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Confusión

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de octubre de 2016 a las 8:30

Durante algo más de dos meses, cada sábado veremos atracado en las instalaciones crucerísticas malacitanas al buque de crucero Zenith. Bajo la contraseña de Pullmantur, este barco cumplimentará un total de siete viajes redondos; un hecho que nos permitirá apreciar  con todo lujo de detalles una curiosa peculiaridad que hoy les comentaré.

Siguiendo una moda que iniciaron los ferries, desde hace algunos años, los buques de crucero han ido decorando sus inmaculados cascos con todo tipo de motivos. Y aunque inicialmente fueron dibujos, en la actualidad, muchos barcos turísticos, además de publicitar su marca añaden su dirección de internet; una circunstancia que en mi modesta opinión convierte a estos buques en unos singulares anuncios flotantes.

En el caso del Zenith, un barco que nunca visitó Málaga con la contraseña de la naviera Celebrity Cruises que encargó su construcción en 1992, la curiosidad que les reseño se remonta a hace un par de años, cuando Pullmantur, propietaria del buque desde 2007, decidió cambiar su logotipo y sus colores corporativos. Tras navegar durante siete años de blanco y luciendo una letra eñe en su chimenea, la naviera renovó su imagen  pintado a sus barcos de azul y mostrando como emblema cuatro líneas ondulantes.

Llegados a este momento, el Zenith, que ya había estado en aguas malacitanas con los antiguos colores de esta compañía, regresa pintado de azul y mostrando en sus costados y chimenea una marca que publicita a la empresa Croisieres de France, una filial del grupo Pullmantur. Una curiosa circunstancia que en más de un caso confundirá a algún que otro pasajero que embarque, ya sea en Málaga o en otro lugar para realizar un crucero en este buque.

Zenith 8-X-2016 nuevos colores Pullmantur22ZENITH mostrando en su costado la marca Croisieres de France.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 11 de octubre de 2016.

Sólo una visita

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de octubre de 2016 a las 8:44

El ocho de enero de 1971, el barco de turistas Antilles  encallaba y se incendiaba en unos bajos cercanos a la isla caribeña de Mustique. Rescatado todo el pasaje y la tripulación por el afamado  buque de crucero Queen Elizabeth 2, este accidentado barco, se hundía quedando convertidos sus restos en un arrecife artificial donde hoy conviven infinidad de especies marinas.

Pero con independencia de aquel triste final, la biografía del Antilles pasa por una curiosa circunstancia que lo trajo a Málaga cuando apenas tenía unos meses de vida.  Construido por encargo de la Compagnie Generale Trastlantique  en los astilleros franceses Arsenal de Brest,  tras su botadura el 26 de abril de 1951, este barco de 19.828 toneladas de registro bruto y 182 metros de eslora, comenzaba a navegar dos años después tras haber superado infinidad de problemas durante su largo y complejo periodo de armamento.

Manteniendo una habilitación dividida en tres clases (algo bastante frecuente en los buques turísticos de aquellos años), el Antilles, diseñado para cumplimentar itinerarios crucerísticos por el Caribe, antes de ejecutar oficialmente su viaje inaugural, realizó una serie de viajes por el Mediterráneo; unas rutas donde se fueron subsanando muchos de los problemas que habían ido surgiendo durante su prolongada construcción.

Y así, el cinco de abril de 1953, procedente de Argel y con destino a Cádiz, el Antilles llegaba a Málaga con 430 turistas franceses a bordo. Fondeado en la bahía, las lanchas del buque desembarcaron a la totalidad de los pasajeros galos que, en autobuses, marcharon a  visitar Granada. Finalizada aquella excursión, el barco siguió su ruta y nunca más regresó a aguas malacitanas.

AntillesANTILLES que visitó Málaga en abril de 1953.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de octubre de 2016.

El emblema de Málaga en el puerto

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de septiembre de 2016 a las 8:28

Resulta curioso que en las dos últimas décadas, las noticias más significativas que ha generado el puerto de Málaga y que han suscitado intensos debates mediáticos y ciudadanos, hayan tenido muy poco que ver lo que realmente es y significa la actividad portuaria.

Con el recuerdo de aquella desafortunada soflama política que ofrecía a los malagueños el muelle de Levante para pasear, la polémica demolición del silo, las luces y sombras del Palmeral Sorpresas y el Muelle Uno, amén de lo que afean, para muchos, las grúas de la terminal de contenedores, el puerto malacitano, tras lidiar con una noria que en un futuro será más grande, afronta ahora el reto de convertirse en un destino turístico albergando en sus instalaciones un superhotel que, en esta ocasión, no será flotante.

Y sin entrar en el sangrante tema de lo que ya se escucha sobre la calidad emblemática que  se le atribuirá a esta torre de 135 metros de altura (para construcciones emblemáticas ya está la catedral o si me apuran el monumento a Torrijos o la Farola), este superhotel, participa de dos circunstancias que podrían afectar mucho al éxito crucerístico malacitano. Ocupando casi la totalidad  de la explanada de Levante, los 57.000 metros cuadrados donde se ubicará esta construcción, reducirán considerablemente las amplias zonas de aparcamiento que en la actualidad usan los autobuses que movilizan a los turistas de barco. Pero además de esto, lo más peliagudo del asunto radica en los dos años y medio de obras; unos trabajos que no sabemos cómo acogerán las compañías cruceristicas al tener que afrontar treinta largos meses atracando sus lujosos buques a menos de cien metros de una ¿emblemática obra?

Puerto y catedralVieja postal malagueña del puerto que muestra a la catedral.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de septiembre de 2016.

El Explorador Elegante

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de septiembre de 2016 a las 8:30

A estas alturas, sería absurdo hablarles de las excelencias de los buques turísticos que componen la flota crucerística internacional. Y digo que sería absurdo por el hecho de que las mismas compañías propietarias de estos barcos se preocupan, y muy mucho, de vender todas y cada una de las peculiaridades de sus buques; unas excelencias que en determinados casos pasan por nimiedades engrandecidas por campañas publicitarias.

Y aunque hay muchos ejemplos de lo que les digo -sólo había que pensar en el nuevo barco de turistas más grande del mundo, tan sólo 33 centímetros más largo que su gemelo, que en su momento ya fue calificado como el más grande- hoy les referiré una curiosidad sobre un buque que desde su nacimiento ha llevado la etiqueta del más elegante y lujoso.

Construido entre 1988 y 1989 en los astilleros finlandeses Wartsila, este barco que costó 125 millones de dólares y fue apadrinado por el actor James Steward, iniciaba su carrera con el nombre Royal Viking Sun bajo la contraseña de la compañía Royal Viking Line. Tras ser transferido Cunard Line en 1994 y posteriormente pasar en 1998 a Seabourn con el nombre Seabourn Sun, el buque siguió incrementando su fama; un titulo que revalidó en 2002 cuando Holland America Line  se hacía cargo de él rebautizándolo como Prinsendam.

Manteniendo la filosofía de los buques de esta naviera en la que sus interiores están cargados de referencias marítimas, la decoración del Prinsendam ganó enteros, y su  reputación, acompañada de mucha publicidad, lo llevó a ser apodado como El Explorador Elegante. Un barco centrado en  largas navegaciones que hasta la fecha, y con todos sus nombres, ha lucido sus excelencias en las aguas malacitanas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPRINSENDAM apodado El Explorador Elegante saliendo del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 20 de septiembre de 2016.

Fugaz primera escala

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de septiembre de 2016 a las 9:44

Si existiera un ranking de las primeras escalas crucerísticas más breves en la historia del puerto malagueño, el primer puesto lo ocuparía la visita que realizó hace unos días el buque Serenissima; una escala de menos de dos horas que incluso pasó desapercibida para la Autoridad Portuaria.

Pero dejando a un lado esta última circunstancia, hoy les narraré algunas curiosidades de este pequeño buque que con otro nombre ya visitó Málaga en 2005.

Construido en los astilleros noruegos de Trondheim entre los años 1959 y 1960 para la compañía Hurtigruten, este barco, que fue bautizado como Harald Jarl, comenzaba su vida marítima realizando viajes costeros con pasaje y carga.

Tras sufrir una reforma en 1983 y realizar algunos cruceros por aguas escandinavas, este buque, que también fue usado como hotel flotante, se ponía a la venta en 1989; un hecho que llevó a la creación de un grupo amantes de los barcos que pretendió sin éxito que el Harald Jarl se vendiera aun propietario que no fuera noruego.

Adquirido en 2002 por la compañía Elegant Cruises y rebautizado como Andrea, este veterano, reconvertido  en Suecia en un buque de crucero y expediciones comenzó  a navegar en rutas turísticas  centradas fundamentalmente en el Norte de Europa y el Mediterráneo.

Tras ser detenido en 2009 en el puerto croata de Split por la quiebra de su armador, en 2012, un grupo empresarial ruso compraba el buque para restaurarlo con su forma original. Rebautizado como Serenissima y bajo la gestión de una compañía denominada Serenissima Cruises, este clásico tiene previsto regresar a Málaga en octubre de este año. Una magnífica oportunidad para ver un barco que muy podríamos calificar como de otra época.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque de crucero ANDREA, ahora SERENISSIMA en su visita a Málaga en 2005.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de septiembre de 2016.

Dos supervivientes

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de septiembre de 2016 a las 13:36

Hoy les hablaré de una curiosa imagen  que se vivió hace unos días en el puerto malagueño y  que ya se repitió en abril de 2013. Esta escena, que podría llevarnos a contradictorios sentimientos y a opiniones muy dispares, mostraba a los patrulleros de la Armada española Tagomago P-22 y Medas P-26 atracados juntos en el muelle número uno.

Supervivientes junto a un tercer buque, el Tabarca P-28, de una serie de diez gemelos (la denominada Clase Anaga) que con nombres de islas e islotes de la costa española se construyeron en 1980 en los astilleros gaditanos de la Empresa Nacional Bazán, estos dos patrulleros, junto con algún que otro barco más, constituyen en la actualidad las unidades más antiguas en activo en nuestra marina de guerra.

Conservando las mismas funciones de vigilancia y salvamento con las que comenzaron sus vidas de mar hace 36 años, el Tagomago y el Medas, que desde 2012 mantienen sus respectivas bases de actuación en Málaga y Cádiz, participan de una serie de hechos que conforman lo más destacado de sus biografías.

Tras sufrir en septiembre de 1985 un ametrallamiento en el banco sahariano mientras realizaba la búsqueda de un pesquero, el Tagomago, que en esta acción perdía a uno de sus tripulantes, en diciembre de 2003, debido a las malas condiciones de la mar, encallaba en la playa lanzaroteña de Las Coloradas. Sin tener en su historial un fallecimiento y con una carrera mucho menos accidentada, al Medas le cabe el honor de haber sido mandado por 25 comandantes, todo un record en la trayectoria de un barco de guerra español.

Dos veteranos que como sus gemelos, retirados en los años 2004, 2010 y 2012, deberían dejar paso a unos nuevos y más modernos patrulleros.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPatrulleros TAGOMAGO y MEDAS atracados en Málaga el 25 de agosto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de septiembre de 2016.

El yate de los portalones ocultos

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de agosto de 2016 a las 10:46

La carrera por tener el yate más grande y lujoso del mundo, está llevando a los propietarios de estos barcos a ordenar construcciones cada vez más suntuosas y, en algunos casos, absurdas. Hace unos días, realizando una breve escala técnica para cambiar de tripulación, atracaba  en el muelle dos el yate Vava II.

Ocupando el lugar 38 en la lista de los 100 yates más ostentosos del mundo, este barco de 96,8 metros de eslora y 3.933  toneladas de registro bruto (unas cifras que superan a muchos de los pequeños mercantes que atracan en Málaga), amarrado junto al Palmeral de las Sorpresas, mostró unas líneas muy raras de ver en este tipo de buques de recreo.

Construido en 2012 en los astilleros ingleses Devonport Yachts  por encargo de un importante hombre de negocios italiano, este barco, que como la mayoría de yates privados lleva la firma de un diseñador de interior y otro de exteriores, supuso para su dueño una factura de 100 millones de libras esterlinas; un exorbitado precio para un buque muy alejado de los primeros puestos del ranking de los yates más significativos del mundo.

Pero dejando los aspectos monetarios, y sin entrar en cómo es por dentro el Vava II, lo más curioso de este yate son los múltiples portalones retráctiles que se esconden a lo largo de sus casco.  Comenzando por una plataforma a popa, amén de dos grandes puertas en  cada una de sus bandas, el Vava II muestra los alerones del puente de mando móviles,  al igual que los dos balcones de maniobra que se sitúan a proa. Pero si todo esto no fuera suficiente, los escobenes (el lugar donde están situadas las anclas) también están cubiertos, toda una curiosidad nada frecuente de ver incluso en este tipo de barcos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAYate VAVA II en su breve escala de la pasada semana.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 30 de agosto de 2016.

Investigadores norteamericanos

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de agosto de 2016 a las 17:56

Hoy les hablaré de la muy breve visita de un interesante barco que ha pasado por el puerto malacitano sin pena ni gloria. Considerado como uno de los más acreditados buques privados de investigación oceanográfica que existen en la actualidad, el bergantín goleta de dos mástiles norteamericano Corwith Cramer  atracaba el pasado día diez de agosto en el muelle número uno para realizar el desembarco a una serie de estudiantes.

Perteneciente a la asociación  SEA (Sea Education Association), una institución  fundada en 1971 en  Massachusetts vinculada muy estrechamente con la Universidad de Boston, este velero, que habitualmente opera por el  Océano Atlántico además de realizar estudios puntuales por el Mediterráneo, llegaba a aguas malacitanas procedente de Cádiz cumplimentando un viaje de seis meses denominado The Global Ocean iniciado en el puerto de Barcelona.

Con la posibilidad de albergar a un total de 25 estudiantes, la mayoría de ellos en fase de postgrado, el Corwith Cramer, que además embarca entre 10 y 14 profesores en cada una de las singladuras que realiza,  navega efectuando trabajos de oceanografía e impartiendo clases de concienciación medioambiental, historia, antropología y ciencias náuticas.

Bajo estas interesantes premisas, quizás, lo más curioso de este velero es que fue diseñado y construido específicamente para realizar trabajos de oceanografía; una manufactura que se ejecutaba en el año 1987 en los astilleros bilbaínos de Celaya. Un interesante barco de 270 toneladas de registro bruto y 29,8 metros de eslora que en sus dos mástiles apareja 697 metros cuadrados de superficie vélica dedicados en exclusividad a la investigación de las ciencias de la mar.

IMG_3017Bergantín goleta CORWITH CRAMER atracada el 10 de agosto en el muelle número uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de agosto de 2016.

‘Como el mar’

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de agosto de 2016 a las 9:32

En octubre de 2010 y posteriormente en marzo de 2011, en el blog “La mar de historias” les hablaba sobre un libro que venía acompañado de una curiosa historia que viví a bordo de unos de los remolcadores de Málaga.

Y aunque no soy demasiado partidario de las recomendaciones literarias; y mucho menos en los meses de verano (para leer no hace falta estar de vacaciones), hoy retomo esta historia para comentarles una interesante novela que, en mi modesta opinión, merece la pena ser leída.

Formando parte de la singular biblioteca de los remolcadores Diheciocho y Vehinte, Antonio Garrido, uno de los patrones de estos barcos, me comentaba la existencia de un libro titulado “Voraz como el mar”, una novela de aventuras marítimas en la que el protagonista principal era un buque de salvamento llamado Hechicero.

Sin tener conocimiento de la obra, muy amablemente Antonio me dejó el libro; un ejemplar que mostraba signos de haber pasado por las manos de la gran mayoría de los tripulantes de los remolcadores malagueños. Amarilleadas todas sus páginas y con manchas de moho, aquél ajado volumen que había perdido su portada, me enganchó desde el primer instante; y las aventuras del Hechicero me tuvieron ensimismado durante varios días.

Finalizada la lectura y con la intención de añadir este libro a mi biblioteca, me sorprendí al encontrarlo descatalogado; un hecho que atendía a que la novela escrita por Wilbur Smith había sido reeditada bajo el título “Como el mar”.

Tras releerlo hace unos meses, hoy, a pesar de ya haberles hablado de este libro en otras ocasiones, me permito la licencia de reseñarlo de nuevo; una interesante obra para leer en cualquier época del año con o sin vacaciones a la vista.

Portadas libroPortadas del mismo libro con sus dos diferentes títulos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de agosto de 2016.

Malos olores

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de agosto de 2016 a las 10:36

Los asiduos a esta columna, tal vez recordarán la historia que les narré hace varios años sobre el buque de crucero Astra II, que popularmente fue conocido en el ambiente portuario malacitano como el barco de los caballos. En esta ocasión, regreso sobre este buque para contarles una experiencia vivida en diciembre de 1999. Cumplimentando su último itinerario crucerístico antes de ser reconvertido en un casino flotante, el Astra II, que desde su construcción en 1974 había escalado en Málaga en 37 ocasiones, atracaba en el muelle dos procedente de Tánger y con destino a Motril.

Conociendo que se trataba de la última visita malagueña de este barco antes de iniciar su aventura asiática como casino, tras obtener un permiso facilitado por la agencia consignataria, pude visitar el barco.

Con la ilusión de ver un buque turístico cargado de historia, mis primeras impresiones al subir a bordo no fueron nada positivas. Manteniendo unas condiciones de limpieza muy al límite, lo que más me llamó la atención fue el desagradable olor que se podía percibir. Intentando disimular esta circunstancia ante el oficial que me acompañaba, la visita se convirtió en una dura prueba para mi olfato; un hecho que llegó a mis límites cuando entramos en el puente de mando.

Conservando una tradición que aún perdura en muchos buques de crucero, el Astra II, en una esquina cercana al alerón del puente en la banda de estribor, disponía de una pequeña alacena donde se almacenaban diferentes productos alimenticios. De aquél pequeño armario emanaba un desagradable olor difícilmente calificable; un aroma que competía, e incluso superaba a la atmósfera  general que se podía respirar en la totalidad de aquel coqueto barco.

Astra IIBuque de crucero ASTRA II atracado en el muelle número dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 2 de agosto de 2016.