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Llamando a las puertas del cielo

Carlos Mármol | 5 de julio de 2011 a las 6:16

Las ‘familias’ del socialismo sevillano hacen votos en favor de la unidad tras la debacle electoral del 22-M pero con tácticas distintas: unos buscan un hueco en el núcleo del poder tras años de conflicto; otros, eliminar la resistencia.

Más que con la vieja metáfora de la pax armada –esa situación de tensión silenciosa que a veces se vive entre los contrarios que tienen que cohabitar forzosamente dentro de un mismo círculo de poder– el comité provincial extraordinario que el viernes celebró el PSOE de Sevilla después de la reciente derrota electoral del 22-M pudiera resumirse como una especie de acto público de contrición. Mucha sinceridad tribal. En cierto sentido, una misa ecuménica. En otro, un ritual amargo.

La ceremonia tuvo algo de catarsis. Duró más de cuatro horas. Se produjeron casi treinta intervenciones ante la asamblea y, a pesar de los mensajes oficiales trasladados con urgencia al exterior –unos más interesados que otros, como casi siempre–, lo cierto y verdad es que el denominador común de tal puesta en escena (casi se diría puesta en abismo) fueron los sucesivos votos de unidad que todas las familias –a excepción de por un par de anécdotas expresionistas– hicieron en público tras tener que aceptar su parte de responsabilidad (diferente en cada caso) por el batacazo electoral.

¿Algo sorprendente? Sólo para quienes no dominen los mecanismos internos del PSOE sevillano. Ya se intuía: con la que está cayendo fuera no había más opción que cerrar filas (dentro de un orden, claro) e ir todos a una, aunque dejando claro cuáles son los motivos y los agravios de cada cual antes de tener que volver a asumir el sacrificio de apoyar (con la fe ciega de los viejos militantes) a una dirección política que tiene demasiados frentes abiertos (algunos mortales) al mismo tiempo.

Con unas elecciones generales en puertas (sobre todo si hay adelanto al mes de noviembre) y unas autonómicas que o bien serán el próximo otoño o bien en primavera –dependiendo de la tesis que finalmente se imponga en el seno de la dirección federal de Ferraz– los socialistas sevillanos no tenían otro sendero por donde tirar más que aparcar, momentáneamente, al menos, sus eternas cuitas internas para dedicarse por completo a afrontar su único problema inmediato: intentar salvar el Gobierno de la Junta de Andalucía y, en lo posible, minimizar el más que probable descalabro nacional, en relación al cual circulan encuestas más o menos fiables que otorgan a los socialistas algo menos de cien diputados. Lo nunca visto.

¿Quién va a insistir en sus propias aspiraciones de poder con este panorama tan negro? Nadie que sea medianamente inteligente. Al menos, de forma expresa. Por eso no resulta nada sorprendente que el sector crítico en Sevilla (Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, Evangelina Naranjo, Fran Fernández, entre otros nombres) hiciera intervenciones tempraneras y en tono conciliador, buscando enfatizar su apoyo, con más o menos matices, hacia la dirección provincial, a la que hasta ahora siempre han tratado de poner en cuestión. ¿Estamos ante un arrepentimiento repentino por los pecados pretéritos? No lo parece. Ni de lejos. Más bien la cosa tiene pinta de ser un movimiento interesado. Un simple cambio de táctica que buscaría tratar de seducir a un secretario provincial (José Antonio Viera) en horas bajas y necesitado de cuantos más apoyos externos, mejor. Una operación con otra lógica que pretende lograr ciertos réditos a corto plazo con la excusa de la unidad.

A Viera, según dicen, se le vio muy a la defensiva durante todo el comité provincial. Es lógico: la polémica de los ERE irregulares de Empleo sigue siendo una bomba latente bajo sus pies, el partido ha perdido la Alcaldía de Sevilla y los veinte puntos de distancia que separaban a PSOE y PP en la provincia se han reducido a apenas dos. No es para sacar pecho.

Conservar la Diputación Provincial no ha sido ninguna victoria egregia. Hablar de milagro es bastante más correcto. La vieja tesis política del presidente de la institución provincial, Fernando Rodríguez Villalobos, de que era imposible que se produjera una marea azul en la provincia de Sevilla es ya historia. Los muebles pueden haberse salvado al final de la inundación, pero están bastante mojados. Y la humedad, ya se sabe, no trae nada bueno.

Con independencia de los dos episodios protagonizados por Luis Ángel Hierro –que pidió una dimisión de la Ejecutiva a la argentina: “Que se vayan todos”– y Raúl Medinilla, secretario local de Bellavista, que sigue confundiendo su ombligo con la crisis mundial del socialismo –no fue el único que en su intervención usó ese tono Leire Pajín del evento planetario que se vivía en el partido; cosa de la falta de lecturas, probablemente–, todos los demás pronunciamientos fueron en el sentido de apoyar a la dirección sin renunciar a recordar, con la vehemencia necesaria, los errores políticos que ésta ha cometido en los últimos meses.

Claro que también hubo ciertos respaldos que sólo lo eran en lo aparente: Susana Díaz, la secretaria de Organización del PSOE andaluz, anterior mano derecha de Viera, fue (según el testimonio de varias fuentes) la única en todo el acto que mencionó expresamente los ERES irregulares de la Junta de Andalucía. Un detalle que muchos de los críticos evitaron no por lealtad a Viera, sino porque su objetivo era precisamente plantearle al jefe del PSOE en Sevilla la necesidad de recuperar la unidad de los militantes en los tiempos difíciles. Díaz, además, no se quedó al final del acto. Tras su intervención se fue. Hay quien interpreta su papel en este comité como una forma de no mostrar un respaldo total a Viera. Por lo que pudiera ocurrir en los próximos meses.

El único que se salió de la norma fue Celis. ¿No reclamó unidad en el PSOE? Pues sí. En esto hizo lo que correspondía. Cuestión distinta son los motivos:el delfín de Monteseirín –retirado ya del tablero de juego– hizo un diagnóstico de la situación que en líneas generales es idéntico al que hace la Ejecutiva provincial sobre la derrota. Estuvo autocrítico –en otros pronunciamientos públicos ha mantenido este mismo discurso, aunque dejando caer siempre que si el candidato a la Alcaldía hubiera sido él la debacle no se hubiera producido– y ofreció su apoyo a la dirección.

Ni siquiera se mostró contrario a la idea de la Ejecutiva de segregar en asambleas más pequeñas algunas de las actuales agrupaciones del PSOE –reforma que dependería de un Congreso Federal que todavía no se ha celebrado; Sevilla no puede hacerlo en solitario– pero sí deslizó algunas cuestiones inquietantes para la Ejecutiva:primarias, listas abiertas y la vieja tesis de que hace falta una Ejecutiva Municipal diferente a la Provincial, algo de lo que Viera no quiere oír hablar desde hace cuatro años.

El plato fuerte llegó al final de su exposición: Celis reclamó que se le dé un sitio en la Ejecutiva, de la que fue excluido (tras haber sido vicesecretario en la dirección saliente) en el congreso provincial de 2008. Entonces su peso orgánico quedó de manifiesto: los críticos no alcanzaron siquiera los avales necesarios para dar la batalla a los oficialistas. Ahora la operación se llama ejecutiva de concentración. “Una solución de emergencia ante una situación crítica”.

¿Tocaba ahora resucitar esta cuestión con la Junta al borde del precipicio? Los tiempos orgánicos están más que tasados. El congreso provincial no se celebrará hasta 2012. Será entonces cuando las distintas familias intentarán conseguir (a través de los votos) una cuota orgánica en la nueva dirección que represente su peso político. Eso es lo democrático. Todo lo demás son atajos. Hasta entonces unos seguirán llamando a las puertas del cielo mientras otros tratan de no ser desterrados al infierno. Cuestión de perspectiva.

Carrillo se mueve, Viera se tambalea

Carlos Mármol | 26 de abril de 2009 a las 13:06

EMPIEZA, de nuevo, la caza mayor. O al menos eso es lo que se intenta. El final de la pax armada entre las dos familias del PSOE de Sevilla, que ambas partes suscribieron en marzo por orden directa de Chaves para tratar de cerrarle el paso al PP, al que todas las encuestas más o menos serias otorgan cierto avance en determinados distritos de la ciudad de tradicional afiliación socialista (asunto motivado en buena parte por los estragos de la actual crisis económica), se veía venir. Mayormente porque no era sincera ni cierta. Se trataba de una mera convención. De algo previsto para un momento coyuntural.

Como todo aquello que no es natural, ha terminado saltando por los aires apenas unas semanas después de ponerse en escena, de donde se deduce que los aparentes gestos de buena voluntad, sobre todo en determinados avisperos políticos, sirven de muy poco cuando la incompatibilidad entre los contendientes no es racional, sino fruto de los sentimientos. Y no precisamente blancos. Más bien al contrario. No hay paz posible sin tranquilidad de espíritu. Ya lo decía el clásico: carácter suele ser, antes o después, destino. Sobre todo en los casos de los antiguos amigos. Pues es sabido que los mayores enemigos, en la política y en la vida, acostumbran a ser los que dicen estar en tu misma orilla. En el mismo lado del camino. Más o menos aquello que decía, con sorna, cierto gobernante: “cuidado, que vienen los nuestros”.

Lo más llamativo del nuevo enfrentamiento entre las dos ramas del PSOE local es que se produce sin aparente necesidad. Chaves, que se ha ido a Madrid sin ceder el poder orgánico en Andalucía, además de dejarle la herencia institucional a Griñán, ya investido presidente, disipó antes todas las dudas sobre la continuidad de Monteseirín hasta 2011. Otra cosa es lo que ocurrirá después. Esto es: si la Alcaldía hispalense seguirá en manos de los socialistas o si se convertirá de repente en un banderín (bastante simbólico, además) para el PP.

En teoría, todo estaba bien atado. E incluso se había puesto en escena: Viera fue fotografiado (con mala cara) tras una reunión en Plaza Nueva de cuya existencia los críticos se preocuparon bastante de dar publicidad, acaso por aquello de que una imagen vale más que mil palabras. La escena no dejaba lugar a dudas: el secretario provincial del PSOE de Sevilla saliendo solo del Ayuntamiento tras haber despachado con Monteseirín. Una situación de la que no hay precedente (ni probablemente habrá réplica) en la historia de los socialistas sevillanos, acostumbrados justo a lo opuesto.

“Cuando el partido te llama, seas alcalde o no, vas dónde reside el poder orgánico”, cuenta un viejo dirigente del PSOE.

Lo inaudito es lo contrario: que el representante del poder orgánico, que es quien hace las listas electorales, quien nombra reyes y virreyes, se preste a ceder y, con su gesto, termine dando valor político interno al representante institucional.

“No sucedió nunca. Ni cuando entre ambos ámbitos existía sintonía; mucho menos ahora, que hay una guerra abierta”.

No es de extrañar que los críticos, entonces, dijeran lo que dijeron: “Es él [Viera]quien viene a nuestro terreno”.

Pese a los reparos de los oficialistas, muchos de los militantes del PSOE entendieron a la perfección el lenguaje gestual. Todo el montaje posterior (reunión conjunta en la Plaza Nueva, con sonrisas y gestos forzados) acaso podría haber resultado verosímil si antes no se hubiera publicado dicha foto. Una vez vista, todas las costuras quedaban al descubierto. El alcalde pregonaba su victoria.

La incógnita era saber si dicho sainete suponía el final de la guerra o tan sólo una batalla más. Los críticos sostienen que se trata de lo primero: se sienten tan sobrados que presumen, en público y en privado, incluso en contra de lo que aconsejan la prudencia y el decoro, de haber hecho historia al ganar la partida a un aparato que el año pasado ganó el congreso con un respaldo del 80% y sin rival oficial. El poder institucional tiene mucho que ver en esta actitud. También pudiera ser la causa por la que, ido Chaves (o al menos alejado de Andalucía) alguien haya resuelto que no puede haber paz en Plaza Nueva sin rematar a los enemigos íntimos. La paz de los muertos, si se permite el lirismo trágico.

El caso es que, como en El Sur, el viejo relato de Borges, los cuchillos han vuelto a brillar. Carrillo, principal perjudicado por la decisión de Chaves, reflexionaba sobre su futuro político sin prisa. Esperando acontecimientos y acatando la directriz orgánica de no responder a las afrentas. Durmiente. Los críticos quieren, sin embargo, precipitar su salida del Consistorio, gesto llamativo que rompe de nuevo la paz y que, aunque pudiera leerse en términos de poder (muy seguros de su fuerza deben estar para quebrar la orden del PSOE regional), también podría esconder cierta debilidad o, acaso, cierto miedo atávico a que lo dicho vuelva a ser evaluado por los mayores, como la joven guardia socialista llama a los dirigentes del partido. Quién sabe. En política todo es relativo. Pero lo cierto es que con Carrillo en el Consistorio siempre existe una mínima posibilidad de cambio, por complicadas que estén las cosas. Aunque en realidad el ex vicealcalde (cuyo prestigio político deviene en buena medida de la opinión del propio alcalde, que hasta que le discutió el poder siempre lo elogió) no es más que un pretexto. A quien los críticos de verdad sueñan con derribar es a Viera.

Su argumentario: ¿Cómo va a sostenerse en el cargo un líder político que con mayoría orgánica y las encuestas a su favor acomete una operación para sustituir a un alcalde y no lo consigue?

Carrillo puede ser el cimiento. Pero el edificio a tumbar se llama Viera. Si Carrillo se mueve, Viera se tambalea.