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Vierismo y susanismo

Carlos Mármol13 de Marzo de 2010 a las 6:44 pm

AHORA que casi todos en el PSOE de Sevilla se han vuelto de golpe vieristas –todos no; el antaño líder natural, José Caballos, no pudo: fue castigado en la elección de delegados al congreso por su alianza táctica con los críticos de la agrupación Cerro-Amate– es cuando empieza a cobrar verdadero sentido una diferenciación que, de puertas adentro, algunos siempre han hecho en los mentideros del partido socialista sevillano, aunque a veces ésta no trascendiera con claridad hacia afuera. Y es: el vierismo no es lo mismo que el susanismo. Aunque, a veces, pudiera parecerlo.

El secretario general de los socialistas sevillanos, que ayer presidió el congreso regional por decisión personal de Griñán, tiene como mano derecha a Susana Díaz, secretaria de organización del partido, responsable de la agrupación del PSOE en Triana y enemiga íntima de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. No siempre por ese orden. Díaz, cuya carrera política es relativamente corta (nació en octubre de 1974), lleva dos mandatos consecutivos dirigiendo el aparato del partido en la provincia sevillana y, según sus fieles, que los tiene, fue quien hizo que Viera ganase con más de un 88% de respaldo el último congreso provincial.

Estudió derecho, hizo el habitual curso de posgrado institucional de la Fundación San Telmo –moneda común entre muchos jóvenes cachorros del PSOE– y ocupó diversos cargos institucionales. En ninguno ha destacado demasiado. Primero fue edil en el Ayuntamiento durante el primer mandato de Monteseirín. Se encargó del área de recursos humanos y de la junta del distrito de Triana. Después fue diputada por Sevilla en el Congreso (2004-2008) y desde entonces ocupa un escaño por la circunscripción provincial en el Parlamento de Andalucía, donde ocupa la portavocía en la comisión de Presidencia. Sus funciones principales, sin embargo, consisten en hacer política, cuidar el poder provincial. Conspirar.

Al igual que otras jóvenes promesas de los socialistas –con las que Griñán quiere impulsar un proceso de renovación supuestamente basado en la meritocracia– su experiencia laboral, ajena a la política, es corta. Por no decir nula. Su trayectoria ha sido desde el principio fruto de su militancia. Desde las juventudes del partido. Un militante histórico del PSOE lo explicaba ayer de forma clara: “Antes, cuando la Transición, éramos de UGT además de del PSOE porque todos teníamos una profesión además de la actividad política. Ahora la principal ocupación de los jóvenes es militar en las Juventudes Socialistas”.

No es extraño que la figura política de Díaz sea objeto de todo tipo de calificativos y adjetivos por parte del sector crítico del PSOE que, tras la caída en desgracia de Monteseirín, y la súbita conversión de su delfín –Celis– prácticamente va a quedarse en Francisco Fernández, Alfonso Mir y algunas agrupaciones más. Muchas de ellas probablemente inicien ahora un elocuente tránsito tras los sucesos de las últimas semanas, durante las cuales el alcalde ha sido despedido por Griñán y Viera ha impuesto sus tesis en la operación para relevar a Monteseirín de la Alcaldía y en el proceso de la sucesión.

Al cierre de esta edición, su poder orgánico parecía capaz –aunque la noticia no estaba confirmada– de elevar a la secretaría de organización del PSOE andaluz a Díaz, que, de confirmarse, pasaría a ser la número tres del partido en Andalucía. Un nombramiento que obligaría a modificar la dirección del PSOE de Sevilla –¿otro congreso?– pero que, sobre todo, pondría a alguno en un trance. Porque parece claro que muchos de los críticos son capaces de convertirse, en horas veinticuatro, en vieristas, pero hacerse susanistas es otra cosa.

Juventud, egolatría

Carlos Mármol8 de Febrero de 2010 a las 12:48 pm

La ‘guerra del Facebook’ que han protagonizado esta semana el portavoz municipal del PSOE, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el edil del PP José Miguel Luque da una idea del nivel político del Consistorio.

AL César lo que es del César. El título del artículo lo tomo prestado de un jugoso libro de memorias de don Pío (Baroja, obviamente), el gran escritor vasco, antirretórico, anticastizo, cascarrabias, ácrata confeso, el hombre malo de Itzea, que es, además, el escritor del 98 que mejor puede leerse en estos tiempos turbulentos en los que la esperanza se ha convertido en un quiste negro. No ha perdido un ápice de vigencia. Certero y luminoso. Milagrosamente exacto.

Sirva el referente barojiano como introito menor para una reflexión improvisada sobre la edad y, como en sesgo, sobre el creciente infantilismo que inunda la sociedad circundante, en la que la juventud, desgraciadamente, se ha convertido en un valor per se, como tantos otros muchos conceptos (el feminismo, por ejemplo) sobre los que en realidad no importa en demasía su verdadero empaque. Conceptos de moda convertidos, a fuerza de reiteración, en meras etiquetas públicas. Cosas sin sustancia que se miran.

Jóvenes a los 40

Que la juventud es una epidemia que cura el tiempo lo demuestra un hecho: ahora uno todavía es joven a los 35, que es la edad tope reconocida por la Junta para el carnet joven. Ya saben: aquí hay que tener carnet para (casi) todo. A los 40 años, que antaño eran una edad más que respetable, se sitúa la primera quiebra vital más o menos seria. Según Julio Caro Baroja, a esos años el escritor vasco se dio cuenta de que ya era viejo. El plazo, que todos tenemos asignado, empezaba a acabarse.

En la política actual la juventud se prolonga más allá de los cuarenta años. La bisoñez de muchos representantes públicos se debe, con independencia de los estudios y la experiencia laboral de cada uno, al hecho de que la generación en el poder –la del 68– no sólo no ha sido capaz de cederles el relevo, sino que insiste –sobre todo en política– en permanecer. Es natural: se trata de una generación que, en el fondo, cultiva el dogma de haber tenido razón casi en todo. No es nada fácil desengañarles. Decirles la verdad.

JUVENTUD, EGOLATRÍA0 baja

En los mentideros políticos vuelve estos días a sucederse el lugar común sobre la necesidad de la renovación generacional. El debate ha surgido en el seno del PSOE a raíz del congreso regional que será en marzo, donde Griñán tomará las riendas orgánicas. Las crónicas de situación coinciden en que el presidente de la Junta tiene en sus planes dar más juego a “políticos más jóvenes”. Caras nuevas. Gente fresca. Al menos, ésa es la teoría oficial.

En el Ayuntamiento sevillano esta renovación generacional se hizo hace tiempo. El PSOE de Sevilla ha sido pionero: salvo el alcalde, que es de la llamada generación bocadillo –la que está entre los históricos y las eternas jóvenes promesas–, buena parte de la Corporación está formada por jóvenes políticos. Gente ambiciosa y, por lo general, con ansias de poder. Es lógico. Frente a lo que decía Baroja, todavía están en la típica fase de la “juventud animal”, que es justo lo que empieza a perderse a partir de los 40 años.

Este afán de notoriedad puede ser quizás el que explique episodios como el han protagonizado esta semana el portavoz socialista en el Consistorio, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el edil del PP José Manuel Luque. Ambos han sido partes de una polémica mutua basada en el supuesto uso de la red social Facebook como herramienta política. Los detalles se han contado en los periódicos: Celis, probablemente mal aconsejado por sus asesores, irrumpe un día en la sala municipal de prensa y, ante el asombro de los periodistas (que ya no se asombran de nada) asegura tener que dar una noticia gravísima. La cosa es más o menos así: “Hay un concejal del PP que maldice e insulta a los votantes del PSOE. No puede admitirse. Tiene que dimitir”. Lo peor es que el edil del PP citado responde. Su equipo –también de asesores; con la inestimable ayuda de las nuevas generaciones– se tiró toda la mañana colgando mensajes en el perfil de Facebook de Celis para demostrar lo que todo el mundo sabe. Quien forma parte de las redes sociales se arriesga a perder su intimidad.

Semana horribilis

Como es notorio, estamos en una crisis económica cruenta. Esta semana la bolsa se ha hundido por la falta de credibilidad del Gobierno –de Zapatero, en realidad; el ejecutivo es decorativo–, se ha producido un pensionazo interruptus, el PP mejora en las encuestas y se atisba en el horizonte una reforma laboral que, aunque será light, probablemente tendrá su propia bomba de relojería camuflada. El paro no deja de subir. Los indicadores económicos son un desastre. España se ha convertido en un problema para la economía europea. Sevilla probablemente es una de las ciudades donde los problemas de la economía nacional están más concentrados. Zapatero se marcha a Estados Unidos a rezar con Obama. Monteseirín ha vuelto al protocolo y a las cofradías. El mundo parece a punto de derrumbarse. Y Celis y Luque, mientras tanto, jugando con el perfil del Facebook.

Lo decía Baroja: “Cuando un hombre se mira mucho a sí mismo, llega a no saber cuál es su cara y cuál es su careta”.

Las cábalas de junio

Carlos Mármol11 de Enero de 2010 a las 1:03 pm

Los hipotéticos ‘alcaldables’ del PSOE de Sevilla juegan sus cartas con la vista puesta en el momento en el que la dirección federal decidirá quién será el candidato a la Alcaldía de Sevilla. Lo decidirán las encuestas.

MOMENTÁNEO compás de espera en el PSOE de Sevilla.¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe con exactitud. Teóricamente debería durar unos pocos meses. Los movimientos de finales de año tienen una lógica interna aunque se hayan hecho de cara a la galería. A la vista. Eran los pasos previos a la calma, que suele ser el preámbulo de la tempestad. Porque la elección del futuro candidato socialista a la Alcaldía de Sevilla será tempestuosa. De eso cabe poca duda.

Los máximos dirigentes regionales han llamado estos últimos días a la mesura después de varias semanas en las que cada parte en litigio –en el socialismo sevillano la paz completa se antoja difícil– ha jugado sus cartas con objeto de posicionarse de la mejor manera posible para el día cierto de la carrera. Los mensajes de Chaves y Pizarro son coincidentes con el de Griñán. “El alcalde debe agotar el mandato”. Lo mismo ha dicho el propio regidor, aunque añadiendo un matiz: su partido –sostiene– le ha dejado las manos libres para tomar sus propias decisiones. Ya se verá.

Madrid decide

Resulta evidente que la resolución final no será cosa de la Alcaldía, sino de Madrid. La dirección federal del PSOE es quien, oídas las partes, tendrá la última palabra. Y no la pronunciará hasta que cuente con un escenario demoscópico nítido que oriente o sirva para justificar la decisión. Con esta inamovible certeza trabajan todos los alcaldables. De ahí que su objetivo, sus gestos, sus palabras, no tengan otro fin que tratar de incrementar sus posibles opciones para ese momento, que será la hora de la verdad. Y acaso también la de los justos. De momento, más que jugar a poder ser candidatos, los hipotéticos –conocidos y confesos unos; desconocidos, otros– intentan convertirse al menos en protagonistas de encuesta. No se juegan aún la inclusión en las listas, sino el simple hecho de aparecer con opciones en los sondeos que terminarán inclinando la balanza de un lado o hacia otro.

CÁBALAS DE JUNIO baja
Es obvio, de cualquier forma, que los plazos oficiales no van a respetarse. Aunque la dirección federal ha dado orden de no abrir el debate sobre los candidatos a las municipales durante la presidencia española de la UE, nadie cree que la situación actual pueda sostenerse hasta otoño. Al menos, en Sevilla. Probablemente la cosa estallará bastante antes. Los hipotéticos lo saben. Quien se esté quieto y asuma a rajatabla el calendario oficial puede acabar quedándose con la brocha en la mano y sin pared alguna en la que pintar algo.

Todas las partes en liza sitúan en junio el punto de inflexión. El momento de las encuestas. Quizás, algo antes. Depende de quién haga los sondeos. Con este escenario temporal en mente, los movimientos y las escaramuzas de finales de 2009 se entienden a la perfección. En primer lugar, la táctica del actual alcalde, al que algunos dan por amortizado. Desde su entorno –cada vez más limitado– se ha alimentado en las últimas semanas el mito de que piensa dejar la Alcaldía antes de que termine el mandato. Como estas cosas no se dicen directamente, la estrategia ha consistido en resaltar los detalles a aquellos que puedan picar el anzuelo. “Su agenda ha caído en picado: por las tardes ya casi no se dedica a actos institucionales”, cuentan.

Este fingido paso atrás, hábil, permite alimentar el segundo argumento: el delfín es Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el edil de Urbanismo y Presidencia. Quien –no casualmente– está ganando protagonismo en los últimos meses. Monteseirín quiere que se especule –como ya se está haciendo– con su nombre. Los beneficios de tal postura son dos: si finalmente decide dejar el poder, condicionaría –a través de Celis– la sucesión en Sevilla. En caso contrario, y si su candidato genera rechazo (cosa obvia, a juzgar por la posición de la dirección provincial, que prefiere a cualquier otro concejal como sustituto), su figura quizás podría volver a aparecer como la solución menos mala. Al fin y al cabo, ya es el alcalde. Más que suscitar consenso (cosa imposible), lo que pretendería es medir el grado de rechazo interno de su sustituto, acaso para reiterar su firme voluntad de ir él mismo, llegado el caso, hacia el filo del precipio (dados los sondeos existentes) de una hipotética derrota electoral. No hay como jugar al contraste para que las cosas muten de aspecto.

¿Qui prodest?

Celis, que en público niega que aspire a la sucesión, gana en esta coyuntura la posibilidad de empezar a ser visto –para bien y para mal– como una alternativa plausible. Algo clave de cara a las encuestas, en las que hasta ahora aparece con un perfil político relativamente bajo (cosa que tiene arreglo si le dejan tiempo) y demasiado vinculado a Monteseirín (situación más complicada). En política acostumbra a decirse que la apariencia es el primer paso de la esencia. El edil de Urbanismo hace tiempo que evita las fotos conjuntas con el regidor –salvo cuando no hay otro remedio– e intenta volar solo. Tiene a su favor el apoyo de algunas asambleas locales –controladas de forma directa o indirecta– y en contra el veto de la dirección provincial del PSOE. Los sondeos, que dicen desde hace un año que con Monteseirín el PSOE perderá Sevilla, apuntan a un cambio de caballo. Pero, para eso, hay que tener alternativa. ¿Existe?

La hora de la verdad

Carlos Mármol27 de Noviembre de 2009 a las 12:43 pm

Monteseirín sopesa los tiempos para dejar la Alcaldía a Celis, una jugada que busca coger con el paso cambiado a la dirección provincial, que apuesta por Juan Espadas.

UN NOTABLE socialista, adscrito a una de las familias de la corriente crítica, derrotada en el último cónclave provincial, bromeaba hace apenas unos días con un periodista en una comida: “Alfredo, al final, os va a sorprender a todos. Dejará la Alcaldía y se volverá a su plaza del SAS”.

–Ya. Y de ahí, al Vaticano.
–Ya verás. Al tiempo.

La profecía todavía no se ha cumplido. De momento sigue siendo una hipótesis de trabajo. Pero es cierto que podría convertirse en realidad. En ciertos mentideros empieza a circular como lugar común. El alcalde está estudiando irse de verdad. No es una nueva serpiente de verano (o de invierno) –en el caso de Monteseirín las culebras informativas sobre su marcha se suceden a lo largo de todo el año–, sino un plan diseñado, al parecer, desde Madrid. Y, acaso, desde su entorno más próximo. Puede parecer lo mismo, pero no siempre lo es.

¿Qué gana Monteseirín si decide al final dar el paso? Esencialmente una mejor posición de cara a una hipotética recolocación de él y los suyos. En política siempre es mejor marcharse voluntariamente de un lugar una vez cumplido el ciclo que por la fuerza. Las encuestas hace tiempo que emitieron su veredicto: la marca PSOE todavía tiene la opción de aguantar, pero con Monteseirín como cabeza de lista la derrota electoral está más que cantada.

El singular movimiento del alcalde, si llegase a concretarse, pues uno de los rasgos de su personalidad es su constante tendencia a cambiar de criterio y dar de pronto marcha atrás, no respondería tanto a esta evidencia, sino a las ventajas objetivas que le reportaría tal paso. En primer lugar ganaría puntos ante terceros –esencialmente Griñán– si facilita el paso a Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que ha establecido una llamativa línea de comunicación con el presidente de la Junta de Andalucía con vistas a testar sus opciones políticas de futuro. Es evidente que si Monteseirín, aunque pudiera incluso estar cierto tiempo en barbecho, busca a medio plazo lograr la dirección de una empresa pública como refugio indefinido para él y su núcleo de confianza, esta opción pasa ineludiblemente por contar con el plácet del presidente de la Junta. Pura táctica. Si Griñán quiere que se vaya, tendrá que hacerlo.

La segunda consecuencia tiene más que ver con el factor psicológico: si optase por dejar el poder a Celis, al que en las últimas semanas ha mandado a Madrid a atender citas de la propia Alcaldía o ha dejado liderar casi en solitario el último Pleno, la consecuencia inmediata es que, de una u otra forma, sería él quien nombraría a su hipotético sucesor. Igual que en su día decidió no aceptar la salida del poder que le ofrecía la dirección provincial del PSOE –ser eurodiputado– para no consolidar las opciones como alcaldable de Emilio Carrillo, ahora su dimisión buscaría coger con el paso cambiado a Viera, que tendría que optar entre aceptar a regañadientes dicho relevo –no previsto en sus planes– o plantar cara a una sucesión que, según el entorno del regidor, en teoría contaría con la bendición del propio Griñán. Oponerse a esta opción podría propiciar una lectura regional: un nuevo capítulo del enfrentamiento entre los dos sectores del PSOE regional.

Viera ha dado ya pasos escénicos en relación a sus preferencias: aunque no es descartable que él mismo llegase a encabezar la candidatura –fue de dos en la lista durante las pasadas elecciones locales–, los tiros, de momento, se inclinan por el consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio, Juan Espadas, afín al actual aparato provincial. Espadas, que ha aparecido últimamente en significativos actos del partido en Sevilla –eventos con alcaldes; la presentación de los presupuestos de la Junta en Sevilla, incluso conferencias en foros más o menos tradicionalistas–, sería un candidato que, en caso de perder, puede permanecer cuatro años en la oposición y aspirar de nuevo a la Alcaldía. Una exigencia de Griñán. Candidatos que quieran ser candidatos. Su carrera política –antes de consejero fue viceconsejero de Medio Ambiente– está en alza. Una hipotética Alcaldía, acaso no ahora, pero sí en cuatro años, le permitiría aspirar en el futuro a bastante más que a una cartera autonómica.

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La teórica investidura de Celis como alcalde rompería este guión. La principal perjudicada sería la dirección provincial. Probablemente más que Viera –que ha perdido alguna batalla anterior para desalojar a Monteseirín del poder–, la secretaria de Organización, Susana Díaz, cuyo enfrentamiento con el edil de Presidencia y Urbanismo viene de lejos. Hasta el punto de ser uno de los factores de desequilibrio del PSOE de Sevilla. La Ejecutiva se encontraría, de esta forma, con un alcalde interino de facto –Celis– que desde el poder aspiraría a conservarlo, lo que dejaría al PSOE de Sevilla sin margen de movimiento real, salvo que optase por forzar unas primarias, fórmula que en las capitales donde se gobierna no está contemplada.

En la dirección federal, además, Celis ha puesto su particular semilla: su relación con el secretario de Política Municipal de la dirección, Antonio Hernando, es buena. Representa además a otra generación socialista. ¿Garantía de éxito? No del todo. Evidentemente, son elementos que ayudan. En privado, alguien le preguntó un día: “¿Alfonso, por qué vas tanto a Madrid?” Su respuesta: “Yo sólo voy donde me llaman”. ¿Prudencia o miedo a caer en la misma trampa en la que en su día se quemó Carmelo Gómez, ex edil socialista?

Otro factor clave en este tablero municipal es el tiempo. ¿Cuándo se irá Monteseirín, si es que finalmente lo hace y no se arrepiente antes? Aquí reside uno de los misterios del juego. Mientras más tarde, peor es para Celis. De hecho, entre su núcleo de confianza más cercano se ha instalado una idea: si la cosa es ahora, hay opciones de remontar la situación. Si sólo cuentan con seis meses antes de los comicios, quizás sería mejor dejar pasar un tren que corre el riesgo de estrellarse. Celis busca continuar en el poder, entre otras cosas para mantener y ampliar su cuota orgánica en el PSOE, no el duro banco de la oposición.

Los sondeos otorgan al concejal de Urbanismo un grado de conocimiento intermedio –del orden del 40%– pero presentan un dato francamente preocupante: su imagen política todavía está muy vinculada a la del alcalde, cosa que, en unas elecciones, no le beneficiaría. Celis lleva meses marcando ciertas distancias, adoptando un perfil político bajo, de corte más institucional. Pero una sucesión por designación directa le impediría desprenderse del todo de la tutela –siquiera nominativa– de Monteseirín. Claro que, o es ahora, o nunca.

Autor

Licenciado en Filología. Periodista y articulista. Subdirector de DIARIO DE SEVILLA

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