22-M, gana la abstención

Magdalena Trillo | 24 de abril de 2011 a las 9:01

El PP amplía la mayoría absoluta; los socialistas continúan su caída e Izquierda Unida se mantiene. Ninguna fuerza minoritaria consigue representación en el Ayuntamiento de Granada y ninguno de los alcaldables alternativos a Pepe Torres arrancan una mínima confianza del electorado. Gana el PP, pero se impone la abstención. Casi la mitad de los granadinos no iría a votar. El porcentaje de ‘ausentes’ se acerca a un preocupante 50% que, al mismo tiempo que refleja el creciente grado de desapego de los ciudadanos hacia la clase política, ha de entenderse como un contundente voto de castigo a los socialistas – y por extensión a toda la izquierda– frente a la fidelidad del electorado conservador. Éste es el escenario sobre intención de voto para las municipales que anticipa la encuesta realizada por Commentia para Granada Hoy y que hoy publicamos.

A la espera del veredicto final del 22-M, los resultados del sondeo son reveladores en cuanto a tendencias y clima de opinión. Primera reflexión: el PP no sólo sortea otro mandato sin desgaste, sino que sería capaz de arrebatar otro concejal al PSOE y llegar a los 17. Su mejor resultado histórico. Ganaría cuatro ediles en una década y superaría el 56% de los votos.

Visto así podríamos hablar de debacle socialista. Y es que la pérdida de electorado del PSOE es progresiva: si en 1999 la diferencia entre los dos grandes partidos era de dos concejales (13 a 11), ahora sería de 9. Más del doble. Sin embargo, tal vez sería más apropiado hablar de caída sostenida. ‘Sólo’ perderían un concejal después de cuatro años de continuas fugas en la Plaza del Carmen (de Torres Vela al enemigo en casa de César Girón), después del golpe de la crisis ejemplificado en el ‘efecto ZP’, después del desmoronamiento del PSOE andaluz con el caso de los ERE y la ruptura de Pizarro y, más en clave interna, después de meses de conflicto para la elección de un candidato que pudiera hacer sombra a Torres Hurtado: el miedo a los paracaidistas, el rechazo de primarias, la desconfianza hacia un candidato de perfil bajo con poca proyección…

En un escenario como éste, donde el PP se crece ante el hundimiento del PSOE en Sevilla y Madrid y las posibilidades de vuelco electoral, Paco Cuenca no cumple las expectativas de remontada, pero logra situarse en una posición de cierto reconocimiento y tendrá la oportunidad de demostrar si es capaz de reconstruir la oposición y plantar cara a un equipo de gobierno que ha vivido cuatro años tirando de mayoría absoluta sin complicarse más de lo preciso. Sin meterse en charcos y dejándoles caer.

Tampoco IU conseguiría subir a costa de los desencantados de la izquierda (a Francisco Puentedura apenas le conoce el 20%), el PA seguiría al margen del Ayuntamiento pese al rescate de Jesús Valenzuela y ni UPyD con Mayte Olalla ni Los Verdes con Mario Ortega darían sorpresa alguna… No es extraño que más del 14% de los encuestados reconozca que entre los alcaldables no hay ninguno que le guste.

A un mes de los comicios, siete de cada diez ya tienen claro que va a ganar el PP (ni los votantes socialistas apuestan por Cuenca) y no parece que la campaña vaya a significar un gran revulsivo. La cuestión no es ya si se debate sobre política local o nacional; lo triste es que hablaremos de imputados, tránsfugas, corrupción y privilegios. Una escalada de guerra sucia que evidencia la decadencia del actual sistema de partidos. Ahí está el caso de Perú con las opciones populistas. Ahí está la inesperada irrupción de Los Verdes en Alemania. Ahí está la lección de democracia del pueblo islandés… Aquí, de momento, el mensaje es doble: el desencanto con la política es tremendo pero más aún con la izquierda. Si hay que elegir, el PP arrasa.

Estética o dignidad

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2011 a las 10:29

Podría ser mi madre; y la suya. Podría ser yo; y usted. Lleva su vida cuidadosamente atada entre los hierros de un carrito de supermercado. Paraliza su dignidad. Inquieta su silencio. A veces duerme protegida por la marquesina del autobús; a veces en el rincón del cajero automático. Siempre he querido contar su historia, pero nunca me he atrevido a pararme y romper esa soledad buscada y cómplice que la acompaña.

Me pregunto si esta pequeña mujer afea la ciudad. Si molestaría a los comerciantes del centro de Madrid que están tan irritados con los “pedigüeños”. Si habría que incluirla en ese grupo de ‘sin techo’ que Gallardón quiere erradicar a la fuerza, por ley. Tal vez a algún alcalde ya se le haya ocurrido meterlos en un tren y confinarlos en un gueto de indigencia sin retorno. Seguro que hay algún nostálgico de las escuadras que las recuperaría para limpiar la ‘mugre’.

Da escalofrío pero seamos honestos: las políticas sociales no son una prioridad; menos aún la solidaridad. Pensemos en Granada. En dos años, el Ayuntamiento ha liquidado las ayudas a los colectivos que trabajaban con los ‘sin techo’, ha bloqueado el proyecto de ampliación de Calor y Café por un conflicto con los vecinos (los homeless no votan; a quienes molestan sí) y no tiene ni estatus de ‘idea’ la vieja reivindicación de construir un albergue público.

Es verdad que no todas las personas sin hogar son como la señora del carrito. Bajando a Renfe, un grupo de indigentes tiene ‘tomada’ una esquina. Confieso que en más de una ocasión me he cruzado de acera para no interrumpir su continua fiesta de litronas y no podría negar que son muchos los vecinos y comerciantes de la zona que lo viven como un problema. La propuesta del alcalde de Madrid era el jueves la conversación estrella en la frutería. Contaba la tendera que ahora les ha dado por beber “champán” y que se pasan las tardes descorchando botellas… Se mostraban realmente preocupados por la posibilidad de que, entre alcohol y drogas, se volvieran agresivos… ¿Es sólo pobreza? ¿También violencia y delincuencia?

Asegura Ruiz-Gallardón que “no es un problema de convivencia ni de estética, sino de dignidad de las personas, de su salud y de su atención”. Y matiza que su propuesta está supeditada a que haya recursos públicos gratuitos suficientes. Ésta es la cuestión. Cómo defender una política social en un momento de recortes. Cómo situarlos como una prioridad (su salida de la extrema pobreza, no quitarlos de en medio para que no estorben el 22-M) cuando podemos llegar a los 5 millones de parados.

Estamos ante un problema con tantas aristas que ni siquiera el PP se ha atrevido a arropar una propuesta que ya desde las filas socialistas se ha asimilado a la franquista Ley de Vagos y Maleantes . Esperanza Aguirre se ha desmarcado diciendo que no es “amiga de las prohibiciones” y Rajoy, como ocurre siempre que se presenta un tema de cierta complejidad, se ha escondido debajo el ala. Recuerden que el objetivo de su programa electoral es de máximos, casi un pacto de Estado para que le vote una “gran mayoría”, y ahí no hay espacio para los grises.

Con trazos gruesos no se puede afrontar un problema social. No hay una única solución para resolver necesidades tan diversas y no será fácil ni construir los caminos ni lograr que se transiten. Se nos olvida que son personas, como usted y como yo, y que tienen sus derechos, su libertad y su dignidad. En ocasiones, mucha más que quienes se sientan en un sillón de terciopelo rojo para gobernar a golpe de sanciones y prohibición. Más que los buitres de las finanzas que siguen fabricando pobres para no dejar de zampar. Más que los directivos de las grandes compañías que se embolsan cifras indecentes mientras largan a miles de familias por la puerta de atrás.

La ‘normalidad’ del machismo

Magdalena Trillo | 10 de abril de 2011 a las 11:17

En Ciudad Juárez las chicas ‘desaparecen’ por llevar minifalda. En mi pueblo muchos vecinos siguen pensando que Carmen se ‘buscó’ su muerte. Que el pobre chaval que la asesinó a sangre fría se puso ‘malo’ de celos. Que si ella no se hubiera ido con unos y con otros

Como mi pueblo hay muchos.

Manuel le disparó a bocajarro con una escopeta de caza. Fue en Rute la noche del 12 de septiembre de 2006. La joven, de 16 años, daba un paseo con unas amigas y él la tiroteó porque había puesto fin a su relación. Si no era para él no sería para nadie. La mató porque era suya.

Esta semana ha empezado en Córdoba el juicio contra el homicida. La buscó, apretó tres veces el gatillo y “se quedó quieto, mirándola”. Carmen no falleció ese día; pasó un calvario de tres años de llantos y de dolor. Su muerte, como la de las 70 mujeres que cada año pierden la vida en España a manos de sus parejas, es un “crimen vil y machista”. La víctima no es la culpable y no se puede justificar a quien asesina “porque estaba enamorado”, porque se obsesionó, porque no podía vivir sin ella…

El asesinato de Carmen no es un crimen pasional, no es un problema social oculto y no es un suceso más que sumar a las crónicas del día. Lo era en 1997 cuando Ana Orantes fue rociada con gasolina por su marido después de denunciar malos tratos en televisión. Pero con aquel brutal asesinato de Cúllar Vega algo empezó a cambiar. Los medios, la sociedad, comprendimos el papel que jugábamos para frenar la violencia de género y luchar por la igualdad.

Eso creíamos. Catorce años después llegamos al “posmachismo” y volvemos a reivindicar a los “chicos normales”. Un columnista de El Mundo escribía el jueves que “es normal” que un chico de 21 años “pierda el corazón y la cabeza, el sentido y el mundo de vista, si un día llega a casa y su chica le dice que le va a dejar y que, además, el bebé que espera no es suyo”. “A este chico [un joven rumano que mató a su pareja y lo difundió por webcam] le están presentando como un monstruo y no es verdad. Es un chico normal que se rompió por donde todos podríamos rompernos”.

No es un caso aislado. Ese mismo día, el delegado del Gobierno para la Violencia de Género daba algunos datos que, lamentablemente, confirman que son muchos los Sostres que hay en España: 600.000 hombres justifican el maltrato “en casos puntuales” y tres millones defienden la violencia cuando hay separación. “La libertad de expresión”, advertía Miguel Lorente, “debe tener sus límites porque hay hombres que la utilizan para seguir ejerciendo la violencia”. Y son muchos los que ven la Ley de Igualdad como una ley de privilegios, los que ven a los hombres como víctimas del “hembrismo”; de las “feminazis”.

Unas horas antes, la veterana periodista Rosa María Calaf denunciaba también en Granada la situación de desprestigio y desorientación de la profesión y nos emplazaba a “resistirnos a entrar en el juego del espectáculo”. Ante varios cientos de estudiantes del IES Hermegildo Lanz, recordaba los años en que aún teníamos conciencia de que nuestra labor era “un servicio público”. Ese día, de camino al periódico, me cruzo en la radio con una entrevista a la periodista navarra Judith Torrea, la única extranjera que trabaja en Ciudad Juárez. Está en España presentando un libro que nos debería recordar a todos por qué un día creímos en este oficio.

¿Justificaríamos en un artículo de opinión un asesinato de ETA? ¿Justificaríamos el feminicidio en Ciudad Juárez? No podemos hacer apología del machismo. Y no vale la ficticia y nada creíble disculpa de Pedro J. Ramírez en Twitter. No fallaron los “controles”. Falló la moral y la responsabilidad social del medio. Y sigue fallando la provocación y la pasividad de quienes se creen con derecho a amparar el machismo en la libertad de expresión. Pura impunidad.

Sanear la sanidad

Magdalena Trillo | 3 de abril de 2011 a las 10:34

La justicia francesa ha sentado en el banquillo a una pareja de vegetarianos radicales por dejar morir a su bebé de malnutrición. Tenía 11 meses. Pesaba 5,7 kilos. Desde que nació sólo recibió leche materna. La madre no ingería ni una sola proteína animal. Los médicos alertaron a los padres dos meses antes cuando la niña sufrió una bronquitis. No hicieron caso. Se guiaron por libros… La ‘trataron’ con cataplasmas de alcanfor, col o mostaza y la lavaron con arcilla y tierra. Sergine y Joel se hicieron veganos después de ver un programa de televisión sobre el sacrificio de ganado. Ahora se enfrentan a 5 años de cárcel. Aquí acaba la corta historia de Louise.

Hace dos semanas nació en España el primer bebé ‘libre’ de cáncer de mama. La madre tenía antecedentes familiares de alta mortalidad. Sin selección genética, el riesgo de que el pequeño hubiera padecido cáncer superaba el 80%. La madre salvó a su bebé: participó en un programa de reproducción asistida de la Fundación Puigvert, se sometió a fecundación in vitro, se seleccionaron los embriones sanos con técnicas de biología molecular, se realizó una biopsia y se implantaron en su útero los sanos y compatibles. Todo a cargo de la sanidad pública.

Desde Colombia, el doctor Patarroyo, el descubridor de la vacuna contra la malaria, ha publicado esta semana en Chemical Reviews el resultado de más de 30 años de investigación: ha hallado los principios químicos que permitirán diseñar vacunas sintéticas para prevenir prácticamente todas las enfermedades infecciosas del mundo. Una de las noticias científicas del año.

Son tres casos ‘modelos’ que hablan de aciertos y de fracasos; de avances y de frustración; de valores y de esperanzas… Pero también de economía y de los retos que nos desafían si queremos sostener, mejorar y ampliar una de nuestras mayores conquistas sociales: un sistema sanitario libre, gratuito y universal.

A unas semanas del 22-M, sería un suicidio electoral que PP o PSOE barajen siquiera la posibilidad de abrir el debate del copago (de ahí la rapidez con que Rajoy ha ‘matizado’ las declaraciones del presidente de Murcia), pero la situación será completamente distinta el día siguiente de las municipales o las generales: el sistema es deficitario, está subfinanciado (el gasto por habitante es de los más bajos de Europa) y, además, ha de lidiar con la percepción de abuso que supuestamente incita la gratuidad.

Es verdad que los españoles vamos mucho al médico (9 veces al año frente a las 5 del promedio europeo), pero ¿en serio pensamos que se va a arreglar algo pidiendo un euro por visita? ¿Con una medida puntual e indiscriminada como ésta queremos resolver un problema estructural de financiación? La cuestión no es (sólo) que se abuse de la sanidad ni la solución puede ser dar un paso atrás aplicando el copago sin otro fin que engordar Hacienda.

Los servicios básicos deben seguir respondiendo a los principios de accesibilidad y universalidad, pero hay fórmulas que debatir sobre la gratuidad. Siendo garantistas. Establecimiento una proporcionalidad. Discriminando servicios. Concienciando sobre el verdadero coste que supone la atención sanitaria (las ‘facturas sombras’ que está implantando en Andalucía son un ejemplo). Advirtiendo del riesgo que supondría la quiebra del modelo. Siendo conscientes del privilegio que significa tener un sistema como el nuestro.

No se puede ahorrar en educación. Ni un solo euro. Ahí está el drama de los padres de Amiens. Uno entre miles… No se puede ahorrar en investigación. ¿Renunciarían al futuro que nos preparan los Patarroyo de todo el mundo? Sí podemos exigir una administración más austera, eficiente y eficaz. Y sí podríamos ‘colaborar’ según según nuestras posibilidades. ¿No lo haría la pareja que ha librado del cáncer a su bebé?

Parcheando la cultura

Magdalena Trillo | 27 de marzo de 2011 a las 11:14

La ministra de Cultura no sólo es sensible con los autores y sus dificultades para sobrevivir en la era del pirateo y las descargas ilegales. También lo es con los empresarios del toreo. Al nuevo varapalo que ha supuesto esta semana la sentencia de la Audiencia Nacional anulando el canon digital se une su cruzada para rebajar el IVA de los espectáculos taurinos. Dos proyectos que nada tienen de relación entre sí salvo la prioridad que conforman en la agenda de Sinde y la constatación que suponen sobre la debilidad y las incongruencias de la política cultural española.

El nuevo escenario de consumo digital pide a gritos un debate profundo y una reorientación de todas las medidas legislativas y políticas con las que, sin éxito alguno, el Gobierno ha ido parcheando el problema hasta ahora. Quienes defienden la Ley Sinde argumentan que no es la solución pero que es la única posible. ¿Una chapuza mejor que no hacer nada?

No se trata de invocar el gratis total, pero sí habría que advertir, por ejemplo, que no se puede cobrar por un producto digital el mismo precio que por uno impreso; que no es lo mismo robar que copiar y que la solución final no puede ser, una vez más, endosar un nuevo coste al consumidor final. Y, por mucho que presionen, habría que recordar también a las grandes compañías de telecomunicaciones, a las operadoras y a los gigantes de Internet que no pueden seguir explotando gratis los contenidos, la información, las creaciones… ajenas.

La lucha contra la piratería requiere educación, información y mucha pedagogía. Hace falta una legislación fuerte, protectora y ajustada a las nuevas realidades de producción, distribución y consumo digital, pero no se puede realizar exclusivamente desde la represión.

Como siempre, por delante de los políticos va la sociedad y la gente con sentido común… El otro día descubrí 24symbols.com, el ‘spotify’ de los libros. Una plataforma para leer y compartir libros digitales que funciona en cualquier dispositivo de lectura con conexión a Internet (eReaders, smartphones, iPad), con consumo gratuito mediante publicidad. Un ejemplo (hay muchos más) y, al mismo tiempo, una constatación de que hay soluciones que no atacan a unos para defender a otros.

Los toros no dejan de ser sinónimo de polémica… Tan difícil es llegar a un acuerdo sobre el espectáculo (¿arte?) del toreo como conciliar los intereses de autores e internautas. Publicaba esta semana Expansión que Cultura va a presentar un proyecto a Economía para rebajar al 8% el IVA de las corridas (ahora es el general del 18%). Nada que objetar si no fuera por el agravio que supondría: los editores de ebook llevan años reclamando una rebaja de la fiscalidad similar a la de las publicaciones en papel (4%) y, en el sector del mercado del arte, la situación es crítica. Los representantes de las principales asociaciones españolas de las artes visuales alertaban hace un mes en Madrid del impacto que está teniendo la crisis, reclamaban “medidas urgentes” de apoyo al sector y proponían actuaciones específicas como una moderación en los recortes presupuestarios, la puntualidad en los pagos, inversiones del 1% Cultural, una Ley de Mecenazgo con máximas desgravaciones o un IVA Cultural para el mercado del arte…

¿Nos dedicamos a colocar en una balanza los toros frente a los libros o el arte? La excepción cultural no es una opción en España, es una necesidad. Es urgente diseñar un policía cultural coherente que dé una respuesta coherente a los diferentes sectores y trate la cultura como lo que es: una fuente de riqueza y un pilar de desarrollo para los pueblos. El escenario digital no ha hecho más que recordarnos que llevamos décadas poniendo parches y tratando la cultura como una ‘maría’ de la gestión pública.

“Rajoy gay” y otras conspiraciones

Magdalena Trillo | 20 de marzo de 2011 a las 14:58

Si tecleamos en Google “Sarkozy” aparecerá el nombre del presidente francés asociado al término “judío” (juif). Cuando me lo contó esta semana un compañero de la Facultad de Comunicación, asombrado con el revuelo que se ha montado en Francia al conocerse los intereses ocultos de los usuarios del buscador (y el antisemitismo de la población que se desprende), pensé que debía ser un montaje. Intencionado. Casi malicioso. Tal vez derivado del creciente descrédito del mandatario francés, del hundimiento de su partido que pronostican todas las encuestas y de la vertiginosa ascensión de la ultraderecha con la hija de Le Pen. Una campaña orquestada desde la Red contra el celoso, prepotente y contradictorio líder europeo.

Resultado o no de una ‘maquinación’, es cierto. Hagan la prueba. No tenemos que viajar a la época de los Illuminati para descubrir que todo está conectado. Que nada es porque sí.

Justo al día siguiente de esta conversación cae en mis manos un reportaje de La Vanguardia sobre la conspiración en la era de la información: desde la muerte de Kennedy hasta el Club Bilderberg y los atentados del 11-S. El artículo empieza recordando aquel febrero de hace un año en que José Blanco, nada más ser nombrado ministro de Fomento, aseguraba en una entrevista que “nada de lo que está ocurriendo en el mundo, incluidos los editoriales de los periódicos extranjeros, es casual ni inocente”. Lo confesaba un verdadero experto en el arte de fabular… Recuerden, por ejemplo, el reciente episodio de Vistalegre y sus no explicaciones sobre la no suspensión del mitin y la no estrategia electoral que no podía revelar.

En política lo llaman estrategia, aunque esconde el mismo lado oscuro que toda conspiración de manual: sospechas, mentiras, verdades fabricadas y, como dicen en mi pueblo, mucha puñalada trapera. Repasen los titulares de las últimas semanas. Más del caso Gürtel sin que nadie (ni sus propio ‘jefes’) puedan hacer desaparecer a Camps (¿son favores lo que le debe Rajoy o algo más?), la conmemoración del 11-M y el desempolvo de las teorías de la conspiración, el fraude de los ERE en Andalucía con la sospechas del PP de que el propio Griñán conoció la trama, el caso Fustegueras de Jerez con maniobras del propio Chaves para quitarse de en medio a Pilar Sánchez, Zapatero y sus enigmáticas reuniones con Bono mientras media España sigue especulando con su sucesión…

No debe extrañar que los europeos, sin excepción, confiesen que no se fían de sus líderes. Lo publicaba El País este lunes a partir de una encuesta conjunta con otros cuatro diarios afines: “Nadie se cree que los políticos actúen con honestidad e integridad”. ¿Algún ayuntamiento se libra de las sospechas de corrupción? ¿Cuánta conspiración hay detrás de una estafa inmobiliaria? ¿Y detrás de un arreglillo urbanístico? ¿Y de un inocente desvío presupuestario para pagar una obra municipal con fondos del Plan E?

Nada es casual. No lo parece, desde luego, que sea justamente la Comunidad de Valencia, cuna de los casos Fabra, Brugal o Gürtel, la que acoja en abril un simposio mundial sobre la conspiración, las sociedades secretas y los complots. Se titula Spectra y quieren “poner en contacto a gente diversa para conspirar”.

Para eso no hace falta un simposio. Basta con entrar en la Red. La herramienta ‘autocompletar’ de Google nos va dando las pistas. Escriban “Gadafi”; el buscador lo unirá a “Franco”, “ETA” y “mujeres”. Pregunten por “Berlusconi”; nos llevará a su “bunga bunga”. Tecleen “Zapatero”; nos propondrá su “dimisión”. Escriban “Rajoy”; nos sugerirá “gay”… 294.000 casuales resultados a día de ayer.

Igualdad sin trampas

Magdalena Trillo | 13 de marzo de 2011 a las 11:50

Inmaculada Codina, Beatriz García Cotarelo, Encarnación Casado, Carmen Cárdenas, Mercedes Megías, Cecilia Fernández, Encarnación Pérez, Amalia Cañadas. Son las ocho mujeres socialistas que hace más de treinta años abrieron la historia democrática en Granada desde la igualdad. Hoy, 339 mujeres tienen acta de concejal por las siglas del PSOE y 27 son alcaldesas. El Partido Popular no es una excepción: para las municipales del 22 de mayo, 35 mujeres son cabeza de lista y su presencia es creciente en todos los órganos de dirección. Tampoco IU ni los partidos minoritarios se quedan atrás. La igualdad, en política, empieza a ser un hecho.

Pero no sin coste. Carmen Cárdenas fue concejal por Loja y es funcionaria de la Diputación. Vivió unos años en la clandestinidad y en 1977 obtuvo su carné de militante; el número 26 de la provincia. Ha hecho carrera, pero ha renunciado a casi todo lo demás. Ni se ha casado ni tiene hijos. Fue su opción. Una elección condicionada por unos tiempos y unas circunstancias. La Ley de Igualdad y las listas paritarias están abriendo el camino pero es difícil seguirlo si no vas ligera de equipaje.

Esta es la trampa. Por qué igualdad desde la óptica de la mujer sigue significando renuncia. Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y directora de ONU Mujeres, es contundente: “No volveremos a la cocina”. Lo advertía con motivo del Día Internacional de la Mujer que se ha celebrado esta semana. Y lo aclaman en las calles, cada 8 de marzo, las miles de mujeres que levantan su voz para hacerse visibles, para reclamar los mismos derechos que el hombre.

“La mujer debe estar en el centro de las agendas de los gobiernos”. Un desafío incontestable si pensamos en la violencia que golpea al 76% de la población femenina en todo el mundo, si recordamos que hay 140 millones de niñas mutiladas, si pensamos en la situación de las mujeres en Arabia Saudí, Pakistán o Congo. Si valoramos el papel que las mujeres están desempeñando en la revuelta del mundo árabe por la conquista de su libertad y su dignidad. Y si nos preguntamos qué lugar ocuparán cuando se conformen los nuevos gobiernos…

La ‘cocina’ es un símbolo que nos afecta a todos. Más aún a quienes decimos vivir en el primer mundo. Incluso para quienes hemos podido ‘decidir’ entrar en la cocina sólo para poner la Nespresso y encender la Termomix. Una elección, sí, pero que sería imposible si no fuera compartida. De eso se trata. De compartir derechos y renuncias. De no convertirnos en superwomen para ocupar los espacios del hombre sin ‘renegociar’ los propios. De no competir, sino de repartir.

En la Europa de los 27, el desafío ahora es el sector privado. Las empresas. Llevamos años reivindicando el valor de la creatividad y la sensibilidad, el plus de la diferencia, el desperdicio que supone prescindir de la otra mitad del talento. Los datos, sin embargo, son tozudos. Sólo un 3% de las empresas europeas están dirigidas por una mujer; sólo representamos un 12% de los consejos de administración. ¿El camino son las cuotas?

Dicen que es progresista apoyar las cuotas; yo prefiero defender los códigos de buenas prácticas, los incentivos y la autorregulación. Reconozco, no obstante, que hay veces en que la realidad nos demuestra que sólo es posible avanzar desde la imposición. Tal vez, para quienes ya hemos andado treinta años de democracia, sea el momento de plantear un nuevo escenario: eliminar las cuotas en nuestra política, exigirlas en Túnez y negociar nuevos modelos al otro lado de lo público. ¿Estamos preparadas para conseguirlo sin hacernos trampas en el camino? ¿Sin conquistar derechos a cambio de más renuncias?

¿Ahorramos o gastamos?

Magdalena Trillo | 6 de marzo de 2011 a las 11:59

Me levanto con la calculadora en la mano y un terrorífico listado de facturas y deudas. Siempre me ha parecido asombroso cómo los grandes titulares de coyunturas financieras y macroeconomía se terminan sufriendo en el bolsillo. Empiezo a aplicar las subidas anunciadas y emerge la primera respuesta al dilema entre ahorrar y consumir: la crisis de Libia está haciendo tambalear nuestro sistema energético y a mí me va a dejar sin vacaciones. Más inflación, más hipoteca, menos crédito y menos renta…

Anoche llené el depósito del coche y se ‘comió’ diez euros más que hace un año. Un rato antes había aprovechado para ir al concesionario y no tardaron ni medio minuto en seguir la ‘doctrina Rubalcaba’: tiene que cambiar los neumáticos. Cuando me dieron el presupuesto encontré otra respuesta: imposible hasta otoño; tengo que ahorrar.

El martes, el secretario de Estado de Economía desveló que las familias españolas habíamos ahorrado un 18% el año pasado ¡Dos puntos por encima de los alemanes! Total, que los deberes estaban hechos y llegaba por fin el momento de gastar. Para relanzar el consumo y reactivar la economía, por supuesto. Por el bien del país; no por mí. La emoción me ha durado tres días. Hasta que apareció Rubalcaba en el informativo con su “por cierto” y su plan de veinte medidas para ahorrar 2.300 millones…

Dice Michelín que sólo con ajustar la presión de los neumáticos se logra el mismo objetivo. ¡Votemos a Michelín! Mejor solución que pagar 100 euros de multa a partir de mañana y tardar media hora más en ir a Sevilla. Lo siento, pero soy una descreída y, de momento, el beneficio de los 110 km/h es todo un misterio.

En febrero, el índice de precios de la ONU en Agricultura y Alimentación batió el récord en veinte años. Excepto el azúcar (y yo tomo sacarina) no hay producto de la cesta de la compra que se libre. La consecuencia es evidente: borrar ítems de la lista online del supermercado. Adiós al cava, al cordero, a la lubina salvaje y hasta al Ariel. Marcas blancas y mucho conejo.

El ‘palo’ de la luz del mes de enero aún me duele (140 euros cuando nunca estoy en casa) y todavía hay que enfrentarse al nuevo recibo del agua. Facturillas de aquí y allí que sumar a las dos hipotecas que planean todos los meses sobre mi cuenta corriente. La escalada del Euríbor del viernes (hasta el 1,92%) y la subida de tipos para abril con que amenaza Trichet ya tienen traducción ‘local’: cien euros más al mes. Dirán que yo me lo he buscado, sí. Pero ya saben, las firmé cuando entrábamos al banco y nos ‘regalaban’ el dinero: “¿No quiere también un préstamo personal? ¡Anímese!” El otro día me llamaron para preguntarme si no quería cambiar de vivienda; me ofrecieron una casa de esas que se venden solas. Hice los cálculos y ahí estaba la respuesta: como el Gobierno, la Junta, Nueva Rumasa y hasta el sistema financiero, no tengo liquidez.

Y no crean que me ilumino cuando entran en juego nuestros economistas y sus visionarios análisis: “La energía más barata es la que no se consume”. Imagino que para llegar a esta conclusión no hay que hacer un máster en Harvard. Ni siquiera el dimitido ministro alemán hubiera tenido que plagiar…

Para colmo, no se me ocurre otra cosa esta semana que ver otra de las películas paranoia de Rodrigo Cortés, el del filme del ataúd. Se llamaba El concursante. Va de bancos y de préstamos. Un drama. No; una tragedia. No les desvelo la trama, pero véanla y no participen jamás en un concurso de la tele. Ni siquiera si es un juego de mesa de Gran hermano y lo patrocina el Milenio. Sobre lo de gastar y ahorrar, no se preocupen más de la cuenta. No hay solución.

Encuestas

Magdalena Trillo | 27 de febrero de 2011 a las 11:53

Torres Hurtado podría irse hoy de vacaciones y volver al día siguiente de las elecciones para contar cuántos concejales más cambian de bando en la Plaza del Carmen. Sin quitarse el sombrero. Sin necesidad de programa, mítines ni carteles. Al estilo durmiente de Rajoy.

Dicen los socialistas que hay partido, pero habría que preguntarles si todos juegan con la misma camiseta. Sería una buena explicación para los titulares catastróficos de la semana. Y para el espectacular resultado electoral del 22-M que vaticina una supuesta encuesta interna del PP: los populares ampliarían aún más la mayoría absoluta subiendo de 16 a 18 concejales, el PSOE se daría un batacazo cayendo a los 6 (ahora tiene 9) e IU remontaría con 3. Un escenario ficticio que nada tiene de cierto (me aseguran en el PP que no tienen encuestas locales ni saben de dónde salen estos números que no dejan de circular), pero que nada tendría de descabellado.

Visiblemente indignado lo advertía el miércoles el compañero Agustín Martínez en el informativo de Granada Televisión: “Paco Cuenca debe estar pensando en tirarse por el Tajo del Pollero”. No seremos alarmistas, pero hay que reconocer que no le ayuda demasiado al candidato socialista desayunarse el mismo día con el bloqueo sine die del Centro Lorca (con reproches incluidos entre Junta y Gobierno) y la amenaza de las constructoras del Metro de abandonar las obras y dejar toda la capital empantanada. Y todo gracias a los ‘suyos’.

En los dos casos se pueden discutir culpables e introducir matices, pero hay dos realidades: en seis meses no han sido capaces de encontrar una salida al problema de financiación del edificio de La Romanilla y las adjudicatarias del Metropolitano están desde agosto sin cobrar. Las catorce UTEs, las decenas de subcontratas (muchas a punto de la quiebra) y los cientos de trabajadores y familias que viven del Metro. Por mucha utilización electoralista que se esté haciendo de los temas (que la hay), es difícil no coincidir con el PP cuando habla de “nefasta gestión”. Y, desde luego, no parece que se pueda admitir como excusa que el problema de liquidez es compartido…

Si unos y otros siguen ayudando en la misma dirección, el desgaste de la marca PSOE agrava la derrota socialista y no hay sorpresas en las comarcas de Loja, Guadix o Motril, el equipo de Torres Hurtado y Sebastián Pérez aumentará su porcentaje de votos en la capital y en el cinturón y la Diputación cambiará de signo tras más de tres décadas de gobierno socialista. Precisamente, el Barómetro que hoy publicamos todos los diarios de Grupo Joly constata el avance del PP en toda la comunidad (se sitúa ya en 10,2 puntos de ventaja sobre el PSOE) y refleja también que donde los socialistas están peor es en Andalucía oriental.

En Granada, el que se ha puesto ahora a remar a contracorriente es Blanco, dándole más color político que nunca a las vías del AVE y con un talante resolutivo capaz de trastocar el escenario para las autonómicas y generales. Sueñen: la Autovía del Mediterráneo en funcionamiento, la Alta Velocidad a punto de llegar, el Metro terminado, el Centro Lorca abierto… Todo lo que hoy es ciencia ficción.

Tan ficción como dar ya por vencedores a Arenas y Rajoy. Si a los logros ‘locales’ de aquí y allá le vamos sumando cierta recuperación económica, un respiro en las cifras del paro, la estabilización del sistema financiero, el saneamiento en las administraciones, el fin de ETA… no deberíamos descartar que Griñán pueda sostenerse al frente de la Junta y hasta Carme Chacón o Rubalcaba tenga alguna posibilidad de mantener La Moncloa. Aunque sea en el Estado del Medioestar que diría Llamazares.

Periodismo de ficción

Magdalena Trillo | 20 de febrero de 2011 a las 13:27

Que la verdad objetiva no existe en Periodismo (ni en la vida) se estudia en primero de carrera. Y lo asumimos con tanta vehemencia como aprendemos que siempre hay que ‘pretenderla’. Con la misma pasión que descubrimos las rutinas más básicas del oficio buscando un sueño compartido: romperlas y hacer literatura. Tener voz propia.

La nebulosa empieza aquí. En los resbaladizos límites entre la originalidad, la creatividad, la ficción y hasta la invención. Hay quienes se toman pequeñas licencias, están los que mienten descaradamente y algunos se permiten “dar lecciones”. Esto último es lo que ha hecho esta semana el periodista Arcadi Espada contra el escritor Javier Cercas. Vistió de verdad en un artículo de opinión lo que no era sino una difamación: dijo que el novelista había sido detenido en una redada contra la prostitución y que un programa de ultraderecha lo había contado por televisión. Todo falso. Una “calumnia”.

¿Podemos ‘imaginar’ los periodistas? Cercas opina que un simple trabajo de investigación ya requiere de imaginación; Espada le replica aplicando sus propias premisas. Difundiendo una ficción sobre su propia vida que, para muchos lectores, ya ha entrado en el terreno de lo cierto. Sobrepasando ampliamente la esfera de los recursos periodísticos y literarios para ‘jugarse’ tener que acudir ante el juez para defenderse de una querella.

La disputa viene de lejos. El periodista de El Mundo siempre había criticado que Cercas introdujera algunos hechos ‘imaginados’ en Soldados de Salamina. Hace una semana, el académico Francisco Rico firmó un artículo de opinión en el que dijo que nunca en su vida había probado un cigarrillo, cuando en realidad es un fumador empedernido. El novelista lo defendió reivindicando “la verdad factual” y animando a emanciparse de la “tiranía de lo literal”. A recurrir a la ironía y al humor. A ver el periodismo como “un ensayo de comprensión imaginativa del presente” y a plantear que “no todo” lo que se cuenta en un periódico “responde a la verdad de los hechos”.

En tal caso estaríamos halbando de fraudes y de farsantes. Y los hay. Uno de los más conocidos es Jayson Blair, un reportero del New York Times que fue despedido por inventar y plagiar sus reportajes. Ocurrió en 2003. El propio periódico publicó un informe demoledor: “Fabricó declaraciones. Se apropió de material de otros diarios. Seleccionó detalles de fotografías para crear la impresión de que había estado en sitios a los que jamás fue”.

Hace unos meses también descubrimos que uno de los grandes referentes del periodismo mundial, el polaco Ryszard Kapuscinski, fue un gran militante de la imaginación. En Kapuscinski Non-Fiction se desvela cómo siendo corresponsal extranjero convirtió en ficción más de un acontecimiento real.

¿Dónde están los límites? Pensemos en obras maestras como Noticia bomba de Evelyn Waugh, Hiroshima de John Hersey o La canción del verdugo de Norman Mailer… ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción? ¿Periodismo o literatura? ¿Oficio o imaginación?

A pesar del riesgo que tiene una profesión con tantos egos incontrolados, lo cierto es que son pocos los que no dejan que la realidad les estropee un buen titular… Esta misma semana Doménico Chiappe presentaba Tan real como la ficción reclamando el regreso al estilo literario “para salvar el oficio de la mediocridad”. ¿Arte? Pero con prudencia, habría que matizar, y no a cualquier precio. En el peligroso camino que va de la pretendida verdad a la pura ficción es importante la intención de quien escribe. Lo único capaz de salvar una historia es la honestidad.