Spiriman, de baja

Magdalena Trillo | 12 de diciembre de 2017 a las 10:30

Si Spiriman incluyera esta noticia en sus famosos vídeos de Facebook, esos que siguen cientos de personas nada más subirlos a la web, sería más o menos así: “Chicos, no os los vais a creer, el médico que ha protagonizado toda la movilización en Granada por una sanidad digna, el médico que ha conseguido que la Junta dé un paso atrás en el infame proyecto de fusión hospitalaria, está de baja laboral. Sí. No ha podido más. Agotado profesionalmente y profundamente dolido ante las amenazas sufridas por su familia”.

Oportunamente, casualmente, horas antes de provocar una previsible sanción por parte del SAS y de situarse a un paso de perder el empleo, Jesús Candel consigue una baja “por prescripción facultativa” y no tiene que trasladarse al nuevo hospital del Campus de la Salud cumpliendo, precisamente, la hoja de ruta de la desfusión por la que lleva luchando más de un año.

Spiriman, ese héroe de la sanidad pública que mezcla vida pública y privada sin pudor, que arremete contra sus compañeros sin remordimientos, que insulta, que frivoliza y que coloca frente al paredón a cualquiera que lo desafíe contradiciendo su relato, hubiera sembrado la sospecha: “¿Un baja laboral justo ahora? ¡Algún amigo se la habrá firmado! ¿Desgaste? ¡Que no nos hemos caído de un guindo!”.

Pero éste es el camino fácil. El del populismo. Nos vamos a alejar del choque de denuncias que se ha producido en los últimos meses (incluido el reproche de sus propias colegas por “acoso machista”) y vamos a creer que Jesús Candel está quemado. Tampoco sería ninguna excentricidad: el sindicato Satse acaba de presentar el resultado de un estudio a nivel nacional que refleja que la mitad de los enfermeros es víctima del síndrome del profesional quemado, el burn out, y que ocho de cada diez sufre estrés. Para cerca del 90% el ambiente laboral se ha deteriorado y el 70% está convencido de que la atención a los pacientes ha empeorado.

El problema, el tema de fondo, no es el “desgaste” de Spiriman. De lo que hablamos, por lo que deberíamos preocuparnos, es por el “desgaste” de la marca Salud. La de Granada y la de toda Andalucía. En el último ranking sobre la reputación de los hospitales, los de Granada han sufrido un batacazo. No es ninguna casualidad. La inestabilidad y el conflicto están en las antípodas de lo que buscamos si pensamos en salud.

¿Spiriman de baja? Bien. Podemos concederle el privilegio de la duda pero exigiéndole, también, que cuando regrese lo haga persiguiendo su lema: una sanidad pública de calidad; la mejor. Sin atajos, sin populismo y sin juegos políticos de por medio.

Los comentarios están cerrados.