El ejemplo de Valdés

Antonio Galiano | 12 de diciembre de 2011 a las 18:40

Pasado ya más de un día de resaca del Madrid-Barcelona, un error sangrante ha quedado en mera anécdota gracias a la victoria del Barça. Se trata del regalo de Víctor Valdés al comienzo del partido, que hizo revivir al portero azulgrana unos fantasmas que parecían olvidados bajo el mando de Pep Guardiola: sus fallos con los pies.

Es innegable que el portero del Barcelona ha experimentado un crecimiento espectacular en las últimas temporadas que le ha llevado a casi igualar la capacidad de decidir partidos de Iker Casillas. El arquero del Barça no es sólo un simple espectador de lujo del juego de su equipo, sino que participa en él tanto a ras de suelo como salvando goles. Ésto le ha convertido -gracias a la confianza brindada sobre todo por Frank Rijkaard- en el guardameta azulgrana más solido desde que Andoni Zubizarreta dejara el equipo. Podría haber sido Pepe Reina, pero a él no se le dio la oportunidad de afianzarse.

Hombres como Mariano Angoy, Carlos Busquets, Julen Lopetegui, Vitor Bahía, Francesc Arnau, Richard Dutruel, Robert Tito Bonano, el malogrado Rober Enke o Rüstü Reçbe han pasado por la meta del Camp Nou para poner a prueba los nervios y la riqueza de vocabulario banal del aficionado para insultar a un jugador propio. Sólo Ruud Hesp sirvió de parche temporal a un problema que -cómo no- se ha solucionado desde la cantera, que también propició algunos intentos fallidos.

Guardiola ha culminado la obra de Rijkaard haciendo de Valdés el portero más completo de España -que no el mejor- a base de exigencia y unos principios irrenunciables. En el juego de posesión del Barcelona, el último hombre tiene que representar una vía de escape a los defensas para evitar la presión, y el pelotazo sólo está en el manual para casos excepcionales. Es por eso que el arquero ha mejorado tanto con los pies en los últimos tres años. A veces parece que arriesga demasiado y juraría que hasta Carlos Puyol desplaza el balón en largo más veces que él. Si tiene margen, la juega. Es una seña de identidad  impuesta que no tiene que echar abajo un fallo aislado.

Esta mejora está sin embargo un poco infravalorada. No sólo es de admirar que un meta tenga más criterio con los pies que algunos centrales, sino que hay que tener en cuenta para apreciar la dimensión de su superación que Valdés había protagonizado más de un fallo de bulto en ese aspecto del juego. Lo saben bien su ahora compañero David Villa, al que le regaló dos tantos cuando jugaba en el Valencia, o Iván de la Peña, que aprovechó otro error frente al Espanyol. Pese a ésto, Valdés ha perdido el miedo a jugar con los pies habitualmente y es capaz de reponerse valientemente a un error en todo un clásico en vez de optar por lo fácil, como resaltó Guardiola al término del partido.

El meta del Barça debería ser un ejemplo para Casillas en este ámbito. Es otro detalle de la diferencia de la apuesta futbolística del Barcelona y el Madrid que ha quedado patente después del sábado. La muestra más reciente de la torpeza con los pies del capitán del Real Madrid y la selección española es que empañó su récord de internacionalidades en el amistoso frente a Costa Rica, equipo al que puso el primer gol en bandeja al errar en un balón fácil.

Un fallo lo tiene cualquiera, pero el mejor portero de la historia de España no debería permitirse esta carencia. Más si forma parte de un equipo nacional que apuesta por el mismo juego que el Barça. Es un jugador acomodarse en mantener unas habilidades  extraordinarias. El fútbol evoluciona y los porteros ya no están sólo para parar.

Héroes y mártires

Antonio Galiano | 10 de diciembre de 2011 a las 6:00

Hristo Stoichkov, Luis Enrique, Giovanni Silva, Gerard Piqué, Víctor Valdés, Daniel Alves, Raúl, Guti, Luis Figo, Fernando Hierro, Roberto Carlos, Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Pepe, Sergio Ramos, Mourinho… Todos tienen en común que han formado o son parte del Real Madrid o el Barcelona, pero también que están o han estado entre las figuras más odiadas por una u otra afición. Algunos se lo han ganado, otros no, pero el resultado es el mismo. Han centrado las iras en el Camp Nou y el Santiago Bernabéu cuando los han visitado.

Hay que reconocer que es difícil encontrar animadversión hacia los jugadores del Barcelona actual. También porque muchos han integrado la selección que ha hecho a España campeona del mundo, no se puede concebir que a alguien le caiga mal Andrés Iniesta, Xavi  o Puyol. Pero tiene que ver más con que el Barça, auspiciado por Pep Guardiola -de imagen intachable y toda una institución en Barcelona-, se ha convertido en el ejemplo que todo entrenador de categorías inferiores debe poner a sus jugadores. Por lo general, sus futbolistas se limitan a jugar, huyen de la polémica y son deportivos. Es difícil encontrar ahí a un malo, pero se encuentra.

Por el contrario, a los ojos de cualquier persona que no le importe o no sepa de fútbol, es menos correcta -por no decir más reprochable- la actitud de algunos jugadores y el entrenador del Real Madrid. Incluso el halo de prepotencia que rodea al club desde que Florentino Pérez lo preside lo ha convertido en un equipo odiado por casi todas las aficiones de España. Si a esto se une la chulería personificada en su jugador franquicia, Cristiano Ronaldo -don me tienen envidia-, o el carácter polemista de su técnico, el cóctel no puede dar nada bueno.

Pero es muy soso odiar a un equipo entero. Siempre ha sido más fácil dirigir el punto de mira a algunos que se prestan gustosos a ese doble papel de héroe-mártir para ambas aficiones. Es sencillo identificarlos, y para tratar de encontrar algún tipo de razonamiento a su capacidad de encabronar se podrían hasta dividir en categorías abiertas:

El traidor: No hace falta explicar de qué tipo de traicioneros hablamos. Hay muchos, pero los ejemplos más claros serían Luis Figo y Luis Enrique. El luso se convirtió en el Judas culé magnificado cuando Florentino Pérez cumplió su promesa electoral y lo vistió de blanco. No era un jugador cualquiera, sino el capitán y referencia del barcelonismo. Por ello fue el que más penitencia cumplió. Los pitos ensordecedores y la lluvia de objetos que caían -cochinillo incluido- cuando se acercaba a las esquinas del Camp Nou en su primera visita no tenían precedentes. Lo de Luis Enrique fue mucho más lihgt. En el Barça rindió todo lo que no lo hizo en el Real Madrid. Y encima, se le daban bien los clásicos. El resquemor por su mala salida del equipo blanco hizo que no se cortara nunca a la hora de propugnar su barcelonismo y de celebrar los goles. Y así se ganó el cariño de su ex afición.

El provocador: No es complicado ponerles el cartel. Son los típicos que se saben en el punto de mira y les encanta encender a la afición rival, ya sea con gestos,  patadas, declaraciones… Son míticas las tanganas originadas por Stoichkov, declarado antimadridista. Es el sitio también de Roberto Carlos, Guti, Pepe, Sergio Ramos, Daniel Alves, Víctor Valdés Piqué con su manita… Apartado aparte merecería en estos momentos Cristiano Ronaldo. Su chulería y su actitud sobre el campo lo convierten en la cabeza visible de este Real Madrid. Encima es fácil de provocar. Si no que se lo digan a Guardiola, que se ganó un empujón cuando le quitó la pelota de en medio cuando fue a cogerla para sacar de banda en uno de los clásicos de la temporada pasada.

El ídolo rival: Es un jugador que puede tener alguna salida de tono, pero básicamente se dedica a jugar. Pero lo hace también, que hay que cogerle coraje. Messi o Guardiola serían el perfecto ejemplo. Hasta que el argentino pegó el pelotazo sin sentido a la afición madridista la temporada pasada, lo único que había hecho hasta entonces es coser a goles al rival y, eso sí, celebrarlo. Raúl, que nunca ha dado la nota, excepto por cuando mandó a callar al Camp Nou, puede encajar también aquí. Fernando Hierro, Rivaldo, Ronaldinho, Butragueño

La antítesis de ideales: El odiado en Barcelona por ser muy español y el crucificado en Madrid por ejemplificar el catalanismo. Raúl, Guti, Guardiola, Piqué, Sergio Ramos, Hierro, Valdés, Casillas etc… Tiene que ver mucho con lo que representan ambos clubes: el Real Madrid, la capital patria y el centralismo; el Barcelona, el federalismo y el nacionalismo catalán. Sus emblemas, por serlo, también concentran las iras.

El teatrero: Categoría de nuevo cuño originada a partir de la última batería de clásicos. Está destinada más a algunos jugadores del Barcelona que fueron señalados por fingir en los últimos Madrid-Barça. Pedrito, Alves, Busquets

El secundario protagonista por un día: El futbolista que pasa semidesapercibido para la afición rival hasta que encuentra su minuto de gloria en un clásico. Giovanni y sus cortes de manga ilustran este ejemplo.

Seguro que se queda alguno en el tintero en este breve repaso. Los que no se han quedado son los que el sábado será protagonistas. Esta vez, algunos héroes y otros mártires. Siempre que ese odio sea sano y no se caiga en el fanatismo, bienvenido sea. Aparte de, claro está, el fútbol, es lo que pone la salsa a ésto.

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El muñeco de ‘Mou’

Antonio Galiano | 9 de diciembre de 2011 a las 18:00

Si José Mourinho aprecia a Aitor Karanka, como se le ha escuchado en alguna entrevista, debe replantearse su decisión de ponerlo en el escaparate de las ruedas de prensa. No le hace ningún bien a su segundo entrenador tirándolo al ruedo ante los periodistas. Y al ex jugador, aunque trate de emular la contundencia de su jefe, se le nota fuera de lugar.

Lo que en la vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones parecía fruto del mosqueo del luso se ha convertido en un recurso habitual. A Karanka se le ve que lo pasa mal. No está acostumbrado a los focos. Delante de la prensa, más que un mensajero -como se ha autodenominado- parece un mero muñeco al que da voz su ventrílocuo. Incluso intenta asimilar la mala leche de su jefe con la dignidad que puede -“Llevo más de 30 comparecencias y ya he contestado a esa pregunta en muchas de ellas”, ha dicho al ser preguntado por qué no ha salido Mou-. Pero se le ve nervioso, y el periodista lo huele.

El problema ya no es que aparezca para dar la cara que tiene que dar otro, sino que tiene explicar las decisiones que son exclusivamente de ese otro. Este viernes ha tenido que defender que el equipo no será más conservador por optar por un 4-3-3 -el famoso trivote-, esquema que ha confirmado para el partido ante el Barcelona. Dice Mourinho, en voz de su segundo, que el equipo saldrá a atacar pese a apostar por dos centrocampistas de corte defensivo -presumiblemente Sami Khedira y Lass Diarra- acompañando a Xabi Alonso, dibujo que ya ensayó en Mestalla ante el Valencia (2-3). Pese a lo que diga, no cabe duda de que el Real Madrid será mucho más precavido que habitualmente y ha vuelto a abrazar el respeto que parecía haberle perdido al Barcelona en la Supercopa, donde jugó la dupla Alonso y Khedira tanto en la ida como en la vuelta.

La justificación utilizada para usar tal esquema no parece muy convincente. Karanka se ampara en que este clásico es un partido en “circunstancias normales”, no una eliminatoria o una final, y que ahora saben “cómo quieren jugar”. Tampoco ha parecido creíble cuando ha dicho que el encuentro “era un partido más”, recurso habitual en el manual de Mourinho -llegó a decir que el 5-0 era fácil de digerir-, y ha acabado cediendo al admitir que es un “partido diferente”. Si es uno más, como dijo Mourinho días atrás, ¿por qué sale Karanka a la rueda de prensa?

Pues la excusa utilizada anteriormente para exponer a Karanka era que evitaba hablar para no ser sancionado por hacerlo con claridad, como mantiene que le pasó cuando acusó al Barcelona de ser el beneficiario de un complot de la UEFA. La verdad, parece que le gusta llamar la atención con su ausencia para romper la normalidad precedente a un partido. No se concibe que se esconda por miedo a decir algo que no debe. Porque Mourinho no es tonto y sabe morderse la lengua, tal y como hizo cuando compareció tras el incidente del dedazo con Tito Vilanova al final de la Supercopa para intentar ridiculizarlo sin polemizar con el partido: “¿Pito?, ¿tito?, no sé de quién me hablas, no lo conozco”.

Sea cual sea el motivo, está abusando de la lealtad de Karanka y provocando que aparezca ante todos como una especie de sectáreo que defiende a escapa y espada lo que dice su líder. Y eso no está justificado. Lo que no se sabe es quién dará la rueda de prensa el sábado tras el partido. Si gana o pierde el Madrid con polémicas arbitrales, posiblemente saldrá Karanka; si cae sin discusión, aparecerá Mourinho para que no se le acuse de no dar la cara. En cualquier caso, hay que ver el lado positivo. Se puede utilizar el misterio para desempatar las porras, por ejemplo.

Memoria a medio plazo

Antonio Galiano | 8 de diciembre de 2011 a las 19:35

Dicen que el fútbol no tiene memoria, pero al Real Madrid le conviene tenerla a corto y a medio plazo. Ha pasado poco más de un año desde el primer Barcelona-Madrid de la era José Mourinho y parece que muchos aficionados blancos -nublados por una racha de 15 victorias seguidas y el liderato de la Liga- no recuerdan lo que ocurrió en el Camp Nou entonces o ni siquiera hace cuatro meses, cuando su equipo fue derrotado por el conjunto de Pep Guardiola todavía en rodaje.

Al igual que en noviembre de 2010, la cantinela es la misma: el Madrid llega en su mejor forma posible al clásico tras golear a todo lo que se le pone por delante; Cristiano Ronaldo no sólo sigue implacable de cara a portería, sino que ha ganado en generosidad; Ángel Di María está intratable; Karim Benzema y Kaká han sido recuperados para la causa; a Iker Casillas casi ni le tiran etc… Pero las lecciones más recientes demuestran que nada se puede evaluar hasta que llegan el Barça y Messi. Esa historia de los últimos siete partidos, por intensa e inédita, enturbia la precedente, en la que algo ha pasado casi desapercibido porque, simplemente, parece imposible que se repita.

Antes del 29 de noviembre pasado, la última humillación en forma de manita del Barcelona al Madrid fue en la temporada 1993/94.  Se trata del encuentro en el que Romario dejó retratada a la defensa madridista con un hat-trick y castigó a Rafael Alkorta para el resto de la eternidad con un regate desconocido hasta entonces: la cola de vaca. Ronald Koeman e Iván completaron la goleada que culminó la obra del  Dream Team, que esa temporada cerró un ciclo con su quinta Liga consecutiva ante un Madrid atormentado entre cambios de entrenadores y jugadores.

¿Pero qué pasó al año siguiente? Pues que un equipo madridista renovado a las órdenes de Jorge Valdano -cosas de la vida-, con un ex barcelonista como Michael Laudrup en sus filas, no tardó en curar el orgullo blanco con una goleada similar a la recibida el año anterior. Iván Zamorano -salvando las distancias- emuló a Romario con tres goles, José Emilio Amavisca marcó otro y Luis Enrique -cosas de la vida parte II- se encargó de apuntillar a un Barça decadente dirigido por Guardiola -cosas de la vida parte III-, al que Johan Cruyff sustituyó por Miguel Ángel Nadal al terminar la primera mitad. Todo un ejemplo de las vueltas que da el fútbol.

Todo esto es un simple antecedente que es curioso recordar. Un madridista tiene que tener mucha moral para pensar que la historia se puede reeditar. Más o menos la misma que un barcelonista que el año pasado apostara a que su equipo iba a infrigir un 5-0 a un Real Madrid comandado por Mourinho con un potencial de jugadores descomunal.

Ni que decir tiene que las circunstancias de ambos equipos no son las mimas que a mitad de los noventa. Los récords de los dos -principalmente del Barcelona- certifican que están en uno de los mejores momentos de su historia -si no el mejor-. Pero si algo caracteriza a este deporte -véase el ejemplo de la última jornada de la Liga de Campeones- es porque da cabida a cosas raras. Si fuera Sandro Rosell o Florentino Pérez, contrataría el sábado a Laudrup aunque fuera de delegado de campo. El que se retirara sin el Balón de Oro es el único que ha vivido la goleada en ambos bandos. Es talismán.

Fernando Martín: un mito con acento

Antonio Galiano | 2 de diciembre de 2011 a las 21:00

El 31 de octubre de 1986 no le sonará a nadie como una fecha a tener en cuenta, pero es una efeméride clave para el baloncesto español, que hoy día disfruta del mejor momento de su historia de la mano de una generación integrada por algunos que por entonces no habían ni siquiera nacido o daban sus primeros pasos. Ese día, Fernando Martín marcaba el hito de convertirse en el primer español y segundo europeo de la historia en jugar en la NBA,  abriendo una puerta que los Pau Gasol, José Manuel Calderón y demás atravesaron 15 años más tarde. Este sábado 3 de diciembre se cumplen 22 años de su fallecimiento.

Su aventura en la mejor liga del mundo no fue fácil. En su primer partido con los Portland Trail Blazers, con el 10 a la espalda y la tilde en la -i de Martín -para dejar claro que era español-, la estrella española se fue de vacío tras jugar dos minutos y dos segundo en la derrota de su equipo ante los Sonics. Y lo hizo de milagro. Su entrenador, Mike Schuler -novato también-, lo sacó por compromiso después de que tres periodistas españoles, Manolo Lama (amigo personal del jugador), Sixto Miguel Serrano y Fernando Laura, se pegaran un viaje maratoniano para cubrir el evento. Este sólo sería el preludio de una temporada aciaga que discurrió sin suerte entre lesiones y la desconfianza de su técnico y de la que sólo pudo sacar en claro para lo que fue: aprender, comprobar sus límites y competir de cerca con sus ídolos.

Llegó  a la NBA en el 86, pero pudo llegar antes. Fue elegido en el draft de 1985 en el número 38 por New Jersey Nets, que luego cambió sus derechos a Portland. Ese año sonó el pistoletazo de salida para que los europeos, para los que por entonces la NBA quedaba a un abismo, comenzaran a incorporarse a la liga norteamericana. Sin embargo, el jugador, ante la imposibilidad de jugar con España el Mundial de baloncesto, no elegió irse todavía sino que decidió quedarse un temporada más en el Real Madrid, con el que acumulaba por entonces cuatro ligas ACB (1981/82, 1982/83, 1984/85 y 1985/1986) y tres Copas del Rey. El problema era que los rookies no podían jugar con sus selecciones nacionales, por lo que optó por la demora. De esa forma cedió el honor de ser el primer europeo en debutar en Estados Unidos al búlgaro Georgi Glouchkov, que jugó una temporada con los Phoenix Suns y luego volvió a Europa.

Martín seguiría el camino de Glouchkov dos años más tarde, en 1987. Una fractura de nariz y una artroscopia en la rodilla, unido a que sus 2,05 le convertían en un pívot demasiado bajo para esa liga -los jugadores de 2,06 eran tiradores- empequeñecieron al gigante español. Un total de 24 partidos jugados y 22 puntos fue el bagaje pobre para un jugador acostumbrado a liderar los aros españoles.

Aunque más que sus números, el baloncesto europeo tiene que agradecerle a jugadores como él la brecha abierta para que estrellas de la talla de Arvydas Sabonis -fue elegido en el mismo draft que Martín por Atlanta Hawks, pero su elección fue anulada por no tener cumplidos los 21 años y al ejercicio siguiente fue seleccionado por los Blazers-; Drazen Petrovic -compañero de Martín en el Madrid-  o Vlade Divac llegaran a la NBA para iniciar carreras sólidas en 1989, año en el que paradójicamente falleció Martín.

Volvió al Real Madrid en 1987 con un contrato inédito en la ACB -100 millones de pesetas por temporada-, aunque con menos éxito que en su etapa anterior. Una Copa del Rey y una Recopa de Europa, ambas en la  temporada 1988/89, fueron los títulos con los que cerró su carrera de forma prematura.

El final de su vida lo ilustra de forma inenarrable el Informe Robinson: De Martín a Gasol. Por eso mejor dejar que lo cuente este vídeo:

El jugador pasó a ser un mito que hoy es honrado por sus herederos ganando mundiales y europeos y llenando la NBA de acentos y victorias. Respetando el tributo que le rindió Rudy Fernández en su participación en el concurso de mates del All-Star 2009, no se me ocurre mejor homenaje para él que los dos anillos que adornan los dedos de Pau Gasol. Lo que parecía imposible hoy no lo es gracias a que él empezó.

Lo que Ricky aprenderá seguro

Antonio Galiano | 30 de noviembre de 2011 a las 12:43

Qué sería del mundo del deporte sin sus escándalos fuera del juego. Si no hubiese un Guti que se estrellara con su coche en cuestionables condiciones después de una fiesta turc; un Robinho llegando con cajas de preservativos a modo de provisiones a un prostíbulo cerrado por parte de sus compañeros de la selección brasileña; un Gilbert Arenas desenfundando un arma en pleno vestuario de los Washington Wizards contra su compañero Javaris Crittenton; o el Greg Oden (Portland Trail Blazers) de turno confiando a otras personas fotos suyas desnudo ante el espejo -su ex novia las colgó en internet, pero, viendo lo que escondía, el objetivo de hacerle daño parece que fue contraproducente. El que quiera ver más que lo busque-. Pues  seguro que todo sería menos divertido.

Precisamente para evitar este tipo de episodios y algunos aún más graves, todo jugador que desembarque en la NBA tiene que pasar una especie de curso obligatorio para principiantes. No importa la edad que tenga o si previamente ha jugado en otros clubes profesionales, hay que asistir. Se trata del Rookie Transition Program, una concentración de seis días fechada en noviembre en  la que los novatos tendrán que aprender -en horario de nueve de la mañana a nueve de la noche- nociones básicas para que los jóvenes millonarios saquen rendimiento a su éxito sin riesgos para su imagen o su cuenta corriente.

En esas clases, la propia competición educa a los nuevos en cómo deben relacionarse con sus compañeros y entrenadores, alimentarse, controlar sus fortunas, tratar con los medios de comunicación o lo que permiten o no las leyes de Estados Unidos. En resumen, todo lo necesario para que ningún lío pueda perjudicarles a ellos mismos, a sus franquicias o a la NBA. Sin embargo, lógicamente, teniendo delante la mayoría de las veces a nuevos ricos veinteañeros -y más en una sociedad tan puritana como la estadounidense-, el alcohol, las drogas o el sexo no se pueden pasar por alto.

Conocía la existencia de este curso de bienvenida a la NBA, pero cuán explícito puede llegar a ser. Según cuenta a sus allegados el ex jugador del Barcelona Ricky Rubio y nuevo base de Minnesota Timberwolves, una de las cosas que más le impactó fue la clase de orientación sexual. En ella, los profesores llegan a utilizar fotos de vaginas en mal estado para adoctrinar a los novatos a identificarlas si se van a la cama con alguna desconocida -las conocidas tampoco están libre de sospecha, advierten-. Cualquier mancha o enrojecimiento que a simple vista pase desapercibida puede desembocar en una infección que  conlleve un disgusto íntimo y profesional, y eso hay que prevenirlo, claro. Otra cosa es lo flexible que pueda ser esta lección a la hora de la verdad…

Tampoco obvian lecciones de sentido común como el uso de protección o que “no hay que pegar a las mujeres”. Y en caso de tener unas ganas irremediables de practicar sexo, se aconseja  recurrir a una profesional. “Más vale pagar antes que pagar más luego” es el lema para evitar situaciones como en la que se vio inmerso Kobe Bryant, acusado de violación por una chica de 20 años con la que admitía haber mantenido “relaciones sexuales consentidas” en la habitación de un hotel de lujo. La joven retiró la demanda acorralada por la falta de pruebas, pero el daño a la imagen de la estrella de Los Ángeles Lakers y a su matrimonio -que no se rompió- fue incuantificable.

Y es que hay que admitir que ser rico, joven y famoso debe ser difícil de llevar sin caer en el pecado. Que se lo digan si no a Mario Chalmers (Miami Heat) y Darrell Arthur (Memphis Grizzlies), que ni esperaron a ser profesionales para tener su propio escándalo.  Ambos fueron pillados durante la concentración del programa para novatos de 2008  profundizando a la vez en el tema 1 y 2 del curso. Los dos fueron expulsados tras ser sorprendidos en la misma habitación con dos chicas en medio de un ambiente que irradiaba marihuna. Tras negar haber consumido la droga, tuvieron que pagar una multa de 20.000 dólares cada uno -insignificante en comparación con el que iba a ser su futuro sueldo-  y pedir perdón al comisionado de la NBA, David Stern; el dueño de los Heat, Mike Arison, Pat Riley, Erick Spoelstra, al equipo, a los fans y a Kansas, de donde ambos procedían. Al menos solventaron con matrícula de honor el curso avanzado de tratamiento con los medios que les supuso su desliz.

Estamos de acuerdo con que los estadounidenses a veces se pasan de rectos, pero la aplicación de este tipo de medidas de forma generalizada en España evitaría de antemano muchos quebraderos de cabeza a algunos equipos, sobre todo de fútbol -los jugadores de baloncesto, por lo descarado de su estatura, parecen mucho más comedidos en público que los futbolistas-. Con su adopción a lo mejor los casos de tantos futbolistas que se han perdido en las mieles del éxito se reducirían. Como dice el refrán, “Más vale prevenir que curar”, por puritano que resulte.

Anotación: La máxima sobre acudir antes a la prostitución que a una desconocida no funciona siempre. Preguntar a Tigger Woods.

El ‘nuevo’ Pepe

Antonio Galiano | 28 de noviembre de 2011 a las 18:28

Temporada nueva, vida nueva. El Real Madrid parece haber salido más fuerte con creces de los varapalos de humildad que el Barcelona le ha asestado hasta ahora con la eliminación de la Liga de Campeones, la consecución de la Liga y la victoria en la Supercopa de España. Los de José Mourinho se han empeñado en corroborar la máxima que sostiene que los equipos del luso son mucho mejores en su segunda temporada y, tras pasar un ligero bache frente al Levante y el Racing de Santander, se han convertido en una máquina de ganar que acumula 13 victorias seguidas.

¿Qué ha cambiado? Pues no sabría decirlo con certeza, pero parece que tienen más hambre y que no sólo juegan al contragolpe. Pero lo que sí parece modificado es el chip de Pepe, que podría haberse arreglado. Al internacional portugués se le ha aparecido la Virgen y todavía no ha protagonizado ninguna de sus locuras en el presente ejercicio. Ahora, hasta se cree con potestad para denunciar el juego duro de los contrarios.

En apenas tres meses, Pepe ha pasado de intentar cazar cualquier pierna con una media azulgrana a recriminar a los jugadores del Atlético de Madrid la agresividad con la que se emplearon en el Bernabéu durante el derbi madrileño. El zaguero luso parece haber calmado sus ansias y ha dejado de entrar como un criminal. Sigue yendo fuerte al balón, pero no se le ve que esconda intención mala alguna en sus acciones. Va con una renovada limpieza.

Hay que celebrar sin duda que el jugador del que he visto más idas de cabeza agresivas en un campo de fútbol -a la par con un maestro premeditado como Roy Keane- cambie de actitud de repente. Sin embargo, lo que no puede pretender ahora es dar lecciones a los demás. Estamos hablando de un central que pateó la espalda de un rival, Javier Casquero, tras hacerle penalti. No parece digno que de golpe y porrazo tenga el poco decoro de echar en cara a otros compañeros que vayan al límite cuando ninguna de sus entradas se acerca ni por asomo a la colección que él exhibió en el carrusel de clásicos de la temporada pasada -bueno, la de Perea a Cristiano quiere imitarlo pero no llega-. Todas esas patadas -y algunas de las que dio ante el Olympique de Lyon en cuartos de Champions afilando los dientes de cara al Barça- eran propias de partidos de no federados y podrían tener cabida en un manual en el que cualquier central con bigote, de los antiguos, haría con orgullo el prólogo. Aún así ha tenido suerte y no ha lesionado a nadie de gravedad.

La transformación de Pepe -no daría por segura ni la suya ni la del Madrid hasta que no pase el partido ante el Barcelona el 10 de diciembre- parece encuadrada dentro de un lavado de imagen general de la entidad blanca encabezada por Mourinho con la famosa barbacoa de hace dos meses. Con el viento a favor, ahora no hay quejas de los árbitros y el propio técnico se ha propuesto superar en descaro a su defensa central denunciando también el juego duro del Atlético. “Las espinilleras de carbono son caras pero merecen la pena“, dijo tras el partido con ironía. ¿De qué tendrá Pepe hechos los tacos que intentó marcar en en la espinilla de Alves? Es más, ¿de qué material serán las espinilleras de Messi? Interesaría saberlo, visto lo que aguantaron el año pasado.

Está bien que el Madrid se apunte al juego limpio, pero es indecente que pongan el grito en el cielo después de lo propuesto en la final de Copa del Rey y las semifinales de la Liga de Campeones. No hay que demonizar a Pepe. Desde que lo vi debutar en la ida de la Supercopa con el Sevilla en el mismo Sánchez Pizjuán me pareció un central con unas condiciones físicas y de anticipación extraordinarias al que le falta -aparte de un poco de cabeza-  moderación y que alguien le enseñe condiciones tácticas. Fernando Hierro por ejemplo le podría dar unas clases de esto último para convertirlo en un referente. Tampoco a Mourinho, al que es muy fácil hacerlo y del que es de admirar su capacidad de convencer y motivar a un grupo de veinteañeros millonarios, algunos casi sin educación, para que hagan lo que el quiere en un campo de juego. Pero les vendría bien a ambos recordar de vez en cuando que la gente tiene memoria.

Europa se queda sin los ‘jugones’

Antonio Galiano | 25 de noviembre de 2011 a las 21:04

Que bajío. Con la de días que han tenido propietarios y jugadores para llegar a un principio de acuerdo para acabar con el cierre patronal en la NBA lo hacen justo el día después de escribir yo aquí una parrafada… Bueno,  lo importante es que la competición por fin se empezará el 25 de diciembre pese a que muchos equipos de Europa se queden con las ganas de tener en sus plantillas -algunas ahora descompensadas- a los mejores jugadores del planeta. Ahora por lo menos podrán hacer una planificación real de la temporada. Sin especulaciones. Los jugones, si es que era verdad que iban a venir, no lo harán. Para recordar lo que fue y lo que pudo ser y no fue, se queda ésto -ahora ya caducado- por aquí abajo:

¿Caerán más estrellas en Europa?

El baloncesto europeo está de enhorabuena, o por lo menos sus aficionados. La salida del cierre patronal -traducción del famoso lock-out- declarado por los propietarios de las franquicias de la NBA sigue estancada y con ella el inicio de la temporada ante la falta de acuerdo con los jugadores, que han dejado el asunto en manos de los tribunales tras rechazar la última oferta del Comisionado, David Stern. Las consecuencias no se han hecho esperar: un incesante goteo de jugadores y de rumores sobre posibles fichajes han inundado los equipos europeos.

El baloncesto español está siendo, junto al turco, uno de los principales beneficiados del desacuerdo. El Real Madrid consiguió la incorporación hasta el final del cierre primero de Rudy Fernández -que se había comprometido con el vigente campeón de la NBA, Dallas Mavericks-, y luego de Serge Ibaka (Oklahoma City Thunder). Además ha flirteado con Dirk Nowitzki (Dallas Mavericks) y Amar’e Stoudemire (New York Nicks) y suena que contempla la incorporación de Dwigth Howard (Orlando Magic) y LaMarcus Aldridge (Portland Trail Blazers) para contrarrestar el posible fichaje de los hermanos Gasol por el Barcelona, con el que ambos entrenan desde octubre. Incluso se ha especulado con que Florentino ha intentado tentar a Marc, pero Pau ha asegurado que de tener que buscar equipo, tanto su hermano como él no tendrían dudas a la hora de optar por el Barça, que no se ha reforzado por ahora con ningún NBA -aunque se ha especulado con la llegada de Kevin Durant o hasta de Kobe Bryant-.

El Madrid no ha sido el único equipo español que ha aprovechado el filón para darle una alegría a los suyos. Aunque menos sonados, el Caja Laboral ha incorporado a cuatro jugadores de la mejor liga del mundo. A Reggie Williams (Golden State Warriors), Kevin Seraphin (Washington Wizards) y Joey Dorsey (Toronto Raptors)  se les ha sumado en la plantilla de Dusko Ivanovic el esloveno Goran Dragic (Houston Rockets), jugador que ya estuvo en las filas del Vasconia, pero que no llegó a jugar al pasar la temporada cedido en el Murcia.

El último desembarco EEUU-España lo ha protagonizado el brasileño Tiago Splitter  (San Antonio Spurs). El ex del antiguo Tau Cerámica quería jugar en Unicaja -donde también se ha escuchado el nombre de la estrella Paul Pierce (Boston Celtics)-, pero el equipo malagueño descartó la operación porque creyó que no saldría rentable, dejándoselo en bandeja al Valencia Basket. La Comunidad Valenciana también ha sido el destino del jugador de la NCCA elegido en el último draft por Detroit Pistons, Kyle Singler, que ha fichado por el Lucentum Alicante.

La mayoría de los llegados hasta ahora son europeos, pero pese al desconocimiento generalizado de  los estadounidenses de la geografía europea, éstos saben que Europa no acaba en España. El único all-star que hasta ahora había aceptado jugar en el Viejo Continente es Deron Williams (New Jersey Nets). Curiosamente lo hace en el Besiktas turco, donde probó aventura Allen Iverson, y en el que compartirá vestuario con Semih Erden (Cleveland Cavaliers) y sobre todo Lamar Odom (Los Ángeles Lakers), compañero de Paul Gasol, dos veces campeón de la NBA y campeón del mundo con Estados Unidos. El neoyorquino percibirá dos millones de euros y podrá abandonar el equipo si se desbloquea el lok-out, toda una ganga. Y todo esto lo consigue el Besiktas a pesar de no jugar la Euroliga, de que no ha ganado nunca un título europeo y de que tuvo problemas para pagar algunos sueldos la pasada temporada. Cuanto menos extraño. En Turquía también jugarán el suizo Thabo Sefolosha (Oklahoma City Thunder) y el turco Mehmet Okur (Utah Jazz) lo hará en el Turk Telekom de Ankara.

En Francia, no se sabe si se lo han montado mejor los clubes o los jugadores. ¿Qué más da que da lo mismo? Tony Parker (San Antonio Spurs)  está jugando en el equipo en el que se formó y del que ahora es propietario, el Asvel Villeurbanne, cobrando el salario mínimo. Parece un esfuerzo si no se contempla el beneficio de marketing que generará para su club y que no estará parado. Algo parecido le ocurre a Boris Diaw (Charlotte Bobcats), que milita en un equipo de segunda división del que también es propietario y presidente, el Burdeos. La excepción es Nicolas Batum (Portland Trail Blazers), que se ha decidido por el Sluc Nancy, que juega la Euroliga.

Tampoco le va mal a Andrei Kirilenko en Rusia, que ha vuelto al CSKA de Moscú. Le ha venido como anillo al dedo el parón para regresar a su tierra tras años intentando salir de la NBA. Ty Lawson (Denver Nuggets), y Sonny Weems (Toronto Raptor) han recalado en el Zalgiris lituano. El ex compañero de Calderón Tj Ford (Indiana Pacers), en el Zagreb, y el ex laker Jordan Farmar (New Jersey Nets), en Maccabi Tel Aviv, también forman parte de la lista de singulares emigrantes.

¿Pero llegará alguna superestrella de verdad aparte de Odom o Deron? Parece una situación complicada, sobre todo para los clubes. Gasol alegó para descartar jugar en el Barcelona hasta el final del lock-out que la marcha de un jugador de sus características a mitad de temporada dejaría herido el proyecto deportivo y económico. Pero hay más. Para empezar, lo más arriesgado es que casi todos los jugadores  exigen mucho y el compromiso es mínimo. Rechazan una cláusula de penalización en caso de estampida pero piden contratos con cantidades muy elevadas que pueden hipotecar a un equipo sin disfrutar de ellos más de dos meses. Y aparte del sobrecoste del contrato habría que asumir el pago de un seguro para cubrir una posible lesión. El seguro de una superestrella de más de 60 millones de dólares de caché -eso es lo que cobra Pau Gasol, por ejemplo- puede costar entre cuatro a siete millones de euros. También está la opción improbable de que un all-star se ofrezca a fichar sin seguro y jugársela por un cierre patronal que durará como mucho una temporada… Con esta gente nunca se sabe, pero parece demasiado atrevido para no haber nada seguro todavía.

El precedente más claro de este peligro es el de Vlade Divac y el Estrella Roja. En el cierre patronal de 1998, que obligó a  reducir a 50 partidos la temporada regular, fue la única estrella que aceptó jugar en otro equipo mientras que no se solucionaba el asunto. El resultado: cuando se desbloqueó todo volvió a Estados Unidos pese a lo astronómico de su fichaje y dejó maltrecho económicamente al club, que estuvo al borde de la bancarrota. Un claro aviso a navegantes que no vayan en yates de lujo.

Pese a todos estos condicionantes, en una competición jugada por tantos excéntricos, no extraña que algunos no les importe mucho el parón y aprovechen para hacer aquello que siempre quisieron hacer.  Este parece el caso de Nate Robinson (Oklahoma City Thunder), que ha decidido retomar un deporte que ya practicaba en la universidad. Kriptonita pasa el lock-out entrenando con un equipo de fútbol americano -un deporte poco peligroso desde luego, por el rollo del seguro- para cumplir su sueño de jugar en la NFL. Otro que tal baila es Andrew Bynum (Los Ángeles Lakers), que  está siendo adiestrado por uno de los mejores entrenadores de boxeo del mundo,  Freddie Roach, que ha tenido bajo sus órdenes a púgiles como Julio César Chávez. Más tranquilo se lo están tomando una de las sensaciones de la temporada pasada, Blake Griffin (Los Ángeles Clippers), que prueba como humorista en el programa televisivo Funny Or Die o Wilson Chandler (New York Nicks), JR Smith (Denver Nuggets) o Kenyon Martin (Denver Nuggets), que se han ido hasta a China a jugar.

Llegue quien llegue, por ahora todo es provisional. Lo prioritario es que haya temporada, pero, de no haberlo, nos tendremos que conformar con ver parte del  espectáculo en horario normal y de cerca. Que pena que la NBA se estropee por lo que Derrick Rose (Chicago Bulls) bien ha llamado “una discusión de millonarios”.

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La desteñida imagen de Cesc

Antonio Galiano | 11 de noviembre de 2011 a las 23:05

No soy padre, pero si tuviera una hija, creo que cuando llegara el inevitable momento de aguantar a un yerno querría tener uno tipo Cesc. Guapete, rico, famoso, excepcional jugador, educado, parece que buen tío… Lo que ocurre es que esa imagen semiperfecta que llegaba a España desde Londres ha empezado a desteñirse en sólo dos meses de estancia en la Liga.

El Fábregas inglés era visto como todo un gentleman al más puro estilo Xavi. Líder inteligente, intachable en las formas y encima puesto a punto en un fútbol tan aparentemente honesto como el inglés. Pero si sus características futbolísticas por ahora no pueden ser cuestionadas aquí, su comportamiento sí.

Antes de fichar por el Barcelona sólo le conozco dos salidas de tono, y ambas fueron a golpe de salivazo. La primera cuando le escupió a Ballack en la cara en un partido de  Champions en 2005. El jugador por entonces todavía del Bayern Munich caía al suelo y el español -todavía muy joven y con el 14 de Cruyff a la espalda- se acercó por detrás al alemán, pegó su cara a la suya  fingiendo decirle algo y le soltó un salivajo en toda regla al que dos años después ganaría en la final de la Eurocopa. Sólo se llevó una amarilla.

En el otro incidente fue sólo cómplice, pero el jugador maduro que teníamos en mente empezó a emanar cierto tufillo a niñato. Es una acción sin mayor importancia, pero que dice mucho. Durante la celebración del Mundial, en el autobús descapotable, Cesc se acercó Piqué, le dijo algo y, acto seguido, el central le escupió al ex presidente del Valencia y miembro de la federación Pedro Cortés. Luego ambos se rieron como dos niños mientras el hombre se giraba al sentir el impacto. Una tontería de chiquillos que no puede ser tenida en cuenta en un momento de euforia, pero un detalle que tampoco puede pasar desapercibido para corroborar que de vez en cuando Fábregas rompe un plato.

Chiquilladas al margen, Cesc se ha convertido en el jugador más polémico de una plantilla caracterizada por todo lo contrario. Un polémico light -lógicamente no es Hristo Stoichkov-, pero está dando carnaza a prensa y aficionados. El jugador se ha convertido en objetivo de las cámaras a partir sobre todo de un encontronazo con Kanouté. Fue un caso curioso, porque debido a incuestionable deportividad y calma del malí -al que desde su llegada a España no le recuerdo ninguna agresión excepto ésta-, se dudó desde el principio del catalán. Eso originó que se especulara en las redes sociales con un algún tipo de insulto racista como único detonante para sacar al sevillista de su sitio. Luego ambos solucionaron el problema, pero la sombra sobre lo que le espetó el jugador del Barcelona ha quedado ahí. La televisión captó todo lo que se dijo en la jugada excepto lo que dijo Cesc.

Cuando todo esto parecía olvidado, en menos de tres semanas se ha visto envuelto en otra controversia que sugiere una actitud prepotente. Se trata de lo que le dijo -aunque no se sabe el contexto en el que lo hizo- a un jugador del Hospitalet FC, un equipo de Segunda B,  en el partido de la Copa del Rey. Las cámaras de Cuatro recogieron  cómo uno de los rivales comentaba en el banquillo que el azulgrana le había dicho durante el partido, tras una falta, algo así como “¿De qué os quejais? Si sois de Segunda B”. Seguramente querría decir que no se quejaran de una patada porque a esa categoría la identifica la leña que se reparte, que no es mentira, pero recordarle a alguien que está por debajo tuya no es un detalle de buen gusto. Otro borrón para su figura.

Personalmente, creo que sólo son salidas de madre del jugador que está llamado a ser la pieza clave del futuro de la selección y el Barcelona, pero, con la inestimable participación de la prensa, su imagen -hasta ahora todo un ejemplo- puede verse dañada. Para el aficionado desconfiado ha podido pasar de ser el gran capitán del Arsenal -el más joven de la historia en serlo por cierto- que nunca ha discutido su suplencia en la selección española a un prepotente y racista. Sería una pena que algunos comenzaran a concebir así al jugador que ha participado en los dos momentos más importantes de la historia del fútbol de este país -al menos para mí-: el gol de penalti a Italia en los cuartos de la Eurocopa 2008 y el pase que dejó a Iniesta sólo para darnos el Mundial en 2010. Hay que darle un voto de confianza, pero que se relaje y se modere.

Kukleta, el Winston y la triple ‘K’

Jesús Ollero | 27 de octubre de 2011 a las 11:13

Roman Kukleta, ex delantero del Betis fallecido repentinamente a los 46 años, era un futbolista de cierto renombre en la última etapa de la extinta Checoslovaquia. La era Lopera escribía sus primeras líneas. A punto de tomar el mando del club, ya dirigía en la sombra y ‘financiaba’ operaciones. Entonces, finales de 1991, traer un futbolista del Este no era ninguna broma. Para un deportista del bloque comunista, pasar a Occidente tampoco. Kukleta fue el primer fichaje de Lopera y el inicio de una triple K de fracasos loperianos. Luego vendrían Kasumov y Kowalczyk, “número 1 jugador de Polonia”. Con el soviétivo, luego azerí, Kukleta llegó a coincidir. A cualquiera más cachondeable, dicho desde el cariño y desde la ventaja de haberles visto jugar (o sea, a posteriori, porque en su momento generaron la expectación propia de una sociedad sin fútbol por parabólica ni por canales temáticos).

Ese Betis era más checo que otra cosa. Michal Bilek (actual seleccionador) y Alois Grussmann figuraban también a las órdenes de Josef Jarabinsky. Lopera llegó a decir que Kukleta se preocupaba más por fumar que por el fútbol. El delantero fumaba. Mucho. Muchísimo. Lo sabía bastante gente. Quizás no tanta sepa que, en aquella Sevilla de la Expo, Kukleta fumaba un paquete largo de Winston de ‘estrangis’ y que no fue capaz de superar una simple ergometría (prueba de esfuerzo). La superaron todos los miembros de la plantilla, alguno con cierta dificultad, menos él. Eran otros tiempo. El fútbol no era tan físico. Su tabaquismo le ahogaba.

Fue un Betis de transición entre el que arrastraba la decadencia de finales de los 80 y el pujante Betis canterano de Serra Ferrer. Gordillo apuraba su fútbol y Pepe Mel, actual técnico, era el delantero de referencia el año que llegó Kukleta. Merino, Ureña, Cañas, Cuéllar, Márquez… La base del Betis tercero en Primera poco después.

Jarabinsky no acabó su primer año. Bilek, que llegó un año antes, y Grussmann tampoco siguieron. Kukleta esperó fumando el momento de marcharse, no sin antes acariciar la gloria bética con un gol anulado en la promoción ante el Deportivo de Arsenio, Fran, José Ramón y Kiriakov, uno de los máximos responsables junto a un pésimo arbitraje en Riazor de que el Betis tardara en volver a Primera. “¡Mierda!”, comentó el propio Kukleta cuando el último descenso.

Resumen del Barcelona-Sparta de Praga (27/11/1991), liguilla de cuartos de final. Kukleta recibe la falta de Guillermo Amor que le cuesta la expulsión. El Barcelona fue campeón de Europa esa temporada.

Imágenes de Roman Kukleta en una entrevista de julio de 2010, en checo.