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El Barça, ‘Más que un club’ (y tanto…)

Antonio Galiano | 21 de marzo de 2012 a las 3:10

¡Parece mentira que haya tardado tanto tiempo en desvelarse y que haya tenido que ser la televisión siria la primera en hacerlo! Ni Mourinho ni El Mundo lo habían visto, con lo avispados que son para las conspiraciones. En los últimos tres años, el Barcelona, gracias al ingenio de Pep Guardiola, es pieza clave en la estrategia de los servicios secretos de occidente. Lo primero y último en salir a luz sobre este tema es que la disposición de los jugadores del Barça en un Barcelona-Madrid y sus pases eran las directrices que marcaban el mapa de movimientos de los opositores de Bashar al Asad para introducir armas en Siria. Estaba claro. Pique para Busquets, éste para Iniesta y éste para Xavi. Messi recibe en la derecha, sortea por su izquierda, dispara y… ¡Uy!, la metralleta fuera por poco.

Pero antes de que estos genios de la televisión siria se percataran, el Barça ya había intervenido con impecable disimulo en misiones que tuvieron desenlaces exitosos. El pasado octubre, sin ir más lejos, un partido sin aparentemente mayor trascendencia, el Barcelona-Racing de Santander, sirvió para dar las últimas instrucciones de cómo tendría que ejecutarse un plan trazado por la inteligencia francesa junto a la CIA y el M16 para la OTAN. Se trataba de Muanmar el Gadafi. Sí, Gadafi. Había sido localizado por fin en Libia, pero había dificultades  para trasladar la información al comando elegido para ejecutar la misión, cuyas comunicaciones podían ser pinchadas por el régimen. Y se recurrió, como no, al Barça.

Guardiola tuvo que ingeniárselas primero en cómo transmitir el nombre de la ciudad en la que estaba oculto Gadafi, Sirte. Se barajaron varias opciones, entre ellas que saltara el archiconocido Jimmy Jump al campo con el nombre en el gorro, pero era demasiado arriesgado y se desechó. Un mosaico o un patrocinio en la camiseta también eran muy descarados y se descartaron. Finalmente, el cifrado para hacer saber la ciudad fue que las dos primeras letras del nombre de la misma coincidirían con las dos últimas del jugador culé que hiciera más goles ese día. Fue MesSI, con dos tantos. En caso de que el argentino fallara, Daniel Alves y Abidal bailarían la canción brasileña Ai SIRTE pego, el tema de moda al que el locutor renombraría así para dejarlo todo claro de una vez, pero no hizo falta.

Una vez revelada la localización, el segundo paso era describir cual era el plan. Aquí hubo menos dudas. Guardiola ordenó a Abidal que fingiera una lesión en el minuto nueve para cambiarlo. El origen del lateral izquierdo y el minuto de su relevo sirvieron para marcar qué aviación bombardearía al convoy en el que el líder libio trataba de huir al desierto y la hora a la que saldría, las 9:00. Para concretar la cantidad de vehículos que compondrían la caravana, Guardiola quedó en que su equipo marcaría el segundo gol en el minuto 25 para concretarlo. La cosa se retrasó y Xavi anotó en el 28. Se recurrió entonces a un Plan B. La cifra coincidiría con las dos últimas cifras del número oficial de espectadores que acudieron al campo, que ese día se fijó manipulado en el 82.225.

El desarrollo del partido marcaría la táctica de la operación. La habitual en el Barcelona: bombardeo al principio y luego los rebeldes (encarnados en el césped por el descaro de Iniesta, Xavi, Thiago, Villa, Pedro y Messi) se encargarían de dar la puntilla al Racing y la milicia libia al dictador. Y así fue. Misión complete, tal y como se había trazado en el cesped del Camp Nou. Ahora sólo faltaba el ok del futbolista del Arsenal Ramsey, que dio el visto bueno el día antes de la operación con un gol. Brillante..

¿Y qué gana el Barcelona con todo ésto? Pues como ha dicho alguna vez su entrenador, no todo en la vida es fútbol. Hasta el slogan del club lo dice: Mes que un club. Se rumorea que la UE y EEUU le han prometido la independencia de Cataluña a espaldas de España. Eso sí, condición indispensable es que el país fuera una república y se llamara FC Barcelona. Guardiola sería su presidente, Rosell el primer ministro y la religión oficial el Messianismo. Otro día contaremos el papel que jugó en  la muerte de Ben Laden. De verdad, que lástima que el ingenio catalán sólo lo aprecien los sirios.

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Cansado de Képler

Antonio Galiano | 24 de enero de 2012 a las 18:40

Pepe. Seguramente uno de los nombres más comunes que se escuchan en la vida diaria de cualquier español. ¿Quién no tiene un familiar Pepe, amigo Pepe o conocido Pepe? Pues ahora también hay que oír y leer el dichoso nombre ya martilleante en todos los medios bajo hasta llegar a aborrecerlo.

El pisotón con premeditación que Képler Laveran Lima Ferreira -su nombre real, por el que le voy a llamar de aquí hacia abajo, para no saturar más- plantó en la mano de Lionel Messi cuando éste yacía en el césped tras una falta ha sido el tema que ha acaparado la larga resaca de la ida del Real Madrid-Barcelona de la Copa del Rey. Primero con el debate sobre si el Real Madrid debería sancionarlo de forma interna; luego por su poca creíble disculpa alegando que fue inintencionada; y ahora sobre si debe ser alineado en el Camp Nou por su entrenador, compatriota y defensor acérrimo, José Mourinho.

Lo que opino de Képler ya lo expuse no hace mucho tiempo en otro artículo en el que me sorprendía su falta de fechorías en el arranque de la temporada. Un jugador de condiciones defensivas innegables, por su rapidez y anticipación, con cierta carencia táctica y proclive a la locura transitoria, pero recuperable. Ahora, vista su continua reincidencia en acciones violentas, de verdad parece que ya no tiene remedio, ni con Mourinho ni sin él.

Porque sólo un certificado que dijera que de vez en cuando pierde el juicio explicaría que un jugador vuelva a jugarse la roja sin miramientos en un partido de tal importancia. No sólo con el juego al límite, sino también con agresiones que las cámaras nunca dejan pasar. Alguien debería decirle, primero, que ese tipo de juego sucio da asco. Y segundo, que ésta ya no es la época de los temibles centrales con bigote, en la que el número de cámaras que se utilizaba en la retransmisión de un partido no abarcaba a veces ese tipo de acciones. Lo que se hace ahora, el ojo lo acaba viendo gracias al objetivo.

Dejando la salud mental de Képler al margen, no se le ve mucho sentido a la polémica de si debe jugar o no en el Camp Nou. Si yo fuera Mourinho, no le pondría a menos que le practicara una reprogramación de urgencia, pero no será ésta la opción por la que se decidirá el entrenador, considerando lo que le gusta provocar y que no se fía de Rafael Varane ni de Raúl Albiol y que Ricardo Carvalho está para el arrastre -el que no cometiera fallos garrafales en la ida no esconde que Ramos tuvo que multiplicar sus esfuerzos para tapar la lentitud de su compañero-. Si está bien físicamente, y como ha declarado el técnico, Képler jugará pese al riesgo añadido de que se encuentre un ambiente como el que recibió a su compatriota Luis Figo en su vuelta al Camp Nou y acabe de volverse majara de remate.

Tampoco se puede dejar escapar que es cierto, como se ha encargado de recordar la prensa madridista, que el Barcelona no castigó a Hristo Stoichkov cuando pisó al árbitro Urizar Azpitarte y creyó a Busquets cuando negó que hubiera llamado a Marcelo “Mono” la temporada pasada. Si no está sancionado, Mourinho también está en su derecho de excusar y utilizar a su jugador si le hace falta, aunque no se crea la explicación ni él.

El mayor problema de todo esto es que no se debía haber llegado al último debate. ¿Cómo un comité, con las imágenes en la mano, no actúa de oficio y corta este tipo de conducta violenta de raíz sancionándolo? Y es que tiene razón Sandro Rosell cuando compara -salvando las distancias de la gravedad- el caso de Képler con el de Balotelli, que será castigado con cuatro partidos por pisar la cabeza de Parker, del Tottenham. El jugador no vio ni amarilla y ahora será sancionado. Es lo normal. Sólo con un castigo ejemplarizante así, quizás la próxima vez el futbolista luso se piense dos veces hacer de las suyas. O no. Por su pateo a la espalda de Casquero le cayeron diez partidos y parece que eso no le hizo aprender la lección. Lo que decía, Pepe-Képler, una misión imposible.

Urdangarín, para bien y para mal

Antonio Galiano | 21 de diciembre de 2011 a las 14:13

Seis copas de Europa, dos recopas, cuatro supercopas de Europa, diez ligas Asobal, siete copas del Rey, nueve supercopas de España, tres copas Asobal y 11 ligas catalanas de Balonmano. Este es el palmarés con el FC Barcelona de balonmano de Iñaki Urdangarín, esposo de la infanta Elena, durante 14 años de carrera deportiva.

En esa etapa, también logró con la selección española un tercer puesto en un Europeo y dos medallas de bronce en las olimpiadas de Atlanta 1996 y Sídney 2000, año en el que se retiró. Estamos por lo tanto entonces ante uno de los mejores jugadores de la historia del balonmano español. Pero todos estos méritos y metales ahora han quedado manchados por su implicación en una trama de corrupción derivada del caso Palma Arena, en la que podría haberse valido de su posición en la Familia Real para conseguir contratos y enriquecerse a costa de una organización sin ánimo de lucro, el Instituto Noos. La cosa es más que gorda, en lo judicial y en lo moral.

La deportividad del jugador zurdo nunca fue discutida, pero su honestidad ahora parece más que entredicho. Hasta el punto que la Casa del Rey ha cortado por lo sano y da decidido apartarlo de los actos oficiales de la Familia Real por tener “una conducta poco ejemplar” en sus actividades empresariales. Es más, hasta el Museo de Cera, al igual que hiciera con Jaime de Marichalar cuando se divorció de la infanta Elena, ha separado a Urdangarín de la Familia Real en sus instalaciones y lo ha derivado a la parte deportiva (Marichalar fue trasladado a la taurina, aunque algún humorista afirma haberlo visto como maquinista de un tren en el Museo de Ferrocarriles junto a Sadam Husein…), pero no vestido de deportista, sino con ropa normal observando a los Pau Gasol, Casillas, Jordan y compañía.

Al igual que se ha convertido en un personaje incómodo para una institución como la Casa Real, también comienza a despertar picores en el FC Barcelona, uno de los clubes que mejores valores irradia en la actualidad. El vasco no es un jugador que haya pasado precisamente de largo en la historia del club. Señal de ello es que el Barça retiró la camiseta con su dorsal, el 7,  para rendirle homenaje cuando dejó del deporte y es socio y miembro del Patronato de la fundación del club.

El portavoz del Barcelona, Toni Freixa, dijo en unas declaraciones radiofónicas cuando el jugador fue apartado de la Familia Real que ellos -al más puro estilo PP- iban a respetar la presunción de inocencia del duque de Palma. Por lo tanto se puede deducir que si no es condenado no tomarán medidas para retirarle sus honores. Uno de los vicepresidentes del club, Carles Villarubí, también descarta que se retire la camiseta gigante del jugador que cuelga en el Palau junto a las de Joan Sagalés, Óscar Grau y Enric Masip. “No hay que mezclar unas cosas con otras”, sostiene, pero en cuestiones de imagen, poco importa la deportividad.

Lo que ocurre en el Barcelona es que, al contrario que la Casa Real, el club era el principal beneficiado de la relación del jugador con la institución por su destacada posición social. Para el equipo catalán, era un filón contar con el yerno del Rey -pese a su halo catalanista- entre sus principales embajadores. Ahora todo es se le ha vuelto en contra. Podría tener colgada del Palau la elástica de un posible futuro condenado por corrupción, sin contar con que su puesto relevante en el Fundación FC Barcelona, de características más o menos  similares al Instituto Noos, despierta suspicacias.

Pase lo que pase, no parece muy probable que el Barcelona aguante todo el proceso sin tomar medidas ni siquiera temporales. El bombardeo de información y los chistes – vean si no la portada de El Jueves- es continuo y su imagen podría verse afectada, sobre todo la de la fundación. Lo que no sé cuanto de justo es quitarle el mérito la retirada de su camiseta. Independiente de lo que haya hecho luego, se ganó ese reconocimiento en el parqué y eso no se lo debería arrebatar nadie. Por sucio que sea lo que presuntamente haya hecho. Lo justo sería que el que se benefició de su imagen en momentos de bonanza, ahora apechugue, pero eso está por ver.

Cosas de Cristiano

Antonio Galiano | 14 de diciembre de 2011 a las 18:40

Tan incuestionable es la potencia y calidad futbolística de Cristiano Ronaldo como la poca simpatía que despiertan algunos de sus gestos o actitudes. Normalmente, no pasan más de dos semanas sin que una polémica afecte a la estrella portuguesa del Real Madrid. También es cierto que para ello hay que estar constantemente en el punto de mira, pero también hay mucha gente en el objetivo a los que nadie encuentra nada que achacarle. Esta temporada ya ha sido protagonista por el “será porque soy guapo, rico y un gran futbolista el que me tienen envidia”; un par de peinetas, en Santander y Bosnia; llamar anormales a los que vitorean el nombre de Lionel Messi para provocarle; va a una fiesta de la jet set y ni siquiera saluda a la anfitriona ni a sus compañeros de mesa… Por si no tenía bastante, ha aprovechado también su excursión a Ponferrada para seguir prodigando su buena imagen.

Primero antes de empezar el partido. Al llegar al campo, una aficionada se saltó el cordón de seguridad y trató de abalanzarse sobre él. El susto se lo llevó, aunque la chica no llegó ni siquiera a tocarle. Pero la mirada que Ronaldo le dedicó a la osada mientras era placada y él se alejaba no tiene desperdicio. El jugador volvió la cara y se mantuvo desafiante pese a no pararse y darse cuenta aparentemente de que era una mujer la que estaba siendo reducida con contundencia. Luego se adentró en el estadio.

Lógicamente, hay que tener cuenta que existe mucho loco suelto y el miedo al fanatismo de este tipo de ídolos, tan queridos como odiados, para entender en parte su reacción. Que conste que digo que lo entiendo y que, en esa situación, lo mejor es tirar hacia delante para evitar que haya más problemas. Aunque hay que reconocer también que no es el primero al que le pasa y que no todos lo han solventado así. Para un jugador a cuya imagen de chulo le hace tanta falta buenos detalles para lavarla -aunque él no lo crea así- era la ocasión propicia para, por lo menos, mostrar un poco de empatía hacia una persona que sólo se conformaría con tocarle un brazo. Y en lugar de eso, esboza una mirada asesina que sigue sirviendo de pretexto a los que se regocijan comparando su chulería y prepotencia con la humildad generalizada del Barcelona.

En León también dejó claro su disgusto con que se le haya señalado desde algunos focos de la prensa y aficionados por la última derrota en el Madrid-Barça. Si no, no se explica la cara larga que tuvo durante todo el partido y el que no celebrara el segundo gol del Madrid. El resultado: todos sus compañeros pendientes y volcándose con él para dejarle claro su apoyo. En lugar de haber recibido críticas parecía que se le había muerto alguien. Dio la sensación de ser un niño mimado que necesitaban una palmadita en la espalda tras un enfado.

Como jugador y profesional es difícil tener algo en contra de Cristiano. Es un ganador y lo demuestra en cada partido que juega -menos ante el Barça, ante el que sólo se ha dado una alegría en la final de la Copa del Rey-. Pese a que a él no lo importe, los principios futbolísticos no son los únicos que se valoran y hay muchos jóvenes que también toman de referencia sus actitudes, y algunas no son buenos ejemplos. Los periodistas que le conocen dicen es un chico normal, incluso tímido. Debería empezar a parecerlo también de cara a los demás.

El ejemplo de Valdés

Antonio Galiano | 12 de diciembre de 2011 a las 18:40

Pasado ya más de un día de resaca del Madrid-Barcelona, un error sangrante ha quedado en mera anécdota gracias a la victoria del Barça. Se trata del regalo de Víctor Valdés al comienzo del partido, que hizo revivir al portero azulgrana unos fantasmas que parecían olvidados bajo el mando de Pep Guardiola: sus fallos con los pies.

Es innegable que el portero del Barcelona ha experimentado un crecimiento espectacular en las últimas temporadas que le ha llevado a casi igualar la capacidad de decidir partidos de Iker Casillas. El arquero del Barça no es sólo un simple espectador de lujo del juego de su equipo, sino que participa en él tanto a ras de suelo como salvando goles. Ésto le ha convertido -gracias a la confianza brindada sobre todo por Frank Rijkaard- en el guardameta azulgrana más solido desde que Andoni Zubizarreta dejara el equipo. Podría haber sido Pepe Reina, pero a él no se le dio la oportunidad de afianzarse.

Hombres como Mariano Angoy, Carlos Busquets, Julen Lopetegui, Vitor Bahía, Francesc Arnau, Richard Dutruel, Robert Tito Bonano, el malogrado Rober Enke o Rüstü Reçbe han pasado por la meta del Camp Nou para poner a prueba los nervios y la riqueza de vocabulario banal del aficionado para insultar a un jugador propio. Sólo Ruud Hesp sirvió de parche temporal a un problema que -cómo no- se ha solucionado desde la cantera, que también propició algunos intentos fallidos.

Guardiola ha culminado la obra de Rijkaard haciendo de Valdés el portero más completo de España -que no el mejor- a base de exigencia y unos principios irrenunciables. En el juego de posesión del Barcelona, el último hombre tiene que representar una vía de escape a los defensas para evitar la presión, y el pelotazo sólo está en el manual para casos excepcionales. Es por eso que el arquero ha mejorado tanto con los pies en los últimos tres años. A veces parece que arriesga demasiado y juraría que hasta Carlos Puyol desplaza el balón en largo más veces que él. Si tiene margen, la juega. Es una seña de identidad  impuesta que no tiene que echar abajo un fallo aislado.

Esta mejora está sin embargo un poco infravalorada. No sólo es de admirar que un meta tenga más criterio con los pies que algunos centrales, sino que hay que tener en cuenta para apreciar la dimensión de su superación que Valdés había protagonizado más de un fallo de bulto en ese aspecto del juego. Lo saben bien su ahora compañero David Villa, al que le regaló dos tantos cuando jugaba en el Valencia, o Iván de la Peña, que aprovechó otro error frente al Espanyol. Pese a ésto, Valdés ha perdido el miedo a jugar con los pies habitualmente y es capaz de reponerse valientemente a un error en todo un clásico en vez de optar por lo fácil, como resaltó Guardiola al término del partido.

El meta del Barça debería ser un ejemplo para Casillas en este ámbito. Es otro detalle de la diferencia de la apuesta futbolística del Barcelona y el Madrid que ha quedado patente después del sábado. La muestra más reciente de la torpeza con los pies del capitán del Real Madrid y la selección española es que empañó su récord de internacionalidades en el amistoso frente a Costa Rica, equipo al que puso el primer gol en bandeja al errar en un balón fácil.

Un fallo lo tiene cualquiera, pero el mejor portero de la historia de España no debería permitirse esta carencia. Más si forma parte de un equipo nacional que apuesta por el mismo juego que el Barça. Es un jugador acomodarse en mantener unas habilidades  extraordinarias. El fútbol evoluciona y los porteros ya no están sólo para parar.

Héroes y mártires

Antonio Galiano | 10 de diciembre de 2011 a las 6:00

Hristo Stoichkov, Luis Enrique, Giovanni Silva, Gerard Piqué, Víctor Valdés, Daniel Alves, Raúl, Guti, Luis Figo, Fernando Hierro, Roberto Carlos, Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Pepe, Sergio Ramos, Mourinho… Todos tienen en común que han formado o son parte del Real Madrid o el Barcelona, pero también que están o han estado entre las figuras más odiadas por una u otra afición. Algunos se lo han ganado, otros no, pero el resultado es el mismo. Han centrado las iras en el Camp Nou y el Santiago Bernabéu cuando los han visitado.

Hay que reconocer que es difícil encontrar animadversión hacia los jugadores del Barcelona actual. También porque muchos han integrado la selección que ha hecho a España campeona del mundo, no se puede concebir que a alguien le caiga mal Andrés Iniesta, Xavi  o Puyol. Pero tiene que ver más con que el Barça, auspiciado por Pep Guardiola -de imagen intachable y toda una institución en Barcelona-, se ha convertido en el ejemplo que todo entrenador de categorías inferiores debe poner a sus jugadores. Por lo general, sus futbolistas se limitan a jugar, huyen de la polémica y son deportivos. Es difícil encontrar ahí a un malo, pero se encuentra.

Por el contrario, a los ojos de cualquier persona que no le importe o no sepa de fútbol, es menos correcta -por no decir más reprochable- la actitud de algunos jugadores y el entrenador del Real Madrid. Incluso el halo de prepotencia que rodea al club desde que Florentino Pérez lo preside lo ha convertido en un equipo odiado por casi todas las aficiones de España. Si a esto se une la chulería personificada en su jugador franquicia, Cristiano Ronaldo -don me tienen envidia-, o el carácter polemista de su técnico, el cóctel no puede dar nada bueno.

Pero es muy soso odiar a un equipo entero. Siempre ha sido más fácil dirigir el punto de mira a algunos que se prestan gustosos a ese doble papel de héroe-mártir para ambas aficiones. Es sencillo identificarlos, y para tratar de encontrar algún tipo de razonamiento a su capacidad de encabronar se podrían hasta dividir en categorías abiertas:

El traidor: No hace falta explicar de qué tipo de traicioneros hablamos. Hay muchos, pero los ejemplos más claros serían Luis Figo y Luis Enrique. El luso se convirtió en el Judas culé magnificado cuando Florentino Pérez cumplió su promesa electoral y lo vistió de blanco. No era un jugador cualquiera, sino el capitán y referencia del barcelonismo. Por ello fue el que más penitencia cumplió. Los pitos ensordecedores y la lluvia de objetos que caían -cochinillo incluido- cuando se acercaba a las esquinas del Camp Nou en su primera visita no tenían precedentes. Lo de Luis Enrique fue mucho más lihgt. En el Barça rindió todo lo que no lo hizo en el Real Madrid. Y encima, se le daban bien los clásicos. El resquemor por su mala salida del equipo blanco hizo que no se cortara nunca a la hora de propugnar su barcelonismo y de celebrar los goles. Y así se ganó el cariño de su ex afición.

El provocador: No es complicado ponerles el cartel. Son los típicos que se saben en el punto de mira y les encanta encender a la afición rival, ya sea con gestos,  patadas, declaraciones… Son míticas las tanganas originadas por Stoichkov, declarado antimadridista. Es el sitio también de Roberto Carlos, Guti, Pepe, Sergio Ramos, Daniel Alves, Víctor Valdés Piqué con su manita… Apartado aparte merecería en estos momentos Cristiano Ronaldo. Su chulería y su actitud sobre el campo lo convierten en la cabeza visible de este Real Madrid. Encima es fácil de provocar. Si no que se lo digan a Guardiola, que se ganó un empujón cuando le quitó la pelota de en medio cuando fue a cogerla para sacar de banda en uno de los clásicos de la temporada pasada.

El ídolo rival: Es un jugador que puede tener alguna salida de tono, pero básicamente se dedica a jugar. Pero lo hace también, que hay que cogerle coraje. Messi o Guardiola serían el perfecto ejemplo. Hasta que el argentino pegó el pelotazo sin sentido a la afición madridista la temporada pasada, lo único que había hecho hasta entonces es coser a goles al rival y, eso sí, celebrarlo. Raúl, que nunca ha dado la nota, excepto por cuando mandó a callar al Camp Nou, puede encajar también aquí. Fernando Hierro, Rivaldo, Ronaldinho, Butragueño

La antítesis de ideales: El odiado en Barcelona por ser muy español y el crucificado en Madrid por ejemplificar el catalanismo. Raúl, Guti, Guardiola, Piqué, Sergio Ramos, Hierro, Valdés, Casillas etc… Tiene que ver mucho con lo que representan ambos clubes: el Real Madrid, la capital patria y el centralismo; el Barcelona, el federalismo y el nacionalismo catalán. Sus emblemas, por serlo, también concentran las iras.

El teatrero: Categoría de nuevo cuño originada a partir de la última batería de clásicos. Está destinada más a algunos jugadores del Barcelona que fueron señalados por fingir en los últimos Madrid-Barça. Pedrito, Alves, Busquets

El secundario protagonista por un día: El futbolista que pasa semidesapercibido para la afición rival hasta que encuentra su minuto de gloria en un clásico. Giovanni y sus cortes de manga ilustran este ejemplo.

Seguro que se queda alguno en el tintero en este breve repaso. Los que no se han quedado son los que el sábado será protagonistas. Esta vez, algunos héroes y otros mártires. Siempre que ese odio sea sano y no se caiga en el fanatismo, bienvenido sea. Aparte de, claro está, el fútbol, es lo que pone la salsa a ésto.

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El muñeco de ‘Mou’

Antonio Galiano | 9 de diciembre de 2011 a las 18:00

Si José Mourinho aprecia a Aitor Karanka, como se le ha escuchado en alguna entrevista, debe replantearse su decisión de ponerlo en el escaparate de las ruedas de prensa. No le hace ningún bien a su segundo entrenador tirándolo al ruedo ante los periodistas. Y al ex jugador, aunque trate de emular la contundencia de su jefe, se le nota fuera de lugar.

Lo que en la vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones parecía fruto del mosqueo del luso se ha convertido en un recurso habitual. A Karanka se le ve que lo pasa mal. No está acostumbrado a los focos. Delante de la prensa, más que un mensajero -como se ha autodenominado- parece un mero muñeco al que da voz su ventrílocuo. Incluso intenta asimilar la mala leche de su jefe con la dignidad que puede -“Llevo más de 30 comparecencias y ya he contestado a esa pregunta en muchas de ellas”, ha dicho al ser preguntado por qué no ha salido Mou-. Pero se le ve nervioso, y el periodista lo huele.

El problema ya no es que aparezca para dar la cara que tiene que dar otro, sino que tiene explicar las decisiones que son exclusivamente de ese otro. Este viernes ha tenido que defender que el equipo no será más conservador por optar por un 4-3-3 -el famoso trivote-, esquema que ha confirmado para el partido ante el Barcelona. Dice Mourinho, en voz de su segundo, que el equipo saldrá a atacar pese a apostar por dos centrocampistas de corte defensivo -presumiblemente Sami Khedira y Lass Diarra- acompañando a Xabi Alonso, dibujo que ya ensayó en Mestalla ante el Valencia (2-3). Pese a lo que diga, no cabe duda de que el Real Madrid será mucho más precavido que habitualmente y ha vuelto a abrazar el respeto que parecía haberle perdido al Barcelona en la Supercopa, donde jugó la dupla Alonso y Khedira tanto en la ida como en la vuelta.

La justificación utilizada para usar tal esquema no parece muy convincente. Karanka se ampara en que este clásico es un partido en “circunstancias normales”, no una eliminatoria o una final, y que ahora saben “cómo quieren jugar”. Tampoco ha parecido creíble cuando ha dicho que el encuentro “era un partido más”, recurso habitual en el manual de Mourinho -llegó a decir que el 5-0 era fácil de digerir-, y ha acabado cediendo al admitir que es un “partido diferente”. Si es uno más, como dijo Mourinho días atrás, ¿por qué sale Karanka a la rueda de prensa?

Pues la excusa utilizada anteriormente para exponer a Karanka era que evitaba hablar para no ser sancionado por hacerlo con claridad, como mantiene que le pasó cuando acusó al Barcelona de ser el beneficiario de un complot de la UEFA. La verdad, parece que le gusta llamar la atención con su ausencia para romper la normalidad precedente a un partido. No se concibe que se esconda por miedo a decir algo que no debe. Porque Mourinho no es tonto y sabe morderse la lengua, tal y como hizo cuando compareció tras el incidente del dedazo con Tito Vilanova al final de la Supercopa para intentar ridiculizarlo sin polemizar con el partido: “¿Pito?, ¿tito?, no sé de quién me hablas, no lo conozco”.

Sea cual sea el motivo, está abusando de la lealtad de Karanka y provocando que aparezca ante todos como una especie de sectáreo que defiende a escapa y espada lo que dice su líder. Y eso no está justificado. Lo que no se sabe es quién dará la rueda de prensa el sábado tras el partido. Si gana o pierde el Madrid con polémicas arbitrales, posiblemente saldrá Karanka; si cae sin discusión, aparecerá Mourinho para que no se le acuse de no dar la cara. En cualquier caso, hay que ver el lado positivo. Se puede utilizar el misterio para desempatar las porras, por ejemplo.

Memoria a medio plazo

Antonio Galiano | 8 de diciembre de 2011 a las 19:35

Dicen que el fútbol no tiene memoria, pero al Real Madrid le conviene tenerla a corto y a medio plazo. Ha pasado poco más de un año desde el primer Barcelona-Madrid de la era José Mourinho y parece que muchos aficionados blancos -nublados por una racha de 15 victorias seguidas y el liderato de la Liga- no recuerdan lo que ocurrió en el Camp Nou entonces o ni siquiera hace cuatro meses, cuando su equipo fue derrotado por el conjunto de Pep Guardiola todavía en rodaje.

Al igual que en noviembre de 2010, la cantinela es la misma: el Madrid llega en su mejor forma posible al clásico tras golear a todo lo que se le pone por delante; Cristiano Ronaldo no sólo sigue implacable de cara a portería, sino que ha ganado en generosidad; Ángel Di María está intratable; Karim Benzema y Kaká han sido recuperados para la causa; a Iker Casillas casi ni le tiran etc… Pero las lecciones más recientes demuestran que nada se puede evaluar hasta que llegan el Barça y Messi. Esa historia de los últimos siete partidos, por intensa e inédita, enturbia la precedente, en la que algo ha pasado casi desapercibido porque, simplemente, parece imposible que se repita.

Antes del 29 de noviembre pasado, la última humillación en forma de manita del Barcelona al Madrid fue en la temporada 1993/94.  Se trata del encuentro en el que Romario dejó retratada a la defensa madridista con un hat-trick y castigó a Rafael Alkorta para el resto de la eternidad con un regate desconocido hasta entonces: la cola de vaca. Ronald Koeman e Iván completaron la goleada que culminó la obra del  Dream Team, que esa temporada cerró un ciclo con su quinta Liga consecutiva ante un Madrid atormentado entre cambios de entrenadores y jugadores.

¿Pero qué pasó al año siguiente? Pues que un equipo madridista renovado a las órdenes de Jorge Valdano -cosas de la vida-, con un ex barcelonista como Michael Laudrup en sus filas, no tardó en curar el orgullo blanco con una goleada similar a la recibida el año anterior. Iván Zamorano -salvando las distancias- emuló a Romario con tres goles, José Emilio Amavisca marcó otro y Luis Enrique -cosas de la vida parte II- se encargó de apuntillar a un Barça decadente dirigido por Guardiola -cosas de la vida parte III-, al que Johan Cruyff sustituyó por Miguel Ángel Nadal al terminar la primera mitad. Todo un ejemplo de las vueltas que da el fútbol.

Todo esto es un simple antecedente que es curioso recordar. Un madridista tiene que tener mucha moral para pensar que la historia se puede reeditar. Más o menos la misma que un barcelonista que el año pasado apostara a que su equipo iba a infrigir un 5-0 a un Real Madrid comandado por Mourinho con un potencial de jugadores descomunal.

Ni que decir tiene que las circunstancias de ambos equipos no son las mimas que a mitad de los noventa. Los récords de los dos -principalmente del Barcelona- certifican que están en uno de los mejores momentos de su historia -si no el mejor-. Pero si algo caracteriza a este deporte -véase el ejemplo de la última jornada de la Liga de Campeones- es porque da cabida a cosas raras. Si fuera Sandro Rosell o Florentino Pérez, contrataría el sábado a Laudrup aunque fuera de delegado de campo. El que se retirara sin el Balón de Oro es el único que ha vivido la goleada en ambos bandos. Es talismán.

La desteñida imagen de Cesc

Antonio Galiano | 11 de noviembre de 2011 a las 23:05

No soy padre, pero si tuviera una hija, creo que cuando llegara el inevitable momento de aguantar a un yerno querría tener uno tipo Cesc. Guapete, rico, famoso, excepcional jugador, educado, parece que buen tío… Lo que ocurre es que esa imagen semiperfecta que llegaba a España desde Londres ha empezado a desteñirse en sólo dos meses de estancia en la Liga.

El Fábregas inglés era visto como todo un gentleman al más puro estilo Xavi. Líder inteligente, intachable en las formas y encima puesto a punto en un fútbol tan aparentemente honesto como el inglés. Pero si sus características futbolísticas por ahora no pueden ser cuestionadas aquí, su comportamiento sí.

Antes de fichar por el Barcelona sólo le conozco dos salidas de tono, y ambas fueron a golpe de salivazo. La primera cuando le escupió a Ballack en la cara en un partido de  Champions en 2005. El jugador por entonces todavía del Bayern Munich caía al suelo y el español -todavía muy joven y con el 14 de Cruyff a la espalda- se acercó por detrás al alemán, pegó su cara a la suya  fingiendo decirle algo y le soltó un salivajo en toda regla al que dos años después ganaría en la final de la Eurocopa. Sólo se llevó una amarilla.

En el otro incidente fue sólo cómplice, pero el jugador maduro que teníamos en mente empezó a emanar cierto tufillo a niñato. Es una acción sin mayor importancia, pero que dice mucho. Durante la celebración del Mundial, en el autobús descapotable, Cesc se acercó Piqué, le dijo algo y, acto seguido, el central le escupió al ex presidente del Valencia y miembro de la federación Pedro Cortés. Luego ambos se rieron como dos niños mientras el hombre se giraba al sentir el impacto. Una tontería de chiquillos que no puede ser tenida en cuenta en un momento de euforia, pero un detalle que tampoco puede pasar desapercibido para corroborar que de vez en cuando Fábregas rompe un plato.

Chiquilladas al margen, Cesc se ha convertido en el jugador más polémico de una plantilla caracterizada por todo lo contrario. Un polémico light -lógicamente no es Hristo Stoichkov-, pero está dando carnaza a prensa y aficionados. El jugador se ha convertido en objetivo de las cámaras a partir sobre todo de un encontronazo con Kanouté. Fue un caso curioso, porque debido a incuestionable deportividad y calma del malí -al que desde su llegada a España no le recuerdo ninguna agresión excepto ésta-, se dudó desde el principio del catalán. Eso originó que se especulara en las redes sociales con un algún tipo de insulto racista como único detonante para sacar al sevillista de su sitio. Luego ambos solucionaron el problema, pero la sombra sobre lo que le espetó el jugador del Barcelona ha quedado ahí. La televisión captó todo lo que se dijo en la jugada excepto lo que dijo Cesc.

Cuando todo esto parecía olvidado, en menos de tres semanas se ha visto envuelto en otra controversia que sugiere una actitud prepotente. Se trata de lo que le dijo -aunque no se sabe el contexto en el que lo hizo- a un jugador del Hospitalet FC, un equipo de Segunda B,  en el partido de la Copa del Rey. Las cámaras de Cuatro recogieron  cómo uno de los rivales comentaba en el banquillo que el azulgrana le había dicho durante el partido, tras una falta, algo así como “¿De qué os quejais? Si sois de Segunda B”. Seguramente querría decir que no se quejaran de una patada porque a esa categoría la identifica la leña que se reparte, que no es mentira, pero recordarle a alguien que está por debajo tuya no es un detalle de buen gusto. Otro borrón para su figura.

Personalmente, creo que sólo son salidas de madre del jugador que está llamado a ser la pieza clave del futuro de la selección y el Barcelona, pero, con la inestimable participación de la prensa, su imagen -hasta ahora todo un ejemplo- puede verse dañada. Para el aficionado desconfiado ha podido pasar de ser el gran capitán del Arsenal -el más joven de la historia en serlo por cierto- que nunca ha discutido su suplencia en la selección española a un prepotente y racista. Sería una pena que algunos comenzaran a concebir así al jugador que ha participado en los dos momentos más importantes de la historia del fútbol de este país -al menos para mí-: el gol de penalti a Italia en los cuartos de la Eurocopa 2008 y el pase que dejó a Iniesta sólo para darnos el Mundial en 2010. Hay que darle un voto de confianza, pero que se relaje y se modere.

Cuando el silencio no ayuda

Antonio Galiano | 10 de octubre de 2011 a las 13:39

La imagen de Albiol abandonando la concentración de España con el pómulo izquierdo como un púgil al acabar una pelea sería algo relativamente normal de no ser por el veneno -ya menos corrosivo- que  están inyectando en la prensa y el aficionado los Madrid-Barcelona de la era Mourinho.

La noticia de que el central del Real Madrid, uno de los jugadores que necesitaban reivindicarse en esta convocatoria, no esté ante Escocia es mala para el equipo -Del Bosque se ve obligado a contar con Puyol y Piqué, ambos recién salidos de lesiones- y vuelve a poner en tela de juicio el buen ambiente en el equipo, una duda que parecía haberse disipado a empujones en el amistoso ante Chile .

Los diarios deportivos han pasado de puntillas sobre el tema y se intuye que al final el debate no se volverá a avivar, pero no será porque la selección haya hecho mucho por evitarlo. Con su silencio e imprecisión, el equipo de comunicación del conjunto nacional ha estado a punto de propiciar un nuevo episodio de un tema ya cansino y algo cursi, con tanto abrazo y gestos de cara a la galería.

Una de las estrategias de los gabinetes de comunicación, sobre todo en casos de crisis de imagen, es la transparencia. Cuando algo afecta a la marca sin posibilidad de esconder lo ocurrido, lo mejor es decir la verdad para que por lo menos la sinceridad minimice el daño. Pero esta táctica es aún más apropiada cuando no hay nada que ocultar, como presuntamente en el caso de Albiol. Entonces, ¿porqué no se ha sido claro sobre las circunstancias del incidente?

Desde el primer momento se ha dicho que el jugador chocó con un compañero en una sesión de recuperación, pero no se dijo con quién ni cómo. Del Bosque le dio la noche de antes libre a los jugadores, lo que también ha provocado que se especule con un posible incidente fuera de la concentración, algo que no ha tomado fuerza. Simplemente, la razón por la que se ha ocultado cómo ocurrió todo es porque -según el As- Albiol chocó con Busquets en un  rondo antes de un acto promocional. Hasta los jugadores han intentado obviar el nombre del otro protagonista ante sus periodistas más allegados o les han dado diferentes versiones de la jugada, pero al final todo se sabe, aunque cualquier especulación se podría haber cortado de raíz desvelando al implicado en el choque desde el principio, sin oscurantismo.

Pese a los sucesivos episodios que ha generado el supuesto pique, soy de los que pienso que no debe pasar factura a la selección, como ya dije en otro post. De lo que tiene que ser consciente el propio equipo es que la falta de normalidad ante cualquier atisbo de enfrentamiento es lo que menos puede ayudar a enterrar de una vez este asunto. Quizás no se le ha dado importancia desde el principio porque no la tiene, pero un hecho como éste puede generar especulaciones. Por la experiencia del último Mundial, en el que cualquier cosa -como la presunta mala relación entre Valdés y Reina-, valía para llenar páginas ante el tardío debut del equipo, convendría que nadie se acordara de esta tontería en la Eurocopa. A la hora de la verdad, por profesional que se sea, cualquier distracción puede ser determinante.