Taxis: Servicio público privado

Juan Andrés de Gracia | 29 de noviembre de 2011 a las 19:39

Cualquier intento de organizar el servicio de taxi en la ciudad choca con la doble dualidad público-privada que lo caracteriza. Por un lado, es el ayuntamiento el que define la ordenanza del sector, el que aprueba los precios que se autorizan cada año y el que determina el número de licencias. Pero, por otro lado, cada taxista es una empresa o trabaja para una, y se organizan en varios colectivos de taxistas. El hecho que más avala esa doble dualidad es que el servicio de radio taxi es de propiedad privada, concretamente, de uno de los colectivos de taxistas, el más importante, y el ayuntamiento sólo tiene una responsabilidad subsidiaria sobre él. Curiosamente, el suelo le fue cedido a la asociación de autotaxi por el ayuntamiento y las instalaciones fueron financiadas por Cajasur.

Sobre el taxi siempre se ha discutido, especialmente, sobre el número de taxis que prestan servicio en cada momento y, por tanto, sobre el número de licencias que se conceden, teniendo en cuenta que la licencia se puede gestionar mediante asalariados. Para el vecindario, nunca hay taxis cuando lo necesitan, y, para el taxista propietario, siempre hay un exceso de coches para prestar servicio, debiendo dedicarle un número importante de horas para hacer la caja oportuna. Ambos tienen razón. En las horas punta, a nadie le gusta esperar más de un par de minutos para subir a un taxi, pero, paralelamente, los taxistas prestan servicio en momentos de baja demanda debiendo esperar en las paradas más tiempo del deseable.

Con la crisis, el debate se ha agudizado, al haberse también incrementado las horas que cada taxi está en la calle, en busca de la recaudación suficiente, teniendo en cuenta que los servicios diarios se han reducido ostensiblemente. Recordemos que la mayoría de los taxistas han comprado su licencia a un precio ampliamente superior oficial, y han tenido que endeudarse para ello. Es algo que todos conocen y que a nadie parece interesarle eliminar, pero que pesa como una losa a la hora de organizar el servicio. El sector del taxi, junto al de vendedores ambulantes o al de trabajadores de limpieza han sido siempre de los más temidos por cualquier gobierno, y su capacidad de presión ha sido siempre muy alta. Aún recuerdo como en 1991, el sector apoyó públicamente al Honesto Trigo, o como las disputas entre asalariados y propietarios han llenado plenos de conflictividad en todos los mandatos.

Ahora, el sector del taxi, por mayoría, ha decidido pedir una reducción del tiempo de trabajo de cada taxi, con el fin de repartir los servicios. Eso significa, directamente, hacer inviable que el taxi se pueda gestionar rentablemente con asalariados y, lo que es más importante, una reducción en el número de taxis/hora en la calle. Dejar en 16 horas al día el servicio activo de cada taxi significa, formalmente, reducirlo a dos turnos de trabajo, pero la realidad es que un taxista, para hacer la caja necesaria, debe hacer turnos de al menos 10-12 horas. Por tanto, dejarlo en 16 horas es de hecho hacer que cada coche sólo se gestione por una persona. Como consecuencia, habrá menos coches en la calle de media y el servicio que se presta puede empeorar. El sector afirma que sólo supondrá eliminar la oferta sobrante ahora, y hacer rentable, al resto, el servicio.

El ayuntamiento debe ahora tomar una decisión y no será fácil. Por un lado, hay una importante fuerza movilizadora del taxi y por otra hay un vecindario al que atender. La responsabilidad es municipal, más aún cuando la Junta de Andalucía sigue posponiendo sin fecha la aprobación del reglamento del taxi a nivel andaluz, que debería regular numerosos aspectos que ahora sólo lo están por cada ordenanza municipal. La superintendenta Tamayo, se encuentra ante otro problema de órdago, con un sector al que parece que quiere desoír respecto a la posibilidad de poder entrar en la calle Cruz Conde. Es posible que esté pensando en una negociación global con el sector, e intercambiar la disminución del servicio con la aceptación de la peatonalización de la calle cruz Conde.

Se han escuchado voces a favor (por ejemplo, ATA) y en contra (por ejemplo, FACUA), pero nada han dicho los partidos de la oposición. Es uno de esos temas que a todos quema porque, sea cuál sea la decisión, la crítica está servida. En cualquier caso, si el taxi es un servicio público, no se puede permitir que se autoregule sin más, sino que el ayuntamiento debe fijar las condiciones del servicio. A este respecto, sería necesaria la municipalización del servicio de radio-taxi para impedir que se convierta en un arma del taxista contra el vecindario. Igualmente, se debería asegurar el número de taxis que prestan servicio en cada momento, sin que sean ellos mismos los que decida. Paralelamente, se podrían estudiar las medidas necesarias para hacer rentable el servicio, para lo cual cabe esa medida de reducción del servicio de cada taxi, o la fijación de unas tarifas suficientes. En cualquier caso, hay que adoptar decisiones desde el diálogo, en busca de la mejor prestación del servicio.

  • casto Perula

    y las nuevas tecnologías para que están. Al menos hay una aplicación informática, donde se recogen las solicitudes de taxis por zonas y días de todo el año. Somos animales de costumbres y repetimos comportamientos. El Imedeec puso en marcha un modelo que podría permitir incluir ese estudio con algunas adaptaciones. Con esa aplicación podrían estar en los lugares y en el número adecuado en cada momento. Pero eso vale dinero, hay que pagar por ello y para eso mejor protestamos y que nos suban las tarifas, y a que paguen los pardillos. Y en Córdoba un taxi en 3 veces mas caro que en madrid para recorrer la misma distancia. Córdoba ciudad eterna.

  • Juan Andrés de Gracia

    respuesta a Casto Perula: seguro que el uso de las nuevas tecnologías ayudarían a un mejor servicio y más económico.