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El barco de 2016

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de enero de 2017 a las 10:02

Siguiendo lo que ya es una tradición en esta primera columna del año, hoy les comentaré el que en mi opinión ha sido el barco más destacado en el puerto en el recién finalizado 2016.

Y aunque las aguas malacitanas han recibido en los últimos doce meses a muchos y muy interesantes buques; sólo habría que recordar al  Harmony of the Seas, el nuevo  barco de turistas grande del mundo o al bulk carrier Nordic Odyssey, uno de los primeros cargueros en cumplimentar una navegación por el paso del Noroeste, 2016 se recordará en Málaga por la llegada del Nissos Chios, el ferry de Baleària que ha inaugurado una segunda línea regular con el puerto de Melilla.

Y si bien el protagonista de este hecho no destaca demasiado por sus características, quizás lo más novedoso de este barco es que se trata de un transbordador de alta velocidad que supera los cien metros de eslora (algo nunca visto hasta la fecha en un buque rápido en la línea regular del mar de Alborán), su posicionamiento lo convierte en mi opinión en el barco más significativo del año que acaba de terminar.

Construido en los astilleros griegos Elefsis entre 2005 y 2006, en junio de 2007 este fast ferry fue entregado a la compañía Hellenic Seaways Maritime para cubrir la ruta entre el Piero, la isla de Chios (que le da su nombre) y Mitilene; una navegación que se mantuvo hasta 2014 cuando Baleària lo fletó. Con 8.126 toneladas de registro bruto, 141 metros de eslora, capacidad para 1.400 personas, 402 vehículos y 1.000 metros lineales de carga, el Nissos Chios, llegado a aguas malagueñas en la segunda quincena de diciembre del pasado año, es, aunque ha habido otros muchos, el barco más destacado en el puerto de Málaga en 2016.

Nissos Chios 17-XII-169Ferry NISSOS CHIOS en su primer atraque en Málaga en diciembre de 2016.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de enero de 2017.

Triste estadística

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de diciembre de 2016 a las 18:08

Hoy les hablaré de una dramática estadística; unos datos nada parecidos a los que por estas fechas se pueden encontrar sobre las actividades que se realizan en puerto. Con la esperanza de que los números que les refiero sean los últimos de 2016, en el presente año, los muelles malacitanos han recibido 15 contingentes de migrantes rescatados en la mar; un total de 735 personas que a bordo de frágiles esquifes han salvado sus vidas de una larga y peligrosa navegación en la que muchos encuentran la muerte.

Teniendo paradójicamente a enero y diciembre como los  meses en los que los grupos llegados han sido más numerosos, las diferentes jornadas en las que se anunciaban los desembarcos de náufragos han constituido unos días tristes para el puerto; unas horas en la que la mayor parte de la actividad de los muelles quedaba paralizada por estos dramáticos atraques.

Y aunque estas entradas han sido las que más repercusión han tenido, las aguas malacitanas también han recibido en 2016 a otros  muchos inmigrantes que no han llegado rescatados de lanchas neumáticas o pateras. Con el espeluznante recuerdo de los cinco jóvenes que viajaron desde Melilla  sobre los propulsores un ferry de alta velocidad, la figura de los polizones embarcados en los buques que cubren la ruta del mar de Alboran se está convirtiendo en una alternativa cada vez más frecuente. Un hecho que se hizo patente hace unas semanas cuando una docena de ilegales salían en desbandada del garaje de uno de los barcos que enlaza el puerto con Ceuta y Melilla.

Una triste estadística (la peor de los últimos años) que seguirá en 2017, y que nada tiene que ver con las que en unos días empezarán a contabilizar barcos, cargas o turistas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARestos de una patera en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de diciembre de 2016

Una cena navideña

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de diciembre de 2016 a las 10:21

Aprovechando estas fechas en las que la gastronomía se convierte en algo fundamental, hoy les contaré una historia ocurrida en el puerto en la Navidad de 2003. Tras llegar en noviembre de 1999 y comenzar una serie de actividades marítimas teniendo a Málaga como  principal puerto de operaciones, el bergantín goleta de bandera sueca Amorina decidía compaginar sus múltiples salidas a la mar con la restauración; una circunstancia que, sobre el papel, apuntaba a  convertirse en una exitosa aventura.

Solucionados los complejos trámites para que un barco en activo pudiera ser además un restaurante ocasional, tras una serie de pruebas, en diciembre de 2003 el velero realizó su primera cena con público. Con el encanto navideño que caracteriza a los países nórdicos, el Amorina, engalanado con toda la parafernalia propia de estas fechas recibía a sus primeros invitados; unos comensales que tras una copa de bienvenida en el coqueto bar de popa, pasaban al comedor para degustar un típico menú sueco.

Servida la cena por los mismos marineros (todos ellos estudiantes), que trabajaban en el barco, las tostadas calientes con crema de gambas, el salmón con salsa de jengibre, el queso horneado con miel, el arenque, los dulces y por supuesto, el pan negro y el vino caliente, convirtieron aquella primera prueba gastronómica en todo un éxito.

Y aunque la cálida atmósfera y la muy cuidada cocina del Amorina hubieran dado para mucho más, aquella cena navideña fue la primera y la última; un sorprendente hecho que dio al traste con la aventura gastronómica de aquel velero. Un barco que tras pasar página siguió navegando por las costas malagueñas hasta 2007, fecha en la que dejaba el puerto con un nuevo nombre.

Amorina RestauranteSalón que se usó como restaurante en el AMORINA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 20 de diciembre de 2016

Recordando el pasado

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de diciembre de 2016 a las 9:23

En 1969, con tan solo 14 años, Pepe Ripoll comenzó a trabajar en la agencia Condeminas. Convertido en un chico para casi todo, una figura laboral muy habitual en aquellos años, las múltiples labores que tenía que desempeñar lo llevaron a coincidir en unas determinadas oficinas de la antigua estación marítima con otros jóvenes empleados de diferentes empresas del puerto. Denominados aquellos negociados como La Aduanilla, los despachos de vista aduanera e inspección de muelles situados en la planta baja del desaparecido edificio, se convirtieron muy pronto en un lugar de encuentro diario para aquel grupo de muchachos.

Y aunque su relación los mantuvo unidos durante años (entre otras actividades institucionalizaron partidos de fútbol en la Venta del Boticario), sus respectivas vidas laborales terminaron separándolos; y aquel grupo de jóvenes trabajadores de empresas portuarias malagueñas desapareció.

Muchos años más tarde, Pepe Ripoll, prejubilado hace unos meses como policía portuario y Antonio Burgos, que había iniciado su carrera en la consignataria Baquera, Kusche & Martín y la terminaba en una empresa de logística, decidían reunir a sus viejos compañeros; un grupo al que decidieron denominar como Los niños de la Aduanilla.

Localizados tras un considerable número de llamadas y mensajes cuarenta de aquellos jóvenes, el pasado día dos de diciembre 15 de aquellos niños se volvían a encontrar para celebrar una comida en el Club Mediterráneo. Con la idea de realizar dos reuniones anuales y sin pretensiones de crear una asociación, Los niños de la Aduanilla han vuelto a verse. Un encuentro de veteranos donde se hablará mucho de cómo era el trabajo en el puerto hace unos años.

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Los niños de la Aduanilla reunidos en su primer encuentro tras años.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de diciembre de 2016

Batalla en Alborán

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de diciembre de 2016 a las 9:32

Esta pasada semana, saltó la noticia de que Balearia se posicionará en Málaga para cubrir una línea regular con Melilla. Y aunque la manera de informar a los medios sólo se limitó a una simple nota de prensa (probablemente en unos días se realice una presentación con más parafernalia), lo que sí está claro, es que la llegada de esta naviera generará una verdadera guerra comercial para captar al  pasaje que quieran navegar en la ruta del mar de Alborán.

Y aunque la competición con la centenaria Trasmediterránea parece que será complicada, lo que sí está claro, es que los nuevos aires de la naviera balear favorecerán que muchos prueben el viaje; una navegación que se publicita en cinco horas de duración y en las que las actividades a bordo recuerdan a las que se pueden vivir en los buques de crucero.

Ante esta perspectiva, y teniendo en cuenta que el día a día nos mostrará la realidad del tiempo efectivo de la singladura y de lo que se pueda hacer o no a bordo, las dos verdaderas piedras de toque con las que Balearia tendrá que lidiar para llevarse parte del pastel de la línea serán los precios de los billetes y sobre todo la carga que pueda movilizar.

Con una política de tarifas muy centrada, como no podía ser de otra manera, en los residentes de la ciudad autónoma y unos horarios nada parecidos a los que en la actualidad gestiona Trasmediterránea, el tema de la carga, del que por el momento no se ha hablado nada, seguramente sea el que incline la balanza y nos diga en no demasiado tiempo si esta nueva línea es o no rentable.

Una apasionante aventura que dará mucho que hablar en los próximos meses y que muy bien podría ser calificada como la batalla del mar de Alborán.

Trasmediterranea BaleariaFerries de Balearia y Trasmediterránea que navegarán en la línea con Melilla.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de diciembre de 2016.

Ahogados

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de noviembre de 2016 a las 9:38

Hace unos días, me preguntaban por un ahogamiento ocurrido en las aguas del puerto en el año 1941. Sin haber encontrado aún datos sobre aquel luctuoso suceso, aprovecho la ocasión para contarles algunas cosas sobre los múltiples fallecimientos acaecidos en las dársenas malacitanas.

Teniendo como diagnóstico final la muerte por ahogamiento, los motivos de estos accidentes fatales, durante muchos años, casi siempre terminaban certificados como  “de causa desconocida”; una circunstancia que simplificaba y unificaba a todos estos fallecimientos portuarios.

Y si bien existen muchas referencias de accidentes fortuitos y suicidios, quizás, la nómina más numerosa de cadáveres encontrados en las aguas portuarias sea la que reseña actos acompañados de violencia; una lista de fallecimientos que durante muchas décadas fue muy seguida por la gran mayoría de diarios malagueños.

Y aunque en otras ocasiones ya les he contado algunos de estos sucesos, hoy les referiré la historia de José Soriano, un trabajador portuario muerto en la dársena de Heredia en agosto de 1922.

Mientras se encontraba recogiendo restos de grano en el muelle de Heredia, José, que realizaba esta faena junto a otros buscavidas portuarios, se vio inmerso en una reyerta con unos de sus compañeros de trabajo. En la pelea, tras recibir tres puñaladas, nuestro protagonista fue arrojado al agua por su contrincante que, a la carrera, huyó del puerto.

Socorrido por dos compañeros y por un marinero del Melillero que se encontraba cerca, el desafortunado trabajador fue rescatado varios minutos después de su caída; un tiempo más que suficiente para que José Soriano, apuñalado de muerte, falleciera ahogado en las aguas del puerto.

IMG_5199Muelle y dársena de Heredia donde falleció ahogado José Soriano.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 29 de noviembre de 2016.

Dos escalas similares

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de noviembre de 2016 a las 9:25

Hace no demasiados meses, les hablé de las coincidencias de dos buques de crucero que realizaron sus primeras escalas en Málaga en jornadas consecutivas. Hoy, retomando el tema de las coincidencias les contaré unas curiosas circunstancias, también referidas a barcos de turistas, ocurridas hace varios días en las aguas del puerto.

El pasado sábado, los buques de crucero Zenith y Rhapsody of the Seas compartieron atraque en los muelles Norte y Sur de la estación marítima de Levante. Con una primera peculiaridad que relaciona a las compañías de ambos buques (Royal Caribbean que es la propietaria del Rhapsody of the Seas posee el 49% de Pullmantur que es la naviera que gestiona el Zenith), estas escalas malagueñas coincidieron además en dos aspectos muy concretos. En el caso del Rhapsody of the Seas, su llegada vacío al puerto se realizaba para embarcar a la totalidad de pasajeros, en concreto 1.947 turistas que iniciaron desde las instalaciones crucerísticas malacitanas un viaje de posicionamiento trasatlántico con destino a Miami. En unas circunstancias similares, el Zenith también realizaba un embarque completo con el que cerraba su temporada crucerística malacitana en el presente año.

Pero además, y quizás esto sea lo más curioso de lo que les estoy contando hoy, el atraque del pasado sábado del Rhapsody of the Seas se realizaba después de haber estado varado efectuando una serie de reparaciones en los astilleros gaditanos de Navantia, una circunstancia que en menos de una semana cumplimentará también el Zenith antes de que, pasando nuevamente por el puerto malagueño a principios de diciembre, cruce el Atlántico para iniciar en aguas caribeñas su campaña de invierno.

Zenith y Rhapsody of the Seas 19-XI-2016Rhapsody of the Seas y Zenith el pasado sábado en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de noviembre de 2016.

Cestino

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de noviembre de 2016 a las 9:28

Aunque a todos los trabajadores del puerto se les denomine con buena o  mala intención  como ‘portuarios’, a José Antonio Cestino Juarez nunca le ha gustado que lo califiquen de esta manera. Prejubilado en diciembre de 2015 y con la obligación de cumplimentar dos  meses de trabajo durante los próximos cinco años, Cestino, como popularmente se le conoce, comenzó su vinculación con el puerto malagueño en 1983.

Nacido en 1954 en el edificio de lo que hoy es la Comandancia Naval (su padre fue patrón de diversos buques adscritos al Instituto Español de Oceanografía), nuestro protagonista de hoy, tras pasar por el colegio salesiano de San Bartolomé, cursó los estudios de náutica en Almería y Cádiz. Después de trabajar en el mundo de la pesca, su titulación de patrón de cabotaje lo llevó a los Servicios Marítimos del puerto en el año 1983, una oportunidad que le permitió conocer a la histórica Pontona amén de navegar en los remolcadores Cánovas y Valdivia propiedad de la que por entonces se denominada Junta de Obras del Puerto.

Desaparecido el  Servicio Marítimo a finales de la década de los noventa, Cestino pasó a los talleres, donde desde entonces ha trabajado en lo que muy bien podríamos denominar como el mantenimiento general del recinto portuario malagueño.

Convertido como el resto de sus compañeros prejubilados en uno de los veteranos del puerto, José Antonio Cestino Juarez, con dos de sus tres hijos vinculados al mundo de la mar y los barcos, afronta con una muy peculiar animosidad sus próximos cinco años de intermitencia laboral. Un lustro en el que tras más de 30 años trabajando en el puerto malacitano, alguien, seguramente en algún momento lo califique como ‘portuario’.

IMG_4379Cestino en una de las dependencias de los talleres del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de noviembre de 2016.

El ALVA

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de noviembre de 2016 a las 9:20

Esta pasada semana, los muelles malagueños han tenido una muy significativa presencia de barcos de vela. Compartiendo protagonismo, los veleros crucerísticos  Wind Surf, Sea Cloud y Sea Cloud II ha lucido sus aparejos frente a tres verdaderos clásicos; tres históricos buques con muchas décadas de vida en la mar.  Y como en su momento ya les hablé del Christian Radich y del Gunilla, hoy,  el protagonista será el Alva, el  tercero de los veteranos que estos días ha estado presente en las aguas malacitanas.

Construido en los astilleros suecos Lodose en 1939, esta goleta de tres mástiles iniciaba su biografía como un carguero navegando por el Báltico. Tras sufrir en 1951 un alargamiento de casco en la localidad alemana de Bremerhaven y cambiar su sistema de velas (originalmente llevaba velas tipo Bermuda), el Alva continuó transportando mercancías hasta la década de 1980, momento en la que una institución de Estocolmo dedicada a la enseñanza se hizo cargo de él.

Después de una reestructuración de un año que lo habilitó para llevar pasajeros, el Alva, con sus 286 toneladas de registro bruto y sus 55 metros de eslora, comenzó a navegar con estudiantes suecos de secundaria. Con la posibilidad de embarcar a un total de 42 alumnos repartidos en sus 15 camarotes, esta goleta que monta ocho velas y suma 600 metros cuadrados de superficie vélica, realiza viajes educacionales por todo el mundo bajo unas muy curiosas condiciones. Además de trabajar como tripulantes, los alumnos suecos deben instruirse a bordo del Alva en materias tales como: biología  e ingeniería marina y liderazgo y comunicación; unas enseñanzas de dos meses de duración  en las que sólo hay que pagar por la alimentación.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAGoleta de tres mástiles ALVA atracada en el muelle número uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 8 de noviembre de 2016.

Dientes de tiburón

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de noviembre de 2016 a las 10:12

El pasado 22 de octubre, el bulk carrier de bandera panameña Nordic Odyssey atracaba en el muelle número siete. Procedente del puerto letón de Liepaja y con destino a Tarragona, llegaba para cumplimentar durante seis días una descarga de 27.000 toneladas de trigo.

Y aunque esta operativa no tiene nada de especial, sí que se puede convertir en significativa si hablamos del barco que realizó; un destacado granelero al que le acompaña una muy interesante historia y una imagen nada usual.

Construido en  2010 en los astilleros japoneses de Oshima, unas instalaciones navales dedicadas a la fabricación de grandes buques de carga, este barco de 40.142 toneladas de registro bruto, 225 metros de eslora y 32 de manga, comenzaba su vida de mar bajo el nombre Sako Odyssey para la naviera nipona Sako Line.

Fletado a los pocos meses de su botadura por la compañía danesa Nordic Bulk Carriers, este granelero clasificado como Panamax (buque ajustado a las dimensiones máximas permitidas para transitar por el canal de Panamá), en 2011 cumplimentaba con éxito una navegación por el afamado paso del Noroeste; una ruta marítima que, por el Ártico, enlaza los océanos Atlántico y Pacífico.

Tras aquella singladura,  en 2012 el barco pasaba a ser propiedad de la naviera danesa que lo rebautizaba como Nordic Odyssey y lo pintaba con sus colores. Con su casco rojo y un dibujo a proa donde se representan los dientes de un tiburón, este carguero que realiza de forma habitual, como los demás buques de la compañía Nordic Bulk Carriers, viajes por el Ártico, atracaba hace unos días en Málaga; una muy buena oportunidad para ver a un barco que en el año 2013 fue galardonado como el mejor bulk carrier del mundo.

IMG_3708NORDIC ODYSSEY mostrando sus dientes de tiburón en el muelle número siete.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de noviembre de 2016.