Del 24-M al 27-M, no todo en la vida es poesía

Magdalena Trillo | 17 de mayo de 2015 a las 11:48

Cuando Rafael Guillén escribió en los 60 Las cimas del jaleo, la “irresponsabilidad de la juventud” le empujó a emprender lo que hoy, con ochentaypocos, valora como un “suicidio literario”: acercarse a Lorca y al tema gitano “con una voz pretendidamente propia”. Sus versos contradicen sus temores y confirman su humildad. Los de entonces, los que dedicó al baile como expresión máxima y genuina de la vida, y los de ahora, los que escribe “para recordarse el que es en cada momento” y somete a ese bucle del eterno retorno del que siempre se ha mostrado militante.

Hace una semana, en el arranque de la campaña electoral, su atrevimiento fue mayor. A sólo unas horas de la pegada de carteles, en un auditorio con muchos políticos (demasiados políticos), se permitió la osadía de hablar del tiempo y de la vida, del amor y de la muerte, de las pérdidas y de los regresos, mientras vibraban los móviles entre los asientos camuflando las alertas de los mensajes y las citas que habrían de protagonizar la esperada carrera del 24-M. Guillén decidió recoger el Premio Lorca con que Granada reconoce por vez primera a un autor local con un recorrido por la historia literaria de la ciudad que transformó en un homenaje compartido a los que fueron y los que son. Un viaje emotivo y necesario en el que elevó aquello de que “todo en la vida es materia poética” asegurando que “no es necesaria tal transmutación porque la misma vida es poesía”.

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El suicidio, en este caso periodístico, será mío: le voy a cuestionar. Acabamos de rebasar el ecuador de la campaña y nada hay más alejado de la vida -la vida misma sí que es política- que la poesía. Cojan los periódicos de la última semana y compruébenlo. Da igual la ciudad en la que vivan. Les detallo el cronograma: polémicas, ataques personales y meteduras de pata que, rápidamente y estratégicamente, se colocan en el foco de la agenda del adversario. Algunos aún se atreven a prometer la luna -¿una playa en el centro de Jerez?-, hay quienes aún pueden sorprender en el BOE con una adelantada lluvia de millones navideña -¿el cheque pensión sí es “sostenible”?-, pero la mayoría se desliza entre propuestas posibilistas intoxicadas de vaguedades y de lugares comunes. El desconcierto sobre los resultados de los comicios del próximo domingo equipara ya a viejos y nuevos con un duelo a cuatro bandas entre los ¿grandes? del bipartidismo y los emergentes del ¿cambio? en el que todas las líneas rojas han quedado supeditadas al tacticismo electoral. ¿Seguro que la ofensiva contra la Alhambra, con toda la artillería desplegada, se traducirá directamente en votos para el PP? ¿Seguro que no tendrá efectos secundarios?

Lo peor de todo es que el clima se contagia. Justo el tono elegiaco que los candidatos de las Municipales han tomado prestado de la poesía de Guillén se ha infiltrado en la campaña a rector en la Universidad. Los comentarios sobre el debate del jueves entre Pilar Aranda e Indalecio Sánchez-Montesinos van de un penoso “es más de lo mismo” a una pregunta con lamentable respuesta: ¿así quieren animar a los estudiantes a votar?

No hay duda de que la decisión de Lodeiro de hacer coincidir las elecciones en la UGR con las locales es consciente, meditada y con argumentos perfectamente defendibles. Las consecuencias, sin embargo, son siempre imprevisibles y los riesgos, evidentes. Ante dos candidatos solventes y con programas sólidos -en grandes líneas muy similares-, corremos el riesgo de sustituir lo que debería ser un irrenunciable debate sobre el futuro de la Universidad por la misma batalla de siempre: la ideológica, la de clichés. Es la estrategia de Indalecio pero Aranda se lo ha puesto muy fácil en el primer envite.

Si lo del victimismo contra el “régimen de poder” sigue sin funcionarle al PP a nivel regional, más arriesgado parecería enarbolar esta bandera ante un elector tan exigente como el universitario. Decir que “no hay libertad para votar” en la UGR, denunciar (sin nombres, sin pruebas) supuestas “amenazas”, “chantajes” y “coacciones” y realizar una durísima enmienda a la totalidad a toda la gestión que se ha realizado en las últimas décadas en el Hospital Real es excesivo y, aquí sin muchas dudas, claramente contraproducente. Habría que preguntarle a los asesores del decano de Medicina si han calibrado bien cuántos votantes están o han estado vinculados a los últimos equipos de gobierno como para sostener una descalificación tan agresiva y generalizada sobre su trabajo. Porque se puede “cambiar” sin romper con todo lo anterior, sin renegar de lo que hoy -de forma manifiestamente imperfecta y con un sinfín de desafíos conocidos y asumidos- es la Universidad.

Es curioso. En el debate electoral nacional son los líderes de Podemos los que apuestan por destrozar puentes -cuestionando incluso, la Transición- y es el candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, quien todavía está intentado “explicar” que no dijo lo que dijo cuando descalificó a todos los que no hayan nacido en democracia para construir el futuro de nuestro país y les colocó una mochila de corrupción sobre sus hombros. Su versión políticamente correcta es que los “jóvenes tienen que sumar” pero a mí siempre me generan una enorme desazón las correcciones. De cualquier tipo. Es difícil saber cuál es la verdadera verdad, si la que se dice con espontaneidad o la que se fabrica, si no se pensó entonces o si se ha pensado ahora demasiado calculadamente. El error es tan humano como la rectificación pero admitamos que, en política, es justificadamente sospechoso.

Y lo lamento. Mi edad es similar a la de muchos de los que han decidido levantar un muro entre generaciones -antes y después de la democracia- repitiendo ese maniqueísmo de las dos Españas del que no nos conseguimos librar. Con o sin rectificación, el debate sobre lo nuevo y lo viejo, sean partidos o personas, es necesario por cuanto esconde sobre la actitud de ingratitud y egoísmo con que hemos terminado ennegreciendo la “herencia recibida”. La realidad es que todavía está por saber si los nuevos harán nueva política y si los viejos son capaces de liderar un cambio que se presenta tan urgente y profundo como el que se abordó en la Transición.

Les confieso que, a mí, el vértigo me atrapa con el vacío que van dejando quienes se sitúan al otro lado de la posteridad. Pienso en Ayala. Me acordaba de sus whiskys cuando, unas horas antes de recibir el Premio Lorca, Rafael Guillén me confesaba que se iba a escabulllir de la presión mediática tomando un vermú en Las Titas… Él no se ve en la posteridad pero sí en ese momento de misterio en el que el “canto a lo que se pierde” machadiano ya no se afronta con tristeza sino con sabiduría y con lucidez. Son las personas, es lo que piensan y es lo que escriben… Cuando lo meditan y cuando improvisan… En ocasiones, basta una rutinaria carta, basta un sencillo verso. Lo pueden comprobar sumergiéndose en la correspondencia de Francisco Ayala que su Fundación acaba de publicar con un ambicioso proyecto digital en abierto; empiecen por la carta a Azaña en la que habla de picaresca y granujería, de vividores y de hidalgos, de honestidad…

Para desconectar de la vida que no es poesía, para conectar con la vida que es poesía, prueben con la Balada en tres tiempospara saxofón de Rafael Guillén: “El futuro es pasado que busca otro comienzo”.

La partida seguirá el 25-M

Magdalena Trillo | 10 de mayo de 2015 a las 9:41

La partida seguirá el 25-M

Parque de las Ciencias. 18.30 de la tarde. Todos los candidatos a ocupar el sillón de alcalde en la Plaza del Carmen aceptan la invitación de Granada Hoy para presentarse ante los ciudadanos. Es una foto inédita. Desde que en 1979 se convocaron las primeras elecciones municipales de la democracia, nunca habían concurrido tantos aspirantes. Ocho jugarán la partida y seis salen con expectativas de obtener representación. Entre candidatos, asesores e ‘invitados’, en torno a treinta personas anticipábamos la tradicional pegada de carteles con este simbólico encuentro en uno de los espacios que mejor simbolizan el consenso institucional -no siempre fue así- y que representa la Granada moderna, de oportunidades y de futuro que todos defienden.

En la antesala de la larga campaña que se inició oficialmente la noche del jueves, probablemente habrá sido la única ocasión en la que han podido conversar. Algunos ni se conocían. Para esa cita no había que preparar el discurso pero sí las poses. Y los saludos; los sinceros y los que se colaban afilados con aprendidas lecciones de márketing y buenos modales. Torres Hurtado (PP), Paco Cuenca (PSOE) y Paco Puentedura (IU) ya unieron sus manos en la campaña de 2011 y han compartido vida municipal durante los últimos cuatro años. El ex senador socialista Luis Salvador, un clásico ‘renovado’, ha logrado posicionarse en la primera línea de la política local con su apuesta por Ciudadanos, el partido de moda, y confía en convertirse en la gran revelación de las urnas, justo el papel que desempeñó Mayte Olalla en las anteriores elecciones. La candidata de UpyD, que tiene el desafío de capear desde Granada el momento de hundimiento de su partido a nivel nacional, afronta un escenario más gris.

Con el mismo pronóstico de irrelevancia que se presenta para el Partido Andalucista y para Vox. Domingo Fuentes e Ignacio Nogueras, sus cabezas de lista, son más que conscientes del reto pero ninguno pierde la sonrisa. Ni la fe -en su caso justificamente necesaria- en lograr sumarse al ‘efecto sorpresa’… Aunque los vientos de cambio y novedad, lo asumen los tradicionales y lo aprovechan los emergentes, soplan mucho más caprichosamente hacia el naranja de Ciudadanos y hacia ese morado de Podemos que finalmente buscará su irrupción en la capital con la etiqueta blanca de Vamos Granada aliándose con Equo y diversos colectivos sociales y situando como candidata a la decana del Colegio de Abogados, Marta Gutiérrez.

Todos salen a ganar. El actual alcalde, que aspira a un cuarto mandato, ya ha dejado claro que va a por la mayoría absoluta y ha pedido a los suyos que no se amilanen, que lo reclamen abiertamente. Hace meses que desde su equipo de gobierno se advierte sobre la inestabilidad que supondría que la izquierda se uniera -en este caso PSOE e IU con Vamos Granada en lugar del PA- reeditando lo que, a su juicio, ha sido uno de los mandatos más convulsos en la historia reciente de la ciudad: el periodo 1999-2003 en que el socialista José Moratalla quebró el gobierno del ‘popular’ Díaz Berbel. El fantasma del desgobierno que planea sobre los 170 municipios de la provincia -se incorporan 2 localidades respecto a la convocatoria de 2011- con la misma incertidumbre que lo hace sobre los más de 8.122 ayuntamientos de toda España, sobre las diputaciones y sobre las 13 autonomías que concurren a las elecciones del 24-M.

El “miedo” al tripartito e, incluso, a un hipotético cuatripartito que uniera a todos los partidos (Ciudadanos se aliaría con la izquierda) en contra del PP. Es por ello que Torres Hurtado siempre dice que el PP sólo gobernará si llega a la absoluta. Sin embargo, en esta ocasión puede que no sea exactamente así. Hay alternativas. Por primera vez la derecha tiene un partido cercano y con opciones al que aliarse: el partido de Albert Rivera que, desde el discurso del cambio sensato y la moderación, ha frenado en seco las expectativas de crecimiento de los seguidores de Pablo Iglesias y se ha colado en todas las encuestas con unas estimaciones de voto impensables hace sólo unos meses. El estreno fue contundente en las autonómicas andaluzas del 22 de marzo y, a la espera de conocer la capacidad final de Ciudadanos para improvisar candidatos en la siempre personalista batalla local, las tendencias que vislumbran todas las encuestas situarían a Luis Salvador en una comodísima situación de ventaja como posible llave de gobierno.

Así se refleja en el sondeo que Granada Hoy publica hoy. Torres Hurtado pierde la mayoría absoluta y se sitúa diez puntos por debajo de los resultados de 2007 y 2011 que le auparon con sus actuales 16 concejales. Los socialistas consiguen blindar sus 8 ediles con un porcentaje de voto ligeramente superior al de hace cuatro años (aunque alejados aún de los 11 de 2003), IU pierde un concejal (solo Puentedura se mantendría en la Plaza del Carmen), UpyD se queda fuera y Vamos Granada y Ciudadanos entran con fuerza en el tablero con 3 representantes cada uno.

Es evidente que el clima de desafección hacia los dos grandes partidos por la corrupción y el desgaste de la crisis con los recortes y la austeridad pasarán factura a quienes han tenido que gestionar en los espacios de la administración más cercanos al ciudadano, pero son “circunstancias” que no pueden ocultar los méritos propios para la victoria o el fracaso y, al día siguiente de la votación, habrá que pedir coherencia para discernir cuánto aporta y cuánto resta la gestión personal frente a la marca de los partidos y los líderes nacionales. Y pedir responsabilidades. ¿Se imaginan dimisiones la misma jornada electoral como acaba de ocurrir en Inglaterra?

Si finalmente el PP pierde 4 concejales, Torres Hurtado tendrá que emplearse en la política del pacto y de su generosidad y talante dependerá en buena medida que sea la izquierda o la derecha la que gobierne en Granada los próximos cuatro años. Su alianza con Ciudadanos es la preferida según la encuesta elaborada por Commetia para todo Grupo Joly pero muy cerca se sitúa también el pacto entre PSOE, Vamos Granada e IU. En Andalucía, pese al bloqueo en el que estamos sumidos desde el 22-M para la investidura de Susana Díaz, no hay una propuesta alternativa de gobierno al PSOE pero en el horizonte que dibuja el sondeo a nivel local sí lo habría. Es, justamente, el panorama de acusada fragmentación del voto que se producirá en decenas de ayuntamientos y que obligará a viejos y nuevos partidos, a clásicos y emergentes, a sentarse a negociar y a tejer alianzas que pueden ser absolutamente imprevisibles. Más aún si tenemos en cuenta la multitud de ayuntamientos en los que concurren independientes. La sopa de siglas, como advierten los analistas desde hace meses, se convertirán en una de las notas más características de las elecciones de 2015.

Lo cierto, de momento, es la incertidumbre. Lo previsible, que la verdadera campaña de los políticos empezará el lunes 25 de mayo cuando tengan que dar forma al voto ciudadano, al de los siempre convencidos, al de los fugados y al de los reconquistados; al útil, al del desencanto y al de castigo. Como publicábamos en el arranque electoral, será una carrera de vértigo al 24-M y con múltiples incógnitas. Tal vez una de las más morbosas sea la del papel que desempeñará Luis Salvador. ¿Tiene “corazón socialista” como suele decir el alcalde? Porque, si de pactar se trata, ya les avanzo que el feeling con Torres Hurtado que se vio la tarde del Parque de las Ciencias está a años luz del que pareció tener con su ex compañero Cuenca… En las locales cuentan los partidos pero cuentan, sobre todo, las personas. En la foto de familia, ¿tal vez para despistar?, Luis Salvador insistía en colocarse a la izquierda de Pepe Torres…

Matar al mensajero

Magdalena Trillo | 3 de mayo de 2015 a las 10:10

La información secreta vende. Suscita morbo. Curiosidad. Una exclusiva atrae tanto como un cuchicheo en un ascensor. Cuanto más protegido, mayor interés. Recuerden, por ejemplo, los cables de Wikileaks. Ya a finales del siglo XIX, el magnate irlandés lord Northcliffe levantó todo un imperio mediático -murió antes de los 60, agotado, siendo dueño del Times- siguiendo una máxima que se ha mantenido como referencia en las escuelas de Periodismo: noticia es aquello que alguien, en algún lugar, quiere ocultar. Noticia, por tanto, es lo que alguien no quiere que se cuente. Lo demás, decía el en su día conocido como el ‘Napoleón de la Prensa’, es publicidad. Lo demás, podríamos completar, es propaganda.

Por naturaleza, por vocación, los periodistas somos cotillas… A los periodistas nos encantan los secretos. Pero no cualquier secreto, no sin verificar y no a cualquier precio. Actuamos siguiendo una ética profesional, respondemos a unos principios deontológicos y publicamos con una clara conciencia sobre nuestra responsabilidad social. Hay excepciones, por supuesto, pero de todo este trasfondo se ha olvidado el ministro de Justicia cuando esta semana rescataba el debate para lanzar una amenaza velada a los medios: multar a quienes publiquen filtraciones para “garantizar la confidencialidad” de las instituciones judiciales.

Puedo compartir con Rafael Catalá su preocupación por las filtraciones, en especial, por las revelaciones de sumarios que pueden afectar a la presunción de inocencia y atentar contra otros derechos fundamentales como la intimidad y el honor. De hecho, estamos ante uno de los grandes -y recurrentes- debates en el sector periodístico: la legitimidad -e incluso legalidad- de los medios utilizados para conseguir una noticia; hasta qué punto su valor informativo y su interés han de prevalecer sobre el método de obtención. De la revelación de secretos a la quiebra del ‘off the record’. Dónde están los límites cuando se trata de cumplir y garantizar el derecho ciudadano a la información y el principio constitucional de la libertad de prensa.

El debate es tan sensible y complejo que no se entiende el momento en el que el Gobierno lo plantea -a un mes de las municipales y poco más de medio año de las generales-, la forma claramente interesada en que lo afronta -con decenas de casos judiciales por corrupción lastrando las expectativas electorales del PP- y la aparente frivolidad con que se posiciona contra el ‘mensajero': el ministro asume con irresponsable ligereza que es difícil identificar y castigar a quienes filtran -pese a que las propias leyes recogen el castigo para quienes revelen secretos- y resuelve el conflicto proponiendo sanciones a los medios. Una vez más, el camino fácil de la persecución y la penalización que el Ejecutivo de Rajoy insiste en convertir en fórmula mágica de gobierno.

Precisamente hoy, los periodistas celebramos el Día Mundial de la Libertad de Prensa en un momento de evidente retroceso de la profesión por el impacto de la crisis económica en la industria periodística pero también por el desconcierto e incertidumbre con que estamos afrontando los retos de la profesión. Son alarmantes las amenazas reales contra las que seguimos luchando (24 compañeros asesinados y 348 encarcelados sólo en lo que va de año) pero también las veladas. Internet y las redes nos han distraído prometiéndonos una democratización informativa que no es real. La mordaza en la era digital es igual de peligrosa que lo ha sido siempre, pero mucho menos evidente. Los ciudadanos nos hemos desarmado ante el espejismo de libertad que nos ha regalado el ciberespacio obviando cómo gobiernos e instituciones desarrollaban sofisticados sistemas de control y de manipulación.

Ni siquiera en las rutinas del oficio estamos a salvo. Lo vemos a diario con reprochables dinámicas como las ruedas de prensa sin preguntas o la propaganda enlatada con que nos torpedean sin que seamos capaces de conformar una postura unida de rechazo y rebelión. El debate en torno al periodismo es apasionante; el de las multas y a quién multar, mucho más. Pero no únicamente para ‘matar al mensajero’.

Político, profesión de alto riesgo

Magdalena Trillo | 26 de abril de 2015 a las 10:59

Por acción y por omisión. Para ellos mismos y para todos nosotros. Ser político hoy se ha convertido en una profesión de alto riesgo. Por culpa de quienes roban, prevarican, malversan y se corrompen y por culpa de quienes nos demuestran a diario que nada de vocación, altruismo y servicio público hay en el desempeño de sus funciones. La casuística es amplia y de toda ella hemos tenido ejemplos esta semana:

Los peligros más evidentes llegan por la acción. Y el destino final va de la inhabilitación a la cárcel. Entre rejas está Bárcenas y en los tribunales se decidirá también el epílogo de viejas glorias de este país como el ex vicepresidente Rodrigo Rato. Sólo una codicia enfermiza puede explicar el supuesto fraude que ha desvelado la Agencia Tributaria para alguien que, subido en un Porsche y enfundado en estilosas camisas italianas, iba de ‘dandi’ por la vida; para alguien que lo tuvo todo y se permitió despreciarlo. Dejó el FMI porque se aburría, escribió la defunción de Bankia porque le dejaron, se enfangó con el escándalo de las tarjetas black porque pudo. Ahora sabemos que su milagro económico forma parte de la misma farsa con que ha terminado manchando su biografía.

Y sólo es una de las 715 personas de “especial relevancia” que están siendo investigadas tras acogerse a la amnistía –la grieta legal– que ideó el Gobierno para acabar con la opacidad fiscal y aflorar fortunas millonarias. Si nos creemos que la carrera ahora es por la transparencia, poco se entienden las reticencias del PP para desvelar los nombres de los demás privilegiados (175 de un total de 30.000 contribuyentes) que los funcionarios de la hacienda pública, inesperados protagonistas de la agenda política, han puesto bajo sospecha tras constatar que los datos que manejan son “la repera patatera”. Con tal elocuencia lo dijo esta semana el director general de la Agencia Tributaria cuando compareció en el Congreso para dar cuenta de las actividades de blanqueo que se están detectando a partir de esa “regularización fiscal” que, con mucho menos desparpajo y credibilidad, el ministro Montoro sigue defendiendo: ¿Seguro que “no limpia ni borra delitos”?

El ‘caso Rato’, como los cientos de las causas de políticos que se dirimen en los tribunales de todo el país, contribuye a la judicialización de la vida pública pero por razones más que justificadas. La ley, al menos en teoría, es igual para todos y las consecuencias de saltársela, también. En este tipo de situaciones, los peligros de ‘ser político’ son buscados: los privilegios se convierten rápidamente en prebendas y las posiciones de ventaja acaban desdibujando la legalidad. En el plano local, mucho podría reflexionar el ex alcalde de Almuñécar Juan Carlos Benavides, que se ha pasado media vida de litigios y siempre ha salido sorpresivamente airoso, o el ex regidor de Otura, que acaba de aceptar 16 años de inhabilitación por prevaricación.

Menos sentido tiene cuando los políticos miran a Caleta confiando en que sea el juez quien les resuelva su incompetencia, se conviertan en aliados en sus batallas electorales o les dé una salida a su desesperación. Aquí los periodistas también deberíamos hacer autocrítica y preguntarnos si no estamos sumándonos al circo cuando nos limitamos a actuar de meros altavoces de unos y otros. Es el peligroso periodismo de declaraciones. Insinuaciones, acusaciones sin pruebas y amenazas de demandas. A un mes de las elecciones municipales, pocos dejan pasar la oportunidad del “nos vemos en los tribunales”. Aunque unas veces funciona y otras se vuelve en contra.

La imputación de todo el grupo municipal socialista por denuncia falsa contra el alcalde no es sino el efecto boomerang tras su iniciativa de, “en defensa de los intereses” de la capital, alertar de un posible caso de prevaricación por parte de Torres Hurtado en la operación urbanística del Cerrillo. Su situación ahora es tremendamente comprometida; un ejemplo de cuando ser político –en esta ocasión asumiendo su labor de ejercer de oposición– es extremadamente peligroso… si no juegas bien tus cartas.

El concejal Fuentes y el diputado Torrente también han tenido que desfilar esta semana ante el juez por un tema de prevaricación y revelación de secretos y pendiente queda si la directora de la Alhambra terminará poniendo una querella contra Juan García Montero por sus durísimas declaraciones sobre el oscurantismo en la gestión del Patronato y supuestos tratos de favor. A un mes justo del 24-M, todos han subido el tono y han empezado a medirse trasladando a las instituciones el clima de hostilidad y los nervios que ya se están apoderando de este intenso preámbulo electoral.

La política estará desprestigiada, pero ya hay 8.527 granadinos pendientes del reparto de sillones de las municipales: 624 listas para definir el futuro de 180 poblaciones con una presencia inédita de propuestas de ‘independientes’.

Si las profesiones de riesgo sólo se eligen por vocación o por alta remuneración, tendríamos que pensar que no todo está perdido y que son muchos los ciudadanos que todavía están dispuestos a exponerse para cambiar las cosas desde dentro del sistema. Aunque la mera gestión suponga ya un peligro. Así lo sienten a diario muchos concejales de Economía y así lo acaba de comprobar la delegada del Gobierno, Sandra García, cuando se le ha comunicado que ha sido imputada por el caso de los vertidos fecales de la cárcel… Y es que la omisión también cuenta. A la espera de lo que resuelva el Supremo, es lo que podría subyacer en las actuaciones de Chaves y Griñán en el caso de los ERE. Si no idearon un sistema para robar, para dejar que otros lo hicieran, la prevaricación podría ser por omisión, por no vigilar.

De nuevo el debate sobre la responsabilidad política y la penal. Y de nuevo las dudas de en qué momento consideramos saldada una deuda moral. ¿Ha renunciado Griñán lo suficiente? ¿Ha pagado bastante por su co-responsabilidad? ¿Cómo de alto y cuántas veces hay que pedir perdón?

Porque ni está clara la legalidad, ni lo está la ética y ya ni siquiera la estética. Lo lamentable es que la mujer del César hace mucho que dejó de ser honrada y ahora parece que no importa que ni lo parezca. 5.000 euros por charlar dos veces al mes tomando café. Hablo de ‘trabajillos’ de cargos públicos para empresarios. De “asesorías”. ¿Tráfico de influencias? El caso de Pujalte y Trillo compaginando su labor en el Congreso con sus “servicios” a compañías que luego logran contratos públicos roza el esperpento. Es indecente y claramente inmoral. ¿Pasa el límite de lo legal?

No lo sé. Pero estaría bien que quienes van a dar su nombre para que los votemos el 24-M empiecen por preguntarse a sí mismos si concurren con la suficiente fortaleza e integridad para garantizar su honradez y mantener su palabra. La mayor crisis que estamos atravesando no es económica, es moral. Y es que es curiosa la profesión del político: es peligrosa para ellos, pero mucho más para nosotros.

Las costuras de Cuba (II): diez lecciones para tejer

Magdalena Trillo | 19 de abril de 2015 a las 10:10

Primera lección: no todo en Cuba es lo que parece. Hoy están llamados a las urnas más de ocho millones de ciudadanos en un proceso que poco tiene que ver con la idea europea de elecciones libres y democráticas. Su sistema, lleno de imperfecciones, es distinto al de cualquier otro país: lo aprobaron en 1976 con la nueva Constitución y, como hay un solo partido político, éste ni postula ni elige. Aunque fuera de esta isla resulte difícil de creer, celebran elecciones parciales cada dos años y medio y generales cada cinco. Este domingo se disputan los votos los futuros delegados a las asambleas municipales (los concejales): los candidatos son propuestos en reuniones de barrio por sus méritos y no tienen que ser militantes comunistas.

En la práctica, sería la versión cubana de lo que nosotros viviremos dentro de un mes pero con la diferencia de que en España nos aturdirán con la oferta de partidos más amplia de nuestra historia y una campaña durísima. En todos los espacios públicos de Cuba se publicita la convocatoria pero no hay debate: un par de rostros y unos párrafos con la biografía de los aspirantes. En el barrio de Vedado, folios en blanco con tipografía casi ilegible intentan movilizar a los vecinos: “Tu propuesta es importante, busca tu candidato”. Recuerdan a las temidas elecciones a presidente de comunidad de vecinos en las que más de uno baja la cabeza para eludir el ‘marrón’.

Lo ‘bueno’ de este modelo es que no hay que competir ni desgastarse discutiendo. Lo ‘malo’ que no es fácil convencer a los cubanos de que se compliquen la vida formando parte de un engranaje desde el que poco se puede cambiar. Más aún si la salida es la “puerta de atrás” a la que todo el mundo termina recurriendo para huir de las mentes cuadradas de los burócratas y poder resolver. Y es que, al final, aquí todo el mundo acaba resolviendo… pero por su cuenta. Esto nos lleva a la lección número 2: en cada casa hay un estratega. Al menos uno… y muy muy paciente.

Lección número 3. Todo en Cuba es una gran cola. Granma, el periódico oficial del PCC, sería el sueño de cualquier partido español; la aspiración de cualquier jefe de prensa a la europea, a la americana. Por lo que cuenta y por lo que calla y, por supuesto, por cómo lo cuenta. Granma, en rojo; Juventud Rebelde, en azul. No hay muchas más diferencias entre estos dos ‘exitosos’ periódicos que contradicen la tormenta perfecta de crisis (económica, tecnológica, de credibilidad y de valores) en que vive el modelo de prensa capitalista: mientras medio mundo lucha contra la muerte del papel y la caída generalizada de lectores, en Cuba hay lista de espera para suscribirse a Granma. La misma que hay que respetar para comprar unas cervezas una noche de trova en el Mejunje de Santa Clara, para compartir un achuchado viaje en un taxi ‘almendrón’ en la bulliciosa capital, para tomarse un helado en la Coppelia de ‘Fresa y chocolate’ y, si te descuidas, para asomarse al Malecón cuando la tarde da un respiro en el achicharrante asfalto habanero.

Por supuesto que en Granma no encontrará ninguna noticia local que duela. No es habitual que se escriba, por ejemplo, de los paupérrimos salarios que sufren los trabajadores: insuficientes (si no tenemos en cuenta el amplísimo programa de gratuidad y servicios subsidiados del Estado) para vivir un solo día en esa otra Cuba de parque temático que se ofrece al viajero. Llegamos a la lección número 4: casi todo en Cuba es dual. Es la tiranía de la doble moneda. Hay una Cuba para pobres y otra para ricos; una de cuento para los turistas y otra compleja y contradictoria para los locales. Desde el doble mercado de divisas que ensancha la desigualdad de clases a la misma velocidad que crece el cuentapropismo (nuestros autónomos) al doble lenguaje con que se envuelve y edulcora la realidad. Lección número 5: Cuba es el país de Santa Eufemia. Nada se llama por su nombre. En los 90 no hubo una gran crisis sino un “periodo especial”, la política económica se “actualiza” no se reforma…

Pero no piense que no hay crítica. La hay. Los cubanos no viven ni temerosos ni callados. Lección número 6: todo se cuestiona en la calle. Este martes incluso Granma abría una de sus ocho páginas con el comprometido análisis de la Cumbre de Panamá que realizaba el presidente de Ecuador. Rafael Correa se posicionaba al lado de Obama advirtiendo que no se puede utilizar la “injerencia de Estados Unidos para justificar” los “fracasos” de América Latina: “Las principales contradicciones son nuestras”.

Aquí llegan las lecciones número 7 y 8. Cuba se mueve entre el “no es fácil” que se extiende de la rutina más cotidiana a la más alta decisión del país (el propio Obama utilizó este término en el histórico discurso de diciembre de anuncio del deshielo) y el “sí se puede” que pusieron de moda los dirigentes de la Revolución y que aún hoy preside alguna que otra valla de carretera recordándonos el “Yes, we can” estadounidense y el lema del Podemos español. De lo primero pueden dar testimonio tanto los guajiros del interior como los yumas (guiris) que llegan con el incipiente boom del turismo con que se empieza a entonar la cancioncilla de “Bienvenido Mr. Marshall”. Lo segundo conlleva una consigna no escrita que muchos comparten: salvo los matrimonios, en Cuba todo es para toda la vida, desde una lavadora hasta la fe en la Revolución.

Lección número 9: Cuba es un gran ajiaco cultural. No tiene que recurrir al barrio chino. Descubrirá este crisol del que habla el antropólogo Fernando Ortiz en el multicolor de su piel, en el mestizaje de sus ritmos y en los sabores exóticos de sus jugos. Le asaltará si visita el Museo de Arte Cubano y se deja llevar por el provocador lenguaje de sus artistas. Le conquistará si entra en cualquier librería y bucea en el compromiso de sus intelectuales. Le ‘perderá’ si se deja seducir en sus fogosas noches caribeñas. Como suelen decir… el que no tiene de Congo tiene de Carabalí.

Lección número 10: todas las lecciones conducen a una. Cuba en un gran traje hilvanado de retazos y pendiente de coser. Pero, ojo, nada tiene que ver este decálogo de lecciones de supervivencia con los retratos de brocha gorda con que interesadamente se golpea a Cuba. No lo es. Se ha escrito a modo de debate y provocación, para leer entre costuras. Desde el respeto a un pueblo que ha sido capaz de gritarle al mundo -y de creerse- que otra forma de vivir es posible y que aún hoy está dispuesto a seguir levantando la cabeza para defender sus ideales. Es entre líneas, colocando matices y colores al “todo”, donde hallará el latir de esa Cuba que ha resistido, que se siente orgullosa de lo que es y a la que ahora le estamos permitiendo que empiece a despertar. No será fácil tejer el traje. Pero será.

Las costuras de Cuba (I)

Magdalena Trillo | 12 de abril de 2015 a las 10:30

Desde el Malecón habanero le siguen gritando a los “señores imperialistas” que no les tienen “absolutamente ningún miedo”. Desde Washington, el deshielo anunciado todavía no se ve en las tiendas, tampoco en gasolineras y mucho menos en las pantallas de los móviles.

En Cuba todo es complejo. Imprevisible. El será es un puede y el es, un tal vez. Ya he aprendido que lo único seguro es que todo es inseguro. El futuro aquí se escribe en condicional pero no encuentro la crispación, los miedos y la frustración del retrato en negro que nos llega a España envuelto en resentimiento. Hay problemas, muchos. Hay pobreza, como en cualquiera de nuestras ciudades. Hay desafíos, todos. Pero ni siquiera es un país de grises, es un país radiante de colores intensos. De esperanzas y de oportunidades. Es un país extremadamente tranquilo, alegre y hospitalario, con una capacidad infinita de autocrítica y una inesperada facilidad para reírse de sí mismo. Que La Habana es Cádiz con más negritos, que Cádiz es La Habana con más salero, no es sólo una canción.

Hablo de la gente, no de política. Es la Andalucía de América. Me han invitado a impartir un seminario sobre Periodismo en la Universidad Central ‘Marta Abreu’ de Las Villas, en la Cuba profunda, en la tierra elegida del Che Guevara, y no hago más que hallar paralelismos. El sol de los puertos, el dulzor del guarapo, el sabor de la guayaba… Es la canción de Carlos Cano y es mucho más. Es el trinar altivo del sinsonte que te anuncia el despertar del día, las sábanas blancas colgadas en los balcones y es la brisa húmeda que acaricia los penachos de las palmas al atardecer. Son nuestras historias de agravios entre provincias, son las eternas quejas por las infraestructuras de comunicación (aquí sí que son un problema mayúsculo) y son los estereotipos con que nos castigan nuestros ‘amigos’ del norte. Sí, los mismos que luego buscan nuestras playas, nuestras quisquillas y nuestro ron.

El New York Times pontifica sobre los desafíos que conllevará el desbloqueo al mismo tiempo que se ultiman los preparativos para la histórica Cumbre de las Américas de Panamá, los cubanos cierran filas con Venezuela y las empresas americanas afilan las calculadoras para evaluar los riesgos y oportunidades de las potenciales inversiones en la isla. 12.000 millones en la próxima década. A tres horas de vuelo, Cuba será para Estados Unidos lo que España es para Europa. Planean pasar de medio millón de viajeros en 2014 a dos millones en 2017; a siete dentro de veinte o treinta años.

De momento, el cuento de la lechera. Lo del papeleo y el ‘vuelva usted mañana’ se lo enseñamos bien los españoles. Como la devocionaria afición al fútbol. Me entero de la humillación del Granada CF ante el Real Madrid por un grupo de profesores desplazados a la provincia de Villa Clara para realizar unas acreditaciones de carreras. Coincido con ellos en la residencia de Los Sauces. Primero el saludo. Luego, la nacionalidad. Irremediablemente después, el pésame. Ni siquiera sabía que se vieran en directo los partidos de la liga española. Estarán incomunicados, pero a Ronaldo se le ve en tiempo real. Y Sara Carbonero también crea escuela en esta Universidad…

Dos horas de cola cuesta salir ya del aeropuerto de La Habana cualquier día de afluencia de vuelos. Ahora son los controles del ébola, pero la realidad es que Cuba no está preparada para recibir el profético aluvión de turistas con que ya cuentan a los dos lados del ‘desbloqueo’. Aunque ya no tengan que fabricar jabón de sosa cáustica para ganarse unos pesos ni inventarse unos zapatos con la goma de las ruedas gastadas del tractor como tuvieron que hacer en su particular crisis. La de los 90. Mientras nosotros vivíamos la feliz burbuja del ladrillo ellos descubrían que eso de ser una potencia del petróleo había sido un espejismo. Tan frágil como la misma URSS. Ellos terminaron de ‘medio’ pagar el precio de su osadía cuando nosotros despertábamos de nuestra pesadilla de hormigón.

Si sobrevivieron entonces, sobrevivirán ahora. Nadie lo duda. Pero la sensación de vacío tal vez sea mayor. No ayuda la falta de transparencia. ¿Después de Fidel? Basta con darse una vuelta por las facultades para percatarse de que hay potencial. Informar sin recurrir al catalejo sigue siendo una odisea pero hay jóvenes universitarios que sueñan con ser buenos periodistas. Que madrugan para aprender, que trasnochan para deslumbrar con su irreverencia y su talento en el festival de teatro de su Universidad y que aprovechan las soleadas mañanas del domingo para medirse jugando al béisbol. Jóvenes que se dan besos furtivos como en cualquier campus español y que aguardan, pacientes, a que la vieja guardia les dé “chance” y les permitan coger las riendas del país.

Están preparados, muy preparados, y tienen millones de ideas para transformar su mundo aun sabiendo que lo que primero les espera es la precariedad. Esa misma que empuja cada año a miles de jóvenes españoles a ‘fugarse’ al extranjero. El vértigo es compartido. Hace medio siglo que se atrevieron a pintar la Universidad “de negro, de obrero y de campesino” siguiendo la revolucionaria consigna del Che y tal vez ahora tengan que idear la forma de “quitar las viejas cerraduras”, de “cambiar los muebles de la casa” y de cambiar el color a las paredes “sin dañar la estructura”. Lo canta Tony Ávila. Me pasa el disco una profesora de Periodismo de la Facultad de Humanidades y me emplaza al día siguiente para visitar el Mausoleo que Santa Clara le ha dedicado a su héroe más internacional. Casualidades de la vida, uno de los primeros regalos que me hicieron cuando era becaria fue un dibujo del guerrillero que todavía hoy me intimida inquisitivo en la pared de mi escritorio.

Nada de lo que hay que arreglar en Cuba tiene fácil costura. Pero por qué no atreverse, ya, a empezar a tejer. A enmendar, por ejemplo, el papel de los medios acudiendo a uno de los suyos. A José Martí: “La prensa debe ser coqueta para seducir, catedrática para explicar, filósofa para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrera para combatir. Debe ser útil, sana, elegante, oportuna, valiente en cada artículo. Debe verse la mano enguantada que lo escribe y los labios sin manchas que lo dictan. No hay cetro mejor que un buen periódico”.

No difiere demasiado del aquel “prefiero periódicos sin gobierno a gobierno sin periódicos” que Jefferson defendió hace tanto, a tantos kilómetros de distancia, al otro la de la negociación. Lástima que la historia se olvide, se reinterprete, tan interesada y tan caprichosamente, a los dos lados del Malecón.

Todo es normal hasta que deja de serlo

Magdalena Trillo | 29 de marzo de 2015 a las 11:00

Era un joven normal. Llevaba una vida normal. Tenía un trabajo normal. Parecía buena persona. Nadie podría sospechar lo que pasaba por su cabeza.

Pensarán que me refiero al copiloto que esta semana ha estrellado un avión con 150 pasajeros a bordo. Podría. Pero pienso en lo equivocados que estamos cuando anhelamos una vida normal, una ciudad normal, una muerte normal. Cuando intentamos proteger nuestra irrelevante existencia dentro de una burbuja de normalidad. Cualquiera de estos comentarios los escuchamos cuando nos tenemos que enfrentar a una situación impredecible, absurda, inexplicable. La vida nos ha enseñado que el cien por cien de seguridad no existe y hasta hemos aprendido a afrontar que el azar y la fatalidad se cruce en nuestro camino. El fanatismo, incluso, con toda su carga de irracionalidad. Pero no estamos preparados para soportar que uno de nosotros, normal, sea capaz de tanta maldad. Por muy envuelta que esté en la locura. Es la rabia y la impotencia de descubrir que el mal acecha latente tras la máscara de la normalidad.

Coja cualquier noticia de periódico sobre un crimen machista. Encontrará toda la cadencia de normalidad con que comenzaba este artículo. A continuación, hallará la impotencia de los familiares. A continuación, la perplejidad de los vecinos, de los amigos y de los compañeros de trabajo que nunca intuyeron nada. A continuación, la amarga sensación de una inevitable pregunta: ¿se pudo evitar? ¿Sería nuestra tristeza menor si hallamos un culpable normal al que podamos exigir responsabilidad?

Normal se dice de aquello que se halla en su estado natural. Normal se aplica a aquello que sirve de norma o regla. Nada de esto, lo sabemos hoy, puede aplicarse a ese joven alemán obsesionado con volar que ha segado la vida de 149 pasajeros en un vuelo rutinario de Barcelona a Düsseldorf. Engañó a todos. Estaba deprimido y sabía que no podía volar. Lo hizo. Se subió al Airbus A320 y lo estrelló en los Alpes franceses cuando tuvo la oportunidad. A las 10.31 se hizo el silencio. El mismo que ayer se guardaba en la iglesia en la que su madre es organista. No había palabras en “la casa de Dios”. Ha ocurrido un martes más de una semana más de un año más, pero pudo ser cualquier otro. Se recordará la tragedia de un caprichoso y gélido 24 de marzo de 2015 y se guardará un listado con 149 víctimas inocentes. Son ellas y no usted, ni yo, por ninguna razón.

Lo descorazonador es que la vida parece darnos pistas aunque no las veamos. Nos hemos aislado tanto en nuestros insignificantes mundos de egoísta individualismo que no somos capaces de ver lo que ocurre a nuestro alrededor. A una ex novia de Andreas Lubitz le viene ahora a la memoria una frase que le dijo hace mucho: “Un día voy a hacer algo que va a cambiar todo el sistema y todo el mundo sabrá mi nombre y lo recordará“. Sus amigos recuerdan, ahora, la obsesiva afición que tenía por pilotar en la zona montañosa donde estrelló el avión. Los responsables de Lufthansa analizan, ahora, el preocupante historial de trastornos que acumulaba el copiloto de Germanwings.

El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Lo escribió Saramago en La caverna pero es algo que hemos sabido siempre. En los pequeños pueblos de los Alpes cercanos a la zona cero, los vecinos han abierto sus casas, han puesto su mesa, en solidaridad con los familiares de las víctimas. Los profesionales, una vez más, vuelven a responder y las instituciones, por una vez, han estado a la altura.

De cada fatídico accidente se han extraído conclusiones y hemos sido capaces de aprender, de mejorar. Del Titanic al 11-S. Pero la catástrofe aérea en los Alpes no es un accidente, no es un suicidio; no ha habido un fallo técnico, no ha habido un fallo humano. Dicen los expertos que ni siquiera una profunda depresión puede explicar en sí misma la reacción del copiloto que quería ser comandante de Lufthansa. La caja negra ha grabado su respiración en los 8 minutos de desconcierto e incomunicación que anticiparon la tragedia. Era absolutamente normal.

Pero todo es normal, aparente y engañosamente normal, hasta que deja de serlo.

No son unas elecciones de trámite

Magdalena Trillo | 22 de marzo de 2015 a las 12:11

Circula en Youtube un vídeo del juez Calatayud sobre la tiranía de los jóvenes con sus padres más inquietante que cualquier película de Hitchcock. Una imagen doméstica ilustra las contradicciones y el peligroso camino de complejos y sometimiento al que nos ha llevado la implacable sociedad de consumo actual: ¿tiene su hijo mejor móvil que usted?

El mundo de los móviles merecería más de una tesis. A mí me interesa hoy por lo que tiene que ver con la política. Piénselo. A un vendedor de móviles le pedimos lo mismo que a un político: que nos trate con respeto, que no nos engañe y que me mire por nuestros intereses por encima de los corporativos. Sitúe aquí la palabra empresa o la palabra partido. No recuerdo cuántos años llevo con móvil pero nunca hasta ahora había encontrado a ese vendedor ideal. Lo descubrí ayer. Fui a cambiar de modelo consciente de que me volverían a engañar y salí de la tienda, tras soportar más de cuarenta minutos de espera, sin aparato pero contenta. Me explicaron, me orientaron, se pusieron en mi lugar y me ayudaron a tomar la mejor decisión.

Hoy estamos llamados a votar 6,5 millones de andaluces en una jornada histórica. Por lo que supone para nuestra comunidad y por lo que representará para el resto de España. Por muchos matices que apliquemos al extrapolar los resultados, será la mejor fotografía del estado de ánimo de los ciudadanos sobre el funcionamiento de nuestro sistema democrático.

Después de tres décadas entregados al tripartidismo, cinco partidos tienen opciones serias de entrar en el Parlamento andaluz. No es sólo un duelo entre viejos y nuevos, entre los tradicionales y los emergentes. Lo que hoy vamos a decidir en Andalucía es si le damos una nueva oportunidad a la política. Son las primeras elecciones realmente decisivas que se convocan tras el tsunami de desencanto y desafección que ha provocado la nefasta gestión de la crisis y los escándalos de corrupción. Y lo que hoy decidamos en el Sur marcará un punto de inflexión para el sistema de partidos de cara a la convocatoria de las locales de mayo y de las generales de noviembre.

Su voto decidirá hoy si la marca Susana está por encima de la del partido -si la ola susanista es tan potente como se ha visto estos días en las calles-, si el PP merece una oportunidad -se pueden criticar los 33 años del PSOE pero no sin preguntar qué han hecho ellos en este tiempo para dejar la oposición-, si IU está realmente en fase de desintegración y si los nuevos de Podemos y Ciudadanos cumplirán las expectativas de los sondeos.

Son los 109 diputados que ocuparán sus escaños en el Hospital de las Cinco Llagas pero es también el inicio de la transformación del arco político español y es, sobre todo, una prueba de fuego para la estabilidad y la gobernabilidad. No son unas elecciones de trámite. Y de ello da buena fe el desembarco de líderes nacionales que hemos vivido en las últimas dos semanas. Susana Díaz es la dirigente andaluza que ha asumido una responsabilidad más directa en estos comicios. En frente ha tenido a Rajoy, pero también a Alberto Garzón y Julio Anguita, a Pablo Iglesias, a Albert Rivera y a Rosa Díez. La mejor muestra de ello es una simple pregunta: ¿sabe el nombre de sus candidatos?

La solución del primer sudoku electoral de 2015 llegará a partir de las ocho de la tarde cuando cierren los colegios y hayamos llenados las urnas de votos. Para unos será de esperanza y reafirmación, para otros de desencanto y de castigo y para muchos, un cheque de oportunidad cargado de escepticismo que se revisará en mayo y en noviembre.

Unos hablan del voto útil, otros nos alertan sobre el peligro de que “tiremos” nuestro voto y muchos sitúan a los indecisos como los protagonistas de la jornada. Pero todos serán votos útiles por cuanto hablan de la solidez de nuestra democracia y de la normalidad y libertad con que hoy decidiremos el presente y el futuro de Andalucía.

Si hay un mensaje que ha calado en estas dos semanas es que no son unas elecciones cualquiera. Que la responsabilidad que pedimos a los políticos es hoy nuestra: ir a votar.

22-M: No todos son iguales

Magdalena Trillo | 15 de marzo de 2015 a las 10:00

Escuchar a un banquero hablar de valores choca. Sorprende si lo dice alguien que está al frente de una entidad como Bankia, con una historia tan poco ejemplar detrás, y más perplejidad produce si lo hace desde Granada con todo un alegato contra la fatalidad. ¡Cuánto podríamos contar nosotros sobre la fatalidad!

Si algunos de los muchos asesores que rodean a los candidatos a la Presidencia de la Junta se hubieran dado esta semana una vuelta por el Parque de las Ciencias y hubieran asistido a la entrega de los Premios Andaluces del Futuro habría encontrado una magnífica munición que incorporar a la campaña electoral. Susana Díaz, que todavía no se ha hecho la foto con el presidente de la antigua CajaMadrid, puede que no sepa que poco tiene que ver Goirigolzarri con los banqueros al uso y que tal vez tenga el discurso más rompedor de quienes dedican hoy sus esfuerzos a los balances antes que a las palabras. “Creer en el futuro es la mejor medicina contra el fatalismo, un mal que nos conduce a ser espectadores y no actores de nuestra propia vida”.

Como en política, el sistema financiero está atravesando uno de los momentos de mayor descrédito y cuestionamiento de nuestra historia democrática. Como en política, también en el mundo de los periódicos color salmón se está viviendo una intensa etapa de regeneración. Y, como en política, costará saber si son nuevos rostros para viejas prácticas o si, realmente, los errores pasados están obligando a imponer una mínima ética aunque sea por pura supervivencia.

Al terminar la entrega de la séptima edición de los premios que organizamos Grupo Joly y Bankia, los propios colaboradores de Goirigolzarri me confesaban que nada de lo que entendamos como “previsible” e “imaginable” tiene que ver con la persona que desde hace tres años está intentando enderezar uno de escándalos más sonoros de la banca española.

Empezando porque se escribe su propio discurso, sacude la fibra sensible y dice lo que quiere decir pasando de protocolo y formalismos: “Deben servir de espejo del progreso andaluz”. Se refería a Pablo, Mariela, José David, Alberto y Sara, los protagonistas del acto. “Sois un ejemplo de ilusión, de compromiso y de responsabilidad. Estos son los valores que necesitamos hoy y los valores que necesitaremos siempre”. Olviden el contexto. Cualquiera de ellos podría haber estado en La Maestranza recibiendo una delas distinciones del Día de Andalucía.

Sin acento andaluz, con acento (casi) extranjero, el cordobés Pablo Gómez Castro expresó con tremenda sensibilidad lo que allí pensábamos todos y lo que, seguro, a todos nos gustaría encontrar cuando miramos a Andalucía: “Me reconozco en una Andalucía que ama y que se deja amar, una Andalucía que no tiene complejos, una Andalucía que nada tiene que ver con los tópicos”. Recuerden su nombre. Está afincado en Los Ángeles y en su curriculum ya aparece su participación en películas como Blancanieves. A Pablo le pasa como a cualquiera de los políticos que estos días pide su voto; que “no se conforma”.

Es la generación del esfuerzo. Es la generación del talento. Todos ellos son de esa generación ‘perdida’ que todos los partidos quieren ahora salvar. Para que “retornen”, para que no se tengan que marchar. Bueno, en estos días lo rescatamos todo y a todos. A las mujeres, a los abuelos, a las familias, a los parados, a los enfermos. Miren qué necesitan y busquen la ‘solución’ en las cientos de medidas que se acumulan en los programas.

Pero empiecen también a comparar. Bien saben los bancos que sobre el papel se arregla todo, que los balances contables –como las promesas electorales– lo soportan todo. Distinto será cuando despertemos, cuando nos tengamos que volver a levantar y se hayan apagado las sintonías de la campaña. Dicen ellos que se juegan mucho el 22 de marzo. Créalos. Pero no por ellos; por usted. Somos ‘nosotros’ los que nos jugamos mucho el próximo domingo. Todavía tiene una semana para pensar y para decidir a quién votar.

Desde la transición no teníamos una oferta tan amplia. Piénselo, desde el corazón, pero también desde la razón. No todos son iguales.

22-M: la ilusión de volver a contar

Magdalena Trillo | 8 de marzo de 2015 a las 11:00

Lo  que les voy a contar se produjo fuera de luces y taquígrafos, con la más absoluta discreción. Ocurrió en la primavera de 2013, sólo unos meses después de que el Gobierno de Rajoy anunciara un cambio radical en el proyecto del AVE a Granada para “adaptarlo a las nuevas condiciones económicas” del país. La ministra de Fomento, con la plana mayor de Adif, nos reunió en Jaén a un destacado grupo de directivos de medios andaluces para explicarnos, en persona, el estado de algunas de las infraestructuras estratégicas de la región.

Entonces éramos más que escépticos con los responsables de Fomento y no sabíamos lo que valía la palabra de la nueva titular. Hoy sí. Y les puedo asegurar que todo lo que allí comprometió Ana Pastor se ha ido cumpliendo. Y hablo de hechos, de publicaciones en el BOE, no de promesas. Oportunista o no, que el PP de Granada haya decidido nombrar a Ana Pastor presidenta de honor del partido por su “compromiso inequívoco y rotundo” con la provincia no es ninguna casualidad.

Si analizamos el punto en el que estaban dos proyectos vitales para Granada como la Autovía del Mediterráneo y el AVE cuando en 2011 el PP asumió el Gobierno de España y cómo estarán al final de la actual legislatura, habrá que reconocer que se ha ejecutado una inversión millonaria en plena crisis y que, tal vez no con la solución final que todos hubiésemos deseado, pero van a ser una realidad en pocos meses y supondrán una transformación sin precedentes en las comunicaciones de toda Andalucía.

El propio Rajoy inaugurará el penúltimo tramo de la A-7 el próximo 27 de marzo y mañana mismo la titular de Fomento concretará en su visita a la ciudad cómo se ha previsto resolver el conflicto que ha surgido ahora con la empresa adjudicataria de las últimas obras –los 27 kilómetros del trazado de Loja y la reforma prevista en la estación de la capital– al exigir más presupuesto para poder ejecutar el proyecto.

Cuando hace unos meses Sebastián Pérez anunció el nombramiento, el partido destacaba lo “extremadamente sensible” que la ministra había sido con los argumentos y peticiones trasladados por los diputados y senadores populares y, por supuesto, con las “necesidades y expectativas” de los granadinos. A ello habría que añadir el talante y el rigor con que la titular de Fomento ha afrontado el reto de desbloquear las dos obras de mayor envergadura que probablemente afrontará Granada durante décadas. Es verdad que le va en el sueldo.

Pero coincidirán conmigo en que, aunque su trabajo sea precisamente ejecutar los proyectos y hacer que se respeten los plazos, no en todos los ministerios se trabaja con el mismo ímpetu ni con la misma capacidad resolutiva. Si utilizamos como barómetro el nivel de cumplimiento delos compromisos expresados por Ana Pastor en aquella lejana reunión, les puedo asegurar que el título se lo ha ganado. A pulso. Y por esfuerzo. Más de 1.100 páginas hemos publicado en Granada Hoy durante los últimos tres años con informaciones sobre la ministra.

Granada ha sido objetivo preferente en los escasos capítulos inversores de los presupuestos del Estado y siempre se ha mantenido en los primeros puestos en su cuaderno de prioridades. Pastor se ha ganado el título del PP y, en la práctica, el de poder considerarla como la ministra granadina del Ejecutivo de Rajoy.

Hace justo una semana le preguntábamos al también presidente de la Diputación por la ausencia de políticos granadinos en puestos de alta responsabilidad y contestaba tajante que el verdadero problema no es el DNI del cargo de turno sino que te escuchen en Madrid y vengan recursos. Tal vez. Pero reconozcamos que, salvo contadas excepciones, los políticos suelen tirar para ‘casa’ y que es más fácil hacerse oír cuando estás en el corazón y al calor de quien decide. Aquí, como podemos comprobar tirando de hemerotecas, no hay siglas que se aparten del guion. Es una cuestión inicial de ‘sensibilidad’ que al final todos terminan rentabilizando electoralmente. Así ha ocurrido con los dos grandes partidos en su reparto de poder durante toda la democracia y así lo hemos visto también en IU cuando ha asumido responsabilidades de gobierno.

La pregunta que podríamos hacernos es hasta qué punto este tipo de apuestas tienen un efecto directo en el voto. La cita más cercana es el 22-M y el caso de Pastor, por merecido que sea, no deja de ser una gota en el océano electoral. El desconocimiento del líder del PP a la Junta no ayuda, tampoco la dolorosa política de austeridad y recortes que ha marcado la gestión del Ejecutivo central y mucho menos el ‘fuego amigo’ de Monago ni las antipopulares cruzadas que han emprendido los ‘compañeros’ Wert y Gallardón uniendo a todos en su contra.

Rajoy se está empleando a fondo para ‘salvar al soldado Bonilla’ pero puede que no con el resultado buscado. En la práctica está regalando a los socialistas el mejor escenario posible: una campaña Andalucía vs. Madrid; Susana Díaz vs. Rajoy. El barómetro que todas las cabeceras de Grupo Joly estamos publicando este fin de semana va en esta línea: el PSOE sería el partido más votado en siete provincias (todas salvo Almería) y en Granada mantendría sus 6 escaños a costa, justamente, de la caída de votos del PP, que perdería hasta 2 parlamentarios. Podemos irrumpiría con fuerza con 2 o 3 plazas en el hemiciclo andaluz, Ciudadanos se alzaría con 1 e IU se quedaría sin representación.

Estamos, no obstante, ante una de las campañas más abiertas en 35 años de autonomía andaluza. A las habituales lecciones de cautela y prudencia que nos han obligado a tomar los resultados sorpresivos de los últimos comicios, hay que sumar en esta ocasión la enorme bolsa de indecisos que arrojan todos los sondeos. Cuatro de cada diez andaluces o no tienen claro aún a quién votar o no lo quieren decir o juegan al despiste y a la estrategia declarando un posicionamiento que en absoluto piensan refrendar en las urnas. Pero, ojo, hay ganas de votar.

Ha calado el mensaje de que Andalucía va a marcar la agenda electoral y de que toda España está pendiente de lo que ocurra en el Sur. Nos sentimos –nos volvemos a sentir– protagonistas. El 22-M acudiremos a las urnas para decidir hasta qué punto está herido el bipartidismo, si la debacle de IU es tan desastrosa como apuntan las encuestas, si la borrachera de éxito de Podemos es tan abrumadora y si los ‘naranjitos’ de Ciudadanos terminan siendo una opción consolidada. Lo veremos en clave regional pero también en clave local con el ojo puesto en las municipales del 24 de mayo y en clave nacional pensando en la convocatoria de noviembre.

De lo que no hay duda es de que, en esta ocasión, la campaña va a contar. Y mucho. No es un trámite legal y lo que se observa en las calles, lo que se evidencia en los mítines, es que los ciudadanos hemos recuperado la ilusión. Sólo por eso ya habrá valido la pena este intenso año electoral.