Los moderados de la CUP

Magdalena Trillo | 26 de diciembre de 2017 a las 10:00

Los radicales de la CUP no son el problema, son el síntoma. El voto oculto en las elecciones del 21-D (también) era independentista y (también) ha sido el factor clave que ha frustrado las expectativas de los constitucionalistas, ha tumbado la ilusión de cambio de las últimas encuestas y ha situado el conflicto catalán (casi) en el punto de partida.

La CUP se ha desplomado pero sus 4 diputados siguen teniendo rehenes a los partidos independentistas para la formación del nuevo Govern -con el regreso épico del expresident a la Generalitat con escala previa en prisión- y para construir esa idílica República que, desde “la única vía posible, la unilateralidad”, sitúe a Cataluña dónde debe: como la Noruega del sur.

No voy a entrar ni en los futuribles del pactismo que nos amenizarán las Navidades ni en los complejos análisis de relatos y estrategias que siguen empeñados en encontrar un porqué desde las viejas fórmulas de la vieja política. Me quedo en el descaro de lo obvio: es una simple cuestión de tiempo y de edad. Pura demografía. Cada anciano que muera y cada joven que se estrene a votar será decisivo para romper los bloques e inclinar la balanza al independentismo.

Me aseguraba esta semana un militar del Madoc que estuvo destinado en los 90 en Cataluña que el desapego y el extremismo es mucho mayor de lo que pensamos: “Tengo amigos que me confiesan que los de la CUP son moderados comparados con sus hijos”. Y hace 20 años que ya se “asustaba” con los contenidos que le daban a su hija en el colegio.

La “radiografía del odio” con que Morgado Bernal diseccionaba hace unos días en prensa el momento de extremismos y radicalidad de la Cataluña advertía justamente de cómo “el adoctrinamiento ideológico responde a odios ancestrales que interesa perpetuar y a ambiciones de poder”, cómo la demonización constante del adversario acaba legitimando el rechazo y cómo llega un punto en que, una vez inoculado el virus del desprecio y la rabia, se escapa del control de los propios líderes. Incendiarios que pasan a ser esclavos de una causa que ya no podrán contradecir sin convertirse en traidores. ¿Recuerdan las últimas horas de Puigdemont antes de que Rajoy aplicara el 155 y convocara elecciones?

El último Observatorio de la Juventud alerta del éxodo hacia posturas radicales que se está produciendo en las nuevas generaciones. Justo esas que van creciendo y van teniendo derecho a votar…


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