La ‘factura’ del botellón

Magdalena Trillo | 30 de abril de 2017 a las 10:05

A un alcohólico no se le puede tentar. Y Granada todavía coquetea con la bebida. Lo suficiente para saber que el abismo siempre acecha a la irresistible distancia de un sorbo; que la tentación no entiende de controles ni de ordenanzas. Menos aún en una ciudad herida que nunca se ha rehabilitado del todo. El equipo de Torres Hurtado acabó con el desmadre de alcohol en las calles pero lo llevó al botellódromo; erradicó un problema generando otro. El actual alcalde, Paco Cuenca, ha cumplido el compromiso de clausurar el recinto de Arabial pero ni ha avanzado en la prometida alternativa de ocio para los jóvenes ni se han apagado los rescoldos de la resaca.

A sólo unos días de que se cumpla un año de su llegada a la Plaza del Carmen, los socialistas han decidido recuperar las barras para el Día de la Cruz. Lo hacen al mismo tiempo que el Ayuntamiento de Córdoba, desbordado por sus fiestas de los patios, copian la anterior hoja de ruta de prohibición, mano dura y sanciones. Justo cuando Motril ve reproducido el esquema de la Granada del botellón y anuncia multas de hasta 24.000 euros. Olvidando que antes del botellódromo fueron las Cruces… Que las postales de los enfrentamientos callejeros, los comas etílicos y las quejas vecinales por el ruido se empezaron a tomar en las primaveras festivas de mayo.

Este miércoles se podrá beber en tres puntos concretos de la capital. De 12.00 a 22.00 horas. Ni un minuto más. “Todo estará bajo control”. Argumenta Paco Cuenca que quiere “reactivar la vida de la ciudad” en un día tan importante que había perdido su “referencia de carácter nacional”. No sé si quiere decir que es una pena que Granada no tenga la publicidad de los telediarios nacionales abriendo los informativos con batallas campales y las calles convertidas en un estercolero. Me pregunto, además, qué opinará el sector hostelero: si tan mal plan era irse de Cruces tomando unas cervezas en las barras legales de los escasos bares de la ciudad y si tan pocas terrazas hay ya -invadiendo medio centro histórico- para que sea necesario crear nuevos espacios de “disfrute”.

Me aseguran en la Redacción que el 99% de los granadinos estarán de acuerdo con el alcalde; que las Cruces eran la mejor fiesta de Granada, pese a la deriva de los últimos años; y que la solución (“fácil”) nunca debió ser “cargársela”. Es, en todo caso, un experimento incontrolable. Probablemente me guíe la desconfianza, pero también la prudencia y el pragmatismo. Lo conecto, por ejemplo, con la convulsa semana política que estamos cerrando. Tanto el PP como Ciudadanos ponen el foco en la “nefasta gestión económica”, en lo poco que se están resolviendo los grandes problemas de esta ciudad, para criticar el primer aniversario del equipo del PSOE en el Ayuntamiento y mantener viva la amenaza de la moción de censura.

Granada vuelve a ser aquí un laboratorio a escala local de lo que ocurre en Madrid. La moción contra Rajoy con que ha irrumpido Podemos nace fallida por lo mismo que el órdago contra Cuenca: porque no hay alternativa -el nuevo auto de la jueza del caso Serrallo imputando a todo el equipo de Torres Hurtado es demoledor-. Y porque, siendo coherentes con lo que ha ocurrido en los últimos años, los temas épicos que debían mover montañas no pasan factura en las urnas. La indignación se alimenta cada mañana a golpe de cotidianidad: una multa por aquí, un atasco por allí, un indolente vuelva usted mañana, un cabreo inesperado sorteando un vómito en la puerta de casa…

Este domingo vuelve Spiriman para mantener la presión a la Junta en la reorganización hospitalaria. Podríamos pensar que, después de lo que Granada ha logrado en Salud, el golpe a la ciudad como capital judicial de Andalucía a beneficio de Málaga y Sevilla debería ser un polvorín. Permítanme que lo dude… Son ellos y somos nosotros. Porque la chispa salta por los motivos más insospechados y con consecuencias imprevisibles.

Teniendo en cuenta que a Torres Hurtado no le quitaron el bastón de mando los granadinos -y que el PP ya está cerrando las heridas internas del congreso activando el reloj electoral de 2019-, tal vez lo prudente sea no despertar el monstruo del botellón. Salvo que sea una factura buscada y demos credibilidad a quienes defienden que la moción de censura le interesa más a Paco Cuenca que a Sebastián Pérez.

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