La espera

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2011 a las 9:28

Ya hay fecha para conocer el impacto real del efecto Rubalcaba: 20-N. El candidato socialista tendrá que pisar el acelerador y sacar votos de la chistera para hacer frente a un PP que se sigue creciendo con su estrategia de la espera y el cambio. Sus mensajes, simples y directos, se expanden con la ligereza de una mancha de aceite y la contundencia de una gota de agua. ¿Recuerdan el ‘váyase señor González’? ¿Alguien es ajeno hoy al ‘Zapatero tiene la culpa’? Hace meses que el cabeza de cartel del PSOE concentra todo el ingenio de la derecha. Política y mediática. El titular de los compañeros de La Gaceta sobre la dimisión del ‘president’ (por corrupción, no por santo por mucho panegírico que le quiera entonar su sucesor) fue, sencillamente, memorable: “Camps dimite, ahora le toca a Bono, el Faisán y los ERE”. No compro este diario por salud mental, pero reconozco que soy incapaz de renunciar a mi dosis de antiperiodismo matutino enchufada al kiosko.net. ¡Cuidado, que es contagioso!

Como el cotilleo en la playa. No hay nada que me pierda más que colarme en las historias vecinas. Dos de la tarde: la primera caña, en Los Moriscos. Bien fría, con sus patatas fritas y sus aceitunas. Al fondo, el crujido de las olas contra la arena ‘granulada’ de Playa Granada. La piel, embadurnada de monoï. Los labios, reventones de espuma y sal. A la izquierda, un ávido lector de prensa comparte con su pareja las noticias del día: “Sebastián Pérez renuncia al sueldo en la Diputación al ganar más como senador”. Su comentario: “¡No todos son unos sinvergüenzas como Rubalcaba!”. Siguiente titular: “La Junta pide que se anule la licencia del hotel de 7 estrellas”. Su incisivo análisis: “¡Qué panda de chorizos!”.

Su conversación de móvil también promete, aunque advierto que escuchar sólo una parte deja demasiadas lagunas. O demasiadas ventanas a la imaginación… Diría que es adicto a Los Soprano (tenía modos de gángster) y que tiene como libro de cabecera la monumental obra de Gay Talese sobre la mafia: Honrarás a tu padre, un magnífico lema para los ‘anti efecto Rubalcaba’. Sus prisas le delatan. Habla, grita, discute, se angustia, se estresa, se frustra, se indigna. Pide otra cerveza y se la zampa de un trago. Sin respirar. A ella no se le oye ni el tono de voz; degusta su vermú y mira al horizonte. Él es un candidato perfecto de la Generación Nespresso. Todo instantáneo. En cápsulas. Sin tiempo para deleitarse en el ritual del molinillo, la cafetera y el fuego. Tanta urgencia tenemos, como decía Stevenson, que olvidamos lo único importante: vivir.

Desde que leí el reportaje de Francesc Miralles sobre la cultura del “aquí y el ahora” estoy preocupada. No por el efecto de la cafeína sino por aquello del miedo a pensar. ¿Sufriré de frenofobia? Me pasan por Twitter un enlace al diccionario de fobias y me vuelvo paranoica. Seiscientas propuestas y, para rematar, un enlace al diccionario de los complejos…

Llego al speed dating y me quedo helada: una multicita de singles en la que dispones de siete minutos con cada persona para decidir si marcas su nombre en una cartulina y repites… ¡La fast food es cosa de principiantes! Lo más sugerente del artículo, las citas de Kazantzakis y de Kraus: “Las grandes leyes de la naturales son: no corras, no seas impaciente y confía en el ritmo eterno”; “La velocidad no sirve para nada si te dejas el cerebro por el camino”.

Me pregunto qué opinará Rubalcaba; de qué tipo serán sus ritmos y su sprint. ¿Sabrá hacia dónde corre y para qué? Ya sabemos que Rajoy es hombre de fondo, no de velocidad. Seguro que milita, como sus colegas británicos, en la ley de las 10.000 horas de Malcolm Gladwell. Desde luego, concurrirá a las elecciones como alumno ejemplar en constancia y paciencia. Será su tercer intento; una última espera de 4 meses que le conducirá, parece, al éxito.

Mientras llega el 20-N, aplicaré en el chiringuito la teoría del “tiempo y la dedicación” de Gladwell. Mi cerveza… también espera. ¿Diez mil horas de degustación? Agosto es un mes perfecto para redimirse y practicar.

Traficantes de información

Magdalena Trillo | 24 de julio de 2011 a las 12:52

Sean Hoare. Todos los tabloides británicos, incluidos los del imperio Murdoch, abrieron el martes con su foto en portada. Hasta hace unas semanas, un periodista anónimo. Hoy, un protagonista más del culebrón de la News Corporation. Dice la policía que fue una muerte “inexplicable pero no sospechosa”. Estaba enfermo (era drogadicto y alcohólico), aunque su vida se ha apagado justo cuando la Cámara de los Comunes interrogaba al magnate de la prensa ante los flashes de medio mundo. Fue el delator de Andy Coulson, ex director del histórico News of The World y consejero de Comunicación del primer ministro David Cameron. Desveló los entresijos del ‘periodismo’ de espionaje que practicaba el diario. Escuchas ilegales, pago a policías, utilización de sistemas de rastreo de personas a través de móviles. Nada excepcional, una rutina en el quehacer informativo. Jamás importó el medio utilizado para conseguir un titular. Ninguna realidad estropeó jamás una exclusiva.

Su testimonio es el que más me ha estremecido. “Me pagaban para que saliera y me drogara con estrellas del rock, para emborracharme, tomar pastillas y esnifar cocaína con ellas. Empezaba el día con una raya y un Jack Daniel”, publicaba El País. La propia Rebekah Brooks, la número dos del patriarca australiano, reconocía en el Parlamento haber recurrido a detectives. “Como otros diarios de la competencia”, se defendió, y “sin violar la ley”.

¿Cuándo se cruza la línea roja?

El caso Murdoch salta a las portadas justo cuando tengo sobre el escritorio la revista que la Federación de Periodistas de España dedica a los “enemigos íntimos” –medios y poder; periodistas y políticos– y un libro de Pascual Serrano sobre los grandes grupos mediáticos como “traficantes de información”. Leo a compañeros de profesión rechazar el compadreo, las connivencias, las complacencias, los silencios y las banderías y clamar por la prudencia y la distancia hacia las fuentes. Lamentan que hayamos sido más “cómplices que víctimas” y que las relaciones entre política y periodismo hayan sido “excesivas”. Hay quien habla ya de “refundar” el periodismo como ha de “refundarse” la izquierda; como ha de regenerarse la política.

En España no hay diarios sensacionalistas, oficialmente, pero se tergiversa, manipula y trafica con información. Dice el diccionario que “traficar” es comerciar, negociar con dinero y mercancías. Aunque no medie un euro, ¿no traficamos si amenazamos con el silencio informativo cuando no responden a los intereses comerciales de la empresa? ¿No traficamos cuando tapamos un noticia para no perjudicar a una fuente? ¿No traficamos cuando edulcoramos un titular? ¿No traficamos cuando distorsionamos un enfoque para condicionar un caso? ¿Cuando intentamos influenciar? ¿Presionar?

La segunda acepción de traficar es “hacer negocios no lícitos”. Y lo cierto es que no parece hay muchos escalones entre las prácticas de antes, reprobables pero dentro de la legalidad, y el delito. Entre lo que denuncia Serrano para la generalidad de los grupos españoles (manejos en Bolsa, especulaciones financieras, fraudes fiscales, chantajes, sobornos, atropellos laborales) y la realidad de los Hoares del mundo. Sólo dista la ética, la profesionalidad. Un día llegas a la redacción con un titular de una rueda de prensa, otro día te llama una fuente, en ocasiones te filtran documentos y cuántas veces cazas el titular tomando una cerveza o un café… Pero, ¿y si sigues, bajas peldaños y caes, por ejemplo, en la normalidad del pago de una información? ¿Lo merece una foto exclusiva? ¿Una historia capaz de duplicar, triplicar, las ventas en el quiosco? ¿Pinchamos teléfonos? ¿Espiamos?

Decía Brooks que las escuchas ilegales no eran una práctica extendida; advertía Hoare que él “formaba parte de la política del periódico”. ¡Pura rutina! Como cuando llegas de becario a un diario, te dan una libreta y un boli y te explican cómo hacer la ronda de sucesos…

Responsabilidad

Magdalena Trillo | 17 de julio de 2011 a las 12:08

En Castilla-La Mancha, Dolores de Cospedal eleva ya a 1.742 millones de euros las facturas sin pagar; no 700 como dijo hace dos meses el entonces presidente saliente José María Barreda y difícilmente resultado del proceso de transición (¿mil millones se acumulan en ocho semanas?) cuando hay expedientes que llevan un año en un cajón.

En Cataluña, el consejero de Economía acaba de sumarse a la teoría Merkel para controlar el capítulo de personal sin provocar más despidos: trabajar más por menos. La Generalitat llama a la “cooperación solidaria del sector público”, que no es otra cosa que pedir a los trabajadores que alarguen sus jornadas laborales y tengan menos días de vacaciones. Salvar los servicios públicos recortando privilegios y salarios a los funcionarios… Pura demagogia si pensamos que hablan de “distribuir el dolor entre todos” cuando han eliminado el impuesto de sucesiones a las rentas más altas y llevan meses cerrando plantas enteras de hospitales.

De Grecia, Portugal e Irlanda, mejor ni hablar. Menos aún de los insaciables mercados, de las primas de riesgo y los bonos basura. La zona euro se tambalea en el regazo de la canciller alemana y hasta EE UU se enfrenta a la suspensión de pagos mientras crece la tensión política en el país, se mina su solvencia y se cuestiona el propio ¿rumbo? de salida a la crisis.

Sólo nos falta otear el Sur, a nuestros amigos de las pateras, para darnos cuenta de que la “hora de Granada” será mucho más que lograr asiento en Los Cármenes para Primera División; será sinónimo de control de gastos, ajustes y sacrificios. Me refiero al cambio de rumbo en la Diputación. En unos días sabremos si había trampa en las cuentas que ha dejado Caler en la institución y conoceremos al detalle los planes de austeridad del nuevo equipo de gobierno: eliminación de altos cargos, reducción del gasto corriente, refuerzo de las políticas de creación de empleo y, como en Cataluña, la máxima del momento: más por menos; ser más eficientes con menos recursos. Lo anunciaba el jueves Sebastián Pérez en su acto de investidura.

Un discurso cargado de sueños y optimismo. Se comprometió a pilotar un cambio tranquilo, sereno y sin sectarismos, emplazó a “huir del conflicto”, aseguró que se “equivocan quienes anuncian que habrá hostilidad institucional” y garantizó que habrá “pruebas inequívocas” de sus políticas de austeridad (¿nada de enchufes de rondón?). Me sorprendió cuando dijo que será “especialmente sensible” con los servicios sociales y cuando destacó la cultura como “seña de identidad” de la nueva Diputación hablando de Lorca y Guerrero; no de tradiciones, Semana Santa, bailes populares ni zarzuelas.

Pudo optar por un discurso de crispación y de conflicto pero no lo hizo. Pudo insistir en las auditorías, las trituradoras y la caza de brujas pero no lo hizo. ¿Responsabilidad? Era diferente el Sebastián Pérez que el jueves tomó el bastón de mando en el gobierno provincial que el político hiriente, agresivo y mordaz de la campaña electoral ¿Fachada? ¿El peso del poder? ¿El peso del paro? El hecho es que ahora toca gobernar y es al PP a quien se le van a pedir soluciones; son Sebastián Pérez y su equipo quienes deben demostrar que no hay agendas ocultas y sí un programa claro para la remontada.

Aquí podríamos empezar el contra-artículo. Cuestionar palabras e intenciones, preguntarnos quién ha alimentado muchas de las situaciones denunciadas (basta recordar las ruedas de prensa de las últimas semanas), dudar de que realmente se vaya a hacer lo predicado y, sobre todo, pedir explicaciones de por qué ahora los proyectos son posibles y hasta el jueves no. Pero no lo voy a hacer. La realidad impone pragmatismo. Los casi cien mil parados granadinos exigen responsabilidad. ¿Quieren regenerar la política? ¡Háganlo! Estamos cansados de broncas. Demuestren, unos, que merecen gobernar después de treinta años en el banquillo y mantengan el tipo, otros, en la oposición.

¿Nos salvará el turismo?

Magdalena Trillo | 10 de julio de 2011 a las 22:31

Aunque muchos de los males de nuestra economía se asemejan y las grandes debilidades del mercado laboral son compartidas, se agradece que sea un economista –y no un político- quien nos diga que no somos Grecia, Irlanda ni Portugal. Más aún que nos asegure que hay salida y que empieza a iluminarse el final del túnel: “Son tres años de crisis. Si se cumplen determinadas variables, saldremos reforzados. Existen indicios para el optimismo”.

Optimismo, pero con recetas. Es decir, con reformas. Las que ya están en marcha y las que están por llegar. Con Rubalcaba o con Rajoy. En otoño o en primavera. ¿Copago?

Debería ser una obligación que los economistas culminaran sus depresivas disertaciones con un hilo de esperanza. Es lo que hizo el analista del BBVA Miguel Cardoso cuando presentó este viernes en Granada el último informe de la entidad. ¡Y no se puso la careta de enterrador! Es extraño pero, desde que empezó la crisis, cada vez que veo a un economista me acuerdo de las funerarias. Y de las avisadoras que hace medio siglo iban de casa en casa anunciando las misas de difuntos. Portando malas noticias.

El viernes no fue una excepción: crecimiento desigual, difícil cumplimiento del déficit, excesiva dependencia del ladrillo, insostenibles datos del paro… Pero entonces llegó la botella medio llena. Estamos tan mal, lo hemos hecho tan mal, que nuestras expectativas de mejorar son infinitas: el crecimiento de Andalucía en 2012 superará la media nacional; cumplimos los deberes en el sector exterior (con resultados de mayor impacto dada la deprimida situación de partida) y el turismo va camino de convertirse en la pieza clave de la recuperación. Aunque el asunto tiene truco: su papel está directamente relacionado con lo bien que les va a los compatriotas europeos y lo mal que les va a los destinos del Magreb con las revueltas ciudadanas.

¿Nos salvará el turismo? Según. Suponiendo que seamos capaces de mantener, y aprovechar, las dos variables anteriores, parecería sensato trabajar para lograr que los efectos en el empleo y el aumento del PIB no quedaran en una situación coyuntural que nos regalan otros. Menos guerras de precios y más calidad en los servicios. Desarrollo de una política común basada en la colaboración público-privada y mejora de las infraestructuras. Menos agravios y más coordinación si queremos hacer verdaderamente “apetecible” nuestro destino para europeos, rusos y asiáticos.

Hablo ya de Granada. El turismo nacional es estable. Tanto que no se ha oído a ningún empresario protestar cuando el aeropuerto ha perdido casi la mitad de viajeros (ya llegarán en coche o desde Málaga). Pero ¿es ahí donde queremos estar? Hace cinco años se rozaron los 2,5 millones de viajeros y los 5 de pernoctaciones. Hoy, no logramos despegar de los 2,1 millones de visitantes. ¿Es normal que no haya ni un solo vuelo charter para la temporada de esquí a una ciudad que está a media hora de la principal estación del sur de Europa? ¿Qué no haya más vuelos en verano a unas playas que están a cincuenta minutos de la Alhambra?

Decía Miguel Cardoso que no era comprensible. Que habría que analizar por qué Granada, con su potencial, no se ha consolidado como un destino de fin de semana de primer nivel. Desconocía, por ejemplo, lo mucho que nos dedicamos a confrontar, a contraprogramar y a abrir brechas dentro del sector… Ahora la capital y provincia irán de la mano. No tendrán al sector privado en contra, podrán ensayar sus recetas en el aeropuerto (con o sin Ryanair) y no necesitarán los titulares de Fitur para salir en la foto.

El turismo crecerá este año en España el doble que la economía y se crearán unos 50.000 puestos de trabajo. Sólo los cruceros, el segmento de más crecimiento en Europa, mueven1.200 millones de euros; sólo desde Rusia esperamos a 1 millón de visitantes. La pregunta para Granada es sólo una: ¿nos queremos salvar?

Saber perder

Magdalena Trillo | 3 de julio de 2011 a las 9:37

No sé qué hacer con la camiseta de Olas de energía ciudadana que tengo en el armario. Soy cordobesa y Donosti nos ha arrebatado el sueño de la Capitalidad Cultural. Nada me hubiera gustado más (y nada me hubiera dado más envidia viviendo en Granada) que escuchar al presidente del jurado pronunciar el nombre de Córdoba. No tengo ninguna duda sobre su potencial como destino cultural, sobre el apoyo ciudadano ni sobre la solidez del proyecto. Pero empiezo a preocuparme… Si continúa la escalada de movimientos ‘a lo Belloch’, ¿alguien puede acusarme de hacer apología del terrorismo por lucir mi camiseta?

La Capitalidad es un concurso. Uno más. Politizado. Como todos. Desde las Olimpiadas y los Mundiales de Fútbol hasta Eurovisión. Y, como en todos los concursos del mundo, la participación es libre, se conocen las reglas de juego y se asumen las consecuencias. También las políticas. Y las presiones. Cuando benefician y también cuando llevan a la frustración. No me gusta que Bildu gobierne en San Sebastián y, como a tantos, me pareció un error su legalización por el TC pero, honestamente, no puedo más que aplaudir su designación como Capital Cultural Europea para 2016. Es verdad que hubiera sido menos conflictivo, y más justo, que el jurado no hubiera ‘explicado’ la designación por una cuestión política. ¿Se debe impugnar por ello la candidatura y reclamar que se revisen los proyectos? ¿Hubiéramos aceptado deportivamente la propuesta con el anterior equipo de gobierno? ¿Nos parecerá bien en 2016 si es el PNV quien se ‘aprovecha’ de la declaración?

Granada ya se quedó con su derrota cuando Madrid arrebató el sueño de la Capitalidad en 1992. Y con la desilusión de ver cómo el Cristo Redentor de Río de Janeiro se convertía en Nueva Maravilla del Mundo Moderno dejando fuera a la Alhambra. Fue un 7 del 7 de 2007 cuando la Fundación Weber anunció en Lisboa el resultado del concurso. Más de cien millones de votos y, cuentan, algún que otro maletín… Lamentablemente, empezamos a sumar una larga tradición de fracasos. Los últimos, a cuenta de los Campus de Excelencia. Aún seguimos lamiéndonos las heridas viendo cómo despega el proyecto de Málaga y Sevilla.

En 1992 al menos hubo premio de consolación. Nos otorgaron el título honorífico de Capital Cultural de Andalucía. Ahora lo proponen para Córdoba. ¿Se lo van a quitar a Granada? Si Málaga recupera su proyecto para la siguiente edición y pierde, ¿también se nombra Capital Cultural? ¿Y Sevilla? ¿Hacemos otro concurso regional para ver quién se lo merece más? ¿Nos rotamos el título a golpe de derrotas?

Uno de cada cuatro turistas que visita Andalucía lo hace por nuestra oferta cultural. Por el atractivo de sus capitales y ciudades como Ronda, Úbeda y Baeza. Miles de visitantes que generan unos ingresos anuales superiores a los 2.200 millones de euros. El potencial lo tiene Andalucía, como destino global, como región, y no parece que el camino sea generar (más) agravios entre provincias.

Además. Seamos francos. No hay dinero. Y, si lo hay para Córdoba, que explique la Junta por qué el Centro Lorca sigue sin abrir sus puertas (se debió haber inaugurado hace un año y aún hoy buscan el modo de terminar la obra), por qué Granada no puede tener un Teatro de la Ópera (el proyecto del japonés Kengo Kuma sigue durmiendo en algún cajón), por qué no se resuelve el conflicto del Centro Guerrero, por qué se mendiga con el Milenio, con la OCG y con el Festival de Música y Danza o por qué se retiran todas las ayudas a iniciativas de tanta tradición como el Festival de Jóvenes Realizadores.

El título ‘oficial’ de la Capitalidad se traduce en fondos europeos para la ciudad elegida, inversiones del Ministerio y se anima a la iniciativa privada. Hubiera ganado Córdoba, Granada y Andalucía. ¿Alguien puede explicar para qué ha servido el título de consolación del 92?

El fútbol es así

Magdalena Trillo | 26 de junio de 2011 a las 10:10

No me gustan las cabezas de cerdo en el césped de los campos de fútbol ni tampoco los plátanos. Mucho menos la tradición de insultar a las madres de jugadores, porteros, entrenadores y árbitros con insolentes cancioncillas que tararean niños de ocho años con el mismo orgullo y desinhibición que entonan el himno de su equipo y enarbolan las bufandas.

Tampoco me gusta el mercadeo de jugadores. Parece un insulto. Bien es cierto que tan reprochable como fueron en su día los pelotazos de los especuladores del ladrillo, tan desorbitado como siguen siendo los beneficios de los bancos y tan vergonzoso como es ver a nuestros políticos subirse el sueldo, pagar favores contratando asesores o consolar a derrotados con privilegiadas colocaciones en la Administración. Pero así es la economía. Así es la política. Y así es el fútbol.

Nada que descubrir a la afición del Granada CF, que lleva décadas sufriendo por las derrotas en el campo, por la quebrada situación financiera del club y por la nefasta gestión de las instituciones públicas… Lo bueno del fútbol es que no sólo te indigna; también es energía y es exaltación. La euforia de hace una semana con el ascenso a Primera supera por goleada a cualquier victoria electoral (que le pregunten al alcalde después del abucheo en la Plaza del Carmen), iguala a las fiestas de cava del Gordo de Navidad y hasta se contagia con peligrosas propiedades de excitación (¿lo veremos dentro de nueve meses en forma de baby-boom?).

Confesaré que mi (limitada) afición nació con la quinta del Buitre (no con el equipo local) y que ahora soy del Barça… Bueno, de Pep Guardiola. Por su juego y por su glamour, por el estilazo con que sale al terreno de juego (habrá que ver cómo sientan esos chalecos y esos pantalones ceñidos en Los Cármenes). ¿Chaquetera? Sí, lo sé. Con unos principios tan volátiles como los de IU en los recientes pactos de gobierno. Pero así es la política. Así es el fútbol. Y así es la vida. Cada uno se alegra… como puede.

Por eso ahora me hago del Granada CF. Estoy coleccionando camisetas, bufandas, toallas y chanclas y (casi) me he aprendido el himno del 80 aniversario (por favor, hagan una versión corta que la segunda estrofa es imposible). Sé que llego tarde, pero dispuesta a compensar los años perdidos. Otra historia es si podré. Lo digo por lo del aforo del estadio. Llevo una semana de ratón de hemeroteca y da pena ver los titulares de promesas incumplidas y proyectos baldíos que se han publicado desde que un 16 de mayo de 1995 el Real Madrid de Raúl y el Bayer Leverkusen inauguraran oficialmente el nuevo estadio. Lamentablemente, con otro episodio más que sumar a la trayectoria negra del equipo rojiblanco: ni el club fue invitado por las autoridades ni tuvo el honor de jugar como local.

Pero volvamos al presente. No voy a buscar culpables (no es el alcalde el único que se merece una sonora pitada) ni tampoco salvadores (¿es inteligente que Quique Pina se cobije, justo ahora, bajo el ala rota de la Junta?). Granada debería saber ganar y aprovechar la ola de optimismo que ha traído el ascenso a la élite del fútbol español. Decía Paco Cuenca que tenía un proyecto para ampliar Los Cármenes en tres meses y por 600.000 euros. No se pierde nada por escucharlo. Rescatemos los titulares perdidos sobre la explotación comercial de los estadios municipales; había un informe que hablaba de millones de euros. Desempolvemos el proyecto de ampliación que se ‘coló’ en el programa para la celebración de la Universiada. Bauticemos Los Cármenes con un ‘gran’ nombre (¿Reino de Granada? ¿Mare Nostrum?) que, al estilo de los ‘patrocinios’ de los pabellones de la NBA, ayuden a consolidar el proyecto y eviten que el sueño de Primera se esfume en una temporada. Pongamos fin a la leyenda negra del Granada y cerremos la historia del estadio maldito. La afición, la que no insulta no es racista ni apedrea autobuses, se lo merece. Por una vez, Granada tiene razones para el optimismo.

Díaz Berbel

Magdalena Trillo | 19 de junio de 2011 a las 9:40

El jueves hablaba en una comida de Díaz Berbel. De un señor con barba blanca y ojos azules que aparece en una foto que guarda mi madre en casa con todas las pequeñas cosas que cree importantes. Confieso que no recuerdo aquel día ni el porqué de la imagen.

Pensándolo bien, por culpa de Díaz Berbel me he llevado la mayor bronca de mi vida como periodista. Diré en mi defensa que era casi novata. Fue en una rueda de prensa en el Ayuntamiento. Cuando salíamos del salón de comisiones, al entonces alcalde del PP no se le ocurrió otra cosa que decir que iba “a tirar a Pezzi a la Fuente de las Batallas”. Así, con la sonrisa torcida, en plan socarrón… Yo escribí mi teletipo para Efe muy ‘profesional’ obviando la salida de tono y centrándome en lo que de verdad debía interesar a los lectores. Me equivoqué. La anécdota fue el titular (como descubrí que solía ocurrir con aquel peculiar político) y yo me lo comí. Todavía veo a Santiago Sevilla hecho una furia gritándome: “¿Pero lo dijo o no lo dijo?”

En 1999, cuando se presentaba a la reelección, su jefe de prensa me llamó para proponerme que me sumara a la campaña. Le dije que no. Nunca llegúe a explicarle a Berbel por qué no podía aceptar su ofrecimiento. Creo que no lo olvidó nunca. Y que tampoco me lo perdonó. La primera vez que volvimos a vernos tras perder las municipales, entre irónico y sarcástico, me espetó: “Gracias por ayudarme a ganar las elecciones”. Aún estaba molesto. No supe qué decir… Tiempo después me dio su número de móvil, me presentó a Fátima –con el orgullo y la felicidad de un adolescente que empieza a vivir– y, a partir de ahí, hemos cotilleado y rajado de unos y otros con verdadero entusiasmo. Ha sido divertido.

Hasta el infarto. Este 17 de junio. El mismo día que hace dieciséis años era proclamado alcalde. Acababa de cumplir los 71. Ayer, en el cementerio de San José, no eran pocos los que se ajustaban las cuentas. Cinco más, cinco menos… Díaz Berbel muere y cumple las estadísticas. Las de mi padre, que también se hace septuagenario y empieza a aprovechar las subidas y bajadas al cementerio (entre las costumbres de los pueblos habría que destacar la de cumplir) para fijarse en las edades que se graban en los nichos. Su teoría: el primer zarpazo llega a los 70 y, si no te coge, puedes llegar tranquilamente a los 80, 90…

Supercherías. O no. Como lo del número 17 que marcaba su vida. Como los miles de recuerdos y anécdotas que, seguro, estarán rememorando ahora todos los que le hayan conocido; cualquiera que haya compartido con él medio minuto de conversación. Vivencias nimias e insignificantes pero sólo en apariencia. Las pequeñas historias que construyen las vidas; los detalles que nos hacen seguir viviendo en los demás. Las anécdotas que se convierten en titulares.

De Díaz Berbel se pueden escribir palabras gruesas y solemnes y se podría preparar un best-seller. Hace unos meses pensamos en el periódico proponerle publicar su biografía por entregas, a modo de folletín del siglo XIX. Hubiera sido un éxito rotundo. Pero se quedó en el aire. Como las memorias que tenía apalabradas con Jorge Rubio, el paciente y discreto jefe de prensa que tuvo que lidiar día tras día con sus ocurrencias y su pasión por lo políticamente incorrecto.

Eran otros tiempos. Y otra forma de hacer política. La suya. Díaz Berbel jamás eludió una pregunta incómoda, nunca se escondió para no meter la pata haciendo declaraciones. Al contrario, las provocaba. Respetaba a los medios y no se protegía detrás de comunicados oficiales ni vídeos enlatados. Tenía un sentido municipalista inquebrantable y una personalidad lo suficientemente arrolladora para no dejarse doblegar. Su vocación era Granada y sus opiniones, verdaderas. Pocas personas admitirían tantos adjetivos y tan contradictorios. Pocos políticos logran pasar por la vida superando la indiferencia.

Díaz Berbel no fue un héroe ni fue ejemplar, pero fue único. Y supo hacerse querer de la manera más honesta y sencilla. Desde una sinceridad que, a veces, rozaba lo kamikaze.

La hora de los valientes

Magdalena Trillo | 12 de junio de 2011 a las 11:04

Todo es susceptible de empeorar. Los socialistas sufrieron el 22 de mayo en Granada la derrota más severa de la democracia. La prueba de que esta aseveración no es exagerada la vivimos ayer. El PSOE se ha quedado fuera de los grandes pactos de gobierno en la provincia. Perdió por mayoría absoluta la capital, Motril y Guadix, tendrá que hacer mudanza después de treinta años en la Diputación y se ha dejado ‘quitar’ Loja, Almuñécar y Armilla. Se han quedado al margen. Marginados. Es pronto para saber si los socialistas se excedieron de soberbia o si no había nada que hacer ante el dominio que tienen los ‘populares’ de los tiempos y modos de la conspiración.

Hay una realidad: la marca PSOE está en decadencia y el viento sopla a favor del PP. Los independientes huyen del Titanic, UPyD irrumpe sin deber nada a nadie y hasta Izquierda Unida se desmarca de los antiguos ‘compañeros’ para evitar que la ola los arrastre al naufragio. Aunque signifique desoír la consigna nacional. Total, política de izquierdas no está haciendo el PSOE. ¿A quién se traiciona? ¿Al FMI? ¿A los mercados internacionales? ¿A Angela Merkel?

El teléfono de Sebastián Pérez echaba humo. De felicitaciones. Javier Arenas, eufórico. No se lo esperaban ni ellos. La enorme victoria. Me lo confesaba justo al terminar el acto de constitución de la nueva corporación municipal en la capital. Hace unos días era imposible hablar con él. No dejaba de comunicar, por los pactos. Ayer, por la celebración del triunfo. A partir de mañana, por los relevos. Hay muchas cajas con la foto de los niños boca abajo listas para el embalaje y otras muchas pendientes colocar.

Que “Granada nunca falla” lo dice Arenas siempre que viene. Ayer fue verdad. Si analizamos el nuevo reparto de poder provincial, tendríamos que concederle al PSOE de la capital casi un triunfo. Paco Cuenca, Chema Rueda y su equipo han mantenido el tipo. ¡Sólo han perdido un edil en una provincia teñida de azul!

Transparencia, eficacia, diálogo, austeridad. Unos lo exigen; otros lo ofrecen. Salvo un momento de reproche por los “ataques personales injustificados” al candidato socialista y otro de sonora tensión por las denuncias de las trituradoras de la Diputación destruyendo a todo gas “facturas y papeles oficiales”, hay tres mensajes del agitado acto que ayer se vivió en la Plaza del Carmen que, seguramente, se repitieron en los cientos de ayuntamientos andaluces.

El primero, que tendremos que apretarnos más el cinturón. Mucho más. Lo advirtió García Montero como nuevo portavoz del equipo de Gobierno del PP. Con o sin agenda oculta, llevaba razón el alcalde cuando decía que “es más necesario que nunca” que se apruebe el Pacto Local y se culmine la transferencia de competencias a los municipios con su “correspondiente financiación”. Será fundamental para el día a día; para el control de déficit, el pago a los proveedores y las promesas de rebaja de impuestos. Para los grandes proyectos, Torres Hurtado se encomienda a Griñán. Todos pasan por la Junta: los accesos mecánicos a la Alhambra, el Cierre del Anillo, el nuevo recinto ferial, el Banco de España como Museo de la Ciudad… Mañana mismo le pedirá al presidente andaluz, una vez más, que lo reciba. Si no, tendrá que esperar que llegue Arenas. Tal vez en marzo; responderá…

El segundo mensaje del día fue que la “democracia real” se vivió arriba, con los 27 concejales elegidos libremente por los ciudadanos, y no abajo, en la plaza, con los gritos e insultos de quienes se arrogan la voz del pueblo. El supuesto 15M no deja de perder apoyo, respeto y legitimidad: ¿“Alcalde cabrón”?

El tercer mensaje es una ilusión. Que se gobierne con responsabilidad. Que no se hagan cazas de brujas. Que no se ejerza el poder a golpe de auditorías mirando al pasado. Que se trabaje por el futuro. Por hacernos, a todos, la vida un poco mejor. Es la hora de Granada. Es la hora de los valientes. No de las revanchas.

Alarmas

Magdalena Trillo | 5 de junio de 2011 a las 9:26

Anoche cerré los ojos con la ilusión de que la cama me engullera y me llevara al principio de todo. A la cama de hierro, las sábanas blancas y el balcón abierto de par en par. En la calle, una tajada de luna y una lagartija jugando al escondite. Sobre la mesita, una laña de jazmines imitando a una flor.

Lleva razón Rafa Juárez cuando dice que todos, alguna vez, demasiadas veces, queremos vivir otras vidas. Más sencillas. Menos complicadas… Sus versos de Medio siglo son un refugio: “Ya comienza la casa a ser cocina, / ya cuecen agua y leche en los cacitos/ y en el aceite verde el pan se dora/ como una rebanada de domingo”.

Cierro de nuevo los ojos. Pero no hay olor a pan tostado ni un colchón de espuma que me quiera tragar. Sólo veo titulares de periódicos, ordenadores y páginas a medio hacer. Y pepinos. Muchos pepinos. Todo el mundo engulle pepinos. Una escena fantástica para Dalí.

Mi imaginación está atrofiada. Sin poesía. Sin invención. Ni en verso ni en prosa. Hoy sería un buen día para conversar con Ayala. Podría darme una explicación, y hasta una salida. Puede que irónica, tal vez sarcástica, seguro que acertada y breve. Aunque no le preguntaría por mis no-sueños ni por la crisis de los pepinos. Le preguntaría por ese Franco que idealiza Luis Suárez con el dinero de todos los españoles. Y por esos cientos de jóvenes que siguen acampados en las plazas recordándonos que el sistema se desmorona y que debiéramos volver a pensar muchas cosas. Por la crisis del PSOE, y del PP, y de la economía, y de los bancos, y por las guerras del mundo árabe… demasiadas crisis.

Regreso al poemario de Juárez. “Treinta años atrás no estaría en la acera/ detenido en un duelo de rabia y de alegría./ Estaría codo a codo detrás de la bandera,/ entre los que estrenáis un sol de rebeldía”. Me veo ahora en la Facultad intentando explicar a un puñado de universitarios los valores del periodismo y de la prensa. De la libertad de expresión y hasta de la democracia. El primer día de curso les pedí una reflexión a modo de ensayo y todavía me dura la depresión. La decadencia es el menor de nuestros problemas. Escribimos a golpe de talonarios y presiones. Nos dejamos manipular, nos vendemos a los mercados, a las empresas, a los políticos, al mejor postor. Ni siquiera somos útiles. Ciudadanos y blogueros nos han quitado el puesto. Los wikileaks del mundo… Llevo un año queriendo convencerles de lo contrario. Sin éxito. Tengo la actualidad en contra. Y las portadas de los periódicos también.

Esta semana, los del sensacionalismo y las alarmas han sido otros. ¿Recuerdan a Pulitzer y su “si no hay noticia, provócala”? Mejor aún, sigamos a W. R. Hearst en Ciudadano Kane: “Si no hay noticia, provócala y si no te la inventas”. En Alemania había noticia y hasta alarma, pero no culpables. Pues se los inventan. Y ahí estamos los españoles holgazanes, la Andalucía tercermundista, cargando con la bacteria asesina.

Cierro los ojos una vez más. Me desvela ahora un pitido del móvil. Se está quedando sin batería… Tiene vida. Lo veo deslizarse, desintegrarse, como en la Persistencia de la memoria.

Con mucho menos eco pero idéntica falta de responsabilidad, un instituto de la OMS presentó un estudio esta semana alertando de que los móviles “podían” causar cáncer. O no. El riesgo, parece, sería similar a la cafeína. Las radiaciones de los móviles estarían en el llamado grupo 2b y por encima estaría el 2a (probablemente cancerígeno) y el 1 (carcinogénico). ¿Qué debemos hacer? Lo que queramos. Dicen que “son los consumidores los que deben tomar la decisión”. Buena manera de no enfrentarse a la industria.

Y, mientras, ¿qué hago yo con mi móvil? Empiezo por apagarlo para que deje de incordiar. Mañana será otro día… Seguiré los consejos del poeta. Iré a la fuente temprano y descubriré la mañana… Dudaré de mis pasiones, pero no de mis ideas. Y huiré un día más. No entre versos, pero sí entre titulares de periódicos.

Giros imposibles

Magdalena Trillo | 29 de mayo de 2011 a las 16:58

Justo el lunes de resaca electoral, el gobernador del Banco de España lanzaba un mensaje a navegantes: hacía un llamamiento a los nuevos gobiernos autonómicos y locales “a cumplir rigurosamente los objetivos de déficit” y advertía de que sería necesario recurrir a más recortes de gasto. Más agujeros en el cinturón.

Una semana antes, en un mitin en Sevilla, Rodríguez Zapatero aseguró que es “radical y absolutamente” falso que el Ejecutivo esté planeando nuevos ajustes tras el 22M como sugería el PP y pidió al partido de Mariano Rajoy que ya que “habitualmente no ayuda y pone zancadillas, al menos no intoxique”.

Sólo dos días más tarde, Angela Merkel retomaba sus ataques a la economía española como hacen los mercados un día sí y otro también a cuenta de los posibles ‘contagios’ por la quiebra de Grecia y Portugal. La canciller alemana aprovechaba una rueda de prensa en Berlín junto al presidente surcoreano para reclamar a las economías mediterráneas más trabajo y menos vacaciones. Merkel se olvidaba de nuestros salarios de mileuristas y nuestra productividad (trabajamos tres horas más al día) y tiraba de tópicos para exigir una “armonización” de la edad de jubilación y de las vacaciones. Es decir, que nos quedaríamos con los 20 días de los germanos pero no con sus sueldos.

En este contexto, y mientras el PSOE se desangra a cuenta de su crisis interna tras la debacle electoral, sólo faltaba un informe de la OCDE empeorando las previsiones de paro para este año (más del 20% en 2011) y alertando de que faltan por precisar partidas de recorte del gasto en 2012. Su recomendación para el Gobierno español es tajante: “empezar a prepararse para introducir nuevas medidas”.

Si echamos la vista atrás, no es la primera vez que Zapatero se pone el traje de suicida para inmolarse realizando las reformas que dicte Europa, el FMI y los mercados. Un “cueste lo que cueste” que podría tener varias lecturas: que ZP volverá a ‘rectificar’ y habrá más recortes si es preciso; que no va adelantar las elecciones a otoño si pone en riesgo las grandes reformas que tanto desgaste han supuesto (negociación colectiva, pensiones, reestructuración del mapa de cajas…) y que es imposible el giro a la izquierda que se pretende desde el partido.

Está bien que los socialistas definan un nuevo liderazgo que genere cierta credibilidad hacia el partido, que debatan y hagan autocrítica de la tremenda derrota del 22M y sería mejor, incluso, si fueran capaces de hallar más razones que la recurrente “crisis” para explicar por qué la ciudadanía les ha dado la espalda. No por hoy; por los diez meses que quedan de Gobierno socialista y por los cuatro años, como mínimo, que estarán en la oposición. Todo ello, por supuesto, si consideramos un juego de distracción los órdagos de esta semana sobre la posibilidad de que el PP presente una moción de censura o el PSOE valide sus apoyos en las cámaras sometiéndose a una cuestión de confianza.

Si el PP tiene una “agenda oculta de recortes“, como dicen los socialistas, lo veremos en unas semanas. Del mismo modo que podremos comprobar cómo van a canalizar su enorme poder los nuevos alcaldes, presidentes de diputaciones y de comunidades del PP para gestionar la ruina en que están los municipios y provincias españolas. Quienes repiten, como Torres Hurtado, son más que conscientes de que muchas de sus promesas formarán parte de operaciones de ingeniería financiera que exigirán más de un sacrificio para evitar la bancarrota. Y quienes ocupen nuevos sillones, como es el caso de Sebastián Pérez al frente de la Diputación, tendrán que modular discursos, renunciar a la política de confrontación que tan bien les ha funcionado y enfrentarse a unos presupuestos más que mermados. Por supuesto, podrán demostrar sin son más eficaces en la gestión y si los granadinos han acertado eligiéndolos para liderar esta nueva etapa política que, en lo económico, sigue marcada por dos realidades: el paro y los recortes.