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Impresiones de un peatón

Carlos Mármol31 de Mayo de 2009 a las 6:03 pm

Nace en Sevilla la primera plataforma en defensa de los derechos de los peatones, una iniciativa que contrasta con uno de los lugares comunes del gobierno municipal: su tendencia a arrogarse el mérito de estas operaciones.

RESULTA algo curioso: todos ejercemos en algún instante de nuestra vida, incluso en los sucesivos y simultáneos momentos que componen nuestra existencia, –cualquier vida, por gris que parezca– de peatones. Es acaso lo que más somos: gente que camina, sea en sentido literal o metafórico. Sin embargo, rara vez solemos hacer patria (siquiera espiritual) de esta singular condición, siendo curiosamente la que encarnamos a diario. Será porque no le asignamos suficiente glamour. O porque no reparamos en que el acto de poner un pie delante de otro y avanzar, además de un ejercicio físico, es un puro milagro y una excelente distracción mental, si es cierto lo que dicen los expertos: que caminar ayuda a pensar. Quienes, por desgracia, no tienen la inmensa suerte de andar no saben bien lo que se pierden. La sensación esencial de la libertad empieza por los propios pies.

En Sevilla, donde durante los últimos diez años el gobierno local nos viene contando las bondades de la movilidad sostenible y ha apostado –más por moda que por convicción, dicho sea de paso– por hacer tímidos gestos en la dirección a reducir el predominio del transporte privado en beneficio del público, no había surgido aún una asociación de peatones. Hasta ahora. Porque en los últimos días ha aparecido una –bautizada con el nombre de Peatones de Sevilla– que, al igual que otras que existen en algunas grandes capitales europeas, postula sencillamente que la ciudad no olvide que son las personas –y no las máquinas– quienes las habitan.

Se trata de un lobby sin cara (no como otros, tan previsibles) que, paradójicamente, nace en un momento en el que, de ser cierto todo lo que se asegura desde la Plaza Nueva, debía ser el más dulce para los peatones en mucho tiempo. No es el caso. Porque, a pesar de ser ciertos y elogiables algunos de los esfuerzos municipales en este sentido, al final, en demasiadas ocasiones las buenas intenciones iniciales han terminado siendo destrozadas por la tendencia que existe en Plaza Nueva a tratar de quedar bien con casi todo el mundo, que –ya decía alguien– es la mejor manera de quedar mal con (casi) todos.

Nadie duda del fondo del discurso oficial sobre la peatonalización. Se asume la mayor: peatonalizar calles, en general, y salvo muy contadas excepciones, no trae sino beneficios inmediatos, aunque algunos sean todavía incapaces de verlos, probablemente porque contemplan la ciudad no como un patrimonio colectivo, sino como una mera prolongación de sus particulares negocios. Otra cuestión es si lo que se ha hecho en Sevilla en los últimos diez años ha sido realmente una política efectiva de peatonalizaciones u otra cosa. Da la impresión de que en este justo punto hay algo de estafa: el gobierno local engloba bajo el concepto genérico de peatonalización lo que son operaciones de reurbanización en las que sólo se ha reducido parcialmente el espacio dedicado al vehículo privado, lo que no implica que el territorio peatonal haya crecido en idéntica proporción.

Los ejemplos son múltiples: desde la Plaza Nueva, donde cada mañana su zona Sur sigue presa de los vehículos (las únicas áreas semipeatonales son los ejes laterales y la fachada del Ayuntamiento); a la Avenida de la Constitución, ejemplo de cómo un magnífico potencial ensanche peatonal muta (por aquello de la falta de criterio) en una amalgama de usos en los que el tranvía, las terrazas y las bicicletas dejan al peatón como mero accesorio del paisaje urbano. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que difícilmente se puede decir que se ha peatonalizado un determinado espacio público si éste no resulta amable para el caminante. Y que se sepa (lo reconocen incluso algunos informes oficiales) la Avenida tiene notables problemas de exceso de sol en determinados periodos del año.

Otro tanto ocurre en otros sitios. Porque, en realidad, la supuesta apuesta del Ayuntamiento por la movilidad sostenible se ha limitado a los principales escaparates urbanos. Al Casco Histórico. A la ciudad simbólica. Allí donde con la mínima inversión (y no siempre) mayor impacto se lograba. Son pues peatonalizaciones selectivas, parciales y débiles en relación a las muchas zonas de Sevilla susceptibles de transformarse en paseos. Incluso en el caso de Asunción –la primera operación de esta naturaleza fuera del centro– el modelo por el que se sigue apostando da predominio a la bicicleta sobre el peatón. Igual que en la ronda histórica, donde las zonas para caminar son inferiores a las que existían antes de que se construyera el carril bici, hecho a costa de la acera y (casi nunca) de la calzada. Al contrario de lo que, paradójicamente, fijaba el propio PGOU. ¿Hay que perjudicar siempre al peatón?

En Sevilla no es más fácil caminar que antes. Viene a ser igual. Un suplicio. Basta ver las calles cercanas a las zonas supuestamente peatonalizadas para caer en la cuenta de que lo único que se ha hecho es desviar o quitar el tráfico privado de los espacios donde PSOE e IU buscan enseñar su gestión. Algo así como meter la suciedad bajo la alfombra. Se puede simular no verla, pero rara vez desaparece. Sólo cambia de lugar.

Autor

Licenciado en Filología. Periodista y articulista. Subdirector de DIARIO DE SEVILLA

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  • Sevalber

    Muy interesante su análisis. En esta ciudad se habla con mucha facilidad de peatonalización, pero lo...

  • Ramón Espadas

    Enhorabuena por los dibujos tan poderosos que ilustran estos artículos. Creo sinceramente que...

  • Cesar Garcia

    Donde se puede obtener mayor información de esta nueva plataforma?? Estoy completamente de acuerdo con...

  • sevillano de adopción

    Algo no huele bien cuando es la Junta y no el Gobierno Municipal quien se lleva los laureles,...

  • Ricardo Marqués

    Solo aclarar que la Ordenanza de Circulacion de Peatones y Ciclistas no ha sido...

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