Excelentes mediocres

Magdalena Trillo | 22 de agosto de 2010 a las 11:44

HACE 200 años le preguntaron a Napoleón qué pensaba de China. El emperador francés respondió: “Allí duerme un gigante. Dejémoslo que duerma, porque cuando despierte se moverá el mundo entero”. Ese día ha llegado…

En estos momentos, tal vez sea más acertado decir que el culpable del ‘terremoto’ de Occidente sea nuestra propia caída, esos tres años de turbulencias financieras que nos están sacudiendo y que hasta se nos ocurre ‘celebrar’ rememorando la intervención de los grandes bancos de Europa, Estados Unidos y Japón de aquel fatídico 9 de agosto de 2007.

Pero seamos justos. Mientras unos luchamos por recuperar derechos y posiciones perdidas, otros avanzan de manera trepidante. A comienzos de semana, China arrebató a Japón 40 años de hegemonía como segunda potencia económica mundial. Un país oficialmente en desarrollo ha registrado en primavera un PIB de 1,34 billones de dólares y nadie descarta que pueda robar el primer puesto a los americanos.

Un par de días más tarde, el popular ranking de Shanghai constataba el auge de sus universidades. Este año se han colado 34 centros entre los 500 primeros del mundo cuando en 2004 apenas había 16.

Estados Unidos y Gran Bretaña siguen acaparando el ‘top ten’ y las españolas se hunden. Más bien seguimos donde estábamos, en la rutina de la inercia, mientras los demás suben. Ninguna universidad de nuestro país está ya entre las 200 mejores, sólo las de Barcelona, Madrid y Valencia se sitúan entre el 200 y el 400 y, en la cola, las de Granada, Santiago de Compostela y Zaragoza. La de Sevilla, que hace un año formaba parte del ranking, se descuelga.

¿Qué ha ocurrido? Primera interpretación: el ranking no sirve. Ni siquiera está bien hecho. Lo han preparado los chinos para favorecer a sus centros y ahí están los resultados. Segunda interpretación: el ranking no es representativo de nada. Tener, por ejemplo, un premio Nobel no es indicativo de nada. Tercera interpretación: analizándolo bien, no está mal del todo. El tono medio es bastante aceptable…

Dejando a un lado los argumentos reduccionistas, que sólo llevan al absurdo, podríamos preguntarnos: ¿no es significativo saber cuántos investigadores de reconocido prestigio tiene la UGR? ¿Y la cantidad de artículos publicados en las revistas de mayor impacto internacional?

Lo preocupante, lo grave, no es que no estemos en el ‘top’; es que no hay ninguna estrategia para llegar. Más aún. De todo lo que se analiza, no tenemos ni un solo síntoma positivo. No podemos hacer fichajes, no podemos reclutar a profesores de prestigio, no podemos ‘depurar’ el funcionariado… Desde la función pública es complicado alcanzar la excelencia.

Una salida podría ser las alianzas con el sector privado, con centros que tiraran de la propia universidad. Pero esta estrategia, que sí ha funcionado en Cataluña, no termina de cuajar, por ejemplo, en Andalucía.

Es consecuencia de un modelo universitario, pero también político y social. Salvo en deportes, donde marcamos distancias en fútbol, tenis o baloncesto, nuestra tendencia es igualarlo todo, pero por abajo. Sin agravios, es cierto, pero con un riesgo claro: la mediocridad.

Basta mirar las bases de segunda convocatoria de la Estrategia 2015. ¿La teoría? Modernizar las universidades a través de la excelencia docente y científica, internacionalizar el sistema y apostar por la innovación.

¿La práctica? Un ‘poco’ de excelencia para todas y no tener que enfrentarse a las presiones. Pero no todos podemos ser excelentes. No existe la excelencia para todo el mundo. Hay que discriminar. Aunque tenga un coste político. Hay que decidir dónde queremos estar. Fijar las metas, garantizar un sistema público y, a partir de ahí, competir. Sí competir. Aunque sigamos demonizando una palabra que no significa más que aspirar a ser mejores.

Cierto es que no es el mejor momento. Sólo un dato: cómo puede la UGR fichar talentos si tiene que cerrar en agosto para ahorrar y seguir pagando las nóminas…

El futuro del Milenio, y del Legado…

Magdalena Trillo | 15 de agosto de 2010 a las 11:46

FRANCISCA Pleguezuelos se ha puesto al frente del Milenio y del Legado Andalusí con el látigo, el reloj a cero y el cronómetro en marcha… Ya se han publicado las bases del concurso público para diseñar el logo de la conmemoración, en su libreta empieza a sumar números con los primeros patrocinadores que ‘creen’ en el proyecto y, justo después del verano, tendrá un propuesta “solvente” para celebrar los mil años de la fundación del Reino de Granada.

Se lo prometió a Teresa Jiménez cuando se puso su nombre encima de la mesa para sustituir a David Aguilar. Sus planes eran otros: aires nuevos, aunque en Barcelona, bien alejada de los líos de la capital. Pero Paca es mujer de partido. Socialista ‘de cuota’, sin complejos, y feminista hasta la médula. Orgullosa y con una voluntad de hierro. Capaz de lograr el consenso social y político (por este orden) que requiere el proyecto y dispuesta a movilizar a media Europa, incluida la ‘oposición’, para cumplir su palabra. Y su palabra es una: que el proyecto va a salir.

Los de siempre ya la critican y otros muchos creen que es la persona que necesitaba el Milenio. El propio ex rector lo dijo en enero cuando tiró la toalla tras aguantar año y medio de ninguneo institucional. Volvió a su universidad y situó el problema: la conmemoración debía recaer “en un representante político” que pudiera coordinarla “con eficacia”.

Pleguezuelos ha llegado con fuerza y con ilusión, pero los retos, los problemas y las polémicas son las mismas. Para empezar, el lastre de tres años de olvido, de fracasos y de promesas incumplidas que han creado una tremenda desconfianza política y social. En segundo lugar, unos ajustes presupuestarios que amenazan con descafeinar la conmemoración y frustrar las expectativas lanzadas sobre el Milenio que se vendió como excusa para invertir en la provincia y recuperar tantos años de agravios.

Reconozcamos que, en pocas semanas, la ex eurodiputada ha sentado las bases del proyecto: un Milenio social y participativo que quiere vincular a la Alhambra y al Albaicín como señas de identidad, un Milenio que debe ser sinónimo de desarrollo económico y turístico para Granada y un Milenio que se propone abrir a África, a Europa, a Latinoamérica y a EEUU.

Ambicioso, sin ninguna duda. Pero también irreal si no hay un respaldo decidido de la Junta. Hablamos de dinero y, más aún, de voluntad. Voluntad es, por ejemplo, la idea que acaba de lanzar Paulino Plata de transformar el Legado Andalusí en una “especie de agencia” que, al estilo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), coordine todas las celebraciones previstas en Andalucía para los próximos años: el Milenio, pero también el Bicentenario de Cádiz, La Batalla de las Navas de Tolosa… Elconsejero de Cultura habla de una Fundación Andaluza de Patrimonio Histórico y propone extender las competencias del Legado a toda la historia de la región sin restringirlo a la época árabe.

Tras el fallido proyecto de crear una macroagencia cultural (la polémica fundación en la que se pretendía diluir a la Alhambra), este proyecto parece un nuevo intento de transformar el modelo de gestión pública en Andalucía con criterios de eficacia y eficiencia. Aunque necesario, urgente deberíamos decir, tal vez habría que empezar por el principio: ¿Es un globo sonda? ¿Sabemos realmente qué queremos hacer con el Legado? ¿Es el fin del proyecto que ideó Jerónimo Páez hace 25 años? ¿Es una huida hacia delante para dar sentido al tremendo presupuesto que se ‘come’ la institución?

Cuando Pleguezuelos asumió el reto de asumir el ‘marrón’ del Milenio puso una condición: contar con el equipo y la estructura del Legado. Sólo un año antes, su propuesta hubiera sido inviable. Sin embargo, la marcha de Páez dejaba el camino libre. Ahora, lo que está sobre la mesa no es sólo el futuro del Milenio. Es también el futuro del Legado. Y la primera pregunta sólo puede ser una: qué se pierde y qué se gana. Cuál es la letra pequeña.

 

Primeras damas

Magdalena Trillo | 8 de agosto de 2010 a las 10:54

 DOS mujeres han saltado esta semana del papel couché a las portadas de los periódicos de medio mundo: Naomi Campbell y Michelle Obama. La supermodelo británica, primera dama pero de la pasarela, ha tenido que testificar en el Tribunal de La Haya en el juicio contra el ex presidente de Liberia Charles Taylor por crímenes de guerra en Sierra Leona: confesó que había recibido diamantes de sangre aunque no confirmó que fueran regalo del fanático dictador africano.

“Pequeñas piedras de aspecto sucio”, dijo en una controvertida comparecencia en la que aclaró que no se quedó con la “bolsita” y aseguró que lo único que hizo fue donarlas a la Fundación Mandela. La top model se autojustificó con una insólita frase: “Recibo regalos todo el tiempo, a todas horas de la noche”… Entre la ingenuidad y la frivolidad, sentenció: “No los reconocí como diamantes. Para mí son algo bonito, brillante y que viene en una caja”.

Por muy distintos motivos, Michelle Obama, la esposa del presidente de los Estados Unidos, una de las mujeres más influyentes del planeta según la revista Forbes, está salvando a los medios (no sólo a los del corazón) de la sequía informativa de agosto con su escapada vacacional a Andalucía. Tres conclusiones tras el ‘atracón’ cultural que se dio el jueves en Granada junto a su hija pequeña y decenas de fornidos guardaespaldas.

Para empezar, que es una “señora muy sencilla y muy llana”, decían quienes la persiguieron. “Amabilísima y gentilísima”. Un retrato psicológico digno de Freud que contrasta con la imagen de intransigente y altiva que ha dejado entre los periodistas y fotógrafos que tuvieron que luchar contra su ‘guardia pretoriana’. Apenas pudimos ver cómo engullía el helado de tres chocolates que se pidió en Los Italianos, nos la perdimos palmeando, bailando y llorando de emoción en la zambra del Sacromonte y nos quedamos sin la esperada foto de Michelle con los ‘leones’ de la Alhambra.

Ni siquiera hemos podido continuar la saga Clinton con una frase para la posteridad. Ni estampa en el Mirador de San Nicolás ni “bellos atardeceres” que rubricar en una guía de viajes. Tan sólo un recurrente “inolvidable”.

En la famosa heladería de Gran Vía pudimos confirmar la segunda conclusión de la jornada: la primera dama es adicta al chocolate. No tenemos las fotos del ‘delito’, pero los cálculos son inapelables: tres helados en día y medio… La tercera conclusión es más preocupante: sólo le faltó venir a la capital con la mochila y el bocadillo para emular al temible turista de los 80 que hacía su gasto en la Costa de la Sol y se escapaba a Granada para darse un chapuzón cultural.

Para terminar, una evidencia: a pesar de las apariencias, no todo es diplomacia en Michelle Obama. Mucho más discreta que su colega Carla Bruni y menos peligrosa que la esposa del primer ministro japonés, a la primera dama americana también le gusta el cotilleo. Cuando se publicó en mayo La Promesa: Obama. Año uno, descubrimos la prioridad del sexo en la agenda del matrimonio Sarkozy gracias a una conversación íntima con la modelo.

Revelaba el periodista Jonathan Alter que los habituales retrasos del presidente francés, también en citas de Estado, tenían un motivo: la fruición sexual. Y escribe que hasta se atrevió a preguntarle a Michelle si a ella le ocurría lo mismo: “Qué va, qué va”, asegura que replicó con risa nerviosa…

Ahora es la esposa de Naoto Kan la que saca a la luz los trapos sucios de su marido en ¿Qué diablos va a cambiar en Japón ahora que tú eres primer ministro? La señora Kan cuestiona su capacidad para liderar la segunda potencia económica del mundo y desvela que no tiene gusto al vestir, que no mueve un dedo en casa, que no sabe cocinar ni un plato y que está muy malcriado.

En Japón, lejos de montarse un escándalo por las ácidas críticas, están encantados con su primera dama y el libro va ya por la segunda edición. El señor Kan, a la espera de saber si las confesiones de alcoba le pasan factura, se lo toma con bastante ironía: “Tengo el enemigo en casa”.

La tribu socialista

Magdalena Trillo | 1 de agosto de 2010 a las 10:27

LOS tijeretazos, las reformas y el vuelco electoral que anuncian todas las encuestas, incluidas las ‘oficiales’, imponen este año las escuálidas vacaciones de los políticos: de ‘bajo perfil’. Como la Casa Real. Sin la tradicional foto de familia a las puertas de Marivent, sin regatas de lujo y con el ‘Fortuna’ atracado en puerto. Sólo los  Obama, con las escapadas anunciadas para esta semana, imprimirá cierto glamour al verano más caluroso de la crisis. Un verano de neveras playeras, de sombreros de paja y de abanicos.

Bien lo sabe Griñán cuando llama a combatir los sondeos y pide al partido “sentimiento de tribu”. Militancia pura y dura. Después de tres décadas de gobierno en Andalucía, el PSOE se enfrenta a las encuestas  más negativas de la democracia. El último Estudio General de Opinión Pública de Andalucía (Egopa) vaticina un vuelco electoral.

Si hoy se celebraran elecciones autonómicas, el PP ganaría a los socialistas por 7,1 puntos de diferencia. Es la primera vez que el Capdea pronostica el triunfo de la derecha. El PP (que no Arenas, que sigue siendo castigado como el político peor valorado), empieza a ser una alternativa de gobierno en Andalucía.

El sondeo se anunció este miércoles en Granada pero los datos se habían filtrado hacía un par de semanas y estaban rulando por los despachos sin saber muy bien cómo minimizar el tema, en qué momento anticipar una derrota. Cuando el líder de los socialistas emplazó en el comité director del sábado “a recuperar la confianza de los votantes” ya conocía la cruda realidad que iba a retratar el Capdea.

Un panorama que, desde luego, no se va a transformar en dos años si la lectura que hacen es considerar que la ventaja “es frágil y coyuntural”, se autojustifican diciendo (y creyendo) que son el partido que logra más ¿simpatía? de los andaluces y se conforman con estar mejor valorados que la oposición.

El desapego, la brecha, es demasiado profunda. Incluso para las municipales. Si bien es cierto que para la cita electoral de mayo de 2011 el valor de los sondeos es relativo, nadie cuestiona que salpicará la crisis, el desgaste del gobierno socialista, el retraso en las infraestructuras, la reforma laboral y hasta los juegos de equilibrios y compensaciones autonómicos.

En la oposición, en el PP, no necesitan ni discurso. Su populismo y su localismo les funciona en las urnas. Los suyos sí van a votar sea cual sea el programa. Y si no lo hay, también. Sólo tienen dos problemas: uno se llama Rajoy y otro Arenas. Aunque los dos sigan mirando hacia otro lado, a ninguno los quieren sus votantes. También lo dicen las encuestas; las mismas que hablan de alternancia sin precisar a qué precio.

En Granada, a falta de conocer los datos provincializados, nada hace pensar que no arrasarán los populares. El presidente del PP, Sebastián Pérez, cuenta con ganar más de 80 alcaldías y gobernar la Diputación. En la capital, los socialistas han seguido al pie de la letra las instrucciones del líder: sentimiento de tribu. Francisco Cuenca ya es candidato oficial a la alcaldía; aclamado por unanimidad y sin primarias.

El rostro de los Nuevos Aires con los que pretenden arrebatar el sillón a Torres Hurtado. El delegado de Innovación se muestra optimista y convencido de la victoria. Aunque es lo que toca, y a nadie se le puede pedir que compita pensando en perder, lo más operativo sería empezar a diseñar una lista potente que siente las bases del cambio desde la oposición. ¿María Escudero en el número 2? ¿Aparicio en el 3?

Son muchos los mensajes que hay que derrocar. Para empezar, convencer a los ciudadanos de que los políticos no son el problema y que el PP, sin recetas, no es la solución a la crisis. No en sí mismo, no instalado en la política del agravio ganando los puntos que ‘regalan’ los otros.

En Granada, es urgente que ni la Junta ni sus compañeros de partido ‘ayuden’ tanto desde Sevilla. Estoy pensando en la fusión de cajas, en el ‘ataque’ a la Alhambra o en el nuevo esperpento que se ha vivido esta semana en las fosas de Alfacar, pero podríamos seguir…

Excesos estivales

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:23

NI en la obra subversiva e irreverente de Luis Buñuel encontramos una historia tan kafkiana como la del Granada CF. Un “pequeño despiste”, una “cadena de errores”, una simple “anécdota”. Ésta es la versión de los directivos. Puro surrealismo, decimos nosotros. El dinero de la campaña de abonos del club ha terminado en un contenedor de reciclaje de la calle Recogidas.

El caso: cientos de billetes guardados en dos bolsas de basura; una urgencia fisiológica del ‘contador’ oficial y la pasta termina en un paragüero; la señora de la limpieza confunde la improvisada caja fuerte con una papelera y, en unos minutos, el esfuerzo de la afición acaba volcada en un basurero.

El resto ya lo conocen. Un pequeño “es-cán-da-lo” (entonen con Rafael) estival y un final feliz: los empleados de Inagra van al rescate de las preciadas bolsas azules y, al día siguiente, el club ingresa en su cuenta 140.000 euros.

Leía el viernes la noticia en el periódico tumbada sobre la arena ‘granulada’ de Playa Granada, embadurnada con kilos de crema solar y en dura lucha contra el viento de Levante que se empeñaba en arrojar a las olas mi sombrero a lo Torres Hurtado. Pero no fue un día de moda; fue un día de bolsas de basura… En una verde bien grande despidió sus días la medusa de medio metro, sin exagerar, que se presentó en la orilla a última hora de la mañana.

Dos aguerridos bañistas, que hubieran podido pasar desapercibidos en 300 si no fuera por los orondos michelines atesorados en intensas jornadas de espetos y cervezas, se emplearon en una leonina batalla con el animalito y lo hicieron sucumbir con dos contundentes palos de sombrilla. Este final también lo conocerán: los de Protección Civil se llevan los viscosos tentáculos y la machacada campana de la escurridiza medusa y, una vez analizada, descartan que fuera la asesina Carabela Portuguesa que todos temíamos. Otro final feliz.

Vuelvo a la lectura del periódico para encontrarme con más texturas gelatinosas. Para empezar descubro que existe la talla 38KKK: la brasileña Sheyla Hershey ha estado a punto de perder la vida por conseguir las tetas más grandes del planeta. Se ha inyectado tres kilos y medio de silicona en cada seno y ha pasado más de 30 veces por los quirófanos en una interminable escalada de cirugía plástica.

Tendrían que ver la foto, soy incapaz de describir sus colosales pechos ni averiguar lo que significa la críptica talla de sujetador. Mientras ella dice que es “muy, muy, muy feliz”, a mí me da dolor de espalda  sólo mirarla… Otro episodio feliz pero a medias: puede que tengan que amputarle las mamas tras sufrir una grave infección en la última operación. Lo bueno es que  la joven aspirante a modelo, cantante y actriz ha aprendido la lección: “nada en exceso es bueno”.

Esta misma enseñanza podríamos aplicarla tanto a los adictos a las golosinas (por fin el Gobierno se ha decidido a declarar la guerra a las chucherías, las patatas fritas, la bollería industrial y los refrescos atiborrados de azúcares prohibiendo las máquinas expendedoras que invaden los patios de los colegios) como a los devoradores de las populares y ‘milagrosas’ bayas de Goji que iban a salvarnos del envejecimiento.

Hasta Victoria Beckham presumía de consumir las  rojizas pasas que seguro que les han intentado colar más de una vez al llegar a la caja del supermercado. Ahora resulta que la OCU ha pedido que las retiren del mercado por su toxicidad.

Bayas impostoras, algodonadas nubes rosadas, golosos corazones de azúcar, tentadores donuts de chocolate… Lo dicho, nunca los excesos fueron buenos. Ni de gula, ni de confianza, ni de vanidad. Pero, como ya sentenció El  Gallo en su día, “hay gente pa tó”.

La insolencia del ladrillo

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:19

No teníamos un Algarrobico que derribar, pero sí una enorme mole de hormigón suficientemente pretenciosa e irregular como para simbolizar los desmanes urbanísticos de los años del ladrillo. Tomás Olivo, imputado por el caso Malaya, proyectó en Armilla el que debía convertirse en el centro comercial más grande de Andalucía. La cultura del dinero y la insolencia. Todo a lo grande.

Tanto que el inmenso solar urbanizable no fue suficiente y terminaron ‘comiéndose’ (por error…) más de 1.400 metros cuadrados de zonas verdes. Cuanto más mejor y a toda prisa. Cruzando las fronteras entre la legalidad y la prevaricación. Se hacía en Málaga, se hacía en toda Andalucía y se hizo en Granada.

En 2006 se produjo la denuncia, lo pidió la propia Junta de Andalucía como medida cautelar al advertir posibles irregularidades en la gestión municipal, y a finales de año llegó la paralización de las obras. Tras casi cuatro años de polémica y enfrentamiento político, el macrojuicio celebrado a finales de abril, y cuyo fallo se ha dado a conocer esta semana, deja el caso en una controvertida cuestión de formas que todos consideran una victoria y todos quieren recurrir.

 El fallo: tres condenas leves por prevaricación y un ligero derribo. El Centro Nevada perderá una de sus esquinas y será Tomás Olivo quien deberá asumir el coste. El juez sólo ordena demoler 1.446 de los 275.000 metros cuadrados del proyecto, apenas un 1% de la superficie, y condena a siete meses de cárcel y siete años de inhabilitación al ex alcalde de Armilla, José Antonio Morales Cara, y al ex concejal de Urbanismo, Gabriel Cañavate, por un delito de prevaricación urbanística.

El primero seguirá ‘recolocado’ en FCC, el segundo, con menos suerte tras tantos años de servicio al partido, continuará con su excedencia de su puesto en los jardines de la Alhambra. Sin antecedentes penales, ninguno tendrá que ingresar en prisión. No han salido mal parados.

En el PSOE de Granada así lo sienten. La nota oficial es más que elocuente: “La justicia en el caso Nevada evidencia la campaña de acoso del PP”. Y critica que “Sebastián Pérez pretenda conseguir con mentiras lo que no es capaz de lograr en las urnas”. Reconozcámoslo, una nota de manual para desviar la atención.

Y en Armilla ya ‘preparan’ la fiesta. Dice el alcalde, con el mismo entusiasmo que lo hacen los empresarios, que es “una inyección de optimismo para la economía local” y una salida para los vecinos que están en paro: se crearán 2.500 empleos que aliviarán el desempleo y, digámoslo de paso, irán directos a las urnas socialistas si el complejo abre antes de las municipales.

 A la espera de saber cómo se concreta la ‘solución’ judicial, cómo se resuelven los ya anunciados recursos, qué dice la Audiencia Provincial y cómo evoluciona el contencioso por la licencia (la otra pata del caso), tal vez alguien debería empezar a preguntarse (y a planificar) cómo nos la vamos a arreglar (todos) para circular por la zona cuando el complejo abra sus puertas y el PTS, incluido el megahospital, esté a pleno funcionamiento.

 Cuatro veces al día, demasiados días a la semana, el Centro Nevada ha formado parte del paisaje urbano de mis atascos en la Circunvalación. De la Granada que no debió ser. Una Granada, metropolitana, tan desbordada como el propio complejo comercial.

Dos imágenes se cruzan en la memoria de estos años: un desolador páramo de pilares de hormigón que se multiplicaban como hormigas dejando entrever el descomunal edificio que se iba a erigir en mitad de la Vega; y los reflejos del ostentoso mármol que debía anunciar la grandeza de la obra y que acabó simbolizando su decadencia.

 No se puede cuestionar su utilidad, su necesidad, ni las virtudes de un proyecto de estas características en plena crisis. Pero sí son denunciables las chapuzas. Los apaños de los políticos, las desmesuras de los constructores y la tibieza de quienes debieran velar por la ciudad que será.

Pasiones

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:13

DESLIZO las últimas páginas de la colosal Noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina con la misma sensación de vacío con que sigo la polémica tras el brutal asesinato de Rafaela Rueda a manos de su ex pareja. Recordarán la imagen. Una casa cualquiera de una calle cualquiera. La puerta de madera, cerrada, quemada por el sol, un cuerpo desfigurado, parcialmente cubierto con una sábana blanca, parece buscar cobijo sobre un desgastado tranquillo de terrazo, unas estrechas bermudas de verano manchadas por el miedo, un hilo de sol sobre un pie desnudo que no volverá a caminar, una sandalia olvidada en mitad de la acera.

En unos macabros segundos termina una vida. Pasa el hombre que será asesino. En ese preciso momento en ese preciso lugar. Juan ve a Rafaela. Se para. Se baja del ciclomotor. Coge su azada y le asesta varios golpes en la cabeza y en el cuello. La compañera se convierte en víctima. “Si no eres para mí, no eres para nadie”.  Juan sigue su camino y se entrega a la Guardia Civil. Estamos en Pinos Puente. Como en todos los pueblos de España, no hay otro posible destino para quien sabe que ha cruzado la línea de la tragedia. La sangre del crimen empieza a perderse entre las sufridas cenefas del  zócalo a la espera de un fotógrafo que retrate la sinrazón. La pasión, los celos y el azar.

No vimos el rostro de quien supo que iba a morir. Esa misma mañana entregó las llaves de su casa a una de sus tías (“si mañana no me ves, es que me ha matado”) y renovó el seguro ‘de los muertos’ unos minutos antes de cruzarse con su ex pareja. De ser víctima, una más, de la violencia machista.

Unos días antes, un juez absolvió al asesino (presunto) de un delito de violencia de género por falta de convicción en las pruebas. Había presentado dos denuncias por malos tratos y el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Granada había decretado una orden de alejamiento.

El 21 de junio Rafaela fue a declarar contra su ex pareja pero se expresó con “excesiva parquedad y escasísima pasión”… En la sentencia, el magistrado argumenta que no hay motivos para condenar a Juan Heredia de los delitos de amenaza de muerte y lesiones porque es imposible “dar crédito suficiente” a su testimonio.

 A partir de aquí la polémica. La ministra de Igualdad recuerda que es un “hecho aislado” y que hay que entenderlo como una “excepción, no como la norma” y el delegado del Gobierno contra la Violencia de Género, Miguel Lorente, lamenta que se diera credibilidad a la mujer “por las formas” y no se abriera una investigación para aclarar la situación: no hay perfiles de víctimas como no los hay de agresores.

La consejera andaluza, Micaela Navarro, dice que es escandaloso que se ponga en duda la denuncia de una mujer contra su pareja. Los jueces piden respeto. ¿Se puede condenar sin pruebas? ¿No hay presunción de inocencia? ¿Qué ocurre con las denuncias falsas de maltrato? Porque las hay… Rafaela no fue una mujer apasionada. ¿Le hubiera salvado la pasión? ¿Cómo identificar el límite entre la pasión y la ficción? ¿El teatro y la invención?

Ignacio Abel, el arquitecto que protagoniza La noche de los tiempos, tampoco es un hombre apasionado. Ni siquiera valiente. Menos aún revolucionario. Más iluso que cualquiera. Consciente, sin embargo, de que todos los crímenes son igual de violentos, de inútiles, de macabros. Mucho más cuando detrás se esconde la pasión.  “Se creen que ir a la guerra es ponerse en fila y marcar el paso siguiendo a una banda de música que toca La internacional o A  las barricadas”. 

De uno u otro bando, la misma insensatez, los mismos criminales y la misma irresponsabilidad. En España, le decía a nuestro protagonista Juan Negrín, presidente del Consejo de Ministro de la República cuando estalló la Guerra Civil, que faltaba seriedad hasta para hacer las revoluciones: “Todo se hace a medias o de cualquier manera o aterradoramente mal, desde un tendido de ferrocarril al fusilamiento de un desgraciado…”

 ¿Por qué matar? Por nada. Porque son inocentes. A los inocentes no los quiere nadie… Ni a los inocentes ni a los pobres. Ni en los años de la Guerra Civil ni ahora. Son las pasiones las que matan; no las que salvan. La pasión por una idea, por una creencia, por un amor. De la pasión al fanatismo no hay mucha distancia, como no lo hay de los celos a la tragedia. Las víctimas son víctimas siempre. Sin bandos, sin carné y, a veces, sin pasión. Lo han sido a lo largo de la historia y lo siguen siendo. Historias de inocentes atrapadas en historias de pasiones.

Oportunidades

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:09

Me fascina esta ciudad. Pasamos del hundimiento a la euforia con la misma facilidad que España en el Mundial; a la misma velocidad que Brasil cae en la depresión. En menos de una semana se ha resuelto el lío de la Alhambra, CajaGranada tiene manos libres para seguir su camino, el paro da un ligero respiro estival y, dejando de lado el polvorín de Motril, hasta las filas socialistas toman aliento con la presentación de Paco Cuenca como aspirante a la Alcaldía de la capital.

 Bien es cierto que ha sido necesaria la ayuda del gobernador del Banco de España, la vicepresidenta económica, el Ministerio de Cultura y, seamos honestos, hasta del PP. No es para hacer a Torres Hurtado sultán de la Alhambra, pero tampoco perdamos de perspectiva: el hecho de que Javier Arenas haya defendido el proyecto de fusión fría de CajaGranada frente a la gran caja andaluza ha tenido mucho que ver. Por pura razón de números: jugando en casa, para tumbar el plan de Jara era necesario una mayoría cualificada en el consejo de Administración y los socialistas (suponiendo que siguieran los dictados de Griñán) no pueden hacer nada sin los populares. Así de simple.

 CajaGranada podrá culminar la fusión fría sin interferencias ni de la Junta ni del PSOE regional gracias al efecto “ala de mariposa”. Impresionante. El asunto, según nos aclara nuestro compañero Ignacio Martínez, es que no se pueden lanzar mensajes negativos a los mercados internacionales ni generar dudas sobre la seriedad del conjunto de las operaciones de concentración de cajas que están en marcha en España.

Bien claro parece que se lo explicaron Griñán el pasado lunes tanto Fernández Ordóñez como Elena Salgado. Conclusión: que CajaGranada ha hecho bien su trabajo, que cuenta con las bendiciones precisas para su estrategia de expansión con las cajas levantinas y que no está el asunto para mezclar política y economía. Mare Nostrum, como se llama el nuevo grupo, podrá volar mientras se pelean ahora entre Málaga y Sevilla por la sede de la futura caja.

Las expectativas no dejan margen al despiste: quieren incrementar los resultados globales del grupo en más de un 30% para 2015, superar los 600 millones de euros y lograr una eficiencia del 43%. Como decía Antonio Jara, en CajaGranada no están pensando en términos nacionalistas, sus estudios hablan de expansión, crecimiento y creación de empleo. Hasta Griñán parece que ya ve luz en la operación. “Un proyecto bonito que permite la expansión”, dice ahora. Una oportunidad.

 En el caso de la Alhambra, enviaremos una pequeña aclaración al consejero de Cultura. A ver. Que no es que en Granada seamos más cortitos que la media y no entendamos el proyecto de la Consejería de diluir la Alhambra en una estructura controlada desde Sevilla.

Se mostraba sorprendido el otro día del rechazo porque la idea de la agencia había salido de Granada. ¡Claro! Pero con un matiz: lo que se pedía es una agencia especial, una agencia independiente, una agencia única. Una agencia para mejorar la gestión de la Alhambra, por supuesto, pero no para tapar, pongamos por caso, el agujero del Teatro de la Maestranza. Otra oportunidad. Pero no para Granada.

 Sin entrar en el ‘caso Rubiales’, los socialistas parecen seguir al pie de la letra la advertencia que Sebastián Pérez lanza a sus filas siempre que puede: no hay que confiarse; las encuestas las carga el diablo. Con esa ilusión se muestran convencidos en el PSOE de que no habrá vuelco electoral y que seguirán gobernando en la Diputación, en Andalucía y ¡hasta en Motril! Lo dice hoy Martínez Caler en una entrevista con la misma seguridad que María José Sánchez habla del Milenio. Más oportunidades, aunque ¿para quién? A la espera de lo que digan las urnas, nos quedamos con la noticia más positiva que llega a Granada en meses: los recortes de Fomento no afectarán ni al AVE ni a la A-7. Aquí sí ganamos todos.

Mala suerte

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:06

En mi casa, la de mis padres, no se conoce otro templo mundano que no sea CajaSur. Mi madre dice que es como lo de ir a misa: se va y punto, que en la iglesia nada malo te puede pasar. Hoy tendríamos razones de peso para rebatir cada uno de sus argumentos y de sus creencias. Pero ni lo intento. Ni los escándalos de pederastia de los curas ni la debacle de la caja secular pueden aniquilar las pequeñas cosas de toda una vida. El color de tu libreta de ahorros, donde te ingresan el PER y donde te fían los números rojos como lo hace cada semana el carnicero de la esquina, es como tu ADN. Fidelidad.

Y todo se hereda. La primera cuenta de ahorros que tuve en mi vida me la abrió mi madre cuando tenía doce o trece años. Ella figuraba como titular y a mí me dejaba guardar las pesetillas que entonces ganaba tocando con la banda municipal de música. Jamás tuve paga, pero sí un cheque minúsculo que llevaba a casa con el orgullo de quien ha hecho algo bueno. De CajaSur pasé a Unicaja mientras estudiaba Periodismo en Málaga y de allí salté a La General cuando me vine a trabajar a Granada. Y ahí sigo; hoy por principios y entonces por rutina. Por cercanía. Tan fiel como mis padres.

En aquellos años en mi pueblo, como en tantos núcleos rurales de la Subbética cordobesa, se votaba a IU. Eran buena gente. Trabajaban en lugar de especular, no cobraban dietas por mover un dedo y no tenían coche oficial ni doscientos asesores de palmeros. Nadie amasó una fortuna y los pecados de cohecho eran ‘la voluntad’; no más que un saco de papas nuevas, un par de conejos o un manojo de espárragos.

Hoy los bancos tienen estrés, los socialistas depresión y unos cuantos de IU se “refundan” mientras otros muchos guardan bajo el brazo sus principios y se van a casa a esperar que pase la crisis. La crisis o la mala suerte. La ‘edad oscura’ que retrataba Umberto Eco en A paso de cangrejo. Más supersticiosos que nunca. ¡Quién se atrevería hoy a romper una de esas ‘cadenas de la suerte’ que llegan por email con falsos mensajes del tipo “Envía este correo a cinco personas; Juan no lo hizo y quebró su empresa…”.

Y no son cosas de pueblo, de personas mayores ni de asustadizos. Necesitamos creer en algo. Aunque sea irracional. “La principal fábrica de creencias ya no está en la Iglesia, sino en uno mismo”, dice el sociólogo Andrés Canteras en La Vanguardia. “Es posible que la razón se haya impuesto a la fe, pero no ha eclipsado al misterio”. No se explicaría de otro modo que 360.000 españoles, incluido Cristiano Ronaldo y conocidos empresarios y deportistas, se hayan comprado una pulsera Power Balance para restaurar su “equilibrio electromagnético”. Mi abuela Magdalena tenía una. Hablo de los 80 y  ya entonces era un misterio. Yo quería una para sacar sobresaliente en Plástica, para que lloviera el fin de semana y no fuéramos a coger aceitunas o para que nos tocara la lotería y pudiéramos irnos de vacaciones. Nunca funcionó. Mi madre me dijo que es que sólo servía para personas mayores…

Recuerdo un día que, viendo la inutilidad de las pulseras, se nos ocurrió en el colegio fabricar una varita mágica con un palo de olivo y papel de aluminio. Nos inventamos un ritual y pedimos muchas chucherías, intentamos castigar a los ‘malos’ con inesperados episodios de mala suerte y hasta invocamos a Cupido para que nos conectara con el chico que nos gustaba. Tampoco funcionó.

No sirven los remedios, pero ahí está la enfermedad. Y ahí seguimos. Como en la última película de Woody Allen. Buscando sentido a la vida entre espiritistas; buscando algo mágico para hallar la felicidad. Justificando en la mala suerte el fracaso de España en el Mundial; contando los días que faltan para que ZP termine la presidencia de la UE para ver si otro mundo es posible…

Así nos va

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:00

LAS decisiones de la Alhambra se seguirán tomando como hasta ahora, con la misma independencia y con mayor autonomía. Tendrá más flexibilidad para contratar y gozará de una singularidad especial dentro de la agencia pública que ha diseñado la Junta para racionalizar costes y poner orden en su casa. Una casa con más jefes que indios. Con demasiados chiringuitos… Los recortes de altos cargos (se estima un ahorro al año de 9,3 millones) no afectarán al conjunto nazarí. Es solvente y su gestión, modélica. Por eso, aunque se le exigirá mayor austeridad, seguirá teniendo el control de los recursos y del presupuesto.

 ¿Para qué, entonces, tanto desgaste político? ¿Nadie tuvo en cuenta los intangibles? La Alhambra es gestión, son números, pero también es un símbolo. Un reducto de la otra Andalucía, la que intenta mantenerse en pie aferrándose, por qué no, a la Colina de la Sabika. No es recelo al ‘centralismo’ sevillano ni política del agravio. Porque no se trata de ir mirando cómo están anclados los toldos junto a la Giralda ni de poner Canal Sur como techo para el agujero de la TG7… Es la Granada que ve el despegue de Málaga como ciudad cultural mientras los trenes siguen pasando de largo. Lo hace el AVE y lo hacen los vuelos de bajo coste. Ryanair ya tiene una base millonaria en la Costa del Sol y aquí se sufre la debacle de su ‘fuga’.

Es también la Granada que ve cómo las universidades de Sevilla y Málaga realizan uniones estratégicas en proyectos como el Campus de Excelencia con todas las bendiciones de la Junta (¿se repetirá el ‘ninguneo’ de la edición anterior con un consejero de Almería volcado con el proyecto de su tierra?) y la que ha visto durante demasiados años cómo el dinero de la Consejería de Cultura le caía a Málaga del cielo a velocidad de crucero. La misma velocidad que ahora, dicen, tendrá el Milenio.

Tarde y mal. Lo mismo que el proyecto de la gran caja andaluza. Al día siguiente de que la consejera de Hacienda diera el pistoletazo de salida al recorte de empresas públicas con el anuncio de diez fusiones, el presidente de la Junta abandona la neutralidad y confirma su hoja de ruta para la caja única. Animando, apremiando, a la unión de Unicaja y Cajasol e invitando, otra vez, a CajaGranada. El PP, el de Sevilla, no quiere quedarse atrás. Hay mucho poder que repartir. De eso se trata, ¿no?

Justo pensaba que debía ser al revés: que las cajas eran un negocio (puro negocio), que había que analizar los números para saber si el futuro pintaba mejor hacia Levante o hacia Andalucía occidental (solapamientos de oficinas, trabajadores despedidos, pérdida de cuota de mercado…) y que la Alhambra podía mirarse con el corazón. Justo al contrario: hacemos política en las cajas y análisis financieros en los monumentos.

Nada, por cierto, en contra del nuevo consejero de Cultura, que decidió venir expresamente a Granada a dar la cara ante los medios y garantizar que, si el nuevo modelo no funciona, está dispuesto a retirarlo. El PP no se fía y hay una pregunta inevitable detrás de tanta excepcionalidad: ¿tanto coste, económico, hubiera significado convertir la Alhambra en una agencia independiente como estaba previsto? Pensemos que sí, que es una exigencia de la crisis (esta sí) y nos quedaremos con el compromiso de Paulino Plata. Es otro estilo.

A todo esto, ¿dónde está el PSOE de Granada? ¿Y alguien puede explicar la respuesta de Benzal cuando se le preguntó por el proyecto de ‘su’ Consejería? Se limitó a asegurar que la Alhambra estaba muy bien gestionada… Me decían el otro día que ven a Granada cada vez más cateta e insoportable. Seamos claros. Culpables hay muchos. Se puede hacer campaña y buscar la responsabilidad en San Telmo o se puede mirar hacia dentro y fabricar soluciones. Siempre será mejor que entonar el recurrente ‘así nos va’.