Teatro, mucho teatro

Magdalena Trillo | 6 de octubre de 2013 a las 10:55

Puede que España vuelva a “asombrar” al mundo como vaticinó Montoro, pero no será por la economía. Recordarán al ministro de Hacienda, entre vehemente y burlón, replicando a los socialistas en el Congreso con una solemne convicción sobre el esplendor de nuestro país: “El gran éxito económico del mundo”. Luego supimos que lo suyo era nostalgia, que no se refería a la España de hoy que se desangra por las alcantarillas de la austeridad y los recortes, sino a la de la hace medio siglo.

La España, la actual, tiene más de opereta que de grandeza. Tal vez por ello el Gobierno haya sorprendido en los Presupuestos Generales dando una nueva estocada a los irreverentes cineastas y reforzando las artes escénicas con un aumento de inversión de más del 57%. No aclaran, sin embargo, si se trata de apoyar al teatro profesional o al amateur, a esa creciente marea de intrusos aficionados que se revuelven entre bambalinas buscando su oportunidad de “asombrar”.

Rajoy ha pasado en Fukushima de la heroicidad de la tragicomedia al ridículo de la sátira. Unas horas después de proclamar a medio mundo que “son infundados” los temores sobre la radiactividad de la central nuclear que desencadenó hace dos años la catástrofe atómica, las autoridades niponas reconocían una nueva fuga de agua al mar desde uno de los tanques de almacenamiento. Despojado por fin de la rosa roja ‘socialista’ con que el emperador japonés recibió a su ilustre invitado y que, seguro, le habrá provocado urticaria, el presidente del Gobierno quiso acompañar su mensaje de optimismo ante la crisis -insistió en que la única duda es ya “cuán grande será el crecimiento”- con una gesta capaz de colarse en los libros de historia. Lo hizo, sí, pero en minúscula y desatando una ola de sarcasmo entre los internautas: “Que se marque un Fraga en Palomares; a ver si es capaz”.

En Italia, tan cercana siempre al costumbrismo español, Berlusconi vive la última función de su interminable farsa. “La caída de un dios menor” titulaba una compañera periodista su crónica sobre el órdago que Il Cavalieri ha lanzado al primer ministro Letta y que ha terminado por cavar su propia tumba. Aunque con la política italiana nunca se sabe, parece que esta vez sí está preparado el telón para caer fulminante sobre el incombustible presidente del bunga-bunga. Expulsado del Senado, perderá la inmunidad y quién sabe si lo veremos entrando en prisión cuando se empiecen a acumular las condenas tras dos décadas de burlas e impunidad. Lo dejo en futurible porque también la justicia, cada vez más impredecible, se acerca peligrosamente al esperpento.

Allí y aquí. Lo de “hacer teatro ” se ha convertido en el mantra de socialistas y populares a cuenta del caso Bárcenas y el caso de los ERE. Hasta la juez Alaya ha entrado en escena reprochando a más de un acusado su actitud en la sala. Lo acaba de decir del ex consejero de Economía José Salgueiro, imputado como uno de los “promotores” del procedimiento ilegal de concesión de subvenciones, ya se lo echó en cara en septiembre al ex número 2 de Susana Díaz, el ex director de Presupuestos Antonio Lozano, y seguro que dará para algo más que un choque de trenes el próximo martes cuando la magistrada se enfrente a la ex ministra Magdalena Álvarez. Tanto es así que Alaya no hace más que insistir en que no permitirá las grabaciones para no convertir la causa “en una comparsa”, “evitar actuaciones teatrales” y no fomentar una “morbosidad innecesaria”.

Sería difícil cuestionarle que los vídeos no se transformarán en carnaza televisiva y en puro divertimento en las redes sociales como ha pasado con la larguísima vista oral del caso Malaya, el juicio de mayor magnitud celebrado jamás en España. Después de 199 sesiones y de sentar en el banquillo a políticos, empresarios, abogados y hasta galeristas y gente de la farándula, el expolio en Marbella se saldaba el viernes con un clamor generalizado sobre la levedad de las penas: 585 millones de multa frente a los 3.800 que pedía Anticorrupción. La sentencia, de 5.700 páginas, deja 52 condenados, 32 absueltos, 9 retiradas de acusación y dos fallecidos. El libreto de un entremés cervantino.

Un sainete por entregas que termina provocando la misma incredulidad que denunciaba esta semana el PP a cuenta de la ‘pelea de novios’ del bipartito andaluz por las cuentas de 2014. La tensión de PSOE e IU en Andalucía, de Convergencia y sus socios de Unió con la inescrutable “tercera vía” para Cataluña, de Sevilla y Madrid por la interminable disputa del déficit, de los dos grandes partidos en Granada por el paralizado pacto por las infraestructuras, de la capital y la Junta por el coste de funcionamiento del Metro…

¿Conflicto, estrategia, paripé? Festival de teatro que consumimos a diario como meros espectadores de la adulterada escena pública de nuestro país. Teatro, mucho teatro .

La Universidad de 2015: ¿Aranda o Lorente?

Magdalena Trillo | 29 de septiembre de 2013 a las 10:46

Estamos en el momento justo de tejer las redes. El rector inauguraba el viernes el curso académico y en los corrillos ya había una protagonista: Pilar Aranda. Les sitúo. Dentro de dos años habrá elecciones en la Universidad y para usted, para su bolsillo y su día a día, tal vez no sean tan decisivas como las municipales o las generales pero sí tan entretenidas. No habrá banderolas ni pegadas de carteles pero sí política. Y trastienda. Mucha trastienda.

La elección no es (sólo) de nombres. Como ha ocurrido en las últimas décadas, tendremos que decidir entre un cambio superficial para que todo siga igual -Medicina con su corralito, los lobbys con sus correspondientes cuotas de poder y el ‘qué hay de lo mío’ como dogma de fe- o un cambio de vértigo que la ponga boca abajo e imponga una modernización profunda en la institución. Operación menor de maquillaje o cirugía mayor; ése es el dilema. Y no será fácil.

Habrá que luchar contra el peso de treinta años de sometimiento y sobreprotección bajo el paraguas de la Junta -el “régimen” que dicen algunos- y tendremos que poner a prueba la maquinaria para saber si somos capaces de impulsar la transformación desde dentro -son muchos los que sostienen que jamás el stablishment promoverá, permitirá, el cambio real- o seguimos atrincherándonos en la tradición, muriendo de rutinas y tedio, a la espera de que nos firmen por decreto una salida. Hacia adelante o hacia atrás.

En Granada, en cualquier universidad española, ser rector en 2015 debería significar cierto grado de bronca con las administraciones y una buena carga de exigencias y reivindicación. Con la Sevilla de turno y con Madrid; gobierne quien gobierne. Ningún candidato que se precie puede presentarse a suceder a Lodeiro sin un discurso de cambio y de transformación. No me refiero tanto a la idea de ruptura como a la necesidad de lanzar un mensaje de optimismo y renovación en estos momentos de crisis en los que se han minado los pilares del sistema educativo.

Son las becas, pero es también el modelo de universidad que queremos -la universidad a la que aspiramos en un escenario tremendamente competitivo y globalizado en el que el sector privado está marcando las reglas del juego- y son también las prioridades y la inversión, el reparto de los recursos por muy escasos que sean. ¡Claro que hay margen para la política! Lo hay cuando la Junta garantiza la revalorización de las pensiones mínimas, se niega a aplicar el copago hospitalario o completa las ayudas de los universitarios que no han logrado el ‘aprobado Wert’ del 5,5. La pregunta es si la Universidad está preparada para el tsunami y si hay alguien con suficiente liderazgo y solvencia para afrontarlo.

Situémonos en los nombres. La candidatura fuerte es la de Pilar Aranda. Con perfil dialogante y ajena a los intereses de los lobbys médicos, Aranda plantearía una campaña “alternativa”, una entrada de aire fresco a la institución y sin excesiva connivencia con el Gobierno andaluz al tiempo que garantizaría que no va a convertirse en un ariete de conflictos. Cercana al PSOE y a la Junta, sería la posible apuesta del actual equipo rectoral si no cuaja la teoría del candidato tapado: en su día se habló de Gómez Oliver pero su salida del equipo de Loderio lo habría dejado sin posibilidades y la duda estaría en ver las opciones reales del actual decano de Derecho, Juan López. Pero, incluso si se mantiene esta posibilidad, 2015 sería el año de Aranda y hay quienes lo ven directamente como vicerrector en su equipo.

La opción de Aranda, que sonaba como primera rectora de la UGR antes incluso de tener la cátedra necesaria para poder optar, es tan potente que no son pocos los que cuestionan que el candidato de la derecha se llegue a presentar en un duelo directo con la aspirante de la izquierda. Hablamos de Indalecio Sánchez, actual decano de Medicina y ‘heredero’ de Antonio Campos. Él vendría a mantener esa vieja tradición de contar con un candidato de Medicina “para perder” pero con fuerza para negociar. Tan potente como la candidatura de Aranda, pero de momento en el aire, es la de José Lorente.

Podría ser un aspirante de consenso capaz de aunar a gran parte de los ‘dinosaurios’ de los grandes centros, al tiempo que contaría con el respaldo del profesorado joven y los estudiantes, recogería buena parte de los apoyos que Rafael Payá tuvo en su día cuando se enfrentó a Lodeiro y vendría a conectar con la etapa del ex rector David Aguilar. Tiene capacidad y criterio para remover los cimientos de la institución, tiene prestigio e intuición para mejorar su reputación pública y lo fundamental: nada debe. Ni a unos ni a otros; no sería el “candidato del régimen”. Son estos sus valores pero también sus puntos débiles: ¿para la gran masa de profesorado de centro-izquierda que integra la UGR sería un salto al vacío? Porque la pregunta sigue siendo una: si la Universidad está dispuesta a hacerse un cierto harakiri para sobrevivir y si habrá alguien que se atreva.

Granada 2015

Magdalena Trillo | 22 de septiembre de 2013 a las 17:51

La mitad de los españoles sufre dolor de cabeza más de quince días al mes. La migraña provoca ansiedad, puede ser el desencadenante de la depresión e incapacita para desarrollar las tareas más cotidianas; domésticas y profesionales. Las bajas por cefalea llegan a una media de ocho días al año: 2.000 millones de pérdidas por absentismo y caída de la productividad. Introduzco estos últimos datos de la Sociedad Española de Neurología consciente de que son los únicos realmente relevantes para un país que se ha empeñado en saltar del suicidio a la euforia a la velocidad que sube el Ibex y baja la prima de riesgo. Si nos guiamos por la escaleta de los telediarios, coincidirán conmigo en que los días aciagos de jaquecas están más que justificados.

La mitad de los granadinos sufre dolor de cabeza más de quince días al mes. Así se infiere con la extrapolación de la estadística y así lo habrá constatado usted sin necesidad de recurrir a mayores alharacas científicas. Pero si los expertos ya han demostrado cómo la crisis económica ha contribuido a incrementar esta dolencia, aún no he leído ningún artículo que constate lo que debería ser una obviedad: cómo afecta a nuestra salud -física y mental- la inoperancia, indecisión y trastornos de nuestros políticos; cómo nos perjudica la crisis de la política.

La principal consecuencia se llama desconfianza. Ni los creemos ni tenemos motivos para ello. No cuando son sus palabras, compromisos y promesas los que se invalidan y traicionan de forma sistemática en nombre de las “circunstancias”. ¿Recuerdan cuando Rajoy aseguró que jamás tocaría la educación, la sanidad y las pensiones? Lean los periódicos de la última semana; estamos en el ecuador del mandato y nada ha quedado a salvo de su programa electoral.

Incredulidad, escepticismo… Se ha convertido en uno de los baluartes de la denostada Marca España, pero también de la Marca Granada. Y, lamentablemente, lo hemos aprendido por la vía de los hechos. Por eso es tan difícil que nos creamos las buenas noticias. Hace justo una semana, en el acto de conmemoración del décimo aniversario de Granada Hoy, pedía a nuestros políticos que nos ayudaran a construir Granada, a construir Andalucía, dándonos la oportunidad de despertar a nuestros lectores con buenas noticias. Esta semana las hemos tenido y me produce una tristeza inmensa constatar cuánto nos cuesta creer. Desconfiamos los propios periodistas. Ponemos titulares a cinco columnas con la incertidumbre de saber si algún día se cumplirán; con el desasosiego de recordar que, hasta ahora, nunca fueron verdad.

La Granada de 2015 que se nos ha prometido debería llevar a la esperanza. Imagínenla. El Metro funcionando de Albolote hasta Armilla, la Autovía del Mediterráneo completamente operativa y el AVE a Madrid en 2:45 horas, a Sevilla en dos horas y a Málaga en 58 minutos. El tren no llegará a la vanguardista estación de Moneo que un día osamos soñar ni habrá variante en Loja -no hasta que no haya consenso y dinero- pero reconozcamos que lo que se nos anuncia será un revulsivo para las comunicaciones de esta provincia. Hasta el alcalde de la capital ha reculado en su cruzada por llevar la estación al Cerrillo de Maracena y quiere promover el acuerdo partiendo “desde cero”. No nos equivoquemos, Torres Hurtado sigue convencido de que la mejor propuesta para la ciudad es que el AVE llegue a la rotonda de Europa pero está dispuesto a negociar. Eso es mucho. Muchísimo.

Tan de cuento que no nos los creemos. La propia concejal de Urbanismo pedía este jueves un “convenio” para que todo conste por escrito. Otro convenio porque, tal y como le recordaron en rueda de prensa, ya había uno firmado sobre la Alta Velocidad, el soterramiento del tren en La Chana y la construcción de la estación en Andaluces que nunca se ha cumplido. Ya saben, las circunstancias. Papel mojado. Tan irreal como puede ser esa Granada que hoy se nos dibuja porque, si los políticos no se creen entre sí (ni los del mismo partido), menos razones tendremos los demás para confiar.

¿No tienen ya dolor de cabeza? Elijan entre el paracetamol y el ibuprofeno e introduzcan en toda esta historia el único elemento que, de momento, podría hacernos creer: las elecciones. En 2015 tendremos municipales, generales y quién sabe si autonómicas. Tras cuatro años grises de paro, regresión social y agonía, después del previsible descalabro de las europeas del año que viene, superado el momento bálsamo de las volátiles bajadas de impuestos y a la espera de conocer el enésimo capítulo del quebradero de cabeza catalán, los partidos tendrán que convocarnos a las urnas con mucho más que palabras. Tal vez el efecto elecciones sea lo único capaz de imponerse, de salvarnos, de la maldición de las circunstancias.

Carta a los lectores

Magdalena Trillo | 15 de septiembre de 2013 a las 17:10

Quienes me conocen saben que escribir esta columna es uno de los momentos más complicados de la semana. Y la principal la razón son ustedes; los lectores. Quienes dan sentido a este viejo oficio por mucho que algunos lo quieran denostar, reducir y apartar del juego democrático; por mucho que se diluya en el océano de información que nos torpedea a diario y por mucho que, entre todos, lo acabemos descafeinando con envoltorios de innovaciones tecnológicas, banalidades y estrategias de mercadotecnia. Lo pensaba hace diez años cuando nació Granada Hoy y me reafirmo hoy. Nada en esta profesión tiene sentido si ustedes no nos escuchan al otro lado y no respondemos a sus expectativas.

Aunque se hayan multiplicado los canales y las voces, aunque ya no esté muy claro de dónde surge la noticia y a dónde llega, quién controla a quién, quién vigila a quién, ser periodista hoy tiene las mismas exigencias de ética, de honestidad y de compromiso que hace un siglo. No sé si lo decimos lo suficiente en las facultades y no sé si lo acabamos olvidando en las redacciones. Tal vez nos dejemos distraer poniendo apellidos al oficio, nos perdamos empaquetando los mensajes y no nos demos cuenta de lo fácil que resulta prostituir la profesión desde la tiranía de la superficialidad y las exigencias de las prisas.

Pensarán que hablar de ética y deontología es prehistórico, pero estoy convencida de que es lo único que nos puede salvar. Salvar de nosotros mismos y protegernos de la crisis del sector. Somos intermediarios pero no asépticos; la distancia la debemos marcar con el poder, no con los ciudadanos. Independencia, rigor, honestidad… No hace tanto que el periodismo era un oficio respetado y necesario; que el periodista era una persona importante y admirada. Grandes personajes de la historia como Churchill y Hemingway nunca dejaron de sentirse periodistas, de reivindicar con orgullo su profesión, aunque ni la información era entonces la mercancía que es hoy ni el periodismo se había dejado contaminar por la industria del negocio, por la dictadura del capital. Es verdad que la prensa está en el ojo del huracán -nos ha golpeado la crisis económica, tecnológica, de modelo y hasta de credibilidad- pero no son los pilares de la profesión los que se tambalean ni es su papel como garante de nuestra democracia y nuestro sistema de convivencia lo que está en cuestión. Será un dinosaurio… pero sigue ahí, cada mañana, empeñado en recordarle que el mundo, su mundo, sigue ahí.

¿Se imagina una mañana sin periódicos? ¿Un día sin noticias? ¿Una Granada sin periodistas ni medios de comunicación? Yo no… Quienes hace diez años tuvimos el privilegio, la enorme responsabilidad, de poner en marcha Granada Hoy estábamos convencidos de que era una profesión con un pasado del que sentirse orgulloso y un futuro que valía la pena defender. Lo mantenemos. Granada Hoy nació con un propósito: sumarnos a la oferta informativa de esta provincia y abrir una ventana a la pluralidad. Ayudar a construir Granada, a hacer Andalucía, sin ataduras ni hipotecas. “Más y mejor información”, decíamos entonces. No soy yo quien debe juzgar si se han cumplido las expectativas pero sí creo que es mi obligación recordarlo hoy y renovar nuestro compromiso con ustedes.

Esta semana he recuperado de la hemeroteca aquel primer número del diario que un 14 de septiembre de 2003 llegó por primera vez a los quioscos, a las oficinas, a bares, a los buzones de sus casas. Parece un prodigio. Hemos superado los 3.600 números y mantenemos la fortaleza y la ilusión para seguir sumando dígitos. Amparado por Grupo Joly, la empresa periodística más antigua de este país, el grupo de prensa de referencia en Andalucía, el primer editorial recogía un propósito de intenciones que hoy queremos revalidar: “un periódico para una sociedad plural”. Defendíamos el valor de la competencia para luchar contra las inercias y las rutinas y expresábamos la voluntad de toda la redacción por sumarnos a la oferta informativa de esta provincia con un periódico independiente y comprometido, sin hipotecas y sin mordazas. “Granada”, escribíamos entonces, “es hoy más plural”. Granada, decimos una década después, es más plural. Desde aquel 14 de septiembre y para siempre.

Arpías

Magdalena Trillo | 8 de septiembre de 2013 a las 14:13

“A las arpías no nos gusta que nos llamen arpías”. No he dejado de acordarme esta semana de Sigourney Weaver en Political animals. Es la primera incursión de la veterana actriz en la televisión con una miniserie que ha sido nominada a dos Globos de Oro y que viene a confirmar esa etapa de oro que está viviendo la ficción en la pequeña pantalla como alternativa a la escasez de presupuesto, recortes y decadencia (de dinero y de ideas) del séptimo arte. Da vida a Elaine Barrish, secretaria de Estado y gobernadora de Illinois, pareja del ex presidente de los Estados Unidos y aspirante a ocupar el despacho oval de la Casa Blanca por méritos propios. A sus 63 años, excepcionales, cambia de registro siguiendo la estela de otras veteranas como Glenn Close y Kathy Bates. “Llevaba tiempo rodando historias flojas y esto ha sido como comerme un buen filete después de dos años a base de ensaladas”. La protagonista de Armas de mujer se sumerge ahora en las alcantarillas del poder mientras los escándalos familiares, incluidos drogas y adulterio, la dejan completamente expuesta, desnuda, ante la opinión pública.

El paralelismo con Hillary Clinton es evidente, pero yo lo voy a fijar con Susana Díaz. No estoy llamando arpía a la recién elegida presidenta de la Junta de Andalucía pero coincidirán conmigo en que es un calificativo que no desentona en la campaña de ataque y derribo que estamos viviendo desde el precipitado anuncio de marcha de José Antonio Griñán, la “espantada” por la presión de los ERE en palabras de la oposición.

Superado el “teatro” de las primarias que maniobró una “fría” y “calculadora” experta en fontanería política -cuestionado, y en este caso con razón, hasta por los suyos-, hemos llegado a la “farsa” de su nombramiento. El “mayor fraude en la historia de la autonomía” llegó a decir el jueves en la sesión de investidura el cabeza -que no líder- de los populares. Lástima, como le reprochó Díaz, que no acudiera al Parlamento el “hombre de leyes” sino el “faltón” y tuviéramos que presenciar todos cómo un magistrado de profesión deslegitima un proceso absolutamente democrático y constitucional por su “dudosa ética política” olvidando lo apropiado que fue en su día en Madrid para relevar a Esperanza Aguirre o nombrar alcaldesa a Ana Botella.

Y lástima, también, que lo escucháramos replicarle con tono de tertulia de bar que si quería saber cuál es el candidato del PP -recuerden que él ya ha dicho por activa y por pasiva que sólo le interesa la Alcaldía de Sevilla- que “convoque elecciones”. En el PP nacional no hay prisas, bastante tiene Cospedal con explicar los despidos en diferido y la custodia de ordenadores a los que se les destruye el disco duro, y Juan Ignacio Zoido parece no entender que son los dirigentes de su propio partido, los militantes, los andaluces los que merecemos saber cuál es el proyecto para Andalucía. No es sólo un problema de caras, también de discurso. Porque poco sabemos más allá de los diez puntos del fracasado programa electoral de Arenas que se nos volvió a leer esta semana y de la extenuante estrategia de oposición de los ERE.

Estoy de acuerdo con el presidente del PP de Granada: “mucho ruido y pocas nueces”. Pero, ojo, no sólo aplicado a Susana Díaz. Ella tiene la obligación de pasar a los hechos cumpliendo las enormes expectativas que han suscitado sus primeros pronunciamientos sobre la lucha contra el paro y la corrupción pero es que el PP todavía está en el tiempo de las palabras.

Mucho más joven que Elaine Barrish, el reto de Susana Díaz no es diferente: emanciparse de su mentor, en este caso Griñán, y demostrar que su capacidad está por encima de su ambición. La primera prueba de fuego será su equipo -mañana sabremos si la renovación es realmente profunda para llenar de contenido ese insistente anuncio de “cambio” que de momento sólo suena a marketing político- y la segunda, cuadrar unos presupuestos que ‘gusten’ lo suficiente a sus socios de IU para agotar la legislatura y sigan recordándole a Rajoy que la oposición real a su Gobierno, con o sin permiso de Rubalcaba, la marca Andalucía.

Si ser arpía significa ejercer el poder hasta las últimas consecuencias, ser implacable si es preciso, no dejarte acorralar cuando te ataquen, hacer respetar tu valía por encima de tu ADN, somos muchas las mujeres con puestos de responsabilidad las que deberíamos unirnos al club. Pero mal favor le hacemos a Susana Díaz, desde el feminismo y desde el clientilismo partidista, si le hacemos creer que nada tiene que aprender, que nada tiene que corregir -ni una sola palabra de autocrítica hasta ahora- y que su gobierno, su gestión, no tendrá un elevado precio. Ni por joven ni por mujer tiene nada ganado. Por eso discrepo con Amparo Rubiales: todas ‘no’ somos presidentas y Susana Díaz lo tiene que demostrar.

A las arpías no les gusta que las llamen arpías y menos aún que las adulen.

Cruzadas

Magdalena Trillo | 1 de septiembre de 2013 a las 11:18

He puesto la Obertura 1812 de Chaikovski a todo volumen para escribir este artículo. Retumba el allegro vivace final. Los disparos de cañón anuncian la resistencia de los rusos ante el avance de las tropas napoleónicas. El martilleo del carillón se une a tambores y timbales para preparar el cierre triunfal. Estallan los metales. Gritan las cuerdas. El desenfreno de flautas, oboes y clarinetes acompaña al coro en su grandioso Dios salve al Zar. Repican las campanas. Se enaltecen las conciencias. Llega la victoria.

Entiendo a la Rusia de Vladimir Putin. Quien escribió una obra con tal patriotismo no puede ser homosexual. No lo puede ser para el orgullo ruso. No lo puede ser para la Duma que está saludando el tercer milenio volviendo a las cruzadas. Y reescribiendo su historia: Piotr Ilich Chaikovski dejará de ser gay en la película que Yuri Arabov está rodando con financiación del Kremlin y se convertirá en un mujeriego atormentado. Cinco revisiones del guión han transformado al depresivo compositor en heterosexual. No hay “nada probado”; “habladurías”. El amor a su sobrino, a quien dedicó su última sinfonía, era “platónico” y nada saben de la biografía de su hermano Modest ni de las cartas personales (escondidas en su día por la URSS) que documentan su condición homosexual.

El Gobierno ruso ya limpió hace un año la afición al alcohol y a las chicas del astronauta Yuri Gagarin y ahora va a imponer la moralidad a otro de sus héroes nacionales siguiendo la campaña de restauración de los “valores tradicionales” que emprendió en junio. Para “proteger al pueblo de los degenerados”, su ‘ley antigay’ prohíbe la propaganda de la homosexualidad entre los menores con multas de hasta 1.000 euros, obliga a las ONG con actividades políticas a inscribirse como “agentes del extranjero” y castiga a quienes ofendan los “sentimientos religiosos”. Tan ambigua y tan compleja que hasta el Comité Olímpico Internacional ha evitado pronunciarse (la discriminación sexual sería contraria a la carta olímpica) alegando que hay dos artículos que requieren una mejor traducción. Esto fue a comienzos de agosto en las vísperas del Mundial de Moscú. Más que diplomacia; cobardía. Después llegaría el arrojo de los deportistas.

La atleta sueca Emma Green compitió con las uñas pintadas de los colores del arcoíris y las rusas Kseniya Ryzhova y Tatyana Firova sorprendieron a medio mundo festejando el oro en los 4×400 con un impulsivo beso sobre el podio. No fue de tornillo ni envenenado como el que protagonizaron en 1979 los líderes comunistas Honecker y Breznev pero sí tan valiente. Un grito de libertad -por mucho que se haya querido desmentir después- como el que dieron los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos en los Juegos de México cuando levantaron los puños para denunciar el trato opresivo al pueblo negro. Era 1968. La Guerra de Vietnam, el Mayo francés, las Panteras Negras, el asesinato de Martin Luther King… Cincuenta años hace de su discurso I have a dream sin que el movimiento por los derechos civiles y las libertades se haya podido permitir el lujo de dejar de soñar. Al contrario. Retrocedemos imponiendo la intransigencia en Rusia, dejamos fracasar la primavera árabe, volvemos al estupor de las armas químicas y lo contemplamos todo desde la barrera. Protegiendo nuestros intereses.

Lo último del Parlamento ruso es querer prohibir a los homosexuales donar sangre alegando que el 65% de los gays está infectado con el VIH, sufragar con fondos públicos la primera consulta de quienes quieran ‘curarse’ y proponer que las mujeres trabajadoras tengan dos días de vacaciones al mes en el periodo “crítico” de la menstruación. Ciertamente, no sé qué propuesta roza más el despropósito. En consecuencia, lo último en la creciente contestación que está provocando la ‘ley antigay’ ha sido la huida a Francia del artista ruso Konstantín Altunin tras pintar a Putin y a Medvédev en ropa interior femenina. Travestis se titula el lienzo que ha conducido al cierre de la galería de San Petersburgo en este nuevo capítulo de censura y persecución.

El caso es que, mientras en Rusia están convencidos de que “hay demasiadas chinches” y hay que “fumigar“, las mayores lecciones de sentido común, de solidaridad y de humanidad las volvemos a encontrar en el arte. Desde la más absoluta irreverencia. Desde la insolencia, el coraje y la claridad del mensaje que no hallamos en quienes gobiernan. Y no hay que irse a Rusia para verlo. Recordarán la exposición de Fernando Bayona que reproducía las catorce estaciones del Vía Crucis con Jesús caracterizado como el gay hijo de una prostituta. La cerró nuestra Universidad. La misma que ahora ‘evita’ una muestra de Juan Vida demasiado osada para la moral imperante; para el dogma fundamentalista de lo políticamente correcto.

Como escribió Chaikovski, “no hay mayor absurdo que pretender ser algo distinto a lo que uno es por naturaleza”. Y no hay mayor sinsentido, mayor injusticia, que obligarnos a ser lo que no somos y querer castigarnos por ello.

Una de espías

Magdalena Trillo | 25 de agosto de 2013 a las 11:41

Les sugiero una imagen: tarde plomiza de agosto en un pueblo cualquiera de esa Andalucía lorquiana “llena de fe pero falta de luz” que se sigue dejando mecer por el histérico zumbido de las chicharras y el insolente cri cri de los grillos. El baile de las sillas de enea bajo la luz mortecina de las titilantes farolas, la media luna de las salamanquesas que surcan traviesas los desconchones de cal y el tambor frenético de los abanicos que airean la conversación. Detrás de la persiana, unos dedos trémulos mueven las tablillas con sigilo. El beso robado, la salida furtiva y la inocente confidencia que alguien reveló en un murmullo ya figuran en el parte nocturno de cotilleo. A la mañana siguiente, entre la panadería y la carnicería, medio pueblo estará al día.

Siempre me he sentido espiada. Desde pequeña. Desde que descubrí cómo era posible que mis padres supieran con precisión dónde estaba, a qué hora, con quién y haciendo qué sin moverse de casa. Imagino que fue entonces, mientras saludaba entre impertinente y rebelde a alguna que otra sombra torpemente camuflada, cuando entendí lo extremadamente frágil que es la intimidad. Hoy hemos sofisticado los medios y los contextos pero no la esencia de esa vieja debilidad humana que pervive en los laberintos de fibras y hormigón de las grandes ciudades. Hemos profesionalizado la curiosidad, hemos oficializado la intriga en nombre de la seguridad nacional y hasta hemos convertido el cotilleo en un productivo negocio aprovechando la candidez con que todos, incluidos nuestros Estados, nos hemos dejado seducir por el avance de la tecnología.

Me sorprende que nos sorprendamos cuando somos nosotros mismos los que nos exponemos y nos vendemos ingenuamente escondidos detrás de un iPhone, una tableta o un ordenador. Nunca nos hemos interesado ni nos hemos preocupado de preguntar. Bueno, hasta que descubres que tu jefe leyó tu correo, que la Policía puede rastrear tus comunicaciones y que tu país es capaz de generar en unos minutos una sofisticada radiografía sobre tu vida que ni tú mismo reconoces.

El soldado Manning, que esta misma semana ha sido condenado a 35 años de cárcel por violar la ley de espionaje estadounidense y robar información gubernamental, filtró 700.000 documentos secretos a Wikileaks para denunciar los abusos militares en Irak y Afganistán. Hace tiempo que el porqué pasó a un segundo plano: en su momento fue más ‘patriótico’ centrar el debate en su comportamiento desleal como soldado -de denunciante a culpable- y ahora es más mediático entretenernos con su petición para recibir terapia hormonal y cambiar de sexo que investigar los terribles hechos que denunció. Hoy, nada sabemos sobre las responsabilidades de los crímenes de lesa humanidad que se documentaron con pruebas. A sus muchos años, confiesa Ana María Matute en una entrevista que ya no tiene más aspiraciones que el “deseo de justicia” y que no la engañen. “Desgraciadamente”, se lamenta, se la dan “con queso cada día”. Como a todos… No se hace justicia y nos engañan de forma sistémica y sistemática.

Hasta Edward Snowden se quedó corto cuando desveló el alcance del programa de espionaje masivo de EE UU que tantos conflictos diplomáticos ha abierto en los últimos meses. Acabamos de saber que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), con los millonarios servicios pagados a gigantes como Google o Microsoft, tiene capacidad para interceptar el 75% de todo el tráfico en internet. Mucho más grave de lo que denunció el excontratista de la NSA aunque, aquí también, olvidemos el porqué de la filtración para distraernos con su novelesca persecución y nos dejemos fascinar con la operación “antiterrorista” desplegada por la Policía británica para interrogar al marido brasileño de Glenn Grennwald, el periodista que ha venido publicando los ‘papeles’ de Snowden.

Si nos atenemos a la Constitución, a cualquier constitución, no son thrillers ni capítulos de telenovelas lo que estamos relatando sino crímenes hábilmente encubiertos, flagrantes vulneraciones de derechos y libertades y ataques directos a nuestra privacidad.

En nuestro día a día, cada vez que hacemos una llamada, enviamos un correo, leemos una página web o simplemente echamos un vistazo dejamos un rastro. Todos estamos fichados, antes incluso de nacer, y probablemente espiados. No lo dejo de pensar mientras devoro las últimas páginas del nuevo libro de Donna Leon. Se titula El huevo de oro y cuenta la historia de un tipo sordo y deficiente que muere por una sobredosis de pastillas. Se llama Davide Cavanella y vivió 40 años sin dejar la más mínima huella de su paso por el mundo. Estoy tan intrigada como el comisario Brunetti, perdida en el decadente esplendor de Venecia sin saber muy bien si investigamos un extraño suicidio o simplemente cotilleamos. Me veo detrás de la persiana del pueblo, impaciente, nerviosa, muerta de curiosidad por saber cómo lo consiguió Davide…

Etiquetas: , ,

Sectas y sectarios

Magdalena Trillo | 18 de agosto de 2013 a las 10:39

No se imagine a grupos de exaltados vociferando aleluyas con los brazos alzados y los ojos traspuestos. No crea que quienes caen en sus redes son analfabetos desesperados incapaces de ver cómo son manipulados, apartados de sus familias y amigos y despojados de su identidad. Más de cincuenta sectas operan en estos momentos en Granada; una para cada perfil de población. Religiosas y espirituales pero también de corte económico, humanitario, sanitario… El auge es escalofriante. Ya no son necesarios ganchos tan pretenciosos como el paraíso o la felicidad eterna; empezamos rompiendo la soledad con sencillas clases de catequesis, unas prácticas o unas misiones y hablamos de promesas tan mundanas como un curso gratuito de formación para lograr un empleo y unos ingresos que nunca llegan.

Dicen los expertos que Granada es uno de los puntos más calientes de Andalucía por su perfil universitario y su atractivo como enclave multicultural. El Albaicín y el Zaidín son los barrios que concentran una mayor actividad de estos grupos y las facultades, donde es fácil encontrar carteles de propaganda, funcionan como verdaderas plataformas de captación. Publicamos hoy un amplio informe en el que, más allá del estremecedor testimonio que nos revelan varias víctimas que han logrado “escapar” de sus zarpas, lo que se refleja es la normalidad con la que actúan y la facilidad con que se infiltran. Puede que a algunos la crisis les haya hecho más solidarios y puede que salgamos fortalecidos, pero somos en general mucho más dependientes y vulnerables. A quién no le gustaría sentirse élite hoy; dejarse enamorar por unos triunfadores; permitir que nos rescaten del fracaso.

En las Jornadas de la Juventud de Brasil, un país donde las sectas están ganando terreno al Catolicismo con potentes organizaciones como Pare de Sufrir, fue el propio Papa quien animó a los obispos a “buscar con valentía las causas” por las que los fieles se están refugiando en este tipo organizaciones. El Pontífice se cuestionó si no tendría que ver con esta Iglesia que a lo largo de los años se ha mostrado “demasiado lejana de las necesidades de los hombres, demasiado pobre para responder a sus inquietudes, demasiado fría y prisionera de su propio lenguaje rígido”. Una reliquia del pasado que “quizás tenía respuestas para la infancia del hombre pero no para su edad adulta”.

Pero la desorientación no es sólo de la Iglesia. Esta reflexión, esta necesidad de autocrítica, la tendríamos que extender a la sociedad misma. La distopía del Mundo feliz que Aldous Huxley vislumbró en 1932, su dictatorial Estado Mundial, tenía ya mucho de colmena sectaria y de infantil globalización. Un mundo joven y superficial sin tragedias, pasión ni libertad pero tremendamente estable, previsible y controlable. Nadie desea más de lo que tiene; nadie desea más de lo que puede tener. ¡Zum, zum! Tomas medio gramo de soma y es como si disfrutaras de medio día de descanso; un gramo de soma, un fin de semana; dos, una escapada a Oriente… Nadie piensa -a nadie le está permitido pensar- y la colmena sigue zumbando. Alegres jóvenes manipulando tubos de ensayo mientras los predestinadores silban y los embriones escuchan lecciones hipnopédicas de sociabilidad y conciencia de clase a la vez que aprenden sus primeras pautas de vida erótica.

¡Oh, Ford! , podríamos invocar… Cuántos parecen seguir soñando con un mundo de sectas y castas manipuladoras que diera legitimidad para explotar abiertamente e los desposeídos de la Tierra. Escribió Huxley que la población óptima, como practicaban los Alfas con el consentimiento de Betas, Gammas y Epsilones, es como un iceberg: ocho novenos bajo el agua y uno encima. Elysium acaba de llegar a la cartelera con las mismas inquietudes. Neill Blomkamp, lo recordarán por su aterrador apartheid de Distrito 9, nos propone viajar a la Tierra baldía de 2154 en la que el 1% de la especie escapa del apocalipsis y vive en una gigantesca estación espacial mientras el 99% restante se hacina en condiciones infrahumanas en un planeta contaminado. El Malpaís de Huxley extendido a toda la Tierra aunque con un héroe de verdad, Matt Damon en el papel de superhombre, y una misión salvadora; el decadente mundo que estamos construyendo ya pero revestido de ciencia ficción y con la oportunidad de un final feliz que cada vez se reduce más a la grandiosidad del cine.

Elysium, Guerra Mundial Z, Oblivion… No es casualidad la fiebre de películas distópicas que beben del pesimismo de la crisis y de la impotencia de una sociedad alarmantemente sectaria y fanática. Varían las escalas pero no las estrategias ni los fines: unos pocos aprovechándose de la debilidad de muchos, manipulando sentimientos, usurpando esperanzas, comprando influencias y poder. Si no somos capaces de protegernos de la secta que opera en el barrio, mucho menos lo seremos de los lobbys que respiran fuera del agua. ¿Tan increíble nos parece un planeta de ricos explotando a millones de pobres?

El cuchillo del carnicero

Magdalena Trillo | 11 de agosto de 2013 a las 9:50

Dentro de 124 años el litoral mediterráneo sufrirá un colapso total. La predicción es de Greenpeace y, salvo que sus hijos y nietos guarden los periódicos de los últimos días, nadie podrá comprobar si es verdad. Ladrillo y más ladrillo sobre el mosaico de sombrillas que hoy serpentea la costa granadina. El informe de los ecologistas no deja espacio al optimismo: Destrucción a toda costa 2013. Calculan el impacto invasor que tendrá la nueva ley, analizan las tendencias de ocupación y fijan su Día D. El litoral morirá en el año 2137, ni el 2136 ni el 2138… ¿Recuerdan a Bill Gates profetizando la muerte del papel? ¿Se olvidaron ya de la apocalipsis del calentamiento global? ¿De los brotes verdes? ¿Del fin del mundo? Llegará, o no, y siempre podremos recurrir a las “circunstancias” del yo orteguiano para justificar los desaciertos. El programa electoral que se pisotea, los cálculos de crecimiento que no se cumplen, las previsiones para salir de la crisis que volvemos a poner a enfriar…

Empiezo a pensar que el gran problema de nuestro tiempo es nuestro tiempo mismo: nos movemos con soltura diseccionando el pasado, nos desbordamos de entusiasmo escribiendo el futuro pero nada sabemos del presente. Explicaciones y estimaciones sin que nadie nos diga qué hacer hoy. Una sencilla -o no tan sencilla- cuestión de tiempos verbales.

Para el futuro, siempre lo supo la vieja sirena, no cabe más que “avanzar y estrellarse”. Unos lo hacen con números; otros, con palabras. Ciertas o fabricadas. Hace más de un siglo que el World de Pulitzer y el Journal de Hearst cocinaron su propia guerra en Cuba con el desastre del Maine y nada hemos aprendido. Daban miedo esta semana las portadas de algunos diarios que se dicen ‘serios’ azuzando el conflicto de Gibraltar. Sensacionalismo. Puro amarillismo. Peligrosa irresponsabilidad.

El pasado, por contra, se ha convertido en nuestra debilidad: pasado el tsunami, todos sabios. Del último ‘tratado’ sobre la crisis escribía precisamente hace unos días Enric Juliana en La Vanguardia a cuenta del nuevo best-seller de los economistas: Por qué fracasan los países. Daron Acemoglu y James A. Robinson abordan el origen del poder, la prosperidad y la pobreza, y acuñan un nuevo término, las “élites extractivas“. La “calidad de las instituciones políticas”, la política misma, sería la clave para situar a un país entre el bienestar y la pobreza. Ni geografía, ni demografía, ni historia, ni religión: un país con élites inclusivas, capacitadas y capaces, podrá prosperar; un país en manos de élites egoístas, extractivas, centradas en la obtención de sus propios beneficios, retrocederá. Apliquen esta tesis a la España de los escándalos y entenderán muchos porqués.

Una inmensa investigación la suya, sí, pero que nada nos dice de hoy… Por eso, más provocadora y sugerente que el libro de moda entre los economistas, me ha parecido la última obra del ensayista de moda: Antifrágil. El libanés Nassim Nicholas Taleb critica a los académicos que buscan el porqué de las cosas y nada hacen para prevenirlas (harvardiano-soviéticos los llama) y arremete contra tantos planificadores sociales, analistas financieros, economistas y políticos (fragilistas) que se dedican a medir las cosas, a hacer estadísticas, a buscar términos medios con el microscopio en lugar de preocuparse por cómo actuar.

El escenario, nos ejemplifica Taleb, es que actuamos como pavos a los que, siendo alimentados por el carnicero, les diera por preguntar a los expertos qué comerán al día siguiente. Ellos harían sus estadísticas, sus predicciones sobre la calidad, el aporte calórico… hasta el Día de Acción de Gracias en que el carnicero saca el cuchillo. Lo habríamos anticipado todo menos lo que en realidad importa. Y el problema no es sólo que sus fórmulas nos privan de aquello que podría ayudarnos, sino que tienen efectos secundarios. Ahí están las recetas de la crisis -dosis incorrectas que nos impiden inmunizarnos, sobredosis que nos dejan sin defensas- y aquí estamos…

Es entonces cuando Taleb nos sorprende con su reveladora teoría sobre la antifragilidad, sobre las “cosas que prosperan si se exponen a la volatilidad y al desorden”, a las que les encanta la aventura, la incertidumbre y el azar. Habla del “genio humano” que surge de la dificultad, de cómo es mucho más difícil gestionar la abundancia que la escasez, de cómo nos acomodamos construyendo entornos estériles y seguros perdiendo de vista todo lo que nos haría florecer, de lo importante que debería ser incorporar la información que nos dan los errores, el dolor, en lugar de protegernos cimentando nuestra propia fragilidad.

¿Qué hacer hoy? Para empezar, recurrir a quienes de verdad han arriesgado su dinero, se han expuesto y han salido triunfantes para sacar unas cuantas conclusiones; preguntar a quienes saben el camino y no a quienes lo dicen saber. La cuestión sigue siendo el presente. Poco importa si todo va bien hasta que el carnicero saca el cuchillo o todo va mal porque el carnicero ya sacó su cuchillo.

Operación escapada

Magdalena Trillo | 4 de agosto de 2013 a las 9:36

Al insomnio veraniego que hemos sufrido estas últimas noches de calor tropical tendremos que sumar el próximo 21 de agosto veinte minutos extra de vigilia por culpa de la luna llena. El influjo sobre el hombre del satélite más bello y cinematográfico de la historia ya es una evidencia científica. Lo han descubierto unos investigadores de Basilea con un experimento en un psiquiátrico de Suiza: analizando unos registros electroencefalográficos, las fases de movimientos rápidos de los ojos y la secreción de melatonina y cortisol han comprobado cómo la onda delta se reduce un 30% y afecta al ritmo circadiano. Lo que todos ustedes intuían: que la luna llena no sólo afecta a las mareas; también nos quita el sueño.

No sé si me genera más desconfianza el hallazgo por su cercanía con la ficción de la literatura y el surrealismo de los sueños o por lo insólito del ensayo con 33 enfermos mentales encerrados en un laboratorio para ser espiados mientras duermen. Escepticismo aparte, he de reconocer que lo que ha conseguido esta supuesta evidencia científica es que acabe viendo lunas llenas y hombres lobo por todas partes. Para empezar, algo tendrá que ver el mito lorquiano con que la tradicional ‘operación salida’ se haya transformado, súbita y oportunamente, en una frustrante ‘operación escape’…

Veamos. La infanta Cristina huye del caso Noos mudándose a Ginebra con sus hijos -ya quisiéramos todos tener un ‘padrino’ como La Caixa-, Mariano Rajoy se aparta del “tesorero infiel” reformulando su “todo es falso salvo alguna cosa” en una asombrosa “colección de falsedades” -deja su credibilidad, su autoridad y su futuro en manos de los ataques de sinceridad de un despedido en diferido- y Montoro consigue repartir la tarta del déficit aplazando a 2014 el bocado más indigesto -es consciente de que ni el Estado cumplirá (en junio ya ha alcanzado el objetivo de todo el año) ni las comunidades tampoco-. Si el año pasado sorteamos los calores del verano con la serpiente de la prima de riesgo, este agosto lo haremos con los reptiles de los ERE y los aullidos de los Bárcenas gracias al cartel de ‘abierto por vacaciones‘ que ha colgado la justicia para amenizar las escapadas.

Dicen los del PP que, a diferencia de Griñán que ha “huido” acosado por los escándalos, Rajoy ha dado la cara compareciendo en sede parlamentaria. Olvidan que no fue, lo llevaron, y sigue quedando en el aire para qué: para contar qué verdad; la verdad de quién. Porque, aparte de declararse oficialmente “víctima” de un “falso inocente”, pocos argumentos -y ninguna prueba- expuso el presidente para demostrar que el PP no se ha financiado irregularmente durante 28 años, que no hay contabilidad B, que no se pagaron sobresueldos en negro y que no ha sostenido a un presunto delincuente con mensajes de ánimo en sms: “Luis lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo” (#findelacita). Rajoy se revolvió contra la oposición y contra los medios “que jalean los infundios” y prometió regeneración democrática. Pero no convenció ni a los suyos. Una encuesta de El Mundo desvelaba ayer mismo que el 72% piensa que no dijo la verdad.

Toda una mañana, meses, de descreimiento para llegar a una conclusión alarmante: necesitaríamos una caja negra de la verdad, una caja negra genética, para poner fin a tanta infamia. Ni comparecencias ni confesionarios. La sugerencia es del compañero Pablo Alcázar, que lo argumentaba con extraordinaria agudeza en su columna del jueves. La ciencia, siempre, contra la manipulación de los políticos. Y de los economistas.

La última trampa la acaba de poner sobre la mesa el FMI. Quiere que nos bajemos los sueldos un 10% para crear empleo. Advierte que hay crisis para rato, que la salida será lenta y tediosa y que no levantaremos cabeza hasta 2018. Nada recuerda sobre los muchos recortes que ya se han aprobado sin otro impacto aparente que en los márgenes de beneficios, nada dice sobre las subidas de impuestos que ya se han aplicado con consecuencias suicidas y nada quiere saber de lo que ya nos han encarecido la vida mientras nos piden, nos obligan, a que paguemos nuestras deudas, las de las empresas, las de los bancos y la del Estado.

El caso es que España va mal, Andalucía va mal, pero los andaluces vamos bien… Así lo recoge el último Egopa cuando señala que hasta un 70% de los encuestados afirma que su situación familiar es “regular” o “buena”. UGT habla del “síndrome de optimismo veraniego andaluz” por el respiro que en estos meses nos da el paro; yo me pregunto si no estará detrás el influjo de la luna llena… Un espejismo, probablemente, pero que no deberíamos desaprovechar. Queda un largo mes de agosto y nada ha dicho aún el FMI sobre lo positivo que sería para salir de la crisis retroceder un siglo y eliminar las vacaciones pagadas.

 

El 21 de agosto, a las 03:45 de la madrugada, la luna estará en su máxima plenitud. Disfrútenla. Déjense escapar antes de que, también, nos la quieran quitar.