Milenio, hablemos claro

Magdalena Trillo | 9 de diciembre de 2012 a las 11:13

Punto uno: prioridades. A un mes de la conmemoración, por sorpresa, la Junta nombra a Francisca Pleguezuelos delegada del Gobierno andaluz en Bruselas y descabeza el Milenio. Parlamentaria europea entre 2005 y 2009, es una de las políticas que mejor conocen la trastienda de la Comisión justo cuando se está negociando el nuevo presupuesto. Andalucía se juega mucho y ella es un valor seguro. Ninguna objeción sobre la apuesta de la Junta; al contrario. Como granadinos nos tenemos que alegrar. Y lo hacemos aun siendo conscientes del nuevo golpe que supondrá esta decisión para un proyecto que lleva cinco años gafado. Cuando Chaves propuso celebrar los mil años de la fundación del Reino de Granada como excusa para invertir en la provincia, aún se gobernaba a lo grande y se anotaban en la agenda proyectos millonarios. El Teatro de la Ópera, el gran Parque de la Vega, la reforma del Banco de España, el Metro, el AVE…

Así se pintó 2013. Luego llegaría la crisis, la austeridad y los recortes. Y tuvimos que descubrir que la Granada de 2013 se había dibujado con carboncillo. A la marcha de Jerónimo Páez del Legado Andalusí siguió la etapa fallida de David Aguilar y, sólo a partir del verano de 2010, con el ‘fichaje’ de Pleguezuelos, el Milenio ha tenido un mínimo recorrido. Se puede cuestionar si acertado o no y podemos preguntarnos a qué programa y concepto de conmemoración responde un concierto de Sting, una Campus Party o un partido de la Selección. Pero ahí están. Se ha ‘movido’ el nombre de Granada y se ha proyectado la imagen del Milenio.

Decía Pleguezuelos cuando asumió el “marrón” que su idea era la de un Milenio social y participativo que debía ser sinónimo de desarrollo económico y turístico para Granada, un Milenio que se proponía abrir a África, la UE, Latinoamérica y EEUU. Demasiado ambicioso entonces y absolutamente irreal hoy. Pero admitiendo que el Milenio ni ha cumplido expectativas ni podrá remontar en 2013 en plena recesión, hablar de “canonjía política” como ha hecho el alcalde o emplearnos con el látigo de la autodestrucción hundiéndonos en el fango de las sospechas y descalificaciones resulta excesivo.

Pleguezuelos nunca ha ‘mendigado’ un puesto en Bruselas para jubilarse. No le hace falta (tiene 62 años y 39 cotizados), no necesita que el partido la ‘coloque’ ni huye del Milenio porque haya fracasado. Nadie ha pedido su cabeza ni hay listas de espera para relevarla en lo que, sin duda, será un suicidio controlado. Si pensamos en el 40% de paro al que puede llegar Granada en 2013, tal vez sea más fácil entender las ‘prioridades’ de la Junta: cómo salir de ésta si no es con respiración asistida comunitaria. Desde luego, no será con el empleo que genere nuestro inexistente tejido productivo…

Punto dos: el relevo. Mañana se reúne Pleguezuelos con Susana Díaz para definir la estrategia en Bruselas y será la consejera de Presidencia junto a Mar Moreno y Teresa Jiménez quienes acuerden el nombre de su sustituto en el Milenio y en el Legado. El socialista César Girón ya se está posicionando (se proclama ‘padre’ del Milenio aunque en el origen del proyecto que Claret ‘vendió’ a Chaves también estaba Miguel Ángel Pinto) y desde que se anunció la efeméride tiene una espina clavada. Aunque seguro que aceptaría y tiene un perfil solvente, hay quienes lo ven como una bomba de relojería recordando su ‘estampida’ del Ayuntamiento. Jerónimo Páez jamás aceptaría, políticas de ‘confianza’ como García Raya o Cándida Martínez tendrían mucho que pensar y las dos horas de reunión que Melchor Saiz-Pardo pasó el otro día con Pleguezuelos en su despacho son más que sospechosas…

Punto tres: el Legado Andalusí. Descontando el bloof del Milenio, lo que habría que aclarar cuanto antes es si realmente hay una operación por parte de la Junta para llevarse la fundación a Sevilla . En el Parque de las Ciencias quedaría un escaparate, el Pabellón Al-Andalus, y la institución como tal se gestionaría en la capital andaluza. Paulino Plata ya propuso en su día transformar el Legado en una fundación al estilo de la SECC. Hablaba de la Fundación Andaluza de Patrimonio Histórico y proponía extender su acción a toda la historia de la región sin restringirlo a la época árabe. Nunca desveló desde dónde…

¿Se imaginan? Si la segunda parte de la serie ‘Isabel’ tiene el éxito esperado, Granada acabará en 2013 celebrando la Reconquista y perdiendo otra seña de identidad más: su historia andalusí y su papel con el mundo árabe. Sin liderazgo político, sin liderazgo económico, sin liderazgo cultural. Aquí sí hay motivos para preocuparse.

El Centro Lorca, en vías de solución

Magdalena Trillo | 3 de diciembre de 2012 a las 9:34

Tiene ecos Granada de esa geometría y angustia que Federico García Lorca vio hace ochenta años en Nueva York. “Nada más poético y terrible”, escribió en su conocida conferencia de 1932, “que la lucha de los rascacielos con el cielo que los cubre”. Angustia y alienación.

La metáfora de la sociedad contemporánea. Una ciudad hormiguero apresada entre la monumentalidad de la ingeniería urbanística que fascina al viajero y la inhumanidad del sistema capitalista que la alimenta. Alienación y agonía.

En un juego de espejos, la arquitectura extrahumana y el ritmo furioso de Manhattan hunden las raíces en la historia milenaria de Granada. Tierras movedizas que se enfrentan al pasado con la misma fuerza que los enjambres furiosos taladran el sky line de Nueva York. En la Gran Manzana, “la aurora llega y nadie la recibe en su boca/ porque no hay mañana ni esperanza posible”. En Granada hemos enterrado la aurora en el laberinto de la ineptitud. Agonía y fracaso.

En 2013 este periódico cumple diez años y reconozco que, en todo este tiempo, no hay nada que me haya causado más frustración que escribir sobre el prometido regreso del legado lorquiano. El centro de la Romanilla debía ser una realidad en 2007, el mismo año que fijaron los socialistas para que el AVE llegara a Granada. Los dos proyectos están en vía muerta: el primero golpeado por los ajustes presupuestarios y las disputas partidistas que han sumido el proyecto en un estado de absoluta indefinición; el segundo, buscando aún una salida que lime recelos y concilie sensibilidades.

El histórico acuerdo político para que Granada recuperase la obra del poeta de Fuente Vaqueros se produjo en 2004 y, en 2005, un grupo de arquitectos mexicanos y eslovenos ganaba el concurso de ideas para levantar en el corazón de la capital un edificio que honrara su memoria y difundiera su creación literaria y artística. Era entonces Chaves quien se enorgullecía de que “la misma sociedad que lo destruyó” fuese capaz “de aliarse y comprometerse”. De momento, una falacia. El gran cubo de acero ‘colgado’ del cielo que debía custodiar miles de hojas manuscritas, su biblioteca personal, su archivo fotográfico y cientos de cartas y documentos de enorme valor histórico quedó truncado en 2010 cuando se acercaba al 95% de ejecución.

Si no fuera por los precedentes, el título de este artículo debería encabezar una noticia a cinco columnas. Más aún si desvelamos que las administraciones integradas en el Consorcio de gestión están ultimando un acuerdo para que el Centro se inaugure dentro de un año. El pacto de silencio que hay entre Ayuntamiento, Junta, Diputación y Gobierno central es la prueba más fehaciente de que hay motivos para creer. Me confirman varias fuentes que “un año es un plazo razonable” y me avanzan que ya se está trabajando incluso para dar cierta autonomía en cuanto a la programación y el funcionamiento del Centro.

El propio consejero de Cultura ha destacado en el Parlamento la “prioridad” del proyecto lorquiano y me consta que tanto Ayuntamiento como Diputación tienen previsto cómo afrontar sus aportaciones en 2013. Una vez más, es una cuestión de dinero… y de voluntades. Si nadie se intenta colgar una medalla prematuramente, la comparecencia será conjunta y, probablemente, incluya el anuncio de un importante respaldo de fondos europeos.

Ocho años después del histórico pacto, hay razones para ser optimistas. Aunque sea arrastrados por ese sentimiento tan lorquiano del drama que subyace en esta ciudad. Lo recordaba el viernes la cineasta Chus Gutiérrez cuando recibía el Premio Imagen de Granada: “La cultura es hoy más necesaria que nunca porque nos hace soñar. Soñar que mañana puede ser un día diferente”.

Con la misma intensidad que lo ‘cantó’ Lorca en Nueva York cuando se enfrentó a esa dualidad que Julio Neira recoge en Geometría y angustia (Fundación Lara) rastreando en la obra de los poetas españoles que, desde los inicios de la modernidad, se han dejado fascinar y frustrar en esa jungla de contradicciones y utopías que Granada quiere hacer palpitar desde La Romanilla.

Porque será allí donde habrá de fundirse el Lorca del Romancero con el Lorca que se ofrece “a ser comido por las vacas estrujadas”. Será allí donde podremos ver a los caballos vivir en las tabernas, a las hormigas furiosas atacar los cielos amarillos y a las mariposas disecadas resucitar en una Ciudad sin sueño. Será allí donde podemos evitar que “vengan las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan”.

Líneas rojas

Magdalena Trillo | 25 de noviembre de 2012 a las 9:22

En China puedes comprar un niño por 23.000 euros; las mafias de Malasia, Camboya o Filipinas los roban para los pederastas y los sitúan en el mercado a 6.000. En Asia hay jóvenes dispuestos a dejarse extirpar un riñón por 2.800 euros para conseguir un iPhone; Wang lo hizo con 17 años y aún puede embolsarse los 2,27 millones de yuanes de indemnización que su abogado reclamó este verano en el juicio. Al día siguiente de la operación ya sufría problemas renales. En España el Gobierno quiere ‘vender’ permisos de residencia a los extranjeros que compren casas de más de 160.000 euros y nos asustamos… Irlanda lo practica desde marzo exigiendo una inversión privada de 500.000 euros, Italia recompensa a sus extranjeros ‘ricos’ con un visado de 5 años, en Estados Unidos es una tradición y Portugal lo acaba de implantar para quien inyecte en el país un millón de euros, adquiera una propiedad de medio millón o monte una empresa que genere al menos 30 puestos de trabajo.

Reconozco que es preferible seguir pensando que vivimos en una ‘economía de mercado’ que admitir que somos nosotros mismos los que nos hemos puesto en venta. Atravesando todas las líneas rojas que hasta ahora habían protegido esta sociedad de libertades y derechos que habíamos construido sobre los débiles pilares del sistema democrático. Siglos de luchas ha costado defender que la igualdad, la salud, la educación o la justicia son un derecho, no un privilegio, para terminar dándonos cuenta de que son mercancía. Porque no vivimos en una economía de mercado; vivimos en una sociedad de mercado.

Y de cloacas. Los catalanes están llamados hoy a votar en las urnas entre dos nacionalismos que han arrastrado la campaña electoral entre la inmundicia del fango. De las instituciones a las fuerzas de seguridad; de la política a los periódicos. Con calumnias, medias verdades y manipulaciones que han terminado desmontando todos los diques de contención de la ética y la decencia profesional. En Andalucía, el vergonzoso dictamen de los ERE ha venido a confirmar lo que se temía: que las comisiones de investigación son un fraude y que nadie en este país está dispuesto a asumir un mínimo de responsabilidad política. Cerramos diez años de saqueo a la Administración utilizando como cabeza de turco a un ex director general aficionado al gin-tonic. No se entiende ni en las bases socialistas. Tomo prestada la reflexión de un amigo: ¿qué sabrá el ex consejero Viera, qué poder seguirá teniendo, para que no se haya producido (sugerido) ya una dimisión honrosa?

De Cataluña a Andalucía, los ejemplos empiezan a ser ya demasiados. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por una victoria? ¿A qué saldo permitimos que cotice la política? ¿Y un sillón en el Senado? ¿Y un titular de portada? ¿Y un bastón de mando? Si nos quedamos en Granada, basta comprobar cómo el despropósito se ha contagiado esta semana de Santa Fe a Armilla. Y con la inevitable conclusión de que todos son iguales, porque el guión que están siguiendo socialistas y populares es parecido pero a la inversa: en los dos municipios ‘gobierna’ la oposición, en los dos casos son los tránsfugas los que marcan el paso y, lamentablemente, el horizonte es igual de sombrío para los dos ayuntamientos. Santa Fe pidiendo al Gobierno que autorice elecciones anticipadas y Armilla viviendo el día después de una moción de censura frustrada por la intervención de un juez. Podríamos baremar quiénes tienen más o menos responsabilidad pero el paisaje final es idéntico: bloqueo, desgobierno y estupor entre los ciudadanos. ¿Para esto vamos a votar?

Ni siquiera las aspiraciones se escapan del macabro juego de los mercados. Tal vez haya parte de conformismo, pero mucho más de desilusión. Contamos hoy cómo, al mismo ritmo que ha ido subiendo el paro, bajando las inversiones y creciendo los recortes presupuestarios, se “ha ido desinflando” esa Granada del futuro que debía compensar décadas de agravio. La ‘percha’ del Milenio se tambalea sin que sepamos aún muy bien qué quería ser de mayor y, si nos despistamos, Granada celebrará su Universiada en Candanchú. Sumen todas las decepciones que quieran. Hasta la esperanza cotiza a la baja. Sin saber aún muy bien si “lo peor” ya ha pasado como dice Rajoy o “está por llegar” como intuye Griñán, 2013 amenaza con deslizarse en el calendario entre nubarrones de consecuencias inciertas y, lo más preocupante de todo, ninguna línea roja que cruzar.

La revolución de las zanahorias

Magdalena Trillo | 18 de noviembre de 2012 a las 10:04

Zanahorias a 15 euros en el teatro de Bescanó. La noticia saltaba a la BBC y al New York Times. El proyecto del pueblo de Girona burlaba una de las medidas más injustas tomadas este año por el Gobierno persiguiendo un objetivo de déficit absolutamente inalcanzable: te comprabas una zanahoria y te regalaban una entrada para el teatro pagando un IVA del 4% en lugar del 21% con que el Ejecutivo de Rajoy está llevando al precipicio al debilitado sector cultural. La iniciativa de la compañía Poca Cosa y el Teatro de Bescanó tal vez sea la demostración de que sí “hay alternativa” para frenar la tozudez de quienes se empeñan en gobernar a golpe de decreto, chapuza tras chapuza, cegados por la prestada legitimidad de unas urnas. Sí hay alternativa a la sinrazón de la austeridad, pero no convirtiéndonos en rehenes de una huelga general que terminamos ‘pagando’ de nuestros bolsillos para lucimiento de unos pocos. Puede que haya alternativa desde la imaginación, la colaboración y el sentido común. La rebelión de la zanahoria fue un rotundo éxito. Humor blanco contra la estulticia; humor negro contra la sinrazón. La obra sólo podía llamarse Suicidio; una hora y diez minutos en la oscura atmósfera de Edgar Allan Poe.

El pueblo de Bescanó quiere hacer recapacitar al Gobierno como hizo en su día el portugués. Ilusos. Las orejeras son demasiado grandes; demasiado opacas. A veces pienso que son las culpables de buena parte de los dramas que estamos viviendo en esta insolidaria sociedad de soledades que permite que una discapacitada muera por falta de atención, una escolar se quite la vida incapaz de soportar el acoso de sus compañeros y un anónimo librero prefiera no volver a levantar jamás la persiana de su negocio antes que perder su casa.

Ni ellos quisieron, pudieron, pedir ayuda ni nosotros supimos ver sus tragedias. El primer suicidio en España por desahucio se produjo el 25 de octubre en La Chana. Nadie en el barrio sospechaba que José Miguel tuviera problemas con el banco. Su hermano lo despidió la noche anterior con el ‘buenas noches’ y el beso de siempre. Una sonrisa matutina y una charla vespertina eran su rutina. Días que revestimos de normalidad procurando no saber más de lo preciso del otro; evitando complicaciones que alteren esos ‘días intactos’ que este fin de semana cantaba Manolo García en Granada. Días expectantes de hallar esa “pequeña zanahoria delante del burro” que dé sentido al camino.

En Astorga, Marta y María del Mar murieron en soledad. La madre tenía casi 80 años; la hija 53. Era discapacitada intelectual y sufría ceguera y problemas de movilidad. Nunca salía a la calle. Su madre la sacó de la residencia y se la llevó a casa para cuidarla. Pasaron días sin que nadie se percatara de nada. Hasta que alertó el olor de la muerte. Nunca pidieron ayuda ni se dejaron ayudar. Tal vez pensaba la anciana, como se piensa en tantos pueblos de España, que era su obligación atender a su ‘niña’, que no iba a fracasar a estas alturas de la vida, que no podía fallar a quien más la necesitaba. Marta murió de causas naturales y María del Mar por falta de atención.

En Ciudad Real, una adolescente de 16 años se ha quitado la vida para poner fin a los insultos, burlas y humillaciones de sus compañeros. Mónica era ecuatoriana, vivía en Torralba de Calatrava y estudiaba segundo de ESO en la capital manchega. El mismo día que su padre acudió al instituto para denunciar el “clima de violencia” que sufría, la menor intentó suicidarse. Cayó en coma y murió este martes. La iglesia se quedó pequeña el día del funeral. Todos los días previos sufrió su pesadilla en soledad.

Pensaba en Mónica este viernes viendo a mi sobrino jugar al fútbol. El We contra el Recreativo Granada. Tienen 11 años y se quieren comer el mundo. Fue el mejor rato de toda la semana con una sola excepción: desesperado por la impotencia y los diez goles que llevaba el equipo contrario, uno de los pequeños respondió con un puñetazo al oponente que le había arrebatado el balón… Hacen lo que ven. Responden como creen que deben en esta sociedad que castiga el fracaso de una forma tan cruel. Lo aprendemos desde pequeños: hay que ganar. Se lo gritaban los padres-entrenadores a sus hijos: “¡Ábrete!, ¡Avanza! ¡No te dejes robar el balón!” Yo misma me sentía presionada, intimidada. Algunos pequeños salieron llorando del campo de juego. ¡Habían fallado!

¿Ellos? Porque somos nosotros, es esta sociedad de falsos éxitos y soledades, cegada con las orejeras de la insolidaridad, la que les está fallando. No me gustan las huelgas pero sí la imaginación. ¡Compremos muchas zanahorias!

La política del cangrejo

Magdalena Trillo | 11 de noviembre de 2012 a las 10:20

Me contaba anoche un compañero del periódico una conversación de bar. Diez de la mañana. El café, la chapata y el periódico. En la portada, el lío del AVE. Un cordobés, que lleva una década visitando Granada por motivos de trabajo, había llegado a una conclusión: no es la malafollá lo que define a esta ciudad; es la inercia a la parálisis. “Un paso adelante y siete atrás”. Consulten las hemerotecas y compruébenlo. Imagino que los periodistas no hacemos bien nuestro trabajo cuando no somos capaces de frenar esa insufrible política de declaraciones que está convirtiendo el manido ‘todo es posible en Granada’ en una terrible profecía. Una distracción interesada cuando no hay dinero que invertir ni promesas que vender.

Torres Hurtado todavía vive de las rentas del primer mandato, aquel en el que aún tenía sentido crear una Gerencia de Urbanismo y la gestión de suelo permitía cierto lucimiento. Basta recurrir a la Wikipedia para darse cuenta de lo difícil que va a tener cerrar con brillantez su legado a esta ciudad: ya en el segundo tiempo tienen que recurrir a las obras del Metro (¡de la Junta!) para llenar de contenido su etapa de gobierno y, salvo que la economía dé un vuelco espectacular a partir de 2014, lo único que podrá gestionar estos años es miseria. Y facturas.

Lo confesaba Ana Pastor esta semana en Jaén cuando dio por “inaugurada” la “factura” de la A32 entre Ibros y Úbeda. Ese mismo día, en un encuentro privado con un grupo de periodistas, reconocía la titular de Fomento las estrecheces y malabarismos a los que están obligando los recortes y el control del déficit y advertía del limitado margen con que cuentan no ya para afrontar nuevos proyectos, sino para hacer frente a los comprometidos. En su caso no está ayudando ni la ‘herencia’ recibida (40.000 millones de obras sin pagar) ni la política estrella de las obras públicas: “todos de todo en todas partes”. Rompo el off the record pactado sólo para declarar que, pese al coste mediático y social, hace bien en actuar de “forma preventiva”, si no hay dinero no se pone en la foto ni da el titular, y en seguir dos máximas que deberían estar en el catecismo del político: no mentir y hacer lo que se dice.

Lo que debería preocupar de tal estrategia es la rotundidad con que se posicionó contra las obras faraónicas y los costosos “soterramientos”. Hablábamos del AVE y, a la espera de que los técnicos de Adif y del Ayuntamiento se pongan de acuerdo, me vine de la reunión con una certeza: si vemos llegar en este mandato un tren de alta velocidad a Andaluces, será en superficie. No especularé con operaciones urbanísticas ni me perderé en el laberinto de los argumentos técnicos, pero sí quiero sumarme a los empresarios para denunciar el “hartazgo” que produce esta nueva vuelta atrás. No sé si nos equivocamos antes o ahora, no sé si estábamos perdidos o nos perdemos ahora, pero la política que se impone es la del cangrejo: desandaremos años de trabajo y echaremos por tierra un buen puñado de millones. Cangrejos y más cangrejos. Caminando de lado o hacia atrás, pero nunca hacia adelante.

Esta semana ha sido la Alta Velocidad pero la próxima será un nuevo “imprevisto” en la A-7, la maldición del Centro Lorca, el bloqueo del Nevada e Ikea, la paralización de la Segunda Circunvalación o el freno de la no comenzada Darro-Iznalloz. Recurrentemente, nos distraeremos creando comisiones técnicas que a ningún sitio conducirán, volveremos a hacernos las mismas fotos firmando protocolos de intenciones que –sin dinero- no servirán para nada y nos diluiremos en el pozo de la chistera con ascensores a la Alhambra y funiculares a la Sierra.

En Una soledad demasiado ruidosa, el novelista checo Bohumil Hrabal nos cuenta la historia de Hanta. Lleva treinta y cinco años triturando libros y papel viejo, toneladas de sueños y de saber. El protagonista de esta fábula del amor y la soledad, de la creación y la destrucción, termina escogiendo su caída pero no sin antes iluminarnos por los senderos de Lao Tse, Nietzsche, Kant o Hegel. La cita del filósofo de Stuttgart se la dedico a Granada: “La única cosa aterradora es lo fosilizado, rígido y moribundo. En cambio, la única cosa satisfactoria es cuando un individuo, una sociedad, consigue rejuvenecerse en la lucha, conquistar su derecho a una nueva vida”. Los versos de Sandburg, a quien los quiera escuchar: “Del hombre, al final, apenas queda nada más que el fósforo suficiente para una caja de cerillas”. Su frase del Talmud me la guardo para mí: “Somos como aceitunas, cuando nos chafan sacamos nuestro mejor jugo”.

Vida ‘low cost’

Magdalena Trillo | 4 de noviembre de 2012 a las 11:09

Por hacer su trabajo, informar, el periodista griego Kostas Vaxevanis se ha tenido que sentar en el banquillo de los acusados. Cometió el ‘delito’ de desvelar una lista con el nombre de 2.059 evasores de capital. Hacía dos años que el Gobierno griego había recibido esa misma información sin hacer absolutamente nada. El sábado se publicó la llamada Lista Lagarde en la revista Hot Doc y el domingo fue detenido el periodista; la mayor diligencia de la justicia helena vista hasta ahora. Tras doce horas de comparecencia, Vaxevanis fue absuelto de los cargos de “violación de datos personales” no si

Tierra transfigurada

Magdalena Trillo | 28 de octubre de 2012 a las 8:25

El alma es intransferible. Se lo decimos a la compañera Mariló Montero para que resuelva la duda existencial que tanta inquietud le suscitó el anuncio de donación de órganos del asesino de El Salobral: “¿Alguien querría recibir el pulmón, el hígado, el corazón de alguien que ha quitado una vida?”. Quien le contesta es Monseñor Amigo: el alma no se trasplanta por ningún riñón. Por una vez son la razón y la fe, la ciencia y la teología, las que se unen en el camino. No es ninguna frivolidad en una semana negra que Granada ha despedido enterrando almas: la atormentada de José Miguel, el comerciante de La Chana que se quitó la vida horas antes de ser desahuciado, en el cementerio de San José; unas millas más al sur, de espaldas a África, las de los inmigrantes que se tragó el mar cuando buscaban un sueño en la malherida Europa. Una tierra maldita para unos, una tierra prometida para otros, una tierra con un alma que se transfigura como aquel hospital de sádicos doctores al que llega un joven Stefan Trzyniecki huyendo de persecuciones, humillación y miserias.

Hace un par de meses llegó a mis manos la primera novela de Stanislaw Lem. Su Hospital de la transfiguración, escrito en 1948 pero inédito hasta 1955 por problemas con la censura comunista, se ambienta en los primeros meses de la invasión de Polonia por los nazis y, con una narrativa absolutamente genial, con una atmósfera que corta la respiración, con unos diálogos punzantes y sobrecogedores que se mueven entre lo místico, la irreverencia y el sarcasmo, nos consigue transportar a lo más profundo del bosque para dejarnos ver cómo la locura del exterior va filtrándose entre los muros del sanatorio. Del hospital y de nosotros mismos.

Tan poroso es el psiquiátrico de Lem como esta promesa de mundo en la que no somos más que “un billete de lotería que ha ganado el premio gordo: unas cuantas décadas de vida”. De diversión las primeras; demasiado cortas siempre; con excesivas preguntas y contradicciones cuando son almas desvalidas y desamparadas las que han de enfrentarse a la locura y al pánico. Se lo avisa Sekulowski al joven médico en una de sus crudas y desgarradoras conversaciones: “En algún sitio he leído que en el mundo hay veinte millones de locos; lo que necesitan es un lema que los una y entonces declarar una Guerra Santa”. No son veinte millones, son muchos más, y el lema es trágicamente evidente: crisis. Una crisis que agranda lo monstruoso del espíritu humano.

Con El hospital de la transfiguración, Stanislaw Lem inicia su “Trilogía del tiempo perdido”. Entre los muertos y El retorno, también repudiadas en su momento, continúan su literatura “contrarrevolucionaria”. Dos buenos libros para refugiarse en esta semana de tragedias que, paradójicamente, ya tiene el epílogo escrito: vuelta al cementerio en el Día de Todos los Santos. Entre flores y ataúdes sin nombre. Polvo, como diría el poeta, en la avalancha de los acontecimientos. Lazos en el espacio arrastrándose en un paisaje vacío.

Dice un proverbio africano que, cuando dos elefantes luchan, es la hierba la que sufre. Ese es el mundo transfigurado, vacío y sin alma que ha expulsado esta semana a un comerciante de barrio y a un puñado de anónimos subsaharianos. El primero, empachado de vida, de esta vida; los inmigrantes, hambrientos de vida, de otra vida. Víctimas todos ellos de la lucha de elefantes. Testigos improvisados, pienso ahora, de ese cuento que tanto obsesionó de pequeño a Stefan Trzyniecki. La historia era algo así: Un gran rey que gobernaba un gran reino. Todos le obedecían. Cuando una vez cansado se durmió en el trono, los cortesanos decidieron desnudarlo y llevarlo a sus aposentos. Le quitaron el abrigo de armiño, debajo refulgía un manto de púrpura bordado en oro. Cuando se lo quitaron resplandeció un traje de seda, todo cubierto de estrellas y soles. Debajo brillaba otro vestido hecho de perlas. El siguiente estaba bordado con relámpagos de rubí. Así le fueron quitando una prenda detrás de otra hasta que se formó un reluciente montón de ropa. Entonces se miraron asustados unos a otros clamando al cielo: ¿dónde está nuestro rey?

¿Y nuestro mundo? Stanislaw Lem escribió este cuento en los mismos años que Saint-Exupéry publicó su Principito. Mi hermano me regaló unas Navidades la edición del sesenta aniversario y de vez en cuando necesito abrirlo para ver cómo sigue la flor. Vuelvo a Sekulowski: la literatura es para muchos un intento de olvido; también un intento de salvación.

El índice del miedo

Magdalena Trillo | 21 de octubre de 2012 a las 8:40

Lleva razón Robert Harris: no recuerdo ni una sola vez en mi vida que me haya despertado de madrugada embriagada de felicidad; sólo el miedo, el pánico, el terror son capaces de tomar el control de nuestro cerebro, de nuestros instintos, para sumirnos en un irracional bloqueo de sudor frío y de absoluta postración. Hace más de un siglo que Charles Darwin nos lo advertía en El origen de las especies –“lo desconocido es lo que más nos asusta”– avisándonos sobre lo fortuita y aleatoria que termina siendo nuestra vida: “Un grano en una balanza puede determinar qué individuos han de vivir y cuáles han de morir”.

Darwin y Frankestein se unen en la última novela del autor británico provocando un electrizante desasosiego y una creciente orfandad que, en esta resquebrajada Europa de incertidumbres e indecisión, conectan con una de las citas más conocidas del Roosevelt de la Gran Depresión –“Lo único que debemos temer es el miedo mismo”– y con aquello que el filósofo griego Epicteto escribiera hace dos mil años: “Lo que altera y alarma al hombre no son las cosas, sino sus opiniones y fantasías sobre las cosas”. Realidad y ficción. El lenguaje –añadirá Harris– es lo que desata el poder de la imaginación. Rumor, miedo, terror.

Confiesa el autor del thriller que tan magistralmente ha llevado Polanski al cine en El escritor, que lo que ha intentado ahora con El índice del miedo es reescribir Frankestein en el mundo de las finanzas. Lo ha conseguido. Da miedo Alexander Hoffman y dan pánico los ‘nerds’ que trabajan para en Hoffman Tecnologías de Inversión. Da miedo su VIXAL-4 y dan pánico los brokers que se reúnen en Ginebra para comprobar cómo ‘hace dinero’ el hedge fund. Dan miedo los ‘quants’ y da pánico esa visión final con que termina el libro: “La empresa del futuro no tendrá empleados. La empresa del futuro será una entidad digital. La empresa del futuro estará viva”.

Pero no es la ficción lo que aterra; es la certeza de que el mundo de Hoffman es real, cada vez más real, lo que provoca escalofrío. Piénsenlo. El VIX existe. Es la Bolsa de Chicago la que tiene un “Índice de Volatilidad S&P” (VIX) que sube y baja minuto a minuto reflejando la inestabilidad del mercado. Alex dedicó su vida a crear una máquina que pudiera razonar, aprender y actuar independientemente de los seres humanos. Se pasó al lado oscuro de la ciencia y desarrolló un VIXAL-4 que ‘bebía’ de las turbulencias del mercado. ¿Les parece descabellado? Repasen la evolución de la prima de riesgo española del último año y pregúntense por los vampiros que, entre sombras, estarán sumando ceros en sus cuentas de resultados. Humanos, sí, pero tan despiadados como ese infernal algoritmo que acabará teniendo vida propia.

Dice Harris que cuando el miedo alcanza un grado extremo se oye el espantoso grito del terror. En Andalucía ya lo hemos oído: un 40% de la población está en riesgo de exclusión social. Pobreza low-cost. La cifra parece una exageración; no lo es. Las cuarenta entidades solidarias que han elaborado el informe insistían esta semana en lo que es un clamor popular: hay que gobernar de otro modo; hay que abandonar la política de la “austeridad, austeridad, austeridad”. Ni el Bundestag ha sido ajeno a este grito desesperado. En su primer discurso como candidato socialdemócrata, Peer Steinbrück, acusó el jueves a Merkel de imponer políticas de recortes asfixiantes a sus socios europeos y le recordó cómo la extrema austeridad del canciller Brüning, uno de los últimos líderes democráticos de la República de Weimar, propició el ascenso de los nazis: “La necesidad destruye la democracia, el hambre se come la estabilidad social”. Salgan a las calles, cualquier día, y compruébenlo.

Crisis y hambre. La epidemia del miedo. Precisamente ahora se cumplen veinte años desde que Robert Harris publicó Patria, aquella aterradora ucronía del mundo con los nazis de vencedores que le dio fama como escritor, y ya está preparando una edición especial: “Alemania sigue provocando miedo. La historia se repite y se repite”. Al otro lado del miedo, parece que la única salida es huir. Huir con manifestaciones, con protestas, con huelgas; huir, como decía Elias Canetti en Masa y poder, dejándonos arrastrar, empujándonos unos a otros, percibiendo el miedo, el peligro, como “compartido”. Juntos. La manera menos traumática de huir; tal vez de resistir.

Termino la dosis de realidad de El índice del miedo y me refugio en la nueva novela de Luis García Montero. En las primeras páginas de No me cuentes tu vida vuelve a invadirme el sudor frío: “A veces, hasta la felicidad resulta una amenaza”.

Pirómanos de la política

Magdalena Trillo | 14 de octubre de 2012 a las 8:58

Pirómanos o incendiarios. Estoy pensando en el alcalde de Otura y en el ministro de Educación. Y mi única duda sobre sus intensas trayectorias prendiendo fuegos es si sufren un trastorno enfermizo e irrefrenable por el espectáculo o es premeditada diversión. Puro teatro. Cada uno a su escala, no podemos negarles su capacidad para romper la asfixiante monotonía de rescates y ajustes con que, machaconamente, nos amenazan. Pero el respiro tiene un elevadísimo coste para ellos mismos, para los suyos y para quienes asistimos con absoluto desconcierto a la función. Sólo le faltaba a la política, ese creciente tercer gran problema de los españoles, que la atizaran desde la frivolidad y la irresponsabilidad. De lo inaudito a lo grotesco. De la farsa a la provocación.

A Ignacio Fernández-Sanz lo conocí en su anterior ‘crisis matrimonial’. En aquella ocasión fue con el secretario municipal. Una mañana se presentó en mi despacho con su jefa de prensa y, muy educadamente, me habló de venganzas y vendettas, lamentó la manera “interesada” en que se estaba “manipulando la realidad” –unas denuncias por irregularidades en la gestión que continúan en fase de investigación– y me ‘sugirió’ cómo podíamos informar “más rigurosamente”… Un encantador de serpientes. Luego vendría la ‘crisis matrimonial’ con la interventora y esta semana ha estallado por los aires todo su equipo. Hoy, de baja por prescripción médica, sigue manteniendo su acta de concejal pero ha renunciado a su cargo como regidor y, supuestamente, ha puesto fin a su etapa política. Digo “supuestamente” porque con Fernández-Sanz nunca se sabe y hasta el presidente del PP ha temido buena parte de la semana que el díscolo militante estuviera dispuesto a ‘acabar’ con las botas puestas.

Desde la oposición, el PSOE ha cuestionado la “autoridad” del PP para zanjar la crisis en Otura (Fernández-Sanz pretendía gobernar en un duetto con su primer teniente de alcalde y el resto de ediles en la bancada de la oposición) e incluso, denunciando la “tibieza” con que Sebastián Pérez ha pilotado el asunto, ha lanzado sospechas sobre la “comprometida información” que pudiera manejar Fernández-Sanz sobre la financiación del partido de su anterior etapa como gerente. Sin pruebas que avalen o refuten tales acusaciones, repasando la semana de despropósitos y a la espera de que continúe el espectáculo con más líos judiciales –que los habrá–, lo que parece más que evidente es que hay personajes (ningún partido está a salvo de sus versos sueltos) que se bastan a sí mismos para provocar un incendio. Sin preludios; sin contextos; sin control.

La escaleta de la semana es reveladora. Lunes: a primera hora de la mañana comparece Fernández-Sanz en el Hotel Nazaríes (no en la sede del partido) y anuncia que seguirá en el cargo aunque seis miembros de su equipo hayan renunciado a sus actas tras denunciarle por facturas irregulares en el plan de pago a proveedores; pasadas las ocho de la tarde, y tras tres días de silencio en el PP, la secretaria general comparece ante los medios y le da un ultimátum: o dimite o se enfrenta a un expediente disciplinario y a la expulsión. Martes: Fernández-Sanz desafía al partido y se aferra al sillón. Tiene el respaldo del partido local y la “legitimidad” de las urnas. Miércoles: rueda de prensa de urgencia a las seis de la tarde; en la sede del PP. El aún alcalde de Otura aparece arropado por todo su equipo y anuncia que se va, pero por baja médica; tiene problemas de corazón. Jueves: la promesa debía cumplirse a las ocho de la mañana; no lo hace. Cambia otra vez la dirección del viento. Se queda solo para gobernar Otura. En el acto del Pilar de la Guardia Civil es el centro de todos los corrillos. Hasta seis horas fueron necesarias para ‘convencerle’. La última función debe ser este martes con el nombramiento en pleno del nuevo alcalde (se perfila Pedro Cabanillas) y el paso a la retaguardia de Fernández-Sanz. Sólo en teoría. Los pirómanos son imprevisibles; los incendiarios más.

De la penúltima del ministro Wert, su patriótica intención de “españolizar” a los alumnos catalanes, han terminado hablando hasta el Rey y Rajoy el Día de la Hispanidad: ¡Pobre Wert! Más bien ¡pobre país! A Fernández-Sanz, por ley, no se le puede arrebatar el acta de concejal ni se le puede impedir que un día renazca de sus cenizas con un partido independiente y recupere el sillón; al ministro peor valorado del Gobierno, el que lleva meses trabajando contra la educación y contra la cultura, sí se le puede cesar. ¿También esperamos a que pasen las elecciones para apagar este fuego? En política, tan incendiario se es por acción que por omisión.

El espejo de Blancanieves

Magdalena Trillo | 7 de octubre de 2012 a las 9:07

Leyendo un reportaje en prensa sobre esa “mayoría silenciosa” que está invocando Rajoy para legitimar la dureza de su política de ajustes -los propios ‘populares’ confiesan que no les gustan sus medidas pero entienden que son el “único camino” para salir del túnel- me cruzo con Blancanieves, con la odiosa bruja y el mágico espejo. Nada tiene que ver con Maribel Verdú y los estrenos del Festival de Donosti. Son los psicólogos, que tienen respuestas para (casi) todo. Del síndrome de Peter Pan al síndrome de la negación: si la realidad nos supera, callémosla; si no nos gusta lo que vemos en el espejo, miremos para otro lado. Sin asumir un mínimo de autocrítica; dispuestos a encontrar en “herencias recibidas” y contextos internacionales todas las razones necesarias para explicar la sordera de todo un gobierno.

“Si una minoría, fuese lo enérgica que fuese, prevaleciera sobre la razón y la voluntad de la mayoría, esta nación no tendría futuro como una sociedad libre”. Estas palabras las pronunció Richard Nixon en 1969 en medio de los violentos disturbios que desató la guerra de Vietnam. Hace más de cuarenta años, pero el trasfondo de la “gran mayoría silenciosa” que sirvió al entonces presidente estadounidense para escudarse del grito de la calle no difiere del que hoy se enarbola en España entre pancartas y cacerolas contra un Gobierno que gobierna a golpe de decreto: malestar, desencanto, impotencia. Rebelión. Con la Universidad, y los rectores, a la cabeza.

Al candidato republicano Mitt Romney no le gusta el “camino por el que va España”. A mí tampoco. Pero no por el equívoco y manipulado dato sobre el gasto público que arrojó esta semana en el debate con Obama insistiendo en la interesada imagen del despilfarro. No me gusta porque casi rozamos los 5 millones de parados, porque la economía sigue estancada y porque la política que tanto entusiasma a Alemania y a Bruselas no deja de esquilmarnos derechos, que no privilegios.

Cada día. Como las manifestaciones que tanto molestan a la delegada del Gobierno de Madrid. Más de 2.700 en la capital en lo que va de año; medio millar en Granada. “Modulemos las protestas” , propone Cifuentes. ¿Para silenciar la tensión social?, deberíamos preguntar. Porque, en tal caso, sería más efectivo hacer caso a Mayor Oreja y no permitir que se difundan para no despertar a esa opinión pública silente que está con Rajoy; esa “mayoría de españoles que no se manifiesta, no sale en las portadas de la prensa y no abre los telediarios”; esa ¿mayoría? que ocupa todo el espejo de Rajoy.

El problema, dicen, es que se bloquea el tráfico; que se “abusa” del derecho constitucional. ¿Pero abusan los ciudadanos o abusan quienes dan motivos para la movilización? Podemos poner el espejo boca abajo, podemos perdernos en debates estériles de bosques y hojas y podemos degradar aún más la “decadente” política llamando a los jueces “pijos ácratas“. Pero la realidad seguirá ahí. Con todos sus oscuros reflejos.

También podemos coincidir con la ‘enmienda a la totalidad’ que hace Antonio Tabucchi en Sostiene Pereira a cuenta de ese “invento americano” que es la opinión pública. Tal vez recuerden el incisivo debate entre el inseguro Pereira y su amigo Silva: “Nosotros somos gente del Sur y obedecemos a quien grita más, a quien manda. No tenemos sus tradiciones. Vivimos en el Sur y el clima no favorece nuestras ideas políticas“. ¡El clima! Un factor absolutamente genial con el que justificar el síndrome del espejo.

Porque los espejos, como bien saben los niños, nunca dicen la verdad. O dicen lo que queremos que digan. La magia de la imagen que diría Gubern; tan confusa y manipulable como efímera. Dos ejemplos de esta misma semana. El primero, la fotografía con el mensaje de “unión” y “responsabilidad” de los presidentes autonómicos prometiendo el cumplimiento del déficit público; en menos de 24 horas la reventó Artur Mas con altavoz y Griñán con sordina.

La segunda, el histórico estrechamiento de lazos comerciales entre España y Marruecos en la cumbre de Rabat; armonía con pies de barro. Sáhara, islotes, pateras o reforma de la PAC terminarán resquebrajando el espejo. En tantos añicos como ha saltado ya aquella España de las autonomías que se construyó sobre un ‘café para todos’ que hoy, aunque nos neguemos a verlo, es claramente insuficiente. No me gusta Romney, ni lo que es ni lo que representa, pero estoy de acuerdo en algo: si el camino de España es darle la vuelta al espejo, yo tampoco lo quiero.