Díaz Berbel

Magdalena Trillo | 19 de junio de 2011 a las 9:40

El jueves hablaba en una comida de Díaz Berbel. De un señor con barba blanca y ojos azules que aparece en una foto que guarda mi madre en casa con todas las pequeñas cosas que cree importantes. Confieso que no recuerdo aquel día ni el porqué de la imagen.

Pensándolo bien, por culpa de Díaz Berbel me he llevado la mayor bronca de mi vida como periodista. Diré en mi defensa que era casi novata. Fue en una rueda de prensa en el Ayuntamiento. Cuando salíamos del salón de comisiones, al entonces alcalde del PP no se le ocurrió otra cosa que decir que iba “a tirar a Pezzi a la Fuente de las Batallas”. Así, con la sonrisa torcida, en plan socarrón… Yo escribí mi teletipo para Efe muy ‘profesional’ obviando la salida de tono y centrándome en lo que de verdad debía interesar a los lectores. Me equivoqué. La anécdota fue el titular (como descubrí que solía ocurrir con aquel peculiar político) y yo me lo comí. Todavía veo a Santiago Sevilla hecho una furia gritándome: “¿Pero lo dijo o no lo dijo?”

En 1999, cuando se presentaba a la reelección, su jefe de prensa me llamó para proponerme que me sumara a la campaña. Le dije que no. Nunca llegúe a explicarle a Berbel por qué no podía aceptar su ofrecimiento. Creo que no lo olvidó nunca. Y que tampoco me lo perdonó. La primera vez que volvimos a vernos tras perder las municipales, entre irónico y sarcástico, me espetó: “Gracias por ayudarme a ganar las elecciones”. Aún estaba molesto. No supe qué decir… Tiempo después me dio su número de móvil, me presentó a Fátima –con el orgullo y la felicidad de un adolescente que empieza a vivir– y, a partir de ahí, hemos cotilleado y rajado de unos y otros con verdadero entusiasmo. Ha sido divertido.

Hasta el infarto. Este 17 de junio. El mismo día que hace dieciséis años era proclamado alcalde. Acababa de cumplir los 71. Ayer, en el cementerio de San José, no eran pocos los que se ajustaban las cuentas. Cinco más, cinco menos… Díaz Berbel muere y cumple las estadísticas. Las de mi padre, que también se hace septuagenario y empieza a aprovechar las subidas y bajadas al cementerio (entre las costumbres de los pueblos habría que destacar la de cumplir) para fijarse en las edades que se graban en los nichos. Su teoría: el primer zarpazo llega a los 70 y, si no te coge, puedes llegar tranquilamente a los 80, 90…

Supercherías. O no. Como lo del número 17 que marcaba su vida. Como los miles de recuerdos y anécdotas que, seguro, estarán rememorando ahora todos los que le hayan conocido; cualquiera que haya compartido con él medio minuto de conversación. Vivencias nimias e insignificantes pero sólo en apariencia. Las pequeñas historias que construyen las vidas; los detalles que nos hacen seguir viviendo en los demás. Las anécdotas que se convierten en titulares.

De Díaz Berbel se pueden escribir palabras gruesas y solemnes y se podría preparar un best-seller. Hace unos meses pensamos en el periódico proponerle publicar su biografía por entregas, a modo de folletín del siglo XIX. Hubiera sido un éxito rotundo. Pero se quedó en el aire. Como las memorias que tenía apalabradas con Jorge Rubio, el paciente y discreto jefe de prensa que tuvo que lidiar día tras día con sus ocurrencias y su pasión por lo políticamente incorrecto.

Eran otros tiempos. Y otra forma de hacer política. La suya. Díaz Berbel jamás eludió una pregunta incómoda, nunca se escondió para no meter la pata haciendo declaraciones. Al contrario, las provocaba. Respetaba a los medios y no se protegía detrás de comunicados oficiales ni vídeos enlatados. Tenía un sentido municipalista inquebrantable y una personalidad lo suficientemente arrolladora para no dejarse doblegar. Su vocación era Granada y sus opiniones, verdaderas. Pocas personas admitirían tantos adjetivos y tan contradictorios. Pocos políticos logran pasar por la vida superando la indiferencia.

Díaz Berbel no fue un héroe ni fue ejemplar, pero fue único. Y supo hacerse querer de la manera más honesta y sencilla. Desde una sinceridad que, a veces, rozaba lo kamikaze.

La hora de los valientes

Magdalena Trillo | 12 de junio de 2011 a las 11:04

Todo es susceptible de empeorar. Los socialistas sufrieron el 22 de mayo en Granada la derrota más severa de la democracia. La prueba de que esta aseveración no es exagerada la vivimos ayer. El PSOE se ha quedado fuera de los grandes pactos de gobierno en la provincia. Perdió por mayoría absoluta la capital, Motril y Guadix, tendrá que hacer mudanza después de treinta años en la Diputación y se ha dejado ‘quitar’ Loja, Almuñécar y Armilla. Se han quedado al margen. Marginados. Es pronto para saber si los socialistas se excedieron de soberbia o si no había nada que hacer ante el dominio que tienen los ‘populares’ de los tiempos y modos de la conspiración.

Hay una realidad: la marca PSOE está en decadencia y el viento sopla a favor del PP. Los independientes huyen del Titanic, UPyD irrumpe sin deber nada a nadie y hasta Izquierda Unida se desmarca de los antiguos ‘compañeros’ para evitar que la ola los arrastre al naufragio. Aunque signifique desoír la consigna nacional. Total, política de izquierdas no está haciendo el PSOE. ¿A quién se traiciona? ¿Al FMI? ¿A los mercados internacionales? ¿A Angela Merkel?

El teléfono de Sebastián Pérez echaba humo. De felicitaciones. Javier Arenas, eufórico. No se lo esperaban ni ellos. La enorme victoria. Me lo confesaba justo al terminar el acto de constitución de la nueva corporación municipal en la capital. Hace unos días era imposible hablar con él. No dejaba de comunicar, por los pactos. Ayer, por la celebración del triunfo. A partir de mañana, por los relevos. Hay muchas cajas con la foto de los niños boca abajo listas para el embalaje y otras muchas pendientes colocar.

Que “Granada nunca falla” lo dice Arenas siempre que viene. Ayer fue verdad. Si analizamos el nuevo reparto de poder provincial, tendríamos que concederle al PSOE de la capital casi un triunfo. Paco Cuenca, Chema Rueda y su equipo han mantenido el tipo. ¡Sólo han perdido un edil en una provincia teñida de azul!

Transparencia, eficacia, diálogo, austeridad. Unos lo exigen; otros lo ofrecen. Salvo un momento de reproche por los “ataques personales injustificados” al candidato socialista y otro de sonora tensión por las denuncias de las trituradoras de la Diputación destruyendo a todo gas “facturas y papeles oficiales”, hay tres mensajes del agitado acto que ayer se vivió en la Plaza del Carmen que, seguramente, se repitieron en los cientos de ayuntamientos andaluces.

El primero, que tendremos que apretarnos más el cinturón. Mucho más. Lo advirtió García Montero como nuevo portavoz del equipo de Gobierno del PP. Con o sin agenda oculta, llevaba razón el alcalde cuando decía que “es más necesario que nunca” que se apruebe el Pacto Local y se culmine la transferencia de competencias a los municipios con su “correspondiente financiación”. Será fundamental para el día a día; para el control de déficit, el pago a los proveedores y las promesas de rebaja de impuestos. Para los grandes proyectos, Torres Hurtado se encomienda a Griñán. Todos pasan por la Junta: los accesos mecánicos a la Alhambra, el Cierre del Anillo, el nuevo recinto ferial, el Banco de España como Museo de la Ciudad… Mañana mismo le pedirá al presidente andaluz, una vez más, que lo reciba. Si no, tendrá que esperar que llegue Arenas. Tal vez en marzo; responderá…

El segundo mensaje del día fue que la “democracia real” se vivió arriba, con los 27 concejales elegidos libremente por los ciudadanos, y no abajo, en la plaza, con los gritos e insultos de quienes se arrogan la voz del pueblo. El supuesto 15M no deja de perder apoyo, respeto y legitimidad: ¿“Alcalde cabrón”?

El tercer mensaje es una ilusión. Que se gobierne con responsabilidad. Que no se hagan cazas de brujas. Que no se ejerza el poder a golpe de auditorías mirando al pasado. Que se trabaje por el futuro. Por hacernos, a todos, la vida un poco mejor. Es la hora de Granada. Es la hora de los valientes. No de las revanchas.

Alarmas

Magdalena Trillo | 5 de junio de 2011 a las 9:26

Anoche cerré los ojos con la ilusión de que la cama me engullera y me llevara al principio de todo. A la cama de hierro, las sábanas blancas y el balcón abierto de par en par. En la calle, una tajada de luna y una lagartija jugando al escondite. Sobre la mesita, una laña de jazmines imitando a una flor.

Lleva razón Rafa Juárez cuando dice que todos, alguna vez, demasiadas veces, queremos vivir otras vidas. Más sencillas. Menos complicadas… Sus versos de Medio siglo son un refugio: “Ya comienza la casa a ser cocina, / ya cuecen agua y leche en los cacitos/ y en el aceite verde el pan se dora/ como una rebanada de domingo”.

Cierro de nuevo los ojos. Pero no hay olor a pan tostado ni un colchón de espuma que me quiera tragar. Sólo veo titulares de periódicos, ordenadores y páginas a medio hacer. Y pepinos. Muchos pepinos. Todo el mundo engulle pepinos. Una escena fantástica para Dalí.

Mi imaginación está atrofiada. Sin poesía. Sin invención. Ni en verso ni en prosa. Hoy sería un buen día para conversar con Ayala. Podría darme una explicación, y hasta una salida. Puede que irónica, tal vez sarcástica, seguro que acertada y breve. Aunque no le preguntaría por mis no-sueños ni por la crisis de los pepinos. Le preguntaría por ese Franco que idealiza Luis Suárez con el dinero de todos los españoles. Y por esos cientos de jóvenes que siguen acampados en las plazas recordándonos que el sistema se desmorona y que debiéramos volver a pensar muchas cosas. Por la crisis del PSOE, y del PP, y de la economía, y de los bancos, y por las guerras del mundo árabe… demasiadas crisis.

Regreso al poemario de Juárez. “Treinta años atrás no estaría en la acera/ detenido en un duelo de rabia y de alegría./ Estaría codo a codo detrás de la bandera,/ entre los que estrenáis un sol de rebeldía”. Me veo ahora en la Facultad intentando explicar a un puñado de universitarios los valores del periodismo y de la prensa. De la libertad de expresión y hasta de la democracia. El primer día de curso les pedí una reflexión a modo de ensayo y todavía me dura la depresión. La decadencia es el menor de nuestros problemas. Escribimos a golpe de talonarios y presiones. Nos dejamos manipular, nos vendemos a los mercados, a las empresas, a los políticos, al mejor postor. Ni siquiera somos útiles. Ciudadanos y blogueros nos han quitado el puesto. Los wikileaks del mundo… Llevo un año queriendo convencerles de lo contrario. Sin éxito. Tengo la actualidad en contra. Y las portadas de los periódicos también.

Esta semana, los del sensacionalismo y las alarmas han sido otros. ¿Recuerdan a Pulitzer y su “si no hay noticia, provócala”? Mejor aún, sigamos a W. R. Hearst en Ciudadano Kane: “Si no hay noticia, provócala y si no te la inventas”. En Alemania había noticia y hasta alarma, pero no culpables. Pues se los inventan. Y ahí estamos los españoles holgazanes, la Andalucía tercermundista, cargando con la bacteria asesina.

Cierro los ojos una vez más. Me desvela ahora un pitido del móvil. Se está quedando sin batería… Tiene vida. Lo veo deslizarse, desintegrarse, como en la Persistencia de la memoria.

Con mucho menos eco pero idéntica falta de responsabilidad, un instituto de la OMS presentó un estudio esta semana alertando de que los móviles “podían” causar cáncer. O no. El riesgo, parece, sería similar a la cafeína. Las radiaciones de los móviles estarían en el llamado grupo 2b y por encima estaría el 2a (probablemente cancerígeno) y el 1 (carcinogénico). ¿Qué debemos hacer? Lo que queramos. Dicen que “son los consumidores los que deben tomar la decisión”. Buena manera de no enfrentarse a la industria.

Y, mientras, ¿qué hago yo con mi móvil? Empiezo por apagarlo para que deje de incordiar. Mañana será otro día… Seguiré los consejos del poeta. Iré a la fuente temprano y descubriré la mañana… Dudaré de mis pasiones, pero no de mis ideas. Y huiré un día más. No entre versos, pero sí entre titulares de periódicos.

Giros imposibles

Magdalena Trillo | 29 de mayo de 2011 a las 16:58

Justo el lunes de resaca electoral, el gobernador del Banco de España lanzaba un mensaje a navegantes: hacía un llamamiento a los nuevos gobiernos autonómicos y locales “a cumplir rigurosamente los objetivos de déficit” y advertía de que sería necesario recurrir a más recortes de gasto. Más agujeros en el cinturón.

Una semana antes, en un mitin en Sevilla, Rodríguez Zapatero aseguró que es “radical y absolutamente” falso que el Ejecutivo esté planeando nuevos ajustes tras el 22M como sugería el PP y pidió al partido de Mariano Rajoy que ya que “habitualmente no ayuda y pone zancadillas, al menos no intoxique”.

Sólo dos días más tarde, Angela Merkel retomaba sus ataques a la economía española como hacen los mercados un día sí y otro también a cuenta de los posibles ‘contagios’ por la quiebra de Grecia y Portugal. La canciller alemana aprovechaba una rueda de prensa en Berlín junto al presidente surcoreano para reclamar a las economías mediterráneas más trabajo y menos vacaciones. Merkel se olvidaba de nuestros salarios de mileuristas y nuestra productividad (trabajamos tres horas más al día) y tiraba de tópicos para exigir una “armonización” de la edad de jubilación y de las vacaciones. Es decir, que nos quedaríamos con los 20 días de los germanos pero no con sus sueldos.

En este contexto, y mientras el PSOE se desangra a cuenta de su crisis interna tras la debacle electoral, sólo faltaba un informe de la OCDE empeorando las previsiones de paro para este año (más del 20% en 2011) y alertando de que faltan por precisar partidas de recorte del gasto en 2012. Su recomendación para el Gobierno español es tajante: “empezar a prepararse para introducir nuevas medidas”.

Si echamos la vista atrás, no es la primera vez que Zapatero se pone el traje de suicida para inmolarse realizando las reformas que dicte Europa, el FMI y los mercados. Un “cueste lo que cueste” que podría tener varias lecturas: que ZP volverá a ‘rectificar’ y habrá más recortes si es preciso; que no va adelantar las elecciones a otoño si pone en riesgo las grandes reformas que tanto desgaste han supuesto (negociación colectiva, pensiones, reestructuración del mapa de cajas…) y que es imposible el giro a la izquierda que se pretende desde el partido.

Está bien que los socialistas definan un nuevo liderazgo que genere cierta credibilidad hacia el partido, que debatan y hagan autocrítica de la tremenda derrota del 22M y sería mejor, incluso, si fueran capaces de hallar más razones que la recurrente “crisis” para explicar por qué la ciudadanía les ha dado la espalda. No por hoy; por los diez meses que quedan de Gobierno socialista y por los cuatro años, como mínimo, que estarán en la oposición. Todo ello, por supuesto, si consideramos un juego de distracción los órdagos de esta semana sobre la posibilidad de que el PP presente una moción de censura o el PSOE valide sus apoyos en las cámaras sometiéndose a una cuestión de confianza.

Si el PP tiene una “agenda oculta de recortes“, como dicen los socialistas, lo veremos en unas semanas. Del mismo modo que podremos comprobar cómo van a canalizar su enorme poder los nuevos alcaldes, presidentes de diputaciones y de comunidades del PP para gestionar la ruina en que están los municipios y provincias españolas. Quienes repiten, como Torres Hurtado, son más que conscientes de que muchas de sus promesas formarán parte de operaciones de ingeniería financiera que exigirán más de un sacrificio para evitar la bancarrota. Y quienes ocupen nuevos sillones, como es el caso de Sebastián Pérez al frente de la Diputación, tendrán que modular discursos, renunciar a la política de confrontación que tan bien les ha funcionado y enfrentarse a unos presupuestos más que mermados. Por supuesto, podrán demostrar sin son más eficaces en la gestión y si los granadinos han acertado eligiéndolos para liderar esta nueva etapa política que, en lo económico, sigue marcada por dos realidades: el paro y los recortes.

#22M, el principio

Magdalena Trillo | 22 de mayo de 2011 a las 10:03

Para los que hemos nacido en Democracia hacerte mayor significaba dos cosas: ir a votar y sacarte el carné de conducir. Si eras chica había algo casi tan trascendente: ponerte tacones, un poco de rímel en las pestañas y, con suerte, los labios rojo bermellón. No he fallado en toda mi a vida a una cita con las urnas. Con más o menos entusiasmo, con más o menos hastío. Hasta hace una semana, el 22M no iba a ser una excepción.

Pero hoy, aún tengo la papeleta en el bolso. He pensado abstenerme, dejar el sobre en blanco, ejercer el voto nulo, útil, de castigo… ¿Alguien no está de acuerdo con lo que claman miles de personas (normales y corrientes) en las plazas de toda España? Más democracia. Listas abiertas. Democracia real. Ya. No al engaño del bipartidismo. No a quienes salvan a los bancos y roban a los pobres. No más corrupción. No más mentiras. No más manipulación.

¿Quién no está cabreado? ¿Indignado? ¿Quién no quiere despertar? Salir a la calle, difundir la causa, apartarse del rebaño, gritar ¡basta! Yo no viví el mayo del 68, pero el sonido de las cacerolas no ha de ser muy diferente. Más sincero y convincente que los esfuerzos de los sociólogos por diseccionar el #15M con el mismo desconcierto que los medios tratamos de explicar lo que ocurre en calles y plazas. Con el mismo despiste con que los analistas políticos intentan inferir su impacto en los comicios de hoy. Con el mismo descoloque con que los partidos buscan el modo de aprovecharse de la causa para sumar votos o procurar que no les salpique para no agrandar demasiado la debacle…

Tal vez no haya una solución única e inmediata, pero sí un camino para pedir que empiecen a cambiar las cosas. ¿Cómo es posible que en un pueblo el cambio se llame PP y justo en el pueblo de al lado la solución sea el PSOE para los mismos problemas? Repaso los programas electorales y el resultado es rotundo: casi es mejor ir a votar sin reflexionar. Votar visceralmente y no desde el sentido común. Votar como nos han educado: sin hacer demasiadas preguntas, como borregos. La grandeza del capitalismo que convierte los valores en intereses; las ideas, en mercancía. ¿Recuerdan las teorías de Marx?

Llevo una semana perdida entre cientos de des-informaciones y trasnochados análisis de tertulianos que nada tienen que ver con la espontaneidad de la calle y el sentido común que circula en la Red. Parecen dos mundos distintos. Me refiero al de la gente (jóvenes y no jóvenes) y al de los políticos; al de los ciudadanos (internautas o no) y al de nosotros mismos, los periodistas, que intentamos informar con las rutinas de hace un siglo y los prejuicios de siempre.

Unos pontifican; otros debaten y piensan. Unos dan recetas; otros tal vez sueñen pero se mueven. Hay quienes los tildan de antisistema y perroflautas, hay quienes los llaman pijos rojos y no son pocos los que ven intereses ocultos y conspiraciones para reventar el 22-M. Lo cierto es que es difícil no compartir muchas de sus reivindicaciones. Hagámoslo. Pero desde dentro. Desde el sistema. No estamos en Túnez ni en Egipto. Nuestra democracia es joven y mejorable pero es democracia. Deficiente, pero válida. No pongamos la alfombra roja a los populismos ni demos oxígeno a las corrientes neofascistas.

Hoy, no perdamos de perspectiva que es el turno de nuestros alcaldes, de nuestros vecinos. Debemos elegir a quienes gobernarán nuestro pueblo y nuestra ciudad los próximos cuatro años. Démosle una oportunidad. Olvídense de leyes, siglas y banderas. Elijan al más honrado y confíenle su voto.

Mañana, tal vez los partidos no estén a la altura; sigamos entonces los consejos de Groucho e inventemos otros… Cambiemos las reglas del juego y busquemos líderes que no dejen las protestas de miles de indignados en una semana de portadas de periódico. Construyamos otro modelo y levantemos los ladrillos de nuestra democracia real. El Movimiento 15M no acaba aquí. Hoy es sólo el principio. No dejemos que sea una utopía. Empecemos yendo a votar.

La despedida de Caler

Magdalena Trillo | 21 de mayo de 2011 a las 20:44

Empezaré matizando el titular: el partido aún no se ha jugado. Falta una semana para las municipales y el gobierno de la Diputación es la mayor incógnita del 22-M en Granada. De entrada, cuatro escenarios posibles: mayoría absoluta del PP (Sebastián Pérez, presidente), mayoría absoluta del PSOE (tercer mandato de Caler), reedición del actual pacto PSOE-IU y, si hay descalabro en la Costa y los Benavides-Rubiales dan el zarpazo que esperan, pacto del PP con un eventual diputado de Convergencia Andaluza. ¿Se imaginan a Rosario, la mujer del alcalde de Almuñécar, de delegada de Turismo?

A más de uno se le habrá atragantado la tostada. Tranquilos. Son elucubraciones. Ni siquiera hay rumores que lo sostengan. Lo pensaba el viernes cuando Caler presentaba el Plan Global de Desarrollo Turístico de la Provincia ante media Granada. Sesenta proyectos en cinco años para llegar a los 3 millones de turistas al año, superar los 7 millones de pernoctaciones, crear 12.000 empleos directos y facturar 3.500 millones euros, mil más que ahora. Un cambio estructural en el modelo, en la gestión, en los conceptos. Tremendamente ambicioso. Demasiado, quizá, para las esquilmadas arcas de las administraciones públicas (¿alguien ha dejado algo de presupuesto para el que llegue el 23-M?). Incluso para la Diputación que, siendo claros, es con la Junta quien tira del sector y pone el dinero mientras otros se apuntan a la foto.

Tal vez por ello sonaba a despedida. Tal vez a órdago. Tal vez sea una forma de desquitarse de los desplantes de un Ayuntamiento (PP) que durante ocho años no sólo no ha colaborado sino que se ha dedicado a torpedear. Eso sí, con iniciativas tremendamente rentables y de una efectividad contrastada. Repasemos: la tradicional foto de Fitur (¿conocen alguna otra acción promocional del gobierno de la capital?), los balcones vip de la Semana Santa (¿se acuerdan del proyecto que iba a hacer tambalear la capital con tanta demanda?) y, por supuesto, las populares entregas de diplomas de embajadores de Granada (que alguien aporte algún dato de su impacto en el sector). Eso sí, hay quien se atreve a asegurar que se ha constatado que los vuelos internacionales no han servido para nada. ¿Cuál es la fuente? ¿Es una realidad o un deseo? Porque los datos que aporta el INE dicen justo lo contrario. Esta misma semana publicábamos el último balance: el aeropuerto pierde 17.500 viajeros al mes y lidera la caída del tráfico nacional. Más obviedades: no hacen falta más pistas ni torres de control, ¡hacen falta aviones llenos de turistas!

Aun así, y sin ser yo quien defienda a una compañía pirata como Ryanair (su amenaza de esta semana ha sido dejar de volar en toda España si el Gobierno no le ‘perdona’ unas multas), no estaría de más que recordáramos que hablamos de economía. De inversiones y retornos; no de política. Nadie cuestiona que se pueden mejorar las estrategias (la propia Diputación ha iniciado otras formas de trabajo), pero dejemos la demagogia cuando se trata de apoyar el sector clave en la economía provincial; el motor para salir de la crisis en una de las provincias más pobres y con más paro de España.

El viernes, la prudencia marcó el discurso de Caler. El salón de actos de la Cámara de Comercio estaba a reventar. Recordaba la toma de posesión de Javier Jiménez aunque con sabor a cambio, a legado. De unidad, y de la necesidad de implicación de todos los agentes del sector, habló la portavoz de la consultora Deloitte. Los empresarios tomaron nota. Su futuro está ahí. Al igual que el de toda la provincia, sea cual sea el partido que gobierne los próximos cuatro años. Del Ayuntamiento de la capital había un par de técnicos, pero ningún político. Tampoco del PP. Lástima. Puede que sean ellos quienes tengan la oportunidad de hacer realidad ese horizonte a 2015. Será a partir del 23 de mayo. Cuando los ciudadanos decidan si lo de Caler fue una despedida o un hasta luego.

No sin preguntas

Magdalena Trillo | 9 de mayo de 2011 a las 8:51

Acabo de ver en Twitter que más de cuarenta medios y organizaciones se han sumado ya al manifiesto Sin preguntas no hay cobertura. Más de cuatro mil periodistas de toda España están mostrando su “indignación” ante el rechazo de muchos políticos a admitir réplicas; una actitud que consideramos “inconstitucional”, una falta de respeto al criterio informativo y “una manipulación inaceptable”. Nos indignamos “ante los reiterados intentos de presión sobre el trabajo profesional de los periodistas”. Denunciamos a quienes se refugian en el ‘hoy no toca’ porque nos convierten en taquígrafos y desvirtúan los principios más básicos de la profesión. Nos plantamos ante quienes quieren volver al periodismo folletinesco y de propaganda.

Me sumo… Pero con matices. Está bien que aprovechemos la campaña electoral para lanzar el debate y mantener un pulso a quienes nos gobiernan olvidándose, demasiadas veces, que están obligados a rendir cuentas ante los ciudadanos. Olvidándose de que nosotros somos simples intermediarios, no el enemigo, y que nuestro trabajo es cuestionar, desconfiar, poner en aprietos, interpelar. Es el juego democrático.

Sin embargo, no son los políticos los únicos que distorsionan las reglas del periodismo: ¿nos sometemos a empresarios, banqueros y jueces? ¿hacemos una excepción con los ‘Mou’ del deporte y nos tragamos las insolencias y extravagancias de los artistas?

Y no es sólo en campaña cuando tenemos que ser guerreros. Casi al contrario; los políticos se ponen ahora la careta de la felicidad, son amables, cercanos, pacientes y acceden a (casi) todo. Será distinto a partir del 22-M. Pensemos en Francisco Camps cuando, a pesar de todo el escándalo de corrupción del Gürtel, los ciudadanos lo premien reforzando su mayoría en Valencia… Se lo podrá permitir (casi) todo. Quedémonos en Granada. Nada hay nada más difícil que conseguir una entrevista con Torres Hurtado. Seamos francos: no le hace falta. Se puede negar a (casi) todo. ¿Por qué exponerse a debatir con Paco Cuenca si la duda no es otra que cuánto ampliará su mayoría absoluta y si será suficiente para situar a Sebastián Pérez en Diputación?

Por su puesto que el código de malas prácticas no es generalizable (no todos son iguales) ni es exclusivo del PP. ¿Han olvidado ya los meses de incertidumbre de ZP sobre su retirada y sus secretitos con Bono? ¿Hay alguien más hábil en no contestar que Rubalcaba? ¿Alguien más borde que Blanco? ¿Alguien que haya ninguneado más a los medios en las últimas semanas que Carme Chacón?

Miremos ahora al otro lado de la noticia. No es la primera vez que un compañero de un gabinete de prensa me confiesa el sinsentido de las comparecencias cuando los periodistas que se sientan al otro lado de la mesa parecen autistas. Toman nota y se largan; cogen el primer corte útil y desenchufan los micrófonos. Ni una pregunta. Ni una cuestión incómoda. Quienes se exponen a interpelar, tal vez se vean obligados a sufrir las miradas de frustración de más de un compañero que estaba levantándose… Desde luego, no es éste el camino para prestigiar nuestra profesión y hacernos valer.

#sinpreguntasnohaycobertura es una excusa perfecta para que reflexionemos, todos, sobre el papel que de verdad estamos ejerciendo como garantes del derecho a la información. Pero ni es la solución ni creo que debamos aplicarlo de forma generalizada. Imagínense que comparece don Juan Carlos para comunicar su renuncia a la Corona y dice la Casa Real que no hay preguntas. ¿No informamos? Soñemos con una rueda de prensa sin preguntas de ETA en la que anuncien la entrega de las armas… ¿Ponemos nuestras exigencias por encima de nuestra obligación y responsabilidad como periodistas? ¿Situamos nuestro orgullo y vanidad por encima de los intereses de nuestros lectores? Empecemos (todos) por creer en lo que hacemos y exijamos, siempre, pero con sentido común.

Por un puñado de votos

Magdalena Trillo | 1 de mayo de 2011 a las 10:17

Sebatián Pérez prueba las irregularidades de Iván Chaves cobrando de CajaGranada”. Este tendencioso titular encabeza en Youtube un extracto del programa El gato al agua donde ‘analizan’ la polémica bronca del Senado del martes con la intervención del presidente del PP. A partir de aquí, los diez minutos que dura el vídeo son un absoluto despropósito. El propio senador tiene que ir matizando a los contertulios… “Si por 100.000 euros uno consigue ser delegado del Gobierno”, llegan a decir sobre la “causa-efecto” entre el escándalo del hijo del expresidente de la Junta y el nombramiento de Antonio Claret en Melilla.

Las conclusiones son evidentes: Chaves miente y tiene que dimitir, su hijo es poco menos que un estafador y a Claret, al frente de CajaGranada hasta hace un año, le han tapado la boca con un carguito… Es sólo una gota en la bronca que ha desencadenado el caso Iván Chaves y que ha vuelto a colocar a la entidad granadina en la picota política.

La cronología del caso: el 11 de abril Sebastián Pérez pide explicaciones por escrito al presidente de la entidad (antes lo anunció a los medios) y el 26, en el Senado, muestra la carta de respuesta como supuesta prueba de las irregularidades. Sin embargo, lo que hace Antonio Jara es desmentir que hayan existido negocios con la mayoría de las empresas aludidas y aclarar que las “relaciones comerciales y de inserción publicitaria” con Publicaciones del Sur fueron “debidamente fiscalizadas”.

A partir de aquí un auténtico vendaval de acusaciones y reproches de manipulación sobre un asunto que, si bien políticamente podría ser reprobable (en caso de confirmarse), la realidad es que nadie ha recurrido a los juzgados para denunciar (con pruebas) que Iván Chaves utilizó la Junta y el nombre de su padre para abrir las puertas de las cajas andaluzas (por 30.000 euros de comisión como se interpreta a partir de otro documento que ha salido a la luz esta semana).

Publicaciones del Sur ya ha anunciado que presentará una demanda contra el senador y Jara ha sido más que contundente en el Consejo que se celebró el viernes: aseguró que el comportamiento de la entidad ha sido “irreprochable”, rechazó el pago de comisión alguna y defendió la honorabilidad de la Caja lamentando “la utilización mendaz y fraudulenta de la información suministrada de buena fe”. De paso colocó contra las cuerdas a Luis González (PP), su vicepresidente ejecutivo, encargándole que sea justo él quien elabore el informe que reclamaba… La oveja esquilada.

Parece claro que el PP no va a renunciar al caso Chaves a tres semanas del 22-M. Es ruido; son votos. Me cuentan que Sebastián Pérez participará mañana en directo en el programa de Intereconomía y que el martes continuará caldeando el tema en el Senado. El rédito electoral es más que evidente; la bronca que se está generando a costa del nombre de CajaGranada, también. La pregunta es cómo se puede jugar a una baraja fuera del ‘Cubo’ y a otra dentro; cómo se puede pretender que no tenga coste interno la utilización política de la entidad.

Tal vez habría que recordar que fue el PSOE quien entregó al PP la vicepresidencia y que, atendiendo a las mayorías, la entidad puede seguir su camino en Mare Nostrum sin el PP. Pero ¿romper los tiestos ahora? ¿Con la asamblea del día 30 en el horizonte? A nadie le interesa. Y Sebastián lo sabe. Una cosa es el partido, y sus estrategias, y otra la Caja. Por eso se esfuerza en desvincular el caso Chaves de la actual dirección.

Lo que está en juego, como dirían los socialistas, es lo que nos da de comer. Más de dos mil empleos, el futuro de uno de los bastiones económicos de Granada y el prestigio de una entidad que ha de competir en un mercado voluble y caprichoso. Políticamente, el caso Iván Chaves tendrá (o no) su recorrido pero habría que pedir un poco de responsabilidad a quienes prometen aquello de “puedes confiar”. No todo vale por un puñado de votos.

22-M, gana la abstención

Magdalena Trillo | 24 de abril de 2011 a las 9:01

El PP amplía la mayoría absoluta; los socialistas continúan su caída e Izquierda Unida se mantiene. Ninguna fuerza minoritaria consigue representación en el Ayuntamiento de Granada y ninguno de los alcaldables alternativos a Pepe Torres arrancan una mínima confianza del electorado. Gana el PP, pero se impone la abstención. Casi la mitad de los granadinos no iría a votar. El porcentaje de ‘ausentes’ se acerca a un preocupante 50% que, al mismo tiempo que refleja el creciente grado de desapego de los ciudadanos hacia la clase política, ha de entenderse como un contundente voto de castigo a los socialistas – y por extensión a toda la izquierda– frente a la fidelidad del electorado conservador. Éste es el escenario sobre intención de voto para las municipales que anticipa la encuesta realizada por Commentia para Granada Hoy y que hoy publicamos.

A la espera del veredicto final del 22-M, los resultados del sondeo son reveladores en cuanto a tendencias y clima de opinión. Primera reflexión: el PP no sólo sortea otro mandato sin desgaste, sino que sería capaz de arrebatar otro concejal al PSOE y llegar a los 17. Su mejor resultado histórico. Ganaría cuatro ediles en una década y superaría el 56% de los votos.

Visto así podríamos hablar de debacle socialista. Y es que la pérdida de electorado del PSOE es progresiva: si en 1999 la diferencia entre los dos grandes partidos era de dos concejales (13 a 11), ahora sería de 9. Más del doble. Sin embargo, tal vez sería más apropiado hablar de caída sostenida. ‘Sólo’ perderían un concejal después de cuatro años de continuas fugas en la Plaza del Carmen (de Torres Vela al enemigo en casa de César Girón), después del golpe de la crisis ejemplificado en el ‘efecto ZP’, después del desmoronamiento del PSOE andaluz con el caso de los ERE y la ruptura de Pizarro y, más en clave interna, después de meses de conflicto para la elección de un candidato que pudiera hacer sombra a Torres Hurtado: el miedo a los paracaidistas, el rechazo de primarias, la desconfianza hacia un candidato de perfil bajo con poca proyección…

En un escenario como éste, donde el PP se crece ante el hundimiento del PSOE en Sevilla y Madrid y las posibilidades de vuelco electoral, Paco Cuenca no cumple las expectativas de remontada, pero logra situarse en una posición de cierto reconocimiento y tendrá la oportunidad de demostrar si es capaz de reconstruir la oposición y plantar cara a un equipo de gobierno que ha vivido cuatro años tirando de mayoría absoluta sin complicarse más de lo preciso. Sin meterse en charcos y dejándoles caer.

Tampoco IU conseguiría subir a costa de los desencantados de la izquierda (a Francisco Puentedura apenas le conoce el 20%), el PA seguiría al margen del Ayuntamiento pese al rescate de Jesús Valenzuela y ni UPyD con Mayte Olalla ni Los Verdes con Mario Ortega darían sorpresa alguna… No es extraño que más del 14% de los encuestados reconozca que entre los alcaldables no hay ninguno que le guste.

A un mes de los comicios, siete de cada diez ya tienen claro que va a ganar el PP (ni los votantes socialistas apuestan por Cuenca) y no parece que la campaña vaya a significar un gran revulsivo. La cuestión no es ya si se debate sobre política local o nacional; lo triste es que hablaremos de imputados, tránsfugas, corrupción y privilegios. Una escalada de guerra sucia que evidencia la decadencia del actual sistema de partidos. Ahí está el caso de Perú con las opciones populistas. Ahí está la inesperada irrupción de Los Verdes en Alemania. Ahí está la lección de democracia del pueblo islandés… Aquí, de momento, el mensaje es doble: el desencanto con la política es tremendo pero más aún con la izquierda. Si hay que elegir, el PP arrasa.

Estética o dignidad

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2011 a las 10:29

Podría ser mi madre; y la suya. Podría ser yo; y usted. Lleva su vida cuidadosamente atada entre los hierros de un carrito de supermercado. Paraliza su dignidad. Inquieta su silencio. A veces duerme protegida por la marquesina del autobús; a veces en el rincón del cajero automático. Siempre he querido contar su historia, pero nunca me he atrevido a pararme y romper esa soledad buscada y cómplice que la acompaña.

Me pregunto si esta pequeña mujer afea la ciudad. Si molestaría a los comerciantes del centro de Madrid que están tan irritados con los “pedigüeños”. Si habría que incluirla en ese grupo de ‘sin techo’ que Gallardón quiere erradicar a la fuerza, por ley. Tal vez a algún alcalde ya se le haya ocurrido meterlos en un tren y confinarlos en un gueto de indigencia sin retorno. Seguro que hay algún nostálgico de las escuadras que las recuperaría para limpiar la ‘mugre’.

Da escalofrío pero seamos honestos: las políticas sociales no son una prioridad; menos aún la solidaridad. Pensemos en Granada. En dos años, el Ayuntamiento ha liquidado las ayudas a los colectivos que trabajaban con los ‘sin techo’, ha bloqueado el proyecto de ampliación de Calor y Café por un conflicto con los vecinos (los homeless no votan; a quienes molestan sí) y no tiene ni estatus de ‘idea’ la vieja reivindicación de construir un albergue público.

Es verdad que no todas las personas sin hogar son como la señora del carrito. Bajando a Renfe, un grupo de indigentes tiene ‘tomada’ una esquina. Confieso que en más de una ocasión me he cruzado de acera para no interrumpir su continua fiesta de litronas y no podría negar que son muchos los vecinos y comerciantes de la zona que lo viven como un problema. La propuesta del alcalde de Madrid era el jueves la conversación estrella en la frutería. Contaba la tendera que ahora les ha dado por beber “champán” y que se pasan las tardes descorchando botellas… Se mostraban realmente preocupados por la posibilidad de que, entre alcohol y drogas, se volvieran agresivos… ¿Es sólo pobreza? ¿También violencia y delincuencia?

Asegura Ruiz-Gallardón que “no es un problema de convivencia ni de estética, sino de dignidad de las personas, de su salud y de su atención”. Y matiza que su propuesta está supeditada a que haya recursos públicos gratuitos suficientes. Ésta es la cuestión. Cómo defender una política social en un momento de recortes. Cómo situarlos como una prioridad (su salida de la extrema pobreza, no quitarlos de en medio para que no estorben el 22-M) cuando podemos llegar a los 5 millones de parados.

Estamos ante un problema con tantas aristas que ni siquiera el PP se ha atrevido a arropar una propuesta que ya desde las filas socialistas se ha asimilado a la franquista Ley de Vagos y Maleantes . Esperanza Aguirre se ha desmarcado diciendo que no es “amiga de las prohibiciones” y Rajoy, como ocurre siempre que se presenta un tema de cierta complejidad, se ha escondido debajo el ala. Recuerden que el objetivo de su programa electoral es de máximos, casi un pacto de Estado para que le vote una “gran mayoría”, y ahí no hay espacio para los grises.

Con trazos gruesos no se puede afrontar un problema social. No hay una única solución para resolver necesidades tan diversas y no será fácil ni construir los caminos ni lograr que se transiten. Se nos olvida que son personas, como usted y como yo, y que tienen sus derechos, su libertad y su dignidad. En ocasiones, mucha más que quienes se sientan en un sillón de terciopelo rojo para gobernar a golpe de sanciones y prohibición. Más que los buitres de las finanzas que siguen fabricando pobres para no dejar de zampar. Más que los directivos de las grandes compañías que se embolsan cifras indecentes mientras largan a miles de familias por la puerta de atrás.