Carlos Mármol | 6 de julio de 2012 a las 6:06
Las tribus del socialismo sevillano tocan los tambores de una nueva guerra en la que lo que está en juego no es quienes serán los vencedores, sino la propia supervivencia de una de las dos corrientes internas del partido.
Las tribus del socialismo patrio, que es lo mismo que decir sevillano, porque para ellas el partido en Sevilla es como su familia, y en los clanes unidos por el parentesco ya se conoce que puede suceder de todo, tienen reunión en Almería este fin de semana. Toca congreso regional. Una cita en la que se ratificará a Griñán como guía supremo –gracias a la carambola que le permitió conservar el poder en las últimas elecciones autonómicas– y la novedad, si descontamos los nombres de la próxima dirección, que es un asunto que sólo les interesa a ellos, consistirá en evaluar el peso –relativo– de un posible núcleo opositor construido sobre los restos del descontento en las distintas agrupaciones provinciales –cada una con sus particulares batallas–, la larga herencia del chavismo, ese sistema de equilibrios que ya parece lejanísimo, y los espontáneos. Poco más.
Una semana después, en plena canícula de julio, la agrupación sevillana (el 25% del partido en Andalucía) tiene convocado su particular duelo interno para dirimir si durante los próximos cuatro años –o quizás antes, porque en política nunca se sabe– seguirán existiendo dos corrientes orgánicas, desiguales y en confrontación o, por el contrario, la organización girará de forma irremediable hacia una mayoría perdurable, lo que no quiere decir tranquila. Los socialistas sevillanos son de natural correosos. No es posible la paz si no es armada.
Estos días se están produciendo los primeros movimientos con cierta profundidad en el tablero donde se juega el poder orgánico provincial, que quedará, como siempre, manchado con sangre. El sector susánida, que según la última foto fija –la elección de los delegados al congreso regional– goza de una mayoría holgada (65%) ha presentado su propia candidatura a la secretaria general mientras los críticos –una amalgama de nuevos aliados y enemigos pretéritos– sopesan si dan –o no– la batalla por el poder interno. Los susánidas han presentado ya un manifiesto, los avales suficientes para presentarse, dicen tener a su lado a 50 de los 61 alcaldes sevillanos y, tan seguros están de su próximo triunfo, que incluso se reparten los cargos. Para secretario de organización suena el nombre de Carmelo Gómez, aunque otras voces señalan al concejal Alberto Moriña y hasta al ex alcalde de Mairena del Aljarafe, Antonio Conde.
La lucha, en todo caso, será más teórica que real. Lo que se juega en el cónclave sevillano no es tanto quién será el triunfador –esto ya parece más o menos claro antes de comenzar, aunque los congresos del PSOE son imprevisibles–, sino si la organización seguirá marcada por la cohabitación más o menos agresiva de las dos tribus mayores. Para unos el congreso se presenta pues como la consumación formal de un mando más o menos tácito; para otros, en cambio, el simple hecho de sobrevivir al duelo viene a ser como ganar. Seguir vivos no implica tampoco que algún día, lejano, puedan vencer, aunque lo que es seguro es que los muertos (incluso los fenecidos en vida) nunca triunfan, aunque sus expectativas se sustenten más en los deméritos del rival que en los logros propios.
La foto del congreso regional de Almería marcará la pauta. En función de cómo quede la cosa pueden producirse dos situaciones. Una: que los críticos, que siempre han jugado a ser anónimos (el único que dio la cara por la corriente fue Demetrio Pérez, candidato a la secretaria provincial en el pasado congreso), sigan sin líder reconocido. Dos: que el grado de respaldo a la Ejecutiva de Griñán no sea absoluto, en cuyo caso la opción es derivar la batalla al ámbito de las guerrillas provinciales. Se trata de una tradición: los socialistas sevillanos planifican sus guerras púnicas en función de las distintas legitimidades de índole orgánica. Tienen donde elegir para matarse.
Como lo previsible es que Griñán apenas si encuentre contrapeso –más allá de lo testimonial– en la cita regional, la gran incógnita es si el supuesto nuevo referente de los críticos –Antonio Gutiérrez Limones, alcalde de Alcalá de Guadaíra– dará el paso de armar una mayoría para oponerse a la de Susana Díaz. Los críticos no las tienen todas consigo. Con Limones, esto es imposible. El también senador quiere marcar sus propios tiempos para anunciar su hipotética candidatura pero, en realidad, espera a orientarse mejor según sea el panorama del congreso regional. No quiere inmolarse sin necesidad.
La fórmula Limones, de hecho, se basa en un liderazgo relativo y, en cierto sentido débil. Las causas son múltiples. Tienen que ver con las relaciones personales entre el grupo crítico –que son circunstanciales, más que sustantivas– y las consecuencias que implica plantear un desafío al poder institucional, que es quien controla las nóminas de los cargos públicos y asimilados (los delegados de los congresos). El maná que explica casi todos los movimientos internos en el seno del socialismo sevillano.
Limones, oficialmente, medita qué hacer. Se ha rodeado de un equipo que viene celebrando encuentros con militantes desde hace tiempo. En él figuran algunos de los grandes alcaldes metropolitanos –Dos Hermanas, La Rinconada–, referentes históricos del PSOE –el caso de José Rodríguez de la Borbolla es el más notable– y los jóvenes (aunque ya no tanto) que aspirarían a encarnar un relevo generacional diferente al de los susánidas. También están los habituales discrepantes por principio: el caso de Evangelina Naranjo, secretaria local de Miraflores y ex consejera con Chaves, que es la opción en la recámara si Limones al final no se atreve a dar el paso. Una candidatura de puro pataleo, condenada a un rotundo fracaso.
¿Se presentará Limones? Se verá este mismo lunes, después de que se despejen las dudas sobre el peso –directo o indirecto– que su adversaria mantendrá en la futura Ejecutiva regional. La número dos del PSOE-A dejará la sala de máquinas del partido pero quiere conservar su influencia en la dirección regional sin abandonar tampoco la Junta. A lo largo de su carrera política, Limones no se ha caracterizado por ser alguien que asuma riesgos, una actitud que, precisamente, le resta potencialmente algunos de los apoyos que necesitaría en este congreso provincial.
Hace cuatro años, en el duelo entre oficialistas y críticos que ganó el tándem formado por Viera y Díaz (cuya posterior ruptura provocó la crisis que terminó con la actual gestora), dejó sólo ante el abismo a Demetrio Pérez, que, además de su amigo, fue su primer jefe de gabinete. Una posición dubitativa que define al candidato crítico –en el cónclave de los delegados a Almería se posicionó primero con una lista y después se pasó a la candidatura contraria– y que puede pasarle factura en este duelo, si es que llega a producirse. ¿Votarían a Limones antiguos aliados a los que abandonó a última hora en congresos anteriores con el argumento de que el PSOE de Sevilla es un partido de aparato?
Por otra parte, entre los críticos anónimos la sintonía interna depende de una meteorología variable. Hay quien piensa que Limones se ha apuntado al carro a última hora –es la creencia en el entorno de Gómez de Celis, el frustrado delfín de Monteseirín– y quien piensa –como Francisco Toscano, alcalde de Dos Hermanas– que llega muy tarde y que se corre el riesgo de no tocar ni la orilla. El propio Toscano tuvo que dar esta semana la réplica a la presentación de la candidatura susánida por la indecisión del líder teórico. Toscano se excluyó de la batalla tras encabezar la delegación crítica sevillana al congreso de Almería. El alcalde de La Rinconada, primera opción de los críticos, también se desmarcó entre bambalinas.
Hasta ahora el único que ha salido al ataque ha sido Borbolla, un notable, que no se juega nada porque su reino ya no es de este mundo. Los críticos saben que todo induce al fracaso. La llave de la caja –Diputación, Junta– está en manos de los susánidas. Su disyuntiva no es ganar, sino sobrevivir. Convertir en gris lo que ahora es negro sería un éxito. Lograr un 40% de votos –en la designación de los delegados consiguieron un 35%– que les permitan seguir contando algo en el PSOE de Sevilla. Ése es su reto. Su problema es que no tienen líder, su pasado no es edificante y todo su discurso se basa en reivindicar una integración que sólo pasa por ellos mismos. A priori, un mensaje de perdedores. O quizás no. Veremos.