Carlos Mármol | 3 de septiembre de 2010 a las 18:56
Fin de la discusión sobre el Metro. Al menos, en lo que al centro de Sevilla se refiere. La Junta ha decidido que la estación términi –no en términos oficiales, aunque sí reales– de la futura línea 2 del metropolitano, para la que no hay fecha ni plazo ni demasiada solidez, pero que ha centrado el debate público sobre la materia, muestra de que la ciudad no es capaz de sacudirse su centripetismo obsesivo, irá en la Plaza del Duque. Punto y final.
¿Por qué? Pues por dos motivos. Primero porque en la Encarnación no cabe –dada la cimentación del glorioso Parasol– y en segundo lugar porque entre un centro comercial consolidado en esta ubicación desde hace varias décadas y el necomplejo del Parasol –mercado de abastos circunstancial; cosa que el tiempo irá confirmando– que el Ayuntamiento le ha regalado a Sacyr en la antigua plaza de la Encarnación está claro quién iba a ganar la partida. No hacía falta ser muy listo.
Basta que lo diga el alcalde, forzado a salvar la cara tras haber cedido en primera instancia y no haber siquiera alegado de forma directa y expresa, para que la cosa al final no salga. Debe ser el efecto Monteseirín, que viene ser como el que le adjudican a Zoido (los suyos, claro, cosa que no tiene mérito) pero al revés. Algo real, no virtual. Éste no lo inventan sus huestes. Sencillamente existe. A la vista está.

Una vez solventada tan trascendente cuestión habría que recordarle a la Junta que, digan lo que digan sus notas de prensa, las cosas siempre han tenido un nombre. Un Metro es un transporte esencialmente subterráneo. Sobre rasante es un tranvía. Algo distinto. Para unos, mejor. Para otros, peor. Desde el punto de vista de muchos sevillanos, una cierta estafa tras tres décadas de espera. Y este factor es algo de lo que la Junta debería ser consciente. No hay nada peor que un Metro justo de costuras. Es como una verdad a medias.
Por otra parte, un ferrocarril metropolitano debe, como ocurrió con la línea 1, trascender el estricto término municipal, que en Sevilla es bastante limitado, además de ser una convención administrativa bastante añeja. Es cierto que es hora de dar servicio de transporte público a los barrios más populosos de la capital (Torreblanca, Bellavista, Sevilla Este) pero este factor no impide la prolongación (sin transbordos; los técnicos saben que éstos funcionan como barreras para los viajeros) hacia los cuatro puntos cardinales. Sevilla hace tiempo que es metropolitana. No es retórica. Es una evidencia Aunque en ocasiones no lo parezca. O a algunos no les convenga.
4 de septiembre de 2010 a las 10:17 am | Enlace permanente
Muy acertado. ¡Enhorabuena!
4 de septiembre de 2010 a las 12:08 pm | Enlace permanente
Dando en la diana, como siempre.
4 de septiembre de 2010 a las 7:22 pm | Enlace permanente
Exactamente. Toda la razón.
“Sevilla hace tiempo que es metropolitana.”
Añado: hasta en Semana Santa.
7 de septiembre de 2010 a las 9:33 am | Enlace permanente
Lúcido comentario, cuanta razón tienes cuando defines como “circunstancial” el uso del mercado en la Encarnación. Y pensar que esa ha sido la gran coartada para desarrollar ese demencial proyecto¡¡. Algunos placeros ya están eligiendo donde van a pasar las vacaciones pagadas y parece que va ganando la opción del zoco árabe.