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Historias canadienses

Susana Caballero | 15 de junio de 2011 a las 21:24

Tras un primer tramo aburridillo (con algunas carreras incluso soporíferas), parece que la cosa en la Fórmula 1 se empieza a animar. No porque le haya salido un rival a Sebastian Vettel en su camino hacia su segundo título mundial (mucho tienen que cambiar las cosas), sino porque al menos hay emoción durante las carreras y no da la impresión de que el alemán corre siempre solo.

Las dos últimas pruebas, Mónaco y Canadá, nos han dejado unas cuantas pifias más de Ferrari (a lo mejor es buena idea eso que dijo Domenicali de que deberían irse a Lourdes a buscar un milagro), un par de muestras de la que parece ser la afición oculta (o no tan oculta) de Lewis Hamilton, los coches de choque (y unas cuantas quejas del británico, incluido su enésimo “será porque soy negro”), alguna que otra trastada de la FIA (lo de arrancar en Canadá detrás del coche de seguridad me pareció una chapuza) y la prueba de que Vettel es capaz de perder una carrera que lideraba desde el minuto uno con una pifia en la última vuelta. Muy grande.

La victoria de Jenson Button, que en Montreal fue incluso más macarra que su compañero de equipo y se cargó al susodicho y a Fernando Alonso (se cargó lo que quedaba de él, porque ya le fastidiaron bastante sus propios compañeros) me hizo hasta ilusión, por mucho que sigo sin entender que la FIA unas veces sancione a quienes se tocan pero siguen adelante y no a los que van dejando coches varados a su paso. Pero si no hubiese sido por la FIA habría ganado Vettel otra vez, y nos habríamos perdido fotos como ésta:

(No tengo nada contra el muchacho; sólo lo mismo que contra Button cuando estaba en Brawn y ganaba sin parar: me aburre)

Bueno, antes de seguir con otras cosillas, un recordatorio de lo que pasó en Montreal, para los que se perdieron esa carrera de emoción, golpes, salidas de pista, accidentes, dos horas y pico de incertidumbre bajo la lluvia y mucho, mucho coche de seguridad (si ya saben lo que pasó, e incluso si ya leyeron la crónica, pasen al siguiente bloque):

Jenson Button, sorprendente vencedor en Montreal

A lo mejor no es cierto eso de la suerte de los campeones. Si la carrera de Mónaco, en la que se vio beneficiado por la parada de la carrera, que le permitió cambiar los neumáticos sin tener que perder tiempo en boxes, hizo pensar a más de uno que Sebastian Vettel estaba tocado por la diosa fortuna, en el Gran Premio de Canadá ha tenido una dosis de mala suerte que le ha dejado sin victoria cuando ya estaba levantando el dedo índice dentro del monoplaza para celebrarla. Un error suyo en la última vuelta ha permitido a Jenson Button adelantarle para sumar su primera victoria de la temporada en una carrera que estuvo detenida durante más de dos horas por la intensa lluvia que caía sobre el circuito.

Finalmente los comisarios, que investigaron tras la carrera dos incidentes protagonizados por el piloto de McLaren que terminaron con Lewis Hamilton y Fernando Alonso fuera, decidieron no castigar al inglés, que podría haber perdido los puntos de la victoria si hubiese sido sancionado. Tras su abandono de Montreal, Alonso se queda a casi cien puntos de Vettel en la clasificación. El alemán sigue líder con 161 puntos. Le siguen Button, con 101; Mark Webber, con 94; Lewis Hamilton con 85 y el español con 69.

Button ha terminado imponiéndose a Vettel tras una carrera desquiciada, marcada por la lluvia y por las dudas de los comisarios, que hicieron arrancar la prueba con un coche de seguridad (lo que neutralizó cualquier emoción en la salida), sobre cuándo pararla y cuándo reanudarla. A Vettel le ayudó de inicio la lluvia, que hizo cometer a sus rivales no pocos errores, y también le ayudó el propio Button, implicado en el primer tramo en un incidente con su compañero Hamilton que acabó con el segundo fuera de la carrera, y después en otro con Alonso, ya con la carrera reanudada. El español adelantaba a Button cuando una maniobra del inglés terminó con el Ferrari atascado fuera de la pista y también de la carrera.

Pero antes del asunto con Button y antes incluso de la parada de la carrera Alonso ya había dilapidado buena parte de sus opciones, gracias, una vez más, a otra desastrosa decisión táctica de Ferrari. El equipo hizo entrar al español en boxes a poner neumáticos intermedios sólo minutos antes de que empezase de nuevo a diluviar sobre el circuito y los comisarios desplegasen la bandera roja que paraba la carrera y que permitía a todos los demás poner los neumáticos adecuados (que con la manta de agua que había no eran sin duda los intermedios) sin necesidad de perder tiempo en una parada.

Casi todos los pilotos se vieron envueltos en algún incidente por las difíciles condiciones meteorológicas (unos pudieron continuar, algunos tras pasar por boxes para reemplazar alerones o morros; otros como Hamilton o Alonso no tuvieron tanta suerte), salvo Vettel. El alemán, con permiso del coche de seguridad, que lideró la carrera casi durante tantas vueltas como él, no vio amenazado su cómodo liderazgo casi en ningún momento, pese a que salía justo por delante de los Ferrari de Alonso y Massa, que marcaron el segundo y mejor tercer tiempo en la clasificación del sábado. Pero cualquier inquietud que tuviese el alemán fue eliminada por el coche de seguridad, que abrió la carrera y le protegió de una hipotética buena salida del español.

Pocas vueltas después llegaba la siguiente buena noticia para el piloto de Red Bull: Button y Hamilton se encontraban y el segundo terminaba demasiado cerca del muro, con la suspensión rota y fuera de la carrera. La intensa lluvia, que hacía imposible ver nada en la pista, llevó a los comisarios a suspender la prueba en la vuelta 25. Cuando se levantó la bandera roja, el coche de seguridad volvió a escena y la carrera se reanudó. Y poco después Button se acercaba demasiado a Alonso y sacaba al español de la pista. Los incidentes se sucedían y se iban sumando más y más pilotos a la lista de abandonos.

Tan desquiciada iba la prueba que Michael Schumacher llegó a ir segundo tras Vettel durante unas cuantas vueltas, lo que necesitaron Button y Mark Webber (que tuvo un trompo tras un roce con Hamilton en el inicio y perdió muchas posiciones que fue recuperando poco a poco) para darle alcance y pasarle. Una vez adelantado el alemán, Button siguió adelante hasta llegar a Vettel, que mientras se defendía del McLaren cometió un error y puso en bandeja a Button que le pasase, en la última vuelta, para llevarse la victoria.

Por su parte, Jaime Alguersuari firmó con su Toro Rosso su mejor puesto desde su debut en la Fórmula 1, una más que meritoria octava plaza, sobre todo si se echa un vistazo a la lista de abandonos. El que también consiguió terminar fue Pedro de la Rosa, que volvía a correr como piloto sustituto de Sergio Pérez en Sauber y que tras la carrera no podía disimular la sonrisa ni lo mucho que había disfrutado al volver a pilotar. Sin duda, lo mejor de este raro Gran Premio de Canadá.

Y ahora, ¿qué?

En realidad la victoria de Button tampoco ha cambiado mucho el panorama. Vettel sigue aún un poco lejos de su inmediato perseguidor, Button, y Alonso se aleja cada vez más de cualquier posibilidad real de luchar por el título, aunque el asturiano no pierde la esperanza. ¿Fe? ¿Locura? No lo tengo muy claro, aunque hay algo que sí que podría beneficiar a Alonso o, más bien, perjudicar a Red Bull (que ahora mismo es lo que casi todo el mundo del circuito quiere: ver a Christian Horner y los suyos pasarlo mal).

Y ese algo es la enésima decisión absurda de la FIA, que ahora, en plena temporada, quiere limitar el uso del difusor soplado, que prohibirá del todo el año que viene (si ya están mareados con el KERS, el DRS y el psicodrama que hay con los neumáticos este año, no se preocupen; si quieren saber qué demonios es eso del difusor soplado, en este artículo de F1 al día se lo explican). Y eso, en principio, a los que más puede perjudicar es a los chicos de Horner, complicándoles la clasificación y, de paso, las carreras (básicamente a Vettel, que no está acostumbrado a jugar con nadie -de hecho, en cuanto vio el otro día a Button por el retrovisor se atacó y metió la pata-, porque Webber ya se encarga él solito de cargarse cualquier posibilidad que tenga con sus particulares salidas).

La idea es que ese cambio se estrene el 10 de julio en Silverstone (aún queda otra carrera antes, la de Valencia, el 26 de junio), aunque desde Red Bull están haciendo, como es normal, todo lo posible por impedirlo. Y yo estoy con ellos. Cambiar las reglas del juego a mitad de la partida sin una justificación clara no está bien, aunque ya sabemos que de la FIA se puede esperar de todo menos coherencia.

Mientras, en Ferrari…

Lógicamente, los italianos se frotan las manos, porque creen que todo lo que perjudique a Red Bull les beneficia a ellos. Puede que sí, porque para hacerse daño se bastan y se sobran ellos solos. No sólo tienen un coche francamente mejorable, un piloto que parece estar más que desanimado (Alonso), otro (el otro) que no merece vestir el mono que lleva (¿no pueden repescar a Kimi, tan invocado el domingo con ese parón infinito en el que le habría dado tiempo a comerse unos cuantos helados?), otro que parece estar más que desanimado, un equipo táctico que no vale ni para jugar al piedra, papel o tijera (da igual que salgas primero, segundo o último; ya se encargarán ellos de empeorarlo haciéndote entrar cuando no debes o poniéndote unas ruedas equivocadas, y encima, aunque esto no es cosa de los tácticos, tardando mucho en hacerlo) y unos meteorólogos que aciertan menos que yo cuando echo la Primitiva. [Un inciso: hace unos años estuve en Londres y la BBC pronosticaba, al minuto, cada puñetero chubasco, acertando en su inicio, su final y hasta en el barrio en el que iba a caer; ¿de verdad no encuentran en Ferrari a un ‘tipo del tiempo’ fiable?]

Ojalá sea verdad eso de que están hablando ya con Flavio Briatore para que vuelva. Porque si no esto no lo arregla ni la Virgen de Lourdes. Y encomendarme a los McLaren a estas alturas tampoco me hace mucha ilusión…

No habrá duelo Alonso-Rossi sobre hielo

Susana Caballero | 11 de enero de 2011 a las 22:45

Admito que una carrera en karts sobre hielo ni siquiera debería ser noticia (ni las vacaciones de Fernando Alonso), por mucho que los contrincantes sean el bicampeón de Fórmula 1 Fernando Alonso y el multicampeón de Motociclismo Valentino Rossi, y aún menos que finalmente no se pueda disputar porque el italiano está recuperándose de su operación en el hombro derecho pero, entre ustedes y yo, el síndrome de abstinencia de Fórmula 1 es terrible.

Y todavía quedan dos meses.

Hasta el 13 de marzo tendremos que conformarnos con las respectivas pretemporadas de los equipos, las novedades en los monoplazas, las incorporaciones y marchas de equipos y pilotos (¿leyeron lo de la renuncia/expulsión, que no está claro, de Hispania de la FOTA? Pronto empieza este año el lío), habrá que aprenderse el nuevo reglamento de la FIA y conformarse con las migajas que los respectivos equipos nos vayan proporcionando. Y una de esas migajas era el duelo Alonso-Rossi sobre hielo.

Para quien no sepa de qué va esto (algo que sería lo más normal del mundo, porque estar al tanto hasta de estas cosas es de ser muy fan de la Fórmula 1), la historia es que las escuderías Ferrari y Ducati se reúnen esta semana en un sitio llamado Madonna di Campiglio que, entre otras cosas, tiene un lago helado sobre el que las respectivas estrellas de cada equipo, el asturiano y el italiano, que se estrena con Ducati esta temporada, iban a disputar una carrera con karts. Pero Valentino, que en noviembre se operó del hombro derecho, sigue renqueante, así que han decido aplazar la exhibición para el próximo Wrooom (se me olvidaba mencionar que el sarao tiene hasta nombre, Wrooom; sí, con tres oes).

Pero aunque el italiano se ha caído del cartel, sí que habrá otros profesionales del mundo del motor dispuestos a arriesgar su integridad física (y hasta dental) en unas actividades lúdico-festivas a las que hay invitados, además de los equipos y patrocinadores, periodistas de todo el mundo (me pregunto dónde se tendrá que apuntar una para que la inviten a estas cosas…).

Y también saldrá a escena el director deportivo de Ferrari, Stefano Domenicalli, que apenas un par de meses después de minimizar la debacle de Abu Dhabi y de decir que no iba a tomar represalias se ha cepillado a Chris Dyer y ha puesto en su lugar a Pat Fry para que se encargue de las estrategias del equipo. A ver cómo explica ese cambio de parecer.