Ellos, los indefensos

Magdalena Trillo | 23 de junio de 2013 a las 10:28

Dicen Messi y Blesa que se sienten indefensos . El futbolista del Barça, el cuatro veces balón de oro, el mejor jugador del mundo, no está acostumbrado a ser criticado por la prensa y mucho menos por una conducta nada ejemplar como defraudar a Hacienda. El caso es que debe 4 millones al fisco por los ingresos extra que obtuvo en derechos de imagen entre 2007 y 2009 y, por muy menor que fuera, por muy poco que entendiera de números, tendrá que declarar como imputado ante el juez el próximo mes de septiembre. El ex presidente de Caja Madrid, el banquero acusado de ‘perder’ 500 millones con la ruinosa compra del City Bank de Florida y de conceder un temerario crédito a su entonces amigo Díaz Ferrán, evadió la cárcel en mayo en menos de 24 horas pagando 2,5 millones de fianza y ahora ha conseguido que la Audiencia Nacional revise su caso en un tiempo récord de dos semanas. ¿Quién decía que la justicia era lenta? Mientras Messi y su padre denuncian “indefensión mediática”, a Blesa lo persigue un juez con “inusuales facultades adivinatorias”.

Con la clarividente ayuda del ministro Montoro en el caso del DNI mutante, la semana ha saltado de la política de los errores a la política del poltergeist. El futbolista argentino, envuelto en las profundas “estructuras de optimización fiscal” tan conocidas entre deportistas y artistas para evadir impuestos. Blesa, víctima de un magistrado poco riguroso, con pésima reputación y obsesionado con “abrir una causa general contra los responsables de la crisis” que ha vulnerado su derecho de defensa. La infanta Cristina, con la venta ficticia de fincas rústicas y urbanas de las que nunca fue propietaria y que, por un “error administrativo”, habría puesto de acuerdo a notarios y registradores de media España para cometer el mismo fallo hasta trece veces. Un misterio que no aclaran ni las matemáticas, porque la probabilidad de que se produzca tal error, confundir el DNI de cualquier español con el de la mujer de Urdangarín (toda la familia real tiene asignados sólo dos dígitos y a ella le corresponde el número 14), es de 1 entre diez quintillones; 1 entre diez billones de trillones…

Llegados a este punto lo más sensato sería pensar que la Agencia Tributaria no funciona tan modélicamente como nos decían. Pero tanto ha insistido Montoro en que no veamos “fantasmas volando“, tanto ha tardado en comparecer para explicar que no hay explicación, que cuesta desprenderse de la lectura ‘conspiranoica’. Imagínense, por ejemplo, si se tratara de una rebelión del número 13 por ser ninguneado cuando le ‘tocó’ a la hija del Rey y fue rechazado por superstición…

Sigamos la estela adivinatoria y preguntémonos si en el agujero de indefensión de Messi, Blesa y la Infanta no está la misma mano negra que manipuló los papeles apócrifos de Bárcenas y que firmó en marzo las actas fantasma del Parlamento andaluz con la subida de dietas. No sé si a Miguel Blesa lo persiguen los jueces -hay quien dice tener informes psiquiátricos del juez que demostrarían que no está en condiciones de ejercer su trabajo con imparcialidad-, pero sí los números.

Bastaría con recordar aquella otra pseudoexplicación del PP al conocerse que el ex inquilino de Soto del Real había cobrado cerca de 600.000 euros del partido cuando estaba al frente de CajaMadrid: en el apunte contable 410069 (los dos primeros dígitos coinciden a la inversa con el fatídico número del error de la Infanta) se anotó inicialmente un importe de 9.000 euros que pagaron en 1994 a Blesa por un trabajo de asesoría y, posteriormente, por un “error administrativo”, se asignaron saldos de “distintos acreedores de todas las sedes del PP”. ¡Un caso para Melinda Gordon!

Si como dice Montoro no hay fantasmas, parece urgente encargar una sesuda investigación sobre numerología antes de que desaparezcan los cientos de observatorios, consejos, consorcios e institutos que tenemos repartidos por toda la geografía española. La primera incógnita es descubrir por qué las equivocaciones siempre benefician a los mismos; por qué nunca hay errores que nos libren a las menguantes clases medias de pagar nuestros impuestos -o pagar menos-. ¿Hay algún rico que cumpla con Hacienda sin trampear? ¡Ellos, los indefensos !

La segunda incógnita, que nada tiene que ver con la más críptica de las ‘ciencias’ metafísicas, requeriría una sesión de psicoanálisis y una máquina de la verdad. ¿Tan difícil es que en este país alguien hable claro? ¿Tanto cuesta asumir la responsabilidad sin necesidad de culebrones ni guiones de cine negro? Termino con una propuesta ilusamente constructiva: ¿por qué no empiezan todos, incluido Messi, devolviendo lo que no es suyo?

Rotavator II

Magdalena Trillo | 22 de junio de 2013 a las 12:24

Nada de retiradas y mucho menos de jubilación. Al menos a iniciativa propia. Mientras sienta el “cariño” de los granadinos, el cuerpo aguante, pueda “ser útil” y su partido no se interponga, José Torres Hurtado está dispuesto a seguir al frente del Ayuntamiento de la capital. Con un juego de números fija su horizonte activo en la política: de 2013 a 2031. No sé si habrá hecho las cuentas… ¡18 años más! ¡Ocho mandatos! ¡32 años en el gobierno local! Hace ahora justo una década que el PP lo convenció para que dejara la Delegación del Gobierno en Andalucía y disputara a los socialistas la Alcaldía de Granada. La compensación, en caso de fracaso, serían las listas europeas. Entonces no fue necesario recurrir a Bruselas –puso fin al ‘tripartito’ ganando por mayoría– y hoy es una opción que rechaza tajante.

Sebastián Pérez tendrá que esperar. Y Juan García Montero, también. Y cualquier otro, a la derecha y a la izquierda, que haya echado el ojo a la Plaza del Carmen. Es la primera lectura que se puede extraer de la entrevista que este periódico publica hoy en el ecuador de su tercer mandato. No ha llegado su hora. Torres Hurtado es consciente de que llegará “algún día” en que “alguien” tenga que relevarle, pero no todavía. A su presidente provincial, al “chiquillo” que él mismo metió en las listas del PP cuando era el presidente del comité electoral, tiende la mano: son un “tándem ideal” para Granada, uno en la capital y otro en la provincia. ¡Si a Sebastián Pérez lo he criado yo en mis pechos!”

El problema es que los números empiezan a no salir. A dos años de las municipales, son muchos en el partido los que empiezan a preocuparse porque la Diputación se les escapa. No tanto por la improbable remontada del PSOE como por el imparable ascenso de esa IU que, como decía hace poco uno de sus dirigentes, ya le habla “de tú a tú” a los socialistas. El bipartito de la Junta no sólo no ha estallado en mil pedazos con los primeros conflictos –del fraude los EREs al reciente escándalo de la subida de dietas del Parlamento pasando por la difícil política de recortes– sino que se ha reforzado y se ha convertido en un modelo de oposición a las políticas de Rajoy reivindicable y ‘exportable’. Más aún cuando al PSOE, intentando recuperar protagonismo a nivel nacional, no se le ocurre otra cosa que buscar el refugio del PP marcando distancias con las fuerzas minoritarias justo cuando más rechazo hay al bipartidismo y más real parece aquello de que ‘son lo mismo’. Del pacto que hundió a Zapatero para modificar la Constitución introduciendo el techo de déficit a un descafeinado pacto económico para la cumbre europea de finales de junio que no recoge más que obviedades.

En el PP, aunque Rajoy certifique que el “pesimismo está en retirada”, la impopular –e inefectiva– subida de impuestos de Montoro, la guerra ideológica de Wert con la educación, el hachazo de la ministra ‘subvencionada’ por la Gürtel a la Sanidad y la salida del armario del ‘moderado’ Gallardón pasará factura como ya lo está haciendo la sombra de la sospecha de la financiación ilegal del partido, que se agranda a la misma velocidad que crece la fortuna de Bárcenas en Suiza. ¿Esos millones que se multiplican como las setas son sólo suyos? Torres Hurtado insiste en la teoría de los golfos pero es más que consciente del daño que la corrupción está haciendo –no sólo a los partidos sino a la misma democracia– y de que son los alcaldes los que están en primera línea para aguantar los golpes, los propios y los ajenos. Tal vez lleve razón cuando dice que “no merece la pena estar con el corazón sobresaltado por dinero”, pero la realidad que nos muestran los juzgados es que cada vez son menos los que así lo creen y los que no están en política para ganar dinero. Corrompe el poder y corrompe la avaricia; la vieja avaricia de quienes se obsesionaban con guardar y la nueva avaricia de quienes amasan fortunas para exhibir.

En ninguno de estos planos situaría yo al alcalde de Granada. A Torres Hurtado se le podrán hacer muchos reproches, y seguro que habrá cometido infinidad de errores, pero creo que no se le podrá atacar por haber metido la mano, por no pelear por su ciudad –aun si es en contra de su propio partido– ni por no hablar claro. Hace una semana levantó alguna ampolla cuando se inauguró la nueva sede del PP en el Zaidín y tomó la palabra: ojo, que lo que está en juego es la Diputación. Y, ojo, que quien avisa a navegantes de que no va a dar un paso atrás, quien refuerza la cohesión en su equipo a costa del ‘bando de Sebas’, quien se hace valer en el partido a nivel nacional mientras Torrente y Robles ya maniobran para ocupar el sillón de la presidencia provincial, es Rotavator II.

Marea roja por la cultura

Magdalena Trillo | 9 de junio de 2013 a las 9:09

La cultura no está en crisis; la cultura vive en una crisis continua. Económica pero también de identidad, de autoestima y hasta de ambición. Crisis propia y ajena. Crisis y contradicción. ¿Pero es la crisis, en sí misma, una condición necesaria para su desarrollo? Así lo opina Umberto Eco cuando, al mismo tiempo sentencia que “la cultura es crisis”, reconoce que nunca la cultura ha sido más libre que hoy, lamenta los escritores que a lo largo de la historia han trabajado “al servicio de su señor” (¿se imaginan que hoy tuviera que encabezar todos mis libros con un elogio a Berlusconi?, se pregunta entre risas en una reciente entrevista) y alerta sobre uno de los grandes debates de nuestros días: la mercantilización del producto cultural y el riesgo de privatización del patrimonio.

Palabras gruesas para una realidad tan vieja como nueva. De la firma de zapatos que restauró el imponente Coliseo romano a la encendida polémica que se ha desatado en Cataluña por ‘vestir’ a Colón con la nueva camiseta del Barça. De la brecha de la globalización al sorpresivo ataque europeo a la excepción cultural. De la política rehén de la subvención al zarpazo del IVA.

Palo y zanahoria. Tal vez sean la dinámica que mejor defina a esa ‘maría’ de los gobiernos que avanza y retrocede con la misma intensidad que el viento de Poniente mueve las banderas de las ideologías. En Europa, la identidad cultural ha dejado de ser importante. Cineastas de todo el continente se están movilizando para que la Comisión Europea excluya los sectores de la cultura y el audiovisual en el Tratado de Libre Comercio que se está revisando con Estados Unidos. La campaña La excepción cultural no es negociable nos retrotrae (en este tema también) a un debate de hace veinte años: si la cultura es un bien de consumo más, si hay que protegerlo y mantenerlo al margen del libre comercio. Hoy, la diversidad cultural es una realidad en toda Europa y un vector para el crecimiento y la creación de empleo como reflejan todas las estadísticas del sector. Es, justamente, lo que pensaba el propio Durao Barroso en 2005 cuando dijo aquello de que, “en una escala de valores, la cultura va antes que la economía”.

Eso fue antes de que la crisis lo trastocara todo. Antes de que toda Europa se plegara a los designios de la oferta y la demanda. Alegan que el proteccionismo perpetúa la pobreza, que la excepción cultural es una nueva imposición de fronteras y se muestran convencidos de que sólo en libertad puede florecer la verdadera cultura. No cuentan, sin embargo, que son ellos los que tienen la libertad de creación, producción y distribución que da el dinero y el poder, los que han comprado los hilos en que se deslizan los mercados y los que terminan fabricando nuestro espejismo de diversidad cultural reinventando un colonialismo tan invisible como peligroso.

Hace unas semanas, en el Festival de Cannes, la batalla parecía orientada a ampliar el Tratado para incluir las nuevas plataformas de internet. Quince ministros europeos, incluidos la francesa y el alemán, firmaron una resolución en este sentido. El 23 de mayo, el Parlamento Europeo también votó a favor contradiciendo la postura de la Comisión. La decisión final se adoptará el próximo 14 de junio en el Consejo Europeo y, de momento, lo único claro es que regresamos al punto inicial incapaces de fijar una postura común fuerte frente a unos Estados Unidos más preocupados por China, India o Japón que por el viejo continente. Viejo, dividido y en decadencia.

En España, aunque son numerosos los cineastas que se han unido al manifiesto, la excepción cultural es una gota más que se ha sumado al océano silencioso de nuestras múltiples crisis y que suscita tan poco ruido como preocupación. Salvo en Cataluña. Allí la marea amarilla contra los recortes en Educación y la blanca de la Sanidad tiene su continuación en rojo. La marea de lucha por la cultura nació hace unos meses en Barcelona contra la subida del IVA y se ha ido extendiendo por toda la comunidad. Pancartas en los teatros, asambleas ciudadanas y manifestaciones en las calles.

¿Vivimos, de verdad, en otro país? Sólo puede entenderse la aparente apatía con que la estamos dejando morir pensando en lo mucho que pesa la ‘tradición’ de creer que no es importante, que puede esperar… ¿Prioridades? La cultura no puede seguir siendo la apuesta megalómana de lucimiento de los años de vacas gordas y la gran damnificada de los recortes. La cultura es en sí misma una forma de escapar de la crisis. De la ajena y de la propia. Tal vez seamos nosotros mismos, y no la cultura, los que estamos en crisis. Los que somos crisis.

Una de errores

Magdalena Trillo | 9 de junio de 2013 a las 9:02

Te encuentras dos mil euros más en tu cuenta corriente y ni preguntas. En marzo fue una decisión unánime de PP, PSOE e IU para que el presidente del Parlamento andaluz y un pequeño grupo de ‘privilegiados’ pudieran subirse el sueldo; hoy es un “error” que los medios estamos amplificando para vender periódicos… Sí, ganar 3.000 euros al mes y “actualizarse” el salario con una dieta para alojamiento y manutención de 500 euros a la semana es una “decisión desacertada o equivocada” como dice el diccionario, es “inoportuna” como ha esgrimido alguno de los ‘afectados’ y es, como imagino que opinamos todos los ‘mortales’, un auténtico despropósito. ¿Quién dijo aquello de que la política no da para vivir?

Puede que hoy sea un “error” pero hace tres meses fue un acuerdo meditado y consciente de quienes nos dan lecciones a diario y se revuelven cuando les llamamos “casta”. Si no se planeó con nocturnidad y alevosía que alguien explique cómo es posible que Griñán y Valderas lo hayan sabido por la prensa… El viernes me contestaron en una tertulia que criticar que PP, PSOE e IU sólo se han puesto de acuerdo en Andalucía (con celeridad y por unanimidad) para sustituir al Defensor del Pueblo y ganar más pasta es “simplista”. Bien, seré simplista. Y realista: ¿alguien cree que esta decisión se hubiera revocado si no se hubiera conocido y denunciado? ¿Hablaríamos de rectificación sin presión social? ¿Hay algún andaluz, algún español, al que le hayan subido el sueldo en los últimos cinco años de crisis?

Puede que sea un tema puntual y aislado, pero no es asunto menor si pensamos en la desconfianza, descrédito e inquietud que genera. Por sí mismo y por acumulación. El mismo día que en Andalucía se publicaba la subida de sueldos en Valencia saltaba la polémica por un curso de ‘personal coach’ que la Generaltat iba a pagar para que Alberto Fabra mejore su imagen pública y su liderazgo. 20.000 euros cuestan las sesiones de desarrollo personal. Ese mismo día, también por presión social, el propio president ordenó rescindir el contrato “atendiendo a los principios de austeridad” del Ejecutivo. Fabra vio la luz a golpe de titular: si quiere mejorar su formación, que la pague de su bolsillo; si quiere corregir su posición en los barómetros, que lo pague su partido. O la trama Gürtel

En mejor situación estaría hoy la ministra Ana Mato si hace quince años los medios, los ciudadanos, los inspectores de Hacienda, hubiéramos estado más alerta. Hubiera podido devolver el Jaguar que nunca supo que dormía en su garaje, los 3.635 francos de la escapada a Disneyland o los 1.996 euros de los globos de la fiesta del cumpleaños de su hija… Su respuesta ante el último informe de la Agencia Tributaria no hace más que confirmar lo que todos imaginamos: es una cuestión de ADN o es verdad que viven en otra dimensión. Rajoy sigue protegiéndola pero aterra la sinceridad con que dibuja el ‘descontrol’ con que llevaba (¿lleva?) las cuentas domésticas ¿Ese mismo rigor aplica al Ministerio de Sanidad? Aun siendo inocente, está contaminada por la sospecha de la duda, deslegitimada para mantenerse en el Ejecutivo. Es el precio del ‘efecto contagio’. Demasiado lento en los tribunales pero inmediato en la opinión pública.

En Granada, dice convencido Juan Mar que no es nada escandaloso que se gastara 47.246 euros en taxis siendo alcalde de Castril, que está “justificado” por los “logros” conseguidos. Explica las llamadas eróticas como un lamentable “error” (uno más) y achaca las acusaciones de irregularidades que se apuntan en la auditoría que ha encargado el nuevo equipo de gobierno a una persecución política… Medios y ciudadanos estaremos ‘tocados’ por la crisis pero no hundidos. Pocas veces los desmanes, las estafas y los despropósitos de unos y otros han estado más fiscalizados.

Lo que da tristeza es la hipocresía con que lo envolvemos todo. Los cuentos que nos inventamos para justificar lo injustificable. Lo pensaba esta semana cuando me refugiaba del negro edulcorado de la actualidad en la poesía subversiva, gamberra, insolente y políticamente incorrecta de Vladimir Maiakovski: “No plantéis ningún árbol. Más bien quemad un bosque. / No tengáis ningún hijo. Más bien pagadle un buen aborto a vuestra novia embarazada. / No escribáis ningún libro. Más bien matad a puñetazos a un poeta”.

Me acerco al poeta futurista ruso a través del oasis de irreverencia que nos propone Juan Bonilla en Prohibido entrar sin pantalones. La vida como tempestad, la vida como un incendiario trampolín a la imaginación. Un delicioso tratamiento terapéutico ante tanto error, tanta desfachatez y tanta tomadura de pelo…

Salvadores

Magdalena Trillo | 26 de mayo de 2013 a las 11:06

Todos nos quieren salvar. Unos del diablo y otros de nosotros mismos. Ni 48 horas después de que el ex presidente José María Aznar provocara un nuevo tsunami en el PP arremetiendo contra el “rumbo” de su sucesor -el mismo Rajoy que formó parte de su gobierno, que puso a dedo cuando se fue y a quien nunca ha perdonado que perdiera las elecciones (él, no su partido)-, el ex juez Baltasar Garzón sorprendía desde el otro lado del Atlántico sumándose al momento ‘revelación’ y túnel del tiempo que hemos vivido esta semana.

Aznar amaga (¿amenaza?) con volver a la política empujado por el mismo ataque de “responsabilidad” que aduce el controvertido magistrado. En una entrevista en una televisión afín, justo cuando su familia se sitúa en el epicentro del caso Gürtel al desvelarse que el cabecilla de la trama pagó en 2002 parte de la boda de su hija, el ex jefe del Ejecutivo deja la puerta abierta a su regreso: “Cumpliré con mi conciencia, con mi partido y con mi país”. Con la misma diligencia, presumimos, que con el bufete de abogados que lo acaba de fichar. Lo publicaba Expansión: será consejero mundial de la firma DLP Piper, el bufete que recibió 1,6 millones en 2003 para difundir su imagen y lograr las firmas precisas para que le concedieran la medalla de oro del Congreso de EE UU.

De la política a la asesoría al más alto nivel. Siempre tan coincidente y cercano a esa Esperanza Aguirre que también dejó la primera línea de la política (no la política) para fichar por una empresa de ‘cazatalentos’. Con unos días de intervalo, el mensaje es el mismo: bajar impuestos, recuperar el pulso rescatando el verdadero programa del PP y cumplir las promesas con que ganaron las elecciones. Tal vez de eso se trate: de estar y de no estar. De influir y manejar los hilos. Unas veces a la sombra, otras como calculados protagonistas y siempre con un maquiavélico trasfondo. El poder de los lobbys; el verdadero poder.

Muchos querrán pensar, como interpretaba Gallardón, que no es tanto “volver a la política activa” como “estar en activo en la política”. Difícil juego de palabras, débil excusa, para quienes “se retuercen como el tronco del olivo para sujetarse al puesto”, para los que “nunca quieren irse o quieren volver porque se sienten investidos por la mano de Dios para solucionar las cosas”. Son palabras de Garzón. También en una entrevista, en este caso en su periódico afín, el ex magistrado subrayaba su compromiso con la política y, en cuestión de horas, Llamazares anunciaba que no descarta que encabece la candidatura de IU a las europeas.

Decía Garzón que “es el momento de participar en política” porque el panorama político actual es “bochornoso”, negaba que en su día abandonara el proyecto del PSOE porque Zapatero no lo nombró ministro y se apresuró a aclarar que no irá en ninguna lista: “Los partidos necesitan cambiar sus estructuras. Hay que reactivar la democracia con más participación ciudadana”.

Lo mismo que proclama José Chamizo cuando, ya en el club de los ‘ex’, reconoce que está meditando entrar en política y seguir su lucha “en las barricadas”. De no ser por las dos décadas de impecable y comprometido trabajo como Defensor del Pueblo que unánimemente se le reconoce, tendríamos que lamentar que se vaya contagiado por el apego al poder que tanto ha criticado y se haya metido en las mismas “peleítas” que tan certeramente denunció hace un año con aquello de… “estamos hasta el gorro de los políticos”. Ni el tono descalificatorio era necesario, ni es razonable su papel de víctima tras 17 años en el cargo ni se entendería su regreso -él también- como salvador.

Momento regresos y momento mesías. Ante los excesos de soberbia y narcisismo parece fácil prevenirse pero, cuando entran en juego los dominios del Maligno, la situación se complica. No sé si alarma más que el Arzobispado de Madrid esté buscando exorcistas para combatir el diablo o conocer el motivo: que hay una avalancha de peticiones para “liberarse de posesiones demoniacas”. Dicen quienes entienden de estos rituales -perfectamente regulados por el Vaticano- que están en pleno auge y advierten que, cuando la gente pierde la fe, se busca algo más: “No aceptamos nuestras limitaciones y acudimos a fuerzas superiores, como Dios o Satán, para que nos resuelvan los problemas”.

Peligroso camino para combatir las miserias y frustraciones con que tenemos que convivir a diario; tentador camino para enfrentarnos a ese horizonte quebrado de desesperanza y a esa terrible incertidumbre y desorientación en la que nos han sumido tantos iluminados que nos quieren salvar… ¡No nos salven tanto!

Los culpables de la crisis

Magdalena Trillo | 19 de mayo de 2013 a las 10:49

Hace un par de meses que un buen amigo presentó su carta de renuncia como consejero de un banco. Se fue asqueado por las noticias de sueldos millonarios, blindajes indecentes, corruptelas y sinvergonzonería con que se levantaba cada mañana. Se fue por principios. En su entidad no había saltado ningún escándalo pero no quería ser cómplice, ni siquiera por omisión, de un sistema enfermo que empezaba a despertar de la resaca del delirio. Se fue sin hacer ruido. Bastó un párrafo de palabras asépticas y políticamente correctas, los recurrentes “motivos personales”, para esconder la impotencia que sentía viendo las toneladas de basura que estaba dejando la insensatez de unos, las ínfulas megalómanas de otros y la inconsciencia de la mayoría.

El día que me lo contó hablamos con nostalgia del modelo de las cajas, de lo importante que habían sido para los territorios, y lamentamos los muchos errores que habían cometido cuando enterraron sus raíces y se pusieron a competir con los bancos con el único fin de ganar dinero y crecer. En unos términos similares se pronunciaba hace una semana el presidente de CajaGranada criticando las “barbaridades” de las preferentes y la financiación inmobiliaria y reconociendo las locuras y riesgos que se asumieron “por encima de cualquier cálculo racional y sensato”.

Pero dejaba una puerta abierta: siguen siendo útiles. “Las cajas de ahorros”, reflexionaba Antonio Jara en la entrevista que publicábamos en este diario, “han hecho cosas mal y algunas muy mal, pero eso no quiere decir que una mala actuación médica obligue a suprimir el estamento médico. Se han olvidado de cuáles eran sus objetivos fundamentales, pero eso no autoriza a decir que el modelo de las cajas y los tres pilares sobre los que se asientan [la lucha contra la exclusión financiera, la vinculación al territorio y la obra social] no sean objetivos dignos”.

Los objetivos de las cajas seguirían siendo “dignos” si de verdad se cumplieran y, si realmente perviviera el modelo (mientras que Alemania sí se ha comprometido con sus entidades, en España ha sido el propio Gobierno quien las ha dinamitado), hasta podríamos defender su “utilidad”. Pero con matices: habría mucho que cambiar, mucho que despolitizar y profesionalizar, y no se puede pasar página sin exigir responsabilidades.

Hay un ‘caso Blesa’, el que ha abierto esta semana el juez Silva Pacheco contra el expresidente de Caja Madrid por comprar un banco de Miami por el doble de su valor, y hay una ‘era Blesa’ con la que aún tenemos un capítulo pendiente. ¿Dónde estaba el Banco de España, la CNMV y los filtros de la Comunidad de Madrid cuando el amigo de Aznar, el inspector de Hacienda que escaló a lo más alto de la Torre Kio sin experiencia bancaria, el tipo que colocó 3.000 millones en preferentes, cavó el agujero de Bankia? 19.000 millones de rescate nos han costado sus ‘aventuras’…

Dice el juez, granadino por cierto, con fama de polémico, contundente y singular, que la conducta de Blesa fue “aberrante” y que provocó el “tsunami perfecto” en la entidad… Si es Blesa, que lo pague. Pero es Blesa y son muchos más. ¿Cuándo vamos a pedir explicaciones a las personas que partidos y sindicatos, auténticas ‘maquinarias de colocación’, premiaron un día sentándolos como floreros en los consejos de administración de entidades de todo el país?

En estos momentos hay en España cerca de noventa ex directivos de bancos y cajas imputados y por primera vez empezamos a ver que se ‘hace justicia’ llevando a los culpables al banquillo de los acusados y a la cárcel. Es verdad que en menos de 24 horas la familia de Miguel Blesa ha conseguido los 2,5 millones que impuso el juez de fianza pero su caso es ya un ‘aviso a navegantes‘. No hablo de la sentencia, que confío en que sea objetiva y ajustada a Derecho, me refiero al papel que la Justicia española está asumiendo para depurar responsabilidades cuando la política ha querido mirar para otro lado.

No se trata de abrir una causa general contra la banca, pero sí de acabar con la impunidad de quienes han tenido una responsabilidad directa en la quiebra financiera por una mala gestión que en demasiadas ocasiones ha sido delictiva. Hace dos años que en Islandia decidieron ajustar cuentas con los culpables de la crisis, incluidos los ministros que contribuyeron a la ruina al país, y aquí parecía que nos habíamos ‘conformado’ con un cambio en La Moncloa. No buscamos linchamiento pero sí justicia. Sin indultos y sin excepciones.

Dos más dos son cinco

Magdalena Trillo | 19 de mayo de 2013 a las 10:44

Tendríamos que volver a Orwell para intentar comprender el punto de hipocresía, demagogia e irreconciliable colisión que se ha instalado en la vida política española: “El lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato una acción respetable y para dar al viento apariencia de solidez“. Hemos cerrado la semana torpedeando otro puente más con Cataluña, agrandando la brecha entre Gobierno y oposición y haciendo saltar las frágiles costuras del consenso interno. A la derecha y a la izquierda.

En su mundo paralelo, nos prometen soluciones y progreso cuando lo que manejan son recortes e involución, proponen diálogo sin que haya disposición alguna a mover las posiciones de partida y, al mismo tiempo que invitan con entusiasmo a que “vayamos al acuerdo” y nos sumemos a su realidad, nos abaten en la perplejidad con sus inestables radiografías sobre el presente y futuro de este país. Sin modificar un ápice la hoja de ruta (todos tienen su inamovible hoja de ruta), en menos de una semana hemos arreglado España.

Despedimos abril entre tinieblas con un fúnebre panorama de estancamiento económico -algunos expertos pronostican ya el salto de la Gran Recesión a la Depresión- y estrenamos mayo con el descubrimiento de que todo “empieza a funcionar”. ¿En cuatro días le hemos dado la “vuelta a la economía”? La clave ha de estar en el Retablo de las Maravillas cervantino: no todos vemos lo mismo; no todos estamos preparados para ver. Porque al otro lado de la improvisada función, el lado de los desdichados que nos dejamos distraer, lo que intuimos es que el problema soberanista es un problema tan inaplazable como la crisis, que para el pacto político ni hay voluntad real ni margen posible y que sólo la rebelión interna de los suyos (la reforma local se sigue aplazando y la del aborto ya ha provocado un buen incendio) disuade al Ejecutivo de aplicar el rodillo para continuar su “rumbo”.

Yo siempre he pensado que un pacto exigía renuncias, autocrítica y generosidad. Nada de ello veo en la propuesta del pacto por el empleo con que Rubalcaba está intentando resituarse como líder de la oposición ni en la respuesta de un Rajoy cuyo único cometido es cumplir las cifras y directrices que impone Europa; nada de ello veo en el choque de trenes institucional entre Cataluña y España que se va enquistando con los sucesivos pronunciamientos del Constitucional (¡qué equivocación fue la sentencia de 2010 del Estatut!) y nada de ello se ve en un ambicioso Wert que quiere solucionar los muchos problemas de la enseñanza con recetas impuestas, de espaldas a todos y con una carga ideológica que se suma a la irresponsabilidad compartida de socialistas y populares dando bandazos con reformas y contrarreformas.

Vivimos en un país de sordos donde vamos a terminar creyendo que “dos más dos son cinco”. “La libertad”, nos recuerda Orwell en 1984, es “poder decir libremente que dos y dos son cuatro”. Pero ya se lo advertía O’Brien a un cuadriculado Smith cuando, en la dictadura del Gran Hermano, en su Ministerio de la Verdad, se esforzaba en su cometido de reescribir la historia sin poder imaginar que dos más dos son cuatro: “Algunas veces sí”, le replicaba O’Brien, “pero otras veces son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez”.

No estamos en el Londres de la distopía orwelliana pero sigue sin importar la realidad, solo la percepción; el lenguaje y el “doblepensar”. No sé si calificar de paradójico o de premonitorio que justo esta semana hayamos ‘celebrado’ el Día de Europa. Extrañas coincidencias… El título original que el escritor y periodista británico puso a 1984 fue precisamente El último hombre de Europa. Entonces lo cambió a sugerencia de su editor por motivos comerciales; hoy tal vez hubiera sido sinónimo de best-seller. El Día de Europa evoca los primeros pasos que dieron en 1950 Francia y la entonces República Federal Alemana en torno al acero y el carbón poniendo los cimientos de la Comisión Europea; hoy el eje franco-alemán se tambalea y el proyecto europeo está más cuestionado que nunca.

Puede que sea una obligación de los políticos conseguir que “las mentiras parezcan verdades” y hacer que “el viento tenga apariencia de solidez” pero yo, en mi particular habitación 101, sigo pensando con Marx que “todo lo sólido se desvanece en el aire” y no puedo evitar ver cómo lo real “se evapora como el sudor en una noche de verano”. La conocida metáfora de la vida líquida con que Bauman se adentra en la cultura contemporánea sería perfecta para entender este país de sordos, esta Europa de sordos, donde dos y dos son cinco y lo real se escapa entre los dedos.

El tener, el parecer y el deber

Magdalena Trillo | 6 de mayo de 2013 a las 11:22

Confesiones de chica: el efecto pintalabios funciona. Hay días en que la única manera de remontar es recurriendo al rojo bermellón, los tacones y el escote. Pensarán que en tiempos de crisis no hay espacio para la coquetería y mucho menos para los caprichos. Renunciaríamos, sin embargo, a las dos dimensiones más importantes del lipstick effect: la psicológica y la económica. Un tratamiento de choque contra la crisis relativamente barato.

“Un antídoto para cuando todo se pone feo”, escribía la compañera Carmen Grasa en un magnífico reportaje de La Vanguardia. La apariencia se convierte en nuestra tarjeta de visita y la imagen se afianza como valor social, como un instrumento de promoción. No sólo es un mecanismo de defensa y respuesta a las agresiones del entorno, también aporta credibilidad, levanta la autoestima y contribuye a que todo funcione en esta endiablada sociedad de consumo frenéticamente preparada para todos los bolsillos.

Desconocía los datos que sustentan aquellos viejos anuncios de “se requiere buena presencia” pero, como se podrán imaginar, no hay ni un solo recoveco de la economía que quede inmune a la mirada diseccionadora de los analistas. Con la excepción de las telenovelas, donde los ricos también lloran, y del contagio de la corrupción al papel couché al estilo Pantoja, hace décadas que la televisión y el cine se encargaron de enseñarnos que los guapos viven mejor.

Ahora nos lo dicen desde la Universidad. No sé con qué metodología son capaces de llegar a estas conclusiones pero reconozco que me dejan perpleja: unos investigadores de Texas y Michigan revelan que quienes responden a los cánones de belleza se emparejan con personas de mayor estatus social (el braguetazo que diríamos por aquí), lo tienen más fácil para conseguir un crédito y ganan un 15% más que el resto. Hasta hay un estudio que concluye que los guapos australianos ganan 23.000 euros más que los feos…

Aunque es verdad que la crisis ha trastocado nuestros hábitos de consumo (el 81% de la población ha modificado su forma de vivir según el último informe de Nielsen), no todos los sectores lo sufren igual: vamos menos al cine y al teatro, suprimimos las vacaciones, aguantamos sin cambiar los neumáticos, llenamos el carrito de marcas blancas… pero no olvidamos ni la cita en la peluquería, ni la depilación, ni la crema facial de caviar y el anticelulítico efecto frío del Mercadona. Mientras toca fondo el sector inmobiliario, se hunde el de automóviles, retrocede el ocio y se estanca la telefonía, el mercado de la perfumería y la cosmética sigue creciendo (7.000 millones de consumo en España en 2012).

Yoga, pilates, meditación, clínicas estéticas… En todas las grandes crisis han aumentado las ventas del pintalabios rojos y la de ahora no es una excepción; aunque tengamos que bajar un escalón y hablar del factor pintauñas (las ventas han subido un 10%). Tanto es así que incluso en Grecia, con marcas milenarias vinculadas a su historia y su cultura, es una de las pocas industrias que está tirando de la economía.

Después de cinco años de crisis, es evidente que habrá quien pueda evadirse con Estée Lauder y quien acabe en el Todo a 1 euro pero el efecto, el trasfondo de ese consumismo que nos iguala, es el mismo: un refugio, rojo radical, capaz de iluminar los grises y negros del día. Pensándolo bien, es un comportamiento hasta patriótico: todos, por encima o por debajo de nuestras posibilidades, terminamos contribuyendo a engrasar el sistema para que el euro no deje de circular. Y lo hacemos sin engaños; siendo conscientes de la trampa. Si con el espejismo del progreso decidimos renunciar al ser para instalarnos en el tener, ahora, explotadas todas las burbujas de la falsa prosperidad, sólo nos queda conformamos con el parecer.

El problema llega cuando ni somos, ni tenemos ni parecemos… Creo que es lo que le pasa al Gobierno, que en año y medio ha enterrado todo su crédito. Evocando el milagro del 96, enarboló la bandera de las reformas y los recortes para hacernos creer que sabía lo que hacía. Con más de 6 millones de parados y un horizonte de recuperación que ya va por 2019, esta semana se ha quedado sin careta y sin discurso.

El relato del cambio por el cambio se desplomaba el día que Rajoy pedía “paciencia”: ni nosotros sabemos para qué ni el Gobierno parece saberlo. Al líder del PP sólo le queda seguir escondiéndose en el deber o asumir los consejos envenenados de Aguirre clamando que sea “radical” y cumpla su programa. Radicalidad: la nueva palabra de moda, ¿la alternativa?, el lipstick effect de la política. Tal vez sea su única salida.

Risas de cocodrilo

Magdalena Trillo | 28 de abril de 2013 a las 10:54

De entre todos los animales, el hombre es el único capaz de reír. De reír y de hacer reír. Pienso en Aristóteles y en su libro perdido, en el segundo tomo de su Poética, en el manuscrito envenenado que sustenta algunos de los pasajes más incisivos y sacrílegos de El nombre de la rosa. Recordarán los encendidos diálogos de Guillermo de Baskerville y su discípulo Adso de Melk; recordarán la pugna del fraile y Jorge de Burgos, ese monje austero que defiende con vehemencia una temerosa visión del mundo en torno a Dios, al castigo y la represión. La lucha entre lo antiguo y lo moderno, entre el pasado y el futuro, entre el tenebroso hombre medieval y el humanista que cree en el amor por encima del odio, en la risa por encima del miedo.

Acabamos de viajar a la Edad Media con Umberto Eco, a la misteriosa abadía del norte de Italia donde la risa es corrupción, debilidad y pecado. Es el vicio de la plebe. Pero la risa, con Aristóteles, con fray Guillermo, es también la liberación del miedo, la distracción del campesino, un nuevo arte que emancipa y hasta purifica: “La risa libera al aldeano del miedo del diablo, porque en la fiesta de los tontos también el diablo aparece pobre y tonto, y por tanto, controlable. Cuando ríe, mientras el vino gorgotea en su garganta, el aldeano se siente amo, porque ha invertido las relaciones de dominación”.

Desde el oscuro Medievo, la Iglesia se ha encargado de adoctrinarnos en el temor y del miedo; a huir del humor, de la comedia, de la sátira, de la risa. Una vieja forma de dominación y de control. Hoy tengo la sensación de que es un territorio del que se han apropiado los políticos. Últimamente solo veo a los políticos reír. Sin razones aparentes. Con una pose falsa, nerviosa, provocadoramente molesta. Los habituales ataques de Montoro; los repentes de Carmen Chacón. Risas de cocodrilo. Ríen desde sus verdades absolutas y desde un cúmulo de errores donde no cabe la rectificación. “Huye Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia”.

Unos ríen y otros lloramos. Nos levantamos, cada viernes, temerosos del Consejo de Ministros. Nos acostamos, cada mes, conocedores de la abismal cifra de parados con que pasaremos otra página del calendario. Terriblemente saturados de tristezas y de malas noticias. Completamente desmotivados ante tantas reuniones y cumbres de iluminados que evidencian, una y otra vez, su incompetencia y su ceguera. Saturados de sus falsas risas; de su impostado humor.

Parece de chiste escuchar a un ministro revelar que se creará empleo cuando crezca la economía… A la responsable de las listas del Inem vender las bondades de la “movilidad exterior” para los miles de jóvenes que se tienen que exiliar buscando el futuro que España les niega. A la líder del partido del Gobierno hablar de finiquitos “en diferido” sin atreverse a nombrar la bicha (Bárcenas). A un diputado denunciar la dación en pago porque esconde”operaciones de especulación”. A un miembro del Ejecutivo invitarnos a ducharnos con agua fría porque es lo “sostenible”.

No termino de saber si son meteduras de pata o es su atrofiado sentido del humor. Hoy visita Rajoy Granada para mantener una reunión bilateral con el presidente de turno de la UE y aún no sabemos si nos atenderán en formato plasma y si contestarán alguna pregunta que se salga del guión. Lo cierto es que cada vez resulta más difícil saber si es la literatura la que se desliza en los periódicos o la realidad la que salta a las novelas. Si la vida imita la televisión basura, como sugería Woody Allen, o es la televisión basura la que imita los culebrones de la vida.

En Óscar y las mujeres, Santiago Roncagliolo nos propone una medicina mucho más efectiva y menos asfixiante que la austeridad: una pizca de humor y, por qué no, de frivolidad. Esta semana presentaba su libro en Granada reivindicando un poco de distracción y de diversión: “¿Por qué no olvidarnos un poco de lo mal que lo estamos pasando?”. Por qué no echarnos unas risas en lugar de sufrir. A veces, decía el novelista peruano, el humor es la única manera inteligente de hablar. Siempre, me gustaría pensar, el humor es un insobornable resorte para vivir, para liberarnos del miedo.

Hace siglos que lo sabemos aunque nos hayan obligado a olvidarlo. Volvamos a fray Guillermo: tal vez temamos al libro de Aristóteles porque nos enseña a deformar el rostro de toda verdad; a no convertirnos en esclavos de nuestros fantasmas.

La burbuja de la austeridad

Magdalena Trillo | 21 de abril de 2013 a las 10:45

Se equivocaron manejando el Excel. Los ‘padres’ de la austeridad erraron sus cálculos económicos cuando analizaron los datos de decenas de países y concluyeron que los gobiernos con una deuda superior al 90% tienen problemas para impulsar el crecimiento. Se llaman Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart y lo han reconocido esta semana cuando tres colegas de la Universidad de Massachussets han denunciado que su teoría de la austeridad está repleta de agujeros. La noticia iba perdida en un faldón de periódico haciendo referencia a un artículo más amplio del Financial Times; la religión que nos ha sumido en este perverso e implacable proceso de ajuste de cinturón hace aguas… y todo sigue igual.

Casi igual. Porque en apenas dos días el FMI ha cambiado su discurso para España introduciendo el matiz de la flexibilidad. No nos cambia de medicina pero sí nos prescribe una disminución de la dosis. Las cifras rectificadas de la austeridad indican que países con una deuda superior al 90% no caen de forma automática en la recesión y pueden registrar un crecimiento medio del 2,2%. Aunque es evidente que no se trata ahora de defender el despilfarro de los gobiernos, sí subrayan los expertos que “un déficit administrado juiciosamente es la herramienta más efectiva para combatir el desempleo masivo”.

Ahí está la clave, en el “juicio“. En realidad, los dos profesores de Harvard que han inspirado buena parte de los programas de rigurosidad fiscal insisten en que su “mensaje central” se mantiene invariable a pesar de los errores de cálculo: las economías sufren un nivel de endeudamiento excesivo. A nivel mundial y a nivel local. Bastaría con repasar la situación en que se encuentran los ayuntamientos españoles para constatar los “excesos”.

Sólo en Granada la deuda municipal con los bancos alcanzó en 2012 los 551 millones de euros, 597 euros por habitante y más de 900 en el caso de la capital. El incremento global respecto al ejercicio anterior supera el 53%, pero hay pueblos como Atarfe, Salobreña, Maracena, Vegas del Genil, Armilla o Baza que han registrado una subida que va del 69% al 366%. La razón principal es el plan de pago a proveedores. Son miles de facturas las que explican las cifras. Facturas que han llevado al cierre a pequeñas empresas y que han colocado en una situación de asfixia a cientos de familias. En esta ocasión, la “administración juiciosa” del déficit no sólo está justificada sino que está resultando una medida esencial para acabar con la espiral de impagos que está ahogando la economía. No obstante, el análisis cambia si nos preguntamos cómo es posible que un Ayuntamiento como Atarfe haya acumulado15 millones de facturas en los cajones. Porque el problema es hoy el exceso de austeridad pero ayer lo fue el exceso de despilfarro. Una dosis siempre equivocada.

Me contaban el otro día en la Guardia Civil que ellos no compran ni un bolígrafo si previamente no tienen el dinero disponible para pagarlo. Sin deudas. De su propio presupuesto. Imagino la exasperación que a veces debe suponer un nivel de exigencia y control tan elevado pero, viendo a lo que nos hemos dedicado en los últimos años, no puedo más que lamentar que hayamos tardado tanto tiempo en frenar la toxicidad del ‘pelotazo’. Excesos en el mejor de los casos, fraude y corrupción con demasiada facilidad. Si recordamos, la partida 31L de los ERE se aprobó en su día como antídoto contra la burocracia. En treinta años de democracia, con la nostalgia del caciquismo, los políticos no han parado hasta que han adaptado las leyes a sus necesidades de poder.

Muñoz Molina, antes de dedicarse por completo a la literatura, lo vivió en el Ayuntamiento de Granada cuando trabajó de funcionario y lo cuenta en su último libro. Todo lo que era sólido es el ensayo más lúcido y cercano que he leído hasta ahora sobre la crisis; la global, la de la brujería financiera, y la nuestra, la que llevamos en el ADN de la marca España. “La ruina empezó cuando la potestad de disponer del dinero público pudo ejercerse sin los mecanismos previos de control; cuando las leyes se hicieron tan elásticas como para no entorpecer el abuso, la fantasía insensata, la codicia, el delirio”.

La abundancia de dinero fue de repente inundación. Pero nadie pensó que era prestado. Ni los políticos ni nosotros. De repente hubo mucho dinero y, de repente, ya no lo hubo. Llevamos tanto tiempo fustigados por la crisis que había olvidado el origen de todo; cómo y cuándo “todo lo que era sólido se desvaneció en al aire”. Ahora el problema es la austeridad, pero no deberíamos reaccionar olvidando ese ayer enfermo en el que nunca pasaba nada hasta que un día pasó.