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Antes volar que andar

Carlos Mármol13 de Diciembre de 2009 a las 5:20 pm

El primer vuelo de prueba del avión A400M, cuyo montaje se hace en Sevilla, coincide en el tiempo con el bloqueo de la construcción de la nueva ronda de circunvalación SE-35. Cara y cruz de la realidad sevillana.

LA actualidad de Sevilla es una fuente inagotable de paradojas. Ya saben: esa figura retórica o de pensamiento que consiste en emplear expresiones y frases que se envuelven voluntariamente en una aparente y fecunda contradicción. Basta repasar a los tratadistas para caer en la cuenta de que detrás de este singular recurso expresivo se esconde todo un mundo, entre irónico e inteligente, con el que con frecuencia puede explicarse la realidad cotidiana mejor que con cualquier afirmación ortodoxa y lineal. Ya lo dijo Luis Buñuel: “Evidentemente, soy ateo. Gracias a Dios”.

Tal es así que basta mirar los dos acontecimientos más importantes de la última semana en Sevilla para confirmar la infinita capacidad expresiva de esta aparente contradicción lógica. Un ejercicio intelectual que sirve, entre otras cuestiones, para quebrar ciertos dogmas y poner en solfa buena parte del relato oficial que, como acostumbra a suceder, inspiran, de una u otra manera, los diversos poderes (todos ellos terrenales; no se hagan ilusiones místicas) que gobiernan a diario nuestra humilde existencia.

El sueño aeronáutico

Un ejemplo es la feliz noticia de estos días inciertos: el vuelo de prueba del A400M, el avión militar que Airbus ha montado en Sevilla. Un ejemplo de cómo la industria local puede colaborar con la foránea en un proyecto tecnológico de referencia en el que se viene trabajando desde 2003. Bien es cierto que con algo de retraso (dos años), el avión flotó el viernes sobre el cielo de la ciudad durante varias horas y provocó el regocijo de muchos de los tres mil asistentes –una multitud– que asistieron al acto oficial. En un momento tan delicado en términos económicos como el actual, quizás sea un buen presagio de algo que se dice desde antiguo. A saber: cuando uno toca el suelo durante mucho tiempo (incluso el subsuelo, entendido en términos metafóricos) llega un día en que sólo cabe mejorar. Ascender. Acaso hasta volar.

El despegue del A400M es fruto además de una larga, y en cierto sentido desconocida, tradición sevillana. Ya se sabe: en Sevilla, a veces, las costumbres parece que no dependieran de la reiteración en el tiempo, sino más bien del acuerdo (tácito o expreso) de determinados grupos sociológicos.

Antes volar que andar- BAJA

Hasta hace apenas unos años, cuando surgió la iniciativa del A400M, plantear que Sevilla podría ser referente en el complicado mundo de la industria aeronáutica parecía ser una utopía.

El articulista, que ya va siendo perro viejo –muy a su pesar suyo, por otro lado– recuerda de sus tiempos de infantería una ilustrativa estampa: las risas de ciertos ediles el día que en un Pleno de los años noventa un determinado grupo político municipal planteó ante la Corporación una moción en este sentido. El efecto generado por la propuesta fue un jolgorio general. Eso que algunos llaman fino ingenio hispalense: frases malévolas o las comparaciones costumbristas habituales, dichas para restar valor a la idea. Pasado el tiempo, muchos de los que entonces se sonreían al calor de tal propuesta están entre la multitud oficial que el protocolo ha seleccionado para presenciar el vuelo de prueba. Son cosas que con frecuencia pasan: los sueños de algunos terminan siendo a veces los méritos de otros para los que soñar consiste sencillamente en sestear. Es lo que hay.

Sevilla, en todo caso, no es nueva en estos pagos aeronáuticos. En los últimos setenta años la ciudad ha visto pasar algunos antecedentes previos que nos hablan de una constante: el afán de la urbe hispalense por poder volar. Mejorar. Situarse, de una u otra forma, a la vanguardia industrial. Casi todos estos intentos fueron episódicos.Eventos coyunturales. La nueva gesta del A400M es una variante más de este mismo y largo sendero. Es de esperar que, esta vez, termine llevándonos a todos a algún sitio mejor.

La cruz de la SE-35

Claro que no hay alegría completa. Ni cara sin su cruz. El bloqueo de la construcción de la nueva ronda de circunvalación SE-35, fruto de los informes negativos de las administraciones estatal y autonómica, viene a ser algo así como un golpe de arena sobre los débiles engranajes de la ciudad en su búsqueda de salidas contra la crisis. Coincide además en el tiempo con el vuelo de prueba del A400M. La cosa no deja de tener cierta lectura agria: en Sevilla, y no precisamente por realismo mágico, es posible que volemos antes de que podamos siquiera caminar. Dicho de otra forma: esta ciudad, que tiende a estar vuelta hacia el poder, por aquello de que su símbolo máximo es el Giraldillo (una veleta), que huye del riesgo como un vampiro del ajo, acostumbra a ser escenario de inesperados éxitos sobrevenidos. Pero, paradójicamente, continúa siendo incapaz de lograr victorias más mundanas. La inconstancia como supuesta grandeza.

La SE-35 parecía ser una aspiración plausible: se contaba con fondos propios (obtenidos gracias a las recalificaciones urbanísticas negociadas en el marco del PGOU) para construirla y existía un consenso general –con el resto de administraciones– que ahora parece en cuestión. Es el eterno destino de Sevilla: triunfar a veces en lo imposible y fracasar en lo doméstico. Volar y, al tiempo, no llegar en realidad a levantar un palmo del suelo.

Autor

Licenciado en Filología. Periodista y articulista. Subdirector de DIARIO DE SEVILLA

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  • Sevalber

    Muy interesante su análisis. En esta ciudad se habla con mucha facilidad de peatonalización, pero lo...

  • Ramón Espadas

    Enhorabuena por los dibujos tan poderosos que ilustran estos artículos. Creo sinceramente que...

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