¿Cuándo se jodió el Perú?
ZAVALITA, el personaje de Conversación en la Catedral, esa joya literaria escrita por Mario Vargas Llosa, acuñó para la posteridad una pregunta ontológica. “¿En qué momento exactamente se jodió el Perú?”. Se preguntaba por la cadena de hechos y decisiones tácitas que lo fueron hundiendo en la mediocridad y la frustración a partir de una envidable posición social y económica como miraflorino [Miraflores es un barrio de posibles de Lima] blanco y adinerado.
Más o menos eso andan preguntándose –con mesa y mantel por delante, no crean– algunos de los que en los últimos tiempos han sido los hombres fuertes del Ayuntamiento. El conciliábulo. Referentes del llamado sector crítico del PSOE de Sevilla, que ahora se temen lo peor: una sobrevenida muerte política en vida. Un deceso abrupto y prematuro. Se sabe: en las guerras algunos acostumbran a no dejar adversarios vivos. Por si acaso resucitan.
El sorprendente ascenso de Susana Díaz al núcleo duro del PSOE andaluz –la secretaria de Organización es el tercer cargo en la jerarquía ejecutiva; la Presidencia del PSOE es un puesto de corte institucional– ha encendido las alarmas en las familias que hasta hace apenas dos semanas creían seriamente tener opciones no sólo de continuar marcando el devenir de la política municipal, sino que incluso soñaban con conquistar la Alcaldía por vía directa –heredándola–, sin descartar un posible arribo mayor al ilustre terreno de la política autonómica. Grandes expectativas que, por el momento, todavía no se han traducido en (casi) nada.
Más poder ‘oficialista’
El nombramiento de Díaz, una apuesta personal de José Antonio Viera, es la metáfora del peso que la agrupación socialista sevillana –la más grande de Andalucía; una de las más importantes de España– ha ganado en la composición de la dirección socialista andaluza. Tradicionalmente eclipsada por el juego orgánico de otras direcciones provinciales menores en número de militantes –los gaditanos y los jiennenses han liderado la vida del partido en la era Chaves– el proceso de renovación (dentro de un orden) impulsado por Griñán ha venido claramente a beneficiar a los socialistas sevillanos, que no sólo tienen (en su cuota) al propio secretario general y presidente de la Junta, sino a Díaz, que controlará la fontanería del PSOE. La tarta se completa con otros nombres, entre ellos el consejero Juan Espadas.
Los críticos, como se dice coloquialmente, no han pillado cacho. Monteseirín, testimonialmente, ha sido incluido en el Comité Director Regional, un foro sin peso político real y tan nutrido como sean los compromisos y los detalles de cortesía que quiera tener el secretario general. Ni Celis ni nadie más del ámbito municipal ha sido tenido en cuenta por la nueva mayoría.
Y ésa es la cosa. Siendo, al menos desde el punto de vista retórico, un congreso en el que Griñán quería contar con “los mejores”, y en el que parecía llegar por fin el momento del ascenso al poder de los llamados cachorros del PSOE –los antiguos alevines de las Juventudes, el mensaje que han recibido los críticos, muchos de los cuales son de la misma generación, es rotundo: o no son los mejores –en caso de que los elegidos lo sean– o no son suficientemente valiosos como para protagonizar la sucesión generacional. Como señaló en su día un inteligentísimo crítico: “En política no hay otra: o estás sentado tú en la mesa donde se toman las decisiones; u otros serán quienes decidan en tu lugar”.
Lo que viene
Lo malo –para los críticos– es que el movimiento no ha terminado. Acaba de empezar. En las próximas semanas la zozobra continuará. Primero porque habrá que reajustar puestos en el PSOE de Sevilla tras la salida de Díaz. Después vendrá la remodelación del Gobierno andaluz –su única gran esperanza para no ser laminados del todo– y, por último, llegará la hora de la designación oficial del nuevo candidato socialista a la Alcaldía. Tres pasos claves que señalarán el nivel de oxígeno con el que contarán para la travesía del desierto que se avecina quienes, hasta hace unas pocas semanas, eran ilustres defensores de Alfredo Sánchez Monteseirín.
El primer paso se resolverá sin mucho quebranto. La Ejecutiva socialista convocará un Comité Provincial y será este órgano quien elija al nuevo secretario de organización del PSOE Sevilla. No habrá sorpresas: José Antonio Viera se garantizó en su día una dirección monocolor, lo que implica continuidad plena en el cargo que deja libre Susana Díaz.
Después vendrá la crisis del Gobierno andaluz, el primero que Griñán diseñará a su antojo. Este proceso está todavía abierto: depende de la voluntad personal del presidente del Ejecutivo regional –cuyos criterios tienen despitado a casi todo el partido– y de la nueva arquitectura administrativa de la Junta. Un misterio que pronostica una importante reducción de consejerías –hipotéticamente Empleo se fusionará con Economía; Igualdad puede sufrir cambios, Vivienda podría volver a vincularse con Obras Públicas en un departamento nuevo de Ordenación Territorial– y, en consecuencia, una reasignación del statuo quo, término bajo el que podemos englobar tanto a los cargos de confianza como a las distintas cuotas de poder de las diferentes agrupaciones socialistas.

A menos sillas, más presión, lo que pone más difícil a los críticos conseguir su último asidero: ser compensados por Griñán con algún puesto institucional en la Administración regional. Quizás en un segundo nivel pueda haber suerte –el partido tenía hasta ahora como costumbre no dejar a nadie sin sustento espiritual–, aunque la flauta no suena, en principio, en el reparto de consejerías.
Nadie lo sabe con seguridad, pero circula la tesis de que Viera tiene atado también este flanco. Hay varias opciones: que vuelva él mismo a la consejería de Innovación –tuvo que dejarla sin desearlo– en caso de que no opte por la vía municipal –como candidato– o compensar la hipotética salida de Juan Espadas de Vivienda con otro hombre (o mujer) de su confianza. Lo que está claro es que en su agenda no cabe la posibilidad de dar aire a quienes han intentado durante los dos últimos años descabalgarle y desestabilizar –con todo tipo de recursos– el partido. Lo dice un líder histórico del PSOE: “Esperar clemencia es inútil. Viera es de pueblo (Coria). Y la gente de pueblo ni perdona ni olvida”.
El candidato
Después llegará el momento de la verdad: la elección del candidato a la Alcaldía. Esperar a julio ya está descartado. La decisión oficial se hará coincidir con la hipotética salida –si se consuma– de Monteseirín. Las opciones, que se sepa, se reducen a dos: Espadas, que es la alternativa A, como se sabe desde hace ya meses; y el propio Viera, que es la opción B. Espadas guarda un silencio prudente. Viera aún no se autodescarta. Lo que está claro es que el proceso tendrá dos consecuencias: primero, adaptar el gobierno municipal a la nueva situación –lo que significa cambios en el reparto de delegaciones y áreas– y, segundo, preparar al elegido para que, desde fuera, empiece la carrera electoral. No habrá cabriolas: el alcaldable no entrará en el actual grupo municipal en los puestos de libre designación. Unos tendrán que seguir con la gestión municipal y otros intentar ganar las elecciones con un nuevo proyecto.
¿Quién estará en este nuevo equipo? A pesar de las súbitas conversiones de última hora al vierismo –el susanismo es otra cosa; se verá en la nueva etapa regional–, la suerte está echada. La madre del cordero no es ya el cabeza de lista, sino la composición de la nueva alineación municipal. Gane o pierda. Una selección que dependerá en solitario de la dirección provincial y que, en coherencia con lo que hizo en el pasado congreso y en el cónclave regional, buscará un equipo cohesionado. Afín. Término que, obvio es decirlo, excluye a los críticos, minoría más virtual que real. Se elucubra con un posible retorno a las lides municipales de caídos en desgracia, como el ex edil Carmelo Gómez, actual secretario de política municipal del PSOE de Sevilla. Incluso hay otras hipótesis bastante más gruesas.
El derrumbe político de los antiguos alfredistas va a ser épico. Desde la cima a la sima, si Griñán no lo remedia a última hora.








