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Historias canadienses

Susana Caballero | 15 de junio de 2011 a las 21:24

Tras un primer tramo aburridillo (con algunas carreras incluso soporíferas), parece que la cosa en la Fórmula 1 se empieza a animar. No porque le haya salido un rival a Sebastian Vettel en su camino hacia su segundo título mundial (mucho tienen que cambiar las cosas), sino porque al menos hay emoción durante las carreras y no da la impresión de que el alemán corre siempre solo.

Las dos últimas pruebas, Mónaco y Canadá, nos han dejado unas cuantas pifias más de Ferrari (a lo mejor es buena idea eso que dijo Domenicali de que deberían irse a Lourdes a buscar un milagro), un par de muestras de la que parece ser la afición oculta (o no tan oculta) de Lewis Hamilton, los coches de choque (y unas cuantas quejas del británico, incluido su enésimo “será porque soy negro”), alguna que otra trastada de la FIA (lo de arrancar en Canadá detrás del coche de seguridad me pareció una chapuza) y la prueba de que Vettel es capaz de perder una carrera que lideraba desde el minuto uno con una pifia en la última vuelta. Muy grande.

La victoria de Jenson Button, que en Montreal fue incluso más macarra que su compañero de equipo y se cargó al susodicho y a Fernando Alonso (se cargó lo que quedaba de él, porque ya le fastidiaron bastante sus propios compañeros) me hizo hasta ilusión, por mucho que sigo sin entender que la FIA unas veces sancione a quienes se tocan pero siguen adelante y no a los que van dejando coches varados a su paso. Pero si no hubiese sido por la FIA habría ganado Vettel otra vez, y nos habríamos perdido fotos como ésta:

(No tengo nada contra el muchacho; sólo lo mismo que contra Button cuando estaba en Brawn y ganaba sin parar: me aburre)

Bueno, antes de seguir con otras cosillas, un recordatorio de lo que pasó en Montreal, para los que se perdieron esa carrera de emoción, golpes, salidas de pista, accidentes, dos horas y pico de incertidumbre bajo la lluvia y mucho, mucho coche de seguridad (si ya saben lo que pasó, e incluso si ya leyeron la crónica, pasen al siguiente bloque):

Jenson Button, sorprendente vencedor en Montreal

A lo mejor no es cierto eso de la suerte de los campeones. Si la carrera de Mónaco, en la que se vio beneficiado por la parada de la carrera, que le permitió cambiar los neumáticos sin tener que perder tiempo en boxes, hizo pensar a más de uno que Sebastian Vettel estaba tocado por la diosa fortuna, en el Gran Premio de Canadá ha tenido una dosis de mala suerte que le ha dejado sin victoria cuando ya estaba levantando el dedo índice dentro del monoplaza para celebrarla. Un error suyo en la última vuelta ha permitido a Jenson Button adelantarle para sumar su primera victoria de la temporada en una carrera que estuvo detenida durante más de dos horas por la intensa lluvia que caía sobre el circuito.

Finalmente los comisarios, que investigaron tras la carrera dos incidentes protagonizados por el piloto de McLaren que terminaron con Lewis Hamilton y Fernando Alonso fuera, decidieron no castigar al inglés, que podría haber perdido los puntos de la victoria si hubiese sido sancionado. Tras su abandono de Montreal, Alonso se queda a casi cien puntos de Vettel en la clasificación. El alemán sigue líder con 161 puntos. Le siguen Button, con 101; Mark Webber, con 94; Lewis Hamilton con 85 y el español con 69.

Button ha terminado imponiéndose a Vettel tras una carrera desquiciada, marcada por la lluvia y por las dudas de los comisarios, que hicieron arrancar la prueba con un coche de seguridad (lo que neutralizó cualquier emoción en la salida), sobre cuándo pararla y cuándo reanudarla. A Vettel le ayudó de inicio la lluvia, que hizo cometer a sus rivales no pocos errores, y también le ayudó el propio Button, implicado en el primer tramo en un incidente con su compañero Hamilton que acabó con el segundo fuera de la carrera, y después en otro con Alonso, ya con la carrera reanudada. El español adelantaba a Button cuando una maniobra del inglés terminó con el Ferrari atascado fuera de la pista y también de la carrera.

Pero antes del asunto con Button y antes incluso de la parada de la carrera Alonso ya había dilapidado buena parte de sus opciones, gracias, una vez más, a otra desastrosa decisión táctica de Ferrari. El equipo hizo entrar al español en boxes a poner neumáticos intermedios sólo minutos antes de que empezase de nuevo a diluviar sobre el circuito y los comisarios desplegasen la bandera roja que paraba la carrera y que permitía a todos los demás poner los neumáticos adecuados (que con la manta de agua que había no eran sin duda los intermedios) sin necesidad de perder tiempo en una parada.

Casi todos los pilotos se vieron envueltos en algún incidente por las difíciles condiciones meteorológicas (unos pudieron continuar, algunos tras pasar por boxes para reemplazar alerones o morros; otros como Hamilton o Alonso no tuvieron tanta suerte), salvo Vettel. El alemán, con permiso del coche de seguridad, que lideró la carrera casi durante tantas vueltas como él, no vio amenazado su cómodo liderazgo casi en ningún momento, pese a que salía justo por delante de los Ferrari de Alonso y Massa, que marcaron el segundo y mejor tercer tiempo en la clasificación del sábado. Pero cualquier inquietud que tuviese el alemán fue eliminada por el coche de seguridad, que abrió la carrera y le protegió de una hipotética buena salida del español.

Pocas vueltas después llegaba la siguiente buena noticia para el piloto de Red Bull: Button y Hamilton se encontraban y el segundo terminaba demasiado cerca del muro, con la suspensión rota y fuera de la carrera. La intensa lluvia, que hacía imposible ver nada en la pista, llevó a los comisarios a suspender la prueba en la vuelta 25. Cuando se levantó la bandera roja, el coche de seguridad volvió a escena y la carrera se reanudó. Y poco después Button se acercaba demasiado a Alonso y sacaba al español de la pista. Los incidentes se sucedían y se iban sumando más y más pilotos a la lista de abandonos.

Tan desquiciada iba la prueba que Michael Schumacher llegó a ir segundo tras Vettel durante unas cuantas vueltas, lo que necesitaron Button y Mark Webber (que tuvo un trompo tras un roce con Hamilton en el inicio y perdió muchas posiciones que fue recuperando poco a poco) para darle alcance y pasarle. Una vez adelantado el alemán, Button siguió adelante hasta llegar a Vettel, que mientras se defendía del McLaren cometió un error y puso en bandeja a Button que le pasase, en la última vuelta, para llevarse la victoria.

Por su parte, Jaime Alguersuari firmó con su Toro Rosso su mejor puesto desde su debut en la Fórmula 1, una más que meritoria octava plaza, sobre todo si se echa un vistazo a la lista de abandonos. El que también consiguió terminar fue Pedro de la Rosa, que volvía a correr como piloto sustituto de Sergio Pérez en Sauber y que tras la carrera no podía disimular la sonrisa ni lo mucho que había disfrutado al volver a pilotar. Sin duda, lo mejor de este raro Gran Premio de Canadá.

Y ahora, ¿qué?

En realidad la victoria de Button tampoco ha cambiado mucho el panorama. Vettel sigue aún un poco lejos de su inmediato perseguidor, Button, y Alonso se aleja cada vez más de cualquier posibilidad real de luchar por el título, aunque el asturiano no pierde la esperanza. ¿Fe? ¿Locura? No lo tengo muy claro, aunque hay algo que sí que podría beneficiar a Alonso o, más bien, perjudicar a Red Bull (que ahora mismo es lo que casi todo el mundo del circuito quiere: ver a Christian Horner y los suyos pasarlo mal).

Y ese algo es la enésima decisión absurda de la FIA, que ahora, en plena temporada, quiere limitar el uso del difusor soplado, que prohibirá del todo el año que viene (si ya están mareados con el KERS, el DRS y el psicodrama que hay con los neumáticos este año, no se preocupen; si quieren saber qué demonios es eso del difusor soplado, en este artículo de F1 al día se lo explican). Y eso, en principio, a los que más puede perjudicar es a los chicos de Horner, complicándoles la clasificación y, de paso, las carreras (básicamente a Vettel, que no está acostumbrado a jugar con nadie -de hecho, en cuanto vio el otro día a Button por el retrovisor se atacó y metió la pata-, porque Webber ya se encarga él solito de cargarse cualquier posibilidad que tenga con sus particulares salidas).

La idea es que ese cambio se estrene el 10 de julio en Silverstone (aún queda otra carrera antes, la de Valencia, el 26 de junio), aunque desde Red Bull están haciendo, como es normal, todo lo posible por impedirlo. Y yo estoy con ellos. Cambiar las reglas del juego a mitad de la partida sin una justificación clara no está bien, aunque ya sabemos que de la FIA se puede esperar de todo menos coherencia.

Mientras, en Ferrari…

Lógicamente, los italianos se frotan las manos, porque creen que todo lo que perjudique a Red Bull les beneficia a ellos. Puede que sí, porque para hacerse daño se bastan y se sobran ellos solos. No sólo tienen un coche francamente mejorable, un piloto que parece estar más que desanimado (Alonso), otro (el otro) que no merece vestir el mono que lleva (¿no pueden repescar a Kimi, tan invocado el domingo con ese parón infinito en el que le habría dado tiempo a comerse unos cuantos helados?), otro que parece estar más que desanimado, un equipo táctico que no vale ni para jugar al piedra, papel o tijera (da igual que salgas primero, segundo o último; ya se encargarán ellos de empeorarlo haciéndote entrar cuando no debes o poniéndote unas ruedas equivocadas, y encima, aunque esto no es cosa de los tácticos, tardando mucho en hacerlo) y unos meteorólogos que aciertan menos que yo cuando echo la Primitiva. [Un inciso: hace unos años estuve en Londres y la BBC pronosticaba, al minuto, cada puñetero chubasco, acertando en su inicio, su final y hasta en el barrio en el que iba a caer; ¿de verdad no encuentran en Ferrari a un ‘tipo del tiempo’ fiable?]

Ojalá sea verdad eso de que están hablando ya con Flavio Briatore para que vuelva. Porque si no esto no lo arregla ni la Virgen de Lourdes. Y encomendarme a los McLaren a estas alturas tampoco me hace mucha ilusión…

20 segundos por tocarse

Susana Caballero | 11 de abril de 2011 a las 22:26

Segundo asalto de la temporada de Fórmula 1: Malasia. Las predicciones meteorológicas volvieron a equivocarse y finalmente no llovió (no es nuevo; no que no llueva, sino que acierten). Sebastian Vettel, que salía desde la pole (no es nuevo) volvió a ganar (tampoco es nuevo), Mark Webber la pifió en la salida (tampoco es nuevo, aunque ya volveré más adelante sobre este tema) y Fernando Alonso y Lewis Hamilton tuvieron un  encontronazo en la carrera que les costó una sanción a ambos. ¿Esto es nuevo? Bueno, no mucho, como tampoco lo es el cariño que la FIA (dirigentes y comisarios) sienten por el piloto británico. Y no tiene pinta de cambiar, al menos a corto plazo.

Debo reconocer que cuando vi que el asturiano estampaba parte de su morro contra la rueda trasera del inglés pensé ‘Alonso la ha cagado’. Pero me mosqueó que Hamilton estuviese tan tranquilo y tan conforme con la sanción, y volví a verlo. Ya no lo tenía tan claro, así que me di una vuelta por Twitter para ver qué se decía por ahí (tengo pendiente un artículo con recomendaciones sobre cómo seguir la F1 en la Red, pero como aperitivo pueden echar un vistazo a una lista que tengo con algunos usuarios bastante interesantes, sobre todo Quiero Briatore, aka @briatorewannabe -¿qué fan que se precie de don Flavio puede resistirse a seguir a alguien con ese nombre?-). Y la gente estaba bastante mosqueada, con razón.

A Hamilton (el malo, como dice en su ya conocido mensaje a la afición española; un 10 para este comentario) le castigaron por cambiar varias veces de dirección para evitar que le adelantase Alonso. Hasta ahí, bien. Los comisarios siguieron, por una vez y sin que sirva de precedente, el reglamento con el piloto de McLaren, al que ya sabemos que no se le suelen aplicar las mismas normas que al resto. Pero lo de Alonso es un poco más surrealista. Al asturiano le empapelaron (bueno, le multaron, porque 20 segundos tampoco es una cadena perpetua) por verse envuelto en un incidente y causar una colisión (gracias a @briatorewannabe por el documento). Vale que le dio por detrás al inglés, pero Hamilton siguió su camino tan tranquilo y Alonso casi también, aunque tuvo que entrar para que le cambiasen el alerón que se le había partido. No hubo salidas de pista, ni un gran choque, ni salió volando ningún coche (qué plasticidad la del vuelo de Petrov, por cierto).

Toques como ése hay unos cuantos en cada carrera. ¿De verdad van a ponerse ahora a multarlos a todos? Podría ser hasta divertido, según el caso, pero de entrada es sobre todo absurdo. Igual alguien recordó esa norma que no está escrita en el reglamento, pero sí bordada en el interior de cada una de las prendas que componen el uniforme de los comisarios de la FIA (¿tendrán también ropa interior oficial?): “No hay que sancionar jamás a Hamilton, pero si no queda más remedio que hacerlo hay que sancionar también al piloto que más cerca se encuentre de él en el momento de la infracción”.

El ‘expediente Webber’

Hubo otra cosa que me llamó la atención en el Gran Premio de Malasia: Webber. ¿Qué demonios le pasa? Es cierto que nunca se le han dado bien las salidas y que es un experto en pifiarla de la manera más insospechada, pero ¿qué le pasó cuando el semáforo se puso en verde? No le tenía yo por uno de esos tipos que no procesan el color verde de los semáforos y se quedan ahí, petrificados, hasta que alguien tiene que pitarles, pero tardó eones en arrancar. ¿Y después? ¿Qué le pasaba a su coche? Si hasta Kobayashi le adelantó, muy sobrado. Es normal que haya ciertas diferencias entre su coche y el de Vettel, pero ¿tantas?

¿Y lo del KERS? Sabíamos que el de Webber tuvo problemas en Malasia. ¿Y el de Vettel? Llegó un punto de la carrera en el que ya no se vieron más imágenes del alemán en la retransmisión por televisión. Lo mismo podía haberse ido a tomar café y haber vuelto a la carrera en el último minuto, que nadie se hubiese enterado. Por supuesto, tampoco vimos si, efectivamente, había o no usado su KERS. ¿Y lo de los planes A, B y no sé cuántos más de Red Bull? ¿Qué era eso? No sé si son órdenes de equipo o no (que vuelven a ser legales este año; seguro que dejarán de serlo cuando perjudiquen al niño mimado de Ecclestone o al de la FIA), pero hay muchas cosas que Red Bull está ocultando en este inicio de temporada y no me gusta un pelo. Especialmente con el cohete que le han dado a Vettel. ¿Qué necesidad tienen de estos subterfugios?

PD: A todo esto, no se me despisten que este fin de semana volvemos a tener carrera, esta vez en China. Los libres, el viernes a las 04:00 y a las 08:00 (hora peninsular española) y el sábado a las 05:00, la calificación el sábado a las 08:00 y la carrera el domingo a las 09:00. Si no quieren madrugar, no se preocupen. Seguro que La Sexta lo repite a una hora más decente…

Kimi Raikkonen, el piloto multiplataforma

Susana Caballero | 6 de abril de 2011 a las 17:19

Ni saltitos en el podio, ni imitaciones de animales, ni llantos, ni risas, ni comportamientos que cuestionasen su masculinidad. Nunca había nada de eso. No importaba que subiese al podio o que no, que ganase la carrera o tuviese que abandonar. Kimi Raikkonen se ganó el apodo Iceman (hombre de hielo) porque no se inmutaba ante nada. Daba igual que llevase o no puesto el casco porque no se perdía un ápice de su expresividad. Bueno, imagino que también por su afición a comer helados en el paddock en las pausas de los entrenamientos, cuando se paraban las carreras por la lluvia y casi siempre que no tuviera el volante en las manos.

Hay por ahí unos cuantos montajes fotográficos que dan prueba de la imperturbabilidad del rostro del finés, pero no es por eso por lo que traigo al campeón del mundo de Fórmula 1 aquí (¿se acuerdan de que ganó el título? ¿No? Sí, fue aquel año que Lewis Hamilton y Fernando Alonso se pasaron toda la temporada haciéndose la puñeta en McLaren; sobre todo el primero al segundo. ¿Se acuerdan ahora?), sino porque después de haber dejado la Fórmula 1 por los rallies ahora quiere correr también en la Nascar estadounidense.

Raikkonen, como buen nórdico, es un tipo peculiar. En los nueve años que compitió en la Fórmula 1, estuvo en tres equipos: un año en Sauber, cinco en McLaren (ahí todavía sonreía; hay documentos gráficos) y tres en Ferrari, donde sustituyó a Michael Schumacher y compartió escudería con Felipe Massa (con el que no congenió demasiado, a lo mejor por eso dejó de sonreír). Su periplo en el equipo italiano, que le convirtió en el piloto mejor pagado del mundo, no pudo empezar mejor, con el título en 2007, pero a partir de ahí fue cuesta abajo, hasta que a finales de 2009 dijo que se iba de la F1. ¿El motivo? La versión oficial es que Ferrari le echó para contratar a Alonso -cuando podrían haberse cargado a Massa- y que las negociaciones con McLaren para volver -con Hamilton- no llegaron a buen puerto. También hubo conversaciones con Mercedes, que finalmente se quedó con Schumacher y Rosberg, y con Toyota, aunque Kimi quería un coche para ganar, así que los mandó a paseo.

La versión extraoficial es mejor, claro. Se fue de la F1 porque se aburría.

Raikkonen no estuvo mucho tiempo alejado de los motores. Después de unas cortas vacaciones en las que se dejó crecer el pelo, el número de sus tatuajes y hasta su peso, el finlandés volvió a escena para decir que iba a probar suerte en el Mundial de Rallies. Kimi debutó en 2010 con el Citroen Junior Team. Tras una primera temporada sin pena ni gloria, incluido algún que otro aparatoso accidente (por suerte sin consecuencias), crea su propio equipo, el Ice Racing 1, que compite este año con un solo piloto, él.

A pesar de su frialdad, Raikkonen es un tipo inquieto (eso, o se aburre con facilidad), así que, no contento con tener su propio equipo y con disputar su segunda temporada en el Mundial de Rallies, ahora quiere competir en la Nascar, pero no con un coche, que sería lo esperado, sino con una camioneta (tipo pick up). Raikkonen se estrenará el 20 de mayo en la North Carolina Education Lottery 200, que se correrá en el Charlotte Motor Speedway.

Pero la aventura le va a salir cara. Kimi correrá en las filas del Kyle Busch Motorsports, pero tendrá que pagar 70.000 euros por cada carrera en la que participe. El plan es disputar entre tres y cinco de las pruebas del circuito de la serie Nascar Trucks este año para poder compaginarlo con el Mundial de Rallies y, con un poco de suerte, conseguir algún patrocinador para saltar a la Nascar, que parece ser el objetivo último del finlandés. Eso si, claro, no se aburre antes y se va al Dakar, que es una de las pocas competiciones de motor que le quedan por probar. Eso y las motos…

Tostón australiano

Susana Caballero | 29 de marzo de 2011 a las 22:34

Cuatro meses sin Fórmula 1, sobreviviendo a base de entrenamientos, disquisiciones sobre los colores de los neumáticos de Pirelli (y sobre si durarían más de una vuelta o habría que entrar tropecientas veces en boxes en cada carrera), cotilleos variados (como el enésimo enfado de Fernando Alonso con la prensa, Lewis Hamilton criticando que su coche no era lo suficientemente rápido -como siempre, haciendo amigos desde el minuto uno-, la retirada del carné a su mentor Ron Dennis -me estuve riendo un buen rato-, si es o no ético que McLaren repesque a Pedro de la Rosa después de que se haya pegado unos meses probando precisamente las nuevas ruedas de Pirelli, e incluso comentando, sin acritud, o al menos no mucha, los cambios en el reglamento) y hasta revueltas en países árabes que aplazan (o cancelan, que está por ver) el primer Gran Premio de la temporada. Y cuando al fin vuelve la Fórmula 1 lo hace con el tostonazo de la carrera de Australia.

No lo vi en directo. Puede que las ocho de la mañana no sea una hora demasiado infame (sí para mí, criatura nocturna), pero era esa noche en la que cada año nos roban una hora de nuestra vida con la milonga del ahorro energético. (Un saludo, por cierto, para Manu Rodríguez, el compañero al que le tocó abrir el domingo el quiosco de Joly Digital a las 06:30 de la mañana, como todas las mañanas, pero esta vez con una hora menos de descanso)

Así que no, no me levanté a verlo. La idea era ver la repetición a la hora de comer, a ser posible sin haberme enterado de cómo había quedado la cosa. Aunque es complicado si, como es mi caso, desayunas ya viendo noticias, mi marido se encargó de espoilearme en cuanto se levantó y empezó a agitar el dedo índice con cara de idiota (no es que tenga cara de idiota; era una performance). Eso sólo podía significar una cosa: que la temporada empezaba como terminó la anterior. Con el puñetero Sebastian Vettel y su dedito (hasta Antonio Lobato dijo estar hasta las narices de ambos).

Con el final chafado y sabiendo que Fernando Alonso sólo había sido cuarto (la pifió en la salida y tuvo que remontar desde el noveno puesto) detrás de Petrov (esto parece un déjà vu) y que no había habido en Melbourne ningún incidente destacable puse la carrera a las 14:00 con el mismo interés que puede generarme un partido de fútbol de la jornada 2 de la Liga (por poner una jornada, porque cada vez me aburre más el fútbol).

La carrera de Australia fue un tostón, pero como me propuse al final de la temporada pasada escribir algo sobre cada una de las pruebas de la nueva campaña, aquí estoy. Y sin nada más que comentar (si alguien quiere ver cómo les fue a todos los equipos puede echarle un vistazo a este análisis de F1 al día), salvo la sanción a Sauber (que no van a recurrir) o que a todos los equipos se les han abierto las carnes cuando han visto lo que corre en carrera el Red Bull (y los tipos presumiendo de que ni siquiera habían usado el KERS, aunque amenazan con hacerlo en Malasia) y han mandado a los ingenieros de nuevo a la mina para plantarles cara a los de Christian Horner antes de que se escapen aún más, sobre todo Ferrari, por mucho que Alonso intente templar los ánimos recordando que sólo ha sido una carrera. Y tiene razón.

PD (I): Durante la pretemporada también tuvimos el accidente de Robert Kubica, pero por suerte poco a poco se va recuperando.

PD (II): Lewis Hamilton tendrá un personaje en Cars 2. Me gustaría escribir algo ingenioso, pero me he quedado a cuadros. No me esperaba esto de Pixar.

No habrá duelo Alonso-Rossi sobre hielo

Susana Caballero | 11 de enero de 2011 a las 22:45

Admito que una carrera en karts sobre hielo ni siquiera debería ser noticia (ni las vacaciones de Fernando Alonso), por mucho que los contrincantes sean el bicampeón de Fórmula 1 Fernando Alonso y el multicampeón de Motociclismo Valentino Rossi, y aún menos que finalmente no se pueda disputar porque el italiano está recuperándose de su operación en el hombro derecho pero, entre ustedes y yo, el síndrome de abstinencia de Fórmula 1 es terrible.

Y todavía quedan dos meses.

Hasta el 13 de marzo tendremos que conformarnos con las respectivas pretemporadas de los equipos, las novedades en los monoplazas, las incorporaciones y marchas de equipos y pilotos (¿leyeron lo de la renuncia/expulsión, que no está claro, de Hispania de la FOTA? Pronto empieza este año el lío), habrá que aprenderse el nuevo reglamento de la FIA y conformarse con las migajas que los respectivos equipos nos vayan proporcionando. Y una de esas migajas era el duelo Alonso-Rossi sobre hielo.

Para quien no sepa de qué va esto (algo que sería lo más normal del mundo, porque estar al tanto hasta de estas cosas es de ser muy fan de la Fórmula 1), la historia es que las escuderías Ferrari y Ducati se reúnen esta semana en un sitio llamado Madonna di Campiglio que, entre otras cosas, tiene un lago helado sobre el que las respectivas estrellas de cada equipo, el asturiano y el italiano, que se estrena con Ducati esta temporada, iban a disputar una carrera con karts. Pero Valentino, que en noviembre se operó del hombro derecho, sigue renqueante, así que han decido aplazar la exhibición para el próximo Wrooom (se me olvidaba mencionar que el sarao tiene hasta nombre, Wrooom; sí, con tres oes).

Pero aunque el italiano se ha caído del cartel, sí que habrá otros profesionales del mundo del motor dispuestos a arriesgar su integridad física (y hasta dental) en unas actividades lúdico-festivas a las que hay invitados, además de los equipos y patrocinadores, periodistas de todo el mundo (me pregunto dónde se tendrá que apuntar una para que la inviten a estas cosas…).

Y también saldrá a escena el director deportivo de Ferrari, Stefano Domenicalli, que apenas un par de meses después de minimizar la debacle de Abu Dhabi y de decir que no iba a tomar represalias se ha cepillado a Chris Dyer y ha puesto en su lugar a Pat Fry para que se encargue de las estrategias del equipo. A ver cómo explica ese cambio de parecer.

Alonso se cabrea con la prensa (otra vez)

Susana Caballero | 3 de enero de 2011 a las 19:17

A Fernando Alonso no le gusta que le graben o le fotografíen los periodistas cuando está de vacaciones, de compras, de paseo y, en definitiva, siempre que no está trabajando. Pero hay muchos que no se dan por aludidos y esperan al piloto en aeropuertos y estaciones y le siguen cuando sale a dar una vuelta. Y a veces Alonso se cabrea, como es normal. El último cabreo provocado en el asturiano por la lente de una cámara es el del vídeo de arriba. Alonso iba a pasar el fin de año a Porto Santo, en Portugal, y nada más bajarse del avión se encontró con la inevitable horda de cámaras. En lugar de salir corriendo o mentarles a la familia, Alonso les dijo que, como no le dejasen en paz, iría por todo el mundo (literalmente, porque este chico viaja una barbaridad) contando lo mal que le habían tratado allí. La prensa portuguesa, que al parecer es del mismo corte de la española, no ha dudado en ponerlo como un trapo por “amenazar y chantajear” a su país.

Puede que no fuesen sus palabras las más acertadas precisamente por ese matiz amenazante, pero su reacción es más que comprensible. A nadie le gusta que le molesten en su tiempo libre (o que, por ejemplo, nos llamen del trabajo cuando estamos de descanso o de vacaciones), y es normal que a Alonso -que, a diferencia de otros, no se gana la vida posando ante fotógrafos con su señora- le toque las narices que vaya donde vaya le espere una turba de cámaras.

Uno de los detalles graciosos de todo esto es que el usuario que ha subido el vídeo a YouTube (y que se enzarza en los comentarios con todo aquel que disculpe, entienda o justifique la actitud del piloto) dice en la descripción del vídeo que los fotógrafos, cámaras y redactores que allí había no trabajaban para la prensa del corazón, como si eso cambiase algo:

Para los que califican a esos periodistas de paparazzi. El vídeo se emitió en la sección de deportes de las noticias de los canales RTP1 y RTPN, como La 1 y 24 Horas de España. No en un programa de cotilleo. Y acababa de aterrizar. Así que no es verdad que reaccionara así porque le habían estado molestando todo el día. Pedir privacidad, sí. Pero no con estas formas y mucho menos haciendo amenazas infantiles.

Y yo me pregunto por qué es noticioso para RTP o RTVE dónde pasa sus vacaciones Fernando Alonso, o cualquier otro deportista que obviamente no está ejerciendo en esos casos su profesión. Pero eso llevaría a preguntarse también por qué es noticioso la mayor parte de lo que aparece en las secciones de deportes de muchos medios, o en muchos medios en general. Y no, no me trago eso de “es lo que la gente quiere ver”.

Carta a los señores de la FIA

Susana Caballero | 10 de diciembre de 2010 a las 20:10

Estimados señores de la FIA:

Me alegro de que conciban el reglamento de la Fórmula 1 como un código que puede modificarse de acuerdo a las circunstancias y que no caigan en la inflexibilidad de la que en ocasiones pecan las normas anacrónicas que rigen otros deportes, pero desde aquí, con la humildad de una simple aficionada a la Fórmula 1 y no una experta en dicha disciplina, como son ustedes, les pido que se aclaren un poco con las reglas, porque a veces parece que, como se suele decir, las van cambiando sobre la marcha.

También me congratula que hayan decidido eliminar por fin la absurda prohibición de las órdenes de equipo tras ocho años de vigencia. Sé que algunos malpensados atribuyen su implantación, para frenar la ayuda que Barrichello le prestaba a Schumacher cuando ambos estaban en Ferrari, a su deseo, el de ustedes, estimados señores de la FIA, de pararle los pies a la escudería italiana, pero un organismo como el que ustedes conforman nunca haría nada tan feo, ¿verdad? Nunca me ha gustado esa prohibición, como he escrito en alguna ocasión, porque al fin y al cabo la Fórmula 1 es un deporte de equipo, no uno individual, y, al margen de que los dos pilotos de cada grupo quieran hacerlo lo mejor posible deben recordar que también trabajan para un equipo.

Como digo, aplaudo la decisión, aunque para ello haya tenido que pasar todo lo que ha pasado esta última temporada, con la investigación y sanción a Ferrari por decirle a Massa que Alonso corría más que él (sigo sin ver que en esa frase hubiese órdenes de equipo pero, como siempre, me someto a su criterio, mucho más documentado que el mío), y el posterior jaleo en torno a si sería o no ético (no sé si esa fue la palabra que usó el señor Ecclestone, pero esa era la idea) que hubiese ganado Alonso el Mundial después de hacer trampas. Al hilo de todo esto, ¿la modificación del reglamento tendrá efectos retroactivos? Porque si es así deberían devolverle los 100.000 dólares a Ferrari, ¿no?

Aprovecho esta misiva para comentar un par de cambios en la normativa que me parecen, cuanto menos, un poco imprecisos. El primero se refiere al artículo anterior, en el que se indica que no se castigarán las órdenes de equipo pero sí “cualquier acción que dañe la reputación del deporte”. Igualmente imprecisos son otros dos añadidos: “Revisión de la conducción y de la conducta de los pilotos” y “aclaración para definir cuándo se puede adelantar al coche de seguridad”. Imagino que todo ello se concretará cuando se elabore y publique el nuevo reglamento, porque tal como está podría dar lugar a interpretaciones interesadas que terminen beneficiando a determinados pilotos o equipos o a tener que hacer, también este año, cambios a mitad de temporada después de que algún piloto se haya aprovechado de las lagunas legales, como ha pasado en alguna ocasión con Lewis Hamilton, aunque estoy convencida de que ha sido una casualidad y que no hay ninguna campaña para favorecerle, como dicen algunas malas lenguas.

Y aunque no le devuelvan el dinero a Ferrari, podrían al menos disculparse, ¿no? Sale mucho más barato y encaja a la perfección con el espíritu noble y elegante que preside su organismo. La Fórmula 1 es, ante todo, un deporte de caballeros.

Sé que abuso de su paciencia, pero me gustaría incluir una petición más, ésta a título exclusivamente personal. ¿No se puede incluir una norma que prohíba a los ganadores exhibir con insolencia el dedo índice de cualquiera de sus manos? Es que este año he acabado un poquito harta del dedito de Vettel, la verdad.

Sin más, me despido, enviándoles un cordial saludo.

Atentamente, Susana Caballero.

Lo que pasó en Abu Dhabi

Susana Caballero | 15 de noviembre de 2010 a las 22:15

(Aviso preliminar: Si es usted uno de esos que piensan que Fernando Alonso es un pésimo piloto y peor persona y que se merece todo lo malo que le pase, le sugiero que se ahorre la lectura del texto que sigue y pase directamente al formulario de comentarios para, si así lo desea, compartir con el resto de lectores su parecer. Si, aun así, desea seguir leyendo, le aviso de que es más que posible que termine enfadado, porque la que esto suscribe cree firmemente que Fernando Alonso es el mejor piloto de la Fórmula 1 actual. Evidentemente, cada uno tiene derecho a tener su propia opinión y a expresarla si le parece (sin insultos, por favor). Espero que disculpe que yo haga uso del mismo derecho).

alonso

Ferrari la pifió. Se le puede echar la culpa de la derrota de Fernando Alonso en Abu Dhabi a la mala suerte, a Petrov, a Schumacher, e incluso a Lewis Hamilton, que no tuvo la decencia de mantener a raya a Sebastian Vettel. Pero en la última carrera del año no fue Alonso quien perdió el Mundial. Lo perdió Ferrari.

Obviamente, a toro (rojo; perdón por el chiste fácil) pasado es sencillo señalar los errores y sus culpables, pero Ferrari pecó de una clamorosa falta de previsión. No fue un error pensar que el enemigo era Mark Webber y que había que tenerlo controlado (no fueron los únicos en pensar eso; el sábado los que queríamos que ganase Alonso nos pusimos muy contentos al ver que el australiano saldría el domingo por detrás del español), pero sí lo fue pensar que el enemigo era sólo Webber. En Ferrari prepararon una configuración defensiva para el monoplaza de Alonso (si el enemigo estaba detrás, había que defenderse, no que atacar), y por eso, entre otras cosas, fue incapaz de pasar a Petrov (no tenía velocidad punta suficiente, lo que se une a lo poco propicio para los adelantamientos que es el circuito de Yas Marina). Y por si fuera poco se tragaron el anzuelo de Red Bull con caña y todo.

Webber chocó y se le fastidiaron las ruedas traseras al inicio de la carrera, y entró a cambiarlas. Y en Ferrari se asustaron. Como tenían en su mira al australiano, ordenaron a Alonso entrar también a cambiarlas. El asturiano se hizo el loco (puede que simplemente se le pasase la entrada al pit stop, quién sabe), pero en la siguiente vuelta tuvo que entrar. Cuando volvió a la pista lo hizo detrás del Renault de Petrov, y ahí se acabó la carrera de Alonso y su temporada.

Schumacher

La carrera fue rara desde el principio (por no hablar de la clasificación del sábado; será que me he vuelto paranoica, pero ¿no fue un poco raro que Webber sólo pudiera ser quinto?). O el pit lane estaba mal diseñado o los pilotos de cabeza salieron como locos. Hamilton (segundo) casi se come a Vettel (primero), Button (cuarto) casi lo mismo con Alonso (tercero) -de hecho, le pasó- y Massa (sexto) se le echó encima a Webber (quinto) -vale que las salidas nunca han sido el fuerte de Webber, pero Massa tampoco es que sea un figura-. Y para colmo, el Káiser decide terminar su temporada de regreso a la Fórmula 1 por la puerta grande, con un trompo que forma un lío de narices y que termina con el Force India de Liuzzi aparcado encima del Mercedes de Schumacher, que no perdió (literalmente) la cabeza por muy poquito. Tal vez por eso se pasase el resto de la carrera a carcajada limpia en el muro de su equipo.

El coche de seguridad, que estuvo unas cuantas vueltas en pista mientras se limpiaba el estropicio, se cargó el poco ritmo que pudiera haber alcanzado la carrera. Y cuando empezaba a recuperarlo pasó lo de Webber. Y lo de Ferrari.

Webber

Han pasado más de 24 horas y sigo sin comprender cómo ninguno de los (decenas de) ingenieros de Ferrari, ni ninguno de sus ordenadores, ni nadie que pasase por allí fue capaz de calcular que si Alonso cambiaba neumáticos tras Webber se iba a encontrar a la salida un tráfico de narices, ni cómo ninguna de esas decenas de personas se preocupó en mirar qué hacía Vettel ni en calcular cómo demonios iba Alonso a adelantar a nadie en un circuito en el que no se puede adelantar con un coche configurado a la defensiva y con una velocidad punta de risa. Alonso no podía saber qué se iba a encontrar cuando saliera del cambio de neumáticos (de hecho, Vettel no se enteró de que había ganado el Mundial hasta el final porque su equipo no se lo dijo para no ponerle nervioso), pero toda la gente que había en el muro de Ferrari sí debía saberlo.

VettelLos que vieron la carrera ayer y los que entienden un poco de esto saben lo que pasó en Abu Dhabi. Pero claro, esto es España y, como aquí somos autosuficientes, no hacen falta extranjeros para poner a parir a los nuestros. Para eso ya estamos nosotros. Si Alonso hubiera ganado el Mundial se habría criticado lo de Alemania, y si no cualquier otra cosa: que si es chulo, que si no tributa en España… La lista es interminable, porque esas y muchas otras cosas más ha tenido que escuchar y leer este muchacho que, no lo olvidemos, ha ganado el Mundial dos veces (moralmente ha ganado un par de veces más, pero no entraré en eso).

Curiosamente ha sentado bastante mal el gesto que le dedicó a Petrov tras la carrera, y decir sobre él cosas como que “parecía la carrera de su vida”. Evidentemente Petrov no tenía que dejarle pasar, pero no deja de ser curioso que eligiese precisamente ayer para hacer una carrera estupenda, sin llevarse a nadie por delante, ni salirse, ni romper el coche. Pero eso es mala suerte, y no otra cosa. Y el que no entienda la frustración de alguien que se ha pasado hora y pico intentando pasar a un coche (y que encima se está jugando un título) es que no ha conducido en su vida (o que es un conductor 100% zen, que todo puede ser).

Llegados a este punto se puede echar de nuevo mano del manual del conspirador y remarcar la casualidad de que Renault sea el proveedor de motor de Red Bull (y que se fueran después de fiesta con ellos) y de que sus dos pilotos, Petrov y Kubica, estancasen a los dos hombres que podían inquietar el plácido liderazgo de Vettel (Alonso y Hamilton).

Alonso no necesita que nadie le defienda (“he ganado dos Mundiales; no tengo nada que demostrar”, dijo, y tiene toda la razón), pero lo voy a hacer, más que nada porque estoy harta de leer y escuchar tonterías. Fernando Alonso no sólo tiene dos campeonatos en el bolsillo, sino que es actualmente el mejor piloto de la Fórmula 1, por mucho que le escueza a Bernie Ecclestone y a todos los padrinos de Vettel. No hay más que mirar la clasificación y la trayectoria a lo largo de la temporada de los pilotos de cabeza para admirar lo que el asturiano ha logrado con un coche que es manifiestamente más lento (pero no necesariamente peor) que los Red Bull y los McLaren. Y si eso no es suficiente, ahí están los logros del trío de equipos de cabeza. Los resultados de los dos pilotos de Red Bull son similares, al igual que los de los dos McLaren. ¿Y en Ferrari? Alonso ha acabado segundo y Massa sexto, a más de cien puntos. Red Bull se merecía el campeonato de constructores, pero no el de pilotos. Pero los títulos no los logra quien los merece, sino quien los gana. Y a Vettel le ha bastado liderar la clasificación un solo día, el último, para llevárselo. Ahora igual debería decir que me alegro por él. Pero no es cierto. No le soporto. Ni a él ni a Christian Horner. Y estoy convencida de que han sacrificado a Webber. Y eso me molesta casi tanto como que no ganase Alonso.

Y ahora, ¿qué?

A partir de ahora empieza la temporada 2011, o lo hará cuando a los de Red Bull se les pase la borrachera (¿qué hará el pobre Webber? Dijo que si no ganaba se iría de fiesta con el que lo hiciera, pero me da que no han contado con él en la celebración…) y a los de Ferrari la vergüenza. Además de ponerse a trabajar ya para hacer un coche digno de llevar encima el logo de Ferrari, en Maranello deben hacer una seria reflexión sobre lo que ha pasado para que no vuelva a ocurrir. Eso, y echar a Massa, que mucho tiempo le han aguantado ya.

Alonso_webber

Otro que debería hacer las maletas es Webber, si es que no las ha hecho ya, porque si tenía los días contados liderando el Mundial, su situación ahora en el equipo no debe de ser muy agradable. Un buen destino, creo, sería Ferrari, aunque no sé si estaría dispuesto a ser el segundo de Alonso después de lo que ha aguantado en Red Bull, aunque a Ferrari le vendría de perlas el australiano. Además, los dos pilotos son amigos y a su vez amigos de Flavio Briatore, un señor al que quizás Ferrari debería ir llamando para que les eche un cable, aunque con discreción, que todavía sigue castigado…

El papelón de Red Bull

Susana Caballero | 9 de noviembre de 2010 a las 21:45

Pasó el Gran Premio de Brasil y seguimos sin campeón de Fórmula 1, con todo o casi todo tal como estaba. Y encima fue una carrera aburrídisima, sin apenas abandonos. Eso sí, el adelantamiento de Alonso a Hamilton (y los problemas que ocasionó a los dos el inesperado poleman Hulkenberg) y las nada fáciles pasadas a los doblados añadieron algo de emoción.

Pero lo que más nos interesa (al menos a mí; igual a alguno le gusta más ver si Schumacher vuelve a intentar empujar a Barrichello contra el muro; bueno, a mí eso también me interesaría), que es saber si Alonso sumará su tercer título mundial, continúa siendo tan incierto como después de la carrera de Corea, gracias en buena parte a que Sebastian Vettel sigue sin asimilar eso de mi compañero va mejor que yo y debería ayudarle a ganar el Mundial. Pero como dijo en el previo de La Sexta, al alemán no le interesa pensar en que otro pueda ganar. Quiere ganar él, y punto (le pasaron un cuestionario, a él y a Mark Webber, y no coincidieron prácticamente en nada, aunque lo mejor fue la respuesta del australiano a la pregunta sobre qué haría si ganase el Mundial: “Dar una fiesta y probablemente estar borracho hasta la primera carrera del próximo año”. “¿Y si pierdes?”. “Me iré de fiesta con el que gane”. Sólo por eso se merece nuestro respeto, aunque lo de quitarle los papelitos a Alonso en el podio quedó un poquitín raro…).

Vettel quiere ganar, y Webber también. ¿Y qué quiere Alonso? Ganar en Abu Dhabi o quedar segundo y no tener que preocuparse de lo que hagan los pilotos de Red Bull. Aunque, como él reconoció cuando terminó el Gran Premio de Brasil, la victoria de Vettel en el fondo le vino bastante bien. Aunque le habría venido mejor que Webber se hubiese quedado otra vez por el camino…

¿Y qué pasará en Abu Dhabi? Pues que volveremos a sacar la calculadora. Si Alonso gana o termina segundo se llevará el título, sin importar lo que hagan los demás. Pero hay unas cuantas combinaciones más que se pueden consultar aquí, incluidas las opciones de Webber y Vettel y hasta las de Hamilton, que matemáticamente aún podría ser campeón del mundo, aunque es de lejos el que peor lo tiene de los cuatro.

Y mientras unos y otros hacen cuentas, en Red Bull siguen mareando la perdiz. Siguen diciendo a todo aquel que quiera escucharles que no darán órdenes de equipo, que dejarán que sus dos pilotos peleen libremente por el título y que prefieren ser segundos en el Mundial de pilotos (ya han ganado el de constructores) a ganar con “trampas”, que es lo que, según ellos (y el reglamento, por mucho que la prohibición de las órdenes de equipo sea una norma estúpida), hizo Ferrari en Alemania cuando le dijo a Massa aquello de “Alonso es más rápido que tú” (yo sigo sin ver la ilegalidad; era y es un hecho objetivo que Alonso suele ser más rápido que Massa).

Pero entre tanta ética y golpes en el pecho como adalides de la ética y el juego limpio, al director deportivo de Red Bull, Christian Horner (el de la capucha; quédense con su cara por si acaso), el mismo que hasta hace no tanto abanderaba esos mismos valores, le ha empezado a dar miedo la posibilidad de que esa apuesta por la libre competencia les acabe dejando sin Mundial, y ha dicho que confía en que ambos pilotos tomarán la decisión correcta que impongan las circunstancias. “Los dos corren para el equipo y harán lo que sea correcto en el momento oportuno. Nuestros corredores son jugadores de equipo. Saben que está en juego el mayor título del motor”. Se le entiende, ¿verdad?

Creo que no hace falta explicar nada más, pero lo que está por ver ahora es si Red Bull va a dar recomendaciones a sus pilotos, cómo se las van a apañar para camuflarlas (porque somos muchos los que vamos a estar muy atentos a lo que hagan Webber y Vettel, y sus mecánicos, porque en los boxes también se pueden ganar o perder posiciones) y, sobre todo, cómo las justificarían después, porque desde Alemania a todos se les ha llenado la boca criticando las trampas de Ferrari, desde Red Bull a McLaren, pasando por el propio Bernie Ecclestone y, cómo no, la prensa británica, a la que tan bien le caen los deportistas españoles y los españoles en general (no hace falta recordar el cariño con que hablaban de la selección durante el Mundial de Fútbol, ¿no? Si es que lo de la Pérfida Albión se lo han ganado a pulso…).

Alonso triunfa en el desastre de Corea

Susana Caballero | 25 de octubre de 2010 a las 21:15

Advertía el otro día sobre lo arriesgado de hacer un pronóstico sobre el final del Mundial de Fórmula 1. Entre las muchas variables que había que tener en cuenta hablé de los problemas de fiabilidad de Red Bull (ahí está el abandono de Sebastian Vettel en Corea), de los peligros de los pasos por boxes (a Fernando Alonso por poco le mete en un lío esa tuerca pizpireta que no quería entrar -o salir, no me quedó muy claro-) o de los accidentes, de los que hubo unos cuantos en Corea, aunque el de Mark Webber es el que más nos interesa (que conste que me alegro de que no le haya pasado nada, que luego anda diciendo por ahí que le deseamos lo peor).

De lo que no hablé el otro día fue de la lluvia ni de cómo influye en todo lo anterior la variable vamos a estrenar un circuito que ni de lejos está preparado para acoger ya una carrera de Fórmula 1. Quien viese ayer la carrera comprobaría con sus propios ojos (y con sus oídos, porque el equipo de La Sexta no dejó de repetir que la organización había metido la pata al autorizar el Gran Premio de Corea) que el circuito de Yeongam es poco más que una pista de asfalto en medio de ninguna parte. Que no haya accesos, ni hoteles, salvo para los pilotos (los periodistas, por ejemplo, parece que dormían en moteles de lo más cutre; ¿alguien vio a Botín por allí?) o que los equipos de televisión tengan que saltar vallas para entrar en el recinto no sería más que una anécdota si lo esencial, el circuito, hubiese estado en perfectas condiciones.

No era el caso. A lo mejor en seco no se habría notado tanto, pero con lluvia la carrera fue un despropósito. Una se acostumbra a los charcos, los baches y los barrizales en las calles y carreteras de andar por casa por las que tiene que circular cada día, pero le gusta pensar que hay un mundo mejor de carreteras perfectas, asfalto impoluto y donde los baches no son más que una entelequia. Y suele pensar que ese paraíso es el de la Fórmula 1. Pero el circuito de Corea del Sur no es digno de pertenecer a ese paraíso. Al menos aún no. Ni el asfalto estaba perfecto, ni estaba limpio, ni absorbía el agua, y para colmo las zonas de césped de los márgenes de la pista emanaban un barro que terminaba sobre el asfalto. Por si fuera poco, la grúa que se llevó el maltrecho monoplaza de Webber cruzó dos veces la pista (una en cada sentido). Un desastre.

Dicen que la fortuna va por barrios, y en esta ocasión el desastre se cebó especialmente en el box de Red Bull. En lo que llevamos de temporada nunca habían quedado sus dos pilotos fuera. Y les ha pasado en la antepenúltima prueba del campeonato (las reacciones en Ferrari y McLaren no tuvieron desperdicio). Primero fue Webber el que se estampó tras un trompo contra el muro (y de paso se llevó a Rosberg puesto) y después Vettel, que de repente se quedó sin motor (conociéndole, a lo mejor tocó donde no debía…). El resultado, por si alguien todavía no se ha enterado, es que Alonso se ha encaramado al liderato del Mundial, con 231 puntos; en segundo puesto va el australiano, con 220; tercero es Hamilton, que ha vuelto a meterse en la pelea con su segunda posición en Corea y sus 210 puntos, y Vettel cae al cuarto lugar con 206.

Alonso aún no ha ganado nada, y no dejan de repetirlo tanto él como el equipo, pero en Corea, y en las carreras anteriores, ha dado otro paso decisivo hacia el título. Con un poco (o un mucho) de suerte y un poquito de gafe para Webber, el español podría ser campeón del mundo el 7 de noviembre en Brasil. Para ello, necesita ganar y que el australiano sea, como mucho, quinto. ¿Es poco probable? Sí, pero también lo era que los dos Red Bull quedasen fuera de la misma carrera, y ha pasado.

Por supuesto, Webber y Vettel siguen teniendo opciones de ganar el Mundial (y Hamilton, y hasta Button, por remotas que sean), aunque son 14 los puntos que separan a ambos en la tabla. Lo lógico sería que su equipo lo apostase todo por el mejor de sus pilotos, por el mejor situado, por el que sólo está a 11 puntos del líder. Pero Red Bull no es un sitio lógico, sobre todo si es Webber el que va por delante. Si fuese el alemán el que estuviese a 11 puntos de Alonso haría ya bastante que Christian Horner habría puesto al equipo entero a su disposición. Pero no es Vettel, sino el otro, así que van a seguir con la estupidez de dejar que los dos se las apañen. A lo mejor al final la jugada les sale bien y uno de los dos levanta el título mundial, pero en caso contrario se darán cuenta de su error demasiado tarde para rectificar.