Alonso triunfa en el desastre de Corea

Susana Caballero | 25 de octubre de 2010 a las 21:15

Advertía el otro día sobre lo arriesgado de hacer un pronóstico sobre el final del Mundial de Fórmula 1. Entre las muchas variables que había que tener en cuenta hablé de los problemas de fiabilidad de Red Bull (ahí está el abandono de Sebastian Vettel en Corea), de los peligros de los pasos por boxes (a Fernando Alonso por poco le mete en un lío esa tuerca pizpireta que no quería entrar -o salir, no me quedó muy claro-) o de los accidentes, de los que hubo unos cuantos en Corea, aunque el de Mark Webber es el que más nos interesa (que conste que me alegro de que no le haya pasado nada, que luego anda diciendo por ahí que le deseamos lo peor).

De lo que no hablé el otro día fue de la lluvia ni de cómo influye en todo lo anterior la variable vamos a estrenar un circuito que ni de lejos está preparado para acoger ya una carrera de Fórmula 1. Quien viese ayer la carrera comprobaría con sus propios ojos (y con sus oídos, porque el equipo de La Sexta no dejó de repetir que la organización había metido la pata al autorizar el Gran Premio de Corea) que el circuito de Yeongam es poco más que una pista de asfalto en medio de ninguna parte. Que no haya accesos, ni hoteles, salvo para los pilotos (los periodistas, por ejemplo, parece que dormían en moteles de lo más cutre; ¿alguien vio a Botín por allí?) o que los equipos de televisión tengan que saltar vallas para entrar en el recinto no sería más que una anécdota si lo esencial, el circuito, hubiese estado en perfectas condiciones.

No era el caso. A lo mejor en seco no se habría notado tanto, pero con lluvia la carrera fue un despropósito. Una se acostumbra a los charcos, los baches y los barrizales en las calles y carreteras de andar por casa por las que tiene que circular cada día, pero le gusta pensar que hay un mundo mejor de carreteras perfectas, asfalto impoluto y donde los baches no son más que una entelequia. Y suele pensar que ese paraíso es el de la Fórmula 1. Pero el circuito de Corea del Sur no es digno de pertenecer a ese paraíso. Al menos aún no. Ni el asfalto estaba perfecto, ni estaba limpio, ni absorbía el agua, y para colmo las zonas de césped de los márgenes de la pista emanaban un barro que terminaba sobre el asfalto. Por si fuera poco, la grúa que se llevó el maltrecho monoplaza de Webber cruzó dos veces la pista (una en cada sentido). Un desastre.

Dicen que la fortuna va por barrios, y en esta ocasión el desastre se cebó especialmente en el box de Red Bull. En lo que llevamos de temporada nunca habían quedado sus dos pilotos fuera. Y les ha pasado en la antepenúltima prueba del campeonato (las reacciones en Ferrari y McLaren no tuvieron desperdicio). Primero fue Webber el que se estampó tras un trompo contra el muro (y de paso se llevó a Rosberg puesto) y después Vettel, que de repente se quedó sin motor (conociéndole, a lo mejor tocó donde no debía…). El resultado, por si alguien todavía no se ha enterado, es que Alonso se ha encaramado al liderato del Mundial, con 231 puntos; en segundo puesto va el australiano, con 220; tercero es Hamilton, que ha vuelto a meterse en la pelea con su segunda posición en Corea y sus 210 puntos, y Vettel cae al cuarto lugar con 206.

Alonso aún no ha ganado nada, y no dejan de repetirlo tanto él como el equipo, pero en Corea, y en las carreras anteriores, ha dado otro paso decisivo hacia el título. Con un poco (o un mucho) de suerte y un poquito de gafe para Webber, el español podría ser campeón del mundo el 7 de noviembre en Brasil. Para ello, necesita ganar y que el australiano sea, como mucho, quinto. ¿Es poco probable? Sí, pero también lo era que los dos Red Bull quedasen fuera de la misma carrera, y ha pasado.

Por supuesto, Webber y Vettel siguen teniendo opciones de ganar el Mundial (y Hamilton, y hasta Button, por remotas que sean), aunque son 14 los puntos que separan a ambos en la tabla. Lo lógico sería que su equipo lo apostase todo por el mejor de sus pilotos, por el mejor situado, por el que sólo está a 11 puntos del líder. Pero Red Bull no es un sitio lógico, sobre todo si es Webber el que va por delante. Si fuese el alemán el que estuviese a 11 puntos de Alonso haría ya bastante que Christian Horner habría puesto al equipo entero a su disposición. Pero no es Vettel, sino el otro, así que van a seguir con la estupidez de dejar que los dos se las apañen. A lo mejor al final la jugada les sale bien y uno de los dos levanta el título mundial, pero en caso contrario se darán cuenta de su error demasiado tarde para rectificar.