El amigo de Marta

Magdalena Trillo | 15 de febrero de 2009 a las 14:26

CUATRO y media de la tarde. Una parada de autobús cualquiera. Paso en coche por delante y veo a un chaval de esos que me harían cambiar de acera. Lleva una enorme rosa roja en la mano. Nada de lazos cursis ni envoltorios caros. Pienso que tal vez la ha tomado prestada de algún jardín del vecindario. No están las cosas para gastos extra. Chaqueta de cuero, botas de militar y vaqueros ajustados. Es su imagen dura. Pero el acné del rostro le descubre. No deja de ser un joven que juega a ser mayor. Recuerdo que es el Día de San Valentín…

Llevo toda la semana saturada. Tartas de piononos en forma de corazón, ositos de peluche al vacío, tristes orquídeas atrapadas en cajas de plástico, incansables anuncios de cenas y escapadas románticas… Al menos los hoteles de la capital han podido poner el cartel de ‘todo completo’.

Reconozco que es el único día del año en que odio mi color favorito: el rojo. La culpa es de ese tal Cupido que continúa ampliando su club de fans. El consumismo mató la ilusión. Cuando era más joven me molestaba que llegara San Valentín porque no tenía a quién regalar. Ahora me cabrea hacer de corderito al servicio del marketing y de lo ‘comercialmente’ correcto.

Fue en el instituto cuando conocí la historia de ese pequeño dios del amor, ese niño alado que iba con su flecha ‘cazando’ humanos para la causa. Como el chaval de la rosa, entonces yo también jugaba a ser mayor. Y San Valentín, el Cupido de los romanos, el Eros de los griegos, el dios de los enamorados, era una forma de ‘crecer’. Parecía simpático y su historia me pareció curiosa: era el hijo de Venus y Marte, los dioses de la guerra y del amor y suponía un perfecto balance entre la pasión y la tragedia.

Sin embargo, como nos demuestra todos los días la vida, la armonía no es perfecta. A veces, sólo un segundo separa el odio del amor. Dicen de Miguel, el joven de 20 años que fue novio de Marta del Castillo, que “parecía un chico normal”. Seguro que el chaval de la chaqueta de cuero pasaría por ‘macarra’ a su lado. Pero es ese joven ‘normal’ el que admitió ayer ante la policía que había asesinado a Marta. El suceso ocurrió hace tres semanas: la joven sevillana, de diecisiete años, le dijo a su madre que iba a bajar a la calle. Alguien la había llamado. Nunca volvió. Miguel fue el último en verla. Su padre siempre sospechó. Estaba convencido de que no le convenía…

En su declaración, Miguel confesó que había mantenido una discusión con ella y que terminó golpeándole en la cabeza. Muerta la joven, su única escapatoria fue hacer desaparecer el cadáver. Llamó a un amigo para que le ayudara a arrojar el cuerpo al río Guadalquivir. Hace más de veinte días que aquello.

Se abre el semáforo y pierdo de vista al joven de la rosa. En la radio, interrumpen la programación para dar un parte informativo. Continúan rastreando el río en busca del cuerpo de Marta. Su familia está “destrozada”. Ahora hay que asumir que está muerta. Una vez más, el odio se esconde en las apariencias y da el zarpazo al amor. La tragedia llega del joven normal, el ex novio, el buen amigo, de quien tanto la ‘quería’ y tanto le hizo sufrir.

  • LAURA

    MADRE MIA POR FAVOR QUE DURO QUE TIENE QUE SER ESTO PARA TODOS LOS FMILIARES Y AMIGOS DE MARTA.LO SIENTO MUCHISIMO DE CORAZON ESPER QUE AL PUTO NIÑATO ESE TENGA SU MERECIDO.ME PUEDO HACER UNA IDEA DE LO QUE ESTAIS PASANDO SOY MADRE Y NADA MAS VER ESTAS COSAS ME ENTRA UNA ANGUSTIA Y UN SINVIVIR QUE NO PUEDO.AHORA DENTRO DEL DOLOR TENEIS QUE SER FUERTES PARA IR SUPERANDOLO.NO OLVIDAR NI MUCHO MENOS PERO…NO SE TENGO MIEDO DE QUE NO OS CONSUELE ESTAS PALABRAS SE QUE NADA NI NADIE OS VA ACONSOLAR PERO…NO SE…ESKE TIENE QUE SERLO PEOR.MARTA SIEMPRE VA A ESTAR EN VUESTROS CORAZONES Y JAMAS OS VA ADEJAR.UN ABRAZO ENORME Y FUERTE BESO A TODOS.