Santones de la economía

Magdalena Trillo | 6 de mayo de 2012 a las 9:16

 

 

 

 

 

 

 

SIEMPRE me ha inquietado El grito de Munch. Por su fuerza, por el desconcierto que suscita, por su desgarro. Sumido en la angustia existencialista del XIX, el artista noruego lo pintó en 1895 como “máxima representación del miedo y la alienación” y hoy, más de un siglo después, se mantiene como el icono visual más potente de esta nueva modernidad de pesimismo y contradicciones que se empeña en fabricar pobres para que los ricos sean más ricos; un símbolo de la impotencia, incertidumbre y desesperación de esta globalización incívica a la que estamos arrebatando no sólo esperanza sino también legitimidad.

 

Pienso en el cuadro impresionista, en el original que esta semana ha hecho historia en las pujas del arte y en la triste imitación que tengo colgada en casa, mientras me sumerjo en La historia de mi gente. El escritor italiano Edoardo Nesi golpea como un grito con este librito autobiográfico, entre novela costumbrista y ensayo político, que llega a mis manos por casualidad y que termino de leer, de releer, de auscultar, en las tediosas tres horas y diez minutos de tren que separan Granada y Sevilla.

 

José Antonio Griñán acababa de pronunciar su discurso de investidura prometiendo “ética” y “solvencia” y comprometido con la “igualdad de oportunidades” y la justicia social. El hoy ya presidente de la Junta se presentaba como el escaparate de la izquierda y la “esperanza” socialdemócrata de que existe un “camino distinto” para salir de la crisis: un gobierno de coalición “realista, sin aventuras y sin claudicaciones” que rechazaba “privatizaciones” y arremetía contra todo el recetario económico de Rajoy. Nacía así el primer gobierno bicolor entre PSOE e IU en tres décadas de democracia andaluza con tres banderas de gestión indiscutibles -empleo, derechos sociales y transparencia- y un triple condicionamiento: las amenazas de intervención del Gobierno central, las exigencias de estabilidad financiera de Europa y la propia realidad de recesión y desempleo de la sociedad andaluza. ¿Podrá cumplir sus palabras Griñán? ¿Podrá Hollande si arrebata hoy la presidencia francesa a Nicolas Sarkozy?

 

Coinciden sus discursos y sus promesas con ese ‘grito’ de euforia que daba el mercado del arte en Nueva York. Sotheby’s lograba un nuevo récord: el óleo de Munch se vendía por 91 millones de euros y desbancaba el Desnudo, hojas verdes y busto de Picasso confirmando la obscena buena salud que el neoliberalismo sigue teniendo para un puñado de privilegiados.

 

Dejando atrás las vías desiertas de la Alta Velocidad, vuelvo a Historia de mi gente… No sabría responder a Nesi. No sé en qué día, en qué momento, todo lo que iba bien empezó a ir mal. Lehman Brothers, las hipotecas basura, el colapso financiero, la espiral… Se han filmado decenas de películas y documentales con el origen de todo, pero aquello fue sólo el principio. O el final. Lo peor habría de llegar cuando perdimos la batalla, como lamenta el empresario toscano reconvertido en escritor, y nos dejamos subyugar por “los dogmas y la arrogancia intelectual de los economistas que todos los días se lanzan a predecir el futuro cual chamanes, santones o profetas” ignorantes de que “sobre los sucesos futuros no hay ciencia”. ¡Qué razón llevaba Guicciardini en la Florencia del Renacimiento!

 

Y qué razón lleva nuestro ministro de Economía cuando aboga por cambiar el ladrillo por el “conocimiento” aunque sea contradiciendo a un gobierno que hunde la inversión en ciencia e investigación y ataca la educación básica y universitaria. Hasta Angela Merkel ha hablado esta semana de innovación y creatividad pero para advertir que de Plan Marshall, nada. Que mejor ponemos en funcionamiento la imaginación. Es curioso. Tantos siglos de modernidad para terminar como empezamos. En la caverna. Creyendo en milagros y en ‘santones’ cuya verdadera virtud, como han desvelado esta semana unos investigadores de la UGR, es sufrir sinestesia. ¡Que se le cruzan los cables! Unos, como el Santón de Baza, pasan de ver el aura de las personas a convocar a la Virgen dejando ciegos a decenas de incautos de tanto mirar el sol; otros, por qué no Edvard Munch, son capaces de deslumbrar a varias generaciones con el grito de dolor más perturbador de la historia; y a otros, como los gurús de la economía, les permitimos imponer la partidista y distorsionada visión de su verdad: ese mundo “sin gobierno y sin derechos” que tan rentable resulta a unos pocos.

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