El martillo y la ducha

Carlos Navarro Antolín | 6 de marzo de 2016 a las 5:00

ANTONIO SANTIAGO
SEVILLA es la ciudad de los misterios de la vida cotidiana donde nadie se pregunta por las causas de determinados fenómenos, o lo hace sólo en su fuero interno. Primer misterio. ¿Por qué el carril del túnel de la calle Arjona no es recto y presenta un peligroso quiebro modelo zig-zag justo en el tramo central? La respuesta estará en el viento. ¿Por qué la Patrona está sentada? La respuesta estará en las antífonas de las tres esquinas del corto recorrido del 15 de agosto. ¿Sigue siendo el cura Chamizo un cura con todas sus facultades de cura? Pregúntenle a él, que no muerde. ¿Por qué siempre llueve la tarde del Viernes Santo? Porque así está escrito. ¿Cuándo gobernará el PP en Dos Hermanas? Activen el lobo: ¡Auuuuuuuuu! Y la más actual de todas: ¿De dónde obtiene las fuerzas Antonio Santiago para sacar once cofradías seguidas entre el Viernes de Dolores y el Domingo de Resurrección? De las duchas. Debe ser que el agua de Emasesa tiene propiedades, tantas que el visionario Marchena la vendió embotellada como si fuera Tío Pepe.

–Hay que tener arte para vender el agua del grifo en botella.
–Tela. Yque encima haya turistas que te la compren en la tienda del aeropuerto.

Antonio Santiago (Sevilla, 1957) es el Zidane del martillo, el capataz técnicamente perfecto al que jamás se le descuadra un paso, que iguala con escuadra y cartabón para evitar las más mínima descompensación. El tiempo se detiene cuando Santiago iguala la cuadrilla tanto en los ensayos como el día de salida.

–Antonio, ¿otra vez me va a igualar? Que no he crecido.
–A callar.

Santiago, corpulento, serio como un servidor de la Mortaja sin farol en mano, no tiene jamás prisa. Pueden darle las tres o cuatro de la madrugada, que no termina un ensayo hasta que ha alcanzado la perfección.
–Antonio vámonos ya por Dios, que mañana trabajo.
–Aquí el primero que se levanta mañana a la seis soy yo. Y tengo colaboradores que van y vienen de Huelva todos los días durmiendo tres horas tras cada ensayo. Y le recuerdo que esto es voluntario.

Las igualás son tan de tiralíneas que en cuanto el pavimento es firme, como ocurre en la Catedral, los pasos parece que van por la cinta transportadora del aeropuerto de Barcelona. Ni un bote, ni un saltito, ni un brinco aislado.

Dicen que la Junta de Andalucía es el mayor colectivo de trabajadores de Andalucía. Al paso que va Abengoa, uno de los colectivos mayores va a ser el de los costaleros de Antonio Santiago, que andan por los 2.200. Echen la cuenta: La Misión, San José Obrero, La Paz, Las Penas, Los Estudiantes, el Cristo de Burgos, Los Negritos, La Macarena, La Mortaja, el Santo Entierro de Dos Hermanas y la Resurrección.

Dicen que una madrugada de Domingo de Pascua hubo que ir a buscarlo a su casa porque el héroe se había echado a dormir y tenía que sacar la última cofradía. Antonio Santiago, como tantos sevillanos, se exilian en su mundo interior cada Semana Santa. Qué sevillano es eso de no ver un telediario en toda la Semana Santa, ni interesarse por los resultados del fútbol, ni cumplir otros hábitos de la vida cotidiana durante siete días, ni, por supuesto, soportar ciertas compañías que se aguantan mal el resto del año. Santiago come, duerme y saca pasos del Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección. Y hasta le da tiempo a ver otras cofradías.

Aprendió el oficio de su padre, Manolo Santiago, homenajeado en el nomenclátor de la ciudad, y de Salvador Dorado El Penitente. Si a su padre se le caía un paso, levantaba el faldón, metía la cabeza, arengaba a los costaleros y el paso se levantaba. Era todo fuerza y poesía al mismo tiempo. A su hijo Antonio nunca se le cae un paso por ese trabajo previo, meticuloso, que podría denominarse como la ingeniería de la igualá y los relevos bien medidos.

Sevillano serio, sin concesiones a la guasa. Se dirige de usted a la gran mayoría de los costaleros. Hay quienes a la desesperada acuden a la igualá del día de salida de la cofradía por ver si hay huecos de última hora en la cuadrilla por alguna enfermedad o indisposición, gente dispuesta a hacer unas oposiciones para estar bajo sus órdenes debajo de un paso. Y así llevan años.

Lo mejor es presenciar cómo trinca al costalero que se alivia, que no mete los riñones y que, al ser negligente, está sobrecargando al compañero de palo. A este capataz le gusta mandar desde los sitios más raros: pegado a una manigueta, junto a un costero, detrás del paso. Así controla todas las perspectivas. Echa el paso abajo, saca a un aparte al costalero en cuestión y lo llama al orden. Nadie puede oír la reprimenda, pero todos saben que el capataz ha señalado al que no hace bien su trabajo como costero, patero, fijador…

Tiene claro que los costaleros con sobrepeso son un riesgo y una incomodidad para todos los que van debajo. El sobrepeso sumado al esfuerzo dispara la probabilidad de infarto. Y, además, el costalero orondo ocupa más espacio, amén de tener verdaderos problemas para acceder a la trabajadera. Casos hay de costaleros que no pueden entrar sorteando por encima de la zambrana y tienen que entrar por debajo, reptando y con ayuda de los compañeros. Nunca expulsa de una cuadrilla a los pasados de báscula, pero siempre advierte en la primera igualá del año que se necesitan hermanos costaleros en “plenitud de condiciones físicas”.

La vida es eso que ocurre desde que entra la Aurora, la Virgen sin lágrimas y con seises en la orfebrería de plata, hasta que se recoge la carroza de Baltasar, una cuaresma larga, tan hermosa como sacrificada. La vida es comenzar la Semana Santa bien temprano en Santa Marina, ante la tumba de su padre, para estar después antes de las 10:30 igualando en el Porvenir. La vida es que se te caiga un costalero de la lista a última hora, pero por un motivo feliz. Yel tío ha acudido a la igualá a dar la cara y a explicar el motivo: “Antonio, he encontrado trabajo de camarero en el Alfonso XIII y empiezo hoy mismo, Domingo de Ramos”. La vida es almorzar el Domingo de Resurrección con todo el equipo en el Rinconcillo, cuando se van pegando pellizcos unos a otros para no derrumbarse de sueño. La vida es conservar las corbatas de capataz de su padre.

¿Qué se toma Antonio Santiago para aguantar semejante paliza? Duchas y más duchas. El martillo y la ducha, el rito y regla. Llama por su nombre a casi todos los costaleros, se conoce a la perfección las marchas de palio. Macarena de Cebrián ya la controlaba antes de que se pusiera de moda. Tiene su punto de soberbia al sevillano modo. Sabe que hay cofradías donde puede desplegar las alas de pavo real en toda su plenitud y tomarse determinadas licencias (como en la Paz), y otras donde se vería con mal ojo que se excediera de las funciones propias de capataz (como la Macarena). Un capataz está, o debe estar, bajo las órdenes del fiscal. Si un hermano mayor le pide expresamente que evite, por ejemplo, parar el paso en algún sitio concreto, lo cumple a rajatabla. Pero ese mismo día se excede, digámoslo así, en otro terreno para dejar clara su posición de fuerza. El personaje es el personaje. Y el personaje es consciente de su perfección técnica y la hace valer. Y en una Semana Santa donde algunos capataces tienen más notoriedad que la mayoría de los hermanos mayores, ancha es Castilla para Antonio Santiago y estrecha Imagen para tanto autobús de Tussam.

No cobra un duro por sacar un paso a la calle. Sólo pide que después de cada ensayo haya un bocadillo y una bebida para cada costalero, una costumbre antigua, un uso quizás heredado de los tiempos en que los hombres del muelle sacaban varias cofradías sin ducharse, sin consejos de nutricionista y, por supuesto, con menos relevos que claveles lleva el monte de la Canina.

Santiago tiene diez auxiliares que lo admiran. En los programas de mano de Semana Santa, en el epígrafe de capataz debería poner:Antonio Santiago y sus apóstoles. Han sacado todos los pasos menos los de cebra. Y eso en Sevilla genera envidias. Ymisterios (sin romanos). ¿Cómo aguanta Santiago tanta paliza durante tres largos meses? Con la misma tenacidad que Chamizo soporta los comentarios sobre si sigue siendo o no cura. Algún día esas grandes verdades nos serán reveladas. Pero el PP no gobernará en Dos Hermanas. Eso fijo.

  • Antonio Mauri

    Lo de buen capataz…..
    Sacador de pasos.
    Tiene a mucha gente del costal quemada por su sobervia no personalidad.
    Meter a uno que lo lleva en otro paso delante de un hermano en una igualá….
    No es de buen capataz.
    A su padre siempre se le respetará, sabia tratar a las personas.

  • Manuel Santiago

    Para mí ha clavado usted lo que es y supone Manuel Antonio Santiago Muñoz como capataz de Sevilla.
    No hay otro más “profesional” en este gremio.
    Gracias por el arte con el que lo ha expresado.

  • Na Madeja Do

    Una columna muy bonita y que se lee muy bien. Gracias.

  • Javieres

    Lo cierto, es que hace usted los trajes a medida, no me perido cofeccíón o “confesión” suya.


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