Los culpables de la crisis

Magdalena Trillo | 19 de mayo de 2013 a las 10:49

Hace un par de meses que un buen amigo presentó su carta de renuncia como consejero de un banco. Se fue asqueado por las noticias de sueldos millonarios, blindajes indecentes, corruptelas y sinvergonzonería con que se levantaba cada mañana. Se fue por principios. En su entidad no había saltado ningún escándalo pero no quería ser cómplice, ni siquiera por omisión, de un sistema enfermo que empezaba a despertar de la resaca del delirio. Se fue sin hacer ruido. Bastó un párrafo de palabras asépticas y políticamente correctas, los recurrentes “motivos personales”, para esconder la impotencia que sentía viendo las toneladas de basura que estaba dejando la insensatez de unos, las ínfulas megalómanas de otros y la inconsciencia de la mayoría.

El día que me lo contó hablamos con nostalgia del modelo de las cajas, de lo importante que habían sido para los territorios, y lamentamos los muchos errores que habían cometido cuando enterraron sus raíces y se pusieron a competir con los bancos con el único fin de ganar dinero y crecer. En unos términos similares se pronunciaba hace una semana el presidente de CajaGranada criticando las “barbaridades” de las preferentes y la financiación inmobiliaria y reconociendo las locuras y riesgos que se asumieron “por encima de cualquier cálculo racional y sensato”.

Pero dejaba una puerta abierta: siguen siendo útiles. “Las cajas de ahorros”, reflexionaba Antonio Jara en la entrevista que publicábamos en este diario, “han hecho cosas mal y algunas muy mal, pero eso no quiere decir que una mala actuación médica obligue a suprimir el estamento médico. Se han olvidado de cuáles eran sus objetivos fundamentales, pero eso no autoriza a decir que el modelo de las cajas y los tres pilares sobre los que se asientan [la lucha contra la exclusión financiera, la vinculación al territorio y la obra social] no sean objetivos dignos”.

Los objetivos de las cajas seguirían siendo “dignos” si de verdad se cumplieran y, si realmente perviviera el modelo (mientras que Alemania sí se ha comprometido con sus entidades, en España ha sido el propio Gobierno quien las ha dinamitado), hasta podríamos defender su “utilidad”. Pero con matices: habría mucho que cambiar, mucho que despolitizar y profesionalizar, y no se puede pasar página sin exigir responsabilidades.

Hay un ‘caso Blesa’, el que ha abierto esta semana el juez Silva Pacheco contra el expresidente de Caja Madrid por comprar un banco de Miami por el doble de su valor, y hay una ‘era Blesa’ con la que aún tenemos un capítulo pendiente. ¿Dónde estaba el Banco de España, la CNMV y los filtros de la Comunidad de Madrid cuando el amigo de Aznar, el inspector de Hacienda que escaló a lo más alto de la Torre Kio sin experiencia bancaria, el tipo que colocó 3.000 millones en preferentes, cavó el agujero de Bankia? 19.000 millones de rescate nos han costado sus ‘aventuras’…

Dice el juez, granadino por cierto, con fama de polémico, contundente y singular, que la conducta de Blesa fue “aberrante” y que provocó el “tsunami perfecto” en la entidad… Si es Blesa, que lo pague. Pero es Blesa y son muchos más. ¿Cuándo vamos a pedir explicaciones a las personas que partidos y sindicatos, auténticas ‘maquinarias de colocación’, premiaron un día sentándolos como floreros en los consejos de administración de entidades de todo el país?

En estos momentos hay en España cerca de noventa ex directivos de bancos y cajas imputados y por primera vez empezamos a ver que se ‘hace justicia’ llevando a los culpables al banquillo de los acusados y a la cárcel. Es verdad que en menos de 24 horas la familia de Miguel Blesa ha conseguido los 2,5 millones que impuso el juez de fianza pero su caso es ya un ‘aviso a navegantes‘. No hablo de la sentencia, que confío en que sea objetiva y ajustada a Derecho, me refiero al papel que la Justicia española está asumiendo para depurar responsabilidades cuando la política ha querido mirar para otro lado.

No se trata de abrir una causa general contra la banca, pero sí de acabar con la impunidad de quienes han tenido una responsabilidad directa en la quiebra financiera por una mala gestión que en demasiadas ocasiones ha sido delictiva. Hace dos años que en Islandia decidieron ajustar cuentas con los culpables de la crisis, incluidos los ministros que contribuyeron a la ruina al país, y aquí parecía que nos habíamos ‘conformado’ con un cambio en La Moncloa. No buscamos linchamiento pero sí justicia. Sin indultos y sin excepciones.

Dos más dos son cinco

Magdalena Trillo | 19 de mayo de 2013 a las 10:44

Tendríamos que volver a Orwell para intentar comprender el punto de hipocresía, demagogia e irreconciliable colisión que se ha instalado en la vida política española: “El lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato una acción respetable y para dar al viento apariencia de solidez“. Hemos cerrado la semana torpedeando otro puente más con Cataluña, agrandando la brecha entre Gobierno y oposición y haciendo saltar las frágiles costuras del consenso interno. A la derecha y a la izquierda.

En su mundo paralelo, nos prometen soluciones y progreso cuando lo que manejan son recortes e involución, proponen diálogo sin que haya disposición alguna a mover las posiciones de partida y, al mismo tiempo que invitan con entusiasmo a que “vayamos al acuerdo” y nos sumemos a su realidad, nos abaten en la perplejidad con sus inestables radiografías sobre el presente y futuro de este país. Sin modificar un ápice la hoja de ruta (todos tienen su inamovible hoja de ruta), en menos de una semana hemos arreglado España.

Despedimos abril entre tinieblas con un fúnebre panorama de estancamiento económico -algunos expertos pronostican ya el salto de la Gran Recesión a la Depresión- y estrenamos mayo con el descubrimiento de que todo “empieza a funcionar”. ¿En cuatro días le hemos dado la “vuelta a la economía”? La clave ha de estar en el Retablo de las Maravillas cervantino: no todos vemos lo mismo; no todos estamos preparados para ver. Porque al otro lado de la improvisada función, el lado de los desdichados que nos dejamos distraer, lo que intuimos es que el problema soberanista es un problema tan inaplazable como la crisis, que para el pacto político ni hay voluntad real ni margen posible y que sólo la rebelión interna de los suyos (la reforma local se sigue aplazando y la del aborto ya ha provocado un buen incendio) disuade al Ejecutivo de aplicar el rodillo para continuar su “rumbo”.

Yo siempre he pensado que un pacto exigía renuncias, autocrítica y generosidad. Nada de ello veo en la propuesta del pacto por el empleo con que Rubalcaba está intentando resituarse como líder de la oposición ni en la respuesta de un Rajoy cuyo único cometido es cumplir las cifras y directrices que impone Europa; nada de ello veo en el choque de trenes institucional entre Cataluña y España que se va enquistando con los sucesivos pronunciamientos del Constitucional (¡qué equivocación fue la sentencia de 2010 del Estatut!) y nada de ello se ve en un ambicioso Wert que quiere solucionar los muchos problemas de la enseñanza con recetas impuestas, de espaldas a todos y con una carga ideológica que se suma a la irresponsabilidad compartida de socialistas y populares dando bandazos con reformas y contrarreformas.

Vivimos en un país de sordos donde vamos a terminar creyendo que “dos más dos son cinco”. “La libertad”, nos recuerda Orwell en 1984, es “poder decir libremente que dos y dos son cuatro”. Pero ya se lo advertía O’Brien a un cuadriculado Smith cuando, en la dictadura del Gran Hermano, en su Ministerio de la Verdad, se esforzaba en su cometido de reescribir la historia sin poder imaginar que dos más dos son cuatro: “Algunas veces sí”, le replicaba O’Brien, “pero otras veces son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez”.

No estamos en el Londres de la distopía orwelliana pero sigue sin importar la realidad, solo la percepción; el lenguaje y el “doblepensar”. No sé si calificar de paradójico o de premonitorio que justo esta semana hayamos ‘celebrado’ el Día de Europa. Extrañas coincidencias… El título original que el escritor y periodista británico puso a 1984 fue precisamente El último hombre de Europa. Entonces lo cambió a sugerencia de su editor por motivos comerciales; hoy tal vez hubiera sido sinónimo de best-seller. El Día de Europa evoca los primeros pasos que dieron en 1950 Francia y la entonces República Federal Alemana en torno al acero y el carbón poniendo los cimientos de la Comisión Europea; hoy el eje franco-alemán se tambalea y el proyecto europeo está más cuestionado que nunca.

Puede que sea una obligación de los políticos conseguir que “las mentiras parezcan verdades” y hacer que “el viento tenga apariencia de solidez” pero yo, en mi particular habitación 101, sigo pensando con Marx que “todo lo sólido se desvanece en el aire” y no puedo evitar ver cómo lo real “se evapora como el sudor en una noche de verano”. La conocida metáfora de la vida líquida con que Bauman se adentra en la cultura contemporánea sería perfecta para entender este país de sordos, esta Europa de sordos, donde dos y dos son cinco y lo real se escapa entre los dedos.

El tener, el parecer y el deber

Magdalena Trillo | 6 de mayo de 2013 a las 11:22

Confesiones de chica: el efecto pintalabios funciona. Hay días en que la única manera de remontar es recurriendo al rojo bermellón, los tacones y el escote. Pensarán que en tiempos de crisis no hay espacio para la coquetería y mucho menos para los caprichos. Renunciaríamos, sin embargo, a las dos dimensiones más importantes del lipstick effect: la psicológica y la económica. Un tratamiento de choque contra la crisis relativamente barato.

“Un antídoto para cuando todo se pone feo”, escribía la compañera Carmen Grasa en un magnífico reportaje de La Vanguardia. La apariencia se convierte en nuestra tarjeta de visita y la imagen se afianza como valor social, como un instrumento de promoción. No sólo es un mecanismo de defensa y respuesta a las agresiones del entorno, también aporta credibilidad, levanta la autoestima y contribuye a que todo funcione en esta endiablada sociedad de consumo frenéticamente preparada para todos los bolsillos.

Desconocía los datos que sustentan aquellos viejos anuncios de “se requiere buena presencia” pero, como se podrán imaginar, no hay ni un solo recoveco de la economía que quede inmune a la mirada diseccionadora de los analistas. Con la excepción de las telenovelas, donde los ricos también lloran, y del contagio de la corrupción al papel couché al estilo Pantoja, hace décadas que la televisión y el cine se encargaron de enseñarnos que los guapos viven mejor.

Ahora nos lo dicen desde la Universidad. No sé con qué metodología son capaces de llegar a estas conclusiones pero reconozco que me dejan perpleja: unos investigadores de Texas y Michigan revelan que quienes responden a los cánones de belleza se emparejan con personas de mayor estatus social (el braguetazo que diríamos por aquí), lo tienen más fácil para conseguir un crédito y ganan un 15% más que el resto. Hasta hay un estudio que concluye que los guapos australianos ganan 23.000 euros más que los feos…

Aunque es verdad que la crisis ha trastocado nuestros hábitos de consumo (el 81% de la población ha modificado su forma de vivir según el último informe de Nielsen), no todos los sectores lo sufren igual: vamos menos al cine y al teatro, suprimimos las vacaciones, aguantamos sin cambiar los neumáticos, llenamos el carrito de marcas blancas… pero no olvidamos ni la cita en la peluquería, ni la depilación, ni la crema facial de caviar y el anticelulítico efecto frío del Mercadona. Mientras toca fondo el sector inmobiliario, se hunde el de automóviles, retrocede el ocio y se estanca la telefonía, el mercado de la perfumería y la cosmética sigue creciendo (7.000 millones de consumo en España en 2012).

Yoga, pilates, meditación, clínicas estéticas… En todas las grandes crisis han aumentado las ventas del pintalabios rojos y la de ahora no es una excepción; aunque tengamos que bajar un escalón y hablar del factor pintauñas (las ventas han subido un 10%). Tanto es así que incluso en Grecia, con marcas milenarias vinculadas a su historia y su cultura, es una de las pocas industrias que está tirando de la economía.

Después de cinco años de crisis, es evidente que habrá quien pueda evadirse con Estée Lauder y quien acabe en el Todo a 1 euro pero el efecto, el trasfondo de ese consumismo que nos iguala, es el mismo: un refugio, rojo radical, capaz de iluminar los grises y negros del día. Pensándolo bien, es un comportamiento hasta patriótico: todos, por encima o por debajo de nuestras posibilidades, terminamos contribuyendo a engrasar el sistema para que el euro no deje de circular. Y lo hacemos sin engaños; siendo conscientes de la trampa. Si con el espejismo del progreso decidimos renunciar al ser para instalarnos en el tener, ahora, explotadas todas las burbujas de la falsa prosperidad, sólo nos queda conformamos con el parecer.

El problema llega cuando ni somos, ni tenemos ni parecemos… Creo que es lo que le pasa al Gobierno, que en año y medio ha enterrado todo su crédito. Evocando el milagro del 96, enarboló la bandera de las reformas y los recortes para hacernos creer que sabía lo que hacía. Con más de 6 millones de parados y un horizonte de recuperación que ya va por 2019, esta semana se ha quedado sin careta y sin discurso.

El relato del cambio por el cambio se desplomaba el día que Rajoy pedía “paciencia”: ni nosotros sabemos para qué ni el Gobierno parece saberlo. Al líder del PP sólo le queda seguir escondiéndose en el deber o asumir los consejos envenenados de Aguirre clamando que sea “radical” y cumpla su programa. Radicalidad: la nueva palabra de moda, ¿la alternativa?, el lipstick effect de la política. Tal vez sea su única salida.

Risas de cocodrilo

Magdalena Trillo | 28 de abril de 2013 a las 10:54

De entre todos los animales, el hombre es el único capaz de reír. De reír y de hacer reír. Pienso en Aristóteles y en su libro perdido, en el segundo tomo de su Poética, en el manuscrito envenenado que sustenta algunos de los pasajes más incisivos y sacrílegos de El nombre de la rosa. Recordarán los encendidos diálogos de Guillermo de Baskerville y su discípulo Adso de Melk; recordarán la pugna del fraile y Jorge de Burgos, ese monje austero que defiende con vehemencia una temerosa visión del mundo en torno a Dios, al castigo y la represión. La lucha entre lo antiguo y lo moderno, entre el pasado y el futuro, entre el tenebroso hombre medieval y el humanista que cree en el amor por encima del odio, en la risa por encima del miedo.

Acabamos de viajar a la Edad Media con Umberto Eco, a la misteriosa abadía del norte de Italia donde la risa es corrupción, debilidad y pecado. Es el vicio de la plebe. Pero la risa, con Aristóteles, con fray Guillermo, es también la liberación del miedo, la distracción del campesino, un nuevo arte que emancipa y hasta purifica: “La risa libera al aldeano del miedo del diablo, porque en la fiesta de los tontos también el diablo aparece pobre y tonto, y por tanto, controlable. Cuando ríe, mientras el vino gorgotea en su garganta, el aldeano se siente amo, porque ha invertido las relaciones de dominación”.

Desde el oscuro Medievo, la Iglesia se ha encargado de adoctrinarnos en el temor y del miedo; a huir del humor, de la comedia, de la sátira, de la risa. Una vieja forma de dominación y de control. Hoy tengo la sensación de que es un territorio del que se han apropiado los políticos. Últimamente solo veo a los políticos reír. Sin razones aparentes. Con una pose falsa, nerviosa, provocadoramente molesta. Los habituales ataques de Montoro; los repentes de Carmen Chacón. Risas de cocodrilo. Ríen desde sus verdades absolutas y desde un cúmulo de errores donde no cabe la rectificación. “Huye Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia”.

Unos ríen y otros lloramos. Nos levantamos, cada viernes, temerosos del Consejo de Ministros. Nos acostamos, cada mes, conocedores de la abismal cifra de parados con que pasaremos otra página del calendario. Terriblemente saturados de tristezas y de malas noticias. Completamente desmotivados ante tantas reuniones y cumbres de iluminados que evidencian, una y otra vez, su incompetencia y su ceguera. Saturados de sus falsas risas; de su impostado humor.

Parece de chiste escuchar a un ministro revelar que se creará empleo cuando crezca la economía… A la responsable de las listas del Inem vender las bondades de la “movilidad exterior” para los miles de jóvenes que se tienen que exiliar buscando el futuro que España les niega. A la líder del partido del Gobierno hablar de finiquitos “en diferido” sin atreverse a nombrar la bicha (Bárcenas). A un diputado denunciar la dación en pago porque esconde”operaciones de especulación”. A un miembro del Ejecutivo invitarnos a ducharnos con agua fría porque es lo “sostenible”.

No termino de saber si son meteduras de pata o es su atrofiado sentido del humor. Hoy visita Rajoy Granada para mantener una reunión bilateral con el presidente de turno de la UE y aún no sabemos si nos atenderán en formato plasma y si contestarán alguna pregunta que se salga del guión. Lo cierto es que cada vez resulta más difícil saber si es la literatura la que se desliza en los periódicos o la realidad la que salta a las novelas. Si la vida imita la televisión basura, como sugería Woody Allen, o es la televisión basura la que imita los culebrones de la vida.

En Óscar y las mujeres, Santiago Roncagliolo nos propone una medicina mucho más efectiva y menos asfixiante que la austeridad: una pizca de humor y, por qué no, de frivolidad. Esta semana presentaba su libro en Granada reivindicando un poco de distracción y de diversión: “¿Por qué no olvidarnos un poco de lo mal que lo estamos pasando?”. Por qué no echarnos unas risas en lugar de sufrir. A veces, decía el novelista peruano, el humor es la única manera inteligente de hablar. Siempre, me gustaría pensar, el humor es un insobornable resorte para vivir, para liberarnos del miedo.

Hace siglos que lo sabemos aunque nos hayan obligado a olvidarlo. Volvamos a fray Guillermo: tal vez temamos al libro de Aristóteles porque nos enseña a deformar el rostro de toda verdad; a no convertirnos en esclavos de nuestros fantasmas.

La burbuja de la austeridad

Magdalena Trillo | 21 de abril de 2013 a las 10:45

Se equivocaron manejando el Excel. Los ‘padres’ de la austeridad erraron sus cálculos económicos cuando analizaron los datos de decenas de países y concluyeron que los gobiernos con una deuda superior al 90% tienen problemas para impulsar el crecimiento. Se llaman Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart y lo han reconocido esta semana cuando tres colegas de la Universidad de Massachussets han denunciado que su teoría de la austeridad está repleta de agujeros. La noticia iba perdida en un faldón de periódico haciendo referencia a un artículo más amplio del Financial Times; la religión que nos ha sumido en este perverso e implacable proceso de ajuste de cinturón hace aguas… y todo sigue igual.

Casi igual. Porque en apenas dos días el FMI ha cambiado su discurso para España introduciendo el matiz de la flexibilidad. No nos cambia de medicina pero sí nos prescribe una disminución de la dosis. Las cifras rectificadas de la austeridad indican que países con una deuda superior al 90% no caen de forma automática en la recesión y pueden registrar un crecimiento medio del 2,2%. Aunque es evidente que no se trata ahora de defender el despilfarro de los gobiernos, sí subrayan los expertos que “un déficit administrado juiciosamente es la herramienta más efectiva para combatir el desempleo masivo”.

Ahí está la clave, en el “juicio“. En realidad, los dos profesores de Harvard que han inspirado buena parte de los programas de rigurosidad fiscal insisten en que su “mensaje central” se mantiene invariable a pesar de los errores de cálculo: las economías sufren un nivel de endeudamiento excesivo. A nivel mundial y a nivel local. Bastaría con repasar la situación en que se encuentran los ayuntamientos españoles para constatar los “excesos”.

Sólo en Granada la deuda municipal con los bancos alcanzó en 2012 los 551 millones de euros, 597 euros por habitante y más de 900 en el caso de la capital. El incremento global respecto al ejercicio anterior supera el 53%, pero hay pueblos como Atarfe, Salobreña, Maracena, Vegas del Genil, Armilla o Baza que han registrado una subida que va del 69% al 366%. La razón principal es el plan de pago a proveedores. Son miles de facturas las que explican las cifras. Facturas que han llevado al cierre a pequeñas empresas y que han colocado en una situación de asfixia a cientos de familias. En esta ocasión, la “administración juiciosa” del déficit no sólo está justificada sino que está resultando una medida esencial para acabar con la espiral de impagos que está ahogando la economía. No obstante, el análisis cambia si nos preguntamos cómo es posible que un Ayuntamiento como Atarfe haya acumulado15 millones de facturas en los cajones. Porque el problema es hoy el exceso de austeridad pero ayer lo fue el exceso de despilfarro. Una dosis siempre equivocada.

Me contaban el otro día en la Guardia Civil que ellos no compran ni un bolígrafo si previamente no tienen el dinero disponible para pagarlo. Sin deudas. De su propio presupuesto. Imagino la exasperación que a veces debe suponer un nivel de exigencia y control tan elevado pero, viendo a lo que nos hemos dedicado en los últimos años, no puedo más que lamentar que hayamos tardado tanto tiempo en frenar la toxicidad del ‘pelotazo’. Excesos en el mejor de los casos, fraude y corrupción con demasiada facilidad. Si recordamos, la partida 31L de los ERE se aprobó en su día como antídoto contra la burocracia. En treinta años de democracia, con la nostalgia del caciquismo, los políticos no han parado hasta que han adaptado las leyes a sus necesidades de poder.

Muñoz Molina, antes de dedicarse por completo a la literatura, lo vivió en el Ayuntamiento de Granada cuando trabajó de funcionario y lo cuenta en su último libro. Todo lo que era sólido es el ensayo más lúcido y cercano que he leído hasta ahora sobre la crisis; la global, la de la brujería financiera, y la nuestra, la que llevamos en el ADN de la marca España. “La ruina empezó cuando la potestad de disponer del dinero público pudo ejercerse sin los mecanismos previos de control; cuando las leyes se hicieron tan elásticas como para no entorpecer el abuso, la fantasía insensata, la codicia, el delirio”.

La abundancia de dinero fue de repente inundación. Pero nadie pensó que era prestado. Ni los políticos ni nosotros. De repente hubo mucho dinero y, de repente, ya no lo hubo. Llevamos tanto tiempo fustigados por la crisis que había olvidado el origen de todo; cómo y cuándo “todo lo que era sólido se desvaneció en al aire”. Ahora el problema es la austeridad, pero no deberíamos reaccionar olvidando ese ayer enfermo en el que nunca pasaba nada hasta que un día pasó.

Cosas de Granada

Magdalena Trillo | 14 de abril de 2013 a las 10:41

La frase “las cosas del alcalde” con que más de uno -de la bancada de la oposición, pero también de la propia- zanja las ‘salidas’ incómodas de Torres Hurtado se queda corta para ilustrar ese punto de irreversible bloqueo que arrastra cada iniciativa ambiciosa que se pone en marcha en Granada. No es fatalismo; son datos y fechas. AVE, Milenio, Universiada… Repaso las hemerotecas y encuentro material más que suficiente para montar una exposición. Pero de carocas en Bib-Rambla. De la denuncia al despropósito. De lo cómico al esperpento.

La obcecación en exceso, digámoslo así, siempre ha sido una dificultad para negociar; pero no sólo las posturas encontradas y la falta de dinero congelan los proyectos. Vayamos por partes. La idea de ubicar la futura estación del AVE en el Cerrillo de Maracena no deja de responder a un viejo convencimiento de Torres Hurtado sobre el uso que debe darse a los terrenos de Andaluces: un gran parque y, por qué no, algún que otro pisillo. Tendremos tiempo de comprobar si hay detrás un “pelotazo urbanístico”, pero no debería sorprendernos que el alcalde, en cuanto ha tenido una excusa tan elocuente como el “no hay dinero” del Ministerio, haya querido tumbar el proyecto de Moneo que tanto cabreo le suscitó en su día y recuperar ‘su’ modelo de ciudad.

Digo el suyo porque aún no sabemos si su partido opina lo mismo y mucho menos Madrid. Es la vertiente más oscura del Pacto de Granada que hace un mes impulsaron Teresa Jiménez y Sebastián Pérez para sacar de la batalla política infraestructuras y proyectos vitales para el desarrollo de la provincia y que esta misma semana se ha puesto en marcha con las primeras reuniones de las mesas técnicas. Siendo tremendamente positiva y, conociendo la buena fe de todas las personas que se hicieron la foto, me atrevería a pronosticar que habrá resultados. Y pronto. Pero con una gran duda: ¿tienen capacidad de decisión, y de resolución, las personas que se han sentado a negociar?

Mi optimista lista de consensos.

Uno: Granada merece un AVE de primera, que esté operativo en 2014 y que nos lleve a Madrid en tres horas y media. ¡Por unanimidad! ¿Pero sabemos qué dice Ana Pastor -y sus técnicos- sobre la variante de Loja y sobre la nueva estación del alcalde? ¿Alguien recuerda algún caso de Torres Hurtado rectificando?

Dos: acabar la obra del Centro Lorca y abrirlo al público antes del verano. ¡Por unanimidad! ¿Pero se puede acordar cómo se paga el sobrecoste y cómo se va a financiar cuando se ponga en marcha en un foro en el que no está ni la Consejería ni el Ministerio de Cultura?

Tres: hay que resolver todas las dificultades técnicas para que se celebre la Universiada. ¡Por unanimidad! ¿Y el lío de La Ragua? ¿Se adapta el Parque Nacional a las exigencias de la competición? ¿Podemos solucionar desde aquí que el plan B, Candanchú, esté en quiebra?

Cuatro: impulso al Milenio como la gran oportunidad de progreso para Granada. ¡Por unanimidad! Y así fue en 2007 cuando lo anunció Chaves imaginándose ya montado en el AVE para la inauguración…

No voy a negar el valor de la colaboración (para hacer política, para gobernar, lo primero es saber qué se quiere hacer, cómo y contar con todos los actores necesarios), no querría pecar de escepticismo (son catorce los temas que se están abordando y no todos tienen el mismo nivel de dificultad) y tampoco voy a minusvalorar la importancia del consenso (dados los precedentes de incomunicación, el simple hecho de que los dos grandes partidos estén dispuestos a negociar es ya un tremendo avance). Sin embargo, hay dos cuestiones que me preocupan: la fiebre por el pacto que se ha instalado como supuesta fórmula mágica para resolver todos los problemas y la enorme distancia que seguirá separando la foto del acuerdo de la realidad. En Andalucía ya se han alcanzado dos valiosos pactos por el turismo y la cultura -con la implicación de todo el sector-, pero nada sabemos aún de memorias económicas y recursos para llevarlos a cabo y, mucho menos, de cómo se ha pensado lidiar con Madrid…

Prefiero el pacto al decreto ley pero prefiero, por encima de todo, el pragmatismo y la eficacia. Ni puede seguir gobernando en España el Constitucional ni podemos seguir quemando con falsas expectativas la poca confianza hacia la política que nos queda. Por eso pregunto: ¿compromete al bipartito de la Junta lo que aquí decida el PSOE de forma bilateral con el PP? ¿Hay alguien en Granada, en el PP, en sus instituciones que realmente tenga línea directa con el Ministerio y sepa qué quiere hacer con el AVE? Cosas del alcalde, cosas de Granada.

Límites

Magdalena Trillo | 7 de abril de 2013 a las 10:36

No son límites lo que buscan sino censura y control. Primero fue Cristina Cifuentes quien propuso “modular” el derecho de manifestación y ahora es Ignacio González quien quiere coartar la libertad de prensa. Lo preocupante es que la opinión de la subdelegada y del presidente de la Comunidad de Madrid no es aislada; a la derecha y la izquierda (nada tiene de democrático defender los escraches, apropiarse de fincas y asaltar supermercados) son muchos los que están convencidos de que buena parte de los problemas de este país se resolverían con menos libertades y más mano dura. González parece reivindicar para Núñez Feijóo la estrategia Rajoy: de lo que no se habla -de lo que no se informa- no existe.

Pero lo que habría que valorar es si el problema es que se haya publicado una fotografía antigua del actual presidente de la Xunta en compañía del contrabandista Marcial Dorado -cumple 14 años de cárcel por narcotráfico- o lo que la imagen desvela sobre la relación de quien entonces ostentaba la viceconsejería de Salud en el gobierno de Fraga con uno de los personajes más oscuros de la Galicia de aquellos años. Si el problema es la publicación de la imagen o lo que el propio protagonista opina (opinaba) sobre las ‘amistades peligrosas’ cuando en la campaña de 2009 atacó a Anxo Quintana por una fotografía del vicepresidente de BNG en el yate con un destacado constructor. “El Gobierno gallego no se puede fotografiar con malas compañías”, pontificó entonces Feijóo olvidando matizar, como les ocurre a todos los políticos, que las lecciones de ética son siempre para los demás.

Es verdad que los límites del derecho a informar son en ocasiones difusos y conflictivos, pero las reglas del juego están perfectamente establecidas en nuestra Constitución (el artículo 20 que garantiza el “derecho a comunicar noticias, hechos o datos, sin añadir opiniones o juicios de valor” frente al artículo 18 que recoge “el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”) del mismo modo que su vulneración está tipificada en nuestro Código Penal con los delitos de calumnias e injurias (artículos 205 y 208). Son derechos irrenunciables, inalienables e imprescriptibles, pero no son derechos absolutos ni ilimitados. Si Núñez Feijóo considera que se ha dañado su reputación de forma “innecesaria” y sin atender a los principios de veracidad, neutralidad y diligencia profesional exigibles, no se entiende que no haya recurrido ya al juzgado de turno.

Hace pocos días que el director de El País respondía ante el juez por la publicación de los ‘papeles Bárcenas’ y, en el escenario local, esta misma semana coincidían en Granada dos procesos por calumnias. García Chamorro, la número 2 del PP, ha tenido que comparecer ante el juez para aclarar las acusaciones de “despilfarro” que hizo en su día contra el ex gerente de Visogsa y, ese mismo día, su compañero Antonio Ayllón (PP) invocaba su condición de senador para que sea el Supremo quien determine si calumnió al socialista Gabriel Cañavate cuando afirmó que el pacto para arrebatarle la Alcaldía de Armilla se había fraguado con “300.000 razones” detrás…

La misma “prudencia” que el príncipe Felipe pedía el jueves a los jueces, con la sombra de la imputación de la infanta Cristina planeando en el auditorio, habría que reclamar a los políticos y a los medios. Prudencia, contención y rigor profesional. Más que un problema de límites es, en ocasiones, un problema de usos y abusos y es, también, un problema de ética y responsabilidad. Para la opinión pública, la infanta ya está condenada y Núñez Feijóo, también.

Lleva razón el jurista Miguel Roca, su despacho va a defender a la hija del Rey en el caso Nóos, cuando alerta de que hemos convertido la presunción de inocencia en una presunción de culpabilidad. Todos nosotros ya hemos juzgado. Piensen en la infanta Cristina: si prospera el recurso de la Fiscalía y finalmente no tiene que hacer el paseíllo en los juzgados de Palma, será porque se ha presionado “por ser quien es”. La justicia, de nuevo, no será igual para todos. Si declara como imputada y el juez Castro la deja libre sin cargos, seguirá estando la duda de si es una inocencia fabricada “por ser quien es”.

Tanto daño está haciendo la corrupción a este país, infiltrada en el corazón mismo de las más altas instituciones del Estado, que sólo unos barrotes responderán a una opinión pública con más sed de ejemplaridad que de justicia. Pero no son más límites a la información lo que necesitamos, sino límites a la podredumbre. El problema no es lo que contamos; el problema son los hechos.

Demasiada democracia

Magdalena Trillo | 31 de marzo de 2013 a las 12:16

Tiene 30 años y los últimos seis se los ha pasado enterrado en un cibercafé enganchado a los videojuegos. Sólo sale del búnker para comprar comida rápida y darse una ducha. Duerme sobre el teclado. Se llama Li Meng y vive en Changchun. Un periodista del diario Beijing Times que intentó entrevistarlo advierte que apenas pudo arrancarle unas palabras: explicaba que ganaba unos 2.000 yuanes al mes con los videojuegos -ganando bonos virtuales y revendiéndolos por dinero real a aficionados europeos y americanos- y que el alquiler del ordenador apenas le suponía unos 500. ¿Negocio y diversión? Desahuciado de la vida a petición propia. Hasta el año 2009, China luchaba contra la adicción a internet en centros especiales de rehabilitación y aplicaba el electrochoque como uno de los métodos de tratamiento de este “trastorno mental”.

Ciudadanos obedientes, sumisos y formateados que no hagan muchas preguntas. Que no cuestionen los marcos de referencia ni sacudan las estructuras de poder y de autoridad. Li Meng podría ser un prototipo extremo de esta sociedad de adoctrinamiento y control que Noam Chomsky esboza en una entrevista que circula estos días por las redes sociales. “¿El objetivo de la educación es la deseducación?”. El filósofo y activista norteamericano reflexiona sobre el sistema de enseñanza pero sus palabras cobran todo el sentido si pensamos en la política y en la vida: ¿El objetivo de la democracia es la des-democracia?

Li Meng sería el ciudadano perfecto para las Merkel del mundo si pagara religiosamente sus impuestos, se dejara rescatar y cada cuatro años fuera capaz de despegar la vista de la pantalla para ir a votar al régimen de turno. Máxima productividad, mínima conflictividad. Una sociedad de borregos a los que poder confiscar la mitad de sus ahorros para tapar los agujeros de los bancos, dar una lección de moralidad a los traficantes de euros y seguir engrasando un sistema cuya mayor virtud es haberse desprendido de todos sus complejos: de lo que se ha tratado siempre es de robar a los pobres para dárselo a los ricos. El ‘corralito’ de Chipre es el modelo. Y no pensando en los ‘paraísos’ de Luxemburgo o Malta (cuanto más nos aseguran que no son Chipre más se les parece) sino en los tradicionales vividores del Sur. Todos nosotros. Los que seguimos llenando los bares en Semana Santa.

El pensador de Filadelfia recuerda la inquietud en los gobiernos que ya se produjo en los 60 con el activismo de jóvenes demasiado libres y demasiado independientes. ¡Ni la escuela, ni la universidad ni la iglesia habían cumplido su papel! Entonces se publicó un estudio alertando de la “crisis de la democracia”: ¡Había demasiada democracia! Y el dilema sigue siendo el mismo: ¿queremos jóvenes que entrenen para pasar exámenes o que aprendan a depender de sí mismos?, ¿queremos individuos inconformistas que desafíen lo vigente y crucen fronteras o peones al servicio de las estructuras de poder?, ¿queremos ciudadanos creativos e independientes o personas que aumente el PIB? Porque, necesariamente, no significa lo mismo. Y no lo significa desde la Ilustración.

Apelamos a la crisis de la economía pero lo que está en crisis es la democracia, por exceso y por defecto. La democracia que seguimos tirando por la alcantarilla de los mercados y la democracia que invocamos para colocar títeres en los gobiernos que no desafíen el stablishment. ¡Demasiada democracia cuando es una excusa para exigir responsabilidades a los otros y eludir las propias! ¡Demasiada democracia si es un refugio para jugar a los cromos con los sillones de las alcaldías mientras nos damos golpes en el pecho con grandilocuentes anuncios de pactos que a nada comprometen! ¡Demasiada democracia si la utilizamos para levantar nuevos muros y seguir fabricando ciudadanos de primera, de segunda, de tercera…! Mil euros quiere Londres que depositemos al pisar el aeropuerto de Heathrow como fianza para asegurarse de que no nos aprovechamos de su sistema sanitario y su ‘paraíso’ de servicios sociales. ¡Demasiada democracia si es una forma de disfrazar la des-democracia!

Los papeles de Lanzas

Magdalena Trillo | 31 de marzo de 2013 a las 12:09

Que el caso de los ERE salpicara a Granada era cuestión de tiempo. Demasiados protagonistas, demasiados beneficiarios y demasiados intermediarios en una trama corrupta que ha tenido diez largos años para extender sus tentáculos por toda Andalucía. A la jueza Alaya, la magistrada que instruye el caso desde hace más de dos años, le han bastado unos días para ‘compensar’ el parón judicial y mediático en que se han traducido sus seis meses de baja por enfermedad.

Después de convencer al presidente del TSJA de que llegaba con fuerzas para seguir al frente de todas sus macrocausas -sin la participación de otros jueces de refuerzo que le hicieran sombra-, la magistrada ha devuelto a las portadas el escándalo de los ERE fraudulentos con una redada masiva que nada tiene que envidiar al más genuino cine de acción hollywoodiense. La Operación Heracles, alusión en griego al Hércules del escudo andaluz, se desplegó el miércoles en siete provincias de toda España (Sevilla, Madrid, Barcelona, Jaén, Granada, Cádiz y Las Palmas) con la participación de más de doscientos agentes de la Guardia Civil. Una veintena de detenidos, nueve citaciones de imputados y trece registros en la primera ‘carga’ de Alaya en su regreso como jueza estrella.

El foco del caso se traslada a los intermediarios y se produce un giro en la investigación: del “clientelismo” al “negocio”. Si en un primer momento se había detectado un “otorgamiento arbitrario de ayudas públicas”, la instructora señala ahora “un sistema perfectamente establecido” en el que la concesión de fondos se convierte en “el verdadero negocio”. Un negocio que aumenta a medida que se ‘consiguen’ más ERE -y más comisiones- y que va mucho más allá de aquellos fondos discrecionales que, según sostuvo la jueza en su día, se daban de forma “escandalosa” a personas que no tenían derecho a ellas creando una auténtica red de clientelismo en torno al PSOE y a la Junta.

El ex director general de Trabajo Francisco Javier Guerrero, que sigue diciendo que sus “únicos vicios” son un paquete de Marlboro, un gin-tonic de vez en cuando y algo de droga, vuelve a prisión e irrumpe en escena el que tal vez sea el personaje más siniestro de toda la trama: el ex sindicalista Juan Lanzas, el ‘conseguidor’ de los ERE, un peón turbio en la trama del que terminaron huyendo hasta los suyos. Me refiero a UGT. Hace tiempo que me hablaron de este ‘señor del sur’ y de cómo, tanto desde la Junta como desde los sindicatos, lo situaban en el centro de las operaciones. El “asunto”, la gestión del ERE en las empresas, siempre lo llevaba el tal Lanzas -precisamente es cuñado de Ismael Sierra quien fue arrestado el miércoles en Granada y ayer fue ordenado su ingreso en prisión- y “todo el mundo” estaba al tanto.

Es lo que sigue alarmando del caso: la sensación de impunidad. Un fondo de reptiles de 721 millones del que ya se ha constatado que se saquearon más de 50 con la más absoluta normalidad. La normalidad sistémica, conocida y consentida, del chorizo que mete la mano una y otra vez en el cajón sin que nunca pase nada. Hasta ahora…

Al día siguiente de la macro-redada, unos perros adiestrados localizaron 82.000 euros bajo una cama en el domicilio de los padres de Lanzas en Jaén y ayer mismo buscaban un zulo donde podría haber más dinero y documentos comprometedores. ¿Los ‘papeles’ de Lanzas que tal vez expliquen la tibieza con que el PSOE está llevando el caso de los ‘papeles de Bárcenas’?

Al PP le sigue perdiendo su causa general contra Chaves y Griñán, pero lo cierto es que no se sostiene que la cabeza de turco del mayor caso de corrupción en la historia democrática de Andalucía sea el ex consejero Fernández. ¿No imputa Alaya a l diputado Viera y al propio Griñán, entonces consejero de Economía, para no perder el caso en favor del Supremo por su condición de aforados?

Justo ahora se cumple un año de las elecciones autonómicas y por primera vez hay razones para vislumbrar una ruptura en el gobierno bipartito de PSOE e IU. Paradójicamente, no es la política de recortes lo que podría obligar a Valderas a poner fin a su alianza sino la corrupción. Después del vergonzoso fiasco en que acabó la comisión parlamentaria de los ERE, con los tres grandes partidos como corresponsables, parece poco probable que la formación de izquierdas pueda seguir mirando para otro lado si el proceso judicial toca de lleno a sus socios de gobierno. Pero es un futurible. La realidad es que todos los días tenemos pruebas más que suficientes de que por un lado va la ética y por otro el pragmatismo de la política.

En las trincheras de la igualdad

Magdalena Trillo | 16 de marzo de 2013 a las 14:34

Al actor Toni Cantó, diputado y portavoz de UPyD en la Comisión de Igualdad, su frívola actividad en Twitter le puede costar el puesto. Debería. Su partido cierra filas pero cada vez son más las voces que consideran inadmisible que un representante público ponga en cuestión décadas de lucha y unidad contra la violencia de género con informaciones manipuladas y erróneas: que “la mayoría de las denuncias son falsas”, “que los fiscales no las persiguen”, que Europa paga 3.200 euros por cada denuncia o que el 70% de los hombres que se suicidan están en proceso de separación.

Su primera respuesta tras incendiar las redes sociales y recibir un aplastante desmentido oficial fue rectificar matando al mensajero: a la fuente, la federación de afectados por las leyes de género, por darle mal los datos; y al canal porque es “muy difícil” expresarse en 140 caracteres. Su segunda reacción ha sido ponerse la careta de víctima: acude a un programa de televisión para lamentar que “el hombre está en desigualdad” y que “no tiene ni siquiera la presunción de inocencia”. “Alguna vez habrá que hablar de esto sin que a uno lo crucifiquen”.

Pero el problema de Toni Cantó, con una carrera política que está construyendo a golpe de excentricidades y salidas de tono, es que ha invalidado con su torpeza y arrogancia la posibilidad de abordar un problema que es real: que hay quienes se aprovechan de la presión mediática y la creciente concienciación ciudadana contra el machismo para sacar partido. Aunque el número sea ínfimo, existen casos de falsas víctimas de maltrato que ponen denuncias contra su agresor para beneficiarse de los privilegios asistenciales que se recogen en la Ley contra la Violencia de Género, para acelerar –y condicionar– un proceso de separación o de divorcio o, incluso, como moneda de cambio para conseguir ventajas en el conflicto matrimonial. Conocerán más de un caso.

Todas las leyes tienen disfunciones y siempre habrá alguien dispuesto a pervertirlas de forma egoísta y ruin. Desde el juego sucio en un conflicto de pareja hasta el fraude y el delito. A finales de año, la Guardia Civil desarticuló en Almería una red que presentaba denuncias por violencia de género para cobrar ayudas. Contactaba con marroquíes para simular ser pareja o agresor de la mujer y les pagaba entre 2.000 y 4.000 euros por interpretar su papel de maltratador. La red les prometía que, cuando la mujer lograra la residencia legal, retiraría la denuncia y la causa se archivaría. En un mes, las falsas víctimas conseguían los papeles y una ayuda de 400 euros.

Es un caso aberrante y excepcional, pero ahí está. Aunque ni políticamente ni mediáticamente ni socialmente podamos hablar del tema. Confieso que me gustaría poder discutir con cierta serenidad –sin que se nos acuse de desagradecidas– sobre los efectos perversos de la política de cuotas: ¿cuántas mujeres están ocupando puestos sin preparación ni capacidad? Tendríamos que preguntarnos por qué igualdad estamos luchando cuando la discriminación positiva de género hace que un hombre que maltrata a su pareja reciba más castigo penal que a la inversa. Deberíamos reflexionar por la escasa efectividad que está teniendo la Ley Zapatero. Porque la frialdad de las estadísticas, por mucho margen de error que contengan, son dramáticas.

La realidad es que, mientras unas mentirosas se aprovechan, hay adolescentes que viven aterrorizadas por sus novios, chicas que siguen callando cuando sus parejas las golpean y mujeres que acaban encontrando la muerte sin haber sido capaces de pedir ayuda. La realidad es que, mientras hay hombres –no sé si muchos o pocos– que sufren las injustas consecuencias de la discriminación positiva, convivimos con violadores y asesinos.

El diputado de UPyD, con sus datos falsos, su vacuo victimismo y sus arrebatos de salvador, ha perdido la oportunidad de abrir un debate serio en el Congreso y, más importante aún, en los medios y en la sociedad. He seguido en los últimos días las reacciones a sus palabras y no sé si aterrarme más con la crucifixión y el linchamiento de unos o la inquisición de otros; de quienes siempre están al acecho para atacar al “virus feminista”. No hay debate; hay revancha, odio, resentimiento. Si los comentarios que hay en las redes son reflejo de nuestra sociedad, sólo puedo concluir que estamos enfermos y que no estamos preparados para desmontar los tabús con que hemos construido esta ficción de igualdad. No desde las trincheras.