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Sorteo de la Champions: Bolas frías, bolas calientes y pruebas ¡que queman!

Jesús Ollero | 20 de diciembre de 2012 a las 13:54

Nadie que siga mínimamente el fútbol habrá dejado de oír historias sobre la posibilidad de que, en general, haya una parte o un todo de los sorteos que esté dirigido. Incluso teledirigido. Esto es como creer en los Reyes Magos, un acto de fe auténtico, pero a veces las cosas se complican y a ver cómo se encuentra una explicación más allá de la casualidad. ¿Quién no ha visto a un participante en un sorteo darle vueltas a la misma bola?

Como no creo en las casualidades, y en este caso la casualidad es tan complicada que parece imposible. A las 11:24 subió a twitter Esteban Gómez (@MiRondo), productor audiovisual de Punto Pelota, este tuit.

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La imagen de marras es la que sigue:

En realidad, la prueba no es de hoy. Fue ayer (nótese el horario británico), pero el fondo de la cuestión no cambia: Se repiten los OCHO enfrentamientos, cambiados de orden. ¿Casualidad? Mucha casualidad, ¿no?

Repasemos. Arsenal-Bayern, Real Madrid-Manchester United y Milan-Barcelona son las eliminatorias más destacadas de octavos. Esto garantiza el máximo retorno televisivo en los países de mayor tirón del torneo: España, Inglaterra, Alemania e Italia. Los clubes, digamos, emergentes, no han salido del todo mal parados: El PSG con el Valencia o el Shakhtar Donetsk con el Borussia Dortmund. Rivales complejos, pero eliminatorias abiertas (como sus mercados). El resto de cruces (Oporto-Málaga, Celtic-Juventus, Galatasaray-Schalke 04) parecen razonables para mantener representación en los mercados español, italiano y alemán. Eso es la teoría, la que el fútbol luego hace añicos, pero ahí queda.

El único problema de este sorteo para la UEFA puede ser el mercado inglés (sólo quedan Arsenal y Manchester United, precisamente), con la final este año en Wembley. O igual no les interesa un equipo inglés en una final en Inglaterra… Dos aficiones que viajan, doble de ingresos a muchos niveles.

Vuelve el ‘otro’ de Manchester

Antonio Galiano | 24 de octubre de 2011 a las 18:13

El dinero no da la felicidad, pero no cabe duda que ayuda a conseguirla. El ejemplo más claro es que no puedo imaginarme hoy un hombre más contento que un aficionado del Manchester City. Bueno sí, uno del Levante, pero es una felicidad diferente. El equipo español vive en un lugar que nunca ha catado y que sabe que no le corresponde; el City, tras años de conformarse con no pasar apuros o ascender de categoría, se ha permitido el gustazo de humillar a domicilio a su eterno rival y ve el futuro con perspectivas de convertirse  en otro Chelsea -y sin tener un Mourinho en el banquillo-.

No sé si hay comparación del todo precisa, pero lo que pasó el domingo en Old Trafford puede ser equiparable, salvando las distancias, a que el Atlético de Madrid o el Inter de Milán le endosaran un 1-6 al Real Madrid o al Milan, aunque en otro tiempo hubiera sido más bien al contrario. Hay aficionados que desconocen que el City no es el nuevo rico de la ciudad -más bien el viejo-, ya que, por historia y afición, siempre ha sido el primer club de Manchester.

El City ha pasado los últimos 25 años a la sombra de la meteórica progresión del United de Alex Ferguson. Los más jóvenes sólo hemos visto como el que creíamos el único Manchester relevante se convertía en el equipo más fuerte de la Premier y una potencia europea. Pero sin profundizar demasiado en el pasado, hasta mediados de los 70, fecha en la que empezó su declive el City, el United tenía una afición mucho más pequeña que había ganado algunos adeptos por el trágico accidente en el que murió su plantilla al completo en 1958.  A partir de los 80 -más aún en los 90- el City se convirtió en un equipo ascensor que incluso llegó a bajar a la tercera división -único equipo inglés con títulos europeos en hacerlo-. Pero todo eso parece haberse acabado con la llegada del grupo inversor de los Emiratos Árabes que ahora es su propietario.

Así es como el segundo equipo de Manchester es ahora de nuevo un club de moda en Europa. No sólo se permite el lujo de arrebatarle los mejores jugadores del continente a los equipos más potentes, sino que lo que le sobra -algunos futbolistas que serían titulares indiscutibles en muchos equipos de élite- lo cede o lo malvende sin ningún tipo de tapujo. Para enterdernos, es como un  conjunto armado por un niño que ficha en un videojuego, porque si no, nadie comprende que se junte a Balotelli, Tévez, Adebayor o Robinho sin tener en cuenta la salud del vestuario o que se haga de Yaya Touré el jugador mejor pagado de la Premier. Vamos, la versión cutre y magnificada del Florentino de los galácticos.

Tras cuatro años de derroche y de pruebas de entrenadores, el equipo parece haberse consagrado donde más lo necesitaba. Es cierto que el resultado del derbi hasta el minuto 81 no era tan escandaloso -sólo un 1-3-, pero el baño de juego si lo fue. La cara de Ferguson al final del partido, nada acostumbrado a estos ridículos, lo decía todo. No recuerdo un resultado que me llamara tanto la atención en contra del United. Sin embargo, si juntas a gente como Silva, Agüero, Balotelli -con todo lo loco que esté- y un rematador como Dzecko, a poco que se centren y se ajusten, el resultado es demoledor.

¿Es realmente el City un equipo que se puede hacer un grande de Europa o se quedará en experimento? Si Mancini, que deja  serias dudas como entrenador y como gestor de vestuarios, hace lo que tiene que hacer, los celestes tienen todas las papeletas de ser este año campeón en Inglaterra y madurar en la Champions como posible discutidor de la aparente supremacía de Madrid y Barcelona.

La fórmula no parece muy complicada: que jueguen Silva y Agüero y nueve más y que el dinero no se acabe, claro. Aunque los gérmenes de vestuario -como Tévez o el impredecible Balotelli- o los que puedan llegar con esa política indiscriminada de fichajes presentan el riesgo de estropearlo todo. Ahora que el talento parece haberse asociado, a poco que haya una buen plan para regular los egos y las cabezas semiperdidas -las declaraciones de Silva sobre Del Bosque tampoco anuncian que esté muy centrado- no se pudrirán sus aspiraciones. Si es así, los aficionados del City pueden volver a disfrutar de muchos lunes felices y reclamar con justicia su lugar a los ojos de los que creían que en Manchester sólo lucía el rojo diablo.

Wayne’s World

Antonio Galiano | 26 de octubre de 2010 a las 22:53

El mundo de Wayne Rooney es toda una continua e imprevisible incógnita. Mucho más en lo personal que en lo profesional, pero por las especulaciones y confirmaciones  sobre este último campo, su nombre se ha escuchado  más que el de Mourinho en los últimos días. Todo un mérito a tener en cuenta.

Me quedo, no me quedo, me dan más dinero, no me dan más dinero … me dan más: me quedo. Básicamente eso es lo que pasó la semana pasada en apenas tres días en los que tanto Alex Ferguson como el jugador  tiraron de estrategia para conseguir lo que querían. El técnico (que apareció abatido y semilloroso para anunciar que Rooney quería dejar el equipo) consiguió que su estrella no levantara el vuelo para convertirse en la tercera insignia que se le marcha en siete años, tras las espantadas madridistas de David Beckham y Cristiano Ronaldo. Rooney consigue que le doblen el suelo de golpe y porrazo con un simple pero serio amago, tras un principio de temporada para el olvido. Más eficaz aún que en el área.

Es evidente que la inteligencia de Rooney hace dudar de que tan rentable plan express se le haya ocurrido a él solo. Estamos hablando de un jugador que era el mejor aval de un estudio que concluía que los delanteros centro eran mejores cuanto menor fuera su capacidad intelectual; el que empujó a Casillas en el Bernabéu para que se estrellara con una valla publicitaria cuando el balón ya no estaba en juego; al que fotografían fumando u orinando en la calle regularmente; el que amenazó a su compañero en el Manchester Cristiano Ronaldo porque se alegró de su expulsión en un duelo de cuartos entre Inglaterra y Portugal en la Eurocopa de 2004; el que ha sido pillado con una prostituta de lujo cuando su mujer estaba embarazada (un hecho que ha provocado que hasta Coca Cola retire su imagen de una campaña publicitaria); y un largo etcétera de ricuras protagonizadas por esta criatura que cumplió 25 años el domingo 24 de octubre.

Pero aunque por su comportamiento y aspecto parezca uno de esos ingleses que campean por Ibiza o la Costa del Sol , Rooney es uno de los mejores delanteros del mundo y estrella de un club de los más grandes de Europa. Sin embargo, los escándalos en los que normalmente se ve envuelto torpemente y una turbulenta vida privada amenazan con que no llegue a culminar una carrera de la magnitud que se le presuponía cuando emergió en el Everton y recaló por una millonada en el Manchester. Además , la afición inglesa también empieza a reprocharle que no haya sido capaz por ahora de echarse a la selección a sus espaldas en las dos eurocopas y mundiales que ha jugado.

El talento desperdiciado en una vida de excesos es algo muy frecuente en los jugadores  de fútbol en general, pero aún más en los que son tan primarios, pero parece que afortunadamente Wayne respeta una figura que piensa por él. Apuesto a que con todo lo que sea Ferguson, sin su mano y tutela, Rooney se hubiera convertido en un Gascoine cualquiera (algo que en un futuro no descarto). Otro de esos brillantes jugadores a los que la historia se les escapa entre su visceral instinto. El escocés pone la cordura, Rooney, cuando se centra, los goles. No creo que Ferguson  lo quiera como a un hijo precisamente, pero lo necesita.  La relación es parasitaria. Por eso y por lo giros que ha dado la situación en los últimos días no cabe descartar que el urdidor de tan beneficiario plan para ambos sea el técnico. Ambos están contentos; uno cobra más y el otro se queda con su mejor jugador ¿No es demasiado sospechoso? Y los dueños del club soltando dinero como tontos. No pondría la mano en el fuego porque no se haya llevado también  su comisión como cerebro de la operación. Que 22 años en el mismo sitio y lidiando con jugadores de lo más variopinto dan para mucho.