Hipótesis de trabajo sobre la batalla de Sevilla

Carlos Mármol18 de Octubre de 2009 a las 13:26

El debate interno en el seno del PSOE de Sevilla sobre la estrategia política a adoptar de cara a las próximas elecciones locales no logra despejar las dudas sobre quién es la mejor opción para encabezar la candidatura.

AL final, si se mira con detenimiento, la cuestión es relativamente simple. Consiste en saber quién le pone el cascabel al gato. Suponiendo, claro está, que se tenga claro cuál sería el mejor felino. O felina. Que de eso, entre otros factores, se trata. La discusión política en el seno del PSOE de Sevilla sobre cuál debe ser la estrategia a adoptar en los 18 meses largos que quedan para las próximas elecciones municipales –en las que el partido se examinará a distintos niveles, pero donde tratar de ganar la batalla de Sevilla resulta esencial– está ya más que abierta. Otra cosa es que discurra por senderos lógicos. Que avance. En realidad, ocurre todo lo contrario: en el seno de la organización socialista sevillana, una de las más complicadas del país, cada familia tiene visiones muy diferentes pero en todas late una misma certeza. No hay mucho donde elegir.

Y eso es, justamente, lo peor. El tiempo, además, se va echando encima. Oficialmente, no hay prisas. Pero lo cierto es que a estas alturas del partido el camino debería estar bastante más despejado. No sucede así: el deterioro político en el seno del gobierno local –donde el caso Mercasevilla abrasa a Monteseirín y a IU–, el bajo perfil que el alcalde cosecha en cualquier encuesta o sondeo que se haga y la histórica lucha de poder entre las diferentes facciones del PSOE contribuyen muy poco a despejar el panorama. Mientras tanto, Zoido, el líder del PP municipal –que es candidato a 2011 desde que perdió la Alcaldía en 2007–, trata de rentabilizar el desgaste ajeno. Más complicado lo tienen en IU, donde la crisis interna es una realidad cuyas consecuencias electorales todavía no están del todo claras.

Candidatura huérfana

En el PSOE circulan un sinfín de teorías. Nombres, en cambio, hay pocos. Y algunos de los que se han sugerido no son más que meros señuelos. El diagnóstico es compartido: la figura del alcalde perjudica a la marca del partido. Así ha sido desde el principio.

“Siempre fueron las siglas las que han sostenido al candidato; otra cosa es que Alfredo piense que sucede al contrario”, dice un ilustre dirigente.

Claro que la buena prensa no es eterna. En el actual contexto de crisis económica, con el paro por las nubes y una subida de impuestos en el horizonte, los sondeos nacionales castigan a Zapatero. Y este factor preocupa, y no poco, en el PSOE andaluz.

En cualquier caso, la primera cuestión es si Monteseirín seguirá como cabeza de lista. De ésta devienen todas las hipótesis posteriores. Si continúa –el regidor ha formulado su deseo de gobernar al menos hasta 2020; siempre que puede dice además contar con el aval del actual presidente de la Junta– las opciones de ganar se estrecharían mucho. En términos internos, la continuidad del alcalde ahorraría tener que buscar un culpable de la supuesta debacle a partir del día después de los comicios –el responsable único sería Monteseirín– y lo sacaría, de manera natural, de la Alcaldía, opción que siempre ha acariciado la dirección provincial. El problema es que implica perder Sevilla. Y esta posiblidad no le conviene ni a Griñán ni a Zapatero.

 

PSOE SEVILLA BAJA

Monteseirín ganó hace unos meses la batalla de su permanencia. Pero, en realidad, la pugna no era tal: lo que se dirimía no era si continuaba, sino si Emilio Carrillo, el ex vicealcalde, asumiría el poder local. Odio frente a razón: el alcalde prefirió cerrar las puertas a la salida que le había ofrecido el PSOE –un escaño en el Parlamento Europeo, opción que llegó a aceptar y que después rechazó– antes de dejar el paso libre a Carrillo, al que en su entorno –cada día más reducido– tildan de “traidor” por apoyar a José Antonio Viera en el último congreso. Monteseirín logró dilatar la situación, Carrillo dejó el Consistorio y se abrió un escenario nuevo. El de la pax armada: cada bando en su sitio pero simulando concordia.

Ido Carrillo, Monteseirín optó por mover ficha: se reunió con la dirección y exploró las opciones de salida de la Alcaldía. Planteó condiciones: quería irse a una empresa pública y tener margen para acomodar a la gente de su confianza. No aceptaría una oferta unipersonal, sino una solución colectiva. El PSOE dejó la cuestión abierta. Mientras tanto, el regidor decidió pregonar sus deseos de permanencia: buscó el acercamiento a Griñán –idos a Madrid Chaves y Zarrías, sus antiguos valedores frente a Luis Pizarro–, anunció en público su aspiración a un cuarto mandato y puso en marcha la televisión local para intentar vender su gestión y, de alguna manera, combatir las encuestas. Ahora se ha sentado a esperar. El tiempo juega su favor: mientras más riesgo de perder exista, paradójicamente, más cartas tiene para volver a encabezar la lista socialista. Que sea para bien o para mal, ya es otro tema.

La opción Celis

El teórico delfín de Monteseirín –Alfonso Rodríguez Gómez de Celis– también ha empezado a jugar sus cartas. Sin Carrillo, Celis es el único de los hipotéticos alcaldables que está dentro del gobierno local. Algo esencial: en el PSOE, si se opta por sacar a un alcalde, suele ser para construir una alternativa desde dentro y evitar la imagen de ruptura. Rara vez se apuesta por alguien de fuera. Así se explica que Carrillo aguantase de edil hasta que Viera optó por dejarlo caer por motivos no del todo claros. Sabedor de este plus, el edil de Presidencia sigue su táctica: en primer lugar, negar la mayor para evitar quemarse antes de tiempo –su entorno decía hasta ahora que él no está en la batalla por suceder a Monteseirín–, potenciar su imagen de futuro gobernante gracias al área de Urbanismo, evitar el desgaste que implica estar en el gobierno local –se las ha apañado para no contaminarse con el affaire Mercasevilla y otras polémicas con la táctica de adoptar un perfil mediático relativamente bajo– y tender puentes hacia la dirección.

En este punto hay que recordar que Celis salió de la ejecutiva del PSOE de Sevilla –donde era vicesecretario general– en el último congreso provincial, en el que ganó Viera. Desde entonces guarda un difícil equilibrio: reconciliarse con Viera sin que Monteseirín entienda esta opción como una deslealtad. Aparentemente la cosas siguen igual. Pero en el PSOE sobrevuela una sensación extraña: sin Carrillo en Plaza Nueva, el verdadero enemigo potencial de Monteseirín, si finalmente continúa, es justamente Celis.

En los últimos tiempos la estrategia del edil de Presidencia ha ganado en intensidad. ¿Cómo? Dando un salto de escala. En este caso geográfico: desde hace cierto tiempo se abona en el PSOE la teoría de que Celis estaría más interesado en irse a Madrid que en continuar en el Consistorio. Como en todos los escenarios calculadamente ambiguos, hay algo de verdad: parece verosímil la tesis de que Celis ha intensificado sus contactos con la dirección federal del PSOE –su interlocutor básico sería Antonio Hernando, secretario de Política Municipal de la dirección federal– pero no para irse, sino para todo lo contrario. Permanecer. Siempre cabe la opción de ofrecerse si Zapatero pensase en un recambio. En un perfil más joven para la candidatura sevillana. Uno va donde le llaman.

La táctica tiene cierta lógica: si sale la jugada, Celis iría de cabeza de lista. Sería el sucesor. No habría pues ruptura, sino cierta continuidad con el proyecto. En caso contrario, también ganaría: aunque el ungido fuera otro, el edil de Urbanismo siempre podría mantener cierta cuota de poder a la hora de discutir la lista. Algo vital en dos sentidos: cuidar a su gente y no perder peso orgánico. Es el poder institucional el que permite afianzar la cuota orgánica. Claro que, en el primero de los supuestos, el escenario global no ayuda: ir de candidato como representante de la herencia de Monteseirín tiene algo de suicidio –en el caso de Celis quebraría su prometedora carrera política– y, en el segundo, dependerá del encaje con la dirección provincial. De momento los guiños son sólo retóricos: Viera lo dejó fuera, en el último Comité Extraordinario, de la comisión de listas, el órgano interno que gestiona las propuestas de candidatura de las asambleas hacia instancias superiores. En su lugar, la dirección incluyó a Bernardo Bueno por Sevilla capital, donde Celis tiene todo su respaldo orgánico. Su histórica pugna personal con Susana Díaz, secretaria de Organización, es fuente de problemas.

¿Un consejero, Viera?

Hay otras hipótesis. Sobre la mesa se pusieron en su día el nombre de María Jesús Montero, consejera de Salud, y de Juan Espadas, consejero de Vivienda. Ambos parecen salidas forzadas. La primera no quiere. Y el segundo, con algo más de opciones, tampoco ha sido muy entusiasta cuando este debate se le ha planteado. Cualquiera de ambas hipotéticas candidaturas tienen el mismo problema: implican romper con el proyecto de los últimos diez años –en el que cree parte del electorado del PSOE– y tener que elevar en muy poco tiempo el grado de conocimiento de ambos, que es relativamente bajo pese a sus cargos institucionales. Tendrían además que dimitir de ellos para no dar argumentos a la oposición, que analizaría su gestión en clave sevillana. En consecuencia, cualquiera de los dos se quedarían sin un trampolín desde el que intentar llegar a la Alcaldía. Con lo que dicen las encuestas y el contexto político nacional, la victoria sería todo menos sencilla. A nadie le agrada presentarse a unas elecciones para perderlas con un porcentaje de probabilidades tan alto. Salvo orden superior.

Cabe otra opción: José Antonio Viera, el secretario provincial. La jugada ya se intentó, con escaso éxito, en 2007, cuando fue de dos en la lista y duró en el gobierno local apenas unos días. La situación es diferente ahora: con Monteseirín fuera, Viera sería la opción de Luis Pizarro, el hombre del aparato regional. Claro que el problema de fondo no desaparece: ¿tendría Viera opciones reales de ganar y gobernar, pactando con IU, dada la herencia y el deterioro político de Monteseirín? Hasta ahora, Viera ha fracasado en sus intentos de moverle la silla al alcalde. No está para aventuras arriesgadas. Aunque, según dicen, ya es un político de vuelta. Puede permitirse el lujo de perder si, a cambio, saca a Monteseirín del tablero.

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Licenciado en Filología. Periodista y articulista. Subdirector de DIARIO DE SEVILLA

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  • Sevalber

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