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Memoria a medio plazo

Antonio Galiano | 8 de diciembre de 2011 a las 19:35

Dicen que el fútbol no tiene memoria, pero al Real Madrid le conviene tenerla a corto y a medio plazo. Ha pasado poco más de un año desde el primer Barcelona-Madrid de la era José Mourinho y parece que muchos aficionados blancos -nublados por una racha de 15 victorias seguidas y el liderato de la Liga- no recuerdan lo que ocurrió en el Camp Nou entonces o ni siquiera hace cuatro meses, cuando su equipo fue derrotado por el conjunto de Pep Guardiola todavía en rodaje.

Al igual que en noviembre de 2010, la cantinela es la misma: el Madrid llega en su mejor forma posible al clásico tras golear a todo lo que se le pone por delante; Cristiano Ronaldo no sólo sigue implacable de cara a portería, sino que ha ganado en generosidad; Ángel Di María está intratable; Karim Benzema y Kaká han sido recuperados para la causa; a Iker Casillas casi ni le tiran etc… Pero las lecciones más recientes demuestran que nada se puede evaluar hasta que llegan el Barça y Messi. Esa historia de los últimos siete partidos, por intensa e inédita, enturbia la precedente, en la que algo ha pasado casi desapercibido porque, simplemente, parece imposible que se repita.

Antes del 29 de noviembre pasado, la última humillación en forma de manita del Barcelona al Madrid fue en la temporada 1993/94.  Se trata del encuentro en el que Romario dejó retratada a la defensa madridista con un hat-trick y castigó a Rafael Alkorta para el resto de la eternidad con un regate desconocido hasta entonces: la cola de vaca. Ronald Koeman e Iván completaron la goleada que culminó la obra del  Dream Team, que esa temporada cerró un ciclo con su quinta Liga consecutiva ante un Madrid atormentado entre cambios de entrenadores y jugadores.

¿Pero qué pasó al año siguiente? Pues que un equipo madridista renovado a las órdenes de Jorge Valdano -cosas de la vida-, con un ex barcelonista como Michael Laudrup en sus filas, no tardó en curar el orgullo blanco con una goleada similar a la recibida el año anterior. Iván Zamorano -salvando las distancias- emuló a Romario con tres goles, José Emilio Amavisca marcó otro y Luis Enrique -cosas de la vida parte II- se encargó de apuntillar a un Barça decadente dirigido por Guardiola -cosas de la vida parte III-, al que Johan Cruyff sustituyó por Miguel Ángel Nadal al terminar la primera mitad. Todo un ejemplo de las vueltas que da el fútbol.

Todo esto es un simple antecedente que es curioso recordar. Un madridista tiene que tener mucha moral para pensar que la historia se puede reeditar. Más o menos la misma que un barcelonista que el año pasado apostara a que su equipo iba a infrigir un 5-0 a un Real Madrid comandado por Mourinho con un potencial de jugadores descomunal.

Ni que decir tiene que las circunstancias de ambos equipos no son las mimas que a mitad de los noventa. Los récords de los dos -principalmente del Barcelona- certifican que están en uno de los mejores momentos de su historia -si no el mejor-. Pero si algo caracteriza a este deporte -véase el ejemplo de la última jornada de la Liga de Campeones- es porque da cabida a cosas raras. Si fuera Sandro Rosell o Florentino Pérez, contrataría el sábado a Laudrup aunque fuera de delegado de campo. El que se retirara sin el Balón de Oro es el único que ha vivido la goleada en ambos bandos. Es talismán.

A hacer puñetas el modelo

Jesús Ollero | 30 de noviembre de 2010 a las 12:04

campnou

Semanas de incesantes análisis, discursos grandilocuentes por parte y parte, bravatas y demás, y al final sólo un equipo en uno de los Barcelona-Real Madrid más desiguales que recuerdo, cuando se esperaba justo lo contrario. Sin buscar culpables, porque en este tipo de situaciones se cometen serias injusticias señalando a unos o a otros, entiendo que Mourinho ha sucumbido en cierta medida a los empalagosos elogios de la prensa madrileña-madridista olvidando las dos formas básicas de encarar el potencial del Barcelona.

La baja de Higuaín, indudablemente, trastoca toda la forma de jugar del Madrid y posiblemente imposibilita una presión eficaz arriba. No es Özil el elemento que mejor siga la presión que ha vestido de blanco, que digamos, y Cristiano Ronaldo bajó los brazos muy pronto viendo que Benzema no le seguía y que Di María estaba muy hipotecado con Alves.

Introducir a Benzema en lugar de a un centrocampista fuerte y físicamente espectacular como Lass Diarra fue el principio del fin del Madrid. Guardiola fue fiel a sí mismo. Mourinho lo fue al Madrid de esta temporada, pero no a Mourinho. Con Lass habría obtenido igualdad de número por el centro y mayor capacidad para controlar a Xavi, muy cómodo con Busquets e Iniesta cuando Xabi Alonso sólo tiene cerca a Khedira y la salida de balón del alemán parece insuficiente.

Si la presión adelantada es poco viable, al menos aguantar el tipo en el centro del campo. Esa premisa no se dio y Mourinho tampoco quiso cargarse a Özil o Benzema con un cambio que a los veinte minutos, con 2-0, era un clamor. El Barcelona estuvo siempre comodísimo y cualquier intento por apoyar la sangría por el centro se convertía en un pase abierto para buscar la espalda, amplísima, de Sergio Ramos y de Marcelo.

Conste que hablar después de lo que se ha visto tiene poco valor y que es posible que Mourinho sea capaz de convertir este palo en un punto de rebote. El Barcelona es el equipo más brillante del fútbol moderno (entiéndase el inicio del fútbol moderno en el Milan de Sacchi) y pocos han conseguido frenarle. Mourinho ya lo hizo. Pero no así. Quiso hacerlo como se espera que lo haga el Madrid en lugar de hacerlo como se espera que lo haga Mourinho.

El Barcelona tuvo el viento de cara en momentos clave –los dos primeros goles no son razonables a este nivel, puede haber penalti a CR7 con 2-0, Villa sentencia en posición dudosa…– pero era cuestión de tiempo que derribara al oponente y que lo hiciera con contundencia. Es evidente que el nivel futbolístico azulgrana es superior, pero la capacidad de equilibrar defensa y ataque del Madrid le situaba en un estadio parejo. Si el ataque no funciona porque no se huele el balón y se defiende adelantado sin guardar la línea, el resultado es el duelo más descafeinado de los últimos años: busquen una cita de este porte que estuviera resuelta en veinte minutos.

“Es una derrota muy fácil de digerir”, dijo Mourinho. No creo que el madridismo piense eso, ni el barcelonismo tampoco. “Si ganamos, mañana será martes; si perdemos, mañana será martes”, señaló la víspera. Vaya martes… Guardiola, a lo suyo, habló de cantera y de humildad, elogió al Madrid y vaticinó una Liga apretada hasta el final. Mourinho miró hacia dentro y puede que este 5-0 tenga sus consecuencias (Sergio Ramos, Khedira, Benzema…) Esperemos que la Liga aguante la emoción bastante más que el duelo del Camp Nou.

PD: Volvamos al título. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Lo bueno es mantener el ideario de un equipo. Ayer, lo mejor era otra cosa. A hacer puñetas el modelo, pues.

Resumen del partido

El pique con Cristiano Ronaldo por su empujón a Guardiola

El 5-0 de la temporada 93-94