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Dos viajes redondos

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de diciembre de 2017 a las 10:08

Habitualmente, las últimas semanas de diciembre no destacan demasiado en lo que al tráfico portuario se refiere. Reducido considerablemente el número de  atraques, los buques que navegan en línea regular son los que, de una forma ininterrumpida, cumplen con sus viajes sin tener en cuenta las fechas en las que nos encontramos.

Al respecto de estos barcos, hoy les contaré un hecho histórico protagonizado el ferry Fortuny, el  melillero titular que desde abril de 2015 cubre a diario la ruta del mar de Alborán. Construido por encargo de Trasmediterránea en los astilleros gaditanos del Grupo Izar entre  1999 y 2001, este superferrie de 26.916 toneladas de registro bruto y 172 metros de eslora que puede embarcar a un total de 1.200 pasajeros disponiendo además de 1.500 metros lineales de garaje para vehículos y carga rodada, protagonizó el pasado día 21 de diciembre dos viajes redondos a Melilla en un mismo día; una circunstancia que nunca se había dado en los cien años de historia de esta ruta.

Y aunque hace muchas décadas hubo dos ferries que realizaban conjuntamente estas navegaciones (uno salía de Málaga y otro de Melilla y ambos se cruzaban en el camino), y  dejando a un lado a los buques de alta velocidad que en los refuerzos veraniegos de 2002 y 2003 efectuaban varios viajes diarios, jamás hasta la fecha un ferry al uso había cumplimentado una navegación doble como la que les estoy narrando.  Tras llegar de Melilla el pasado día 21 a las 06:00, el Fortuny salía dos horas más tarde para regresar a aguas malacitanas a las 22:30 y partir nuevamente a las 00:30 del día 22. Todo un acontecimiento histórico ocurrido en diciembre que además se volverá a repetir en esta semana.

Fortuny 16-II-171FORTUNY que realizó la pasada semana cuatro viajes a Melilla en un día.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 26 de diciembre de 2017.

Fugaz primera escala

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de septiembre de 2016 a las 9:44

Si existiera un ranking de las primeras escalas crucerísticas más breves en la historia del puerto malagueño, el primer puesto lo ocuparía la visita que realizó hace unos días el buque Serenissima; una escala de menos de dos horas que incluso pasó desapercibida para la Autoridad Portuaria.

Pero dejando a un lado esta última circunstancia, hoy les narraré algunas curiosidades de este pequeño buque que con otro nombre ya visitó Málaga en 2005.

Construido en los astilleros noruegos de Trondheim entre los años 1959 y 1960 para la compañía Hurtigruten, este barco, que fue bautizado como Harald Jarl, comenzaba su vida marítima realizando viajes costeros con pasaje y carga.

Tras sufrir una reforma en 1983 y realizar algunos cruceros por aguas escandinavas, este buque, que también fue usado como hotel flotante, se ponía a la venta en 1989; un hecho que llevó a la creación de un grupo amantes de los barcos que pretendió sin éxito que el Harald Jarl se vendiera aun propietario que no fuera noruego.

Adquirido en 2002 por la compañía Elegant Cruises y rebautizado como Andrea, este veterano, reconvertido  en Suecia en un buque de crucero y expediciones comenzó  a navegar en rutas turísticas  centradas fundamentalmente en el Norte de Europa y el Mediterráneo.

Tras ser detenido en 2009 en el puerto croata de Split por la quiebra de su armador, en 2012, un grupo empresarial ruso compraba el buque para restaurarlo con su forma original. Rebautizado como Serenissima y bajo la gestión de una compañía denominada Serenissima Cruises, este clásico tiene previsto regresar a Málaga en octubre de este año. Una magnífica oportunidad para ver un barco que muy podríamos calificar como de otra época.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque de crucero ANDREA, ahora SERENISSIMA en su visita a Málaga en 2005.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de septiembre de 2016.

Éxito agridulce

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de noviembre de 2010 a las 9:03

Si cualquier empleado del puerto (con mayor o menor responsabilidad), tuviera una varita mágica con la que pudiera modificar los tráficos que llegan a Málaga, sin duda alguna, cambiaría algunos de los 300 buques de crucero que hasta la fecha han llegado este año, por un buen puñado de “mercantes” con  cualquier tipo de carga.

Con los muelles vacíos de barcos, y con el tráfico de mercancías; ya sean carga general, graneles, o carga en contenedores en un estado de coma profundísimo, el éxito crucerístico de este año, se torna en un éxito, cuando menos agridulce.

Con esta triste realidad, y con el agravante de que las previsiones para el próximo año apuntan a mayores éxitos crucerísticos y bastante menos movimiento de carga, nuestro puerto triunfa con los turistas y se hunde en lo demás.

Y aunque la apuesta por los buques de crucero es una apuesta muy meditada y muy bien trabajada (ahora se empiezan a recoger los exitosos frutos de esta labor), la asignatura pendiente para los responsables de nuestro puerto, sigue siendo el tráfico de mercancías.

Un puerto como el de Málaga, no puede ni debe vivir en exclusividad de los barcos de turistas; un mercado, o mejor dicho, un negocio muy voluble y caprichoso que hoy está aquí y mañana tal vez no.

Con la alegría de haber alcanzado las 300 escalas crucerísticas,  y mi más sincera felicitación a todos los que han trabajado para conseguir este record, me quedo con la espinita de la carga. Una agridulce sensación, por otra parte, muy portuaria.

Columna publicada en  el diario de hoy 25 de Noviembre de 2010.