El fútbol es así

Magdalena Trillo | 26 de junio de 2011 a las 10:10

No me gustan las cabezas de cerdo en el césped de los campos de fútbol ni tampoco los plátanos. Mucho menos la tradición de insultar a las madres de jugadores, porteros, entrenadores y árbitros con insolentes cancioncillas que tararean niños de ocho años con el mismo orgullo y desinhibición que entonan el himno de su equipo y enarbolan las bufandas.

Tampoco me gusta el mercadeo de jugadores. Parece un insulto. Bien es cierto que tan reprochable como fueron en su día los pelotazos de los especuladores del ladrillo, tan desorbitado como siguen siendo los beneficios de los bancos y tan vergonzoso como es ver a nuestros políticos subirse el sueldo, pagar favores contratando asesores o consolar a derrotados con privilegiadas colocaciones en la Administración. Pero así es la economía. Así es la política. Y así es el fútbol.

Nada que descubrir a la afición del Granada CF, que lleva décadas sufriendo por las derrotas en el campo, por la quebrada situación financiera del club y por la nefasta gestión de las instituciones públicas… Lo bueno del fútbol es que no sólo te indigna; también es energía y es exaltación. La euforia de hace una semana con el ascenso a Primera supera por goleada a cualquier victoria electoral (que le pregunten al alcalde después del abucheo en la Plaza del Carmen), iguala a las fiestas de cava del Gordo de Navidad y hasta se contagia con peligrosas propiedades de excitación (¿lo veremos dentro de nueve meses en forma de baby-boom?).

Confesaré que mi (limitada) afición nació con la quinta del Buitre (no con el equipo local) y que ahora soy del Barça… Bueno, de Pep Guardiola. Por su juego y por su glamour, por el estilazo con que sale al terreno de juego (habrá que ver cómo sientan esos chalecos y esos pantalones ceñidos en Los Cármenes). ¿Chaquetera? Sí, lo sé. Con unos principios tan volátiles como los de IU en los recientes pactos de gobierno. Pero así es la política. Así es el fútbol. Y así es la vida. Cada uno se alegra… como puede.

Por eso ahora me hago del Granada CF. Estoy coleccionando camisetas, bufandas, toallas y chanclas y (casi) me he aprendido el himno del 80 aniversario (por favor, hagan una versión corta que la segunda estrofa es imposible). Sé que llego tarde, pero dispuesta a compensar los años perdidos. Otra historia es si podré. Lo digo por lo del aforo del estadio. Llevo una semana de ratón de hemeroteca y da pena ver los titulares de promesas incumplidas y proyectos baldíos que se han publicado desde que un 16 de mayo de 1995 el Real Madrid de Raúl y el Bayer Leverkusen inauguraran oficialmente el nuevo estadio. Lamentablemente, con otro episodio más que sumar a la trayectoria negra del equipo rojiblanco: ni el club fue invitado por las autoridades ni tuvo el honor de jugar como local.

Pero volvamos al presente. No voy a buscar culpables (no es el alcalde el único que se merece una sonora pitada) ni tampoco salvadores (¿es inteligente que Quique Pina se cobije, justo ahora, bajo el ala rota de la Junta?). Granada debería saber ganar y aprovechar la ola de optimismo que ha traído el ascenso a la élite del fútbol español. Decía Paco Cuenca que tenía un proyecto para ampliar Los Cármenes en tres meses y por 600.000 euros. No se pierde nada por escucharlo. Rescatemos los titulares perdidos sobre la explotación comercial de los estadios municipales; había un informe que hablaba de millones de euros. Desempolvemos el proyecto de ampliación que se ‘coló’ en el programa para la celebración de la Universiada. Bauticemos Los Cármenes con un ‘gran’ nombre (¿Reino de Granada? ¿Mare Nostrum?) que, al estilo de los ‘patrocinios’ de los pabellones de la NBA, ayuden a consolidar el proyecto y eviten que el sueño de Primera se esfume en una temporada. Pongamos fin a la leyenda negra del Granada y cerremos la historia del estadio maldito. La afición, la que no insulta no es racista ni apedrea autobuses, se lo merece. Por una vez, Granada tiene razones para el optimismo.

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