Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de septiembre de 2012 a las 10:22
El martes cuatro de septiembre de 1934, fondeaba en la bahía malagueña el buque de bandera inglesa Atlantis. Procedente de Southampton y con destino a Nápoles, este barco que realizaba un exclusivo itinerario crucerístico por el Mediterráneo, llegaba a Málaga con 450 pasajeros (su ocupación máxima). Organizado el desembarco en diferentes botes salvavidas del buque, la mayoría de los turistas británicos que bajaron a tierra, durante varias horas, visitaron la ciudad y sus alrededores subidos en coches de caballos.
Aquella escala turística, tan organizada como las que en la actualidad efectúan los muchos buques de crucero que llegan al puerto malagueño, fue la última de este barco en Málaga. Una visita que como las anteriores 14, realizadas desde 1930, se caracterizó por una curiosa circunstancia.
Construido en 1913 en los astilleros norirlandeses Harland & Wolf (los mismos que dos años antes habían botado al Titanic), este buque, comenzaba a navegar con el nombre Andes bajo la contraseña de la compañía británica Royal Mail Lines. Tras realizar viajes en línea regular con Sudamérica y participar como mercante artillado en la Primera Guerra Mundial, en 1930, rebautizado como Atlantis, comenzaba a navegar como buque de crucero. Ese mismo año, en uno de sus primeros itinerarios turísticos por mar, el barco visitaba el puerto de Málaga. Atracado en el muelle de Cánovas, la agencia encargada de consignar a este buque ofreció, de forma gratuita, a todos los pasajeros del Atlantis un paseo en coche de caballos. Aquel recorrido turístico por las calles malagueñas fue todo un éxito y el Atlantis, en sus siguientes 14 escalas en Málaga, siempre ofertó a sus pasajeros esta singular actividad.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Septiembre de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de junio de 2012 a las 8:48
DESDE principios del siglo XX, los buques de compañías alemanas con pasajeros alemanes, convirtieron al puerto de Málaga en un punto de escala fija para sus diferentes itinerarios turísticos por mar. Con esta premisa y con una habitualidad mantenida durante años, las navieras dedicadas en exclusividad al mercado germano, han seguido trayendo sus barcos a Málaga de una forma continuada y permanente.
Un claro ejemplo de lo que les digo, se pudo vivir en las instalaciones crucerísticas malagueñas tan solo hace unos días. El martes 29 de mayo, atracaba en el muelle Sur de la estación marítima de Levante el buque Hamburg y al día siguiente, en el mismo muelle, amarraba sus estachas el Columbus 2.
Dedicados ambos en exclusividad al turismo marítimo alemán, estos dos buques llegaban con una muy especial particularidad; un hecho verdaderamente significativo y curioso que potencia la tesis de que el puerto malagueño es un importante destino para este mercado turístico.
Fletado recientemente por un periodo de diez años a Hapag-Lloyd, la más importante compañía naviera alemana de la historia, el Hamburg que antes de ser alquilado se llamaba C. Columbus, visitaba por primera vez Málaga bajo la contraseña de Plantours & Partner, un significativo operador turístico germano. Sustituyendo al fletado C. Columbus, el día 30 de mayo y bajo los colores de Hapag-Lloyd, atracaba también por primera vez en Málaga el Columbus 2; un barco alquilado por esta compañía alemana a una naviera de origen norteamericano.
Un extraño y tal vez demasiado complicado baile de compañías, nombres y barcos, que deja muy a las claras la importancia que para el mercado crucerístico alemán tiene el puerto de Málaga.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (5 de Junio de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de noviembre de 2011 a las 9:54
En las décadas de los años cincuenta y sesenta, la mayoría de las noticias que aparecían en los periódicos referidas a barcos de turistas (por entonces no se hablaba de buques de crucero), tenían un cierto toque épico. Esta circunstancia, por otra parte lógica, se debía a que un gran número de los buques que por entonces realizaban viajes de placer, habían tenido un pasado más o menos intenso navegando en líneas regulares trasatlánticas, amén de que muchos de ellos, habían participado de una u otra forma en la Segunda Guerra Mundial.
Y aunque hoy día esta épica ya ha desaparecido, aun existen compañías que mantienen e intentan potenciar determinados hechos referentes a su pasado.
Un claro ejemplo de lo que les hablo, es sin duda alguna la compañía Cunard Line, una naviera centenaria de origen británico que publicita de una forma muy acertada la tradición de su pasado reflejada en su actual flota de buques de crucero.
Con sólo tres barcos, las famosas reinas: Queen Elizabeth, Queen Mary 2 y Queen Victoria, esta compañía propiedad de un grupo dedicado al negocio crucerístico internacional, vende sobre todo su nombre y el de sus barcos; un hecho que por sí solo le permite competir contra las muchas excelencias, y si me lo permiten, excentricidades que ofertan otras compañías dedicadas a este mismo negocio.
Y aunque las reinas de Cunard Line no son ni los mejores, ni los más lujosos barcos, lo que sí está claro, es que cada vez que uno de estos buques toca puerto (sólo habría que recordar aquella primera escala malagueña del Queen Mary 2), la misteriosamente añeja épica de los barcos de turistas, suele regresar, como en el pasado, a los titulares de noticias de los periódicos.
QUEEN MARY 2 en su primera escala en Málaga.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (15 de Noviembre de 2011).
Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de julio de 2011 a las 8:59
Las ciudades con puertos donde se mueven pasajeros, siempre han sido, son y serán, unos lugares muy apetecibles para los delincuentes especializados en turistas. Y aunque los robos a pasajeros y tripulantes de barcos, en la actualidad, están circunscritos casi en su totalidad a los alrededores de los recintos portuarios, hasta no hace demasiado tiempo, estos actos delictivos se realizaban de forma habitual en el interior de los puertos.
El 19 de mayo del año 2005, llegaba al puerto de Málaga el buque de crucero Mona Lisa. Al completo de pasaje alemán, el buque, que procedía de Alicante, quedaba atracado en el Pantalán de Levante a las diez en punto de la mañana.
Ya con los turistas en tierra, y al tratarse de una escala larga, el capitán, una vez realizados todos los trámites que requerían de su presencia, salió a dar un paseo.
Tras unas horas callejeando por la ciudad, el capitán del Mona Lisa regresó a su barco, y cuando ya estaba a bordo, descubrió que le habían robado la cartera. Sin recordar cómo o dónde podía haber sido el hurto, lo único destacable que refirió al hacer la pertinente denuncia, fue cuando una señora se le acercó para intentar venderle una joya envuelta en un historiado papel de seda.
Con el enfado por el robo y un informe desfavorable por aquel hecho (todos los capitanes escriben un informe sobre los incidentes que se han producido durante su escala en puerto), el Mona Lisa salía de Málaga con destino a Almería a las diez de la noche.
Una historia, la de los robos a pasajeros o tripulantes de barcos, que hoy día se sigue dando; y que, de una u otra forma y con mayor o menor éxito, nunca desaparecerá de Málaga ni de los puertos con tráfico de turistas.
MONA LISA atracado en Málaga el día en el que robaron a su capitán.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (5 de Julio de 2011).
Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de junio de 2011 a las 8:20
Hace algún tiempo, les contaba la historia de un barco de crucero (un buque de pasaje reconvertido en barco turístico) que causó una muy especial expectación la primera vez que atracó en el puerto de Málaga. Tras haber fondeado en la bahía el 13 de junio de 1973, el Oriana, regresaba siete días después, amarrando en el muelle número dos. Perteneciente a la compañía P&O (la naviera por excelencia del Imperio Británico), este buque visitó Málaga en 16 ocasiones, realizando su última escala el 17 de agosto de 1981.
Catorce años después; en concreto el lunes 8 de mayo de 1995, atracaba en el Pantalán de Levante el nuevo Oriana, un barco construido en los astilleros alemanes Jos. L. Meyer que se entregaba a sus armadores ese mismo año, y que heredaba el nombre de aquel histórico buque de línea reconvertido en barco de turistas.
Diseñado y destinado en exclusividad para el mercado británico (en este buque embarcan, por norma general, personas que superan los sesenta años muy apegadas al estilo de vida inglés), el segundo Oriana, sin ser un buque de líneas clásicas, se aleja bastante de la imagen prototípica de los actuales hoteles flotantes.
Con 69.153 toneladas de registro bruto, 260 metros de eslora y 32,2 de manga, este buque, que puede alojar en sus 991 camarotes a 1.928 pasajeros, desde su primer año de vida en la mar, se mantiene fiel a las escalas malagueñas, realizando como promedio, al menos, dos visitas al año.
Un verdadero clásico a flote que, cuando deje de navegar, seguro que cede su nombre y su muy especial filosofía a un nuevo buque; un tercer Oriana que, sin duda alguna, traerá a al puerto de Málaga a nuevos turistas aficionados a tomar el té de las cinco.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (28 de Junio de 2011).
Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de junio de 2011 a las 8:48
Sin entrar en consideraciones al respecto de si la gestión ha sido o no la correcta, y dejando a un lado determinadas actitudes de euforia e incluso altanería que la terminal de contenedores tenía cuando todo iba bien, lo que sí está claro, y esta es la triste realidad, es que la marcha de Maersk Line constituye una verdadera catástrofe para el puerto de Málaga.
Con el tráfico de graneles sumido en un profundísimo coma del que será muy complicado salir; y ahora, sin contenedores, el puerto malagueño se queda sólo con el exitoso movimiento de buques de crucero, amén de algún que otro goteo vario y las líneas regulares de pasaje y carga que enlazan Málaga con Ceuta y Melilla.
Y aunque los que trabajan y conocen el sector marítimo-portuario lo saben (y lo saben muy bien), hoy, desde esta columna, me permito recordar; especialmente a todos aquellos que de una u otra forma han criticado, desde el más absoluto desconocimiento, que las grúas de contenedores afeaban el Skyline malagueño o que los polvos de los graneles ensuciaban sus ventanas y balcones, que Málaga, es lo que es gracias al puerto.
Parcelar en exclusividad el negocio marítimo malagueño a los buques de crucero, sería, sin lugar a dudas, un grandísimo error. Y aunque esto lo saben muy bien los gestores del puerto, y el hecho de que ahora sólo nos queden los turistas, únicamente atiende a que los graneles no levantan cabeza y los contenedores se han marchado, Málaga, cuanto antes, debe recuperar y consolidar alguno de estos dos tráficos, si no lo dos.
Teniendo esto en cuenta; y teniendo en cuenta también que el movimiento de contenedores constituye la base fundamental del transporte moderno de mercancías por mar, Málaga, si quiere mantenerse medianamente a flote y subsistir como puerto, tiene la imperiosa necesidad que volver a traer containeros.
Dejándonos de tonterías y hablando de forma clara, lo que deja dinero, dar de comer a muchas familias y genera negocio, son los barcos que cargan y descargan; y si además, hay buques de crucero (tenemos ya el mercado hecho y unas instalaciones inmejorables), mucho mejor.
Con la esperanza de ver muy pronto el muelle número nueve otra vez repleto de buques portacontenedores, y la bahía malagueña con barcos a la espera de operar bajo esas cinco grandes grúas que tanto afean el panorama pero que significan trabajo, permítanme que desde esta columna diga: contenedores sí; y cuantos más, mejor.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (14 de Junio de 2011).
Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de abril de 2011 a las 8:43
El 17 de abril de 1930, Jueves Santo, quedaba atracado el INFANTE DON JAIME que coincidió en el puerto con el REINA VICTORIA donde llegaron los primeros legionarios para desfilar en la Semana Santa.
Lo que hoy les contaré, además de ser una peculiar historia marítima, enlaza a la perfección con mi muy personal teoría de que la Semana Santa malagueña; ni en el pasado ni en la actualidad, se ha promocionado con vistas al mercado de turistas que llegan a Málaga por mar.
A primeras horas de la mañana del jueves 17 de abril de 1930, quedaba atracado en el muelle de Guadiaro (el número dos), el buque de la compañía Trasmediterránea Infante Don Jaime.
Realizando un viaje turístico, este moderno buque de 3.946 toneladas de registro bruto y 101 metros de eslora, que había sido botado en los astilleros italianos Cantieri Navale Triestino de Monfalcone en junio de 1929, y entregado a la compañía Trasmediterránea en agosto de ese mismo año, llegaba por primera vez al puerto de Málaga.
Procedente de Alicante y con 195 turistas de nacionalidad española a bordo (curiosamente el cronista de la época calificaba a estos como “un ramillete de distinguidas personalidades de los más ilustres apellidos castellanos”), el Infante Don Jaime, era recibido como por entonces era costumbre recibir a los buques que con turistas visitaban por primera vez al puerto malagueño.

INFANTE DON JAIME
Mientras se realizaban las pertinentes formalidades tras finalizar la maniobra atraque, el señor don José Pérez Asensio, delegado de la compañía Trasmediterránea en Málaga, subía al barco para saludar al capitán. Una vez concluido el trámite, y después de ultimar algunos detalles de la recepción que horas más tarde se realizaría a bordo, se iniciaba la carga de diversos suministros. Entre otras cosas, las plumas del Infante Don Jaime embarcaban un variado cargamento de fruta fresca.
A las once de la mañana, coordinado por diversos empleados de la oficina malagueña de la Trasmediterránea, comenzaban a desembarcar los pasajeros; los cuales, repartidos en dos grupos: unos a pie y otros en coches de caballo, iniciaban un recorrido turístico. Tras conocer los lugares más típicos de la ciudad, los pasajeros del Infante Don Jaime, invitados por la delegación en Málaga de la compañía propietaria del barco, disfrutaban de un refrigerio en un “elegante salón de comidas del centro de la ciudad”.
Finalizado el almuerzo, la gran mayoría de los turistas castellanos asistían a los oficios religiosos; y ya de camino al puerto, realizaban las tradicionales estaciones de penitencia del Jueves Santo en diferentes iglesias malagueñas.
A las cinco y media de la tarde, y mientras los pasajeros del Infante Don Jaime esperaban el embarque de diversas autoridades para celebrar una recepción a bordo, llegaba al puerto de Málaga el buque, también de la compañía Trasmediterránea, Reina Victoria; el cual, procedente de Ceuta, traía a las primeras tropas legionarias que desfilarían en la Semana Santa malagueña.
Con “bollería, pastas, sándwiches, café, chocolate y vino de Málaga” (así reza la crónica de la época), se agasajó a las autoridades que asistieron a la merienda que conmemoraba la primera escala en Málaga del buque Infante Don Jaime.
Pasadas las ocho de la tarde, el barco seguía su viaje turístico con destino a Sevilla; y curiosamente, el Infante Don Jaime nunca más regresaría al puerto de Málaga.
Una singular historia de la que se podría sacar una más que curiosa paradoja. Tras una muy completa jornada de Jueves Santo en Málaga, aquellos 195 selectos turistas castellanos, no pudieron disfrutar de ningún desfile procesional; algo que, salvando las distancias del tiempo y las circunstancias, enlaza a la perfección con lo que ocurre en la actualidad, cuando alguno de los buques de crucero que escalan en el puerto malagueño durante estos días ignoran la Semana Santa.
“LA MAR DE HISTORIAS” publicado en la página Marítimas (19 de Abril de 2011).
Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de marzo de 2011 a las 9:15
Hace unos días, un amigo me remitía la foto de un buque de crucero que llegaba remolcado a las aguas turcas de Aliaga. Varios días después, una nueva foto enviada, me mostraba cómo este buque había sido varado en las playas de esta localidad a la espera de que se iniciara su desguace.
El barco en cuestión era el Hermes; un pequeño buque de 90 metros de eslora, 13 de manga y 2.174 toneladas de registro bruto de construcción yugoslava que, tras navegar algunos años como ‘General cargo/Passenger ship’ (nosotros lo denominaríamos buque mixto o ferry), se reconvertía en sus últimos años de vida en un barco para turistas.
Con la historia del final de la vida activa de este barco como pretexto; por cierto, este buque nunca visitó nuestro puerto, hoy les contaré una muy singular curiosidad sobre las escalas malagueñas que realizó su antecesor.
Manteniendo la tradición de perpetuar los nombres de determinados barcos de su flota, la compañía griega Epirotiki, tras comprar un buque construido en 1930 en Escocia y reacondicionarlo, lo rebautizaba en el año 1960 como Hermes (anteriormente esta compañía ya había tenido otro barco con este mismo nombre). Tras navegar durante un tiempo como ferry realizando itinerarios entre puertos de Italia, Grecia, Chipre e Israel, la naviera griega lo reconvertía en buque de crucero; y en abril de 1966, el segundo Hermes atracaba por primera vez en Málaga dentro de un viaje cultural en el cual iban embarcados 337 turistas de nacionalidad alemana. En octubre de aquel mismo año, el Hermes repetía escala; y en abril de 1971, en otro crucero cultural, volvía a visitar nuestro puerto.
Tras esta tercera escala, el segundo Hermes nunca más volvió; pero sí dejó en la historia marítima malagueña un record aun no superado. Con tan sólo tres vistitas, este, ha sido el único buque que hasta la fecha, sólo y exclusivamente nos ha llegado realizando cruceros culturales.

Imagen del HERMES.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (15 de Marzo de 2011).
Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de septiembre de 2010 a las 9:08
Aunque les parezca un tanto extraño, las bicicletas, siempre han estado muy vinculadas al mundo marítimo. Particularizando en el ámbito portuario, años atrás, estos vehículos constituyeron para muchos una herramienta de trabajo de muy útil para moverse por los muelles.
Entre los muchos portuarios malagueños que usaron bicicletas para deambular por el puerto, en primer lugar habría que recordar a los carabineros. En las décadas de los años cuarenta y cincuenta, se hicieron muy famosos en el puerto de Málaga unos triciclos que con un cajón en su parte delantera, servían para realizar todo tipo de pequeños portes. De entre todos estos, quizás, el más popular fue uno que efectuaba servicios de tintorería rápida. Años más tarde (y esto duró hasta hace muy poco tiempo), los amarradores también usaron bicicletas para desplazarse por los muelles.
En la actualidad, estos vehículos han debajo de ser usados por los portuarios, y sólo se pueden ver bicicletas en los muelles como instrumentos de ocio.
Al respecto de esto, curiosamente, han sido los buques de crucero los que han vuelto a traer las bicicletas a los puertos. Ofreciendo a sus pasajeros excursiones sobre dos ruedas, estos barcos, han retomado una imagen que ya se había perdido.
Y aunque muchos barcos ofrecen esta actividad, son los Aida (esos buques dedicados al mercado alemán que lucen unos labios rojos pintados en su proa), los que más implicados están con el turismo ciclista.
En cada una de sus escalas, tras desembarcar un buen número de bicicletas, varios grupos de turistas salen de nuestro puerto para conocer la ciudad sobre dos ruedas. Las bicicletas, de una forma muy diferente, han vuelto a circular por los muelles.

Turistas del AIDACARA preparados para una excursión ciclista.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicado en la página Marítimas (7 de Septiembre de 2010).
Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de abril de 2010 a las 18:57
Cuando ocurren cosas como la que hoy ha pasado en el puerto de Málaga, los ánimos de alteran; y lo que es peor, el trabajo que muchas personas han realizado durante algunos (o muchos) días previos, se modifica o se va al garete.
Hoy, debía haber hecho su primera escala en el puerto de Málaga el buque de crucero Azura. El flamante buque insignia de la flota turística de P&O Cruises, en la jornada de hoy, debía haber conocido el puerto malagueño; y a su bordo, como es tradicional, se debería haber celebrado una recepción de bienvenida con un nutrido grupo de personalidades relacionadas con el mundo de la mar y los barcos.
Pero (permítanme la licencia poética, o casi poética), la mar, no ha querido que esta primera escala se realizara. Una fuerte marejada con importante rachas de viento, han impedido la entrada del buque; el cual, tras capear el temporal durante varias horas en las inmediaciones del puerto, finalmente, cancelaba su entrada en Málaga para seguir viaje hacia su próximo puerto de destino.

Azura capeando el temporal frente al puerto de Málaga.
Ante este contratiempo; y eso que sé que se ha hecho todo lo posible para que el barco pudiera atracar (ante las fuertes rachas de viento, el muelle Sur, donde estaba previsto su atraque, o el de Levante no abrigan lo suficiente a estos buques tan altos), la inicial decepción se ha convertido en una “espídica” rueda de llamadas telefónicas por parte de los miembros de la agencia Cabeza Marítima (consignatarios de esta compañía en Málaga), los cuales, han tenido que cancelar todas y cada una de las actividades que este buque tenía previsto hacer en su primera escala en este puerto.
La recepción a bordo, las excursiones, los diversos temas relacionados con el pasaje y la tripulación, o la infinidad de pequeños asuntos que se gestionan en cualquiera de las escalas de un buque como este, han debido de ser cancelados o redireccionados (los que se puedan redireccionar) hacia el puerto de Palma de Mallorca, la próxima escala que tiene previsto realizar este buque.
Una dura y desilusionante jornada para esta agencia consignataria, a la que habría que añadir la que están viviendo los responsables de Pérez y Cía, otra consignataria malagueña que ayer se encontraba la sorpresa de la llegada anticipada del buque de crucero Funchal; un buque que debía haber atracado hoy, y que a causa del mal tiempo, entraba de arribada en Málaga doce horas antes de lo previsto. En esta ocasión, todo lo que ya estaba organizado, ha debido de ser reestructurado y reacondicionado para una escala que, de una forma inesperada, se ha prolongado muchas más horas más de lo previsto.

Funchal en el atraque Norte del Muelle de Levante.
Por cierto, en estos instantes, aun no se sabe la hora exacta de la salida de este buque. Aunque las previsiones indican que el Funchal saldrá a las 00:00 horas con destino a Gibraltar, lo mismo las condiciones de la mar retrasan su salida. Otro contratiempo.