Un acto de fe

Magdalena Trillo | 3 de febrero de 2013 a las 10:03

Esta semana he recordado por qué hace veinte años quise ser periodista: se pueden cambiar las cosas. La verdad no es absoluta, pero tampoco lo es la impunidad. No estamos adocenados ni dormidos. Ni nosotros ni los ciudadanos ante los que tenemos la obligación de responder; esa calle que nos vigila en las redes sociales compartiendo -no supliendo ni usurpando- el papel de ‘voz de los sin voz’ que tradicionalmente hemos desempeñado. La salud de la democracia, de nuestro sistema de libertades, se sigue calibrando en los medios de comunicación. También su decadencia y su decrepitud; también las vanidades, irresponsabilidades e incluso fragilidad con que a veces participamos en este perverso juego de control, presiones, poder y contrapoder. Pero la grandeza de este sistema es, precisamente, que cada actor esté a la altura de su papel. Con sus errores y sus aciertos. Hay que gobernar para salir de la crisis, pero también hay que hacer oposición e informar con absoluta independencia.

El estallido social que se temía con la sangría del paro se está desatando por la corrupción. Los papeles de Bárcenas no son una causa general contra el PP ni las protestas en las sedes del partido son un acoso antidemocrático. No es conspiración y no es persecución. Son dudas legítimas sobre la gestión de un partido político y sobre la “honorabilidad” de unas personas que están en el Gobierno. No es un movimiento para desestabilizar el país. Es la esencia misma de la democracia. Son derechos, libertades y obligaciones constitucionales.

Aunque algunos quieran pensar que la prensa es como el carnicero, que “mata por la noche para comer al día siguiente lo que ha matado”. Lo decía Balzac hace más de un siglo y muchos lo estarán pensando estos días: “El periodismo es una fuerza ciega, sorda, perversa, rebelde, sin moralidad, sin tradición, sin objetivos concretos y dignos”. Pero es, y así lo reconocía el infatigable novelista francés, “la fuerza que lo mueve todo, la única que tiene el poder suficiente para derribar”.

Dolores de Cospedal lo vivió el jueves cuando tuvo que salir ante los medios a ‘sujetar las velas’ de todo el partido. Se inmoló políticamente. Su discurso, milimétricamente planificado, se quebró con las primeras preguntas de los periodistas. Pese a la pretendida contundencia de sus palabras y el redundante “limpio, claro y transparente” que aplicó a las cuentas del PP, suscitó más inquietud que certezas. La negativa tajante de veracidad a los apuntes contables publicados por El País, una supuesta Caja B de financiación, se convirtió en parcial y terminó provocando una tremenda ola de indignación (#quesevayantodos, #Rajoydimisión, #volvemos1f) que apenas tardaría unas horas en convertirse en caceroladas con gigantescos sobres a modo de pancarta por todo el país. Granada no fue una excepción.

En los tribunales, el proceso avanza implacable. La justicia está cumpliendo su papel sin miramientos ni excepciones difícilmente justificables en un Estado de Derecho. En paralelo a la instrucción del caso Bárcenas y el caso Gürtel, el Fiscal General ha considerado que “hay indicios” para investigar y que está dispuesto a llamar al propio presidente del Gobierno si es necesario. Anticorrupción acaba de anunciar que citará a los ex tesoreros Bárcenas y Lapuerta y al ex diputado Jorge Trías para esclarecer el presunto pago de sobresueldos a la cúpula del PP. Si es dinero negro y hay fraude, lo dictamirá un juez; si todo es ‘limpio’ y legal, también.

Políticamente, el escenario se tambalea. El “caiga quien caiga” inicial se ha convertido en un cierre de filas. Hace cuatro años Rajoy dijo que no había una trama de corrupción “en el PP” sino “contra el PP” y puso la mano en el fuego por el ex senador. Se quemó. Ayer, tras la reunión de urgencia del comité ejecutivo, evitó mencionar su nombre, se demarcó de la cuenta en Suiza de los 22 millones e insistió en la teoría de la conspiración. Habló de “papeles apócrifos” y de “manipulación”. “Es falso”, enfatizó en varias ocasiones tajante, seco, enfadado. “Son infamias que ahora se disfrazan de presuntas, que dan pie a toda clase de infundios e inflaman el fariseísmo más descarado”.

Pero lo que nos pidió el presidente del Gobierno fue un acto de fe. No tiene crédito suficiente para ello. Las palabras de los políticos, sus promesas, están terriblemente devaluadas. Tal vez podamos creerlo a él pero no depositando una fe ciega en toda la estructura de dirección de un partido, el de ahora y el de hace dos décadas. Fue demasiado osado, innecesariamente arriesgado. Coincido con Rajoy al pensar que “las cosas se pueden cambiar”, pero no hablamos de lo mismo. No, si no se entiende la crítica y exigencia de transparencia que está reclamando la sociedad española. No, si su defensa es un ataque contra los medios, contra la oposición y contra quienes expresan en la calle su cabreo y perplejidad.

La China de Europa

Magdalena Trillo | 27 de enero de 2013 a las 10:20

Dice Merkel que está preocupada por la elevada tasa de paro juvenil en España pero su receta es inamovible: seguir con las reformas. No es una prioridad reforzar los controles comunitarios para atajar la evasión fiscal, agilizar la tasa bancaria o meterle mano a la economía sumergida. Quiere más ajustes y más recortes. Su populismo se llama déficit.

El Washington Post pone a nuestro país como ejemplo de esfuerzo para Francia: ya somos más productivos y más competitivos. ¡Aprendan vecinos! Hacemos lo mismo con seis millones de personas menos en el mercado laboral perdidas en una espiral diabólica. Los expulsamos del sistema, les robamos su dignidad y les damos beneficencia. El coste de las prestaciones por desempleo se disparan, revientan el déficit y obligan al Gobierno a realizar nuevos ajustes que, una y otra vez, acaban recayendo en las espaldas de las clases medias. En la calle, los precios y la inflación no dejan de subir, nos fríen a impuestos, perdemos poder adquisitivo en los salarios, nos cargamos el sistema de protección social y proclamamos la tiranía del empleo precario. Desigualdad. La brecha entre el norte y el sur de España se agranda a la misma velocidad que fabricamos ricos y pobres. Muy ricos y muy pobres.

Con los ‘400 euros’ y el PER sólo acallamos la conciencia de quien sabe que todo sigue igual: miles de familias malviviendo de los abuelos y de la caridad; los jornaleros, como en siglo XIX: mirando al cielo para saber si hoy tendrán trabajo y mañana un subsidio. Seguimos sin entender que lo que quiere la gente es su derecho al trabajo, no limosnas. Es una cuestión de autoestima.

¿No íbamos a transformar el modelo productivo? Tal vez deberíamos empezar averiguando si había un ‘modelo’ que cambiar y si realmente hay un plan para ‘producir’ sin que sigamos dependiendo de la especulación del ladrillo y de la estacionalidad del turismo. No parece que el camino sea ‘regalar’ a otros países el talento de las generaciones más jóvenes, amortizar la experiencia de los profesionales con mayor cualificación para abaratar costes en las empresas y hundir las inversiones públicas en innovación y desarrollo, en investigación, en la enseñanza superior, en los parques tecnológicos…

Dicen que hemos recuperado la “confianza” de los mercados. ¿De eso se trataba? Pues digámoslo abiertamente. Porque a Rajoy se le dio la “confianza” para que sacara este país de la crisis. A todos; no a unos pocos. Se me ocurre que podríamos ir esta semana a Fitur con el cartel de ‘se vende’ situado sobre nuestras provincias y nuestros trabajadores. Ya tenemos el gancho: “La China de Europa“. Bueno, bonito y barato. Muy barato. En el stand de Granada, en lugar de la Alhambra podríamos llevar la foto de una oficina del Inem. Mejor aún, podríamos colocar allí la oficina del paro y hacer negocio como ya intentamos con la educación, la sanidad y la justicia y como llegará a las pensiones.

Publicamos hoy que, en estos momentos, el SAE no tiene ni cien ofertas de empleo para los 162.900 granadinos que quieren trabajar. La verdad es que no conozco a nadie que haya encontrado trabajo con este supuesto servicios público. Hemos intentado mil veces escribir un reportaje pero sólo encontramos colas de figurantes a la espera de un gran papel que nunca llega. Burocracia y caras de circunstancia. Ilusiones rotas en unos casos; vidas quebradas en otros. Nadie está preparado cuando el paro llama a la puerta. Demasiados testimonios de humillación cuando es tu nombre el que pasa a engrosar la lista de damnificados de la crisis. Una lista negra pero transparente y con rostro que contrasta con la que el Gobierno se niega a publicar con los defraudadores a Hacienda, con los 29.065 estafadores que se han acogido a la amnistía pagando un 3% por sus fortunas cuando en cualquier nómina se supera el 20%.

La economía española mueve alrededor de 250.000 millones de euros sin control fiscal, entre el 20 y 25% del PIB. Son datos del Libro Marrón del Círculo de Empresarios. Seguro que nuestros ministros lo conocen. Y seguro que saben que si no hay un estallido social, si no se están quemando las calles, es porque los españoles están en paro pero no parados. No serán suyos los 111 millones de billetes de 500 euros que circulan en España pero sí son piezas obligadas del perverso juego de picaresca, fraude y golfería que sostiene esta China a la europea que ya fascina a los mercados. ‘Tocado’ por el caso Bárcenas, el PP sorprende ahora con una iniciativa para educar fiscalmente a los niños y “prevenir el fraude”. Será un problema de ‘cultura nacional’ pero es, sobre todo, un problema de dar ejempo.

El Pacto por Granada

Magdalena Trillo | 20 de enero de 2013 a las 12:49

EL último gran pacto por Granada se firmó hace doce años. Socialistas y populares fueron capaces de anteponer los intereses de la provincia a las consignas de sus partidos, se sentaron en una mesa y, sumando a empresarios y sindicatos, unieron sus fuerzas por la independencia de La General. El Pacto del Saray, hoy una triste entelequia, se retomó en 2009 y ha terminado constituyendo una de las pocas ocasiones de acuerdo entre los dos grandes partidos. En aquel momento empezaba a desinflarse la burbuja financiera y tocaba lidiar con la siempre conflictiva renovación de los órganos de dirección de CajaGranada. Después de un año de tensiones y desencuentros, Álvarez de la Chica y Sebastián Pérez reeditaron el acuerdo de 2001 para garantizar la “estabilidad” de la entidad. La crisis, el rescate bancario y la reestructuración financiera han terminado por canibalizar el espíritu del Saray, pero hay que reconocer que es uno de los pocos ejemplos que tiene esta provincia de cierta renuncia, generosidad y altura de miras entre socialistas y populares.

Hoy, si pensamos en la crisis de identidad, desgaste y desorientación que vive el PSOE desde el 20-N, nos indignamos con el ‘no consta’ con que el PP está intentando tapar las gravísimas acusaciones de corrupción que ha desatado el caso Bárcenas y sumamos el cansancio y descrédito generalizado que se ha instalado en la sociedad hacia la política, hacia los políticos, seguramente habría que concluir que ni es época de pactos ni hay margen posible para esquivar la confrontación. En ninguna instancia y por ningún motivo.

Pero la alternativa a la no política es el abismo democrático. Y la estabilidad misma de este país, el futuro de todos, depende de la decencia, la honradez y la integridad de quienes en estos momentos tienen alguna responsabilidad de gobierno. Aunque haya demasiados ‘Barcenillas’ por las ciudades de toda España, creo que es en estos momentos de precipicio social cuando desde los medios de comunicación debemos asumir nuestra cuota de responsabilidad en el juego democrático y, al mismo tiempo que se pone contra las cuerdas a quienes han robado y mentido a todo el país, deberíamos alinearnos con quienes siguen defendiendo que “no todos son iguales“. Aunque no terminemos de creernos el teatro con que muchos se están escandalizando ni tengamos motivos para creer que “el que la hace la paga” y que “no temblará la mano”.

A riesgo de pecar de ilusa, estoy dispuesta a dar un voto de confianza a quienes dicen trabajar para aportar soluciones y no para causar más problemas a los ciudadanos. Y por eso empezaré creyendo que el Pacto por Granada debería ser posible. Aunque sea por puro instinto de supervivencia. La teoría del Ave Fénix: socialistas y populares se han quemado tanto que no tienen otra salida que mover ficha. Lo ha hecho esta semana Teresa Jiménez. A la explosiva intervención del presidente del PP en el arranque del curso político, le ha contestado con una propuesta de consenso. La dirigente socialista compareció el lunes pidiendo un esfuerzo para dejar de lado los insultos, apostar por el diálogo y trabajar para crear empleo. Bien es cierto que, más allá de las recurrentes alianzas por la Alhambra, la Sierra y el PTS y el necesario desbloqueo de las grandes infraestructuras, tanto PP como PSOE han de ser conscientes de que en su hoja de ruta debería estar poner fin al espectáculo que están dando los suyos con el desgobierno en Armilla, Loja, Santa Fe y Otura. No es retórica que 35 trabajadores municipales se van a quedar en la calle en Santa Fe, supera la crónica judicial el esperpento en que se ha convertido el pacto de gobierno en Armilla, daría para un western el renacer de Fernández Sanz con fuego amigo y alcanza el nivel de ciencia ficción la propuesta de los independientes de Loja para resolver con “gobiernos de concertación” las crisis políticas de los cuatro ayuntamientos.

Se juegan el crédito, unos y otros, si la grandilocuencia de sus comparecencias queda en titulares de un día; si no son capaces siquiera de hallar un hueco en sus agendas para mantener una reunión. Reconozcamos que, en el actual clima de crispación, el Pacto por Granada tiene tantas posibilidades de acabar en fracaso como el impulsado por Griñán en Andalucía. Pero probemos a bajar un escalón en las pretensiones. Para poner orden en casa e imponer un mínimo de decencia política no tendrían que alinearse los planetas

El quinto año de la marmota

Magdalena Trillo | 6 de enero de 2013 a las 13:29

Se ha subido ya a la báscula? ¿Se ha apuntado al gimnasio y a la academia de inglés? ¿Ya hizo el curso de coaching? Año nuevo, vida nueva. Aunque sólo los 2.000 españoles que cada día se han visto expulsados a las colas del paro en 2012 podrán corroborar el refrán. Los demás seguimos dando vueltas en la ruleta de la marmota con la esperanza de que un cambio de dígitos signifique algo más. Confiados, a veces, en romper la dictadura de la rutina; desencantados, siempre, cuando se desvanece el calendario sumido en los grises del reloj; cansados, hastiados, deprimidos, de ser comparsas de esa comedia ácida y amarga con que hemos disfrazado la vida pública.

Dice mi sobrina de 14 años que no me entiende cuando hablo de política y de economía. Es educada; lo que debe estar pensando es que la aburro. Y tiene motivos. El déficit, los ajustes, el rescate, las reformas, el ‘tasazo’, la reestructuración bancaria, el Mede, los MOU, el FLA… Ni inventando palabras solucionamos el fondo del asunto. Periodistas, políticos y pseudoexpertos hemos orquestado un particular Show de Truman cada vez más perfecto y artificial. Los periodistas escribimos para que nos lean los políticos; los políticos gobiernan para verse en los medios y los opinantes opinan para que les aplaudamos unos y otros. Una película de consumo interno. Inaprensible, peligrosa y hasta contagiosa.

En la casa de mi hermana, sus hijas han escrito este año dos cartas a los Reyes Magos: la primera, la de la todas las Navidades; la segunda, con recortes. La mayor decía así: “Queridos Majestades, este año me he portado muy bien pero, como estamos en crisis, quito el WhatsApp y la tablet y me quedo con las zapatillas, que dice mi madre que hacen falta, y el telescopio”. Su hermana lo redujo todo a un libro de Stilton y la Pepa Pig. Ilusión con censura previa. Peor aún, ilusión con autocensura.

La misma que vimos el viernes en la entrevista que Jesús Hermida le hizo al Rey. Al constitucional, al que quiere que se le recuerde por “haber unido a los españoles”. No entro en el fondo, me quedo en la estética. Parecía el No-Do. Solo faltó el blanco y negro que un periódico se encargó de llevar a su portada al día siguiente recogiendo para la Historia la histórica escena. No llamemos entrevista ni invoquemos el periodismo para lo que no fue más que una ‘charla’ decimonónica entre un súbdito y su Rey dentro de una operación de márketing tan de consumo interno como esos debates de política que duermen a mi sobrina. Un abuelo conversando con otro abuelo en su 75 cumpleaños. ¿Se imaginan una entrevista, de verdad, al estilo Ana Pastor?

El cortejo real, el de verdad, recorrió ayer las calles de Granada con 5.000 kilos menos de caramelos en las alforjas. Otro efecto de la ‘operación recorte’ de la que sólo sabemos con seguridad que seguirá siendo la protagonista de nuestro quinto año de crisis y recesión. Cinco años de marmota que no desalientan a algún que otro mago del optimismo dispuesto a hacernos creer en aquello del ‘año nuevo, vida nueva’. Lo hacía Griñán anunciando el padre de todos los planes: 50 planes estratégicos para sacar a Andalucía de la crisis en 2013, un plan a la semana. Todo un derroche de palabrería e imaginación: plan de creación de empleo en la municipalidad, cuarto plan de salud, tercer plan de inmigración, nuevo plan de formación para jóvenes, plan sectorial para la estrategia digital, plan para internacionalizar la economía, plan de turismo sostenible… Y así hasta 50 sin explicar con qué dinero y recursos vamos a revolucionar la vida andaluza en doce meses y vamos a romper la maldición de la marmota.

Tampoco me quedó claro si para cada plan vamos a crear una comisión de expertos y asesores que puedan ir pasando gastos y dietas de sus intensas sesiones de brainstorming. Visto el éxito, eficacia y escaso coste de cumbres y conferencias, tal vez sea hora de inaugurar un ciclo de minicumbres. Perdonad mi incredulidad, pero no lo puedo evitar. Cada vez que me hablan de planes estratégicos veo un cajón. Cajones llenos de documentos cuya única utilidad fue un titular en prensa. Visiten la hemeroteca de cualquier ciudad. Si quieren enterrar un proyecto, ideen un plan y constituyan una comisión…

Termino de escribir este artículo sin saber si los Reyes me han vuelto a dejar carbón. De pequeña me traumatizaba; hoy es una buena forma de recuperar la ilusión.

Vida ligera

Magdalena Trillo | 6 de enero de 2013 a las 13:24

A los mayas les ha pasado como a los políticos, les hemos malinterpretado. Unos días después de que caducara su apocalíptica predicción, la prueba es irrefutable: el mundo no se acabó el 21 de diciembre. No hicieron falta los bunkers que se construyeron en Estados Unidos ni los 21 modelos del Arca de Noé que se vendieron en China por 600.000 euros para sobrevivir a la hecatombe. Ningún cometa se ha empotrado contra la Tierra, no se han invertido los polos magnéticos del planeta y ni siquiera se ha producido una masiva explosión volcánica. Tampoco aterrizó en la montaña de Bugarach una nave nodriza extraterrestre para salvar a unos pocos elegidos, ningún rayo proveniente del centro de la galaxia nos ha convertido en polvo interestelar ni ha sido necesario recurrir a la soga que una agencia matrimonial siberiana regaló a los recién casados en una macabra cesta con valeriana, vodka, cereales y jabón.

Aunque hasta la NASA tuvo que salir al paso de la psicosis apocalíptica negando el cataclismo universal que nos anunciaban los intérpretes esotéricos, admitamos la evidencia: a diferencia de los políticos, los mayas tienen motivos para denunciar que hayamos manipulado sus presagios. Las proyecciones astronómicas de la antigua civilización del Yucatán no se referían al fin del mundo; es aquí en Occidente donde seguimos obsesionados, fascinados, con el día del juicio final. Las inscripciones mayas hablan de un cambio de era y de una evolución de la conciencia humana. Del fin del “tiempo del no tiempo”. De una humanidad más humana.

Desde que acabó el imperio romano ha habido 183 falsas predicciones del fin del mundo. Sumemos una más. La Historia contará que el fatídico 21-12-12 llegó, pasó y nos dejó más de lo mismo. Desesperanza. Asistimos al inicio de un nuevo solsticio sin evidencia alguna de que algo vaya a cambiar; de que vayamos a cambiar. Los mayas siguen a lo suyo, sobrevivir, y al otro lado del Atlántico tal vez nos permitamos mañana hacer un paréntesis en nuestras aciagas vidas para brindar, con o sin cava, por la entrada de 2013. Aunque sea pensando en 2014.

Hace meses que tengo guardado un artículo de Jordi Soler sobre La vida ligera en el que hoy me parece vislumbrar las esperanzas mayas. El escritor mexicano afincado en Barcelona reflexiona sobre cómo la crisis ha puesto fin a una era centrada en la propiedad y el acopio, en comprar, acumular, arrumbar, y cómo las nuevas tecnologías nos dan la oportunidad de vivir en la levedad y el presente. “La gran enseñanza de esta crisis”, nos dice, “es que nos ha hecho conscientes de nuestra fragilidad, nos ha enseñado que las posesiones materiales son elementos de otra época. Ahora lo que se impone es imaginar un mundo distinto, todo ha cambiado ya y no queda más remedio que seguir: seguir el rumbo que marcan las nuevas tecnologías y vivir la vida en tiempo presente, vivirla hoy, porque el vivir para mañana ya es cosa del ayer”.

No sé si peca de optimismo o de fatalismo. Porque seguro que no ven a ningún Sócrates clamando en un mercado “cuántas cosas existen que yo no necesito” -al contrario- y porque la vida ligera que nos ofrecen las tecnologías la transformamos, cada día, en ligereza, en insaciables listados de deseos que terminan convirtiéndose en frustraciones. No es sólo la dictadura del consumismo y del materialismo la que no ha quedado atrás con el prometido “cambio de era”; es una vida ligera de valores, de humanidad, la que nos arrastra. ¿Evolución? Despedimos el año enterrando a una niña de 16 meses, raptada, golpeada y arrojada a una balsa de riego por un joven, un delincuente, un asesino, que se construyó una vida de “ángel” en internet…

Nunca encontraremos una explicación. Como no la hallamos hace unas semanas con la mujer de Pilas que congeló a sus bebés. Pienso que en estos casos la única salida es creer. Pensar que podemos cambiar… Mientras los agoreros de la destrucción buscan una nueva fecha con la que azuzar nuestros miedos, aún hay tiempo para darle la razón a los milenarios mayas. Se sorprenderán si les digo que también en los periódicos se escriben cuentos de Navidad: se llama Martha Payne, vive en Lochgilphead, creó un blog para enseñarle a su padre lo mala que era la comida que le daban en el colegio, seis meses después tiene 8,5 millones de seguidores y ha recaudado suficiente dinero para construir una cocina en Malawi con la que dar de comer a 10.000 escolares africanos. Tiene 9 años, tiene la edad perfecta para cambiar el mundo, para hacer verdad la profecía maya. Una niña sin otro equipaje que su inocencia, un puñado de sueños y un portátil. Ésta sí es vida ligera que podríamos predecir.

Reinicio

Magdalena Trillo | 25 de diciembre de 2012 a las 19:54

La primera lección que aprendes cuando empiezas a trabajar con ordenadores es el efecto mágico del reinicio. Todo se arregla volviendo al principio. Reseteando. Acabo de terminar de ver la primera temporada de Boss y todavía estoy impactada por la maquiavélica fontanería de la alcaldía de Chicago. ¿Tan profundas son las cloacas de la alta política? La serie de Kelsey Grammer, lo recordarán de Fraiser, puede que peque de excesos y resulte en algunos momentos frívola y pretenciosa. Pero sólo por la crudeza con que nos recuerda ese ancestral baile de estrategias, manipulación y juego sucio que, desde Aristóteles, es este “arte de lo posible”.

No son generalidades. Y no tenemos que irnos a Estados Unidos para constatar que la política necesita un reinicio. Me convenzo cada vez que cambio de canal indignada ante tanta hipocresía, falta de responsabilidad y crispación. Pienso en la Valencia del Gürtel, en la Andalucía de los ERE y los gin-tonic, en los saraos burgueses de Urdangarin, en los safaris africanos del Rey, en los tejemanejes del señor Díaz Ferrán… Tan real como la ficción.

En Granada, la política que mejor ‘funciona’ es la del agravio y la discriminación. Víctimas, siempre, según soplen las banderas. Ahora acosados por Sevilla; en la anterior legislatura sufridores tanto de la Junta como del Gobierno central. ¡Para acabar en el esperpento de una guerra de embargos por las obras del Metro!

Para el PP, la culpa de todo la tiene Zapatero. Zapatero y la cansina “herencia recibida”. Aunque olvidan que la prometida “confianza” no llegó con Rajoy por Navidad y, un año después, siguen empeñados en que nada hay que reprochar a un Ejecutivo que se jacta de crecerse como los toros en el ruedo. ¿Ni siquiera el récord de parados que fulminamos mes tras mes desde que se aprobó la reforma laboral? ¿Ni siquiera la fábrica de independentismo y confrontación en que han convertido Madrid? ¿Ni siquiera la heroicidad de ser capaces de poner en contra a todos los estamentos de la Justicia, la Educación y la Sanidad?

En Sevilla no se gobierna, se hace oposición. Muy en su papel de ‘aldea gala’ del socialismo. Recuperando la dureza de la etapa Chaves-Aznar y olvidando que es el PSOE quien lleva tres décadas gobernando con absoluta autonomía y libertad para fijar el camino (acertado o no) de esta comunidad. Hace unos días celebraba Griñán el desplome en intención de voto del PP que recogía el último Barómetro de Opinión Pública (casi diez puntos) pero pasaba de puntillas por el suspenso rotundo que los andaluces dan al gobierno bipartito y lo que resulta más preocupante: la mayoría de los ciudadanos desconfía del sistema democrático y de los partidos. Crisis y paro sólo conducen al desánimo, a la pérdida de autoestima, al cuestionamiento mismo de la democracia. ¿Efecto Rajoy vs efecto Zapatero? ¿Efecto Rajoy vs efecto Griñán?

Tal vez la única forma de imponer algo de sentido común y coherencia sea con drásticas soluciones de emergencia. Reiniciar. “Repensar el Estado o destruirlo” como propone de forma provocadora el jurista cordobés Muñoz Machado en su Informe sobre España. Reformar. Pero no sólo el modelo de Estado y la Constitución; hay que empezar regenerando la política para salvarla de la ‘antipolítica’, para protegerla del peligroso y siempre acechante populismo, para blindarla de los abusos de poder y la corrupción. La primera cuestión sería cómo: ¿hay botón de reinicio? La segunda, a qué precio: ¿estamos dispuestos a renunciar a ese Olimpo de prebendas y sinecuras del que hace poco hablaba el diputado Andrés Ollero?

Lanzo una propuesta constructiva y hasta austera. Empecemos por ‘dejar de lloriquear’. Así se titula el libro que acaba de publicar la periodista alemana Meredith Haaf. Ella habla de la generación ‘sobradamente preparada’ de los 80; de los jóvenes que pasan de la política porque, sencillamente, nunca han estado cerca de ella. Una generación que no figura en la historia porque, cuando ocurre algo importante, nunca están allí: “Estamos en Facebook. O de fiesta. O estudiando para un examen. O de becarios…”.

Unos no están y otros están perdidos compadeciéndose y buscando culpables para escurrir el bulto. ¿Nadie es responsable de nada en este país? Dejemos de lloriquear y estrenemos el nuevo año pulsando el reset.

Sin sentido

Magdalena Trillo | 16 de diciembre de 2012 a las 22:30

En la cuneta, debajo de la maleza, con el olor a muerte del asfalto, sobresalen un palo de golf infantil y un peluche morado con ojos saltones. Al fondo, un coche rojo que circula ajeno a la tragedia da un destello de movimiento a la imagen. Nunca llegamos a publicar esta fotografía. La tomó un compañero de Efe hace una semana en la carretera de Iznalloz. Un bebé de un año murió en el accidente y su hermano de 12 unas horas después. Eran las seis de la tarde. Sus vidas cambiaron en un instante. En un vehículo viajaba una familia de Alicante que había venido a Granada a pasar el puente. En el otro, un joven que dio positivo en el control de alcoholemia. Los padres siguen graves en el hospital; el conductor de la furgoneta está en prisión por homicidio imprudente. Un siniestro más que sumar a las estadísticas de Tráfico.

Otra vida más que acabará reducida a números. Como la masacre del viernes en Estados Unidos. Veinte niños muertos de entre 5 y 10 años en una escuela de Newtown, en Connecticut. Esta vez no ha sido en un instituto; era una guardería. El asesino, tímido y con trastorno de la personalidad, es hijo de una de las profesoras del colegio. Mató a su padre en casa y se fue a la escuela con cuatro armas automáticas -todas ellas legalmente compradas- y chaleco antibalas. Asesinó al director a bocajarro y se encaminó a la clase de su madre. Allí desató la masacre. Disparó más de cien veces. 27 muertes.

El asesino tiene 20 años y se llama Adam Lanza. Fue hallado muerto en una de las clases sin que se haya confirmado si se quitó la vida o fue abatido. La vida de todo un pueblo cambió en un instante. A las 9.30 de la mañana. La policía no pudo más que pedir a los padres que “se abrazaran, se cogieran de la mano y cerraran los ojos”. El lugar parecía “una zona de guerra”.

Confirman los números lo que, secándose las lágrimas, lamentó Obama en su comparecencia pública: esta situación se ha vivido demasiadas veces. Columbine, Virginia, Denver… Fue en abril de 1999 cuando dos jóvenes asaltaron un instituto de Colorado y mataron a tiros doce estudiantes y a un profesor antes de suicidarse. Otro alumno de Secundaria de Minesotta asesinó a sus abuelos en abril de 2005 y luego se cargó a cinco compañeros. En 2007, un universitario surcoreano causó la mayor carnicería de la historia de EE UU cuando mató a 32 personas en la Politécnica de Virginia. Las estadísticas son estremecedoras: 522 víctimas de tiroteos en centros escolares entre 1996 y 2007. Demasiadas matanzas y demasiado recientes. Dentro y fuera de los colegios. La última, el pasado mes de julio en un cine. Recordarán el esperpento. Un joven disfrazado de villano mató en Denver a 12 personas en el estreno de Batman.

“Hay que tomar medidas significativas para impedir que vuelva a suceder”, decía ayer el presidente de EE UU. Una promesa que se incumplirá y se olvidará con la misma facilidad que ocurre con los números. Los números de los muertos de los terremotos, los números de los fallecidos en accidentes de tráfico, los números de las víctimas de la violencia machista y, ‘gracias’ a la crisis, los números que empiezan a construir las primeras estadísticas de suicidios por desahucio. El último, este viernes en Málaga. Vivía con su madre enferma de 96 años en la barriada de los Corazones. Se arrojó desde el balcón de su vivienda agobiada por las deudas. Su vida también cambió en un instante. A las 9.30 de la mañana.

Nada tiene que ver la imprudencia de Iznalloz con la violencia de Connecticut o la desesperación de María Victoria salvo el olor acre de la muerte y la lección de impotencia que nos deja. Hay que actuar; no decirlo. Ninguna de esas muertes debió ocurrir. “La vida cambia en un instante” es lo que nos dice, una y otra vez, Stephen King en 22/11/63. Pero como sociedad somos incapaces de tomar medidas y avanzar. Del fracaso de EEUU en el control de armas al fracaso de Europa para salir de la crisis. Estoy con Norman Mailer, “nos hallamos sumidos en un mundo de desproporciones”. Vivimos en un universo tan “absurdo” como esos números con que nos protegemos de ese fracaso colectivo que supone cada accidente evitable en la carretera, cada víctima del machismo, cada suicidio, cada muerte sin sentido…

Milenio, hablemos claro

Magdalena Trillo | 9 de diciembre de 2012 a las 11:13

Punto uno: prioridades. A un mes de la conmemoración, por sorpresa, la Junta nombra a Francisca Pleguezuelos delegada del Gobierno andaluz en Bruselas y descabeza el Milenio. Parlamentaria europea entre 2005 y 2009, es una de las políticas que mejor conocen la trastienda de la Comisión justo cuando se está negociando el nuevo presupuesto. Andalucía se juega mucho y ella es un valor seguro. Ninguna objeción sobre la apuesta de la Junta; al contrario. Como granadinos nos tenemos que alegrar. Y lo hacemos aun siendo conscientes del nuevo golpe que supondrá esta decisión para un proyecto que lleva cinco años gafado. Cuando Chaves propuso celebrar los mil años de la fundación del Reino de Granada como excusa para invertir en la provincia, aún se gobernaba a lo grande y se anotaban en la agenda proyectos millonarios. El Teatro de la Ópera, el gran Parque de la Vega, la reforma del Banco de España, el Metro, el AVE…

Así se pintó 2013. Luego llegaría la crisis, la austeridad y los recortes. Y tuvimos que descubrir que la Granada de 2013 se había dibujado con carboncillo. A la marcha de Jerónimo Páez del Legado Andalusí siguió la etapa fallida de David Aguilar y, sólo a partir del verano de 2010, con el ‘fichaje’ de Pleguezuelos, el Milenio ha tenido un mínimo recorrido. Se puede cuestionar si acertado o no y podemos preguntarnos a qué programa y concepto de conmemoración responde un concierto de Sting, una Campus Party o un partido de la Selección. Pero ahí están. Se ha ‘movido’ el nombre de Granada y se ha proyectado la imagen del Milenio.

Decía Pleguezuelos cuando asumió el “marrón” que su idea era la de un Milenio social y participativo que debía ser sinónimo de desarrollo económico y turístico para Granada, un Milenio que se proponía abrir a África, la UE, Latinoamérica y EEUU. Demasiado ambicioso entonces y absolutamente irreal hoy. Pero admitiendo que el Milenio ni ha cumplido expectativas ni podrá remontar en 2013 en plena recesión, hablar de “canonjía política” como ha hecho el alcalde o emplearnos con el látigo de la autodestrucción hundiéndonos en el fango de las sospechas y descalificaciones resulta excesivo.

Pleguezuelos nunca ha ‘mendigado’ un puesto en Bruselas para jubilarse. No le hace falta (tiene 62 años y 39 cotizados), no necesita que el partido la ‘coloque’ ni huye del Milenio porque haya fracasado. Nadie ha pedido su cabeza ni hay listas de espera para relevarla en lo que, sin duda, será un suicidio controlado. Si pensamos en el 40% de paro al que puede llegar Granada en 2013, tal vez sea más fácil entender las ‘prioridades’ de la Junta: cómo salir de ésta si no es con respiración asistida comunitaria. Desde luego, no será con el empleo que genere nuestro inexistente tejido productivo…

Punto dos: el relevo. Mañana se reúne Pleguezuelos con Susana Díaz para definir la estrategia en Bruselas y será la consejera de Presidencia junto a Mar Moreno y Teresa Jiménez quienes acuerden el nombre de su sustituto en el Milenio y en el Legado. El socialista César Girón ya se está posicionando (se proclama ‘padre’ del Milenio aunque en el origen del proyecto que Claret ‘vendió’ a Chaves también estaba Miguel Ángel Pinto) y desde que se anunció la efeméride tiene una espina clavada. Aunque seguro que aceptaría y tiene un perfil solvente, hay quienes lo ven como una bomba de relojería recordando su ‘estampida’ del Ayuntamiento. Jerónimo Páez jamás aceptaría, políticas de ‘confianza’ como García Raya o Cándida Martínez tendrían mucho que pensar y las dos horas de reunión que Melchor Saiz-Pardo pasó el otro día con Pleguezuelos en su despacho son más que sospechosas…

Punto tres: el Legado Andalusí. Descontando el bloof del Milenio, lo que habría que aclarar cuanto antes es si realmente hay una operación por parte de la Junta para llevarse la fundación a Sevilla . En el Parque de las Ciencias quedaría un escaparate, el Pabellón Al-Andalus, y la institución como tal se gestionaría en la capital andaluza. Paulino Plata ya propuso en su día transformar el Legado en una fundación al estilo de la SECC. Hablaba de la Fundación Andaluza de Patrimonio Histórico y proponía extender su acción a toda la historia de la región sin restringirlo a la época árabe. Nunca desveló desde dónde…

¿Se imaginan? Si la segunda parte de la serie ‘Isabel’ tiene el éxito esperado, Granada acabará en 2013 celebrando la Reconquista y perdiendo otra seña de identidad más: su historia andalusí y su papel con el mundo árabe. Sin liderazgo político, sin liderazgo económico, sin liderazgo cultural. Aquí sí hay motivos para preocuparse.

El Centro Lorca, en vías de solución

Magdalena Trillo | 3 de diciembre de 2012 a las 9:34

Tiene ecos Granada de esa geometría y angustia que Federico García Lorca vio hace ochenta años en Nueva York. “Nada más poético y terrible”, escribió en su conocida conferencia de 1932, “que la lucha de los rascacielos con el cielo que los cubre”. Angustia y alienación.

La metáfora de la sociedad contemporánea. Una ciudad hormiguero apresada entre la monumentalidad de la ingeniería urbanística que fascina al viajero y la inhumanidad del sistema capitalista que la alimenta. Alienación y agonía.

En un juego de espejos, la arquitectura extrahumana y el ritmo furioso de Manhattan hunden las raíces en la historia milenaria de Granada. Tierras movedizas que se enfrentan al pasado con la misma fuerza que los enjambres furiosos taladran el sky line de Nueva York. En la Gran Manzana, “la aurora llega y nadie la recibe en su boca/ porque no hay mañana ni esperanza posible”. En Granada hemos enterrado la aurora en el laberinto de la ineptitud. Agonía y fracaso.

En 2013 este periódico cumple diez años y reconozco que, en todo este tiempo, no hay nada que me haya causado más frustración que escribir sobre el prometido regreso del legado lorquiano. El centro de la Romanilla debía ser una realidad en 2007, el mismo año que fijaron los socialistas para que el AVE llegara a Granada. Los dos proyectos están en vía muerta: el primero golpeado por los ajustes presupuestarios y las disputas partidistas que han sumido el proyecto en un estado de absoluta indefinición; el segundo, buscando aún una salida que lime recelos y concilie sensibilidades.

El histórico acuerdo político para que Granada recuperase la obra del poeta de Fuente Vaqueros se produjo en 2004 y, en 2005, un grupo de arquitectos mexicanos y eslovenos ganaba el concurso de ideas para levantar en el corazón de la capital un edificio que honrara su memoria y difundiera su creación literaria y artística. Era entonces Chaves quien se enorgullecía de que “la misma sociedad que lo destruyó” fuese capaz “de aliarse y comprometerse”. De momento, una falacia. El gran cubo de acero ‘colgado’ del cielo que debía custodiar miles de hojas manuscritas, su biblioteca personal, su archivo fotográfico y cientos de cartas y documentos de enorme valor histórico quedó truncado en 2010 cuando se acercaba al 95% de ejecución.

Si no fuera por los precedentes, el título de este artículo debería encabezar una noticia a cinco columnas. Más aún si desvelamos que las administraciones integradas en el Consorcio de gestión están ultimando un acuerdo para que el Centro se inaugure dentro de un año. El pacto de silencio que hay entre Ayuntamiento, Junta, Diputación y Gobierno central es la prueba más fehaciente de que hay motivos para creer. Me confirman varias fuentes que “un año es un plazo razonable” y me avanzan que ya se está trabajando incluso para dar cierta autonomía en cuanto a la programación y el funcionamiento del Centro.

El propio consejero de Cultura ha destacado en el Parlamento la “prioridad” del proyecto lorquiano y me consta que tanto Ayuntamiento como Diputación tienen previsto cómo afrontar sus aportaciones en 2013. Una vez más, es una cuestión de dinero… y de voluntades. Si nadie se intenta colgar una medalla prematuramente, la comparecencia será conjunta y, probablemente, incluya el anuncio de un importante respaldo de fondos europeos.

Ocho años después del histórico pacto, hay razones para ser optimistas. Aunque sea arrastrados por ese sentimiento tan lorquiano del drama que subyace en esta ciudad. Lo recordaba el viernes la cineasta Chus Gutiérrez cuando recibía el Premio Imagen de Granada: “La cultura es hoy más necesaria que nunca porque nos hace soñar. Soñar que mañana puede ser un día diferente”.

Con la misma intensidad que lo ‘cantó’ Lorca en Nueva York cuando se enfrentó a esa dualidad que Julio Neira recoge en Geometría y angustia (Fundación Lara) rastreando en la obra de los poetas españoles que, desde los inicios de la modernidad, se han dejado fascinar y frustrar en esa jungla de contradicciones y utopías que Granada quiere hacer palpitar desde La Romanilla.

Porque será allí donde habrá de fundirse el Lorca del Romancero con el Lorca que se ofrece “a ser comido por las vacas estrujadas”. Será allí donde podremos ver a los caballos vivir en las tabernas, a las hormigas furiosas atacar los cielos amarillos y a las mariposas disecadas resucitar en una Ciudad sin sueño. Será allí donde podemos evitar que “vengan las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan”.

Líneas rojas

Magdalena Trillo | 25 de noviembre de 2012 a las 9:22

En China puedes comprar un niño por 23.000 euros; las mafias de Malasia, Camboya o Filipinas los roban para los pederastas y los sitúan en el mercado a 6.000. En Asia hay jóvenes dispuestos a dejarse extirpar un riñón por 2.800 euros para conseguir un iPhone; Wang lo hizo con 17 años y aún puede embolsarse los 2,27 millones de yuanes de indemnización que su abogado reclamó este verano en el juicio. Al día siguiente de la operación ya sufría problemas renales. En España el Gobierno quiere ‘vender’ permisos de residencia a los extranjeros que compren casas de más de 160.000 euros y nos asustamos… Irlanda lo practica desde marzo exigiendo una inversión privada de 500.000 euros, Italia recompensa a sus extranjeros ‘ricos’ con un visado de 5 años, en Estados Unidos es una tradición y Portugal lo acaba de implantar para quien inyecte en el país un millón de euros, adquiera una propiedad de medio millón o monte una empresa que genere al menos 30 puestos de trabajo.

Reconozco que es preferible seguir pensando que vivimos en una ‘economía de mercado’ que admitir que somos nosotros mismos los que nos hemos puesto en venta. Atravesando todas las líneas rojas que hasta ahora habían protegido esta sociedad de libertades y derechos que habíamos construido sobre los débiles pilares del sistema democrático. Siglos de luchas ha costado defender que la igualdad, la salud, la educación o la justicia son un derecho, no un privilegio, para terminar dándonos cuenta de que son mercancía. Porque no vivimos en una economía de mercado; vivimos en una sociedad de mercado.

Y de cloacas. Los catalanes están llamados hoy a votar en las urnas entre dos nacionalismos que han arrastrado la campaña electoral entre la inmundicia del fango. De las instituciones a las fuerzas de seguridad; de la política a los periódicos. Con calumnias, medias verdades y manipulaciones que han terminado desmontando todos los diques de contención de la ética y la decencia profesional. En Andalucía, el vergonzoso dictamen de los ERE ha venido a confirmar lo que se temía: que las comisiones de investigación son un fraude y que nadie en este país está dispuesto a asumir un mínimo de responsabilidad política. Cerramos diez años de saqueo a la Administración utilizando como cabeza de turco a un ex director general aficionado al gin-tonic. No se entiende ni en las bases socialistas. Tomo prestada la reflexión de un amigo: ¿qué sabrá el ex consejero Viera, qué poder seguirá teniendo, para que no se haya producido (sugerido) ya una dimisión honrosa?

De Cataluña a Andalucía, los ejemplos empiezan a ser ya demasiados. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por una victoria? ¿A qué saldo permitimos que cotice la política? ¿Y un sillón en el Senado? ¿Y un titular de portada? ¿Y un bastón de mando? Si nos quedamos en Granada, basta comprobar cómo el despropósito se ha contagiado esta semana de Santa Fe a Armilla. Y con la inevitable conclusión de que todos son iguales, porque el guión que están siguiendo socialistas y populares es parecido pero a la inversa: en los dos municipios ‘gobierna’ la oposición, en los dos casos son los tránsfugas los que marcan el paso y, lamentablemente, el horizonte es igual de sombrío para los dos ayuntamientos. Santa Fe pidiendo al Gobierno que autorice elecciones anticipadas y Armilla viviendo el día después de una moción de censura frustrada por la intervención de un juez. Podríamos baremar quiénes tienen más o menos responsabilidad pero el paisaje final es idéntico: bloqueo, desgobierno y estupor entre los ciudadanos. ¿Para esto vamos a votar?

Ni siquiera las aspiraciones se escapan del macabro juego de los mercados. Tal vez haya parte de conformismo, pero mucho más de desilusión. Contamos hoy cómo, al mismo ritmo que ha ido subiendo el paro, bajando las inversiones y creciendo los recortes presupuestarios, se “ha ido desinflando” esa Granada del futuro que debía compensar décadas de agravio. La ‘percha’ del Milenio se tambalea sin que sepamos aún muy bien qué quería ser de mayor y, si nos despistamos, Granada celebrará su Universiada en Candanchú. Sumen todas las decepciones que quieran. Hasta la esperanza cotiza a la baja. Sin saber aún muy bien si “lo peor” ya ha pasado como dice Rajoy o “está por llegar” como intuye Griñán, 2013 amenaza con deslizarse en el calendario entre nubarrones de consecuencias inciertas y, lo más preocupante de todo, ninguna línea roja que cruzar.