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La reanimación del ‘gigante’

Antonio Galiano | 12 de octubre de 2010 a las 1:08

Cómo te cambia la vida a veces un buen entrenador. Andas por ahí perdido a la vista de todos y no sabes qué te pasa. ¿No rindes por qué es culpa tuya? ¿La mala situación del equipo te está arrastrando pese a que tú eres su esperanza? ¿El que tiene encomendado hacerte explotar desconfía de ti?…  Y para colmo no aprovechas las oportunidades que te dan pese a que te esfuerzas, y mucho. Y de repente, la cosa cambia. Llega alguien que sabe de lo qué va la cosa y te salva una carrera hasta entonces como poco decepcionante.

Tiro de la empatía y creo que algo de esto ha tenido que pasar por la cabeza vigía de Fernando Llorente. Ahora es campeón del Mundo, estandarte de su club (un histórico) y una alternativa muy a tener en cuenta por la mejor selección del Mundo, en la que pese a que parezca un Gulliver cualquiera entre tanto genio bajito, se ha hecho un hueco y aprovecha cada oportunidad que le deja el dueño por decreto mediático de su puesto.  Aunque sin descaro, se deja querer por los grandes y encima va a recibir su peso en cerveza Cruzcampo (aunque eso es secundario) ¿Puede pedir más?

Llorente está de moda. El delantero navarro de planta envidiable por fin se ha convertido en el jugador que prometía. En el Mundial justificó con creces  su presencia en la lista de Del Bosque en lugar de un desinflado Negredo cambiando el partido clave de octavos ante Portugal.

Contra Lituania, el pasado viernes, se reivindicó como el primer relevo de garantías de Torres (lo que no quiere decir que tenga que jugar siempre, pero sólo discutiéndose su  presencia…). Fue el perfecto ariete para hacer contundente la esquisitez del toque español con sus dos goles de cabeza, sin dejar de lado su juego con los pies, con el que reclama que los altos también saben de qué va esto del fútbol pese a que ahora parezca que sólo es cosa de bajitos.

No hay  duda de que el mérito de tan tamaña progresión es del propio jugador, pero sino gran parte, al menos la mitad lo es también de Joaquín Caparrós. Éste fue el que levantó la pluma para cosquillearle los pies y despertarlo.

Hasta la llegada del técnico utrerano, el delantero se había ido diluyendo durante dos temporadas en un equipo envejecido que trataba de evitar el descenso entre manos de Mendilibar, Clemente, Sarriugarte y Mané. En los ejercicios 2005/2006 y 2006/2007 sólo anotó cuatro goles en Liga, incapaz de desbancar a un ya manío Ismael Urzaiz. Incluso fue silbado por una afición de reconocida sapiencia como la de San Mamés.

Estaba en la puerta de salida, pero llegó Caparrós. Frenó su venta y le dio confianza y entrenamientos específicos para explotar su excepcional físico en todos los ámbitos del juego. Por arriba, por abajo, defendiendo balones aéreos, el juego de espaldas, dónde anclar a los centrales, psicología para aguantar la presión… Antes parecía convertirse en un tanque sin balas y ahora es la lanza goleadora de un Athletic al que ha hecho mucho más respetable junto con Caparrós.

El día después del partido de Lituania, en los informativos en los que se le daba a Llorente el espacio que se merecía por su actuación, no escuché ni siquiera una mención a su técnico en el Athletic. Lógicamente no me refiero a que siempre el nombre del delantero centro tenga que ir ligado al de Caparrós, pero que al menos a veces se recuerde qué quedaba de Llorente antes de la llegada del utrerano a Bilbao.

Quién sabe en qué equipo estaría Llorente si se le hubiera vendido. Lo mismo sería la leche y tendría dos Champions, pero la cosa no tenía esa pinta. Quizás este Gulliver se hubiera quedado dormido e inmóvil. Maniatado en el suelo.

Resumen España-Lituania:

http://www.youtube.com/watch?v=CSE0iMT8Tts

Sergio Ramos no puede ser el foco…

Jesús Ollero | 8 de octubre de 2010 a las 13:06

En este país no tenemos arreglo. Selección campeona del mundo, primer partido de clasificación para la Eurocopa como local (o sea, primer partido oficial del España FC en España como reina del universo), homenaje del fútbol a Del Bosque por programar la cita en su querida (y mía) Salamanca. Pues se habla más del sarcasmo, salida de tono, metedura de pata, sinceridad o como quiera llamarse, de Sergio Ramos que de todo lo anterior.

Doy por sentado que todos conocen lo que ocurrió en la comparecencia pública de Gerard Piqué y Sergio Ramos, pero lo recordamos por si acaso. Un periodista de TV3 pregunta al azulgrana (en castellano) y le pide que conteste en catalán por razones en las que no cabe detenerse mucho. Piqué, con toda su buena voluntad, pregunta al terminar si vuelve a decirlo esta vez en castellano. Sergio Ramos, serio como El Viti, suelta: “mejor díselo en andaluz, que el castellano le cuesta entenderlo”. Y sigue serio como el torero salmantino hasta que la risa de Piqué le saca una sonrisa burlona.

Esto es lo que ocurrió. Los palos le llovieron de inmediato. Con independencia de que, efectivamente, pueda ser una salida de tono, entiendo que una rueda de prensa de la selección debe desarrollarse de manera que todo el mundo pueda seguirla. Y que luego, de forma privada o pública, cuando esté cubierta la comparecencia, se hagan los añadidos que se estime conveniente y el protagonista esté dispuesto a completar. Demasiado que Piqué se ofreció a traducir, porque el interlocutor pregunta en castellano pero la respuesta en castellano no era la que buscaba. Cualquier periodista ha estado en ruedas de prensa en las que la pregunta-respuesta ha sido en una lengua cooficial y no se ha enterado de nada.

Seguramente eso es lo que le ocurrió a Sergio Ramos, al margen de cualquier visceralidad. Visceralidad a la que tendría todo el derecho que le otorgan las libertades vigentes en España. Que no queda bonito ya lo sabemos, pero creo que es inevitable que algún presente vea el uso del catalán como una desconsideración hacia quienes no lo hablan y quien entienda como intolerante no poder emplear una lengua cooficial. No es una situación demasiado agradable, pero darle importancia no tiene sentido. Sergio Ramos se la dio y ya parece que no existe otra cosa…

Como estoy absolutamente convencido de que el debate es infinito y que el arreglo es imposible, concluyo como empecé, que lo peor de esto es que se hable más de un detalle irrelevante que del partido de la selección. A mí, particularmente, no me molesta nada (o casi) ni nadie (o casi), pero desde luego no me hace ninguna ilusión la situación por la que saltó en Salamanca Sergio Ramos. Por eso no pienso criticarle y me descoloca la impresión de que la crítica se eleva por el club en el que milita. Al final, desgraciadamente, todo parece reducirse a las dos Españas (Real Madrid-FC Barcelona).

P.S.: Lo peor es que los periodistas que tanto se han ensañado con Sergio Ramos son precisamente los mismos que se reían con él en la sala de prensa.