Onore a Inzaghi, el goleador que no regateaba a una silla

Jesús Ollero | 11 de noviembre de 2010 a las 20:16

En 2002, el Real Madrid era el rey de Europa (tres títulos continentales en cinco años). Aunque soy seguidor inquebrantable del Inter (sobre todo del peor Inter, del Inter de Mourinho es seguidor cualquiera), le dediqué una página en Diario de Sevilla a Filippo Inzaghi por la inexplicable admiración que todo seguidor del fútbol internacional debía sentir por él, Jorge Valdano al margen, claro.

Torpe, sin talento, atropellado, Inzaghi de vez en cuando salía del fuera de juego. Solía hacerlo para aprovechar un pase largo y de apariencia inocua para acabar marcando. Así de simple. Así de difícil.

Mientras en España había Copa, en Italia se jugó jornada de Liga. El Milan le ganó al Palermo 3-1 pero perdió al delantero más inclasificable que recuerdo. No creo que fuera para definirle como Jorge Valdano, pero la verdad es que costaba no cogerle manía. Hasta el punto de terminar admirándole.

inzaghi

Con 37 años y seis meses de baja por una lesión en los cruzados de la rodilla izquierda, el tiempo de Inzaghi parece haber terminado. “No me doy por vencido”, dice, convencido de que “esto no se ha acabado”.

Por si acaso, os pego aquí el texto que publiqué entonces, allá por el 7 de octubre de 2002. Me trae muchos recuerdos… no todos buenos. Pirlo ya había fracasado en el Inter y lideraba con gran categoría al Milan…

Se titulaba: El justiciero de la silla, y acompañaba la siguiente sentencia: Menospreciado por su escasa capacidad para el regate, Filippo Inzaghi suma quince goles en nueve partidos oficiales con el Milan este curso.

El fútbol no son sólo números, pero a veces hablan por sí solos. Si hay un delantero en Europa que se muestra intratable es Filippo Inzaghi. El siempre locuaz Jorge Valdano dijo de él que no regateaba a una silla. Ni falta que hace. Quince goles en nueve partidos oficiales esta temporada convierten en absurda la filigrana más exquisita sobre la que pueda versar el ornamental discurso del ideólogo hispano-argentino.

En una Italia huérfana de notoriedad y acumulando varapalos europeos, Inzaghi y el Milan están causando una impresión sólo comparable a la del afrancesado y extraordinario Arsenal de Wenger. Ayer, sin ir más lejos, Inzaghi  logró su segundo hat-trick del curso ante el depauperado Torino. Seis-cero, con goles de Pirlo (21′, de penalti), Inzaghi  (32′, 77′ y 86′), Serginho (40′) y Fattori (83′, en propia puerta). Suma seis tantos en liga y nueve, incluyendo la previa, en Liga de Campeones. Sólo dejó de marcar ante la Lazio.

Un somero repaso al actual Milan enseña varias claves. La principal, ser el club italiano que mejor fútbol produce, con una diferencia abismal, por mucho que el Inter haya ganado sus cuatro partidos ligueros. Además, Seedorf vuelve a ser el joven inquieto y talentoso del Ajax, dejando a Rivaldo en un segundo plano; Pirlo, un soberbio mediapunta que se aburrió en el Inter, ha pasado a ser el organizador, lo más lejos posible de jugadores del corte de Gattuso, trotones sin s rumbo ni criterio; Nesta y Maldini han congeniado a la perfección y la defensa ahora sí es segura; para colmo, Shevchenko no se ha estrenado por lesión mientras el Milan se ha entretenido en marcar 13 goles en cuatro partidos de liga y otros ocho en tres de la liguilla de la Champions.

El finalizador de todo lo bueno que está dando el Milan es Inzaghi. Natural de San Niccolò, en Piacenza, destaca por su velocidad al contragolpe y su certero remate. Cierto es que presenta algunas carencias como la del regate a la que se refería Valdano , pero las solventa con un oportunismo difícil de igualar. Con los tres de ayer suma 99 goles en 192 partidos de la Serie A, una media escalofriante en el país del catenaccio. Con los dos del pasado martes en Múnich ante el Bayern, es el máximo goleador italiano en la historia de las competiciones europeas, con 42 tantos, dando carpetazo al viejo récord de Alessandro Altobelli.

Ancelotti, como antes Lippi, ha sabido sacar lo mejor de él en la Juventus y en el Milan. Si Luigi Cagni fue quien le apadrinó en el Piacenza, Ancelotti pidió su fichaje y se fueron juntos de Delle Alpi.

No debutó en Serie A hasta que el Piacenza, donde se inició con cesiones al Leffe y al Verona, lo vendió al Parma de Stoitchkov y Asprilla. Era 1995 y tenía 22 años. Jugó poco y pasó al Atalanta, donde fue capocannoniere con 24 goles. Desde entonces, juegue lo que juegue, no ha bajado de diez goles por año y sólo la presencia del gran Vieri le suele dejar en el banquillo con la selección.

Aprovecho para dejaros la última gran referencia de Inzaghi, con aquel doblete ante el Madrid de Mourinho.

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