El derecho (biológico) a decidir

Magdalena Trillo | 1 de noviembre de 2015 a las 10:58

Las familias chinas ya pueden tener dos hijos. A su Gobierno no le salen las cuentas y ha decidido flexibilizar la política suicida del pequeño emperador. Las estimaciones macroeconómicas de Pekín empiezan a rebajar el “crecimiento alto” por uno “medio alto” y la manera de estimular el mercado y frenar el envejecimiento -la población en edad laboral lleva tres años a la baja- es fomentando la natalidad.

No se equivoquen. Deng Xiaoping impuso la política del hijo único en 1979 por riesgo de no poder garantizar a su pueblo ni la alimentación y Xi Jinping acaba de liderar un aparente momento de apertura porque el plato de arroz ya no es suficiente. No es la libertad de las parejas chinas a decidir su familia lo que justifica la medida, no se trata de una rectificación oficial por la aberración que ha supuesto que, durante tres décadas, miles de hijas hayan sido abandonadas e incluso asesinadas nada más nacer y ni siquiera estamos ante un momento de autocrítica por los innumerables ancianos que han quedado cruelmente desatendidos.

El Partido Comunista sigue experimentando con los mismos ojos vendados que nublan a la comunidad internacional en su edulcorada y siempre interesa relación con el gigante asiático pese a sus continuos ataques a los derechos humanos.

Aunque ha de recocerse un cierto avance, deberíamos ser cautos con las lecturas triunfalistas. Por las injusticias que se evidencian y por los trasfondos mucho más líquidos que se deslizan. Y es que tan peligroso es el pragmatismo de los gobiernos como la censura social: ¿y si las mujeres chinas prefieren tener un hijo, o ninguno, como usted o como yo? En los años 80, la mayoría de la población vivía en el campo. Hoy, más de la mitad de las familias residen en grandes ciudades con unas expectativas de autorrealización similar a cualquier pareja europea. ¿La posibilidad de tener dos hijos se va a convertir en una imposición? ¿Toca ahora sostener el decadente maoísmo desde la maternidad?

Seguimos sufriendo la tiranía de una sociedad patriarcal, también en el progresista occidente, que sigue empeñada en mover los hilos de nuestras vidas y hasta de nuestra biología. Se suavizan las cadenas, se destilan los modos, pero se mantiene la presión. No sé si conocen el Club de las Malasmadres. Miles de españolas se han unido en Facebook a este espontáneo movimiento social para reírse de sí mismas y reivindicar la imperfección. No son superwomen ni lo pretenden. Se rebelan contra los estereotipos sociales (“conciliación, ese cuento chino que nos creímos…”) y descargan los sentimientos de culpa (“mi hijo será el primero que no podrá decir ‘como las croquetas de mi madre no hay nada'”) defendiendo su derecho a no ser socialmente infalibles.

croquetas

No nos tiene que recordar Naciones Unidas que la igualdad continúa a años luz: en el dilema ‘mujeres y poder’ faltan dos siglos para la equiparación real, sólo la mitad en edad de trabajar integran la fuerza laboral, ganamos entre el 70% y 90% menos , dedicamos una media de tres horas más al día a tareas domésticas y al cuidado de familiares, soportamos los índices más altos de pobreza y seguimos siendo la diana de la violencia psíquica, física y sexual. La ONU presentó hace unas semanas el The World’s women report constatando la enorme lentitud y desigualdad con que hemos avanzado; nada que usted no sepa sin necesidad de recurrir a ningún informe.

Pero no son sólo las alarmantes estadísticas que manejan las organizaciones y los gobiernos lo que nos debería preocupar. Estamos ante una grave cuestión de dignidad y de respeto pero es también nuestro derecho más íntimo a decidir, nuestra propia libertad, lo que se coarta y criminaliza. Junto al Club de las Malasmadres deberíamos reivindicar el Club de las Malasmujeres.

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Y hacerlo atreviéndonos incluso a tocar el concepto mismo de la maternidad: ¿Ser madre es una obligación? Como en el caso chino, me voy a posicionar en el lado opuesto del axioma: la mal entendida maternidad nos está llevando a victimizar a las mujeres que deciden no ser madres. Podemos tener una carrera y un desarrollo profesional pero, si elegimos libre y meditadamente no tener hijos, la lectura es siempre una: somos un fracaso, es una “renuncia”, un “sacrificio”… ¿Por qué? ¿Hasta cuándo vamos a dar pena por tener la libertad de elegir?

  • Mayli

    Uff..excelente profe..unas cuantas bofetadas d estas necesita el sistema patriarcal…