La lista negra de las mujeres

Magdalena Trillo | 9 de marzo de 2014 a las 11:58

Bruselas ha sacado esta semana a España de la lista negra de países al borde del precipicio. Los desequilibrios “excesivos” de hace un año ya no lo son, pero las recetas que nos prescriben no anticipan ningún escenario de luz: nueva subida del IVA -teóricamente para crear empleo- y moderación salarial -más contratos basuras y más precariedad-. Europa hizo el anuncio el mismo día que todos los medios de la UE publicaban los resultados de la mayor encuesta realizada hasta ahora sobre violencia de género, 42.000 entrevistas a mujeres de 28 países que han permitido llenar de números la realidad más preocupante de la lista negra de las mujeres, el machismo. ¿Te han abofeteado? ¿Te han tocado el pecho o el trasero? ¿Te han enviado fotografías porno? ¿Te has visto forzada a mantener relaciones sexuales con penetración? Una de cada tres europeas reconoce haber sufrido algún episodio de violencia física o sexual, más de la mitad han sido acosadas, un 22% ha soportado malos tratos y un 5% violada. Pero la mayoría calla…

En los progresistas países del norte y en los católicos del sur. Porque cuanto más avanzada e igualitaria es la sociedad, mayor es el problema. O más dispuestas estamos a denunciar. El gran logro de este trabajo es que por primera vez se obtienen los datos necesarios para construir un universo de cifras que realmente ocupe y preocupe a nuestros políticos, que sitúe la lucha por la igualdad en la agenda de las instituciones europeas, que la saque de la esfera privada a la pública y que involucre a toda la sociedad.

Después de seis años de crisis obsesionados por los números, creo que podemos dar por lección aprendida que sólo hay algo capaz de imponerse al inmovilismo de la geopolítica: la economía. Sólo cuando se hunden las bolsas y se amenaza con subir el precio del gas situamos en el mapa a Ucrania y Crimea; sólo cuando ponemos precio al independentismo catalán nos tomamos en serio la campaña soberanista… y puede que sólo cuando consigamos convencer con cifras del coste de la desigualdad en nuestros hogares y en la sociedad, en la microeconomía y en la macroeconomía, tengamos una oportunidad.

Lo que nos hemos ganado a pulso durante décadas nos lo están arrebatando por decreto en el BOE y lo estamos perdiendo en los colegios y en las calles. No hace falta un Día de la Mujer para recordar el peso del techo de cristal ni para ser conscientes de que la brecha salarial va más allá de la teórica igualdad que dictan las leyes si es la picaresca, el abuso y las inercias de siglos de sociedad patriarcal lo que manda en el mercado laboral. No son Shakiras presumiendo de los celos de “su hombre” lo que necesitamos en las redes sociales ni tendrían que ser visitas al Registro Mercantil para demostrar que nuestros cuerpos nos pertenecen lo que debería marcar nuestras agendas de movilización. Mucho menos la división.

¿Otra vez la política es el problema en lugar de la solución? El PP se ha descolgado este año de la Plataforma 8 de Marzo y sigo sin saber si es mayor la intransigencia de los colectivos feministas o la intransigencia de Gallardón con su ‘contrarreforma’ decimonónica. Los frentes son muchos, pero cada vez estoy más convencida de que la primera asignatura que deberíamos resolver somos nosotras mismas. Pensaba esta semana en la chica que fue asesinada el año pasado en Granada por su pareja. Se llamaba Ángela, tenía 29 años y acabó con 18 cuchilladas en el pecho. La mató en la cocina mientras fregaba unos platos y ella le contaba que había conocido a alguien… Pero no la mató por “celos”; la mató porque era suya.

Lo primero que no hemos resuelto es nuestra autoestima, nuestra dignidad, nuestro amor propio. Y lo más grave a lo que nos enfrentamos es a la humillación y al sometimiento en silencio. El labio reventado y el moratón en el ojo son el epílogo de años de control. De supuesta ‘normalidad’. De un maltrato que no vemos ni nosotras mismas en una realidad que es mucho más cotidiana, sutil y traicionera que la imagen impactante del puñetazo y los gritos.

Esta tarde voy a ver a mi sobrina y le voy a preguntar qué piensa de Shakira y qué piensa cuando se sienta en un banco del parque con un amigo y miran la luna llena… Conteste lo que conteste, le voy a regalar La vida de las mujeres de Alice Munro. Porque la lista negra también la escribimos nosotras

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