Los amigos griegos

Magdalena Trillo | 17 de junio de 2012 a las 10:02

Esucho a un empresario griego decir en una entrevista de Canal Sur que ve España como Grecia hace año y medio. Que así “empezó todo”. Ese todo que para el pueblo heleno es hoy sinónimo de ruina empezó con un rescate de 110.000 millones, ha continuado hasta los 240.000 millones y, lejos de resolver los problemas de deuda y déficit, ha sumido el país en un empobrecimiento brutal, ha disparado el paro al 22%, ha supuesto el cierre de un tercio de los negocios y ha situado a una cuarta parte de la población en riesgo de exclusión social. España ha empezado esta semana “con una línea de crédito en condiciones muy favorables” de hasta 100.000 millones que nos ha vuelto a situar al borde del precipicio, ha enloquecido los mercados y ha terminado cabreando a griegos, irlandeses y portugueses después de los lamentables episodios de triunfalismo patrio del pasado fin de semana. ¿Alguien cree que no habrá condiciones?

 

Grecia acude hoy a votar por segunda vez en seis semanas con todos pendientes de un resultado electoral que desde el punto de vista político puede socavar aún más la gobernabilidad del país con el ascenso de neonazis y extremistas de izquierda y, desde la perspectiva económica, podría abocar a la ruptura del euro y la quiebra misma del proyecto europeo. Lo que hace un año era impensable hoy es una amenaza real. Pánico en los gobiernos, caos en el sistema financiero y alarma, incluso, entre los ciudadanos. “¡La que van a liar los dichosos griegos!”. Hasta el dracma se ha colado en las tertulias del bar… El dracma, el riesgo país, la rentabilidad de los bonos a diez años, las cotizaciones en Bolsa… Nunca pensé que el Íbex 35 pudieran ser tema de cotilleo -más allá del morbo de saber que Amancio Ortega acaba de desbancar al dueño de Ikea y ya es el hombre más rico de Europa- y mucho menos encontrar a unos señores especulando sobre la salida de Atenas del euro mientras hacen cola en el cajero. ¿Habrá corralito? ¿Está más seguro el dinero debajo del colchón?

 

Escribía hace unos días Vargas Llosa que Grecia no puede dejar de formar parte integral de Europa sin que se vuelva una caricatura grotesca de sí misma: “Grecia es el símbolo de Europa y los símbolos no pueden desaparecer sin que lo que encarnan se desmorone y deshaga en esa confusión de bárbara irracionalidad y violencia de la que la civilización griega nos sacó”. Es verdad que Europa nació hace 25 siglos al pie de la Acrópolis y que “todo lo que hay en ella tiene su lejana raíz en este pequeño rincón del viejo continente”. Las instituciones democráticas, la libertad, los derechos humanos… Pero la historia es obstinada. Y, como ya advirtió Churchill, trágicamente olvidadiza. Ahí estamos. Olvidando nuestra historia y condenados a repetirla. Enterrando las grandezas y copiando los errores. Exportando los problemas de unos países a otros y contagiando la crisis financiera a la política, a la justicia, a la democracia, a la moral.

 

Me preguntaban esta semana si yo dejaría de ganar 300 millones en un día si estuvira a mi alcance… Es lo que puede conseguir un ejecutivo de Wall Street envuelto en un traje de dos mil euros una mañana cualquiera a costa de la deuda española. Hablábamos de cómo los mercados están poniendo la letra y nosotros las fotos y de lo perdidos que están los economistas intentando arrojar luz sobre un escenario en el que lo único seguro es la incertidumbre. No lo había pensado, pero es verdad: su discurso es siempre el mismo. Sí siempre que; sí pero no; puede o quizás… Lo dramático es que no son sólo ellos los que están perdidos. Los políticos nos dan muestras todos los días y pocos intelectuales se salen del guión. Veintidós premios Nobel se reúnen en Valencia y lo más revolucionario que plantean es pedir a los bancos que cobren menos y proponer que desaparezcan los que no funcionen. Eso sí, nos recuerdan que la culpa de la crisis es nuestra “vagancia” y “negligencia” y nos emplazan a recuperar “la cultura del esfuerzo”. Que trabajemos más y nos ayudemos unos a otros porque nadie va a venir con un “milagro”. Valores. Solidaridad.

 

Esto es lo más peligroso de la crisis, que nos olvidemos de que no podemos salir solos. Ni solos ni sobre el cadáver de otros. Grecia tiene que enfrentarse hoy a las urnas con una sola certidumbre, que ninguna opción los librará de la angustia ni los sacará de la ruina, y un enorme peso sobre sus espaldas: que el futuro es compartido. Si en sus manos está recordar que son la cuna de la democracia, a nosotros nos tocará mañana respetar su camino sin convertirlos en chivo expiatorio de un fracaso colectivo. Ellos no son el enemigo.


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

Notificarme los nuevos comentarios por correo electrónico. Tambien puedes suscribirte sin comentar.

La autora, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber