación profesional, lo que  sí quedará para la historia de los remolcadores malacitanos será la marcada personalidad de este marino; una forma de ser que siempre se hacía patente cuando estaba al cargo de la máquina en cualquiera de los trece barcos en los que navegó.

Apasionado por la cocina (siempre fueron muy famosas sus comidas a bordo), y más apasionado aún por sus dos hijas y ahora por sus dos nietos, Manolo, afronta desde hoy mismo una nueva vida en la que el puerto y los barcos ya no constituirán su principal preocupación.

Y aunque tras su  socarrona sonrisa y  su estoica frase “me voy porque me tengo que ir” intente disimular la tristeza por su marcha, don Manuel (así quiero llamarlo ahora), seguro que añorará, y mucho, a su compañeros y a los remolcadores en los que este marino malagueño ha pasado embarcado 26 años de su vida.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAManuel Muñoz Bascuñana en la sala de máquinas de un remolcador.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 18 de octubre de 2016.

Confusión

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de octubre de 2016 a las 8:30

Durante algo más de dos meses, cada sábado veremos atracado en las instalaciones crucerísticas malacitanas al buque de crucero Zenith. Bajo la contraseña de Pullmantur, este barco cumplimentará un total de siete viajes redondos; un hecho que nos permitirá apreciar  con todo lujo de detalles una curiosa peculiaridad que hoy les comentaré.

Siguiendo una moda que iniciaron los ferries, desde hace algunos años, los buques de crucero han ido decorando sus inmaculados cascos con todo tipo de motivos. Y aunque inicialmente fueron dibujos, en la actualidad, muchos barcos turísticos, además de publicitar su marca añaden su dirección de internet; una circunstancia que en mi modesta opinión convierte a estos buques en unos singulares anuncios flotantes.

En el caso del Zenith, un barco que nunca visitó Málaga con la contraseña de la naviera Celebrity Cruises que encargó su construcción en 1992, la curiosidad que les reseño se remonta a hace un par de años, cuando Pullmantur, propietaria del buque desde 2007, decidió cambiar su logotipo y sus colores corporativos. Tras navegar durante siete años de blanco y luciendo una letra eñe en su chimenea, la naviera renovó su imagen  pintado a sus barcos de azul y mostrando como emblema cuatro líneas ondulantes.

Llegados a este momento, el Zenith, que ya había estado en aguas malacitanas con los antiguos colores de esta compañía, regresa pintado de azul y mostrando en sus costados y chimenea una marca que publicita a la empresa Croisieres de France, una filial del grupo Pullmantur. Una curiosa circunstancia que en más de un caso confundirá a algún que otro pasajero que embarque, ya sea en Málaga o en otro lugar para realizar un crucero en este buque.

Zenith 8-X-2016 nuevos colores Pullmantur22ZENITH mostrando en su costado la marca Croisieres de France.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 11 de octubre de 2016.

Sólo una visita

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de octubre de 2016 a las 8:44

El ocho de enero de 1971, el barco de turistas Antilles  encallaba y se incendiaba en unos bajos cercanos a la isla caribeña de Mustique. Rescatado todo el pasaje y la tripulación por el afamado  buque de crucero Queen Elizabeth 2, este accidentado barco, se hundía quedando convertidos sus restos en un arrecife artificial donde hoy conviven infinidad de especies marinas.

Pero con independencia de aquel triste final, la biografía del Antilles pasa por una curiosa circunstancia que lo trajo a Málaga cuando apenas tenía unos meses de vida.  Construido por encargo de la Compagnie Generale Trastlantique  en los astilleros franceses Arsenal de Brest,  tras su botadura el 26 de abril de 1951, este barco de 19.828 toneladas de registro bruto y 182 metros de eslora, comenzaba a navegar dos años después tras haber superado infinidad de problemas durante su largo y complejo periodo de armamento.

Manteniendo una habilitación dividida en tres clases (algo bastante frecuente en los buques turísticos de aquellos años), el Antilles, diseñado para cumplimentar itinerarios crucerísticos por el Caribe, antes de ejecutar oficialmente su viaje inaugural, realizó una serie de viajes por el Mediterráneo; unas rutas donde se fueron subsanando muchos de los problemas que habían ido surgiendo durante su prolongada construcción.

Y así, el cinco de abril de 1953, procedente de Argel y con destino a Cádiz, el Antilles llegaba a Málaga con 430 turistas franceses a bordo. Fondeado en la bahía, las lanchas del buque desembarcaron a la totalidad de los pasajeros galos que, en autobuses, marcharon a  visitar Granada. Finalizada aquella excursión, el barco siguió su ruta y nunca más regresó a aguas malacitanas.

AntillesANTILLES que visitó Málaga en abril de 1953.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de octubre de 2016.

El emblema de Málaga en el puerto

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de septiembre de 2016 a las 8:28

Resulta curioso que en las dos últimas décadas, las noticias más significativas que ha generado el puerto de Málaga y que han suscitado intensos debates mediáticos y ciudadanos, hayan tenido muy poco que ver lo que realmente es y significa la actividad portuaria.

Con el recuerdo de aquella desafortunada soflama política que ofrecía a los malagueños el muelle de Levante para pasear, la polémica demolición del silo, las luces y sombras del Palmeral Sorpresas y el Muelle Uno, amén de lo que afean, para muchos, las grúas de la terminal de contenedores, el puerto malacitano, tras lidiar con una noria que en un futuro será más grande, afronta ahora el reto de convertirse en un destino turístico albergando en sus instalaciones un superhotel que, en esta ocasión, no será flotante.

Y sin entrar en el sangrante tema de lo que ya se escucha sobre la calidad emblemática que  se le atribuirá a esta torre de 135 metros de altura (para construcciones emblemáticas ya está la catedral o si me apuran el monumento a Torrijos o la Farola), este superhotel, participa de dos circunstancias que podrían afectar mucho al éxito crucerístico malacitano. Ocupando casi la totalidad  de la explanada de Levante, los 57.000 metros cuadrados donde se ubicará esta construcción, reducirán considerablemente las amplias zonas de aparcamiento que en la actualidad usan los autobuses que movilizan a los turistas de barco. Pero además de esto, lo más peliagudo del asunto radica en los dos años y medio de obras; unos trabajos que no sabemos cómo acogerán las compañías cruceristicas al tener que afrontar treinta largos meses atracando sus lujosos buques a menos de cien metros de una ¿emblemática obra?

Puerto y catedralVieja postal malagueña del puerto que muestra a la catedral.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de septiembre de 2016.

El Explorador Elegante

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de septiembre de 2016 a las 8:30

A estas alturas, sería absurdo hablarles de las excelencias de los buques turísticos que componen la flota crucerística internacional. Y digo que sería absurdo por el hecho de que las mismas compañías propietarias de estos barcos se preocupan, y muy mucho, de vender todas y cada una de las peculiaridades de sus buques; unas excelencias que en determinados casos pasan por nimiedades engrandecidas por campañas publicitarias.

Y aunque hay muchos ejemplos de lo que les digo -sólo había que pensar en el nuevo barco de turistas más grande del mundo, tan sólo 33 centímetros más largo que su gemelo, que en su momento ya fue calificado como el más grande- hoy les referiré una curiosidad sobre un buque que desde su nacimiento ha llevado la etiqueta del más elegante y lujoso.

Construido entre 1988 y 1989 en los astilleros finlandeses Wartsila, este barco que costó 125 millones de dólares y fue apadrinado por el actor James Steward, iniciaba su carrera con el nombre Royal Viking Sun bajo la contraseña de la compañía Royal Viking Line. Tras ser transferido Cunard Line en 1994 y posteriormente pasar en 1998 a Seabourn con el nombre Seabourn Sun, el buque siguió incrementando su fama; un titulo que revalidó en 2002 cuando Holland America Line  se hacía cargo de él rebautizándolo como Prinsendam.

Manteniendo la filosofía de los buques de esta naviera en la que sus interiores están cargados de referencias marítimas, la decoración del Prinsendam ganó enteros, y su  reputación, acompañada de mucha publicidad, lo llevó a ser apodado como El Explorador Elegante. Un barco centrado en  largas navegaciones que hasta la fecha, y con todos sus nombres, ha lucido sus excelencias en las aguas malacitanas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPRINSENDAM apodado El Explorador Elegante saliendo del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 20 de septiembre de 2016.

Fugaz primera escala

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de septiembre de 2016 a las 9:44

Si existiera un ranking de las primeras escalas crucerísticas más breves en la historia del puerto malagueño, el primer puesto lo ocuparía la visita que realizó hace unos días el buque Serenissima; una escala de menos de dos horas que incluso pasó desapercibida para la Autoridad Portuaria.

Pero dejando a un lado esta última circunstancia, hoy les narraré algunas curiosidades de este pequeño buque que con otro nombre ya visitó Málaga en 2005.

Construido en los astilleros noruegos de Trondheim entre los años 1959 y 1960 para la compañía Hurtigruten, este barco, que fue bautizado como Harald Jarl, comenzaba su vida marítima realizando viajes costeros con pasaje y carga.

Tras sufrir una reforma en 1983 y realizar algunos cruceros por aguas escandinavas, este buque, que también fue usado como hotel flotante, se ponía a la venta en 1989; un hecho que llevó a la creación de un grupo amantes de los barcos que pretendió sin éxito que el Harald Jarl se vendiera aun propietario que no fuera noruego.

Adquirido en 2002 por la compañía Elegant Cruises y rebautizado como Andrea, este veterano, reconvertido  en Suecia en un buque de crucero y expediciones comenzó  a navegar en rutas turísticas  centradas fundamentalmente en el Norte de Europa y el Mediterráneo.

Tras ser detenido en 2009 en el puerto croata de Split por la quiebra de su armador, en 2012, un grupo empresarial ruso compraba el buque para restaurarlo con su forma original. Rebautizado como Serenissima y bajo la gestión de una compañía denominada Serenissima Cruises, este clásico tiene previsto regresar a Málaga en octubre de este año. Una magnífica oportunidad para ver un barco que muy podríamos calificar como de otra época.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque de crucero ANDREA, ahora SERENISSIMA en su visita a Málaga en 2005.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de septiembre de 2016.