Mala suerte

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:06

En mi casa, la de mis padres, no se conoce otro templo mundano que no sea CajaSur. Mi madre dice que es como lo de ir a misa: se va y punto, que en la iglesia nada malo te puede pasar. Hoy tendríamos razones de peso para rebatir cada uno de sus argumentos y de sus creencias. Pero ni lo intento. Ni los escándalos de pederastia de los curas ni la debacle de la caja secular pueden aniquilar las pequeñas cosas de toda una vida. El color de tu libreta de ahorros, donde te ingresan el PER y donde te fían los números rojos como lo hace cada semana el carnicero de la esquina, es como tu ADN. Fidelidad.

Y todo se hereda. La primera cuenta de ahorros que tuve en mi vida me la abrió mi madre cuando tenía doce o trece años. Ella figuraba como titular y a mí me dejaba guardar las pesetillas que entonces ganaba tocando con la banda municipal de música. Jamás tuve paga, pero sí un cheque minúsculo que llevaba a casa con el orgullo de quien ha hecho algo bueno. De CajaSur pasé a Unicaja mientras estudiaba Periodismo en Málaga y de allí salté a La General cuando me vine a trabajar a Granada. Y ahí sigo; hoy por principios y entonces por rutina. Por cercanía. Tan fiel como mis padres.

En aquellos años en mi pueblo, como en tantos núcleos rurales de la Subbética cordobesa, se votaba a IU. Eran buena gente. Trabajaban en lugar de especular, no cobraban dietas por mover un dedo y no tenían coche oficial ni doscientos asesores de palmeros. Nadie amasó una fortuna y los pecados de cohecho eran ‘la voluntad’; no más que un saco de papas nuevas, un par de conejos o un manojo de espárragos.

Hoy los bancos tienen estrés, los socialistas depresión y unos cuantos de IU se “refundan” mientras otros muchos guardan bajo el brazo sus principios y se van a casa a esperar que pase la crisis. La crisis o la mala suerte. La ‘edad oscura’ que retrataba Umberto Eco en A paso de cangrejo. Más supersticiosos que nunca. ¡Quién se atrevería hoy a romper una de esas ‘cadenas de la suerte’ que llegan por email con falsos mensajes del tipo “Envía este correo a cinco personas; Juan no lo hizo y quebró su empresa…”.

Y no son cosas de pueblo, de personas mayores ni de asustadizos. Necesitamos creer en algo. Aunque sea irracional. “La principal fábrica de creencias ya no está en la Iglesia, sino en uno mismo”, dice el sociólogo Andrés Canteras en La Vanguardia. “Es posible que la razón se haya impuesto a la fe, pero no ha eclipsado al misterio”. No se explicaría de otro modo que 360.000 españoles, incluido Cristiano Ronaldo y conocidos empresarios y deportistas, se hayan comprado una pulsera Power Balance para restaurar su “equilibrio electromagnético”. Mi abuela Magdalena tenía una. Hablo de los 80 y  ya entonces era un misterio. Yo quería una para sacar sobresaliente en Plástica, para que lloviera el fin de semana y no fuéramos a coger aceitunas o para que nos tocara la lotería y pudiéramos irnos de vacaciones. Nunca funcionó. Mi madre me dijo que es que sólo servía para personas mayores…

Recuerdo un día que, viendo la inutilidad de las pulseras, se nos ocurrió en el colegio fabricar una varita mágica con un palo de olivo y papel de aluminio. Nos inventamos un ritual y pedimos muchas chucherías, intentamos castigar a los ‘malos’ con inesperados episodios de mala suerte y hasta invocamos a Cupido para que nos conectara con el chico que nos gustaba. Tampoco funcionó.

No sirven los remedios, pero ahí está la enfermedad. Y ahí seguimos. Como en la última película de Woody Allen. Buscando sentido a la vida entre espiritistas; buscando algo mágico para hallar la felicidad. Justificando en la mala suerte el fracaso de España en el Mundial; contando los días que faltan para que ZP termine la presidencia de la UE para ver si otro mundo es posible…

Así nos va

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:00

LAS decisiones de la Alhambra se seguirán tomando como hasta ahora, con la misma independencia y con mayor autonomía. Tendrá más flexibilidad para contratar y gozará de una singularidad especial dentro de la agencia pública que ha diseñado la Junta para racionalizar costes y poner orden en su casa. Una casa con más jefes que indios. Con demasiados chiringuitos… Los recortes de altos cargos (se estima un ahorro al año de 9,3 millones) no afectarán al conjunto nazarí. Es solvente y su gestión, modélica. Por eso, aunque se le exigirá mayor austeridad, seguirá teniendo el control de los recursos y del presupuesto.

 ¿Para qué, entonces, tanto desgaste político? ¿Nadie tuvo en cuenta los intangibles? La Alhambra es gestión, son números, pero también es un símbolo. Un reducto de la otra Andalucía, la que intenta mantenerse en pie aferrándose, por qué no, a la Colina de la Sabika. No es recelo al ‘centralismo’ sevillano ni política del agravio. Porque no se trata de ir mirando cómo están anclados los toldos junto a la Giralda ni de poner Canal Sur como techo para el agujero de la TG7… Es la Granada que ve el despegue de Málaga como ciudad cultural mientras los trenes siguen pasando de largo. Lo hace el AVE y lo hacen los vuelos de bajo coste. Ryanair ya tiene una base millonaria en la Costa del Sol y aquí se sufre la debacle de su ‘fuga’.

Es también la Granada que ve cómo las universidades de Sevilla y Málaga realizan uniones estratégicas en proyectos como el Campus de Excelencia con todas las bendiciones de la Junta (¿se repetirá el ‘ninguneo’ de la edición anterior con un consejero de Almería volcado con el proyecto de su tierra?) y la que ha visto durante demasiados años cómo el dinero de la Consejería de Cultura le caía a Málaga del cielo a velocidad de crucero. La misma velocidad que ahora, dicen, tendrá el Milenio.

Tarde y mal. Lo mismo que el proyecto de la gran caja andaluza. Al día siguiente de que la consejera de Hacienda diera el pistoletazo de salida al recorte de empresas públicas con el anuncio de diez fusiones, el presidente de la Junta abandona la neutralidad y confirma su hoja de ruta para la caja única. Animando, apremiando, a la unión de Unicaja y Cajasol e invitando, otra vez, a CajaGranada. El PP, el de Sevilla, no quiere quedarse atrás. Hay mucho poder que repartir. De eso se trata, ¿no?

Justo pensaba que debía ser al revés: que las cajas eran un negocio (puro negocio), que había que analizar los números para saber si el futuro pintaba mejor hacia Levante o hacia Andalucía occidental (solapamientos de oficinas, trabajadores despedidos, pérdida de cuota de mercado…) y que la Alhambra podía mirarse con el corazón. Justo al contrario: hacemos política en las cajas y análisis financieros en los monumentos.

Nada, por cierto, en contra del nuevo consejero de Cultura, que decidió venir expresamente a Granada a dar la cara ante los medios y garantizar que, si el nuevo modelo no funciona, está dispuesto a retirarlo. El PP no se fía y hay una pregunta inevitable detrás de tanta excepcionalidad: ¿tanto coste, económico, hubiera significado convertir la Alhambra en una agencia independiente como estaba previsto? Pensemos que sí, que es una exigencia de la crisis (esta sí) y nos quedaremos con el compromiso de Paulino Plata. Es otro estilo.

A todo esto, ¿dónde está el PSOE de Granada? ¿Y alguien puede explicar la respuesta de Benzal cuando se le preguntó por el proyecto de ‘su’ Consejería? Se limitó a asegurar que la Alhambra estaba muy bien gestionada… Me decían el otro día que ven a Granada cada vez más cateta e insoportable. Seamos claros. Culpables hay muchos. Se puede hacer campaña y buscar la responsabilidad en San Telmo o se puede mirar hacia dentro y fabricar soluciones. Siempre será mejor que entonar el recurrente ‘así nos va’.

Pacto de Ciudad

Magdalena Trillo | 13 de febrero de 2010 a las 23:16

Ningún edificio de la Iglesia Católica paga el Impuesto de Bienes Inmuebles. Tampoco pasan por caja los inmuebles de titularidad pública vinculados a la defensa nacional, la seguridad ciudadana o los servicios educativos o penitenciarios. No pagan, por ejemplo, los colegios ni los espacios de especial protección como la Alhambra. Se compartan o no las razones de unos y otros, están exentos por ley.

En las últimas semanas, el Ayuntamiento de Granada ha emprendido una campaña de inspección fiscal para ‘cazar’ a otros muchos que no pagan y deberían: todos los propietarios de parcelas, aparcamientos públicos y nuevas construcciones que están eludiendo su cita con la hacienda local. No sólo es una acción legítima; es su obligación y su responsabilidad. El concejal de Economía es elocuente: si todos los ciudadanos pagamos el IBI, no hay razón para que unos ‘listos’ se aprovechen. Cierto.

En esta ‘cruzada’, el caso del Parque de las Ciencias es una excepción. Y lo es porque el debate no debería ser si existe o no un resquicio legal para poder exigirle el cobro del IBI. Está claro que siempre habrá un artículo perdido, un anexo o un texto refundido que alegar y, probablemente, ocurrirá como ha pasado con el lío del millón que el Parque y el Ayuntamiento se deben mutuamente: se sucederán los titulares de confrontación hasta que el asunto llegue al Consejo Consultivo y se emita un informe vinculante que  todos deban acatar.

El debate de trasfondo es otro. Por un lado, el económico. La situación financiera extremadamente crítica del Ayuntamiento. Hace unos meses, Juan Antonio Mérida nos dijo que tenía un “plan” para acabar con la deuda y  pagar de un plumazo a los proveedores. El Plan Mérida lo llamamos. Y nos imaginamos al concejal ideando arriesgadas operaciones en Bolsa, acordando algún ‘pelotazo’ urbanístico, vendiendo media Plaza del Carmen o sacándose un as de la manga en algún casino de Las Vegas… Desde entonces, cada vez que el Ayuntamiento anuncia algún plan recaudatorio, hacemos nuestros cálculos y vamos compensando la deuda. Pero las cuentas no nos salen. Ni a él ni a nosotros. Así que seguimos esperando y sumando de aquí y allá con la misma sensación que, imagino, todos tenemos en casa: que nadie se hace rico trabajando.

Si el debate económico es preocupante en sí mismo, lo es mucho más cuando se une a la política. Entonces se vuelve peligroso. El horizonte de las elecciones municipales, a poco más de un año, empieza a marcar la agenda política y se corre el riesgo de traspasar la delgada línea entre la acción de gobierno institucional y la de los partidos. Lo que para unos se vislumbra con unas expectativas históricas, para otros puede ser una debacle. Por eso, aunque el alcalde me lo dejó bien claro el otro día cuando le pregunté si estaba ya en forma (“Yo no estoy en campaña  hasta marzo del año que viene”), la realidad es que nadie está dispuesto a bajar la guardia y todos empiezan a tomar posiciones.  La cuestión es hasta dónde se va a arriesgar  y qué se va a sacrificar…

El Parque de las Ciencias, la Alhambra, Sierra Nevada, el PTS y hasta el turismo, incluido el aeropuerto y la campaña de vuelos internacionales, deberían quedar al margen de la política; de la confrontación electoral. El mismo Pacto de Estado que reclama el Rey estos días para salir de la crisis debería reeditarse a nivel local. No seré yo quien defienda el papel político del monarca, pero he de confesar que es difícil no coincidir con Don Juan Carlos cuando reclama “grandes esfuerzos y amplios acuerdos” para salir de la crisis. Para lograr un Pacto de Estado y, más importante aún, un Pacto de Ciudad.

El Centro FGL y la foto

Magdalena Trillo | 13 de febrero de 2010 a las 21:49

El Centro Lorca tendrá una imagen tan potente, versátil y universal como la figura del propio Federico”. He de confesar que cuando escribí estas palabras hace cinco años, el día que se falló el concurso de ideas para construir el edificio que debía recuperar para Granada el legado de Federico García Lorca, no tenía ni idea de cómo podría traducirse ese espíritu de libertad entre suelos de granito y paredes de hormigón. Cómo podría levantarse la luz sobre un estrecho solar de apenas 900 metros que colindaba con una chirriante churrería y que se asomaba a la plaza de la Romanilla desde una esquina fría y oscura maquillada con grafitis.

Recuerdo los nervios y la expectación de aquel domingo de enero. A media tarde, Rafael Moneo, presidente del jurado, compareció ante los periodistas en la capilla del AC Santa Paula y explicó el proyecto ganador: Lorca estaría unido para siempre a los Escenarios Urbanos de Mara Partida, Mónica Juvera, Héctor Mendoza y Boris Bezan. El jurado optó por el proyecto arquitectónico más innovador y vanguardista. El más atrevido.

A unas semanas de que concluya la obra, la Fundación Lorca nos ha permitido realizar una visita al edificio que se ha convertido en un viaje al corazón del poeta: el ‘edificio puerta’ que diseñó el equipo de arquitectos eslovenos y mexicanos es lo que se intuyó y mucho más. Aún no está el legado de Federico, pero sí su espíritu.

Es una gran escultura de hormigón blanco tallado que irradia futuro. Es un retrato fiel de aquella sugerente evocación que Vicente Aleixandre realizara un día de su amigo: “Los que le amamos y convivimos con él le vimos siempre el mismo, único y sin embargo cambiante, variable como la misma naturaleza”. Como un niño, como un ángel, como el agua, como una roca. Mágico.

Así es su centro. Los espacios flotan, se multiplican, aparecen de la nada y se esconden. Las soluciones arquitectónicas y constructivas son difíciles. Únicas. Espectaculares. Está tan integrado que no deja margen a la crítica. El gran cubo de acero ‘colgado’ del cielo que custodiará miles de hojas manuscritas, su biblioteca personal, su archivo fotográfico y cientos de cartas y documentos de enorme valor histórico, ya está preparado para albergar el legado. Para permitir que Granada se reconcilie con Federico; que el mundo se reencuentre con el poeta. Los telones del teatro están listos para subir; las butacas, impacientes por oír las risas de los niños.

Como Federico, es un centro “nacido para la libertad”. Como Federico, “pasa mágicamente por la vida”. Flotando, sin apoyar se jamás: “Iba y venía ante la vista de sus amigos con algo de genio alado que dispensa gracias, hace feliz un momento y escapa en seguida como la luz”.

Confesemos, todos, que ha costado volver a Federico. Repaso la hemeroteca y son cientos las páginas y los titulares que hemos publicado en los últimos años en este largo camino, ahora sí definitivo, para reconstruir esa indisoluble imagen de Lorca y Granada. Dentro de poco, los políticos podrán hacerse la foto y ponerse las medallas. Pero será, aún, un final en falso. Un principio cojo. Cuando se termine el centro, la continuidad entre el edificio y la plaza que idearon los arquitectos no se producirá. Seguirán faltando los chopos y el diálogo con la torre de la Catedral y la Sierra estará truncado.

Dice el Ayuntamiento que no tiene dinero: la crisis. Replica la Junta que no puede incluir la reforma en el Plan de Excelencia porque es una obra “puramente municipal”… El día que firmaron el convenio de colaboración, Chaves se enorgullecía de que “la misma sociedad que lo destruyó” haya sido capaz “de aliarse y comprometerse”. Pero háganlo bien. Busquen una solución. No pasen la vergüenza de hacerse una foto sin haber cumplido lo prometido.

Claret se despide

Magdalena Trillo | 13 de febrero de 2010 a las 21:45

Una amplísima representación municipal, incluido el propio alcalde, respaldó hace unas semanas la reinauguración del pub Ganivet: el local celebraba su puesta de largo tras el incendio de julio y quería agradecer a sus clientes que sigan siendo tan “fieles”. Obviamente, el equipo de Gobierno de esta ciudad lo es. Tres días más tarde, a la ceremonia de entrega del II Premio CajaGranada de Novela Histórica sólo acudieron contados ‘ex’ del PP como el desterrado Gabriel Díaz Berbel o el díscolo Nino García Royo, y por supuesto el vicepresidente saliente Juan Ramón Ferreira (una ‘isla’ en el partido).

Sería complicado justificar las sillas vacías si no es por el escaso interés de los populares hacia la cultura (como constantemente critican los socialistas) y por su indiferencia hacia la entidad financiera. Nada más lejos de la realidad si recordamos su férrea defensa de Granada como ciudad cultural (y sus continuas denuncias de la política de agravio de la Junta) y tenemos en cuenta los movimientos de los últimos meses para tener más poder en la dirección de la Caja aprovechando los capítulos (uno y dos) de la reedición del Pacto del Saray.  ¿No fueron entonces porque no eran los protagonistas? Cuestión de afinidades…

 No fueron y se perdieron la despedida de Antonio Claret y una emocionante velada de cotilleos y apuestas a cuenta de la fallida ‘rebelión’ de Rubiales en Motril. Delirios de grandeza de unos y otros tan sugerentes como la novela ganadora, esa “brillante narración” en la que el escritor jienense Jesús Maeso entremezcla las intrigas de la alta política y las pasiones inconfesables en otro ‘reinado’, el de Alfonso X El sabio.

 El próximo 18 de febrero, Antonio Jara tomará las riendas de CajaGranada. Heredará el poder político y financiero que tantas páginas de la historia sigue marcando (la real y la de ficción), y también sus problemas. Lleva razón Ferreira cuando dice, convencido, que hay que oxigenar las responsabilidades de gobierno y que es saludable que se produzcan los relevos (lástima que no le escuchen).

El propio Claret parece compartir su postura cuando reconoce los ‘marrones’ que están afrontando en estas últimas semanas a la espera de que se produzca la renovación de órganos en la entidad. Con los vientos de fusiones que soplan, no es mal momento para hacer las maletas. Más aún cuando se ha sido capaz de capear las presiones, con una estrategia mucho más sólida y perpetua: el Museo de la Memoria de Andalucía. Una realidad de 3.500 metros cuadrados y 42 metros de altura ajena a fusiones, frías o calientes. Un icono de Granada. Una obra única, inamovible.

En El crepúsculo de los ídolos, Nietzsche se refiere a la arquitectura como la elocuencia retórica del poder expresada en las formas. Ese “instrumento”, que diría Miterrand, tan “necesario” para recordar su paso por las más altas instancias. La expresión de una historia, el reflejo de una época… Todo eso es la Puerta de la Cultura de CajaGranada.

Y lo seguirá siendo cuando  Claret se retire al Banco Europeo de Finanzas y Jara se siente en el despacho de la novena planta para retomar su vida pública en esta ciudad. Lo será, incluso, el día que cambie el rótulo de la puerta y se produzca el esperado desembarco. Temido, pero inevitable.

Posiblemente, no será el Museo de la Memoria el único legado de la ‘era Claret’. El aún presidente de CajaGranada se ha empeñado en conseguir una pequeña revolución en la enseñanza superior. Aunque lleva meses trabajando en el proyecto, aún no quiere desvelar ningún detalle.

Mantendremos la palabra dada y confiaremos en que la cuenta atrás al día 18 no aborte lo que, sin duda, es una noticia de portada. Siempre tendrá tiempo, como confesó el viernes, de dedicarse a escribir una novela histórica.

No hay café para todos

Magdalena Trillo | 18 de enero de 2010 a las 17:52

Reconozcámoslo. No sólo los políticos son responsables de la ineficacia y del agujero financiero de las instituciones. El tópico del ‘vuelva usted mañana’ ya tiene una investigación científica que lo avala. El catedrático de la Autónoma de Barcelona Xavier Ballart ha llevado a cabo un estudio junto a Javier Villamayor, que prepara la tesis con la Nobel de Economía Elinor Ostrom, a partir de 400 entrevistas a altos funcionarios de la Administración central española. Las conclusiones son abrumadoras.

Los funcionarios creen en el servicio público pero carecen de iniciativa, son poco innovadores y nada amigos de los cambios. Casi el 60% descarta llevar adelante una propuesta –aunque crea que es relevante– si sabe que va a chocar con el político de turno. Y sólo un 18% es capaz de tomar decisiones y cuestionar a los jefes. Para quienes gobiernan, “una actitud refractaria a liderar el cambio” y un grave problema para la “modernización pública y la reforma”. Para los gobernados, un sufrimiento continuo con el que hay que enfrentarse a diario y un ‘bocado’ presupuestario en las arcas públicas que ‘cuesta’ a cada familia una media de 6.000 euros.

Lo peor del caso (recordaremos que siempre hay honrosas excepciones) es que los funcionarios son una especie en peligrosa extensión. Todos queremos ser funcionarios. También los periodistas. Basta echar un vistazo para comprobar que hay más compañeros ‘en el lado oscuro’ que en los medios de la ciudad. ¡Y quién no querría!, diríamos todos.

Publicábamos el sábado que dos de cada diez granadinos que tienen trabajo son funcionarios: más de 61.400 privilegiados entre los empleados del Estado, la Junta, la Diputación, la Universidad y los ayuntamientos. Si hay 308.400 personas con trabajo en Granada, el 20% son funcionarios, dos puntos por encima del pasado ejercicio. Probablemente, el único sector que es capaz de seguir creando empleo (con el dinero de todos, claro).

Empleo cualificado y bien remunerado. Bien es cierto que no tanto como los controladores, ni como sus colegas de Europa. La ‘guerra’ de Blanco en los aeropuertos se libra en Bruselas con los eurofuncionarios. Cobran entre 2.600 y 18.000 euros al mes según la tabla salarial y quieren más. Mucho más. La Comisión Europea ha presentado un recurso contra la subida ‘limitada’ del 1,85% que pactaron los Estados miembros (en pro de la austeridad) y exige un aumento del 3,7%…

Tal vez sean unos y otros quienes expliquen la necesidad de poner en marcha un ‘PIB de la felicidad’ como defendía hace unas semanas Nicolas Sarkozy: esa ‘contabilidad social’ que debe reflejar con más rigor el grado de satisfacción de los ciudadanos. La ‘cruzada’ del presidente francés partía de la idea (cierta) de que el crecimiento económico no siempre va ligado a la sensación de bienestar, aunque tal vez haya que tener la estabilidad y el sueldo de un funcionario para entenderlo.

O no. Porque el pesimismo (¿la tristeza?) también tiene sus ventajas. Julie Norem, profesora de psicología de la Universidad de Wellesley, lleva más de 20 años investigando las virtudes de ver el vaso medio vacío. Su libro El poder positivo del pensamiento negativo es la prueba de que ver las cosas negras no es tan malo: ni para nuestra calidad de vida ni para el bolsillo. En situaciones de estrés, el sistema inmunológico de los pesimistas puede ser más fuerte que el de los optimistas. Hasta la crisis, dicen, es consecuencia de un exceso de optimismo…

Pesimistas u optimistas, son muchos los que se unen al ‘síndrome del funcionario’: pasar desapercibidos y no mover los pies del tiesto. Hibernando. Como la marmota. Esperando, ilusos, que haya ‘café para todos’.

Contra Benzal

Magdalena Trillo | 18 de enero de 2010 a las 9:56

La trastienda

El patio socialista está revuelto. El delegado de Cultura, Pedro Benzal, está en la diana de demasiados ‘compañeros’. Unos creen que se equivoca y otros que hace mucho ruido. No es la primera vez, por ejemplo, que el equipo municipal del PSOE vota a favor de iniciativas del PP en el Ayuntamiento que van en contra de la Junta (de Benzal). ¿Un ejemplo? La decisión municipal de romper el convenio de ejecución de las obras de reforma de la Muralla Zirí: fue votada en pleno y tanto socialistas como IU han dado su apoyo.

No es lo más grave. Personalidades relevantes del partido se han visto implicadas en otra de las grandes polémicas de Benzal: el caso de los restos de la Plaza de Toros. Cuentan que hay quien está dispuesto a denunciar a Benzal por tomar decisiones en contra de actuaciones de anteriores delegados.

David Aguilar tira la toalla

Magdalena Trillo | 11 de enero de 2010 a las 15:30

No por previsible, ni por esperada, deja de ser noticia: David Aguilar deja el Consorcio del Milenio. La soledad, el ninguneo institucional y la convicción de que él no es la persona adecuada para tirar de un proyecto tan politizado y tan en al aire como el Milenio, ha podido con el hombre del talante de hierro.

No son sus palabras. Aguilar se va sin hacer ruido. Como un señor, como llegó. Aludiendo a motivos personales y a la incompatibilidad de su trabajo académico en la Universidad con la dirección del Consorcio. Ha aguantado lo que ha podido. Más de año y medio sin ver muy claro el sentido de la conmemoración, sin tener los compromisos institucionales cerrados y sin contar con la financiación necesaria. Hasta el pasado mes de noviembre, ni siquiera tenía el nombramiento oficial. Cualquier otro se hubiera ido hace mucho.

Recibo un correo electrónico a las 9:53  que nos da la noticia del día y, con seguridad, de la semana: “Te envío un comunicado en el que informo de mi renuncia a la Presidencia del Milenio, que he presentado hoy mismo al Consejero de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Motivos personales, tales como mi deseo de
continuar a pleno rendimiento mi tarea académica, pero también mi
convencimiento de que la Presidencia de este evento debe recaer en un
representante político al máximo nivel
de las instituciones consorciadas
que pueda con eficacia impulsar y coordinar los proyectos que Granada
necesita me ha llevado a tomar esta meditada decisión”

David Aguilar ha logrado algo inédito: que le dan las gracias tanto los socialistas como los populares. Los primeros por los servicios prestados. Los segundos, por ser honesto consigo mismo y dejar un proyecto que ha sido “un fracaso”. Esta misma mañana, el PP pedía la disolución de la efeméride y que se inviertan los presupuestos en las infraestructuras pendientes. La Junta, por su parte, garantizaba que el Milenio está consolidado y que el consorcio se reunirá en unos días para elegir a nuevo presidente. Veremos si los días son días y no semanas o meses.

Lo que está claro es que sólo puede asumir este proyecto alguien con un perfil político muy sólido. Manolo Pezzi, el gran impulso del Parque del Milenio, y Teresa Jiménez, que sigue a la espera de una ‘colocación’ desde que fue cesada como consejera de Educación, podrían ser dos opciones. Veremos.

Si había dudas sobre el Milenio, la marcha de David Aguilar no hace más que confirmar que se trata de uno de esos proyectos que dan más quebraderos de cabeza que satisfacciones; uno de esos proyectos que todos apoyan oficialmente y cuestionan en el off the record; uno de esos proyectos ‘malditos’ que se comen la ilusión de la gente…  Porque David Aguilar la tenía. Estaba entusiasmado. Dispuesto a soportar lo insorportable. Volcado con una idea, comprometido con las personas que creyeron en él, agradecido por poder hacer algo importante por esta ciudad.

La realidad va por otros cauces. El ex rector vuelve a su universidad. El Milenio vuelve a naufragar. Esperaremos acontecimientos. Confiemos en que el proyecto no se quede en una mera fachada.

La ciudad, los periodistas, le damos las gracias (sinceras) por haber impregnado esta primera etapa del Milenio de sensatez, honestidad e ilusión y por habernos convencido para creer.

Gracias.

Volvemos con 2010

Magdalena Trillo | 9 de enero de 2010 a las 11:35

Hola a todos!

Empezaré 2010 como los buenos propósitos de todos los años: hacer dieta para rebajar los excesos de la Navidad, volver a hacer deporte (natación, en mi caso), no gastar más de la cuenta en las rebajas. Vivir más y trabajar menos…

Este último es inasumible. Y la prueba es este blog. Retomo este espacio después de unas semanas ausentes. Hasta ahora, aquí aparecían los artículos que publico los domingos en la edición en papel de Granada Hoy.

Para evitar reiteraciones, ya que ese artículo también aparece en la sección de Opinión del domingo de la página web, a partir de ahora incluiré comentarios diferentes, conectados por supuesto a la actualidad. Sin fronteras. Sin cortapisas. Sin censura.

Feliz año a todos. Al menos que sea un poquito mejor que 2009.  Para los más afortunados: Virgencita, que me quede como estoy…

Magda

María Teresa

Magdalena Trillo | 18 de agosto de 2009 a las 13:09

El día que Rocío Wanninkhof fue enterrada en el cementerio de Arroyo del Ojanco, en uno de los pueblos jienenses que blanquean la Sierra de Cazorla, decenas de periodistas ejercimos de cronistas para relatar un pequeño episodio de dignidad en aquella cruenta historia que había comenzado un mes antes con la inesperada desaparición de la joven en la feria de Fuengirola.

La tarde del 9 de octubre de 1999, Rocío estuvo con su novio en su domicilio de La Cala de Mijas, regresó a casa caminando, sola, y jamás llegó. La joven apareció brutalmente asesinada en los Altos del Rodeo de Marbella 24 días después. Le asestaron once puñaladas por la espalda y le desfiguraron el cuerpo con ácido. En el silente camposanto de Jaén se cerraban tres semanas de angustiosa búsqueda y de desconcierto. Tal vez hallara algo de paz.

Aquel domingo lloviznó. Nada se sabía entonces de lo sucedido. Cualquiera podía ser el asesino. Podía estar allí mismo… Cerca de su madre Alicia y su hermana Rosa, entre los vecinos y periodistas que nos agolpábamos a las puertas de la iglesia para hacer el camino al camposanto. Intentábamos, con los dedos entumecidos y los bolígrafos rebeldes por la helada, ser testigos de algo. De todo y de nada, porque la tragedia de Rocío estaba entonces tan borrosa como su rostro.

Hoy, el caso Wanninkhof es un grave “error jurídico”. Dice la Wikipedia que ocurrió cuando, “en un ambiente de histeria popular” y “en un juicio plagado de irregularidades”, Dolores Vázquez fue declarada culpable por un jurado popular de la muerte de Rocío. Unos años más tarde, en 2003, la investigación sobre otra desaparición, la de la joven de Coín Sonia Carabantes, situó a Tony King como sospechoso de los dos crímenes. En su comparecencia ante el juez, el británico confesó que Sonia murió “por accidente” y dio detalles del crimen de Rocío. Fue declarado culpable y condenado. Dolores Vázquez, aquella señora que no se separaba de la madre el día en que enterramos a Rocío, sería exculpada.

El próximo 21 de noviembre se cumplen diez años de aquel entierro. Lo recuerdo ahora cuando vuelvo a encontrarme con las fotografías de María Teresa por Motril. En todo este tiempo, no he logrado desvincular los casos de Rocío y Sonia con el de María Teresa. Hoy hace nueve años que la joven motrileña desapareció. Fue el verano siguiente a la muerte de Rocío. “Desafortunadamente”, confiesan sus padres, “a día de hoy no sabemos absolutamente nada; sólo que nuestra hija no está con nosotros y eso ya es bastante doloroso”.

Su dormitorio permanece tal y como lo dejó aquel 18 de agosto de 2000. Ellos siguen esperando. Aún hay esperanza. En el almanaque, un nuevo día que tachar sin noticias de su hija. No pueden abrazarla; tampoco llevarle flores. Para ellos sigue siendo un ruego que prosiga la investigación hasta hallar algo de luz. Para las autoridades, para los medios y para esa opinión pública capaz de tanto en algunos casos debería ser una obligación exigirlo. Miro los rostros de Antonio y de Teresa pero encuentro la mirada perdida de la madre de Rocío, y la desazón de los padres de Sonia y la impotencia de los padres de Marta del Castillo. La misma tristeza de quienes han perdido a un hijo. Unos viven, asumen y recuerdan; otros sólo viven para saber.