Archivos para el tag ‘Real Madrid’

Sorteo de la Champions: Bolas frías, bolas calientes y pruebas ¡que queman!

Jesús Ollero | 20 de diciembre de 2012 a las 13:54

Nadie que siga mínimamente el fútbol habrá dejado de oír historias sobre la posibilidad de que, en general, haya una parte o un todo de los sorteos que esté dirigido. Incluso teledirigido. Esto es como creer en los Reyes Magos, un acto de fe auténtico, pero a veces las cosas se complican y a ver cómo se encuentra una explicación más allá de la casualidad. ¿Quién no ha visto a un participante en un sorteo darle vueltas a la misma bola?

Como no creo en las casualidades, y en este caso la casualidad es tan complicada que parece imposible. A las 11:24 subió a twitter Esteban Gómez (@MiRondo), productor audiovisual de Punto Pelota, este tuit.

Invalid installation. Please check the 'Embedded Tweets' admin panel.

La imagen de marras es la que sigue:

En realidad, la prueba no es de hoy. Fue ayer (nótese el horario británico), pero el fondo de la cuestión no cambia: Se repiten los OCHO enfrentamientos, cambiados de orden. ¿Casualidad? Mucha casualidad, ¿no?

Repasemos. Arsenal-Bayern, Real Madrid-Manchester United y Milan-Barcelona son las eliminatorias más destacadas de octavos. Esto garantiza el máximo retorno televisivo en los países de mayor tirón del torneo: España, Inglaterra, Alemania e Italia. Los clubes, digamos, emergentes, no han salido del todo mal parados: El PSG con el Valencia o el Shakhtar Donetsk con el Borussia Dortmund. Rivales complejos, pero eliminatorias abiertas (como sus mercados). El resto de cruces (Oporto-Málaga, Celtic-Juventus, Galatasaray-Schalke 04) parecen razonables para mantener representación en los mercados español, italiano y alemán. Eso es la teoría, la que el fútbol luego hace añicos, pero ahí queda.

El único problema de este sorteo para la UEFA puede ser el mercado inglés (sólo quedan Arsenal y Manchester United, precisamente), con la final este año en Wembley. O igual no les interesa un equipo inglés en una final en Inglaterra… Dos aficiones que viajan, doble de ingresos a muchos niveles.

¿Impropio de Guardiola?

Antonio Galiano | 3 de mayo de 2012 a las 13:44

Será un modelo y una institución que va mucho más allá del fútbol, pero también es una persona. Y eso hace que a veces diga lo que piensa en lugar de pensarse lo que dice, o que simplemente se equivoque. Y eso le ocurrió al término del antepenúltimo partido de Liga, en el que su equipo ya no dependía de sí mismo para evitar el alirón del Real Madrid. El cuarto en la cuenta atrás antes de su marcha tras cuatro años en los que ha conseguido armar el que para muchos es el mejor equipo de la historia y ha construido una imagen y un discurso intachables en el que algunos vislumbran un lado oculto al que ha dado veracidad con sus últimas declaraciones. “El Madrid es el justo campeón, pero han pasado muchas cosas… escondidas por nuestro silencio. Han pasado cosas y están ahí”. ¿Ahora qué pasa? ¿Es impropio suyo lo que ha dicho o era propio y no lo sabíamos? ¿Hay que darle la razón a los fans de Mourinho que argumentan que Guardiola es similar al técnico luso pero menos honesto y transparente?

Cualquier reconocimiento a la figura de Pep Guardiola se queda corto. Cogió un equipo de mucho talento mermado por rémoras de vestuario y el desgaste del hambre saciada y lo ha convertido en un sello a nivel mundial que se ha contagiado a la selección española que ha logrado ser campeona del mundo vertebrada gran parte en sus jugadores. Supo limpiarlo e incorporar canteranos que ni siquiera habían pasado por la Segunda División española que ahora son internacionales; expurgar de malas influencias al que ya es el mejor jugador del mundo, Lionel Messi, y hacerlo líder; y tejer una seña de identidad desde la deportividad y la educación que tiene que ser un ejemplo para cualquier alevín. Por eso ha decepcionado que estando en la rampa de salida manche ese modelo de comportamiento vertiendo a su manera esas dudas sobre cómo el Real Madrid ha acabado con su hegemonía.

No comparto las formas de Mourinho, y menos aún, la mayoría de las veces, sus quejas. No creo que haya ni que criticarlas porque se descalifican solas. Pero hay que reconocer que sí es verdad que todo el mundo sabe lo que piensa Mourinho porque lo dice. No sugiere, no suelta las cosas sin concretar para luego enconderse detrás de su verborrea y sarcasmo. Para las críticas y los halagos -tras ganar la Liga ha dicho que ha sido la más difícil de su carrera, un gran elogio al Barca viniendo de quien viene-, es así. Sabes de qué va y por qué lo hace, aunque repugne ese juego sucio. Pero su antítesis no es así, por eso en él esa torpeza desconcierta y pone sus intachables formas en entredicho para gozo del fanático madridista, Mou el primero. Y encima, justamente al final de su primer periplo azulgrana (está claro que habrá más en el cargo que sea), y en el momento más inoportuno, cuando ha sido vencido.

Está claro que se refiere a los arbitrajes, y lo mismo no le falta razón. No obstante, lo que se discute es que ha contradicho el discurso de club que impuso de no dudar de la limpieza de la competición ni de los árbitros cuando era respaldado por el éxito. Todo un desplante al aficionado azulgrana que tan orgulloso está de esa filosofía de hablar en el campo que comprende que el fútbol es un deporte en el que hay tener estilo hasta para perder. Aun así, pese a la claridad del error, ya han salido voces escudándolo que alegan que los “silencios” que cita se refieren a las enfermedades de Tito Vilanova y Abidal, pero esas tesis no se sostienen teniendo en cuenta que son dolencias que se han hecho públicas.

El Madrid ha ganado la Liga porque se la merece y lo ha hecho, sea como fuera, en el Camp Nou. Sea justo o no en la diferencia de pareceres. Guardiola es un señor y no debe tirar por la borda su legado deportivo y ejemplar. Todo fallamos, por eso quiero creer en ese ejemplo y me tomo su divagación como un borrón en su cuenta. Ese Barcelona no lo merece, como Mourinho tampoco merece ganarle la partida mediática consiguiendo que Guardiola se ponga a su altura.

Cansado de Képler

Antonio Galiano | 24 de enero de 2012 a las 18:40

Pepe. Seguramente uno de los nombres más comunes que se escuchan en la vida diaria de cualquier español. ¿Quién no tiene un familiar Pepe, amigo Pepe o conocido Pepe? Pues ahora también hay que oír y leer el dichoso nombre ya martilleante en todos los medios bajo hasta llegar a aborrecerlo.

El pisotón con premeditación que Képler Laveran Lima Ferreira -su nombre real, por el que le voy a llamar de aquí hacia abajo, para no saturar más- plantó en la mano de Lionel Messi cuando éste yacía en el césped tras una falta ha sido el tema que ha acaparado la larga resaca de la ida del Real Madrid-Barcelona de la Copa del Rey. Primero con el debate sobre si el Real Madrid debería sancionarlo de forma interna; luego por su poca creíble disculpa alegando que fue inintencionada; y ahora sobre si debe ser alineado en el Camp Nou por su entrenador, compatriota y defensor acérrimo, José Mourinho.

Lo que opino de Képler ya lo expuse no hace mucho tiempo en otro artículo en el que me sorprendía su falta de fechorías en el arranque de la temporada. Un jugador de condiciones defensivas innegables, por su rapidez y anticipación, con cierta carencia táctica y proclive a la locura transitoria, pero recuperable. Ahora, vista su continua reincidencia en acciones violentas, de verdad parece que ya no tiene remedio, ni con Mourinho ni sin él.

Porque sólo un certificado que dijera que de vez en cuando pierde el juicio explicaría que un jugador vuelva a jugarse la roja sin miramientos en un partido de tal importancia. No sólo con el juego al límite, sino también con agresiones que las cámaras nunca dejan pasar. Alguien debería decirle, primero, que ese tipo de juego sucio da asco. Y segundo, que ésta ya no es la época de los temibles centrales con bigote, en la que el número de cámaras que se utilizaba en la retransmisión de un partido no abarcaba a veces ese tipo de acciones. Lo que se hace ahora, el ojo lo acaba viendo gracias al objetivo.

Dejando la salud mental de Képler al margen, no se le ve mucho sentido a la polémica de si debe jugar o no en el Camp Nou. Si yo fuera Mourinho, no le pondría a menos que le practicara una reprogramación de urgencia, pero no será ésta la opción por la que se decidirá el entrenador, considerando lo que le gusta provocar y que no se fía de Rafael Varane ni de Raúl Albiol y que Ricardo Carvalho está para el arrastre -el que no cometiera fallos garrafales en la ida no esconde que Ramos tuvo que multiplicar sus esfuerzos para tapar la lentitud de su compañero-. Si está bien físicamente, y como ha declarado el técnico, Képler jugará pese al riesgo añadido de que se encuentre un ambiente como el que recibió a su compatriota Luis Figo en su vuelta al Camp Nou y acabe de volverse majara de remate.

Tampoco se puede dejar escapar que es cierto, como se ha encargado de recordar la prensa madridista, que el Barcelona no castigó a Hristo Stoichkov cuando pisó al árbitro Urizar Azpitarte y creyó a Busquets cuando negó que hubiera llamado a Marcelo “Mono” la temporada pasada. Si no está sancionado, Mourinho también está en su derecho de excusar y utilizar a su jugador si le hace falta, aunque no se crea la explicación ni él.

El mayor problema de todo esto es que no se debía haber llegado al último debate. ¿Cómo un comité, con las imágenes en la mano, no actúa de oficio y corta este tipo de conducta violenta de raíz sancionándolo? Y es que tiene razón Sandro Rosell cuando compara -salvando las distancias de la gravedad- el caso de Képler con el de Balotelli, que será castigado con cuatro partidos por pisar la cabeza de Parker, del Tottenham. El jugador no vio ni amarilla y ahora será sancionado. Es lo normal. Sólo con un castigo ejemplarizante así, quizás la próxima vez el futbolista luso se piense dos veces hacer de las suyas. O no. Por su pateo a la espalda de Casquero le cayeron diez partidos y parece que eso no le hizo aprender la lección. Lo que decía, Pepe-Képler, una misión imposible.

‘Matagigantes’ sin honda

Antonio Galiano | 20 de enero de 2012 a las 6:00

Que grande es la Copa. Cierto que podría ser más magna aún si se adoptase el modelo de eliminatoria que se sigue en Inglaterra, pero si en España caen a doble partido incluso equipos de la talla del Real Madrid, no hay que ni imaginarse que podría pasar si se juega a un sólo partido en el campo del equipo más débil. ¿Una final Mirandés-Alcorcón? No conviene ni a la reputación de los grandes ni a la televisión.

Aún así, casi todos los años algún modesto da alguna campanada y hasta le coge el gusto en eliminatorias siguientes. Esta campaña la sorpresa se la ha ganado ser el equipo burgalés del Mirandés, que se ha deshecho de Villarreal y Racing de Santander, y al que sólo un milagro del Espanyol le ha privado de jugarse el pase a las semifinales en casa con una ventaja casi definitiva. Toda una hazaña del equipo dirigido por Carlos Pouso, que este año se ha metido de lleno en el papel del ya tradicional matagigantes que acapara el apoyo del aficionado de a pie.

Pero antes que el conjunto de Miranda de Ebro, otros antepasados se ganaron el reconocimiento y el respeto del fútbol español. Los más recientes, el Real Unión de Irún y el Alcorcón, que no pasaron de los octavos de final, pero que se permitieron la proeza de dejar fuera en el Bernabéu a todo un Real Madrid, un Goliat de los que hacen ruido cuando su espalda toca el suelo -que se lo digan a Bernd Schuster y Manuel Pellegrini-. Ambos equipos, entonces de la tercera categoría española, se deshicieron en 2008 y 2009 del equipo blanco a las primeras de cambio para luego culminar la temporada con el ascenso a Segunda División.

Este tipo de golpes de efecto despiertan más admiración cuando el protagonista es un Segunda División B, aunque no menos valor tiene cuando el que comienza a dejar primeras en la cuneta es un Segunda A. En los últimos 20 años, el equipo que tiene el honor de decir que ha llegado más lejos en la Copa del Rey desde una categoría inferior a la Primera División es el Deportivo Alavés de Mané, que fue eliminado en semifinales por el Mallorca de Héctor Cúper en la temporada 1997/1998, que luego perdería la final por penaltis ante el Barcelona.

En esa plantilla ya estaban algunos de los pilares que luego llevarían a los vitorianos a la mítica final de la Copa de la UEFA de la 2000/2001 ante el Liverpool. Jugadores como Karmona, Téllez, Desio, Pablo, Ibón Begoña y Javi Moreno -además de un Raúl Tamudo con 20 años y un clásico de las estampitas como Pedro Riesco- dejaron fuera a equipos de la máxima categoría como el Real Oviedo, SD Compostela, Real Madrid -cómo se las apañará, que siempre le pillan de por medio…- y el Deportivo de La Coruña. Una experiencia que le sirvió para ir habituándose a la división en la que militaría la temporada siguiente tras coronar una de sus temporadas más gloriosas con su vuelta a Primera tras 42 años. Con récord de puntos incluidos. Todo un preludio de lo que vendría después.

Pero si hay un equipo digno de homenaje que todo el mundo asocia con la heroicidad de la Copa del Rey es sin duda el Numancia. Un club que hoy parece todo un clásico de Segunda División que se deja ver alguna temporada que otra por los campos de Primera, fue un día un Segunda B que acaparó todas las tertulias futbolística de la resaca copera.

Desde el pueblo de Soria, el equipo comandado por un joven Miguel Ángel Lotina -que había llegado al club en 1992- comenzó a grabar el nombre de Los Pajaritos -que frío- en la cabeza de todo aficionado en la Copa del Rey 1995/1996. Primero con la eliminación de toda una Real Sociedad a domicilio tras una tanda de 20 penaltis; luego con la del Racing de Santander y después apeando al Sporting de Gijón, al que ganó 2-1 en Los Pajaritos y al que aguantó un 0-0 con una defensa numantina -nunca mejor dicho- capitaneada por el portero Echevarría en El Molinón. Y por si le faltaban tinte de épica a la cosa, el Barcelona de Johan Cruyff -ya en sus últimos coletazos- en cuartos de final.

En la ida, los numantinos lograron dar el susto al Barça tras adelantarse con un gol de cabeza de Quique Alonso, que puso boca abajo el campo con sus correspondientes gradas supletorias. Dos goles de Moreno le sirvieron a los azulgrana en la segunda parte para apagar la humillación, pero un golazo de vaselina de un joven Movilla -entonces con pelo y que antes había sido basurero cuando jugaba en el Moscardó- puso el empate para que el equipo diera hasta la vuelta al campo, con la Infanta Elena en el palco. En la vuelta, Barbarín hizo soñar a los sorianos en el Camp Nou con un gol en el minuto 5. Pero tres goles casi consecutivos del Barcelona mataron al David más recordado del fútbol español.

Echevarría, Alfonso, Murillo, Pablo, Kike Alonso, Bedia, Raúl, Serrano, Barbarin, Artigas y Octavio fueron los once que empataron al Barcelona en Los Pajaritos. Ayensa, Morán y Movilla entraron luego desde el banquillo. Apenas recordaba el nombre de cuatro jugadores. Habrá que empezar a aprenderse los del Mirandés. Si supera al Espanyol en casa, dejará atrás la hazaña de Numancia y Alavés e igualará la del Figueres, que dejó fuera al Barcelona en 2002 y fue luego eliminado por el Deportivo de la Coruña cuando estaba a un paso de la final. Viva la Copa.

¿El segundo ‘esplendor’ parisino?

Antonio Galiano | 12 de enero de 2012 a las 1:14

Y el renacimiento llegó también a París, en forma de petrodólares. Al igual que hiciera en Manchester o Málaga, el dinero de Oriente Medio ha desembarcado en Europa en busca de un club al que empezar a comprarle gloria. Y esta vez le tocó al París Saint Germain, que ha comenzado a resurgir poquito a poco, pero ha acabado por animarse.

Este verano sorprendió haciéndose por 43 millones de euros con los servicios de uno de los jugadores más cotizados del mercado, el por entonces futbolista argentino del Palermo Javier Pastore, pretendido entre otros por el Real Madrid y el Barcelona. A éste le siguieron jugadores de rango menor como Momo Sissoko, conocido en el fútbol español por haber militado en el Valencia, o el central uruguayo Diego Lugano -perro viejo donde los haya-, hasta completar un desembolso de 85 millones. Pero ahora parece que a los dueños cataríes del club regente del Parque de los Príncipes les ha terminado de subir la fiebre.

La Navidad ha servido a los dirigentes del equipo para revolucionar el club y animar el mercado de fichajes a nivel europeo. Primero, pese a ir primeros en la Ligue 1 -que no ganan desde 1994-, destituyeron a su entrenador, Antoine Kombuarepara suplirlo con uno de los técnicos de más caché de Europa, el ex del Chelsea y campeón de la Liga de Campeones con el Milán, Carlo Ancelotti, que ha llegado al club de la mano de su predecesor en el banquillo rossonero, Leonardo, ahora director deportivo del PSG.

Con la llegada del italiano a París se ha desatado una amalgama de rumores que amenazan con convertir al equipo parisino en otro pudiente al estilo Chelsea, City o el propio Málaga. Uno de los que ha sonado con más fuerza ha sido el nombre de David Beckam, que, con 36 años, acababa contrato con Los Ángeles Galaxy. Finalmente, el inglés ha descartado su fichaje por “razones familiares”. A este le han seguido ofertas al madridista Kaká, Pato, Carlos Tévez -apartado del equipo en el City y pretendido por el Milán-, el japonés Honda, Luis Suárez, Maicon, Gallas, Taiwo etc… Una cascada de rumores sobre estrellas sin concretar que parece un suculento aperitivo de cara al verano, aunque también hay sitio para jugadores ya de vuelta como el ya ex barcelonista Maxwell, que buscará en París los minutos de los que no disfrutaba en el equipo de Pep Guardiola.

Pese al recelo que despierta ya la práctica habitual de algunos jeques de convertir a un equipo y su afición en su juguete favorito, es bonito que se recupere para el fútbol europeo a un equipo que, aunque algo sobrevalorado, llegó a disfrutar de una relativo puesto y cariño en Europa en la década de los noventa, en la que consiguió armar un equipo que llegó a hacer con una Recopa europea en 1996.

¿Quién no recuerda en España a aquella bestia negra del Real Madrid que lo dejaba fuera en la competición en la que se lo encontrara? Con esa bestia de calidad que se dio a conocer al mundo desde París para recalar en el Milán y convertirse allí en Balón de Oro y uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol africano, George Weah; un zurdo de técnica exquisita que servía los balones al liberiano que acabó campando por el Newcastle y siendo imagen de los productos capilares de L’Oreal, David Ginola; el brasileño Rai, hermano del recientemente fallecido Sócrates y un 10 que logró ser campeón del mundo con Brasil, aunque el conservador Carlos Alberto Parreira no le diera mucha bola en Estados Unidos; o con Bernard Lama, un portero internacional de pantalón largo negro que lo paraba todo cuando se encontraba con el Real Madrid y que llegó a dar positivo por marihuana en 1997, lo que le costó la salida del club.

Después de éstos, algunas copas de Francia y una deriva de campeonatos en Liga con algún coqueteo con el descenso y sólo amenizada durante alguna temporada por un joven Ronaldinho, que pasó por allí antes de coronarse y abdicar como rey del fútbol en el Barcelona de Frank Rijkard -imprescindible el Informe Robinson sobre él-. Básicamente, los cuatro jugadores nombrados anteriormente pusieron al equipo de moda en Europa y sembraron un falso halo de clásico contemporáneo en los niños de la generación de los 80. Una generación ya más crecidita que podría ver ahora el autentico esplendor parisino de la mano catarí.

Cosas de Cristiano

Antonio Galiano | 14 de diciembre de 2011 a las 18:40

Tan incuestionable es la potencia y calidad futbolística de Cristiano Ronaldo como la poca simpatía que despiertan algunos de sus gestos o actitudes. Normalmente, no pasan más de dos semanas sin que una polémica afecte a la estrella portuguesa del Real Madrid. También es cierto que para ello hay que estar constantemente en el punto de mira, pero también hay mucha gente en el objetivo a los que nadie encuentra nada que achacarle. Esta temporada ya ha sido protagonista por el “será porque soy guapo, rico y un gran futbolista el que me tienen envidia”; un par de peinetas, en Santander y Bosnia; llamar anormales a los que vitorean el nombre de Lionel Messi para provocarle; va a una fiesta de la jet set y ni siquiera saluda a la anfitriona ni a sus compañeros de mesa… Por si no tenía bastante, ha aprovechado también su excursión a Ponferrada para seguir prodigando su buena imagen.

Primero antes de empezar el partido. Al llegar al campo, una aficionada se saltó el cordón de seguridad y trató de abalanzarse sobre él. El susto se lo llevó, aunque la chica no llegó ni siquiera a tocarle. Pero la mirada que Ronaldo le dedicó a la osada mientras era placada y él se alejaba no tiene desperdicio. El jugador volvió la cara y se mantuvo desafiante pese a no pararse y darse cuenta aparentemente de que era una mujer la que estaba siendo reducida con contundencia. Luego se adentró en el estadio.

Lógicamente, hay que tener cuenta que existe mucho loco suelto y el miedo al fanatismo de este tipo de ídolos, tan queridos como odiados, para entender en parte su reacción. Que conste que digo que lo entiendo y que, en esa situación, lo mejor es tirar hacia delante para evitar que haya más problemas. Aunque hay que reconocer también que no es el primero al que le pasa y que no todos lo han solventado así. Para un jugador a cuya imagen de chulo le hace tanta falta buenos detalles para lavarla -aunque él no lo crea así- era la ocasión propicia para, por lo menos, mostrar un poco de empatía hacia una persona que sólo se conformaría con tocarle un brazo. Y en lugar de eso, esboza una mirada asesina que sigue sirviendo de pretexto a los que se regocijan comparando su chulería y prepotencia con la humildad generalizada del Barcelona.

En León también dejó claro su disgusto con que se le haya señalado desde algunos focos de la prensa y aficionados por la última derrota en el Madrid-Barça. Si no, no se explica la cara larga que tuvo durante todo el partido y el que no celebrara el segundo gol del Madrid. El resultado: todos sus compañeros pendientes y volcándose con él para dejarle claro su apoyo. En lugar de haber recibido críticas parecía que se le había muerto alguien. Dio la sensación de ser un niño mimado que necesitaban una palmadita en la espalda tras un enfado.

Como jugador y profesional es difícil tener algo en contra de Cristiano. Es un ganador y lo demuestra en cada partido que juega -menos ante el Barça, ante el que sólo se ha dado una alegría en la final de la Copa del Rey-. Pese a que a él no lo importe, los principios futbolísticos no son los únicos que se valoran y hay muchos jóvenes que también toman de referencia sus actitudes, y algunas no son buenos ejemplos. Los periodistas que le conocen dicen es un chico normal, incluso tímido. Debería empezar a parecerlo también de cara a los demás.

El ejemplo de Valdés

Antonio Galiano | 12 de diciembre de 2011 a las 18:40

Pasado ya más de un día de resaca del Madrid-Barcelona, un error sangrante ha quedado en mera anécdota gracias a la victoria del Barça. Se trata del regalo de Víctor Valdés al comienzo del partido, que hizo revivir al portero azulgrana unos fantasmas que parecían olvidados bajo el mando de Pep Guardiola: sus fallos con los pies.

Es innegable que el portero del Barcelona ha experimentado un crecimiento espectacular en las últimas temporadas que le ha llevado a casi igualar la capacidad de decidir partidos de Iker Casillas. El arquero del Barça no es sólo un simple espectador de lujo del juego de su equipo, sino que participa en él tanto a ras de suelo como salvando goles. Ésto le ha convertido -gracias a la confianza brindada sobre todo por Frank Rijkaard- en el guardameta azulgrana más solido desde que Andoni Zubizarreta dejara el equipo. Podría haber sido Pepe Reina, pero a él no se le dio la oportunidad de afianzarse.

Hombres como Mariano Angoy, Carlos Busquets, Julen Lopetegui, Vitor Bahía, Francesc Arnau, Richard Dutruel, Robert Tito Bonano, el malogrado Rober Enke o Rüstü Reçbe han pasado por la meta del Camp Nou para poner a prueba los nervios y la riqueza de vocabulario banal del aficionado para insultar a un jugador propio. Sólo Ruud Hesp sirvió de parche temporal a un problema que -cómo no- se ha solucionado desde la cantera, que también propició algunos intentos fallidos.

Guardiola ha culminado la obra de Rijkaard haciendo de Valdés el portero más completo de España -que no el mejor- a base de exigencia y unos principios irrenunciables. En el juego de posesión del Barcelona, el último hombre tiene que representar una vía de escape a los defensas para evitar la presión, y el pelotazo sólo está en el manual para casos excepcionales. Es por eso que el arquero ha mejorado tanto con los pies en los últimos tres años. A veces parece que arriesga demasiado y juraría que hasta Carlos Puyol desplaza el balón en largo más veces que él. Si tiene margen, la juega. Es una seña de identidad  impuesta que no tiene que echar abajo un fallo aislado.

Esta mejora está sin embargo un poco infravalorada. No sólo es de admirar que un meta tenga más criterio con los pies que algunos centrales, sino que hay que tener en cuenta para apreciar la dimensión de su superación que Valdés había protagonizado más de un fallo de bulto en ese aspecto del juego. Lo saben bien su ahora compañero David Villa, al que le regaló dos tantos cuando jugaba en el Valencia, o Iván de la Peña, que aprovechó otro error frente al Espanyol. Pese a ésto, Valdés ha perdido el miedo a jugar con los pies habitualmente y es capaz de reponerse valientemente a un error en todo un clásico en vez de optar por lo fácil, como resaltó Guardiola al término del partido.

El meta del Barça debería ser un ejemplo para Casillas en este ámbito. Es otro detalle de la diferencia de la apuesta futbolística del Barcelona y el Madrid que ha quedado patente después del sábado. La muestra más reciente de la torpeza con los pies del capitán del Real Madrid y la selección española es que empañó su récord de internacionalidades en el amistoso frente a Costa Rica, equipo al que puso el primer gol en bandeja al errar en un balón fácil.

Un fallo lo tiene cualquiera, pero el mejor portero de la historia de España no debería permitirse esta carencia. Más si forma parte de un equipo nacional que apuesta por el mismo juego que el Barça. Es un jugador acomodarse en mantener unas habilidades  extraordinarias. El fútbol evoluciona y los porteros ya no están sólo para parar.

Héroes y mártires

Antonio Galiano | 10 de diciembre de 2011 a las 6:00

Hristo Stoichkov, Luis Enrique, Giovanni Silva, Gerard Piqué, Víctor Valdés, Daniel Alves, Raúl, Guti, Luis Figo, Fernando Hierro, Roberto Carlos, Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Pepe, Sergio Ramos, Mourinho… Todos tienen en común que han formado o son parte del Real Madrid o el Barcelona, pero también que están o han estado entre las figuras más odiadas por una u otra afición. Algunos se lo han ganado, otros no, pero el resultado es el mismo. Han centrado las iras en el Camp Nou y el Santiago Bernabéu cuando los han visitado.

Hay que reconocer que es difícil encontrar animadversión hacia los jugadores del Barcelona actual. También porque muchos han integrado la selección que ha hecho a España campeona del mundo, no se puede concebir que a alguien le caiga mal Andrés Iniesta, Xavi  o Puyol. Pero tiene que ver más con que el Barça, auspiciado por Pep Guardiola -de imagen intachable y toda una institución en Barcelona-, se ha convertido en el ejemplo que todo entrenador de categorías inferiores debe poner a sus jugadores. Por lo general, sus futbolistas se limitan a jugar, huyen de la polémica y son deportivos. Es difícil encontrar ahí a un malo, pero se encuentra.

Por el contrario, a los ojos de cualquier persona que no le importe o no sepa de fútbol, es menos correcta -por no decir más reprochable- la actitud de algunos jugadores y el entrenador del Real Madrid. Incluso el halo de prepotencia que rodea al club desde que Florentino Pérez lo preside lo ha convertido en un equipo odiado por casi todas las aficiones de España. Si a esto se une la chulería personificada en su jugador franquicia, Cristiano Ronaldo -don me tienen envidia-, o el carácter polemista de su técnico, el cóctel no puede dar nada bueno.

Pero es muy soso odiar a un equipo entero. Siempre ha sido más fácil dirigir el punto de mira a algunos que se prestan gustosos a ese doble papel de héroe-mártir para ambas aficiones. Es sencillo identificarlos, y para tratar de encontrar algún tipo de razonamiento a su capacidad de encabronar se podrían hasta dividir en categorías abiertas:

El traidor: No hace falta explicar de qué tipo de traicioneros hablamos. Hay muchos, pero los ejemplos más claros serían Luis Figo y Luis Enrique. El luso se convirtió en el Judas culé magnificado cuando Florentino Pérez cumplió su promesa electoral y lo vistió de blanco. No era un jugador cualquiera, sino el capitán y referencia del barcelonismo. Por ello fue el que más penitencia cumplió. Los pitos ensordecedores y la lluvia de objetos que caían -cochinillo incluido- cuando se acercaba a las esquinas del Camp Nou en su primera visita no tenían precedentes. Lo de Luis Enrique fue mucho más lihgt. En el Barça rindió todo lo que no lo hizo en el Real Madrid. Y encima, se le daban bien los clásicos. El resquemor por su mala salida del equipo blanco hizo que no se cortara nunca a la hora de propugnar su barcelonismo y de celebrar los goles. Y así se ganó el cariño de su ex afición.

El provocador: No es complicado ponerles el cartel. Son los típicos que se saben en el punto de mira y les encanta encender a la afición rival, ya sea con gestos,  patadas, declaraciones… Son míticas las tanganas originadas por Stoichkov, declarado antimadridista. Es el sitio también de Roberto Carlos, Guti, Pepe, Sergio Ramos, Daniel Alves, Víctor Valdés Piqué con su manita… Apartado aparte merecería en estos momentos Cristiano Ronaldo. Su chulería y su actitud sobre el campo lo convierten en la cabeza visible de este Real Madrid. Encima es fácil de provocar. Si no que se lo digan a Guardiola, que se ganó un empujón cuando le quitó la pelota de en medio cuando fue a cogerla para sacar de banda en uno de los clásicos de la temporada pasada.

El ídolo rival: Es un jugador que puede tener alguna salida de tono, pero básicamente se dedica a jugar. Pero lo hace también, que hay que cogerle coraje. Messi o Guardiola serían el perfecto ejemplo. Hasta que el argentino pegó el pelotazo sin sentido a la afición madridista la temporada pasada, lo único que había hecho hasta entonces es coser a goles al rival y, eso sí, celebrarlo. Raúl, que nunca ha dado la nota, excepto por cuando mandó a callar al Camp Nou, puede encajar también aquí. Fernando Hierro, Rivaldo, Ronaldinho, Butragueño

La antítesis de ideales: El odiado en Barcelona por ser muy español y el crucificado en Madrid por ejemplificar el catalanismo. Raúl, Guti, Guardiola, Piqué, Sergio Ramos, Hierro, Valdés, Casillas etc… Tiene que ver mucho con lo que representan ambos clubes: el Real Madrid, la capital patria y el centralismo; el Barcelona, el federalismo y el nacionalismo catalán. Sus emblemas, por serlo, también concentran las iras.

El teatrero: Categoría de nuevo cuño originada a partir de la última batería de clásicos. Está destinada más a algunos jugadores del Barcelona que fueron señalados por fingir en los últimos Madrid-Barça. Pedrito, Alves, Busquets

El secundario protagonista por un día: El futbolista que pasa semidesapercibido para la afición rival hasta que encuentra su minuto de gloria en un clásico. Giovanni y sus cortes de manga ilustran este ejemplo.

Seguro que se queda alguno en el tintero en este breve repaso. Los que no se han quedado son los que el sábado será protagonistas. Esta vez, algunos héroes y otros mártires. Siempre que ese odio sea sano y no se caiga en el fanatismo, bienvenido sea. Aparte de, claro está, el fútbol, es lo que pone la salsa a ésto.

Etiquetas: ,

El muñeco de ‘Mou’

Antonio Galiano | 9 de diciembre de 2011 a las 18:00

Si José Mourinho aprecia a Aitor Karanka, como se le ha escuchado en alguna entrevista, debe replantearse su decisión de ponerlo en el escaparate de las ruedas de prensa. No le hace ningún bien a su segundo entrenador tirándolo al ruedo ante los periodistas. Y al ex jugador, aunque trate de emular la contundencia de su jefe, se le nota fuera de lugar.

Lo que en la vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones parecía fruto del mosqueo del luso se ha convertido en un recurso habitual. A Karanka se le ve que lo pasa mal. No está acostumbrado a los focos. Delante de la prensa, más que un mensajero -como se ha autodenominado- parece un mero muñeco al que da voz su ventrílocuo. Incluso intenta asimilar la mala leche de su jefe con la dignidad que puede -“Llevo más de 30 comparecencias y ya he contestado a esa pregunta en muchas de ellas”, ha dicho al ser preguntado por qué no ha salido Mou-. Pero se le ve nervioso, y el periodista lo huele.

El problema ya no es que aparezca para dar la cara que tiene que dar otro, sino que tiene explicar las decisiones que son exclusivamente de ese otro. Este viernes ha tenido que defender que el equipo no será más conservador por optar por un 4-3-3 -el famoso trivote-, esquema que ha confirmado para el partido ante el Barcelona. Dice Mourinho, en voz de su segundo, que el equipo saldrá a atacar pese a apostar por dos centrocampistas de corte defensivo -presumiblemente Sami Khedira y Lass Diarra- acompañando a Xabi Alonso, dibujo que ya ensayó en Mestalla ante el Valencia (2-3). Pese a lo que diga, no cabe duda de que el Real Madrid será mucho más precavido que habitualmente y ha vuelto a abrazar el respeto que parecía haberle perdido al Barcelona en la Supercopa, donde jugó la dupla Alonso y Khedira tanto en la ida como en la vuelta.

La justificación utilizada para usar tal esquema no parece muy convincente. Karanka se ampara en que este clásico es un partido en “circunstancias normales”, no una eliminatoria o una final, y que ahora saben “cómo quieren jugar”. Tampoco ha parecido creíble cuando ha dicho que el encuentro “era un partido más”, recurso habitual en el manual de Mourinho -llegó a decir que el 5-0 era fácil de digerir-, y ha acabado cediendo al admitir que es un “partido diferente”. Si es uno más, como dijo Mourinho días atrás, ¿por qué sale Karanka a la rueda de prensa?

Pues la excusa utilizada anteriormente para exponer a Karanka era que evitaba hablar para no ser sancionado por hacerlo con claridad, como mantiene que le pasó cuando acusó al Barcelona de ser el beneficiario de un complot de la UEFA. La verdad, parece que le gusta llamar la atención con su ausencia para romper la normalidad precedente a un partido. No se concibe que se esconda por miedo a decir algo que no debe. Porque Mourinho no es tonto y sabe morderse la lengua, tal y como hizo cuando compareció tras el incidente del dedazo con Tito Vilanova al final de la Supercopa para intentar ridiculizarlo sin polemizar con el partido: “¿Pito?, ¿tito?, no sé de quién me hablas, no lo conozco”.

Sea cual sea el motivo, está abusando de la lealtad de Karanka y provocando que aparezca ante todos como una especie de sectáreo que defiende a escapa y espada lo que dice su líder. Y eso no está justificado. Lo que no se sabe es quién dará la rueda de prensa el sábado tras el partido. Si gana o pierde el Madrid con polémicas arbitrales, posiblemente saldrá Karanka; si cae sin discusión, aparecerá Mourinho para que no se le acuse de no dar la cara. En cualquier caso, hay que ver el lado positivo. Se puede utilizar el misterio para desempatar las porras, por ejemplo.

Memoria a medio plazo

Antonio Galiano | 8 de diciembre de 2011 a las 19:35

Dicen que el fútbol no tiene memoria, pero al Real Madrid le conviene tenerla a corto y a medio plazo. Ha pasado poco más de un año desde el primer Barcelona-Madrid de la era José Mourinho y parece que muchos aficionados blancos -nublados por una racha de 15 victorias seguidas y el liderato de la Liga- no recuerdan lo que ocurrió en el Camp Nou entonces o ni siquiera hace cuatro meses, cuando su equipo fue derrotado por el conjunto de Pep Guardiola todavía en rodaje.

Al igual que en noviembre de 2010, la cantinela es la misma: el Madrid llega en su mejor forma posible al clásico tras golear a todo lo que se le pone por delante; Cristiano Ronaldo no sólo sigue implacable de cara a portería, sino que ha ganado en generosidad; Ángel Di María está intratable; Karim Benzema y Kaká han sido recuperados para la causa; a Iker Casillas casi ni le tiran etc… Pero las lecciones más recientes demuestran que nada se puede evaluar hasta que llegan el Barça y Messi. Esa historia de los últimos siete partidos, por intensa e inédita, enturbia la precedente, en la que algo ha pasado casi desapercibido porque, simplemente, parece imposible que se repita.

Antes del 29 de noviembre pasado, la última humillación en forma de manita del Barcelona al Madrid fue en la temporada 1993/94.  Se trata del encuentro en el que Romario dejó retratada a la defensa madridista con un hat-trick y castigó a Rafael Alkorta para el resto de la eternidad con un regate desconocido hasta entonces: la cola de vaca. Ronald Koeman e Iván completaron la goleada que culminó la obra del  Dream Team, que esa temporada cerró un ciclo con su quinta Liga consecutiva ante un Madrid atormentado entre cambios de entrenadores y jugadores.

¿Pero qué pasó al año siguiente? Pues que un equipo madridista renovado a las órdenes de Jorge Valdano -cosas de la vida-, con un ex barcelonista como Michael Laudrup en sus filas, no tardó en curar el orgullo blanco con una goleada similar a la recibida el año anterior. Iván Zamorano -salvando las distancias- emuló a Romario con tres goles, José Emilio Amavisca marcó otro y Luis Enrique -cosas de la vida parte II- se encargó de apuntillar a un Barça decadente dirigido por Guardiola -cosas de la vida parte III-, al que Johan Cruyff sustituyó por Miguel Ángel Nadal al terminar la primera mitad. Todo un ejemplo de las vueltas que da el fútbol.

Todo esto es un simple antecedente que es curioso recordar. Un madridista tiene que tener mucha moral para pensar que la historia se puede reeditar. Más o menos la misma que un barcelonista que el año pasado apostara a que su equipo iba a infrigir un 5-0 a un Real Madrid comandado por Mourinho con un potencial de jugadores descomunal.

Ni que decir tiene que las circunstancias de ambos equipos no son las mimas que a mitad de los noventa. Los récords de los dos -principalmente del Barcelona- certifican que están en uno de los mejores momentos de su historia -si no el mejor-. Pero si algo caracteriza a este deporte -véase el ejemplo de la última jornada de la Liga de Campeones- es porque da cabida a cosas raras. Si fuera Sandro Rosell o Florentino Pérez, contrataría el sábado a Laudrup aunque fuera de delegado de campo. El que se retirara sin el Balón de Oro es el único que ha vivido la goleada en ambos bandos. Es talismán.