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El nuevo romanticismo de San Mamés

Antonio Galiano | 17 de enero de 2012 a las 19:36

La temporada pasada escuché con sorpresa que la afición del Athletic de Bilbao estaba comenzando a cansarse de Joaquín Caparrós. Lo que de puertas hacia afuera parecía un idilio entre San Mamés y un técnico al que le define el carácter aguerrido del que dota a sus equipos y el jugo que le saca a la cantera -dos de las señas de identidad de esta institución- se resquebrajaba porque un sector de la afición reclamaba un mejor juego.

Pese a los buenos resultados obtenidos por el utrerano en sus cuatro temporadas, en las que devolvió al equipo a una final de la Copa del Rey y dos veces a Europa, el verano trajo su adiós forzado. La apuesta en las elecciones a la directiva de Josu Urrutia por el nombre de Marcelo Bielsa acabó con el ex jugador del Athletic en el palco de La Catedral, con el peculiar argentino en el banquillo bilbaíno y con Caparrós en una extraña aventura en el Neuchatel suizo del magnate Bulat Chagaev y luego en el Mallorca. Ahora se verán las caras por un puesto en las semifinales de la Copa del Rey, una competición con una gran importancia tradicional en Bilbao.

Caparrós llegó al Mallorca de la mano de Lorenzo Serra Ferrer, un viejo conocido de su época en el Sevilla. Se encontró un club en plena crisis directiva y con una plantilla que había sido capaz de rascar siete puntos en siete jornadas bajo el mando de Michael Laudrup, que decidió dimitir después de enfrentarse a Serrar Ferrer. Cuando falta una jornada para terminar la primera vuelta, el equipo está fuera del descenso, con 12 puntos más, y en cuartos de final de la Copa, gracias a una remontada espectacular ante la Real Sociedad que ha espoleado a sus jugadores.

Bielsa, mientras tanto, tiene a su equipo quinto con 26 puntos, una trayectoria que por ahora le sirve para meterse en la Liga Europa, pese a que la cuarta plaza que da acceso a la Liga de Campeones está este año más barata que nunca con el Levante como sorprendente ocupante. Con esta progresión, el equipo bilbaíno no superaría los 58 puntos con los que acabó el de Caparrós la temporada pasada en Liga, en la que el utrerano consiguió su mejor resultado en cuatro años. Pero el Athletic también sigue vivo en la Liga Europa -la primera fase suele ser una broma- y la Copa -ha eliminado a dos Segunda B, el Albacete y el Oviedo-.

Lo que más llama la atención es que a pesar del mal comienzo del Bilbao y de que no termina de establecer la velocidad de crucero en Liga, la afición parece encantada con el cambio. La apuesta de Bielsa por el buen juego ha enamorado a La Catedral y por ahora no importa que los resultados a veces no acompañen. El aficionado bilbaíno ha cambiado el chip de repente y ahora el carácter combativo tradicional de sus equipos no importa. Eso sí, un jugador identificado sin duda por su calidad futbolística como Gaizka Toquero sigue siendo el más aclamado en el campo. Un extraña simbiosis de gustos en plena transición a un objetivo: un estilo asemejado al del Barcelona. ¿Silbarían ahora la genialidad y la desidia de Yeste?

La sensación es que el aficionado del Athletic está dispuesto a perdonar lo que sea en esta primera temporada siempre y cuando se juegue bien, porque se le ha vendido y cree que el proyecto del argentino tiene un gran futuro a largo plazo. ¿Pero cuánto puede durar esa utopía si no vienen los éxitos, o por lo menos la igualada de los méritos de Caparrós? ¿Tan mal jugaba el equipo del utrerano para acoger a Bielsa con tanta esperanza y un crédito casi ilimitado?

Nadie discute la figura de El loco. Es más, nadie se atreve, visto el prestigio del que goza entre sus colegas, de los que muchos -incluido Pep Guardiola- se han interesado por sus métodos de trabajo en persona. Lo que pasa es que en su palmarés, y por muy bien que hayan jugado sus equipos, no deja de ser el técnico dejó tirado al Espanyol en plena temporada; el que dirigió a la Argentina que fue eliminada en la primera fase del Mundial de Corea y Japón de 2002; y el que tampoco fue capaz de pasar de octavos de final en Sudáfrica con Chile, aunque tuviera mal suerte con los cruces.

Sinceramente, me parece mucho más meritorio coger a un equipo que había coqueteado con el descenso en los últimos años y recuperar su prestigio y a su estrella, Fernando Llorente -no hay que olvidar las dos temporadas horrendas del internacional previas a la llegada del utrerano-, que heredar una plantilla renovada y hecha para hacerla jugar bien sin generar resultados espectaculares. ¿Porque la -b va antes que la -c? Tal vez con la llegada de El loco a San Mamés, La Catedral haya perdido también el juicio en favor del romanticismo. Ojalá que la expectativa se cumpla y podamos disfrutar todos de su juego. Mientras tanto, más vale un valor seguro como el de Caparrós.

La reanimación del ‘gigante’

Antonio Galiano | 12 de octubre de 2010 a las 1:08

Cómo te cambia la vida a veces un buen entrenador. Andas por ahí perdido a la vista de todos y no sabes qué te pasa. ¿No rindes por qué es culpa tuya? ¿La mala situación del equipo te está arrastrando pese a que tú eres su esperanza? ¿El que tiene encomendado hacerte explotar desconfía de ti?…  Y para colmo no aprovechas las oportunidades que te dan pese a que te esfuerzas, y mucho. Y de repente, la cosa cambia. Llega alguien que sabe de lo qué va la cosa y te salva una carrera hasta entonces como poco decepcionante.

Tiro de la empatía y creo que algo de esto ha tenido que pasar por la cabeza vigía de Fernando Llorente. Ahora es campeón del Mundo, estandarte de su club (un histórico) y una alternativa muy a tener en cuenta por la mejor selección del Mundo, en la que pese a que parezca un Gulliver cualquiera entre tanto genio bajito, se ha hecho un hueco y aprovecha cada oportunidad que le deja el dueño por decreto mediático de su puesto.  Aunque sin descaro, se deja querer por los grandes y encima va a recibir su peso en cerveza Cruzcampo (aunque eso es secundario) ¿Puede pedir más?

Llorente está de moda. El delantero navarro de planta envidiable por fin se ha convertido en el jugador que prometía. En el Mundial justificó con creces  su presencia en la lista de Del Bosque en lugar de un desinflado Negredo cambiando el partido clave de octavos ante Portugal.

Contra Lituania, el pasado viernes, se reivindicó como el primer relevo de garantías de Torres (lo que no quiere decir que tenga que jugar siempre, pero sólo discutiéndose su  presencia…). Fue el perfecto ariete para hacer contundente la esquisitez del toque español con sus dos goles de cabeza, sin dejar de lado su juego con los pies, con el que reclama que los altos también saben de qué va esto del fútbol pese a que ahora parezca que sólo es cosa de bajitos.

No hay  duda de que el mérito de tan tamaña progresión es del propio jugador, pero sino gran parte, al menos la mitad lo es también de Joaquín Caparrós. Éste fue el que levantó la pluma para cosquillearle los pies y despertarlo.

Hasta la llegada del técnico utrerano, el delantero se había ido diluyendo durante dos temporadas en un equipo envejecido que trataba de evitar el descenso entre manos de Mendilibar, Clemente, Sarriugarte y Mané. En los ejercicios 2005/2006 y 2006/2007 sólo anotó cuatro goles en Liga, incapaz de desbancar a un ya manío Ismael Urzaiz. Incluso fue silbado por una afición de reconocida sapiencia como la de San Mamés.

Estaba en la puerta de salida, pero llegó Caparrós. Frenó su venta y le dio confianza y entrenamientos específicos para explotar su excepcional físico en todos los ámbitos del juego. Por arriba, por abajo, defendiendo balones aéreos, el juego de espaldas, dónde anclar a los centrales, psicología para aguantar la presión… Antes parecía convertirse en un tanque sin balas y ahora es la lanza goleadora de un Athletic al que ha hecho mucho más respetable junto con Caparrós.

El día después del partido de Lituania, en los informativos en los que se le daba a Llorente el espacio que se merecía por su actuación, no escuché ni siquiera una mención a su técnico en el Athletic. Lógicamente no me refiero a que siempre el nombre del delantero centro tenga que ir ligado al de Caparrós, pero que al menos a veces se recuerde qué quedaba de Llorente antes de la llegada del utrerano a Bilbao.

Quién sabe en qué equipo estaría Llorente si se le hubiera vendido. Lo mismo sería la leche y tendría dos Champions, pero la cosa no tenía esa pinta. Quizás este Gulliver se hubiera quedado dormido e inmóvil. Maniatado en el suelo.

Resumen España-Lituania:

http://www.youtube.com/watch?v=CSE0iMT8Tts