Archivos para el tag ‘Paco Jémez’

Las notas de la jornada 42

Francisco Merino | 4 de junio de 2012 a las 13:14

Sobresaliente: Paco Jémez

El técnico cordobesista jugó durante toda la semana previa al partido al despiste, o no. Quizá fuera demasiado claro. El caso es que planteó el partido según convenía a los intereses del Córdoba y le salió perfecto. Es posible que no fuera bonito, pero por una vez sacrificó todo en función del resultado. Un punto y al play off.

.

Notable: Alberto García

El guardameta del Córdoba tenía en Balaídos una tarde incierta. Cualquier error suyo hubiese significado un desastre de proporciones incalculables. Ni siquiera se le presentó la oportunidad de fallar. Unos cuantos centros colgados que atrapó con solvencia y poco más.

.

Aprobado: Dubarbier

El argentino se ha convertido en uno de los hombres básicos del final de temporada cordobesista. Ante el Celta se empleó a fondo y aportó a sus acciones un sello de intensidad que le distinguió por encima del resto. No tuvo ocasiones de gol esta vez. Ninguno, por otra parte, gozó de ninguna.

.

Suspenso: Miroslav Djukic

El entrenador del Valladolid, rival del Córdoba en la primera ronda del play off, estuvo durante toda la semana previa lanzando insinuaciones malévolas a propósito del Celta-Córdoba. Al final se dio el empate que pronosticaba, aunque lo que no podía esperar es lo que sucedió en Zorrilla. Los blanquivioletas cayeron con estrépito por 1-3 ante el Guadalajara y escucharon abucheos.

.

YA TE DIGO…

“Esto era lo que había que hacer”.

Paco Jémez, entrenador del Córdoba, tras el empate ante el Celta (0-0).

.

Las notas de la jornada 34

Francisco Merino | 16 de abril de 2012 a las 13:31

Sobresaliente: Gaspar Gálvez

Con él como jefe de la zaga se vive mejor. Aporta colocación, jerarquía y una buena dosis de confianza a todos sus compañeros de línea. Ante el Sabadell estuvo en su línea de siempre, aunque ni siquiera él pudo evitar el atribulado desempeño de su compañero Ximo Navarro, acentuado por el esperpéntico criterio del canario Hernández Hernández al enseñar las amarillas. Ximo acabó expulsado en el minuto 55 y a Gaspar le tocó multiplicarse. El equipo no encajó.

.

Notable: López Garai

Otro de los jugadores que hoy por hoy son imprescindibles para mantener los niveles del Córdoba en lo más alto. El de Barakaldo retornó al once después de cumplir su partido de sanción por amarillas -se le echó de menos en el Miniestadi de Barcelona- y su aportación se notó. Abarcó mucho campo y distribuyó con criterio, aunque le costó zafarse de la presión de los jugadores sabadellenses. Mostró su polivalencia ocupando el centro de la defensa después de la expulsión de Ximo y hasta la entrada de Alberto Aguilar.

.

Aprobado: López Silva

El onubense no se esconde ni en las situaciones más complicadas. Al contrario. Ante el Sabadell, en un partido raro y espeso, fue de menos a más. Buscó las entradas por dentro y el último pase a los puntas, aunque recibió una vigilancia estrechísima, lindando lo ilegal.

.

Suspenso: Javi Hervás

Es evidente que no anda en su mejor momento de forma. Paco Jémez volvió a sustituirle en el descanso después de que el canterano tuviera una actuación intrascendente. Nunca se encontró cómodo ni tuvo presencia. Recibió pitos por parte del público, que le exigía más. Tiene calidad futbolística y fortaleza mental para superar este bache. El Córdoba le necesita en su mejor versión ante lo que se avecina.

.

YA TE DIGO…

“Los voy a levantar muy fácil: les voy a enseñar la clasificación y van a ver que siguen quintos. Se van a venir arriba echando leches”.

Paco Jémez, entrenador del Córdoba, tras el empate ante el Sabadell (0-0).

.

 

Balsas y el aplauso final

Francisco Merino | 9 de febrero de 2012 a las 18:02

A veces el fútbol depara momentos extraños, que sólo pueden entenderse dentro de la complejidad que encierra un deporte cuya apariencia simple es sólo una mentira más. En el día de su adiós oficial Sebastián Balsas escuchó con emoción un aplauso sentido de sus compañeros en la sala de prensa. Es seguramente la mayor ovación que ha recibido el uruguayo en su periplo en el Córdoba, donde ha logrado tanto aprecio entre su entorno más cercano como desapego por la parte de la afición -toda, salvo puntualísimas excepciones- que no tuvo el placer de conocerlo.

Balsas solamente jugó unos ratitos, bastante intrascendentes, antes de acudir al despacho de Luna Eslava con una oferta debajo del brazo para marcharse en este mercado invernal. El club no le insistió para que se quedara y el futbolista tampoco regateó mucho para ponerlo fácil. Todo estaba muy claro. El Córdoba y Balsas no han cuajado, no han encontrado feeling. Nadie lo hizo mal. La culpa fue compartida. El chico puso en el césped todo lo que sabe hacer y Paco Jémez entendió pronto –a tenor de las convocatorias, claro- que la historia tenía poco recorrido. El Torero no era el hombre y punto. Para qué darle más vueltas. El entrenador cordobesista desgranó las virtudes humanas de un jugador que ha dejado huella en el vestuario. Jugó más en la caseta que fuera de ella y marcó otro tipo de goles, que también valen.

La imagen de los jugadores cordobesistas arropando a un conmovido Balsas refleja la singularidad de este Córdoba actual, en el que no hay ni divos ni apestados. En otro tiempo, el ariete uruguayo hubiera tenido que escapar del estadio como un forajido, esquivando las balas de las críticas por la odiosa comparación entre su caché y su rendimiento. Ahora el Córdoba ha encontrado el secreto de la perfecta comunión del grupo: los que se van lo hacen entre agasajos y los que llegan no son percibidos como una amenaza para el resto. Balsas no llegó ni a completar noventa minutos de juego oficial con la blanquiverde. Sólo se estrenó en un par de amistosos de pretemporada, cuando aún se le veía como un mesías para la vanguardia. Fue un buen inicio para una aventura que ha tenido un final inesperado. Él se marcha a Argentina y aquí se quedan sus compañeros peleando por un desafío del que a él le corresponde una parte. Siempre hizo lo que le pidieron y dio lo mejor de sí, ya fuera sobre el verde o animando en un perol. Puede que los buenos resultados no conviertan en buena a la gente, pero son el mejor inhibidor de las críticas a toro pasado. Balsas y el Córdoba se dieron el último capotazo con cariño. Quedan como amigos.

Espantar el miedo

Francisco Merino | 19 de octubre de 2011 a las 19:00

Sumar. Ése es el secreto que el Córdoba, pujante como pocas veces, ya no se esfuerza en esconder. Sumar. Cada cual en lo suyo, sin exigencias ni exabruptos. Suma en el juego, cada vez más sólido. Suma en la clasificación, que presenta un aspecto envidiable. Suma en las gradas, que se van poblando de público. Sumar. ¿Por cuánto tiempo se mantendrá esta tendencia? ¿Llegará una mala racha? Muchos se lo preguntan y no se puede decir que no tengan derecho, pero no parece lo más apropiado en unos momentos en los que todas las piezas están encajadas. Buen producto, buena promoción, más clientela y renovadas expectativas. Las cosas marchan mejor que bien.

El equipo funciona y es respetado por su estilo y rendimiento. “A comienzos de Liga hubiera firmado un empate contra el Depor, ahora no”, declaró Paco Jémez esta semana al periódico La Voz de Galicia. Sus jugadores le siguen en esta titánica tarea por desterrar el clásico victimismo ante los grandes. Espantar el miedo ha sido una gran victoria. El miedo a no estar a la altura de lo esperado, a revivir situaciones frustrantes o, directamente, a hacer el ridículo. Ese miedo que siempre atenazó a actores fundamentales del club a la hora de tomar decisiones, desde el despacho presidencial hasta el banquillo. El destino ha querido que se conjuren las legítimas ambiciones particulares para componer un proyecto que tendrá que pasar por distintas fases. Dentro de unas semanas, el Córdoba dejará de ser el equipo simpático, el modesto que se ha metido arriba con un fútbol valiente, y empezará a ser considerado como una presencia incómoda, un adversario para quienes han invertido mucho para ascender. Pero eso será otra historia.

El capitán ha vuelto

Francisco Merino | 6 de octubre de 2011 a las 21:53

Hay futbolistas que más allá de sus cualidades con el balón nacen con un don especial para caer en gracia allá donde van. Les salen bien las cosas el día de su estreno, encuentran a un entrenador que confía ciegamente en su potencial, se topan con un compañero veterano que ejerce de mentor y les ayuda a progresar, se ganan el cariño de la afición sin apenas proponérselo, son encumbrados por los medios por el más nimio detalle… Hay gente con esa suerte, claro. Luego están otros que tienen que trabajárselo en silencio, forzados a cincelar su trayectoria profesional a pico y pala, casi siempre fuera de los focos y señalados, porque así de cruel es este negocio, cuando las cosas se tuercen.

En el fútbol, como en la vida, la fortuna juega un papel de extraordinaria relevancia. No es lo mismo ser funcionario que minero, ni jugar como mediocentro de complemento rodeado de internacionales que ejercer como defensa central de un equipo con problemas para la permanencia. Como Gaspar Gálvez, ese señor que se enfunda cada fin de semana la camiseta blanquiverde y se ata el brazalete de capitán para liderar la retaguardia de una formación que se viene ganando a pulso la etiqueta de equipo revelación del curso 2011-12 en Segunda División.

Su resurrección deportiva va pareja con la irreverente y brillante puesta en escena del Córdoba de Paco Jémez, otro ex defensa central internacional que ahora, desde el banquillo, pelea por ganar notoriedad en un gremio tan complejo como el de los entrenadores. Paco le ha dado los galones a Gaspar y éste los luce sin pavonearse. Nunca lo hizo. Gaspar no necesita alardear de lo que hace cada día de partido: lo suyo es tapar agujeros, evitar que se produzca un descosido en una línea básica para un equipo cuyas miras son, tradicionalmente, de lo más modesto. Ahí le ven, al lado de Tena -otro superviviente-, haciendo lo suyo en la cara B de este esplendoroso Córdoba actual. Mientras todo el mundo anda encandilado con el fútbol ofensivo, la propuesta descarada y ambiciosa de la escuadra blanquiverde, por detrás se fabrica la base del milagro.

El Córdoba es uno de los equipos menos goleados de la división, poniendo en entredicho uno de los mitos que arrastraban desde hace unos años los equipos entrenados por Jémez, muy lucidos a la hora de lanzarse al ataque pero con una verbena en la retaguardia. Si fue así alguna vez ya no es tema de debate. El aquí y el ahora del Córdoba es otro. El equipo está llegando a alcanzar esa entelequia del fútbol que es el equilibrio. Y Gaspar, el hombre que lleva en su expediente la dolorosa experiencia de cinco descensos (Atlético de Madrid, Oviedo, Albacete y dos veces con el Alavés), tiene mucho que ver.

La temporada pasada la presenció desde la enfermería, después desde la grada y, finalmente, desde el banquillo. Sólo fue alineado en el intrascendente último partido del curso ante el Girona, en Montilivi, durante 79 minutos. Ése fue todo su bagaje durante la segunda temporada -en las dos anteriores estuvo en 25 y 32 citas- a las órdenes de Lucas Alcaraz, que consiguió el fichaje de Tena -por entonces proscrito en el Elche, donde estaba sentenciado por el técnico Bordalás- para suplirle después de que el cordobés sufriera una grave lesión -rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco interno de la rodilla derecha- en la Ciudad Deportiva Ramón Cisneros del Sevilla, en un bolo frente al Xerez Deportivo (0-0). Después de un verano horroroso, en el que tuvo los dos pies fuera del club tras ser incluido en la lista del ERE, fue repescado para la causa después de aceptar una sustanciosa rebaja en sus emolumentos. Con 32 años, después de un curso en blanco y la nómina rebajada, Gaspar podía tener razones para bajar los brazos. No lo ha hecho. Paco vio en sus ojos el brillo de la rebeldía y le tiene como fijo, pese a que la entidad fichó centrales como Astrain o David Prieto, además de tener en la recámara al talentoso internacional sub 17 Bernardo. De despreciado a imprescindible. Gaspar, el experimentado central habituado a curtirse en el sufrimiento, es ahora uno de los líderes indiscutibles del efervescente Córdoba. El capitán ha vuelto.

Etiquetas: , ,

Las notas de la jornada 4

Francisco Merino | 12 de septiembre de 2011 a las 20:26

Sobresaliente: Charles

Se quedó en el Córdoba para hacer precisamente lo que está haciendo: marcar goles. Y de los que valen puntos. Firmó los dos que llevan los blanquiverdes en la Liga: uno, ante el Almería, valió un punto; otro, contra el Numancia, los tres. El brasileño erró un penalti ante los sorianos con el empate a cero. El público empezó a animar. Luego anotó el gol y pidió perdón por su fallo anterior. No hacía falta. Charles se ha ganado algo más difícil que la admiración: el respeto.

.

Aprobado: Carlos Arias

No era fácil su papel en la meta del Córdoba, donde suplía a un criticado -seguramente de modo excesivo- Alberto García. El internacional boliviano sacó adelante la prueba con un aprobado muy alto. Dos partidos, cero goles encajados. Un pase de ronda en la Copa y el primer triunfo liguero. De momento ha hecho méritos para afianzarse en una portería que tendrá que dejar por obligación si es convocado por la selección de su país el próximo mes de octubre.

.

 Suspenso: La afluencia de público

Va a tardar aún un tiempo en recomponerse el idilio entre el Córdoba y su afición, que acude en menor número que nunca en los últimos tiempos. Poco más de seis mil espectadores presenciaron en El Arcángel la victoria blanquiverde ante el Numancia. El consuelo es que la tendencia es similar en todos los campos de la categoría.

.

YA TE DIGO…

“Acabamos una semana con la moral alta, por las nubes, pero sin tirar cohetes, sabiendo que esto acaba de arrancar y nos queda mucho camino por recorrer”

Paco Jémez, entrenador del Córdoba, tras la victoria ante el Numancia.

Las notas de la jornada 3

Francisco Merino | 5 de septiembre de 2011 a las 20:49

Sobresaliente: Javi Patiño

Su interés por hacer las cosas bien resulta conmovedor. Patiño, que llegó en verano sin demasiado ruido, ofreció un rendimiento más que interesante en el Nuevo Zorrilla al lado de Charles. Al delantero, con una inteligencia natural para buscar el sitio en el área, sólo le faltó el gol. Javi Patiño, que suplió al lesionado Pepe Díaz, confirmó que puede dar mucho al grupo de Paco Jémez.

.
Aprobado: Los recién llegados

Etiquetar a los recién ascendidos a Primera como candidatos al sufrimiento por conservar la categoría es un ejercicio lógico, respaldado por la historia y la estadística. Hacer lo mismo con los que llegan a Segunda es, sin embargo, un proceso aventurado. ¿Se acuerdan del buen curso anterior del Alcorcón o, mejor aún, del Granada? En las dos primeras jornadas, el Sabadell ha sumado seis puntos y se codea con los mejores. El Guadalajara, por su parte, noqueó al Xerez y el Alcoyano ya puntuó. Sólo queda inédito el Murcia.

.

Suspenso: El Recre

No termina de arrancar el Decano, al que el cambio de propiedad -fue adquirido por un grupo inversor uruguayo- no le ha servido de estímulo futbolístico. Ni tiene juego ni suerte. Esta semana encajó su segunda derrota consecutiva. Fue en el Colombino, ante el Celta, por 1-2. En el último minuto, Juan Villar tuvo un penalti para dejar al menos un punto en casa. Lo mandó al limbo.

.

 

YA TE DIGO…

“Está claro que aquí no gana siempre el que juega mejor o el que más ocasiones tiene, sino el que las acaba metiendo”

Paco Jémez, entrenador del Córdoba, en pleno baño de realidad después del partido de su equipo en Valladolid.

Charles, un emblema en el escaparate

Francisco Merino | 1 de septiembre de 2011 a las 22:33

Charles, en un entrenamiento en El Arcángel.

Que Charles Dias de Oliveira no se haya marchado supone el mejor refuerzo para el Córdoba. El brasileño, pescado el verano pasado por un precio asequible del Pontevedra de Segunda B -donde llevaba cuatro años-, se ha revalorizado y está en el escaparate. Lucas Alcaraz se encaprichó con él y quiso llevárselo al Almería, que manejaba dinero fresco tras la venta de Crusat al Wigan. Pero no. Se queda. ¿Por cuánto tiempo? ¿A qué precio? Eso está por ver. De momento, el seguidor cordobesista vivió el cierre del mercado de fichajes con una sensación muy cercana a la que se hubiera producido si hubiese llegado un regalito de último momento. A otros les pasa. Que no se vaya uno conocido puede ser mejor que recibir a tres nuevos. Charles de blanquiverde es una bendición. A los cordobesistas que se marcharon sonriendo de El Arcángel la semana pasada se les torció el gesto ante la posibilidad de ver volar a su nuevo ídolo. Una operación económicamente interesante era, a la vez, una autoagresión en lo deportivo. Al final no sucedió nada. O sí. A partir de ahora comienza una nueva historia: Charles sigue. De aquí a enero se juega un partido en los despachos. Habrá que ver quién mueve la bola, porque después del último episodio ha quedado patente que: a) El Córdoba necesita vender, b) Tiene futbolistas apetecibles y c) El presidente será un actor fundamental en todos los movimientos.

Comprar barato y vender caro. Eso es lo que dicen que mantiene a flote a una entidad que no se llame Real Madrid o Barcelona en los tiempos que corren. Que haya pretendientes para comprar jugadores del Córdoba es ya una fenomenal noticia. Que se rechace una oferta -sobre todo cuando la costumbre por aquí es comprar mucho y vender poco- ha causado un revuelo extraordinario, un debate que ha oscilado entre lo trascendente y lo grosero, con algún toque dramático. Eso da una idea de cómo están las cosas en este club. Después del papelito que le tocó desempeñar a Juan Luna Eslava, a Paco Jémez se le colocó en el disparadero. ¿Pensó realmente en dimitir si vendían a Charles? Ayer el técnico no quiso entrar en demasiados detalles sobre la posibilidad de haberse bajado del barco si su delantero de referencia era traspasado. “Uno piensa muchas cosas”, se limitó a decir. No hacía falta más. Este Córdoba va a ser francamente divertido. Dentro del campo y fuera de él.

Un título, una esperanza y un alivio

Francisco Merino | 28 de agosto de 2011 a las 22:29

No le han ido mal las cosas al Córdoba en el primer fin de semana serio. Es una manera de hablar, claro. Por lo de la seriedad, digo. Todos los días anteriores también lo fueron y seguramente eso ha tenido mucho que ver en la amplia sonrisa que lucen ahora los blanquiverdes, dentro del club y en su entorno, en este final de agosto. Para poder festejar hay que tomarse las cosas muy en serio, por más que haya habido momentos y episodios que parecían una broma pesada. A veces parece -porque hay algo más que indicios- que todo se viene abajo en el Córdoba CF, condenado a vivir en eterna construcción. Pero también hay instantes en los que se producen chispazos prometedores, pistas que incitan a pensar que a lo mejor esta vez sí sucede algo. En las últimas horas se ha producido una conjunción de fogonazos que han iluminado al Córdoba, un equipo -un club- que pelea por levantarse con casi todo en contra.

Primero llegaron los chicos del juvenil, que pese al relevo generacional han cogido la estela de sus antecesores. De momento, se entretuvieron en derrotar al Real Madrid (y 24 horas después también al Benfica, ya en Pozoblanco) en El Arcángel para conquistar el Trofeo Ciudad de los Califas. Es el primer título que entra en las vitrinas del club durante el mandato del nuevo presidente, Carlos González, que contempló desde el palco cómo dieron dentelladas los cachorros blanquiverdes. Es la cuarta vez que el Córdoba consigue la copa en 32 años de vida del torneo juvenil más señero de nuestro país. Hay que seguir la pista a estos chavales.

Los jugadores del Córdoba aplauden al público de El Arcángel.

Después llegó la cita grande, el reencuentro con la Liga, la visita de un ex Primera -con el once repleto de jugadores recién caídos de la élite- como el Almería, con Lucas Alcaraz al frente. El Córdoba casi ganó. El público se marchó más feliz que otra cosa y el técnico granadino bastante mosqueado por un penalti no pitado a favor de su equipo en el último suspiro. El regreso de Paco Jémez trajo alegría, que no es poca cosa para un graderío que el curso pasado vio cómo se despoblaban sus asientos a un ritmo dramático. No iban ni los socios. Se ha cambiado el tiovivo por una montaña rusa.

Y en la tarde de ayer, por fin, llegó a la ciudad el guardameta boliviano Carlos Erwin Arias, después de una rocambolesca historia de permisos, visitas al consulado, vuelos anulados y otros contratiempos que hicieron pensar a algunos que se podrían repetir episodios dantescos como el de Gabriel Roth, aquel argentino que un día se fichó -y se pagó- pero que jamás pisó Córdoba. Aún sigue jugando en el Rangers chileno y en su historial hablan de un pasado en El Arcángel que nadie vio. Qué cosas.

CCF 11-12: ver para creer

Francisco Merino | 2 de agosto de 2011 a las 15:25

Paco Jémez, entrenador del Córdoba CF.

Seguramente al Córdoba le faltan a día de hoy muchas cosas, pero por lo que dejó ver en su presentación ante el Sevilla hay un ingrediente del que anda sobrado. Llámenlo orgullo si quieren revestir su análisis de un tono poético; recurran a otros términos que suenan peor pero significan lo mismo si les van las apelaciones a la masculinidad, con toda su simbología y excesos. El Córdoba peleó con coraje contra el que, estadísticas en mano, es el mejor equipo andaluz de todos los tiempos. Perdió con un resultado bastante feo y los profesionales, empezando por el técnico Paco Jémez, no escondieron que el desenlace del partido les escoció. No es mal síntoma ése. El equipo se enoja por ceder ante una formación de élite, repleta de internacionales y algún campeón del mundo, y los aficionados justifican lo ocurrido con argumentos de manual. ¿Se imaginan que es al revés? Mejor no. Ya se han vivido, y no hay que remontarse muy lejos en el tiempo, situaciones en las que se escuchaban excusas en el campo y silbidos en la grada. Ver a un Córdoba acordobesado -siete de la tierra en el once titular- encontrando el respaldo, una vez más, de sus incansables devotos resultó conmovedor. El Arcángel no es un sitio cualquiera. Aquí adoran a los rebeldes. Y este año no hay pocos.

El Córdoba de Paco, de Luna, de González y de todos los cordobesistas que siguen soñando con que algún día les va a tocar ser felices no está completo aún. Le faltan piezas, es evidente. Tanto como que le sobran ganas de hacer algo sonado. En una categoría como la Segunda División, que no tiene piedad con los pusilánimes, suelen resultar más eficaces los futbolistas que buscan su progreso que los que despachan sus últimas peonadas tras una carrera en sitios de más fuste. Los del primer tipo son mayoría en el Córdoba actual. Los del segundo formaban la base en la formación que adiestraba hace cuatro años el propio Paco Jémez, con el resultado conocido por todos. Éste es otro Córdoba. Ésta es otra época. El ex internacional cordobés se ha tomado el reto como una cuestión personal y ya ha demostrado ser de los que se crecen ante la adversidad. Pero el valor no basta en esta guerra. Se precisan, mejor pronto que tarde, unos refuerzos fundamentales: en la portería y en las tareas de organización en el mediocampo

Es probable que el CCF tenga que abordar uno de los cursos futbolísticos más complejos de su historia con carencias. Será un equipo imperfecto, como todos. Pero tener conciencia de los propios límites no lleva implícita una renuncia a la lucha por los mayores objetivos. Algunos se van a reír. Allá ellos. Parece mentira que a estas alturas de la película aún no nos hayamos dado cuenta de dónde estamos y de qué hay que hacer para que a uno, como mínimo, le respeten. Todo empieza en casa. Para que al Córdoba no le toquen la ilusión es primordial recuperar la sensación de fortaleza en El Arcángel, donde se va a cocer todo. Cada vez queda menos para la Liga y ahí, por fortuna, nadie tiene una delantera con Negredo y Jesús Navas.

Etiquetas: , ,