Estética o dignidad

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2011 a las 10:29

Podría ser mi madre; y la suya. Podría ser yo; y usted. Lleva su vida cuidadosamente atada entre los hierros de un carrito de supermercado. Paraliza su dignidad. Inquieta su silencio. A veces duerme protegida por la marquesina del autobús; a veces en el rincón del cajero automático. Siempre he querido contar su historia, pero nunca me he atrevido a pararme y romper esa soledad buscada y cómplice que la acompaña.

Me pregunto si esta pequeña mujer afea la ciudad. Si molestaría a los comerciantes del centro de Madrid que están tan irritados con los “pedigüeños”. Si habría que incluirla en ese grupo de ‘sin techo’ que Gallardón quiere erradicar a la fuerza, por ley. Tal vez a algún alcalde ya se le haya ocurrido meterlos en un tren y confinarlos en un gueto de indigencia sin retorno. Seguro que hay algún nostálgico de las escuadras que las recuperaría para limpiar la ‘mugre’.

Da escalofrío pero seamos honestos: las políticas sociales no son una prioridad; menos aún la solidaridad. Pensemos en Granada. En dos años, el Ayuntamiento ha liquidado las ayudas a los colectivos que trabajaban con los ‘sin techo’, ha bloqueado el proyecto de ampliación de Calor y Café por un conflicto con los vecinos (los homeless no votan; a quienes molestan sí) y no tiene ni estatus de ‘idea’ la vieja reivindicación de construir un albergue público.

Es verdad que no todas las personas sin hogar son como la señora del carrito. Bajando a Renfe, un grupo de indigentes tiene ‘tomada’ una esquina. Confieso que en más de una ocasión me he cruzado de acera para no interrumpir su continua fiesta de litronas y no podría negar que son muchos los vecinos y comerciantes de la zona que lo viven como un problema. La propuesta del alcalde de Madrid era el jueves la conversación estrella en la frutería. Contaba la tendera que ahora les ha dado por beber “champán” y que se pasan las tardes descorchando botellas… Se mostraban realmente preocupados por la posibilidad de que, entre alcohol y drogas, se volvieran agresivos… ¿Es sólo pobreza? ¿También violencia y delincuencia?

Asegura Ruiz-Gallardón que “no es un problema de convivencia ni de estética, sino de dignidad de las personas, de su salud y de su atención”. Y matiza que su propuesta está supeditada a que haya recursos públicos gratuitos suficientes. Ésta es la cuestión. Cómo defender una política social en un momento de recortes. Cómo situarlos como una prioridad (su salida de la extrema pobreza, no quitarlos de en medio para que no estorben el 22-M) cuando podemos llegar a los 5 millones de parados.

Estamos ante un problema con tantas aristas que ni siquiera el PP se ha atrevido a arropar una propuesta que ya desde las filas socialistas se ha asimilado a la franquista Ley de Vagos y Maleantes . Esperanza Aguirre se ha desmarcado diciendo que no es “amiga de las prohibiciones” y Rajoy, como ocurre siempre que se presenta un tema de cierta complejidad, se ha escondido debajo el ala. Recuerden que el objetivo de su programa electoral es de máximos, casi un pacto de Estado para que le vote una “gran mayoría”, y ahí no hay espacio para los grises.

Con trazos gruesos no se puede afrontar un problema social. No hay una única solución para resolver necesidades tan diversas y no será fácil ni construir los caminos ni lograr que se transiten. Se nos olvida que son personas, como usted y como yo, y que tienen sus derechos, su libertad y su dignidad. En ocasiones, mucha más que quienes se sientan en un sillón de terciopelo rojo para gobernar a golpe de sanciones y prohibición. Más que los buitres de las finanzas que siguen fabricando pobres para no dejar de zampar. Más que los directivos de las grandes compañías que se embolsan cifras indecentes mientras largan a miles de familias por la puerta de atrás.


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