Archivos para el tag ‘Junta de Andalucía’

El culto al tacticismo

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

GÓMEZ DE CELIS

ERA Alfonsito. Lo fue durante mucho tiempo. El niño inquieto del PSOE, criado en el Polígono de San Pablo, con carisma para tener primero una alegre y poblada pandilla y después, con el paso de los años, una cuadrilla que sigue siendo fiel a sus llamadas. Era Alfonsito el que recibía el magisterio del profesor Emilio Carrillo, el que metió a una chica de Triana llamada Susana en las filas del PSOE, el que siempre, siempre, ha estado embistiendo contra el aparato, contra el poder establecido, contra el orden constituido. Era Alfonsito rebelde porque el mundo lo hizo así. Rebelde e indeciso. Rebelde y tacticista. Rebelde y desconfiado, de los que miden todas las situaciones, escrutan la reunión y se van relajando poco a poco, lentamente y siempre con el asidero de alguna compañía que le permita no sentirse solo. Era Alfonsito hasta que tuvo que dejar de serlo. El tiempo, las elecciones y los congresos pasan para todos (y todas).

El buen concejal de Hacienda con Monteseirín sufrió cuando le tocó lidiar con Urbanismo. Lo suyo es el poder más que la gestión. Paró el tren de su vida municipal y se marchó a los despachos anónimos de la Junta de Andalucía cuando se dio cuenta de que no le iban a permitir ser el candidato a la Alcaldía, cuando percibió que las apuestas de Pepiño Blanco desde Madrid y de José Antonio Griñán desde Andalucía eran otras.

Alfonso Rodríguez Gómez de Celis (Sevilla, 1970) fue muchos años el niño bonito de Monteseirín en el Ayuntamiento. El profesor Manuel Marchena era el cirineo, el brazo ejecutor, el virrey. Celis era la apuesta política, el delfín después de que la opción de Carrillo se hubiera diluido. Ocurrió que Celis estaba y está en la lista negra de Susana Díaz. La presidenta andaluza experimenta convulsiones cuando ve a Celis. No le tiene ninguna simpatía. Quizás porque se conocen a la perfección de los años de pandilla, noches de fines de semana y jornadas de Feria. ¡Ay, esas fotos de mozalbetes risueños en las casetas de distrito! La belle epoque duró hasta que las listas del 99 los separaron. No se respetó el orden natural. Ella entró en la candidatura pero él no. Caballos, que era quien mandaba en el aparato, ¡siempre los aparatos cruzándose como un toro resabiado!, fracturó aquella pandilla para siempre. Casi dos décadas después, Celis está hoy en la Junta de Andalucía, en un puesto de libre designación de cuya existencia no nos hemos enterado hasta que él llegó al cargo. Pedro Sánchez, siendo secretario general del PSOE, le pidió a Susana Díaz que Celis estuviera en el gobierno andaluz. Y lo puso en el gobierno… de los Puertos de Andalucía. Y ahí sigue, pese a la caída de Sánchez, porque no hay mejor forma de sobrevivir en Andalucía que siendo la cuota minoritaria. Se convierte uno en lince y todos te protegen. Celis es el lince del PSOE andaluz en Sevilla. Interesa tenerlo colocado porque es la prueba de la magnanimidad de la presidenta andaluza, la cuota del respeto a la minoría que se jacta de serlo. “Celis no se toca”, reza en San Telmo.

Alfonsito, el chico alto, austero, con pelazo y capacidad de liderazgo, dejó de serlo. Pasó a ser Celis, curtido por los golpes y los desengaños. Experimentó cómo Griñán lo citaba en su casa del Aljarafe, tapita de jamón en el porche, y le prometía ser candidato a la Alcaldía de Sevilla. Brindó con champán en Madrid con Pepiño Blanco, secretario de Organización del PSOE, por su condición de sucesor de Monteseirín en el Ayuntamiento. Y fuéronse ambos, Griñán y Blanco, y no hubo nada. Se acabaron el jamón y el champán. Como es un alma inquieta, se metió a apoyar a Rubalcaba frente a Carmen Chacón en el congreso de Sevilla. Ganó el avieso Rubalcaba, pero ya se sabe que el federal nunca acude al rescate de sus apoyos en las provincias. Y Celis se quedó solo en Sevilla, protegido (y vigilado) por la guardia pretoriana susanista. Fue parlamentario autonómico un tiempo plúmbeo, pero después lo sacaron de las Cinco Llagas. En una etapa posterior se dedicó a apoyar a Pedro Sánchez cuando pocos lo hacían en Andalucía. Y Susana mientras tragando, entonando cuando ve a Celis lo mismo que Lorca a la muerte de Ignacio: “Que no quiero verlo, que no quiero verlo”. El secretario general del PSOE visitó la Feria de Sevilla y no hubo nadie a recibirle cuando su coche llegó hasta la portada. Nadie, salvo el director de la Agencia Pública de Puertos de Andalucía: Alfonso Rodríguez Gómez de Celis.

Sánchez cayó una tarde de sábado después de haber tenido a España bloqueada. Ahora se quiere levantar. Ha fichado a Celis de druida Panoramix, de lo que siempre ha sido Celis: estratega. Toda su carrera es un culto a la táctica, al estudio previo, a la tasación de riesgos. Es como Curro Pérez en el PP, pero más eficaz y sin gatos. Miau. Celis ha pecado no pocas veces de indecisión, de arriesgar poco, de no atreverse a dar el paso cuando todos creían en su capacidad. Porque pocos dudan de su capacidad, pero muchos ven que le cuesta salir del burladero. Y ahora, al fichar por el equipo del codicioso guapo oficial, el de las camisas albas, ha dado por fin un paso decisivo en su trayectoria.

La vida es la lucha por el poder aprendida en las Juventudes Socialistas. Es darse cuenta de que el futuro dentro del partido ya no está asegurado por el mero paso de las generaciones, eso se acabó. Ahora hay que dar el salto y arriesgar. La vida es soñar con una agrupación única de Sevilla capital en la estructura del PSOE, una reforma orgánica frustrada que hubiera hecho más fuerte a Monteseirín en sus últimos años como alcalde. La vida es Santa Catalina, la Hermandad de los Caballos donde es muy querido, la tradición de la Semana Santa, alguna visita muy especial a ceremonias íntimas en la Macarena de las que prefiere que no trasciendan. La vida es pasión por el Betis, la ciudad de Barcelona, atender a Judith Mascó en la Caseta Municipal de la Feria de Sevilla y entregarse a la afición de la pesca. La vida es incorporar a las campañas del PSOE a grandes personajes como el sevillista Monchi, el actor Paco Tous o el cantante Juan Valderrama.

Este mariscal de Monteseirín quiso ser el hombre que gestionara la obra del tranvía. Visitaba los trabajos a diario, siguiendo la escuela de Martínez Salcedo. Nunca confió en la rentabilidad política de las obras del Plan de Barrios. Suya es la teoría cierta de que el centro es el salón de la ciudad, por lo que invertir en el centro es hacerlo para todos los vecinos de la urbe. Supo lo que es estar imputado durante unos días por una verdadera chorrada que quedó en nada, pero que hoy le hubiera salido cara. La vida es oír a Herrera decir para toda España que Celis es la “cabeza mejor amueblada del PSOE en Sevilla”. La vida es un viaje discreto a tierras lejanas, donde los cristianos oficiaron las primeras misas.

Cuando dejó el Ayuntamiento a punto estuvo de ser el director general de Empleo de la Junta, pero, por fortuna para su futuro, se cruzó con Rosa Aguilar, quien le ofreció la dirección general de Vivienda. Siempre ha tenido habilidad para llevarse bien con el núcleo duro del entonces emergente Zoido. Mantuvo que en Sevilla no se producirían nuevas mayorías absolutas. Zoido consiguió la absolutísima de los 20 concejales en mayo de 2011 y esa misma noche electoral hubo camisetas en la sede de la calle San Fernando dedicadas a Celis y a su pronóstico fallido. Quedó claro que Celis era la gran referencia para aquellos peperos. Celis era el modelo que ellos querían seguir. Tenían cierta fijación.

El corredor de fondo ha echado la caña de pescar. El pedrista andaluz sonríe. Por fin algunos podemos destacar algo positivo del obcecado Sánchez: su asesor en estrategias. Al final, el tal Mariano tiene hasta razón. La vida es aguantar y que alguien te ayude. Esperar hasta que piquen. Ser pacientes. O aguardar hasta que sencillamente sea Jueves Santo y entonces vayamos a lo sustancialmente importante: los felices orígenes anclados en Santa Catalina. El templo que pronto volverá a abrir.

Con licencia para largar

Carlos Navarro Antolín | 6 de noviembre de 2016 a las 5:00

EMILIO DE LLERA 2
MANOLO García se fue del Ayuntamiento en 1999, donde había sido concejal del Partido Popular desde 1983. Ejerció de edil en la oposición y de teniente alcalde con funciones de gobierno. Hizo casi de todo, desde saludar al Papa Juan Pablo IIy a Fidel Castro hasta montarse en el patrullero de la Policía Local para cerrar bares de la movida o gestionar las reparaciones de los pavimentos del casco antiguo. Pero al dejar la Casa Grande después de tantos años de contienda política y alguna que otra polémica de las que roban el sueño, reconoció públicamente una espinita clavada: “Mi pena es no haber sido concejal de Fiestas Mayores”. Años después, gracias a que el PP decidió aquel año renovar a sus representantes en el Ayuntamiento, tuvimos a uno de los hermanos mayores de la Macarena más grandes de la era contemporánea. De haber seguido en política, el destino de Manolo hubiera sido otro bien distinto. Aquella pena se esfumó, aquella espinita de las fiestas mayores se sacó sin apenas dejar herida. La vara de las capillas ha sido, de hecho, la responsabilidad más elevada que ha podido desempeñar este hombre curtido en las madrugadas del negocio de frutas de la Encarnación.

Emilio de Llera Suárez-Bárcena (Badajoz, 1951), consejero de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía, quiso ser fiscal jefe de la Audiencia de Sevilla. La verdad es que estaba llamado a ser el sucesor de una leyenda viva del Ministerio Público en la ciudad: el salmantino Alfredo Flores, el que llegó a ser hermano mayor de una cofradía y pregonero de la Semana Santa. Llera echó los papeles para hacerse con esa jefatura, pero le sacaron bolas negras. García se quedó sin apretar el botón del alumbrao y Llera sin dar la rueda de prensa anual de la memoria de la Fiscalía. Su gozo cayó en el pozo una y otra vez. Y bien que lo sentimos muchos partidarios de este fiscal con nombre de marisquería de selecta ensaladilla junto a la Plaza de Cuba, porque desde los despachos de Madrid apostaron por una fiscal jefe que es modelo de neutralidad, equilibrio y ponderación por las que hilan…

Emilio no fue fiscal jefe, pero con el paso del tiempo le cayó del bombo de la política el premio gordo de la Consejería de Justicia e Interior. Franco no se metió en política, pero Llera sí. Y ahí anda, desde el burladero de su despacho de la Gavidia, orientando al Ejecutivo andaluz por las arenas minadas de esos asuntos que están sub iudice. “Emilio no es del PSOE, Emilio lo que quiere es terminar su carrera de consejero, aunque pierda dinero”, dicen los compañeros de oficio. De vez en cuando saca el mandoble y se despacha a gusto contra los jueces, hace juicios sobre la magistrada Alaya trufados de cierta frivolidad e incluso arrea a los medios de comunicación por el tratamiento de algunos temas. Emilio va por libre. Tiene licencia para largar. Pocos recuerdan que es el único consejero reprobado por el Parlamento. Debe ser porque en el fondo sigue siendo un fiscal. Ya se sabe que los fiscales se pueden permitir casi todos los juicios, son casi infalibles, pues un juez, un letrado de la Administración de Justicia o un cargo público pueden incurrir en prevaricación, pero un fiscal nunca. No existe ese tipo penal para los representantes del Ministerio Público. ¿Por qué? Misterios. Si resulta que el protagonista, además, forma parte de las filas de la progresía oficial, disfruta de las ventajas de la superioridad moral de la izquierda. Así que miel sobre hojuelas. Emilio sabe que siempre hay agua en ciertas piscinas. Si Arenas o Zoido sueltan la mitad de las perlas que Llera en los últimos años, los están corriendo a gorrazos desde la calle San Fernando hasta la puerta de Antares, donde los dejan sueltos para que se reconcilien jugando al pádel. Emilio puede decir que Alaya sigue estando muy “guapa” pese a la carga de trabajo que asume, porque él está en un gobierno del PSOE. Susana jamás le va a dar un tirón de orejas. Y Amparo Rubiales tampoco le va a dedicar un artículo crítico cargado de arrobas.

Pero Emilio cae bien. Es simpático y un poco pillo. Sabe clavar dardos al enemigo con sutileza. No se suele quedar un gato en la barriga. Jamás muerde la mano que mece la cuna del PSOE en España, que es la que lo mantiene en el cargo. En política, ay Emilio, no hay plazas en propiedad. Su oficio de fiscal sí se parece al del político en que en ambos rige el principio jerárquico. Este Llera prepara a conciencia cada aparición pública con un latiguillo que evoca sus años de opositor: “Os dejo, tengo que estudiarme el tema”.

Siempre lleva encima dos o tres paquetes de tabaco rubio de diferentes marcas. A sus colaboradores más directos los sitúa a su mismo nivel, no fuerza esa estética del séquito que gusta tanto a otros consejeros. Tiene un despacho oficial en la Gavidia y una mesita alta en la terraza del Oriza, donde sigue tomando la copita de manzanilla, marca Solear, muchos mediodías de clima apacible (¿Lo de siempre, don Emilio?). Los dueños de los bares, por cierto, llaman a esas mesas altas los quitamiedos de la hostelería, porque la gente cree que la consumición es más económica que en un velador tradicional con asientos. No es el caso de este pacense, que se nota que no es de Sevilla en que suele desenfundar el primero a la hora de pagar en un bar. Es de la vieja escuela, de los que no deja nunca que sus acompañantes abonen la cuenta.

Con Zoido se lleva muy bien. Coinciden en tener el mismo dentista, en cortar trajes en privado y en saber rematar las reuniones oficiales con la confraternidad debida. Una de las muchas veces que el entonces alcalde Zoido reclamó la Ciudad de la Justicia en una visita al consejero Llera, éste, tras los cinco minutos de rigor en privado donde para decirle que no es posible porque no hay un duro, le espetó: “Bueno, Juan Ignacio, ahora ya podemos irnos a tomar una cerveza que se hace tarde, no?”. Y allá que bajaron al bar de la esquina a comentar los últimos chascarrillos judiciales…

Lo mejor de Llera es que nunca da la brasa con el fútbol ni con las cofradías. No gasta ni en un tema ni en el otro. Y siempre te cede el taburete, porque prefiere la verticalidad. Este vecino de Los Remedios es un gran admirador de la belleza femenina, usa los retrovisores con sutil y discreta habilidad. No va de místico ni de bendito, lo cual se agradece en la ciudad de los misticones.

La vida son recuerdos de la Extremadura donde nació. Su madre vivía en una pequeña localidad de Badajoz de apenas dos mil habitantes,un pueblo fundado por Felipe II con un precioso nombre: La Granja de Torrehermosa. Son recuerdos de sus primeros años como fiscal en Bilbao, una plaza dura en los años ochenta, en los que el País Vasco salía en los telediarios con tañidos de luto y banderas a media asta. La vida son recuerdos de sesiones preparando opositores de judicatura y fiscalía junto sus amigos Julio Márquez de Prado, hoy presidente del Tribunal Superior Justicia de Extremadura, y Luis Fernández Arévalo, experto en vigilancia penitenciaria y actual fiscal jefe de Huelva. La vida son refugios estivales en algún hotel de la Costa del Sol.

Si tiene que cenar en algún lugar perdido de Andalucía, fuera ya del protocolo de los actos oficiales, le pide al camarero que le hagan una tortilla francesa. Así duerme mejor y le cuesta algo menos madrugar, porque Llera no es precisamente de los aficionados a levantarse al alba por gusto.
El fiscal no fue jefe pero gestiona todas las competencias de Justicia de Andalucía. El fiscal es doctor en Derecho, con una tesis dirigida por Víctor Moreno Catena, pero se metió en política. La vida es ver pasar la ciudad desde una mesa quitamiedos. Y en Sevilla, al final, somos pocos y todos vamos desfilando. Somos casi los mismos que en La Granja de Torrehermosa. Pero sin desenfundar los primeros al pagar.

La ocupación de los nichos

Carlos Navarro Antolín | 14 de diciembre de 2014 a las 5:00

Sastrería 14 dic
EN aquella Facultad de Derecho de los años posteriores a la Exposición Universal era usual verla por aulas y pasillos. Por la antigua Fábrica de Tabacos, o su sucursal de las caracolas del Lope de Vega, también se veía a alumnos como Beltrán Pérez, hoy teniente de alcalde en el Ayuntamiento; Miguel Ángel Millán, ex gerente de Urbanismo, y Pedro Molina de los Santos y David Antequera, actuales directores de los distritos Norte y Los Remedios, respectivamente. De las aulas habían desaparecido los crucifijos con las réplicas de la Buena Muerte, preciosidades de Juan Miguel Sánchez, Francisco Maireles, Ricardo Comas y hasta de Alfonso Grosso. Muchos acabaron en despachos de catedráticos y, por supuesto, en bastantes casas particulares. Durante años sólo quedó el crucifijo del Aula Magna. Por aquella Facultad andaba Susana Díaz (Sevilla, 1974), que ya por aquel entonces tenía afición por coger el micrófono y dirigirse a sus compañeros. Cuando un festivo caía en martes, ella era una de las que se encargaban de poner de acuerdo a todos los compañeros para no acudir el lunes y hacer puente. Pero, ojo, porque había un catedrático de Derecho Civil, el jesuita Antonio Gordillo Cañas, duro y exigente como sólo lo son los grandes maestros que verdaderamente dejan huella en sus discípulos, que no transigía con las componendas de los alumnos. Si la jornada era lectiva, había que dar clase. Si no había alumnos, la lección se daba por impartida y pasaba a ser materia de examen. Se dio el caso de un reducido grupo de alumnas que acudieron a la clase de don Antonio, rompiendo el llamamiento a secundar el puente apócrifo. Enterada de la existencia de esquiroles, la alumna Díaz se enojó, tomó el micro y espetó: “¡Habemos aquí más de cien que quedamos en no venir y ha habido un grupito que ha venido!”.

Aquellos primeros años en Derecho se veía ya la forja del animal político que es hoy. Poco tardó en darse de alta en las Juventudes Socialistas con un aval de dos firmas, una de ellas la de Rafael Pineda, ex concejal y ex gerente de Lipasam. Aquellos maravillosos años participaba en las barbacoas de fin de semana en casa de Encarnación Martínez, en Valencina de la Concepción, en la pandilla que lideraba Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Encarni, Verónica Pérez y ella eran de las escasas mujeres activas en las Juventudes Socialistas. La armonía era total, años de camaradería y dolce vita. El reparto de tareas estaba definido. Susana y David Hijón se centraban en las Juventudes en Sevilla. Miguel Ángel Millán, en las Juventudes de Madrid. Celis, consagrado a la Agrupación de Nervión-San Pablo y Rafa Pineda a la Agrupación de Triana. Los chicos de Celis vivían felices y comían perdices a la brasa hasta que se rompió la barbacoa de tanto usarla. La lista electoral al Ayuntamiento de 1999 dinamitó las sinergias. El entonces factótum del PSOE sevillano, José Caballos, eligió a Susana Díaz para un puesto de salida y orilló al que siempre se refiere como “Alfonsito”. Díaz fue concejal de Triana, una de sus grandes ilusiones, y del área de Juventud, donde fue la primera en hablar de un posible botellódromo. Es notorio que con el alcalde Monteseirín jamás se entendió. En los albores del segundo mandato, Caballos la sacó del Ayuntamiento castigándola en el puesto octavo de la lista al Congreso de los Diputados. El castigo se tornó en premio, porque el PP se hundió tras el atentado del 11-M y los socialistas sevillanos, que aspiraban sólo a siete escaños en el mejor de los casos, lograron nada menos que ocho. Ya estaba Díaz moviéndose por la Carrera de San Jerónimo sin perder el contacto ni con Sevilla ni con sus principales amigos y partidarios: Alberto Moriña, que la había apremiado siempre a terminar los estudios de Derecho; Javier Fernández y Verónica Pérez.

Un político gris como José Antonio Viera se hizo con la secretaría general del PSOE sevillano. Contó con ella como secretaria de Organización. Díaz acabó haciéndose con todo el partido, como siempre ocurre, porque siempre está dispuesta a ocupar los nichos vacíos, ya sea de jefa en la capital o de turronera por los pueblos los fines de semana cuando los demás están clavando alcayatas o con el chándal. Esa capacidad de estar literalmente consagrada a la actividad política se traduce en poder. Mientras Viera andaba de cacerías con los empresarios y Caballos comenzaba el declive, Díaz se estaba haciendo con el control del poderoso PSOE sevillano. “Tú no te preocupes que yo me encargo de todo”. El embrión de las barbacoas de Encarni estaba evolucionando hacia un verdadero modelo de éxito en la política actual, donde el control orgánico prevalece en el currículum sobre cualquier brillo en la gestión institucional. El dominio que ejerce sobre cualquier parcela de poder recién conquistada es absoluto. Los espacios se susanizan como los territorios se romanizaban. Abarca todo, acapara todo y lo sacrifica todo por la política. Y sus enemigos, que la califican de maniobrera y conspiradora, de dura e inflexible, reconocen que entiende la política como un sacerdocio y que jamás la pillarán metiendo la mano en la caja.

Guarda las distancias con los periodistas hasta en el horario de máxima animación de la Feria de Abril. Las orejas siempre altas. Si tiene que llamar a un colaborador en Nochebuena para un asunto de trabajo, lo hace sin mayores cautelas. Ytambién es verdad que si a ella la llaman en plena celebración del cumpleaños de una de sus hermanas, responde con celeridad.

Su perfil menos conocido es el de una persona muy sentimental. Se derrumba con cierta facilidad cuando entiende que ha sido herida. Una Feria de Abril, vestida de flamenca, acabó con las lágrimas saltadas ante las protestas airadas de los conductores de Tussam. Los citó en la sede del PSOE, fue a casa a cambiarse de ropa, se reunió con los enlaces sindicales y la huelga quedó desconvocada. Ella, que no era concejal, arregló el problema desde su cargo orgánico, lo cual levantó ampollas entre sus adorables compañeros de partido en la Plaza Nueva.

Ha ocupado tantos nichos que, con ayuda de las circunstancias, ha ido recortando el espacio de quienes estaban directa o indirectamente por encima de ella en el organigrama. La lista de caídos, las cuentas del rosario, es extensa. Monteseirín, Caballos, Viera, Chaves, Griñán… Tiene al Todo Madrid y al Todo Barcelona echado a sus brazos con la inestimable aportación de una ejecutiva federal a la deriva. Siempre que alguien le ha dado poder, ella lo ha ejercido y ampliado hasta el punto de acabar teniendo más competencias que su poderdante, hasta el punto de que el poderdante, por una causa o por otra, ha terminado menoscabado o directamente fuera del mapa.
Aquella chica de Presidencia, que dijo el Cura Chamizo, es de facto el principal estandarte del PSOE en España. Se entiende con reyes y arzobispos, y con financieros y cofrades. Dicen que la garra que tuvo de joven para sacarse sus primeras perras dando clases particulares, la ha aumentado y enriquecido. Aquella cabecilla del grupo que en las noches de fin de semana, a la intemperie y junto al Monumento a la Tolerancia, quería afiliar a todos los presentes a las Juventudes Socialistas, es hoy la que embelesa a esa sociedad civil de los desayunos profesionales en suntuosos hoteles de la capital donde siempre se quedan los zumos a la mitad y los platos de pastas vuelven completos a las cocinas.

El viento de la política actual favorece a quien más tiempo dedica a la causa y más rápido aprende. Los que se van de cacería son camarones en la corriente. Ydejan espacios que otros ocupan. Haber, haber… Habemos muy pocos. Yen el PSOE sólo hay una.