Dino Baggio y los traspasos durante el Mundial

Jesús Ollero | 7 de julio de 2014 a las 18:04

Imagen de thescore.ie

Hace veinte años, en el Mundial de Estados Unidos 94, Italia mantenía dos costumbres después modificadas: los jugadores se repartían los dorsales por puestos y en orden alfabético y estaba prohibido negociar traspasos durante la concentración y celebración del torneo. Pensemos, por ejemplo, que Tassotti jugaba con el 9 cuando le rompió la nariz a Luis Enrique (¡caray, el 9!). Sólo Baggio, Roberto, rompía ese orden inquebrantable en Estados Unidos luciendo el 10 que correspondería a Albertini, el primero alfabéticamente entre los centrocampistas y que llevó el 11. Nada de usar el mismo número que el club ni nada parecido.

El 13 de esa selección, precisamente el 13, era el otro Baggio, Dino. Ese número 13 le habría correspondido a la gran estrella del equipo, pero el caso es que se cambió. De lo que cambió Dino fue de club. Y durante la concentración de la selección. Centrocampista con una llegada importante y unos remates de cabeza imponentes, Dino Baggio dejó la Juventus y se marchó al Parma. Las reglas federativas le habrían supuesto la salida del equipo nacional, pero Sacchi y la FIGC, cuya directiva tampoco quería prescindir de un futbolista básico del equipo, se las ingeniaron para que todo quedara en una multa.

Ocurrió que Italia comenzó el Mundial de manera desastrosa. La República de Irlanda derrotó a los azzurri en el primer partido (gol de Ray Houghton) y para colmo Pagliuca se convirtió en el primer portero expulsado de la historia de la Copa del Mundo en el segundo encuentro, ante Noruega. Italia in dieci con 70 minutos por delante que podían ser los que definieran su salida del Mundial, pero un gol de cabeza de Dino Baggio daba un serio respiro a Italia (1-0). Aunque necesitaban ganar el tercer partido a México, el empate a uno fue suficiente por más goles marcados que Noruega, cuarta y eliminada con 4 puntos.

El gran Baggio, Roberto, apareció en octavos en la remontada de Italia a Nigeria, prórroga incluida; Dino Baggio fue el autor del primer gol ante España en cuartos y Roberto marcó el definivo 2-1. Roberto Baggio logró los dos goles de Italia en semifinales ante Bulgaria y en la final, como todo es sabido, falló el último penalti que daba el título a Brasil.

Todo esto viene a colación de la conveniencia o no de permitir que los futbolistas cierren operaciones de traspaso durante el Mundial. Cesc, sin ir más lejos, se fotografió en el hotel de concentración de la selección española con la camiseta del Chelsea la víspera del terrible debut contra Holanda. El croata Rakitic hizo lo mismo con la del Barcelona el 16 de junio, ya durante un Mundial en el que su selección cayó en primera ronda. Más llamativo aún es el caso de David Villa. Anunció su marcha a Nueva York vía Australia (su nuevo equipo no comienza la temporada hasta el invierno) y su presencia en la selección se esfumó. No han tenido la misma suerte que Dino Baggio, eso es indudable. Se salva el portero chileno Bravo, del que se anunció en prensa su fichaje por el Barcelona el día que su selección se enfrentaba a España y se hizo oficial el día antes del Brasil-Chile de octavos. Pensemos en jugadores de las principales selecciones del Mundial que hayan cerrado negociaciones durante el torneo. Si lo han hecho, desde luego no se ha hecho público.

¿Hasta qué punto puede suponer una distracción? Seguramente hay ejemplos de jugadores que han cambiado de club con el torneo en marcha y que no han caído a las primeras de cambio, pero merece la pena recuperar ese viejo debate italiano sobre la conveniencia de que los jugadores aplacen sus negociaciones durante el Mundial.

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