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La opción Viera

Carlos Mármol9 de Marzo de 2010 a las 5:58 pm

SIN hoja de ruta definida para la fase previa a la carrera electoral –que, según la tradición, no debería demorarse más allá del año antes de los comicios– el PSOE tiene por delante una sola incógnita: ¿Quién va a ser el cabeza de lista? Con Monteseirín fuera del tablero y dos candidatos virtuales –Juan Espadas, inteligentemente discreto; Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, silente pero alerta– la resolución a dicha cuestión se presenta complicada, delicada y, sobre todo, azarosa. El capricho, bastante más que en otras ocasiones, tendrá un papel esencial en la elección final.

Mientras los analistas se distraen haciendo quinielas y con los nombres habituales, un sector del partido en Sevilla empieza a armar el argumento que se pondrá encima de la mesa de negociación, en la que –parece obvio– quien se sentará, en primer término, será José Antonio Griñán. El presidente de la Junta, que será investido secretario general en el inminente congreso del PSOE andaluz, tendrá que bendecir la designación. Lo que aún no está tan claro es si será él quien directamente proponga un nombre –y en consecuencia asuma solo la responsabilidad plena– o se limitará a avalar una propuesta ajena, obviamente cocinada desde la organización socialista sevillana. El aparato.

La batalla por Sevilla es clave para las autonómicas de 2012. Y, por tanto, para Griñán, que aunque lo relativiza sabe que todas encuestas señalan la misma tendencia: empate técnico con el PP en Andalucía e, incluso, una ajustadísima victoria de Javier Arenas. Otra cosa diferente es que el PP gobierne. De ahí que el escenario actual aconseje que la elección del candidato a la Alcaldía hispalense sea lo menos arriesgada posible y que la culpa, por si las cosas salen al final mal, o sea de otro o esté suficientemente compartida.

Hay quien dice que existe un candidato durmiente. ¿Y si el cabeza de lista estuviera ya bajo los focos y, como en las novelas de detectives, precisamente por eso esté tan bien oculto? ¿Y si el tapado de Viera fuera él mismo? El secretario general del PSOE de Sevilla, que en 2007 ya quiso quitar a Monteseirín como candidato a la Alcaldía –el terror de Chaves a tal mudanza fue la única razón por la que el alcalde siguió–, tiene clavada la espina de su abrupta salida del Consistorio al inicio de este mandato. Fue de número dos, acaso porque confiaba en una dimisión prematura del regidor, pero optó por marcharse cuando el alcalde rompió casi todos los puentes.

“Es lógico que después de que Griñán haya amortizado a Monteseirín acaricie la idea de volver como candidato”, reconocen algunos hombres cercanos al propio alcalde. En la Ejecutiva socialista no responden. Tampoco lo desmienten. Salvo que a última hora aparezca una estrella, la opción Viera es, a día de hoy, posible. Incluso probable. Tan sólo queda que Griñán la considere también la fórmula válida. O acaso la menos arriesgada. “Cuando existen opciones reales de ganar todo el mundo quiere opinar y decidir; cuando el escenario no es tan bueno, en cambio, son las direcciones provinciales las que tienen que asumir todos los riesgos”, sostiene un importante socialista. “Viera no decidirá solo, pero será quien hable primero”, afirma otro.

VIERA

¿Existe otra alternativa?¿Juan Espadas? La Ejecutiva provincial, que presume de que Espadas es una de sus cuotas en el Gobierno regional, deja que el globo del consejero de Vivienda se infle. Es fácil. Basta con no desmentir nada de lo que se diga y darle, como en el congreso extraordinario, protagonismo. Claro que no hace demasiado tiempo el candidato de la mayoría oficialista era Emilio Carrillo, ex vicealcalde y concejal de Urbanismo. Y, sin embargo, desde Luis Montoto –la sede provincial del PSOE– se le dejó caer cuando la presión de las huestes del alcalde hicieron imposible la vida inteligente en el Ayuntamiento. ¿Se pensaba ya entonces en la fórmula Espadas o en realidad Viera intuía que Carrillo había cumplido su función y no importaba su marcha? Este cambio de caballo hace pensar que a quien le interesa que todavía no esté claro quién será el candidato es justo a la dirección provincial. Mientras más dudas existan, más opciones tiene de convencer al resto de actores que participarán en la decisión. Sin alternativas a la vista, con un escenario electoral hostil y dado el grado de incertidumbre, todo conduce a confiar la suerte a la fortaleza de la marca PSOE en Sevilla. ¿Quién encarna dicho concepto? El secretario provincial.

La opción Viera tiene ciertos inconvenientes. Pero no distintos a la alternativa Espadas. El grado de conocimiento popular de ambos es bastante bajo, lo que, en cualquier caso, nunca ha sido motivo suficiente. A Zoido en 2007 tampoco lo conocía todo el mundo: ganó las elecciones. Quizás gracias más al rechazo del electorado hacia Monteseirín que por méritos propios. Con el alcalde ya fuera de juego, este elemento desaparece del todo del tablero de juego. La guerra sólo tiene dos combatientes: Zoido y el PSOE. Un PSOE que, al final, ha tenido el arrojo de sacar del poder a Monteseirín. Para muchos, aunque algo tardía, ya es una buena decisión.

Ni el perfil político de Viera ni su personalidad –adusta, desconfiada, según sus críticos; seria– permiten un candidato populista. Todo lo contrario al alcaldable del PP. Sería un cabeza de lista con experiencia de gobierno –ha sido delegado de la Junta en Sevilla, consejero de Innovación, delegado del Gobierno central en Andalucía–, responsable de la principal agrupación socialista de España –en resultados electorales, al menos– y con mando para movilizar a las bases del partido. Ganó con un respaldo de más del 80% el último congreso provincial. Controla el aparato y, aunque hay agrupaciones de la capital que ahora no le son afines –otras sí–, si Griñán respaldase la operación muy raro sería que muchos de los militantes que ahora son tenidos por críticos no terminen mudando, en horas venticuatro, en oficialistas. Cosas más sorprendentes se han visto en una organización que, como bien dice Antonio Gutiérrez Limones, alcalde de Alcalá de Guadaíra, cercano primero a los críticos y después alineado en el último congreso provincial junto a Viera, “siempre ha sido muy del aparato”.

El secretario general, además, llegado el caso de una derrota, tiene vía de escape: podría presidir la Diputación –basta ser concejal– y, desde aquí, plantar cara a Zoido, conservando los resortes institucionales que permiten conservar el poder orgánico. La oposición de las agrupaciones de la capital que durante los últimos dos años han sido afines a Monteseirín –entre otras cosas, por las prebendas del poder– no es un obstáculo. Podrá entorpecer, pero Viera cuenta con la estructura provincial del PSOE, la Diputación y la posibilidad de elegir junto a Griñán al nuevo rey socialista en el Ayuntamiento. No le preocupan las direcciones locales que, en teoría, controlaría Gómez de Celis.

Sólo tiene una obsesión: impedir la salida interina que plantean los críticos. Esto es: que el sucesor sea el edil de Urbanismo y Presidencia. Ésa era la jugada que se ensayó hace dos meses, previamente acordada entre Monteseirín y Celis, y que, según algunos, parece desinflarse porque, aunque Griñán tiene cierta simpatía personal por el delfín de Monteseirín –es militante de la agrupación que éste lidera–, esto no implica que sea forzosamente el elegido. Tampoco lo contrario.

La Ejecutiva lanza el nombre de Rosamar Prieto como piedra para taponar esta vía de agua. Nadie, sin embargo, cree que tal tesis pueda ser tomada en serio, lo que no implica que, llegado el caso, no termine sucediendo. Los motivos: con ella el PSOE seguiría sin referente durante demasiados meses ante un Zoido sin rival, cuando se nombre al candidato se entrará en una situación de bicefalia (justo el motivo por el cual se va a hacer un congreso regional) y una supuesta huida de Celis dejaría al Ayuntamiento sin una parte de su intelligentsia. Rosamar Prieto tendría problemas para contar con cuadros técnicos. La cuestión no es tanto quién va a reinar en el Ayuntamiento, sino quién va a terminar en condiciones todo lo que Monteseirín dejará a medias. Un requisito esencial para poder presentarse ante el electorado.

El ritual de seducción hacia el presidente de la Junta es intensísimo: Viera lo cortejó durante el congreso extraordinario de esta semana; Celis lanza, indirectamente, mensajes hacia la Ejecutiva federal y algunos de sus fieles insinúa una hipotética salida hacia responsabilidades autonómicas dentro del grupo de los jóvenes valores socialistas. Lo cierto es que Griñán tiene tan despistados a todos los aspirantes a algo en el PSOE que cualquiera puede decir una cosa y, al tiempo, pensar justo lo contraria. Estar aparentemente bien posicionado y quedarse fuera de foco. Males del cesarismo.

Noticias de un atasco coral

Carlos Mármol14 de Septiembre de 2008 a las 1:02 pm

La falta de respuesta institucional al grave colapso de tráfico que esta semana sufrió el Aljarafe central es otra muestra más de la necesidad de articular una Autoridad Única Metropolitana que responda ante los ciudadanos.

EN los años setenta, década en la que nacieron los treintañeros de la generación del escepticismo, un director de cine italiano, Luigi Comencini, dirigió una coproducción cinematográfica célebre por su elenco –los mejores actores europeos de aquel momento, junto algunas estrellas ya algo vetustas– y por su motivo: los singulares avatares de un rosario de conductores atrapados durante varias e interminables horas en un increíble atasco de tráfico. Una especie de comedia coral que pretendía –pero lograría sólo a medias– simbolizar el absurdo de una civilización –la nuestra– que promete a cada momento el paraíso y la comodidad y, por contra, sólo ofrece frustración y problemas.

El film, algo así como una suerte de precedente bastante menor de las películas de contrapunto constante que, sobre la base de los gélidos y certeros relatos de Raymond Carver (Short Cuts), tan bien rodara Robert Altman –con todas las lógicas salvedades existentes en esta comparación–, tiene cierta similitud con el episodio que se ha vivido en Sevilla al inicio de la semana: el colapso circulatorio del área central del Aljarafe y de buena parte de la capital hispalense. Más de diez horas de un monumental atasco que, aparentemente, estuvo provocado por la masiva afluencia de personas a los centros comerciales de Castilleja de la Cuesta (Aire Sur e Ikea) en un mismo momento.

El episodio pudiera parecer un suceso aislado. Y lo cierto es que su envergadura fue bastante singular, aunque, desgraciadamente, hace tiempo que ha empezado a convertirse –aunque con una intensidad algo menor; en todo caso, muy relevante– en la moneda diaria de la Sevilla metropolitana de la que tanto hablan los mismos políticos que tan poco hacen por convertir en cierto el viejo y noble sueño de la Gran Sevilla. Un mismo territorio metropolitano proyectado hacia el futuro sobre los cimientos de un pasado irremediable, con sus luces y sus sombras, y algo superlativo.

Por lo que parece, esta aspiración –el proyecto que podría hacer que Sevilla cambiara de escala económica y urbana– está condenada a no salir nunca del papel porque la voluntad política de convertirla en cierta es puramente retórica. Los ensimismamientos de aldea pesan mucho más que el sentido común. Y los reinos de taifas –cada uno de los ayuntamientos que han hecho durante las últimas dos décadas la guerra por su cuenta sin importarles demasiado el resultado final ni caer jamás en la cuenta de que, en realidad, la batalla es otra muy distinta a la que mantienen con su vecino– perduran sobre la colaboración mutua.

Los socialistas, cuyo poder en la provincia es casi absoluto, tienen a su cargo el gobierno de la mayor parte de los consistorios metropolitanos. Pero es justo esta omnipresencia, paradójicamente, el principal obstáculo para aplicar una estrategia común que atenúe los problemas que sufren a diario los ciudadanos (votantes, en la terminología de los políticos). Probablemente porque el PSOE sevillano es una organización con tantos conflictos intestinos y abundancia de contradicciones como, mutatis mutandi, el peronismo argentino, donde la derecha y la izquierda –si es que estos términos todavía guardan algún sentido– se mudan en su contrario sin problema alguno.

En dirección contraria

Quizás la única reflexión posible tras el gran atasco no sea tanto cómo se ha llegado a la situación de colapso que vive la Sevilla metropolitana –parecen muy claras las razones: simple y pura dejadez institucional–, sino qué puede hacerse ahora para salir de él. Y, sobre todo, quién va a hacerlo. Porque lo más llamativo del asunto no son las fotos de los sevillanos presos en sus propios coches, ni los relatos de su experiencia –más de uno debería aprender que la gente tiene voz y puede hacerla oír con independencia de las regladas consultas electorales–, sino justo aquello que no se ha visto. Una imagen no contemplada: algún responsable político dando la cara ante la situación, explicando qué piensa hacer y tomando alguna decisión. Aportando liderazgo.

Ninguno de los numerosos cargos institucionales ha querido cargar con este muerto: ni Monteseirín, ni Viera, ni Zoido. Ni el alcalde de Castilleja, ni ninguno de los altos cargos de la Junta, empezando por Carmen Tovar, ex alcaldesa del municipio que autorizó la ubicación de los centros comerciales que, en teoría, provocaron el atasco –que no el colapso, que es pretérito y tiene legión de autores–, y ahora delegada del gobierno autonómico. Tampoco en la consejería de Obras Públicas o en la Diputación estaban por oír las quejas ciudadanas. Y no hablemos del Gobierno central, cuyos delegados de zona tendrían una agenda de trabajo apretadísima como para tener que preocuparse –y ocuparse– de que esto no vuelva a suceder.

Acaso el problema no consista ya en la discusión de si es necesario crear una Autoridad Única. Parece claro que sí. Al menos, para tener a alguien a quien exigir responsabilidades. Magro consuelo, de cualquier forma. La verdadera incógnita del asunto es quién va a ponerle el cascabel al gato. ¿Quién será capaz de caminar en la dirección correcta sin incrementar la abultada nómina institucional de ausentes y, al tiempo, podrá doblegar el inmenso océano de intereses creados que impiden que el proyecto de la Gran Sevilla salga adelante?

Septiembre, el mes más cruel

Carlos Mármol20 de Julio de 2008 a las 12:59 pm

Congreso PSOE Sevilla

El secretario general del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, emplazó ayer a las asambleas de la capital al mes de septiembre para reflexionar sobre la nueva situación política e introducir cambios en la forma de trabajar del gobierno de la ciudad.

MUCHOS se preguntarán, dentro y fuera del PSOE de Sevilla, cuál es la razón por la que, una vez clara la derrota de los críticos en el congreso de ayer, una notable parte de ellos decidió, contra lo que había venido siendo su norma de conducta hasta ahora, apoyar de manera expresa y decidida a la lista que encabezaba José Antonio Viera. ¿Una obligación fruto de las circunstancias o una incoherencia? Probablemente la única vía para tratar de recomponer la tensa situación creada en los últimos meses, en los que las jóvenes promesas, que se han revelado menores, han jugado a ser una mayoría que, visto lo visto en el Congreso, no supone mucho más de un 10% de la representación oficial.

¿No es contradictorio plantear un pulso desde hace meses a la dirección existente del partido, tratar de montar una candidatura alternativa sin tener los avales suficientes, apurar las opciones de retirada e integración y desoír las advertencias de que la cosa no iba bien para después, en horas veinticuatro, como diría el clásico, darle la vuelta a esta situación y pasar a votar en masa en favor de la mayoría dominante?

Bien es cierto que no todos los críticos actuaron así en esta nada edificante función teatral: hubo quien, en coherencia con lo dicho en este tiempo, al menos se abstuvo a la hora de votar o eligió la fórmula del sufragio en blanco. Una forma indirecta de decir no cuando todo obligaba a decir sí. Al menos, a éstos nadie les podrá acusar de veletas. Otra cosa son aquellos que han decidido diluirse en la nueva mayoría, de cuyo núcleo de poder, lógicamente, han sido desplazados por completo. Probablemente unos lo habrán hecho por instinto de conservación y otros por táctica. Porque, aunque la relación de fuerzas ha quedado esbozada de forma manifiesta, el nuevo giro que Viera promete dar en el PSOE de Sevilla no ha hecho, en realidad, más que empezar. En primer lugar, en lo que se refiere a la integración. Probablemente este concepto, tan subjetivo, en el caso de los críticos del PSOE consista, en el mejor de los supuestos, en poder seguir respirando. Que el statu quo no cambie. En un partido donde es tradición que las alteraciones orgánicas tengan inmediata traducción institucional, que algún señalado opositor siga de portavoz municipal, por ejemplo, sería, por así decirlo, una manera de integrar. O de esperar hasta ver qué hacer.

Lo que parece claro es que Viera, que hace cuatro años llegó a la cúpula de los socialistas como una solución temporal ante un problema llamado Caballos –el líder natural no ha tocado demasiado pelo en la nueva Ejecutiva pese a haber dado sus avales a Viera; cosa que, en cambio, sí ha conseguido Carmelo Gómez con menos peso y mucha menos experiencia– está dispuesto, si no a perpetuarse en la cúpula del PSOE, al menos a permanecer en ella durante algún tiempo y dejar cierta huella. Y para cumplir este objetivo ha hecho una Ejecutiva a su medida (sin las componendas del anterior Congreso, pero recompensado a sectores divergentes del partido) y planea, a partir del mes de septiembre, afrontar la gran operación: rediseñar, junto a las asambleas de la capital, hasta ahora controladas por Gómez de Celis y algunas otras familias más, la coyuntura municipal. Para este objetivo parece tener, además, luz verde de San Vicente, a la vista de la cuota sevillana obtenida en la nueva Ejecutiva regional y la marginación de cualquier referente de la corriente que lideraba Demetrio Pérez. No parece tener además prisa. Cuenta con un grupo empotrado en el Ayuntamiento. Y con Emilio Carrillo, el concejal de Urbanismo de Monteseirín, como nuevo y emergente referente de esta nueva etapa. De ahí que acaso haya que cambiar algo el clásico verso de T.S. Eliot. Abril ya no es el mes más cruel. ¿Será septiembre?

Autor

Licenciado en Filología. Periodista y articulista. Subdirector de DIARIO DE SEVILLA

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