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Charles, un emblema en el escaparate

Francisco Merino | 1 de septiembre de 2011 a las 22:33

Charles, en un entrenamiento en El Arcángel.

Que Charles Dias de Oliveira no se haya marchado supone el mejor refuerzo para el Córdoba. El brasileño, pescado el verano pasado por un precio asequible del Pontevedra de Segunda B -donde llevaba cuatro años-, se ha revalorizado y está en el escaparate. Lucas Alcaraz se encaprichó con él y quiso llevárselo al Almería, que manejaba dinero fresco tras la venta de Crusat al Wigan. Pero no. Se queda. ¿Por cuánto tiempo? ¿A qué precio? Eso está por ver. De momento, el seguidor cordobesista vivió el cierre del mercado de fichajes con una sensación muy cercana a la que se hubiera producido si hubiese llegado un regalito de último momento. A otros les pasa. Que no se vaya uno conocido puede ser mejor que recibir a tres nuevos. Charles de blanquiverde es una bendición. A los cordobesistas que se marcharon sonriendo de El Arcángel la semana pasada se les torció el gesto ante la posibilidad de ver volar a su nuevo ídolo. Una operación económicamente interesante era, a la vez, una autoagresión en lo deportivo. Al final no sucedió nada. O sí. A partir de ahora comienza una nueva historia: Charles sigue. De aquí a enero se juega un partido en los despachos. Habrá que ver quién mueve la bola, porque después del último episodio ha quedado patente que: a) El Córdoba necesita vender, b) Tiene futbolistas apetecibles y c) El presidente será un actor fundamental en todos los movimientos.

Comprar barato y vender caro. Eso es lo que dicen que mantiene a flote a una entidad que no se llame Real Madrid o Barcelona en los tiempos que corren. Que haya pretendientes para comprar jugadores del Córdoba es ya una fenomenal noticia. Que se rechace una oferta -sobre todo cuando la costumbre por aquí es comprar mucho y vender poco- ha causado un revuelo extraordinario, un debate que ha oscilado entre lo trascendente y lo grosero, con algún toque dramático. Eso da una idea de cómo están las cosas en este club. Después del papelito que le tocó desempeñar a Juan Luna Eslava, a Paco Jémez se le colocó en el disparadero. ¿Pensó realmente en dimitir si vendían a Charles? Ayer el técnico no quiso entrar en demasiados detalles sobre la posibilidad de haberse bajado del barco si su delantero de referencia era traspasado. “Uno piensa muchas cosas”, se limitó a decir. No hacía falta más. Este Córdoba va a ser francamente divertido. Dentro del campo y fuera de él.

Un título, una esperanza y un alivio

Francisco Merino | 28 de agosto de 2011 a las 22:29

No le han ido mal las cosas al Córdoba en el primer fin de semana serio. Es una manera de hablar, claro. Por lo de la seriedad, digo. Todos los días anteriores también lo fueron y seguramente eso ha tenido mucho que ver en la amplia sonrisa que lucen ahora los blanquiverdes, dentro del club y en su entorno, en este final de agosto. Para poder festejar hay que tomarse las cosas muy en serio, por más que haya habido momentos y episodios que parecían una broma pesada. A veces parece -porque hay algo más que indicios- que todo se viene abajo en el Córdoba CF, condenado a vivir en eterna construcción. Pero también hay instantes en los que se producen chispazos prometedores, pistas que incitan a pensar que a lo mejor esta vez sí sucede algo. En las últimas horas se ha producido una conjunción de fogonazos que han iluminado al Córdoba, un equipo -un club- que pelea por levantarse con casi todo en contra.

Primero llegaron los chicos del juvenil, que pese al relevo generacional han cogido la estela de sus antecesores. De momento, se entretuvieron en derrotar al Real Madrid (y 24 horas después también al Benfica, ya en Pozoblanco) en El Arcángel para conquistar el Trofeo Ciudad de los Califas. Es el primer título que entra en las vitrinas del club durante el mandato del nuevo presidente, Carlos González, que contempló desde el palco cómo dieron dentelladas los cachorros blanquiverdes. Es la cuarta vez que el Córdoba consigue la copa en 32 años de vida del torneo juvenil más señero de nuestro país. Hay que seguir la pista a estos chavales.

Los jugadores del Córdoba aplauden al público de El Arcángel.

Después llegó la cita grande, el reencuentro con la Liga, la visita de un ex Primera -con el once repleto de jugadores recién caídos de la élite- como el Almería, con Lucas Alcaraz al frente. El Córdoba casi ganó. El público se marchó más feliz que otra cosa y el técnico granadino bastante mosqueado por un penalti no pitado a favor de su equipo en el último suspiro. El regreso de Paco Jémez trajo alegría, que no es poca cosa para un graderío que el curso pasado vio cómo se despoblaban sus asientos a un ritmo dramático. No iban ni los socios. Se ha cambiado el tiovivo por una montaña rusa.

Y en la tarde de ayer, por fin, llegó a la ciudad el guardameta boliviano Carlos Erwin Arias, después de una rocambolesca historia de permisos, visitas al consulado, vuelos anulados y otros contratiempos que hicieron pensar a algunos que se podrían repetir episodios dantescos como el de Gabriel Roth, aquel argentino que un día se fichó -y se pagó- pero que jamás pisó Córdoba. Aún sigue jugando en el Rangers chileno y en su historial hablan de un pasado en El Arcángel que nadie vio. Qué cosas.

Entre unos y otros

Francisco Merino | 21 de mayo de 2011 a las 21:41

Lucas Alcaraz se tapa la cara durante el Ponferradina-Córdoba en El Toralín. Foto: LOF.

Últimos estertores de la Feria. El Córdoba, abofeteado por todo tipo de rivales y circunstancias, se pone a hacer pucheros mirando hacia su afición. Se la va a jugar otra vez. La vida, quiero decir. Y no en sentido metafórico, sino real. Si pierde la categoría, se muere. Ya lo advirtió Lucas en las vísperas del duelo ante el Albacete Balompié, que fue etiquetado en su momento por el granadino como uno de los partidos más importantes de la historia del club. Los blanquiverdes se exhibieron con un 5-1. El de ayer, por lo visto, no lo era tanto. El Córdoba salió vapuleado y con su estima por los suelos. Tendrá que reponerse pronto. O no. Ya da lo mismo. Lo único que tiene que hacer, el pequeño detalle que le queda por cumplir en su compromiso con la afición es sumar el punto 50. Ayer debió hacerlo, pero el orgullo de la Ponferradina pudo más que lo que el Córdoba puso sobre el terreno de juego berciano. Su presencia y poco más.

En su última comparecencia en El Arcángel aún no tiene agarrada la permanencia de forma matemática. ¿Les suena la escena? Pues sí, volverá a ocurrir. Como el curso pasado ante el Real Unión de Irún. La gente hasta hizo la ola. Prepárense para escuchar durante esta semana las típicas apelaciones al cordobesismo, aliñadas con discursos apocalípticos sobre las consecuencias de un desliz en este momento crítico. Vendrán nuevas consignas con sabor a viejo, tan necesarias como irritantes. Vuelven las pancartas. Todos unidos es posible. El Arcángel no se rinde. Mover al cordobesismo a base de eslóganes está resultando un ejercicio de difícil digestión, un sucedáneo del verdadero motor de los seguidores. A falta de ilusión, el CCF busca en la desesperación global el combustible para el último arreón. Todo el mundo anda loquito por terminar de una vez esta pesadillesca Liga 2010-11. Lo estabas esperando… decía el lema de la campaña que se lanzó para recibir al Betis a comienzos del mayo cordobés. Qué premonición. Lo estaban esperando, por supuesto. Más bien se lo temían. Y, como en un bucle dramático, vuelve a suceder. Córdoba-Las Palmas, el partido de la salvación. Ahí terminará una feria y comenzará otra. Qué cruz.

La moto de Lucas

Francisco Merino | 18 de abril de 2011 a las 11:35

Como tantas otras veces, Lucas dio en la tecla. Dijo en las vísperas del último desplazamiento -y aún con los rescoldos del mazazo del Alcorcón humeantes- que el papel de los suyos era elogiable por las circunstancias tan especiales que se padecen este curso de crisis. “Si alguien quiere vender otra moto, que lo explique él”, apuntó. Su compromiso estaba en garantizar la permanencia en Segunda, para lo que sin duda es necesario correr como motos. Así ocurrió en la última jornada y el reto está cumplido. Juego solvente, goleada incontestable y a otra cosa.

No saca pecho, pero podría hacerlo con las estadísticas en la mano, como ya se vio hacer a otros entrenadores en este club con muchos menos méritos acumulados que el granadino. El partido en Villarreal no parecía trascendente, pero ha podido convertirse en el choque crucial de la temporada: el 0-3 deja la permanencia virtualmente sellada. Doce puntos de ventaja, con la propina del coeficiente particular, parecen una ventaja insalvable para ese cuarteto de zombies que cierran la tabla y que corren torpemente hacia la puerta de la salvación mientras se les caen los miembros.

La impresión es que ya está todo dicho, aunque los protagonistas se empeñen en convencer de que todavía pueden ocurrir cosas. Para bien o para mal. Nadie va a apuntar al play off de ascenso por temor a quedar señalado como un iluso. Tampoco se discutirá ya sobre las opciones blanquiverdes de despeñarse a la Segunda B, que son remotísimas. “La permanencia está encarrilada, pero no conseguida“, se apresuró a decir Lucas en la sala de prensa del estadio castellonense después de que los suyos destrozaran al filial amarillo, en plena caída libre. Ahora llegan tres derbis consecutivos que se afrontan sin dramatismo, con un ojo puesto en el campo y otro en las gradas. Después de cuadrar las cuentas en la clasificación toca dar oxígeno a la tesorería. Granada, Recre y Betis, con nazaríes y verdiblancos en El Arcángel, se cruzarán en el camino de un Córdoba que redefine sus objetivos, que ahora se resumen en dos: mejorar hasta donde pueda la clasificación de la campaña pasada y cobrar el sueldo. Sería un buen punto de partida para empezar una nueva carrera… hacia quién sabe dónde.

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