Archivos para el tag ‘Cervantes’

Monipodio al frente de un taxi

Carlos Mármol21 de abril de 2008 a las 2:47 pm
Monipodio al frente de un taxi

El cobro de tarifas ilegales durante la Feria, sumado a los conflictos previos entre el gobierno local y un sector de los taxistas, certifica el nulo control que el Ayuntamiento ejerce sobre un servicio público clave para la ciudad

LA vida, a veces, parece un juego de naipes en el que algunos nunca dejan de tener las cartas marcadas. Un aparente divertimento que, sin embargo, puede llegar a convertirse en una trampa, dependiendo de cuál sea el espíritu de cada jugador. Si eres de naturaleza noble, probablemente terminarás mal, incluso aunque el adversario te reconozca cierta cuota de prestigio. Si por el contrario optas por el pragmatismo –en tiempos lejanos a este ejercicio se le tildaba como picaresca– existen probabilidades más que ciertas de que acaso triunfes por la vía rápida. Otra cuestión es que en el trance puedas conservar algo de eso que se llamaba dignidad y algunos todavía denominan honor. En todo caso, éste es un problema secundario: con las ganancias cosechadas en la partida siempre podrás tratar de adquirir este atributo en su vertiente más epidérmica y social. Comprar la honra. Ocurre de esta manera que, como ya nos enseñara Quevedo en sus célebres sátiras, y después han reformulado con éxito expresivo otros poetas y vates tangueros –Discépolo sin ir más lejos–, en el mundo real parece valer más incurrir en ciertos pecados mortales que optar justo por obviarlos. En especial, si se roba.

Toda una burla

Y de un robo hablamos, en definitiva. ¿O cómo debe denominarse al cobro irregular que ciertos taxistas sevillanos han exigido esta Feria de Abril a algunos ciudadanos? La vaina es simple: han llegado a cobrar hasta 50 euros por trayectos que no cuestan ni la mitad, obviando de esta manera todas las reglas, ordenanzas y normativas existentes, aprobadas en tiempo y forma por órganos democráticos y soberanos. Toda una burla. Es evidente que este tipo de prácticas no son la norma entre la mayor parte de los taxistas sevillanos. Probablemente, como recuerdan las principales asociaciones del sector, se trate de la célebre minoría de taxistas, pero lo cierto es que, de unos años a esta parte, la imagen que este gremio está dando ante la ciudadanía parece marcada por una voracidad recaudatoria mayúscula, la impunidad más obscena y el aprovechamiento sin mesura ni reparo alguno del desconocimiento y la falta de alternativas reales en materia de transporte público. Un rostro quizás desfigurado, pero cada vez más verosímil, que asoma tanto en su negativa a aceptar ciertos turnos en función de las necesidades de la ciudad –la famosa polémica sobre las jornadas nocturnas, amparada en falsas argumentaciones sobre su seguridad personal– como en su obsesión por presionar al gobierno local para incrementar, año tras años, sus tarifas.

La suma de todos estos factores, siendo defendida por una minoría o no, que lo mismo da, ha terminado creándole al taxista sevillano fama de cuatrero. Alguien que, en lugar de prestar un servicio a cambio de un justo precio, busca llenarse los bolsillos con la necesidad ajena. Algo parecido a lo que Cervantes simbolizara en el personaje de Monipodio, el hermano mayor de la cofradía de los pícaros sevillanos del Siglo de Oro, en la más célebre de sus Novelas Ejemplares. Un nombre que, curiosamente, deriva del concepto de monopolio, término que en realidad se ajusta bastante bien al tipo de concesión que, gracias a un permiso municipal, disfrutan todos los taxistas. Aquí y en otras muchas ciudades españolas.

Medidas de control

Ningún gremio está a salvo de tener en su seno un grupo que no guarde una mínima ética profesional. Incluidos los periodistas. Pero casi todos ellos intentan, en cierta manera, establecer controles para diferenciar a los verdaderos profesionales –la mayoría– de los simples arribistas. Lo que no se explica es que en Sevilla esto mismo no suceda en el taxi. Y, sobre todo, que a raíz de la denuncia formal de los ciudadanos afectados por esta estafa, el edil responsable, Francisco Fernández, concejal de Movilidad, haya dicho que no puede hacer absolutamente nada para evitar dichos abusos. Fernández, que fue jefe de gabinete del alcalde y ahora dedica más tiempo a las guerras intestinas del PSOE local que a la gestión municipal, alega que los jueces le tumban los expedientes sancionadores abiertos a los taxistas por irregularidades, además de ampararse, para lavarse las manos, en una normativa autonómica por desarrollar. Lo mismo hizo cuando el citado conflicto de los turnos nocturnos: alegar falta de sustento legal cuando las razones jurídicas necesarias dependían precisamente de su propia iniciativa.

Fernández sí ha podido y querido, en cambio, dejar en su mínima expresión las sanciones abiertas a los taxistas que, en repetidas ocasiones, han usado la violencia como argumento; así como dar luz verde a las constantes subidas en las tarifas del servicio. La Junta ha desmentido esta misma semana su argumentario de descargo. De la simple lectura de las ordenanzas en vigor se desprende que no hay otro responsable de estos abusos, junto a los taxistas, que él, al ser de su competencia “la fiscalización integral del servicio público del taxi”. No es la primera vez que echa balones fuera. Ni será la última. Como decía el clásico, en su caso se cumple el viejo aserto: carácter es destino. Aunque alguien debería plantearse hasta cuándo su singular idiosincrasia será un problema para los sevillanos. Un quebranto de 50 euros por trayecto.

Cambio de ciclo

Carlos Mármol24 de febrero de 2008 a las 2:20 am

Cambio de ciclo

El tercer mandato de Monteseirín, del que se han cumplido ya nueve meses, arroja un saldo muy distinto en intensidad al periodo previo a las últimas municipales, cuando la Alcaldía era lo que estaba en juego.

DEJÓ escrito Aristóteles: los aduladores suelen ser mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu tienden a ser aduladores”. Una verdad como un templo. Sobre todo en tiempos en los que hay que saber administrar la victoria. En política rara vez deja de cumplirse tal aserto: el poder, en cualquiera de sus múltiples formas, generalmente necesita de la adulación para consolidarse, no dudar de sí mismo –el principal signo de la inteligencia, paradójicamente, consiste en la duda metódica, como preconizó Descartes– y proyectarse con éxito hacia afuera. Pero este mecanismo de reafirmación, esencialmente psicológico, se quiebra en cuanto se produce la más mínima crítica. De ahí que determinados poderes prefieran no oír más que cantos de sirena.

el camino: perseverar

De cualquier forma, la historia nos enseña que nada viene a durar para siempre. Ni siquiera aquellas cosas que se han logrado con esfuerzo y sufrimiento. “Somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”. De nuevo el filósofo griego enseña el camino del éxito: perseverar. No hay otro. El gobierno local de Sevilla, nueve meses después de haberse constituido formalmente, parece, sin embargo, empeñado en ignorar ambos consejos, ya que el saldo de su gestión es bastante discreto en comparación con la efervescencia que marcó el periodo previo a los últimos comicios electorales, cuando Monteseirín se jugaba la permanencia en la Alcaldía. En una coyuntura difícil –con una credibilidad más que relativa y movimientos internos en su contra en su propio partido– el alcalde logró forzar la maquinaria municipal al máximo para llegar a las elecciones con un balance político que, aunque fuera bastante discutible, no podía ignorarse. Tal efervescencia, que en realidad se inició dos años antes del 25-M, y que tuvo en los doce meses previos a las elecciones su punto más alto, parece haberse diluido después de que la aritmética electoral garantizase a PSOE e IU tranquilidad y buenos alimentos para cuatro años más.

Desde su constitución hasta ahora, el ejecutivo político que preside Monteseirín anda a medio gas. Ha intentado proseguir por la senda de los grandes proyectos –que fue la que marcó el anterior mandato– pero los resultados son bastantes más discretos que antaño. Está, por decirlo, de forma expresa, viviendo de las rentas (algunas virtuales; otras algo más ciertas) y como a la expectativa. Su gran ventaja es, sin embargo, que enfrente –ido el PA, que hacía las funciones de minoría combativa; al igual que en los años noventa este papel le tocó a IU– no tiene una alternativa sólida que haga pensar que corre ni el más mínimo peligro. La línea populista por la que ha decidido transitar Juan Ignacio Zoido (PP) –en perpetua campaña electoral de sonrisas y visitas– no arroja aún resultados ciertos como para hacer peligrar la mayoría política que han armado PSOE e IU, cuyos visos de perdurar son grandes. Mayúsculos.

los frente abiertos

Y no es precisamente por exceso de aciertos. PSOE e IU, que en la última fase de la anterior etapa municipal prácticamente sorprendían cada semana con nuevos proyectos y determinadas propuestas bastante singulares –algunas mucho más afortunadas que otras, la verdad–, lleva casi nueve meses dando volantazos y con rumbo bastante irregular. Como si no tuviera impulso para seguir la labor iniciada en 2003 o, quizás, los cerebros municipales estuvieran en otras cuitas. Acaso emulando aquella célebre frase de Cervantes: “Tuve otras cosas de las que ocuparme”.

Algunas muestras de esta languidez son las obras en los principales espacios públicos de la ciudad –los escaparates de la gestión municipal en los últimos tiempos– o la repetición con marcha atrás de iniciativas ya amortizadas. En el primer capítulo, los hechos son evidentes: la reforma de la Encarnación sufre un retraso de dos años por la impericia a la hora de llevarla adelante. El Parasol ha pasado de ser un activo a convertirse en un pasivo al no saber cómo construirlo. En la Alameda también se eternizan las reformas: debieron haberse culminado el pasado verano y todavía tienen un sinfín de flecos pendientes. El gobierno local ya ni se atreve a dar plazos. La Plaza de las Libertades, otro proyecto emblemático, está bloqueada sine díe. En lo que se refiere al resto de asuntos, el balance no es mejor: el tranvía, cuyo resultado de explotación no está siendo bueno, tiene aparentemente en marcha su ampliación, pero únicamente sobre el papel. Igual que la ronda SE-35: no ha salido todavía de la fase de estudio técnico. La peatonalización del centro se ha convertido en otro proyecto interruptus por las presiones de los comerciantes y la falta de valentía política. Fibes, cuya primera piedra se ha puesto siete años después de lo prometido, avanza piano, piano. Hasta el segundo Plan de Barrios despierta entre risa y miedo en ciertos distritos teniendo en cuenta el mediocre balance de la primera edición. ¿Qué queda pues de estos nueve meses? Poca cosa. Buenas palabras y la sensación de que, igual que con la economía, vivimos un cambio de ciclo en la vida municipal. Que se le llame crisis o recesión es lo de menos. Lo trascendente es que ocurre. Y esto no es bueno para (casi) nadie.

Autor

Licenciado en Filología. Periodista y articulista. Subdirector de DIARIO DE SEVILLA

Archivo

Últimas entradas

Últ. comentarios

  • PER

    a sevilla todo esto le viene a pelo.

  • Tevoyadisirunacosa

    Bien tobarich, tú lo has dicho, esto es obsceno, impracticable como las obras de Hytasa, una...

  • Susana

    Yo personalmente me río de esas mediciones. Me imagino que a las viviendas que están pegadas a la...

  • manuel (sevilla) España

    ¿Dónde está tal arrogante taxista? porque creo que él recuerda tal caso, o en su caso,...

  • manuel (sevilla) España

    Recuerdo la última huelga de taxis, creo que fue hace por lo menos tres años. No...

minibanner

Suscripción

Cerrar
Enviar por Correo