¿Saldará la deuda Falcao?

Antonio Galiano | 23 de septiembre de 2011 a las 18:22

Si recordamos la relación del fútbol colombiano y el Atlético de Madrid, estaremos de acuerdo en que el vínculo es corto y gris,  pero intenso. En la ribera del Manzanares han jugado en los últimos años pocos futbolistas del país sudamericano, pero ninguno -incluido un entrenador- ha pasado desapercibido. La indiferencia siempre se ha roto tirando por lo negativo más que por lo positivo, pero esa deuda parece que va a quedar saldada por fin esta temporada.

La arriesgada apuesta de invertir el jugoso cheque recibido del traspaso de un jugador franquicia como Agüero en otro cuya credencial es haber triunfado en la Liga portuguesa y la Liga Europa -hay menos riesgo si se tiene en cuenta el antecedente de Futre- parece haberle salido bien por ahora al Atlético.

Falcao ya se ha convertido en el nuevo ídolo de la afición marcando cinco goles en dos jornadas y dando la impresión de que el apelativo del El tigre le viene al pelo. También es cierto que las defensas del Sporting y del Racing no pueden ser serias varas de medir, pero la impresión dejada por el ex delantero del Oporto es inmejorable y parece hacer olvidar el tufo de decepción que el irregular fútbol colombiano había dejado hasta ahora en el Calderón.

Entre la historia más triste del Atlético figura el sonado fichaje de Adolfo El tren Valencia. Delantero centro  de la genial e impredecible Colombia de Pacho Maturana, y con un look más propio del jefe de un clan narcotraficante que de un futbolista -como casi todos los colombianos de la época-, el ex goleador del Bayern Múnich llegó a España tras su decepcionante Mundial de 1994, pasado de kilos, con desidia y la puntería perdida.

Se convirtió en uno de esos jugadores que eran motivo de cachondeo hasta cuando marcaba y la expectación inicial pronto se le volvió en contra.

En la hemeroteca quedará uno de los  más memorables  -a la vez que lamentables- legados de Gil. Cansado ya de que el colombiano trincara y no respondiera en el terreno de juego, el irascible presidente dijo al ser preguntado sobre él: “Al negro le corto el cuello. Me cago en la puta madre que parió al negro. Ya estoy harto de aguantar. Cuando no veo actitud me cargo a mi padre”. Y replícale…

Al menos el jugador parece que no quedó traumatizado tras su paso por el Atlético de Madrid y hace algunos años se parodiaba a sí mismo con Prosinecki en una campaña publicitaria de una marca de coches. Lo mejor que dejó en España, sin duda.

La otra gran decepción colombiana de ese año fue la de Pacho Maturana. El técnico ya había entrenado en la Liga al Valladolid, entre 1990 y 1992, y había llevado a su selección a los mundiales de Italia y Estados Unidos. Tuvo el valor de traerle a Valencia como regalito a Gil y  no duró ni una temporada: fue sustituido por Jorge d’Alessandro a mitad de año.

 Maturana tampoco supo manejar una plantilla en la que ya figuraban algunos pilares del que a la siguiente temporada se convertiría en el equipo campeón de la Liga y Copa del Rey. A esto se unió la permanente presión a la que lo sometía Gil, que ya arrastraba su fama de liquidador de entrenadores. Su proyecto fue el enésimo fracaso del presidente.

El penúltimo episodio colombiano en el Calderón sigue sin cerrarse y es lo mejor de lo peor hasta la llegada de Falcao. Se trata de Luis Amaranto Perea, actual segundo capitán del equipo y el extranjero con más partidos jugados de rojiblanco. Con características más propias de un velocista que de un futbolista, el defensa encarna la esencia atlética; es capaz de lo mejor y lo peor.

 Tiene la capacidad táctica y el toque de un alevín, pero su rapidez y contundencia le sirven para corregir sus propios errores y los de sus compañeros. Pero ni eso compensa la sensación de inseguridad que da y que retrata a la defensa atlética del último lustro. El Barcelona puso sus ojos en él a pesar de todo. Incluso sonó un trueque en el que se ofrecía a Iniesta a cambio… Da escalofríos sólo de pensarlo.

Con un apellido atípico para un colombiano -soy de los que le creía un brasileño desconocido hasta no hace mucho-, Falcao tiene la oportunidad de ofrecer la enésima esperanza a una afición y de entrometerse en una lucha goleadora que parece más reservada para Messi y Cristiano. No recuerdo un impacto tan fulgurante de un delantero en la Liga desde la llegada de Romario, Ronaldo o Vieri.

Más allá de eso, también puede de paso maquillar el recuerdo dejado por su fútbol patrio en España y erigirse en el redentor de otros personajes que se arrastraron por aquí como Rincón -luego detenido por tráfico de drogas-, Aristizabal o Córdoba. Nunca es tarde para hacerles y hacerse el favor.

  • Juan

    Los apellidos de Falcao son García Zarate, nada atípicos para un Colombiano; Su padre, también futbolista lo bautizó así en honor al mítico jugador Brasileño de los ochenta.