Lolitas, ‘bunga bunga’ y otras pillerías

Magdalena Trillo | 31 de octubre de 2010 a las 11:00

SÁ NCHEZ Dragó presume de pedófilo a costa de dos ‘lolitas’ japonesas de 13 años, Pérez Reverte llama “mierda” al ministro Moratinos por irse del Gobierno llorando y el alcalde Valladolid completa su curriculum de perlas machistas y casposas insultando a Leire Pajín con la famosa frase de los “morritos”. Este es el nivel de la vida pública española. Y siento discrepar con Rubalcaba. No es una cuestión de ADN de la derecha; son los genes mismos de la patria española. De sus políticos, sin salvoconductos ideológicos, y de unos supuestos intelectuales que no hacen sino exaltar a golpe de ego los comentarios más barriobajeros de los antros de cualquier ciudad.

Así somos. El paraíso del macho ibérico. Un paraíso para canallas y sinvergüenzas obsesionados con el sexo. Podríamos sugerirle al superministro del Interior que recurra a los científicos de la Universidad de Manchester para rastrear la verdadera genética del machismo siguiendo la estela de aquel estudio que demostraba cómo un determinado tipo de amebas estaban condicionadas genéticamente a emplear tácticas de engaño para sobrevivir.

Ellas y nosotros… ¿No somos todos pillos, truhanes y mentirosos por naturaleza? Recordemos a los pícaros que protagonizaron algunas de las obras más célebres del Siglo de Oro y pensemos en los ‘chorizos’ y los ‘malayos’ de hoy. La cuarta Encuesta Europea de Valores de la Universidad de Deusto así lo constata: el 25% de los españoles somos bribones y caraduras. ¿Se acuerdan del timo de la estampita de Tony Leblanc? El país de los ‘ventajistas’ y ‘aprovechaos’. De las ganancias fáciles y rápidas.

Ahí está, por ejemplo, el ex número 2 del PSOE andaluz: Rafael Velasco ya se ha convertido en héroe popular por no aferrarse al sillón del poder. Delito no será, pero yo sigo tan indignada con los 730.000 euros que ha recibido su mujer en subvenciones de Empleo como escandalizada con los 240.000 euros que gana al año María Dolores de Cospedal en el PP. Una cosa es la legalidad y otra la ética. Y en política no basta con ser honesto; también hay que parecerlo. Ante los jueces y ante quienes pagamos con nuestros impuestos los presupuestos que alegremente gasta la Administración y buena parte de los fondos con que funcionan los partidos políticos.

En Granada, el alcalde de Otura tampoco se ha quedado atrás esta semana en lecciones de moralidad. Aunque tendremos que esperar al juicio para conocer el alcance de las denuncias por irregularidades que le ha interpuesto el secretario, Fernández-Sanz (PP) ha decidido largarse a París con los mayores del pueblo (70 votos son 70 votos…) para no tener que lidiar con el escándalo público, el desmarque de su propio partido, la huelga de basura y hasta la denuncia sindical por boicotear los trabajadores.

Reconozcamos, no obstante, que en España lo que se nos da bien es la chabacanería y las chapuzas. No sólo hay que saltar las fronteras para que nos enseñen lo que es una huelga; también en el juego del sexo, el dinero y el poder hay maestros y aficionados. La prensa italiana desvelaba esta semana la última de Berlusconi: una menor marroquí conocida como Ruby Robacorazones ha declarado ante los fiscales de Milán que, después de las cenas en Villa Arcore, el primer ministro italiano invitaba a las chicas a hacer ‘bunga bunga’, algo así como una sodomización salvaje grupal con ciertas reminiscencias de tribus africanas.

Berlusconi, con 74 años y su harén de jovencitas, responde con su estrategia de siempre: atacando a los díscolos que le persiguen… Él es un hombre “de buen corazón” y la pobre Ruby ha sido captada por la oposición y los jueces comunistas para desacreditarle.

¿Se imaginan a Sánchez Dragó, Pérez Reverte y De la Riva en la villa de Berlusconi? Piensen qué felicidad si en lugar del paraíso del ‘bunga bunga’ fuera un agujero negro…

Buenos o mejores

Magdalena Trillo | 25 de octubre de 2010 a las 10:07

La Universidad de Granada aspiraba a entrar en el club de la excelencia internacional pero sólo ha logrado pasar el corte, dejar de ser “prometedora” y situarse en la segunda división. No reconocerlo sería tan osado como no tomar nota, por segundo año, del mensaje del Gobierno y del comité de expertos que han evaluado los 22 proyectos que concurrían a la convocatoria del CEI: la consigna de fusiones que han impuesto los mercados no es exclusiva del sistema financiero.

Las alianzas estratégicas, con otras universidades (o no), con empresas, con centros de referencia, son clave para ganar competitividad y, en nuestro caso, para mantener el prestigio de cinco siglos de liderazgo.

Hay que comunicar mejor, sí, pero también “hacer autocrítica” (como confesó el rector al conocer el fallo del jurado) y reforzar el proyecto BioTic con que competía la Universidad. No es un fracaso tener el sello de excelencia regional, pero es una categoría que no se corresponde ni con la dimensión de la institución, ni con el nivel de sus docentes e investigadores ni con el impacto de su producción científica. Y no debería entenderse desde una perspectiva política ni territorial.

Las universidades de Sevilla y Málaga han sido capaces de poner fin a décadas de rivalidad y concurrir con un proyecto conjunto (Andalucía Tech) que ha logrado el CEI elevándose como ejemplo de vertebración y construcción de la identidad andaluza. El trabajo, sin embargo, empieza ahora: el examen será en 2015 y hay que cumplir los objetivos (principalmente científicos y académicos) porque será sinónimo de prestigio, de atracción de estudiantes y de captación de talentos.

Las universidades deberán mostrar su potencial docente e investigador, su vinculación con el tejido productivo del entorno y su capacidad para transformar, desde la innovación, sus zonas de influencia. La UGR, en este escenario, puede conformarse con ser buena o luchar por estar entre las mejores. Lo decía hace unos días el Rey en la apertura del curso universitario: “De nuestro sistema educativo depende, ni más ni menos, que el futuro de España. Y “no basta con que el sistema universitario español esté entre los buenos; debe estar entre los mejores”.

Para alcanzar tal ideal aprobó el Gobierno el año pasado el programa del Campus de Excelencia. Y, efectivamente, es una forma más que justa de incentivar a las universidades con un reparto de fondos que no termine financiando el gasto corriente. Pero realicemos una advertencia: si continúa el ritmo de ‘compensaciones’ que ha imperado en las dos primeras convocatorias, (casi) todas las universidades españolas terminarán siendo un poco ¿excelentes?

Preguntémonos, por ejemplo, qué ha pasado con los centros impulsados por el Plan Andaluz de Investigación (PAI) siguiendo criterios políticos y territoriales. No daremos nombres; basta un indicador: ni siquiera aparecen en las estadísticas de investigación. Ni en cantidad ni en calidad. No existen…

Miremos, a continuación, a Cataluña. Sus universidades, públicas y privadas, copan los primeros puestos de todos los rankings. Han sido capaces de sobreponerse al ‘pastoreo’ universitario, lograr cierto grado de externalización de sus centros y atraer a los mejores. Hace años que predican la excelencia por derecho propio.

Hace unas semanas, cuando se publicó el Ranking Scimago 2010, me llamó la atención el liderazgo andaluz y nacional que ocupa la Universidad de Córdoba en Ciencias de la Salud (por delante de la UGR) y hoy me surge una pregunta: ¿por qué no ha contado Granada en su proyecto BioTic con los investigadores de Córdoba y del Reina Sofía? ¿Por qué no lo hace para la convocatoria de 2011?

Es una alianza que tiene que ver con la lógica de la ciencia, no con la de los localismos ni con la de los feudos. Y podría ser una oportunidad, por qué no, de estar en el club de los mejores, no sólo en el de los buenos.

Orce

Magdalena Trillo | 17 de octubre de 2010 a las 12:35

JOSEP Gibert dio su vida a Orce. Puso los yacimientos en el mapa y abrió una de las líneas de investigación más rompedoras de las últimas décadas: el primer europeo no yace en Atapuerca; los homínidos colonizaron el continente desde el Sur de España y los vestigios más antiguos hallados hasta el momento estarían en la depresión Guadix-Baza. Hace un millón y medio de años. En Orce. En el Pleistoceno inferior…

Venta Micena fue su santuario. Allí llegó en 1976 y, en las orillas de lo que fue un gran lago salado, descubrió en el verano de 1982 el fragmento de cráneo (VM-0) que daría lugar al nacimiento del Hombre de Orce y desataría, sólo un año más tarde, una tormenta científica sobre su ‘hominidad’. ¿Pertenecía a un niño de cinco años o a un potro de dos meses?

Esta semana se ha presentado en Granada un documental de Canal Historia que ‘limpia’ la trayectoria del paleoantropólogo catalán. Aunque se introducen algunos testimonios contrarios a sus posiciones, no deja de ser un homenaje amable y nostálgico en recuerdo del investigador fallecido en 2007, un intento de zanjar la polémica sobre la autenticidad del fósil (pese a que la comunidad científica sigue dividida) y una llamada de atención para que la Consejería de Cultura incluya Venta Micena en el proyecto de excavaciones que, tras cuatro años de abandono, ha devuelto a Orce la actividad arqueológica.

Los trabajos desarrollados este verano en Barranco León y Fuentenueva 3, bajo la dirección de Robert Sala, han impuesto cierta normalidad y han constatado lo que nadie discute: el potencial de los yacimientos. La certeza, así lo constata la industria lítica hallada, de que se encontrarán restos de homínidos. Los más antiguos de Eurasia.

Pero volver al Hombre de Orce es un error. Hace falta trabajo sistemático y hace falta paciencia. Mucha paciencia. Lo que le faltó a Gibert cuando publicó su descubrimiento sin ni siquiera haber limpiado la parte interior del fósil. Allí empezó su calvario. En aquella cresta occipital que apareció en el fragmento y echó abajo sus teorías cuando los expertos sentenciaron que pertenecía a un herbívoro. Hoy, por muy loable que sea el esfuerzo de su hijo por restaurar la imagen de su padre, son pocos los científicos que defienden la hominidad del cráneo. No hay consenso. Esa es la verdad.

Venta Micena no es un yacimiento maldito, pero hace bien la Junta en aplazar los trabajos en esta zona para empezar de cero. Con un equipo nuevo y solvente y con una campaña enfocada en los otros dos yacimientos ajenos a la polémica de defensores y detractores. De quienes consideraron la precipitación de Gibert un error y de quienes le acusaron de “fraude”.

De momento, según contempla el decreto que regula la actividad arqueológica en Andalucía, sólo estaría prevista la excavación realizada este verano, ya que el segundo año (2011) debe dedicarse a analizar los materiales. El primer problema, por tanto, llegará en unos meses cuando se plantee la necesidad de proseguir las actividades de campo.

El segundo problema ya está sobre la mesa: uno o dos años son claramente insuficientes si los objetivos son tan ambiciosos como debería esperarse de un proyecto que terminará reescribiendo buena parte de nuestra historia: ¿Dónde está el plan director que anunció Cultura para poner orden en Orce?

Sólo una investigación rigurosa, sin interrupciones, inmune a las disputas y egos de los científicos y blindada a intereses económicos y políticos (aquí se hallan las claves de todos los despropósitos) podrá devolver el prestigio a la comarca y situarla de nuevo en el centro del debate científico internacional.

Orce debe su historia a Josep Gibert. Pero Orce no es Josep Gibert. Ni el yacimiento se ‘hereda’. Insistir en el fragmento VM-0 es desvirtuar, una vez más, una investigación que debería ser capaz de pasar página.

El efecto llamada de la violencia

Magdalena Trillo | 10 de octubre de 2010 a las 21:26

RESPONSABILIDAD. Tal vez sea la palabra que mejor defina la firmeza y la efectividad con que España está afrontando –al menos hasta ahora– la lucha antiterrorista. La responsabilidad de nuestros políticos, de nuestras instituciones, de los medios de comunicación y hasta de la opinión pública.

Ayer se cumplió el décimo aniversario del asesinato de Luis Portero a manos de tres pistoleros de ETA. En el acto de homenaje organizado el jueves en la Real Chancillería, la viuda del que fuera fiscal jefe del TSJA rechazó de plano cualquier negociación con la banda y abogó por derrotar a los criminales “con las armas de la ley y del Estado de derecho”. Sólo pidió justicia; responsabilidad.

Aunque resulte una obviedad, la carrera democrática contra la violencia, contra cualquier tipo de violencia, es inseparable del compromiso ético y profesional de todos los que terminan ‘interviniendo’ en el proceso. También de los periodistas.

Y por ello no ha de extrañar el largo debate que siempre ha suscitado el tratamiento del terrorismo entre quienes defienden la libertad de información y quienes alertan de cómo los medios pueden convertirse en altavoces de los violentos. El efecto llamada.

Ocurría con los casos de suicidio –por eso en la prensa se ha silenciado históricamente– y ahora salta el debate a las muertes por violencia machista. En este caso, el planteamiento no debería centrarse tanto en el hecho de informar (hay investigaciones recientes que constatan cómo los medios contribuyen a reducir la mortalidad por violencia de género ejerciendo un efecto protector) sino en cómo lo hacemos. Porque no es un crimen pasional, no fue un mal día y no es un caso aislado. No podemos ser indulgentes ni buscar sinrazones que expliquen cómo se rompe la supuesta “normalidad” de una relación.

No es menos criminal porque sea anciano, porque tenga educación ni tampoco porque todo el barrio lo vea como un vecino excepcional. Es un asesino (no “presunto” si ha confesado la autoría) o es un homicida.

Ni la edad, ni la piedad, ni la misericordia, como advertía esta semana la consejera de Igualdad, pueden justificar una muerte. Lo decía por el hombre de 82 años de Málaga que ha matado a su esposa para evitar ir a una residencia. Ella estaba impedida en una silla de ruedas y él acababa de ser operado de la cadera. Era un “pacto” para morir juntos… Pero él está vivo; ella, muerta. Asfixiada con una almohada (es una de las hipótesis que investiga la Policía) y con dos puñaladas en el pecho.

Las noticias no provocan más muertes –nadie decide asesinar sólo por verlo en la tele– pero sí pueden producir cierto efecto repetición y actuar como desencadenante.

Pueden ser parte del problema si es a la mujer a la que presentamos como responsable. Si disculpamos al agresor porque está celoso, obsesionado o perdidamente enamorado. Si estigmatizamos al maltratador como psicópata o monstruo olvidando la espiral de violencia que siempre hay detrás del machismo. Si convertimos los asesinatos en “un caso más” y los volvemos rutina.

El último informe de la ONU es alarmante: tres de cada cuatro mujeres en el mundo han sufrido alguna vez en su vida violencia machista. Tienen el rostro de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, de las violadas en la República del Congo o en Haití y tienen el rostro, también, de las 53 que ya han muerto este año en España a manos de sus parejas… La última, Catalina.

Hay que hablar de violencia, escribir sobre violencia para hacerla visible y no ampararla con la impunidad del silencio. Hay que huir del morbo y del sensacionalismo, aunque se vendan menos periódicos y no se ‘aproveche’ el tirón para subir audiencias. Hay que animar a la reflexión y, como en la lucha contra el terror, reclamar justicia. Debemos militar en la responsabilidad.

El precio de la dignidad

Magdalena Trillo | 3 de octubre de 2010 a las 12:12

LLEVAMOS diez días buscando la historia de una granadina que pueda acreditar que fue vejada durante la Guerra Civil y solicitar la ayuda con que la Junta de Andalucía quiere reparar la memoria de las mujeres humilladas por los falangistas y paseadas por los pueblos a modo de trofeo.

Diez días de búsqueda sin éxito. Ni la Consejería de Gobernación ni la Asociación de Memoria Histórica tienen información. O no quieren darla. Ahora toca el hermetismo: ¿Se ha recibido ya alguna solicitud? ¿Hay alguna estimación sobre el número de personas que pueden pedir la indemnización?

“Nos han dado orden de que no demos datos”. Con esta hermética respuesta se intenta acallar la polémica sobre el decreto que la Junta aprobó el 21 de septiembre y que, más allá de la dureza con que se ha atacado desde el PP (se ha tildado de “vomitivo” por intentar tasar la dignidad de la mujer en 1.800 euros), plantea serias dudas sobre la posibilidad real de su aplicación.

Para empezar, aunque baste una simple “declaración jurada” para certificar la autenticidad de la denuncia, será difícil encontrar con vida a esas víctimas “olvidadas” de la guerra y la posguerra. Mujeres que, entre 1936 y 1950, fueron rapadas, violadas, obligadas a ingerir aceite de ricino y expuestas públicamente como símbolo de la desvergüenza.

Es verdad que nadie, ni siquiera la Ley de Memoria Histórica, se había acordado hasta ahora de ellas. Pero la medida, sin cuestionar la bondad de su fin, roza el despropósito. Defiende el consejero Pizarro que es una “cantidad simbólica” y que hay que entender el decreto como una “reparación moral” por las humillaciones sufridas.

Nadie lo cuestiona. Pero ¿no es también una medida injusta y discriminatoria? ¿No fueron vejadas y maltratadas las mujeres del bando franquista? ¿Sólo los falangistas cometieron atropellos? ¿Y qué pasa, por ejemplo, con los niños y los adolescentes que fueron violados? El decreto llega tarde, con escasas posibilidades de reparar el daño que se propone y fija un plazo limitado de sólo tres meses para reclamar la ayuda: si son pocas mujeres las que viven para pedirla, menos aún conocerán su existencia.

Es, además, una medida inoportuna y electoralista. No podemos olvidar la crisis que está desangrando el Estado de Bienestar y no podemos olvidar tampoco el horizonte electoral y la urgencia con que nuestros gobiernos ‘progresistas’ quieren demostrar que no han enterrado ‘todas’ las políticas sociales que han sido su razón de ser.

Lo importante del decreto, insisten, no es el dinero sino el reconocimiento oficial como víctimas del franquismo. ¿Por qué entonces sólo pueden acogerse a la media las beneficiarias? ¿Por qué un hijo, o un nieto que sí los hay, no puede resarcir la memoria de su abuela como ocurre con las indemnizaciones para penas de cárcel? ¿Y por qué seguimos reeditando bandos diferenciando unas ‘víctimas’ de otras?

Esta mañana me ha llamado Marta Osorio para publicar un reportaje con la historia de una granadina que fue rapada y acabó fusilada en el barranco de Víznar. Su pecado, ser comunista. Del Sacromonte, pariente de Lorca. Tuvo nueve hijas y la mayor, que quedó huérfana con 13 años, no ha querido morir sin resarcir la memoria de su madre. Enriqueta García de la Plata, así se llamaba…

Le pregunto a la escritora granadina por el decreto de la Junta y me responde sin vacilar: “Demasiado tarde. En todo caso serían sus nietos. Y la mayoría no lo sabrán. ¡Aquello se ocultó tanto! Se olvidó”. Se quiso borrar la vergüenza borrando los recuerdos…

Contaremos la historia de Enriqueta y la lucha de esa hija que se hizo cantante de tabernas para sobrevivir. Me recuerda Osorio que su único fin es ayudar a recuperar la memoria. Y me recuerda que hay otros caminos… Otros muchos. Más callados, menos electoralistas y mucho más sensatos.

La selección adversa de las manzanas

Magdalena Trillo | 26 de septiembre de 2010 a las 10:23

BICICLETA, cuchara, manzana. Regreso de San Sebastián militando en las “olas de energía ciudadana” con que Donosti compite por la Capitalidad Cultural, irremediablemente perdida en el pequeño diccionario de euskera con que me dan la bienvenida al Zinemaldia y con dos kilos de más. De michelines y de desasosiego.

Las tres palabras con que inicio el artículo son el título del documental sobre Pasqual Maragall que se estrenó el domingo pasado en el Festival de Cine y son, también, mi particular vacuna contra el alzhéimer. Incorregiblemente supersticiosa, me he convencido de que estaré a salvo si las recuerdo. A salvo de vivir sin memoria; a salvo de vivir sin recuerdos.

El político catalán no es capaz. Tampoco los 3,5 millones de españoles (pacientes y familiares) que sufren a diario el golpe de la demencia senil. Ni los 25 millones de enfermos que se contabilizan en todo el mundo y se van multiplicando a la misma velocidad con que enterramos la utopía del Estado del Bienestar.

El alzhéimer se ha convertido en una ‘verdad’ tan incómoda como la del cambio climático de Al Gore. Es el referente que sigue Carles Bosch (lo recordarán por Balseros) para retratar lo que tan de cerca conoce el que fuera alcalde de Barcelona: “Lo jodido no es morir de alzhéimer. Lo jodido es vivir y morir con alzhéimer”.

Vivir jodido. En esencia, es la misma convicción con que Álex de la Iglesia recogió el Premio Nacional de Cinematografía. Hay que vivir a contrarreloj: hay que sufrir. Y no hay fórmulas mágicas de “superarlo”; sólo podemos acostumbrarnos al dolor. Explicado tal vez por una extraña conexión “católica” (estudió en los Jesuitas), el director de Triste balada de trompeta desvela el secreto de su “cine de autor para masas”: sólo la premura, las condiciones adversas y el sufrimiento llevan al placer. Para crear, pero también para convivir e incluso para gobernar.

Hasta el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, parece estar de acuerdo con la filosofía estoica que preconiza el cineasta: “Imagínense cuántos más visionarios, activistas, premios Nobel y personas ganadoras podríamos tener si toda la gente del mundo pudiera vivir una vida con derecho a la salud, a la educación, la dignidad y el bienestar”. Lo dijo en la Cumbre del Milenio que se ha celebrado en Nueva York para erradicar la pobreza y que ha terminado con más escepticismo que esperanzas. Ilusiones tan a la deriva como nuestros políticos.

Quizás Bicicleta, cuchara, manzana no sea una correlación aleatoria. Tal vez la clave esté en las manzanas. En la selección adversa de las manzanas. Me convenzo cada mañana al abrir los periódicos recordando uno de los artículos de Félix Bayón que leí este verano en Vivir del presupuesto.

Me refiero a la genialidad de la teoría con que George Akerlof recibió el Nobel de Economía: el problema es que son los peores los únicos que concurren a los mercados. Bayón ponía el ejemplo de las agencias matrimoniales: sólo los menos atractivos del mercado de solteros recurren a estas organizaciones. Traslademos la ecuación a las manzanas y a la política: el descrédito no es casual.

¿Dónde están los más válidos? ¿Dónde están las manzanas rojas y brillantes? En un cesto en el que todo se cultiva en el mismo terreno y al mismo precio es imposible frenar el contagio de la podredumbre. La putrefacción que diría Dalí.

Pensemos en la Europa populista y xenófoba de Berlusconi y Sarkozy, preguntémonos dónde fueron a parar los gobiernos de izquierda o miremos a cualquier lado de la calle pública. ¿Alguien se extrañaría de que Belén Esteban pueda alzarse como tercera fuerza política si se presentara a unas elecciones? Superaría a IU y PNV… Retengan esta imagen y comprendan mi desasosiego: de Pasqual Maragall a la ‘ex’ de Jesulín.

Mare Nostrum

Magdalena Trillo | 25 de septiembre de 2010 a las 21:18

QUIÉN no firmaría hoy el acuerdo laboral de CajaGranada? Prejubilaciones voluntarias y traslados incentivados. Sesenta días por año trabajado (no 33) y entre el 85 y el 95% del salario. Ayudas al alquiler de 800 euros, pago del kilometraje si hay desplazamiento, “flexibilidad horaria” y, entre otras muchas ‘conquistas’, excedencias remuneradas para conciliar vida familiar y laboral.

El horizonte que se dibuja hoy para un trabajador de mediana edad en España (suponiendo que no esté en la lista negra del paro) es currar más años para cobrar una pensión más baja.

Los mercados siguen imponiendo sus recetas y los sindicatos llaman a la huelga contra una reforma laboral que ha cabreado a los empresarios por “insuficiente”, a los ciudadanos por “regresiva”, al PP porque sí (no hacen falta razones aunque hayan presentado 70 enmiendas) y al resto de partidos porque llega tarde y mal y no servirá para crear empleo.

La escalada del desempleo es insostenible y el sistema público de pensiones también: cada vez hay menos cotizantes por pensionista, la esperanza de vida aumenta y los nacimientos siguen a la baja. La caja se rompe. Y no hace falta estudiar macroeconomía para saber que, si dejamos de ingresar en la hucha, llegará un día en que la encontremos vacía.

Conclusión: “hay que actuar ya”, del mismo modo que es urgente transformar las políticas activas de empleo y terminar de definir un nuevo mapa financiero.

En este último punto se inserta la ‘fusión fría’ de CajaGranada; una alianza que el propio Banco de España ha definido como “modélica”. UGT calcula que en los próximos años “desaparecerán” 30.000 empleos en todo el país por el reajuste del sector financiero. En Mare Nostrum no habrá ni un solo despido.

CCOO también ha reconocido estos días que el pacto laboral alcanzado es el “mejor acuerdo” que se ha firmado hasta ahora “en ningún sitio”. Probablemente lo sea. Y, sin ninguna duda, es una de las claves del respaldo sin fisuras con que las asambleas de CajaGranada, Caja Murcia, Caixa Penedés y Sa Nostra refrendaron el jueves su integración.

El nuevo grupo empezará a operar en 2011 respetando la personalidad jurídica, la marca, la lealtad territorial y el negocio minorista de cada entidad y manteniendo independientes tanto los órganos de gobierno como su obra social. Nace la sexta caja española por volumen de activos (más de 73.000 millones) con el horizonte de aumentar en cinco años los resultados globales en más de un 30% (hasta los 600 millones), superar los 82.000 millones en activos y lograr un ‘core capital’ superior al 8% en 2015.

Un plan ambicioso. Basta apuntar, por ejemplo, que entre los requisitos consensuados el pasado domingo con la reforma Basilea III se fijan unas reservas de capital del 7% hasta 2019. Bancos y cajas se ‘vacunan’ para evitar contagios a lo ‘Lehman Brothers’ y a los ciudadanos nos darán un respiro: los gobiernos no tendrán que salvar a los especuladores con nuestros impuestos.

También se introduce una ‘atractiva’ penalización: si no cumplen ratios, no podrán repartir dividendos… No es el caso de Mare Nostrum. A falta de que el SIP sea aprobado por la Junta, el Ministerio y el Banco de España, el mensaje de la operación es contundente: se creará un grupo más sólido, más grande y más eficiente.

Quedan, sin embargo, algunas preguntas en el aire: si después de todos los ajustes, incluida la reforma de la Ley de Cajas, el sector financiero beneficiará a familias y empresas o les dará la espalda. Si el grifo seguirá cerrado y si bancos y cajas no caerán en la tentación de aprovechar las nuevas reglas del juego para repercutir mayores precios a sus clientes… Si, con la victoria del neoliberalismo, aún habrá espacio para la obra social de las cajas y para la banca ética.

In memoriam

Magdalena Trillo | 14 de septiembre de 2010 a las 18:17

“Cuando pinto me siento como un combatiente de la resistencia buscando libertad ”. “En un plano simbólico, incluso espiritual, el arco o el óvulo significa refugio, promesa de protección, amparo”.  El “combatiente” es José Guerrero. Con estas palabras describió en 1972 uno de los lienzos de su serie Solitarios. Quien habla de su búsqueda de “amparo” y “protección” es María Dolores Jiménez Blanco. Ilustra con esta reflexión la fascinación del pintor granadino por las líneas paralelas de las cerillas. Por el orden y el ritmo. Persiguiendo, atrapando, los rayos de luz que llevan de la oscuridad a la claridad.

El legado de José Guerrero saldrá de Granada esta semana. Solitario y desamparado. Con el silencio cómplice de todas las administraciones. En dos días se ha zanjado una negociación de tres años. Una rueda de prensa y un ultimátum han sido suficientes. Izquierda Unida ya tiene una página con la que engrosar la historia de despropósitos de esta ciudad y con la que culminar su paso por el gobierno de la Diputación: el certificado de defunción del Centro Guerrero (13 de junio de 2000-15 de septiembre de 2010).

Ha hecho el trabajo sucio. María Asunción Pérez Cotarelo compareció ante los medios con cara de víctima. “La Diputación no puede ceder más”, sentenció. En frente, ya saben, unos artistas elitistas e intransigentes. “La aristocracia”, evitó decir. Pero por principios, esos que ya nadie traiciona, debió haber presentado su dimisión.

Juan Vida pedía hace unos días“explicaciones”. Se preguntaba por las posturas de unos y otros. ¿Dinero, reparto de poder, representatividad? Planteaba si la letra del contrato era demasiado pequeña… No hay acuerdo cuando no hay voluntad. Esta ha sido la historia de un matrimonio en decadencia. Primero fueron los roces y las desavenencias, luego llegó la incomprensión y ahora estamos asistiendo a la ruptura. No hay más caminos.

Y es honesto, hasta legítimo, terminar lo que se ha quebrado. Lo dicen los propios herederos cuando reconocen que la posibilidad de acuerdo queda “de momento” excluida, aunque dejan la puerta abierta (no a esta Diputación, pero sí a otras instituciones) para que el legado del pintor permanezca en Granada.

Por eso tenemos que seguir pidiendo explicaciones. ¿Dónde están los garantes de la cultura y el patrimonio? Los que pueden (deben) intervenir y mediar. ¿Dejaría la Junta que Málaga perdiera el legado de Picasso? ¿Permitiría la Generalitat que Barcelona se quedara sin la obra de Tàpies? ¿Se imaginan qué ocurriría en Euskadi si salieran la esculturas de Chillida?

Al día siguiente de conocer la respuesta de la familia al escrito de la Diputación (¿es posible otra respuesta a un ultimátum?), cogí el autobús para despedirme de Guerrero. Tardé cinco minutos en llegar. No tuve que hacer colas ni pagar entrada porque ‘celebramos’ su décimo aniversario. Me deslicé por los fondos de su color puro, me llené de energía con sus ‘penitentes’, me dejé perder por los enormes campos de azules, negros y amarillos. La apoteosis del color de José Guerrero… Compré varios libros y los traje a casa pensando que, seguramente, la próxima vez que quiera ver un Guerrero tenga que montarme en un avión y hacer miles de kilómetros.

A pesar de la miopía de algunos, el Centro Guerrero se había convertido en uno de los museos de arte contemporáneo con más prestigio del panorama nacional. Ahora tocará empezar de cero. Y no nos equivoquemos, el Centro Guerrero es la obra de Guerrero, su legado, la gestión que se ha llevado a cabo en la última década. El Centro Guerrero no es el edificio de la calle Oficios. El edificio es un (magnífico) continente que llenar de arte o sumir en la mediocridad.

Pero en Granada no pasa nada. Hoy iremos todos a Fray Leopoldo y celebraremos sus milagros en una ciudad que se muere de granadinismo.

Centro Lorca: acuerdo con atajos

Magdalena Trillo | 5 de septiembre de 2010 a las 10:15

LO de pagar a escote el sobrecoste del Centro Lorca queda bien en el discurso político ante la opinión pública, pero es complicado sostenerlo en el papel si se tiene en cuenta la representación (poder, control y capacidad de decisión) que las diferentes administraciones han tenido (y sobre todo tendrán) el día después de la apertura del edificio.

Sólo así se entiende que el Consorcio, que se reunió esta semana en Granada para desbloquear la finalización del proyecto, concluyera su primer cónclave tras el periodo estival decidiendo conformar una comisión técnica y fijando el plazo de un mes para definir las aportaciones exactas de cada institución.

Con esta salvedad, podríamos calcular que el centro que se está levantando en La Romanilla estará terminado para final de año y, con algo de suerte, funcionando en la primavera de 2011 (mejor que en junio como algunos temen). En todos los casos, no serían malas fechas para culminar, después de tres décadas de desencuentros, el retorno del legado de Lorca a Granada.

Los políticos se han puesto de acuerdo en terminar el proyecto. Por obvio que resulte, no deja de ser importante. A pocos meses de las municipales, el alcance del pacto del jueves resulta tan simbólico como efectivo.

En primer lugar, porque se ha renunciado a su utilización política (recordemos el despliegue del PP de hace unas semanas a las puertas del edificio) y se ha entendido que es una de las iniciativas que deben quedar fuera de la campaña electoral.

En segundo lugar, porque la Diputación ha dado un paso adelante y está dispuesta (confiaremos en que no se eche atrás) a rascarse el bolsillo para financiar el gasto extra de un proyecto que se ha venido soportando desde el Ayuntamiento, la Junta y el Ministerio. Recordemos que, hasta ahora, la postura de la institución provincial ha sido de cara a la galería: recelosa, más protocolaria que ejecutiva y manteniendo siempre independiente su ‘territorio’ lorquiano en Fuente Vaqueros.

En el caso del Ayuntamiento, y conociendo la crítica situación financiera de la capital, a nadie hubiera extrañado que hubiera decidido plantarse situando el proyecto en el centro de la confrontación.

Para Torres Hurtado, sin embargo, hubiera sido un coste inasumible ocupar ahora una posición de bloqueo cuando se trata de uno de los proyectos que más ha peleado personalmente (no olvidemos su foto de 2004, con Laura García-Lorca y José María Aznar acordando la construcción del centro), cuando ha constituido uno de los ejes de su política cultural y cuando será, sin lugar a dudas, uno de los grandes logros que pondrá sobre la mesa el próximo mes de mayo de cara a su reelección.

Parece que fue el propio alcalde quien planteó la solución: señores, pidamos un crédito para sufragar los 3,5 millones de euros que faltan y que cada uno afronte su parte en función de su futura representación en el Consejo Rector.

Es la otra historia la complicada. La que sigue en el aire. Falta saber si habrá acuerdo, y en qué términos, para sostener el funcionamiento del centro. En este tema, que se deberá abordar en estos meses, se ha pasado siempre de puntillas.

Aunque la dimensión del programa inaugural está más que garantizada (y confiemos en que la demora en los plazos no afecte a los encargos), nada se sabe del día después. Y ahí es donde el Centro Lorca tendrá que cumplir expectativas y deberá marcar la diferencia si no quiere convertirse en otro mausoleo que visitar.

Estoy pensando, por ejemplo, en el Museo Picasso de Málaga. Cualquiera que fuera a visitar el centro en la inauguración y haya repetido unos años después se habrá dado cuenta. Hablo de decepción.

Tendríamos que preguntarnos todos por qué es tan difícil comprender que la voluntad política y las inversiones son mucho más importantes el día que ya no están en juego las fotos.

No nos protejan tanto

Magdalena Trillo | 28 de agosto de 2010 a las 21:01

LO que siempre se ha llamado censura hoy se viste de tecnicismos, se legitima en los parlamentos y se proclama ante la opinión pública como única salida para la maltrecha profesión periodística. Ataques directos a la libertad de expresión y a la libertad de prensa que se amparan en el peligroso y creciente papel proteccionista de los gobiernos; también democráticos. Pero, ¿necesitamos que el Estado nos proteja de la información?

Pekín se ha propuesto luchar contra la falta de credibilidad de los medios chinos dando lecciones de marxismo y comunismo a sus periodistas. El problema ya no está (solo) en internet y, por supuesto, nada tiene que ver con la censura y la propaganda que impone el Gobierno; el problema es que los periodistas no están bien formados y dan muy mala imagen.

Por eso han decidido que es el momento de ‘salvar’ la profesión haciéndoles estudiar los códigos éticos del Partido Comunista. Mientras, como relataba esta semana un corresponsal de El País, en las universidades se predica que el mejor periodista es el que no hace preguntas y en las ruedas de prensa se siguen deslizando sobres rojos con dinero, supuestamente, para el taxi.

En Venezuela, los grandes periódicos del país han llegado esta semana a los quioscos con una gran mancha blanca en la portada y un impactante “censurado” atravesando la imagen que no pudieron mostrar a sus lectores: “Si aquí hubiese una foto, usted vería a un padre llorando por un hijo que ya no tiene”. En aras de la “integridad psíquica y moral de los niños”, un tribunal de menores ha prohibido a los medios que, durante 31 días, publiquen noticias o imágenes violentas.

El Gobierno de Hugo Chávez, a pocas semanas de las elecciones parlamentarias, deja a un lado las guerras imaginarias con Colombia e introduce el tema de la inseguridad para sortear el verdadero problema de los venezolanos: la delincuencia. Chávez habla de “pornografía periodística”, de “terrorismo mediático” y, una vez más, aclara que “todo es parte de una campaña internacional” en su contra.

En Argentina, la presidenta Kirchner ha emprendido una campaña de desprestigio contra los dos grandes rotativos del país (Clarín y La Nación) para controlar al único fabricante nacional de papel para prensa y, desde ahí, al propio sector; en Italia, Silvio Berlusconi continúa los trámites para sacar adelante su ‘ley mordaza’ y seguir tapando la boca a los críticos; y en la India han decidido unirse a otros países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes interviniendo los servicios de la Blackberry y planeando el bloqueo de la mensajería de Google y Skype para luchar contra terroristas y cibercriminales…

Podríamos continuar hablando de la falacia de la libertad de prensa en los países totalitarios, de la represión en Honduras, de la autocensura en México (para preservar la propia vida frente al crimen organizado) o de Cuba, Irán y China como las tres mayores cárceles del mundo para periodistas.

Tampoco España se salva. En la clasificación mundial de la libertad de prensa, Reporteros Sin Fronteras la sitúa en el puesto 44 de 175: por los compañeros que tienen que trabajar con escolta por la amenazas de ETA, pero también por la creciente ‘moda’ de las ruedas de prensa sin preguntas que tanto gustan a nuestros políticos.

A punto de cumplirse 200 años del primer decreto de libertad de prensa de nuestra historia (lo aprobaron las Cortes de Cádiz un 10 de noviembre de 1810), podríamos apuntar dos conclusiones: que aún queda un largo camino por recorrer  y que no todas las amenazas están en las redes ni dentro de la profesión. Precariedad laboral, crisis de modelo, falta de credibilidad… Pero también intervención, dirigismo, abusos, acoso y “censura”, digámoslo sin paliativos, en aras de la protección de oscuros intereses.