La ‘verdad’ de las reformas

Magdalena Trillo | 13 de mayo de 2012 a las 17:16

Viuda. Con dos hijos. Limpiadora. De la Chana. Una mañana se encuentra en un autobús dos “tochos de billetes” y los devuelve. Se los había olvidado un chino que viajaba de Madrid a Granada para abrir un negocio en la ciudad.14.000 euros. Lo que ella puede ganar en un largo año de trabajo. Conclusión: todavía hay gente honrada en España. A pesar de los políticos, los banqueros, los jueces y los servidores públicos que, como predica el Rey y no cumple, desconocen por completo qué significa “ejemplaridad”. Yenalia Huertas contaba la historia de Palmira esta semana en Granada Hoy. Desde entonces no dejo de darle vueltas: ¿yo los habría devuelto? ¿Usted qué haría?

Dice el Gobierno que no es momento para la depresión sino para la esperanza. Y nos ‘anima’ con una sorpresiva campaña publicitaria en la que nos cuenta “la verdad de las reformas”, de la educación y de la sanidad frente a las mentiras y el alarmismo socialista… Y sí, después de ver las verdades que ‘venden’ en su web, hay que darle la razón a Wert: lo que tenemos son “prejuicios”. No sustituir a un profesor hasta el décimo día que esté de baja (en Andalucía se había visto como una ‘conquista’ lograr el recambio en 48 horas), aumentar el número de alumnos por clase, obligar a los docentes a impartir más horas –rebajándoles el sueldo y reduciendo las plantillas–, aplicar el ‘tasazo’ en las universidades y endurecer las exigencias para conseguir una beca es el camino para la “excelencia” en la enseñanza.

En la sanidad hablaremos directamente de negocio. Empezamos obligando a los pensionistas a pagar las medicinas, eliminando la tarjeta sanitaria a los ‘sin papeles’ y reduciendo la cartera de prestaciones gratuitas; avanzamos cobrando las muletas, las sillas de ruedas, las prótesis y hasta cinco euros por día de hospitalización como quiere Cataluña y terminamos… haciéndonos un seguro privado y quebrando el sistema nacional de salud. Enfermar, morir, una cuestión de clases. Éstas, por supuesto, no son la verdades del PP sino el resultado de leer la letra pequeña de los decretos…

Si Palmira se hubiera quedado con los 14.000 euros del chino no tendría que preocuparse de enfermar ni hacer cuentas para que sus hijos sigan estudiando. Ella abrió y cerró la pequeña bolsa mil veces y prefirió dormir tranquila. Otros se van a lujosos hoteles en Marbella y pasan la factura al Supremo para que les paguemos sus descansos con nuestros impuestos. Y da igual si es una “minucia” de 6.000 euros, un euro o un millón…

El señor Dívar, el señor Camps, el señor Urdangarin, el señor Rato o el señor Guerrero viven sin el menor remordimiento. ¿Hubieran devuelto ellos el dinero? Efectivamente, lo que le pasa a Palmira, como a la inmensa clase trabajadora de este país, es que tiene prejuicios. Matizo la conclusión inicial: ¡cuánta gente humilde hay honrada en este país!

Como imaginarán, Palmira no aparece en la campaña #laverdad del PP. Tampoco los indignados del 15M que siguen clamado por un “cambio global” en su primer aniversario y mucho menos los ‘yayoflautas’, esos abuelos “cabreados” que lucharon en su día por una España de democracia, libertades y derechos y ahora no están dispuestos a volver al punto de partida. Se pusieron en marcha en Cataluña, casi en la clandestinidad, reinventado los “perroflautas” de Aguirre, y acaban de anunciar el salto a Madrid, Sevilla y Granada.

Prejuicios. Divergencia de criterios. Unos ven las reformas como “garantía de futuro” y otros como involución. Es lo que les pasa a los sindicatos con el abaratamiento del despido, la subida de impuestos, la amnistía fiscal, el copago farmacéutico y la subida de tasas en la Universidad. Ellos también defienden su verdad y por eso han decidido convocar en otoño una especie de referéndum, de moción de censura popular, para que los ciudadanos opinen libremente sobre las reformas.

Entre las verdades de unos y otros, sin olvidar el vídeo que el PSOE está moviendo en Youtube con el cara a cara en el que Rubalcaba ‘vaticinó’ a Rajoy toda su política de recortes, al menos dejaremos de malvivir en ese espejismo de solvencia con el que nos ha engañado nuestro sistema bancario durante más de tres años.

Y ésta sí que es una verdad sin matices. Tanto como el aumento del paro que seguiremos sufriendo este año –pese a la verdad de las reformas–, el incumplimiento del déficit y la caída de la economía española que nos acaba de anunciar Bruselas.

Santones de la economía

Magdalena Trillo | 6 de mayo de 2012 a las 9:16

 

 

 

 

 

 

 

SIEMPRE me ha inquietado El grito de Munch. Por su fuerza, por el desconcierto que suscita, por su desgarro. Sumido en la angustia existencialista del XIX, el artista noruego lo pintó en 1895 como “máxima representación del miedo y la alienación” y hoy, más de un siglo después, se mantiene como el icono visual más potente de esta nueva modernidad de pesimismo y contradicciones que se empeña en fabricar pobres para que los ricos sean más ricos; un símbolo de la impotencia, incertidumbre y desesperación de esta globalización incívica a la que estamos arrebatando no sólo esperanza sino también legitimidad.

 

Pienso en el cuadro impresionista, en el original que esta semana ha hecho historia en las pujas del arte y en la triste imitación que tengo colgada en casa, mientras me sumerjo en La historia de mi gente. El escritor italiano Edoardo Nesi golpea como un grito con este librito autobiográfico, entre novela costumbrista y ensayo político, que llega a mis manos por casualidad y que termino de leer, de releer, de auscultar, en las tediosas tres horas y diez minutos de tren que separan Granada y Sevilla.

 

José Antonio Griñán acababa de pronunciar su discurso de investidura prometiendo “ética” y “solvencia” y comprometido con la “igualdad de oportunidades” y la justicia social. El hoy ya presidente de la Junta se presentaba como el escaparate de la izquierda y la “esperanza” socialdemócrata de que existe un “camino distinto” para salir de la crisis: un gobierno de coalición “realista, sin aventuras y sin claudicaciones” que rechazaba “privatizaciones” y arremetía contra todo el recetario económico de Rajoy. Nacía así el primer gobierno bicolor entre PSOE e IU en tres décadas de democracia andaluza con tres banderas de gestión indiscutibles -empleo, derechos sociales y transparencia- y un triple condicionamiento: las amenazas de intervención del Gobierno central, las exigencias de estabilidad financiera de Europa y la propia realidad de recesión y desempleo de la sociedad andaluza. ¿Podrá cumplir sus palabras Griñán? ¿Podrá Hollande si arrebata hoy la presidencia francesa a Nicolas Sarkozy?

 

Coinciden sus discursos y sus promesas con ese ‘grito’ de euforia que daba el mercado del arte en Nueva York. Sotheby’s lograba un nuevo récord: el óleo de Munch se vendía por 91 millones de euros y desbancaba el Desnudo, hojas verdes y busto de Picasso confirmando la obscena buena salud que el neoliberalismo sigue teniendo para un puñado de privilegiados.

 

Dejando atrás las vías desiertas de la Alta Velocidad, vuelvo a Historia de mi gente… No sabría responder a Nesi. No sé en qué día, en qué momento, todo lo que iba bien empezó a ir mal. Lehman Brothers, las hipotecas basura, el colapso financiero, la espiral… Se han filmado decenas de películas y documentales con el origen de todo, pero aquello fue sólo el principio. O el final. Lo peor habría de llegar cuando perdimos la batalla, como lamenta el empresario toscano reconvertido en escritor, y nos dejamos subyugar por “los dogmas y la arrogancia intelectual de los economistas que todos los días se lanzan a predecir el futuro cual chamanes, santones o profetas” ignorantes de que “sobre los sucesos futuros no hay ciencia”. ¡Qué razón llevaba Guicciardini en la Florencia del Renacimiento!

 

Y qué razón lleva nuestro ministro de Economía cuando aboga por cambiar el ladrillo por el “conocimiento” aunque sea contradiciendo a un gobierno que hunde la inversión en ciencia e investigación y ataca la educación básica y universitaria. Hasta Angela Merkel ha hablado esta semana de innovación y creatividad pero para advertir que de Plan Marshall, nada. Que mejor ponemos en funcionamiento la imaginación. Es curioso. Tantos siglos de modernidad para terminar como empezamos. En la caverna. Creyendo en milagros y en ‘santones’ cuya verdadera virtud, como han desvelado esta semana unos investigadores de la UGR, es sufrir sinestesia. ¡Que se le cruzan los cables! Unos, como el Santón de Baza, pasan de ver el aura de las personas a convocar a la Virgen dejando ciegos a decenas de incautos de tanto mirar el sol; otros, por qué no Edvard Munch, son capaces de deslumbrar a varias generaciones con el grito de dolor más perturbador de la historia; y a otros, como los gurús de la economía, les permitimos imponer la partidista y distorsionada visión de su verdad: ese mundo “sin gobierno y sin derechos” que tan rentable resulta a unos pocos.

Un director impuesto, ¿lo menos malo?

Magdalena Trillo | 29 de abril de 2012 a las 17:17

Es la primera vez que el director del Festival de Música y Danza de Granada no es elegido por consenso. Corrijo: sin consenso, con bronca institucional, con indignación entre los profesionales y con perplejidad en la ciudad. Por la forma y por el fondo. Porque la elección ha sido una farsa. Un concurso teóricamente público, abierto y ajustado al código de buenas prácticas que ha terminado en sainete con preludio adivinatorio y epílogo de desprestigio incluidos. La crónica de un candidato anunciado. Sólo así se puede entender la ausencia de aspirantes de primer nivel para dirigir el Festival y la ‘desmotivación’ que ha habido entre los profesionales del sector para participar en una convocatoria absolutamente politizada donde el actor principal ha aprovechado más de una rueda de prensa para ‘venderse’ y sus valedores para hacer campaña. ¿Ninguno de los directores y gestores de los grandes festivales de teatro, música y danza de Europa estaba interesado en vincular su trayectoria a Granada? No. No si creen, saben, que el puesto tiene nombre y apellidos.

La versión oficiosa que empieza a circular ante los crecientes corrillos de “incredulidad” y “preocupación” por la decisión del Consejo Rector de elegir como director a Diego Martínez, tal y como había ‘pronosticado’ hace meses el Ayuntamiento, es que ha sido “lo menos malo”. Pero ni ha sido una ‘operación’ de un día ni era desconocido el interés, legítimo por otro lado, de situar al frente del festival más importante de Granada a una persona afín al gobierno municipal y al PP. Ayer mismo me recordaban que fue Juan García Montero quien ‘trajo’ a Martínez de Úbeda con la idea de que fuera el relevo de Carlos Magán en la OCG cuando estalló la crisis de gestión en la orquesta. Entonces, hace ya más de cuatro años, se optó por José Luis Jiménez –con enorme acierto, por cierto– y el aspirante a gerente terminó recalando en el Archivo Falla con una visibilidad y remuneración mucho menos golosa que la prevista.

El momento de mover ficha llegó el pasado mes de octubre cuando, tras doce años como director, Enrique Gámez anunciaba su marcha: no pasó ni una semana y Martínez, funcionario y profesor de música, era el candidato mejor posicionado. El del PP. Porque el proceso se ha dilatado lo suficiente para poder elegirlo de la manera más pragmática y operativa: sumando votos. Ayuntamiento (PP) y Diputación (PP) ya contaban desde el 20-N con el apoyo del Ministerio y sólo tenían que esperar al 25-M para incorporar a la Junta. Ni siquiera el revés electoral en el Gobierno andaluz ha alterado su hoja de ruta. Aunque la Junta aporta más de 700.000 euros y la Diputación, por ejemplo, 128.000, todas las instituciones tienen los mismos votos: dos. Una simple operación aritmética confirma el acuerdo no unánime de la elección.

El pasado martes –justo el día en que finalizaba el contrato del director saliente– se puso sobre la mesa la posibilidad de dejar desierto el concurso y seguir contando con Gámez –la edición de este año está completamente cerrada– a la espera de recomponer la situación. La propuesta fue rechazada de forma tajante por el Ayuntamiento y se acabó arriesgando por “lo menos malo”.

Imagino que ha de ser duro para el propio ‘ganador’ llegar a un festival sabiéndose candidato de un partido, objeto de conflicto institucional y tras un proceso que ha enmascarado un nombramiento a dedo. A mí me queda una duda, por qué nadie ha impugnado el concurso, y una desazón: entre la vorágine de la crisis y el bloqueo de las tres elecciones que hemos sufrido en menos de un año, tal vez nos hayamos confiado (todos) y seamos corresponsables por no exigir las ‘buenas prácticas’ prometidas, despolitizando la elección e imponiendo un mínimo de ética y rigor con un jurado de expertos.

La realidad es que la página de Gámez ya está cerrada y la de Diego Martínez abierta. Por la solidez y solvencia del equipo de profesionales que lo hacen posible, por la propia estabilidad e imagen del Festival y por Granada, ojalá sea un acierto su designación. Ojalá el fondo justifique la forma y ojalá dentro de unos años nadie tenga que mirar con nostalgia y lamentar que el Festival de Granada, con mayúsculas, se haya degradado en un festival “municipal” más. Uno de tantos. Los momentos excepcionales exigen decisiones excepcionales, pero el camino de la excepcionalidad a la mediocridad es cada vez más corto. A Diego Martínez, toda la suerte del mundo.

Se acabaron las utopías

Magdalena Trillo | 22 de abril de 2012 a las 9:37

REFORMAS o recortes. Para solucionar deficiencias o para hacer caja. Para ser más competitivos o para contentar a los mercados. ¿Tiene realmente el equipo de Rajoy una hoja de ruta para salir de la crisis o es su gobierno una peligrosa reacción impulsiva a cada bajada del Íbex? ¿Negocia o impone? La improvisación, la descoordinación y las progresivas rectificaciones que han acompañado en los últimos días a la mayor transformación del Estado que se ha planteado en treinta años de democracia sólo tiene una lectura posible: estamos utilizando la crisis financiera para minar la España de las Autonomías y desmantelar la justicia, la sanidad y la educación tal y como las conocíamos hasta ahora: gratuita, igualitaria y universal.

Notas de prensa a las cinco de la tarde que esconden un ajuste extra de 10.000 millones con el que el Ejecutivo invalida su propio presupuesto y confirma su enésimo incumplimiento del programa electoral. Rajoy huyendo por el garaje del Senado para no dar la cara ante los periodistas, el anuncio del copago farmacéutico en una filtración periodística desde México… ¿No eran los socialistas los que tenían problemas de comunicación? La realidad es tozuda: ni bastaba con sacar a Zapatero de La Moncloa para calmar a los inversores ni era suficiente enarbolar la gaviota azul para generar confianza y credibilidad. Ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.

Lo comprobamos ‘fuera’ cada mañana cuando nos disputamos con los italianos la prima de riesgo más alta y cercana al rescate; nos lo recuerda el FMI cuando advierte que este año llegaremos al 6% de déficit (no el 5,3 comprometido) y nos alerta del “riesgo financiero” que supone que vivamos más de la cuenta; lo sufrimos al otro lado del Atlántico cuando la señora Kirchner expolia tan alegremente Repsol, aunque sea tras tener que aclarar que es la “presidenta de Argentina y no una patatera”; y decepciona cuando se envilece la campaña electoral francesa con Sarkozy y Hollande atacando a España para ganar votos con el mensaje del contagio y el miedo.

Tampoco ‘dentro’ se puede ser creíble cuando se anuncian medidas para ahorrar 7.000 millones en sanidad sin entregar ni un solo papel a los consejeros que han de aplicarlas, sin aportar una memoria económica que detalle el impacto real del plan de reforma y sin estudios sólidos que expliquen, y justifiquen, que “el sistema no es sostenible” y que es mejor camino cobrar por las medicinas a los pensionistas que reducir la cuenta de resultados de las farmacéuticas.

Sería iluso negar que no hay deficiencias, abusos y hasta despilfarro en nuestra sanidad (3.700 toneladas de medicinas se tiran a la basura al año), pero nadie del Gobierno ha aportado de momento ni una sola prueba de que el polémico ‘repago’ sirva para atajar tales problemas. Más bien al contrario. Nuestros vecinos portugueses, por ejemplo, empezaron a aplicarlo hace 25 años con la misma finalidad y ya han extendido el cobro de los fármacos a las consultas del médico de familia, al especialista y las urgencias sin que se haya reducido el déficit. Hoy, un millón y medio de usuarios lusos no tienen médico asignado y se ven obligados a hacer cola de madrugada a las puertas de los centros de salud para ser atendidos.

El mensaje del Gobierno, obviamente, es diferente: los parados sin prestación no tendrán que pagar por sus medicamentos, los jubilados lo harán según su renta y se acabará con el fraude del turismo sanitario. Todo bondades y equidad. Si en Andalucía, País Vasco y Canarias también gobernara el PP sólo podríamos aplaudir al Gobierno por su disposición a terminar con los “abusos” y poco sabríamos de la letra pequeña. Como la que conocimos el viernes tras la aprobación del decreto-ley: que también se va modificar la ley de extranjería contra los ‘sin papeles’. El padrón no será suficiente para acceder a la tarjeta y, eso sí, ahorraremos 500 millones.

Siempre he pensado que más peligrosas que las mentiras son las medias verdades. Por eso me ha resultado casi valiente escuchar al senador del PP Jesús Aguirre confesar hace unos días que, “pasadas las elecciones”, ya se puede hablar claro sobre la sanidad: “la solidaridad, universalidad o gratuidad son una utopía”. Lleva razón pero se queda corto. Lo que se han acabado en la España de Rajoy son las utopías.

Cómplices del retroceso

Magdalena Trillo | 15 de abril de 2012 a las 10:35

La ‘primavera árabe’ fue obra de “jóvenes y mujeres” pero se la han apropiado “los hombres y los militares”. Era una periodista egipcia, Shahira Amin, quien denunciaba hace unos días en Córdoba cómo los mismos militares que mantuvieron a Mubarak en el poder se han hecho con las instituciones y están siendo responsables de un progresivo deterioro de los derechos civiles y humanos: “El día que el dictador abandonó el país doscientos hombres asaltaron sexualmente a una periodista en Tahrir; poco tiempo después volvieron a permitirse las pruebas de virginidad a las mujeres que habían hecho la revolución; volvieron las detenciones y las torturas”.

Amin abandonó hace un año su puesto como responsable de la televisión nacional egipcia para contar de primera mano lo que estaba ocurriendo en la Plaza Tahrir. Lo que ocurre en Egipto, pero también en Afganistán, Mali, Georgia o Libia, los países en los que se ha jugado la vida la corresponsal de guerra Mayte Carrasco. La periodista granadina, que recibirá el próximo miércoles el premio del Club Internacional de la Prensa, regresaba esta semana a su ciudad para presentar su primer libro, La kamikaze, y lamentaba que en los medios nos sigamos ocupando más de lo “impactante” que de lo “importante”.

Aunque en demasiadas ocasiones es el impacto de lo irrelevante lo que revela lo importante. Les pongo un ejemplo. La última polémica del Máster de Augusta. ¿Puede la actual directora ejecutiva de IBM ser miembro, de pleno derecho, del exclusivo club de golf? Irrelevante si lo comparamos con la sumisión de la mujer en el mundo árabe y de explotación en África. Superfluo si pensamos en la escalada de ataques de derechos que se está produciendo a uno y otro lado del Atlántico y en la involución que sufrimos en la ‘civilizada’ Europa respecto a conquistas democráticas que han costado siglos de lucha. Pero no es baladí. Hablo de igualdad. Y los gestos, los símbolos, ayudan a avanzar o a retroceder. En Augusta, primero fue el veto a los negros y hoy se mantiene la discriminación: ninguna mujer ha sido miembro del club desde que se fundó en 1933. Y así sigue. Virginia Rometty es una de las 50 mujeres más poderosas del mundo empresarial según la revista Fortune. Insuficiente para el Augusta National.

A unos meses de los Juegos Olímpicos de Londres, la FIFA acaba de permitir que las futbolistas musulmanas jueguen con un velo que les tape el cabello y el cuello. La decisión se tomará en julio pero ya se ha producido todo un movimiento de apoyo. Incluso la Human Right Watch ha presentado un informe denunciando las trabas que Arabia Saudí pone a sus mujeres para el deporte, los “pasos del diablo” que denuncian sus clérigos, y ha pedido al COI que vete su participación.

Otra cuestión menor al lado de, por ejemplo, los crímenes de honor. A la joven palestina K. K., universitaria, de 22 años, casada con su primo, la encontraron hace un mes con un supuesto amante en una playa al sur de la Franja de Gaza. Cuando llegó a casa la obligaron a beberse una botella de herbicida. Había que limpiar el honor de la familia. Pero no murió. Ingresó en el hospital y empezó a recuperarse. Su tío sólo se enfrenta a unos meses de cárcel por meterle una pistola en la boca y pegarle un tiro .

Pienso ahora en la Iglesia. En la nuestra. Fue el Jueves Santo cuando el Papa acallaba a los curas ‘rebeldes’, al grupo de trescientos sacerdotes austriacos que suscribieron un manifiesto en internet para renovar la institución defendiendo, por ejemplo, el sacerdocio de la mujer. ¿Es “desobediencia” pedir para todos esa promesa de trabajo fijo y vida apasionante que lanzaron en su última campaña para captar vocaciones?

Ni es irrelevante ni es menor la responsabilidad cuando nos callamos y convertimos en partícipes del retroceso. Hombres y mujeres. Porque donde no hay discriminación, precisamente, es en la perpetuación de la desigualdad. Ahí está el ‘tea party’ americano, ahí están las ‘Aguirre’ españolas y ahí están las diputadas de los Hermanos Musulmanes que están dando marcha atrás a los avances logrados. La igualdad sólo será efectiva cuando nosotras, las mujeres, no seamos cómplices y mucho menos protagonistas de la involución. Cuando sea cotidiana y mediocre. Cuando lo irrelevante deje de esconder lo importante. Cuando se sienten en el banquillo todas las monjas que se creyeron con derecho a ‘robar’ tu bebé.

Espejismos

Magdalena Trillo | 12 de abril de 2012 a las 9:33

Es el primer año que he visto la Semana Santa enganchada al móvil. Primero: el tiempo; imposible desacertar más. Segundo: la información cofrade; insuperable el momento botella de ron del que, por supuesto, no informa ninguna guía. Ni en papel ni en la web. Pasadas las diez de la noche, a los pies de San Pedro, los músicos del Cristo de los Gitanos entonan agudos empinando el codo; un comportamiento más propio de los ‘turistas de borrachera’ de Salou y Lloret de Mar que de una estación de penitencia. Tercero: internet. Aquí llega la tragedia.

Miércoles Santo. Medianoche destemplada. En el corazón del Realejo. Mientras espero a que se encierre la Virgen de las Penas, me conecto a twitter. Una veterana periodista, Rosa María Artal, lanza una pregunta: ¿Acabaremos pegándonos un tiro? Entro en su blog: “Dimitris Christoulas. 77 años. Farmacéutico jubilado. Casado y padre de una hija. Este miércoles –cuya santidad celebran con tanto fervor muchos neoliberales– se ha pegado un tiro frente al Parlamento griego ”.

Es la primera inmolación pública en Europa por la crisis. En unos segundos, la imagen irreverente de la banda se mezcla con la inconsciencia de los adolescentes del balconing y la frialdad del joven tunecino que prendió la ‘primavera árabe’ hace un año. No da igual cómo vivir y no da igual cómo morir.

Mohamed Bouzazi mantenía a su familia vendiendo frutas y verduras en un puesto ambulante. La policía lo confiscó porque no tenía licencia y, presuntamente, le agredió. La desesperación hizo el resto: compró una lata de pintura inflamable y se quemó a lo bonzo. Algunos medios lo bautizaron como “el mártir que llegó con la primavera”. Su sacrificio hizo estallar la revuelta y provocó la salida del dictador Ben Ali. Un supuesto final feliz que, como en el resto de países que se dejaron contagiar del movimiento de liberación, no es más que un espejismo. Tan irreal como una noche de fiesta y pasión a cualquier precio.

Dimitris Christoulas escribió una nota antes de quitarse la vida. “No puedo vivir en estas condiciones. No encuentro otra solución para un final digno antes de que esté reducido a buscar en la basura para alimentarme”. Acusaba al Gobierno de “aniquilar cualquier esperanza de supervivencia” con sus planes de ajuste y sólo mostraba esperanza en que, algún día, “los jóvenes sin futuro” tomen las armas y “cuelguen a los traidores”. Pero la mitad de esos salvadores, en media Europa, están en paro. Las pensiones se han reducido entre un 15 y un 20%; la factura de la luz ha subido un 9% y el IVA un 10%; la gasolina marca precios récord y los productos básicos están un 40% más caros que en España.

Entre huelga y huelga, los vecinos helenos descargan su ingenio en la red: circulan vídeos en Youtube explicando cómo engancharse a la luz o cómo evadir el impuesto de bienes inmuebles… La realidad es que “la cohesión social ha estallado”, como proclamaban esta semana sus gobernantes. Que los griegos pasan hambre y que los suicidios han aumentado un 40% desde el inicio de la crisis. Aunque no se cuente. Curiosamente, lo que relatan brevemente los periódicos son historias aisladas de empresarios arruinados que se ‘caen’ por el balcón, por un barranco o sufren inesperados accidentes.

Y Grecia es el modelo. Mariano Rajoy nos dijo que saldríamos de la crisis con confianza. Que él traería la confianza. Que los sacrificios tendrán recompensa. Otro espejismo; esta vez fabricado. En la víspera de la aprobación de los Presupuestos, el presidente del Gobierno recibió en La Moncloa a un ‘emisario’ de Angela Merkel y lo dejó “impresionado” con los recortes y reformas. A diferencia de lo que sentencian a diario las Bolsas y la prima de riesgo, el tal Volker Kauder fue tajante: “Vamos por el camino correcto”. No aclaró, sin embargo, hacia qué abismo nos conduce.

La prueba de que la religión de la austeridad no funciona está en Irlanda. Tanto la canciller alemana como los gurús del FMI se felicitaron hace un año por la recuperación del país. Ya está otra vez en recesión. Ni el plan de rescate ha servido para sanear la banca ni hay quien consuma y reactive la economía cuando se bajan los sueldos, se suben los impuestos y se despiden trabajadores al mismo ritmo que se aplica la tijera. El único destino posible a ese camino es paro, pobreza y desesperación. Lamentablemente, no es ningún espejismo.

El mensaje del sur

Magdalena Trillo | 1 de abril de 2012 a las 11:38

Desde la estepa madrileña, las vacas sagradas de la política y el periodismo enjuician con vehemencia y desdén todo lo que ocurre al otro lado de Despeñaperros. Hace justo una semana, dos millones de andaluces osaron votar a partidos de izquierda; una tragedia que sólo pueden explicar por la estulticia, dependencia y falta de criterio del pueblo andaluz. A la cuarta, el Partido Popular lograba una “victoria histórica” pero no gobernará; a la primera, José Antonio Griñán renace de sus cenizas emulando la hazaña de Rubalcaba del congreso federal y ya ha fijado la hoja de ruta con IU para marcar el contrapunto al gobierno de Rajoy. Se hará, desde el sur, pero tendrá precio.

No veo a nadie haciendo las maletas por un resultado electoral pero sí a muchos cabreados. Andalucía, refugio y símbolo para la “reconquista” socialista, se convertirá en rehén del enfrentamiento entre los dos grandes partidos y de la guerra entre comunidades. El mensaje electoral del sur contradice, además, el guión de recortes de Mariano Rajoy.

Está por ver si un gobierno PSOE-IU es capaz de demostrar que se puede gestionar sin dilapidar el Estado del Bienestar, que la socialdemocracia no está muerta, que las recetas del neoliberalismo no son infalibles y que puede haber salida a la crisis desde la izquierda como predica en Francia François Hollande. Todo esto en la teoría; en la práctica, Griñán tendrá que demostrar que su presupuesto expansivo es sostenible con el recorte exigido de 2.500 millones y que es posible ahorrar en sanidad sin copago, en educación sin privatizar colegios y en la Administración sin recurrir al despido masivo.

Izquierda Unida pondrá sobre la mesa de negociación el programa que firmaron ante notario pero es difícil pensar que se mantengan al margen del reparto de sillones. Se situarán al frente del Parlamento, habrá comisión de investigación sobre el fraude de los ERE y ya empiezan a sonar nombres para quedarse con áreas tan simbólicas como agricultura y empleo y tan ‘rentables’ como turismo. Descartada por completo la opción de un gobierno de concentración y, a la espera de la letra pequeña del pacto Griñán-Valderas, lo curioso es que tanto en el PSOE como en el PP se dan un margen de menos de dos años para las primeras crisis de gobierno.

Dos teorías serían compatibles. La primera: entre la agresividad de la reforma laboral, el aumento del paro en más de 600.000 personas y el retraso de la recuperación económica por la caída del PIB, el Ejecutivo de Rajoy estará haciendo aguas en poco más de un año. Será entonces cuando el presidente del Gobierno deba afrontar su primera remodelación y ‘rescate’ a Javier Arenas en Madrid, ya sea de vicepresidente, de ministro o al frente de alguna de las grandes empresas públicas.

Aunque su sucesión sigue siendo tema tabú, hay dos delfines que coinciden en casi todas las quinielas: la malagueña Esperanza Oña y el cordobés José Antonio Nieto. El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y el alcalde de Motril, Carlos Rojas, entran y salen de las apuestas según preferencias.

El segundo futurible tiene que ver con las dificultades que atravesará ese gobierno de contrapoder del sur que habrá de contentar no pocos egos y continuar como agencia de colocación para demasiados damnificados del poder local y provincial sin renunciar a las reformas ni a las políticas de austeridad. Dos años como máximo para que Griñán rompa con IU y, en plena crisis del Gobierno central, convoque elecciones y gane (entonces sí) por mayoría absoluta…

De momento, es uno de los ministros ‘hacedores’ del fracaso de Arenas, Cristóbal Montoro, quien intensifica la escalada de desgaste. A los recortes draconianos de los Presupuestos, han sumado aquella amnistía fiscal que Rajoy tildó de “ocurrencia” cuando estaba en la oposición y Cospedal definió como “impresentable, injusta y antisocial”. Pues ya está aprobada para que los legales paguemos más y los que defraudan hallen el perdón. Se anunció el Viernes de Dolores y, por suerte, también ese día el mensaje desde Andalucía fue distinto.

Mientras Madrid explicaba al mundo la nueva tanda de tijeretazos, el artista irlandés Sean Scully mostraba en la Alhambra su nueva obra. La luz del sur. La geometría como reflejo del alma; ni tinieblas ni tragedia. La luz del sur; con todo su significado y sus consecuencias, con toda su intensidad y amplitud.

Libertades

Magdalena Trillo | 25 de marzo de 2012 a las 18:54

“El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. Nadie pensaría hoy que el concepto de felicidad forma parte del primer texto constitucional que se ha promulgado en la historia de España, aquella Carta Magna que un grupo de abogados, comerciantes, funcionarios, burgueses, nobles y clérigos aprobó hace dos siglos en una Cádiz deprimida, asediada por las tropas napoleónicas y hasta acosada por la epidemia. El pasado lunes celebramos con boato y solemnidad el Bicentenario de La Pepa pero no se oyó a ninguno de nuestros gobernantes invocar el artículo 13, el que habla de nuestro derecho a vivir con dignidad. Tal vez pobres, puede que en paro y desahuciados, pero felices.

En el Oratorio de San Felipe Neri, Mariano Rajoy recurrió a La Pepa para justificar la dureza de sus programas: “Gracias a la decisión de los constitucionalistas de 1812, la reforma trajo el cambio y hoy, como entonces, el cambio es la reforma. En tiempos de crisis no hay que tener miedo a hacer reformas, sino la valentía de llevarlas a cabo frente al inmovilismo y la resignación”. Reforma como sinónimo de progreso para el presidente del Gobierno; reforma como contrarreforma e involución para la oposición. Porque del mismo modo que Rajoy invocó el espíritu del 12 para atacar los mensajes del miedo en el ecuador de la campaña andaluza, Rubalcaba ensalzó los valores doceañistas para defender “las libertades frente a quienes quieren recortarlas o amputarlas”; derechos frente a recortes. Por encima de la batalla electoral, marcando distancias con Fernando VII, y alejándose del protocolo como ya hizo hace unos días con aquel “déjame hablar” que imploró a la Reina, fue don Juan Carlos quien apeló a la “unidad” de la sociedad española, proclamó la libertad y la soberanía nacional y enfatizó cómo el pueblo español “estuvo muy por encima de sus autoridades”. Hace doscientos años… y hoy.

Seamos consecuentes. La Constitución del 12, el texto que permitió abolir la Inquisición, romper con el Antiguo Régimen, consagrar la separación de poderes y la soberanía popular, dar paso a la Monarquía parlamentaria y fijar el pago de impuestos para todos los ciudadanos (¡incluida la nobleza y el clero!), ni está exenta de zonas grises y contradicciones (la Iglesia, intocable; las mujeres, relegadas), ni es ajena a reinterpretaciones partidistas, ni puede mantenerse al margen de reescrituras interesadas. Pese a ello, y aunque se haya mitificado, sería injusto no reconocer la vigencia de sus principios fundamentales y valorar el revulsivo que ha significado para la modernización del país.

Ese mismo país que asiste hoy, perplejo pero también cómplice, a un alarmante proceso de ataque y derribo hacia esos viejos derechos y libertades que creíamos plenamente consolidados. La economía nos da ejemplos todos los días; la seguridad –nuestro supuesto bienestar– también. La prueba más cercana de cómo la economía se ha impuesto a la política son las elecciones andaluzas. Tristes y agónicas. Supeditadas a la estabilidad financiera, el déficit y los vaivenes de la Bolsa. La crisis se ha comido el debate andaluz. Ni ilusiones ni sueños; sólo número de parados y facturas en los cajones.

En aras de la seguridad, Nicolás Sarkozy, en su particular campaña a la Presidencia francesa, nos sorprendía esta semana con una iniciativa aterradora: quiere modificar las leyes para castigar penalmente a quienes consulten páginas webs que inciten al odio y la violencia. ¿Lucha contra el terrorismo o censura? ¿Responsabilidad política o populismo barato para ganar votos? Al otro lado del Atlántico, hace justo dos siglos, Benjamin Franklin advertía que “quien decide renunciar a la libertad esencial para obtener una pequeña seguridad transitoria, no merece ni la libertad ni la seguridad”. Lo recordaba Enrique Novi este viernes en su columna en Granada Hoy. Estoy de acuerdo. ¿Fanáticos? ¡Quiénes! La soberanía reside en el pueblo. Y el pueblo tiene derecho, incluso, a querer ser feliz. Aunque haya que retrotraerse dos siglos para que alguien se atreva a proclamarlo.

En las trincheras del 25-M

Magdalena Trillo | 18 de marzo de 2012 a las 9:35

HACE tres semanas, Rafael Escuredo era investido doctor Honoris Causa en la Universidad de Almería; este viernes, el ex presidente de la Junta de Andalucía se ponía el birrete electoral e irrumpía en campaña llamando “gilipollas” a los populares. Lo hacía con toda ‘solemnidad’, en un acto organizado por los socialistas para entregar las distinciones Clara Campoamor a mujeres que han destacado en la lucha por la igualdad. Sus palabras saltaron a Menéame y encendieron las redes sociales: “Algunos no lo saben, pero el PSOE va a ganar las próximas elecciones regionales (…) El problema es qué hay que cambiar. ¿Para qué? Ésa es la pregunta. Lo tienen escrito en el corazón, en el alma y en un programa que están esperando al 26: desmantelamiento del estado de las autonomías y del Estado del bienestar (…) Son tan gilipollas que van ‘sobraos”.

A siete días de la votación, las encuestas internas que maneja el PSOE le dan cierto margen para el optimismo: el PP tiene prácticamente atada la mayoría absoluta pero a los socialistas sólo les falta un “empujón” para terminar de movilizar y reagrupar a los electores de izquierdas. La partida está completamente abierta. Y aquí el discurso de encefalograma plano de Griñán no funciona. Llega la caballería con el mensaje del miedo y, a la espera de que descabalguen junto a Rubalcaba los Guerra, Chaves o González, la arenga apocalíptica la ha empezado Escuredo: “Hace 30 años lo teníamos peor: paro, analfabetos, sin derechos de las mujeres, el Gobierno en contra; los andaluces y los socialistas nos cogimos de la mano y dijimos no pasarán”.

Ahora lo tendrán más difícil. El martes, la juez Alaya ha citado a declarar al chófer del ex director general de Empleo. El de las fiestas y la cocaína. Sus palabras acapararán las portadas de los periódicos y las tertulias. Puro morbo. Tal vez sea ese “pellizco” del que hablan los socialistas para desestabilizar la balanza, aunque lo hará a favor del PP o acrecentará aún más el hartazgo entre los ciudadanos y empujará a demasiados andaluces a no ir a votar.

Basta con bucear unos minutos en los duros y ofensivos vídeos que los dos grandes partidos están moviendo en Youtube. Las #mentirasdeGriñán compiten con las #mentirasdeArenas y, junto a los tropiezos y contradicciones de los dos candidatos, las imágenes más anacrónicas de sus carreras; desde aquel Griñán que fue ministro de Trabajo con Felipe González hasta ese Arenas señorito andaluz que se deja limpiar las botas y vende renovación cuando lleva 33 años en política.

Javier Arenas, quien no te conozca que te compre es especialmente agresivo: “Estuviste en contra de la autonomía de Andalucía, mentiste sobre el 11-M y la guerra de Iraq, eres empleado público sin hacer oposiciones, te has presentado a tres elecciones y has perdido…” Tan provocador como El 25 de marzo elige quien te defienda con un sumiso Arenas tragando en papilla todas las recetas de Rajoy: subida de impuestos, copago en la sanidad y la educación, paralización de la ley de dependencia, despidos mucho más baratos…

Y no menos sarcástico que la campaña ‘popular’ en torno a fraude y los intrusos en los expedientes de regulación de empleo con los “EREvisión”, la “EREcorrupción” y los “politongos” para descargar en el móvil recordando que 30 años de PSOE es suficiente. Desde los “30 años de socialismo, 30% de paro” al “Griñán, presidente del fondo de reptiles” pasando por la ‘inesperada’ ayuda de los propios socialistas con el eslogan difundido en Tuenti con un “elije” (¡sí, con jota!) que bien valdría un suspenso en cualquier curso de Primaria.

Si dejamos de lado la guerra de trincheras que se libra en las redes sociales, lo cierto es que estamos viviendo un angustioso, agónico e interminable epílogo del 20-N. No encuentro a un solo elector ilusionado. En aras del pragmatismo, se mantiene un discurso apático y de perfil bajo incapaz de infundir algo de optimismo y esperanza. ¿No queríamos unas elecciones independientes para hablar de Andalucía? ¿Tan ‘sobraos’ van todos que no importa si los ciudadanos no tienen ni un solo motivo positivo, sólo temores, para ir a votar?

El gran dilema

Magdalena Trillo | 11 de marzo de 2012 a las 11:43

En dos semanas, Andalucía celebrará las elecciones más disputadas, abiertas y decisivas de toda la democracia. Todas las encuestas, incluida la que hoy publicamos los nueve periódicos de Grupo Joly, apuntan en una misma dirección: la ola de cambio que los españoles iniciaron hace un año en los ayuntamientos y consolidaron el 20 de noviembre en las generales aupando a Mariano Rajoy a La Moncloa se puede llevar por delante tres décadas de gobierno socialista. Javier Arenas, a la cuarta, emprende la campaña como virtual ganador. Nunca lo ha tenido tan cerca.

Ni la subida de impuestos ni la movilización contra la reforma laboral y los recortes dan suficiente oxígeno al Ejecutivo de José Antonio Griñán para invertir las expectativas de voto. Pero sí para minar la amplitud de la victoria. La incógnita, una vez más, se traslada al escenario de pactos. Si la movilización ‘popular’ será lo bastante contundente como para alcanzar la mayoría absoluta y, en caso contrario, si el PP podrá desactivar un gobierno entre PSOE e IU recurriendo al diputado con el que, según nuestro sondeo, UPyD irrumpiría en el Parlamento.

Los de Arenas inician el partido con un “ganamos, pero no os confiéis” y los de Griñán con un “podemos ganar”. El PP está “al borde” de la mayoría absoluta pero el PSOE recorta distancias; IU crece como aglutinadora de los ‘descontentos’ del PSOE y UPyD se posiciona como “llave” de gobierno. El ‘ahora Andalucía’ del PP se enfrenta al ‘camino seguro’ de los socialistas. Arenas defiende que “Andalucía tiene derecho a conocer un gobierno distinto” y Griñán advierte que lo que está en juego son dos modelos: “El cambio ya está aquí y es involución”.

Es verdad que el clima de cambio está en la calle -Andalucía y Asturias completarían la España azul de Rajoy a la espera de las autonómicas del País Vasco de 2013- pero también el clima de preocupación por el enorme poder que tendrían los populares con una oposición prácticamente borrada y arrinconada de las instancias de gobierno. El gran dilema: 30 años de gobierno en Andalucía es excesivo; pero todo el país en manos del PP también es excesivo. Desgaste Gobierno vs. desgaste Griñán. Y los dos son relativos: habrá que ver si la crudeza de los ajustes se lleva por delante la ilusión en el PP para remontar la situación económica y no perder de vista que, en contradicción con las expectativas de voto, Griñán se mantiene como el líder mejor valorado y el PSOE como el partido que genera más confianza.

En este punto, la siguiente incógnita del 25-M, los primeros comicios que se convocan separados de otra cita electoral desde 1990, es la participación, es decir, el ‘grueso’ de la abstención. Porque, por encima de los programas de una austera campaña en la que ni ha habido cintas que cortar ni habrá promesas que incumplir, lo que prevalece es el hartazgo y el pesimismo. Mucho pesimismo.

El mensaje de Rajoy ha calado: las cuentas del país son un desastre y no hay señales que indiquen la salida a corto plazo. “Estamos peor que hace un año y vamos a peor”, confiesan los andaluces en el sondeo de Commentia para Grupo Joly. Y no es casualidad que Arenas arrancara la carrera electoral declarando que su “enemigo no es el PSOE sino el 31% de paro en Andalucía”.

Detrás del paro y la crisis, lo más desesperanzador de los sondeos es que sean los propios políticos los que vuelvan a aparecer como la principal preocupación de los ciudadanos y, a continuación, la corrupción. El cortijo andaluz. El amiguismo, el clientelismo. El fantasma de los ERE, el calvario de Griñán. Una terrible desconfianza hacia la clase política y una creciente preocupación por la “corrupción y el enchufismo“.

Precisamente por ello, de la acritud y vileza de la campaña dependerá en buena medida el éxito o fracaso de estas elecciones. No el éxito de los candidatos; el éxito mismo de la democracia. Que los andaluces nos levantemos dentro de dos semanas y tengamos motivos para participar. Para mí, este es el verdadero dilema del 25-M: si estarán a la altura nuestros políticos para convencernos con razones y argumentos, no desde el miedo ni la crispación, para ir a votar.