Los efectos colaterales de la igualdad

Magdalena Trillo | 15 de marzo de 2009 a las 13:12

COMENZARÉ con dos aclaraciones para evitar que las feministas radicales me ‘lapiden’ en la plaza pública: no soy machista y me encantaría no tener que trabajar 53 días más que un hombre para conseguir el mismo salario. Por razones obvias -y claramente egoístas-, estoy a favor de la igualdad entre hombres y mujeres.

Mucho más en cuestiones esenciales como la equiparación laboral y el desarrollo de políticas que rompan el techo de cristal y faciliten el acceso a puestos de dirección y toma de decisiones. Y lo cierto es que sería casi un sueño pensar en la posibilidad de erradicar las actitudes de prepotencia y superioridad en el día a día; en esas pequeñas cosas en las que lo más banal suele ser lo más humillante…

Un ejemplo. Ocurrió la semana pasada. Llega un señor al periódico y habla con una redactora para ver si se podía publicar un relato que había escrito sobre la segunda Guerra Mundial. Cuando le explica que en estos momentos no tenemos ninguna sección en la que pudiera encajar un texto de ficción, el señor se ofende y le dice que si en Granada Hoy no hay un hombre que decida…

A partir de aquí, mi verdadera preocupación: los efectos indeseados de las políticas de igualdad en época de crisis. Aunque los empresarios se cuidan mucho de no decirlo en público, no son pocos los que ya están pensando en limitar la contratación de mujeres para evitar las consecuencias del ‘blindaje’.

Basta echar un vistazo a los foros sobre despidos de mujeres embarazadas para hacerse una idea. Y lo curioso es que la mayoría de las quejas provienen de empresarios asfixiados ante situaciones extremas.

Un caso real de un usuario que se identifica como Toni: “Despedimos a una trabajadora por incompetente. Nos comunica en conciliacion que está embarazada y nuestro abogado nos dice que debemos readmitirla porque ella dice que la empresa conocía su estado. Está readmitida y con un expediente de más de 20 partes de baja por contingencias comunes. Nosotros seguimos pagando y esta mujer cobrando y no produciendo. ¿Quién es la víctima?”.

Pues con la sentencia del Supremo de esta semana, la protección es aún mayor: todo despido es nulo aún si la empresa no conocía el estado de gestión. ¿Es un avance? Tengo mis dudas. ¿No hablamos las feministas de valorar el talento? ¿No buscamos la igualdad porque defendemos nuestra capacidad? ¿Por qué no competimos de verdad en igualdad?

Otro caso real: un pequeño supermercado de mi barrio va a aplicar un ERE. De cuatro cajeras quedarán dos: la eficiente va a la calle y la incompetente mantendrá su trabajo porque está embarazada. Su marido tiene un ‘puestazo’ y no le hace falta el dinero, pero dice que se aburre. Una de las que perderán su trabajo tiene tres hijos estudiando y su marido acaba de quedarse en paro.

Esta misma situación se reproduce en decenas de empresas. Con embarazadas y con mujeres que recurren a la reducción de jornada. En la mayoría de los casos seguro que está justificado, pero qué ocurre si nos encontramos que expertas en absentismo, con estrategas del escaqueo, con incompetentes… ¿Ésta es la justicia por la que estamos luchando? ¿Discriminación positiva para quién?

  • Nia

    Interesante artículo, aunque esté estropeado por la falacia del hombre de paja: “antes de que e ataquen las feministas radicales….”. Es un truco barato, ése de empezar un argumento sobre las relaciones entre los sexos, con un ataque a “las feministas radicales”. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿qué hacen? ¿me pones un ejemplo de una? Ese típico, insinuado “si no te gusta mi argumento es porque eres una feminista radical, a la que complacería sacrificarme ritualmente” empobrece cualquier discusión.

    Sobre el resto del artículo, sí que es verdad que las políticas de igualdad relacionadas con endurecer el despido de las embarazadas nos perjudican a todas. Más de por las razones que das, porque cuanto más difícil sea despedir a una embarazada, más difícil será que una empresa contrate a una mujer en edad fértil. Tengo varias amigas que aparentan veintitantos, y a todas les preguntan en las entrevistas de trabajo si tienen marido o novio. Cuando dicen que no piensan contestar a esa pregunta, no las vuelven a llamar.

  • Mariquilla Sinembargo

    Estimada Magdalena: dices que no eres machista, Y no lo dudo… pero tu texto y tus razonamientos sí lo son. El embarazo es femenino pero el absentismo y el escaqueo no. Que los conviertas en un problema “de género” es francamente desolador.

    Es curioso que cuando un hombre le hace una barrabasada a su empresa nadie diga que está dejando en mal lugar al género masculino y que sin embargo cuando es una mujer… bueno: no hay más que leer tu artículo.

    Cuando una persona está de baja no se la puede despedir, ¿lo sabes verdad? (hombre o mujer). Supongo que no arremeterías contra el derecho a la baja médica ni dirías que en época de crisis las personas deberíamos trabajar aún estando enfermas, porque si no los empresarios no nos contratarán o nos pedirán en las entrevistas laborales una biopsia.

    Me extrararía que dijeses que por culpa del derecho a la baja médica hay mucho estratega del escaqueo, (la culpa del escaqueo la tiene el individuo/a que se escaquea: no su género, ni el colectivo de trabajadores que enferman, ni la Seguridad Social… ni el Instituto de la Mujer).

    Me ha entristecido y mucho tu artículo, más aún al proceder de una mujer que ha logrado dirigir un periódico. Espero que si alguna vez decides quedarte embarazada encuentres una ginecóloga que venga a verte al despacho (y no tendrás que ausentarte para las revisiones) deseo que no tengas problema alguno (ni manchas, ni pérdidas, ni falta de movimiento fetal), ni nada que te obligue a dejar Granada HOY para volver a ir al médico.

    Ojalá también encuentres un compañero dispuesto a quedarse con la criatura cuando tú estés trabajando (y sé comprensiva si él se pide jornada reducida. Más que nada porque los pequeños no se crían solos).

    Ojalá tu futuro hijo/a tenga el suficiente carácter como para que no le importe hacer los deberes solo, cenar sin su madre, que no vayas a una sola de sus funciones escolares ni de sus partidos, ni le acompañes jamás al pediatra para cogerle de la manita mientras le meten el palo ese en la garganta (cómo lo odian), que no conozcas a sus amigos ni a sus profesores, que no celebres con él(Ella) su cumpleaños.

    Ay estos niños: tienen la manía de estar dormidos a las horas a las que en empresas como la que diriges la gente (no embarazada y sin jornada reducida) aún está trabajando.

    En definitiva: espero que no te enfrentes a la terrible elección entre ser una buena trabajadora o una buena madre (se supone que borrar este dilema es lo que persiguen las políticas de igualdad).

    En fin, Magdalena.
    Estoy triste y apenada, pero te deseo lo mejor. A ti y a todas y a todos.

  • Magdalena Trillo

    Hola Mariquilla!
    Gracias por tu reflexión. Me ha resultado interesantísima y, en realidad, estoy de acuerdo contigo en todo lo que planteas.

    Mi único interés al escribir este artículo es llamar la atención sobre la necesidad de que no puede haber un blindaje absoluto sobre un trabajador porque sea mujer ni porque esté embarazada.

    Y, sobre todo, me encantaría que no fuera un tema tabú plantear que hay mujeres que aprovechan su situación a costa de los demás compañeros (hombres y mujeres).

    El otro día me dijo una política en relación a la cuota que tenemos el derecho a estar “el mismo número de tontas que de tontas”. Sin comentarios… A ese tipo de planteamientos me refiero.

    ¡Por supuesto que necesitamos políticas de ayuda! ¡No somos superwoman! Soy perfectamente consciente de que tenemos que demostrar más y de todo nos cuesta más. Sin embargo, creo que hay que empezar a hablar claro y a afrontar las situaciones como son.

    No estaría de más ser autocríticas y exigir colaboración y medidas de apoyo desde la igualdad, no desde la superioridad.

    Al menos así lo veo yo. Sólo era un intento de fijar cierta prudencia y sentido de la responsabilidad a este tipo de debates.

    Saludos,
    Magda

  • m.jesus

    estoy totalmente de acuerdo contigo. En mi empresa tengo todas las papeletas para ser despedida, porque si tienen que echar a ochenta y de las ochenta 60 tienen reducción de jornada o están embarazadas, ya sabemos que me va a tocar a mi, aunque trabaje mil veces mas y mejor que esas 60. Eso a mi me parece discriminación positiva. Con el agravante de que los que tienen reducción de jornada se rien de los que no la tienen porque están desprotegidos.

  • maria

    Me parece mentira soy también madre y aunque esta ley es para protejer a la maternidad llega a ser injusta pues llega a afectar a otros trabajadores de la empresa,en mi caso trabajo en una cadena de supermercados, y me han cambiado de departamento acausa de las jornadas maternales desempleñando otros funciones y creo que me siento totalmente descriminada soy también madre y también tengo que dejar a mi hija con otras personas y esta ley ayuda algunos y a otros los jode ,que ocurre en el caso de un super todos desiden tener hijos y a pedir la jornada reducida esto es un caos. si por lo menos la empresa les obligara también a realizar jornadas de tardes bien pero como escojen su jornada libremente , los demás nos tenemos que aguantar y ellos se benefician de todo esto no es igualdad .en mi super cuenta ya con cuatro jornadas maternales …..¿como llegará esto?.

  • Mooney22Anne

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